El
cambio climático y la salud humana
Irina
Ize Lema
RESUMEN
El cambio climático puede exacerbar
muchas de las amenazas que enfrentan las poblaciones humanas,
particularmente en los países de pocos recursos. Estas
amenazas incluyen: escasez de agua y de alimentos debido a eventos
climáticos extremos, ondas de calor, propagación
de enfermedades transmitidas por vectores y por el agua.
Introducción
Actualmente pocos científicos dudan
de la existencia de un cambio climático global. A pesar
de que el aumento registrado en la temperatura en las últimas
décadas y la frecuencia e intensidad de los eventos extremos
no rebasa aún los límites de una “variabilidad
climática”, todo apunta hacia la existencia de
un “cambio climático” de origen antropogénico.
Las actividades humanas han contaminado
la atmósfera alterando la concentración de gases
como el bióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el
óxido nitroso (N2O) y el vapor de agua. Estos gases se
denominan comúnmente Gases de efecto invernadero”
(GEI) y son indispensables para la vida terrestre ya que sin
su presencia la mayor parte de la superficie del globo terráqueo
estaría congelada. Sin embargo, las actividades humanas
de la era industrial han causado un aumento, especialmente en
la concentración de CO2 , provocando que más calor
quede atrapado en la atmósfera, lo que produce un calentamiento
global de la superficie de nuestro planeta.
Las consecuencias proyectadas por los modelos
computacionales de cambio climático son las siguientes:
calentamiento de los océanos, desaparición de
glaciares, elevación del nivel del mar, aumento en la
frecuencia e intensidad de eventos climatológicos extremos
debido a una mayor evaporación de agua y superficies
oceánicas más calientes, entre otros. (IPCC 2001)
Sin embargo, existe otro tipo de predicciones
que no son tan frecuentemente mencionados pero que resultan
igualmente preocupantes: el calentamiento global y otras alteraciones
climatológicas pueden provocar cambios en la distribución
e incidencia de enfermedades. La relación entre clima
y salud humana puede ser compleja y difícil de establecer.
Hoy en día, un clima cada vez más inestable, la
pérdida acelerada de biodiversidad y la desigualdad socio-económica
afectan la resistencia de los sistemas naturales. Los cambios
en el uso del suelo afectan la distribución de los agentes
portadores de enfermedades como los roedores y los insectos,
mientras que el clima incide directamente en la duración
e intensidad de los brotes de enfermedades. De esta manera,
padecimientos como la malaria, la peste, el dengue o el síndrome
pulmonar hantavirus, entre otros, han reaparecido o se han intensificado
en diversas partes del mundo (Zwick 1997). Los impactos negativos
a la salud humana pueden darse por vía directa, como
en el caso de olas de calor y aumento de la contaminación
exacerbada por el aumento en la temperatura o los daños
físicos causados por eventos extremos, o por vía
indirecta, como resultado de sequías, inundaciones y
cambios climáticos que causan condiciones favorables
para los agentes infecciosos, virus, bacterias o parásitos
y sus agentes transmisores llamados “vectores”.
Efectos directos del cambio climático
sobre la salud humana.
Calor y contaminación
Las temperaturas extremas, tanto altas
como bajas, pueden causar disturbios fisiológicos y daños
a diferentes órganos provocando enfermedad o la muerte
en los seres humanos. Una de las consecuencias más seguras
y directas del cambio climático es un aumento en la morbilidad
y la mortalidad humanas en períodos de clima extremosos
como son las olas de calor. La letalidad de una ola de este
tipo aumenta si ocurre al principio del verano (cuando la población
todavía no ha podido aclimatarse al calor), si es de
larga duración y si hay temperaturas nocturnas elevadas.
Estos efectos son peores en las ciudades debido al “efecto
de isla de calor urbano” que involucra la liberación
nocturna del calor almacenado durante el día en el cemento
y los materiales metálicos urbanos. Como ejemplo se puede
citar la ola de calor que causó la muerte de más
de 500 personas en julio de 1995 en la ciudad de Chicago, EE.UU.
(WHO 2001). Las personas mayores con problemas cardiacos o respiratorios
son particularmente vulnerables porque el calor extremo puede
exacerbar estas condiciones preexistentes. La falta de acceso
a sistemas de aire acondicionado aumenta también el riesgo
de muerte por calor lo que introduce un factor socio-económico.
La contaminación del aire provoca
también una serie de consecuencias serias para la salud
y un aumento en la temperatura puede incrementar la formación
de contaminantes secundarios como el ozono en la troposfera
(parte baja de la atmósfera). El cambio climático
podría causar un aumento en la frecuencia de periodos
muy calurosos combinados con altas concentraciones de contaminantes
dando lugar a cierta sinergia entre los efectos negativos de
ambos fenómenos. El calor prolongado también puede
provocar un aumento en la dispersión de alergenos, como
esporas de hongos y polen, incrementando las reacciones alérgicas
y asma. (Balbus 2001)
Por otra parte, está demostrado que
una mayor proporción de radiación ultravioleta
de origen solar alcanza actualmente la superficie terrestre
debido a la disminución del ozono en la estratosfera
(parte alta de la atmósfera). Aunque la causa básica
de la destrucción de la capa de ozono es la presencia
de clorofluorocarbonos (CFC) y es ajena a la concentración
de gases de efecto invernadero en la parte baja de la atmósfera,
existen interacciones químicas y físicas entre
estos dos fenómenos. Podría de hecho darse una
interacción entre el cambio climático y una exposición
mayor a los rayos ultravioletas y afectar de manera negativa
la salud humana. Se anticipa que una exposición mayor
a estos rayos causará mayor incidencia de cáncer
de piel en poblaciones de piel clara, lesiones oculares como
cataratas, y posiblemente también debilitará al
sistema inmune, lo que tendría graves implicaciones para
el riesgo de enfermedades infecciosas y respuestas a vacunaciones.
(Balbus. 2001)
Eventos extremos
Los eventos climatológicos
extremos, como las sequías y las inundaciones, tienen
impactos serios sobre la salud humana. La vulnerabilidad de
la población a estos eventos está aumentando debido
al crecimiento acelerado de la población, el aumento
en los asentamientos humanos y la pobreza persistente. Se anticipa
que el cambio climático provocará transformaciones
en el patrón de inundaciones y sequías; sin embargo,
no se sabe en qué grado se alterará la frecuencia
de estos eventos climatológicos. Los mayores impactos
a la salud, además de la posibilidad de ahogarse o lesiones
físicas, son los daños a las tierras agrícolas
y asentamientos así como la contaminación del
agua potable que resultan de las inundaciones. Esto implica
un empobrecimiento del estado nutricional, especialmente en
los niños, un aumento en las enfermedades diarreicas
y respiratorias por condiciones de poca higiene, impactos a
la salud mental e incluso liberación y diseminación
de compuestos químicos peligrosos de sitios de acopio
debido al aumento de las aguas.
Por otro lado, se estima que el nivel
del mar se elevará como consecuencia del cambio climático.
Este aumento ocurriría de manera no uniforme debido a
diferencias regionales en el nivel de calentamiento, diferencias
en la circulación oceánica y la geomorfología
de las zonas costeras. Hoy en día, más de la mitad
de la población mundial vive a una distancia promedio
de 60 km del mar. Su aumento podría tener una serie de
impactos en la salud que incluyen intrusión de agua salada
en fuentes de agua potable y agua para la agricultura además
de los ya mencionados anteriormente, como el aumento de enfermedades
causadas por vectores, muertes, daños físicos,
y desnutrición (McMichael 1996).
Efectos indirectos del cambio climático
sobre la salud humana.
Enfermedades transmitidas por vectores
El clima juega un papel muy importante
en las enfermedades causadas por vectores como los mosquitos,
las garrapatas, las pulgas, las moscas y otros insectos. Estos
vectores de sangre fría son extremadamente sensibles
a los efectos directos del clima como temperatura, patrones
de precipitación y viento, ya que influyen en su comportamiento,
desarrollo y reproducción. Si el cambio climático
mejora la longevidad, aumenta la reproducción, aumenta
la frecuencia de piquetes de estos insectos a la población
o altera sus rangos de distribución, puede ocurrir un
aumento en la cantidad de gente infectada.
El aumento en el calor no es el único
causante del incremento en las infecciones transmitidas por
vectores: también las inundaciones y las sequías
causadas por el cambio climático permiten condiciones
adecuadas para el desarrollo de insectos; por ejemplo, el agua
queda estancada formando charcos que son incubadores ideales
para mosquitos.
Un cambio en la redistribución de
los agentes infecciosos y sus portadores pueden ser los primeros
signos de una amenaza debida a un cambio climático.
La malaria es una enfermedad ancestral transmitida
por un mosquito (Anopheles) el agente portador de un protozoario
(Plasmodium), agente causal de la enfermedad. La malaria está
mucho más extendida hoy que hace 20 años: cada
año alrededor de 500 millones de personas en el mundo
contraen la enfermedad de las cuales más de un millón
mueren, especialmente niños. África es el continente
más afectado, donde ocurren el 90% de las muertes por
esta enfermedad. Los mosquitos han desarrollado resistencia
a los insecticidas y el parásito es resistente a los
medicamentos más comunes; por el momento no existen vacunas,
ni se prevé que existan en un futuro cercano.
Todo lo anterior hace que la malaria sea
uno de los principales problemas de salud pública a nivel
mundial.
La incidencia de esta enfermedad es sumamente
sensible a los cambios locales en la temperatura y la precipitación
anuales. Por lo tanto, se han hecho investigaciones para tratar
de establecer el impacto del cambio climático sobre su
dinámica y su transmisión. Se predice que un calentamiento
global causará la transmisión de malaria a mayores
altitudes y latitudes. Actualmente ya se puede encontrar en
las tierras altas de África central, en donde anteriormente
no se presentaba esta enfermedad (Epstein 1997). Sin embargo,
aunque una buena parte de las epidemias ocurridas en diferentes
partes del mundo en estos últimos años han sido
iniciadas por aumentos transitorios en la temperatura y/o precipitación,
es aún difícil decir si el cambio climático
a largo plazo es un factor importante en la presencia de malaria
en tierras altas. Lo que parece real es que los cambios ecológicos
aunados a una mayor variabilidad climática y una tendencia
al calentamiento jugar papeles cada vez más importantes
en la propagación de esta enfermedad.
El dengue o fiebre “quebrantahuesos”
es una enfermedad viral también transmitida por un mosquito,
con síntomas que se parecen a una fuerte gripe y que
en algunos casos causa sangrado interno que conduce a la muerte.
Esta enfermedad aflige actualmente a unos 100 millones en las
regiones tropicales y subtropicales, especialmente en las áreas
urbanas y sus alrededores. El dengue se ha extendido en el continente
americano alcanzando a la ciudad de Buenos Aires en la década
de los 90’. Esta enfermedad, anteriormente limitada por
umbrales de temperatura a bajas altitudes, ya se ha detectado
en ciudades de tierras altas: por ejemplo, en Taxo, México,
por encima de los 1500 m sobre el nivel del mar, (Epstein 2000).
La conexión entre las condiciones climatológicas
y la transmisión del dengue y sus epidemias, no es todavía
muy clara. Los estudios preliminares han mostrado una relación
entre el fenómeno de El Niño y la incidencia de
dengue en los países en donde éste tiene un efecto
importante sobre el clima.
Los brotes ocasionales de enfermedades por
microorganismos oportunistas son provocados en gran medida por
la secuencia de extremos en el clima. Es la variabilidad climática
exacerbada que acompaña al calentamiento global (más
que el aumento en la temperatura en sí) lo que favorece
la aparición de epidemias. Por ejemplo, inviernos templados
seguidos de veranos calientes y secos favorecen el ciclo que
se da entre reservorio natural, agente transmisor y ser humano.
Siguiendo esta secuencia, diferentes tipos de mosquitos pueden
transmitir fiebre amarilla, enfermedad viral equivalente al
dengue que ocurre en las selvas de África y Sudamérica;
varios tipos de encefalitis, como la encefalitis equina, la
encefalitis de St. Louis, o la causada por el virus del Nilo
oeste, enfermedades que brotan de manera ocasional y localizada
cuando se dan las condiciones favorables. Estas enfermedades
se han vuelto importantes problemas emergentes o resurgentes
de salud pública en los últimos años. (Epstein
1997)
Los roedores también son transmisores
de enfermedades oportunistas, lo cual se .....tienen nidadas
enormes, sus cuerpos pequeños, su gran apetito y sus
mecanismos bien desarrollados de dispersión frente a
una amenaza. Los búhos, coyotes y serpientes, entre otros,
son los predadores naturales de los roedores. En un medio ambiente
estable los predadores mantienen a las poblaciones de roedores
bajo control. Pero, como se mencionó anteriormente, condiciones
climatológicas extremas durante largo tiempo y fluctuaciones
muy importantes en el clima pueden saturar la resistencia de
un ecosistema. El trastorno de un ecosistema es una de las maneras
más profundas en las cuales el cambio climático
puede afectar la salud humana. El control de los animales nocivos
es uno de los servicios de la naturaleza que más se desprecia.
Los ecosistemas que funcionan bien ayudan a que los organismos
nocivos sean controlados. Las enfermedades oportunistas transmitidas
por roedores son, entre otras, el hantavirus, una infección
pulmonar altamente letal que causó la primera erupción
humana en el sur de los Estados Unidos de América en
1993 y que ha generado brotes en Europa y Sudamérica
en la última década (Epstein 2000); la peste,
enfermedad histórica que causó enormes epidemias
en siglos pasados y es transmitida de los roedores a los humanos
por pulgas y que ha reaparecido en África y la India
como resultado de las grandes sequías seguidas de inundaciones
y que se ha favorecida por las condiciones deficientes de higiene.
(Epstein, 1997)
La enfermedad de Lyme es transmitida por
la llamada “garrapata de ciervo”. La transmisión
depende de muchos factores entre los cuales destacan: la abundancia
y sobrevivencia de las garrapatas así como porcentaje
de éstas que estén infectadas. Se ha especulado
que los patrones climatológicos actuales pudieran influir
en la distribución de estas garrapatas y que, por lo
tanto, el cambio climático permitiría una expansión
rápida y más amplia de la enfermedad de Lyme (Balbus
2001). Sin embargo, estudios han demostrado, por ejemplo, lo
que la abundancia de las garrapatas no se correlaciona con un
aumento en la temperatura, lo que sugiere que varios otros factores,
además del clima, pueden ser los responsables del riesgo
de esta enfermedad transmitida por un vector.
Agua
El cambio climático además
de exacerbar las enfermedades transmitidas por vectores señaladas
anteriormente, puede también aumentar la frecuencia de
enfermedades transmitidas por el agua. El aumento en la frecuencia
y duración de sequías e inundaciones pueden afectar
y disminuir el acceso a fuentes seguras de agua potable, además
de que la falta de este útil líquido durante una
sequía interfiere con una higiene adecuada. Las inundaciones
pueden afectar los desagües y otras fuentes de microorganismos
patógenos incrementando así la frecuencia de enfermedades
diarreicas. Sin embargo, aquí también es difícil
predecir los impactos potenciales del cambio climático
sobre las enfermedades relacionadas con el agua porque el acceso
a una fuente de agua sana depende principalmente de factores
socio-económicos.
Se ha formulado la hipótesis de que
las temperaturas anormalmente elevadas del mar asociadas con
el fenómeno de El Niño en los años 1991
y 1992 contribuyeron a la primer epidemia del siglo XX de cólera
en Sudamérica. Las corrientes marinas de agua caliente
desencadenan el florecimiento de algas tóxicas que pueden
favorecer la proliferación de organismos patógenos
como el Vibrio cholerae, el agente causal del cólera.
Algas y patógenos contaminan a peces y moluscos a través
de los cuales se puede transmitir la enfermedad a los humanos
consumidores, (Epstein. 1997)
Investigación epidemiológica
ambiental
De los expuestos antes se puede deducir que
la investigación y el monitoreo de las enfermedades que
se sospecha son causadas o exacerbadas por un potencial cambio
climático son sumamente complejos. Los patrones diversos
y muchas veces no-lineales de las respuestas biológicas
al cambio climático indican que los modelos cuantitativos
muchas veces no serán suficientes para pronosticar los
impactos a la salud humana. La vulnerabilidad distinta de cada
población alrededor del mundo y los cambios continuos
en la salud, hacen que el pronóstico de las influencias
climáticas sobre la salud sean altamente problemáticas.
Sin embargo, es importante tener claro que la falta de certeza
de los efectos adversos del cambio climático sobre la
salud no deben de ser interpretados como la certeza de que no
existan tales efectos adversos. Los daños a la salud
humana causados por el cambio climático dependerán
en gran medida de los pasos que se tomen para prepararse frente
a estos peligros. Según (Zwick 1997) existen varias estrategias
a seguir.
- Puesta en marcha de buenos sistemas de
vigilancia del clima en su conjunto de manera que sea posible
a pronosticar cuando existen condiciones climatológicas
o ambientales que pueden conducir a epidemias.
- Aplicación de buenos sistemas de
vigilancia para la emergencia o resurgencia de enfermedades
infecciosas transmitidas por vectores o por el agua a fin de
lanzar rápidamente medidas que controlen la proliferación
de insectos o roedores e informar al público sobre cómo
protegerse o qué hacer en caso de contagio.
- Estudiar y abarcar los riesgos a la salud
humana dentro de un marco basado en la ecología, evaluando
los posibles impactos del cambio climático sobre la variedad
de especies que conforman al ecosistema.
- Implementación de una colaboración
intersectorial de manera que todo lo pertinente a la salud humana
sea considerado dentro de técnicas de manejo ambiental.
Por ejemplo, el sector salud podría utilizar información
generada por los pronósticos del clima para elaborar
una planeación más proactiva en este campo.
Los puntos anteriores permitirán abordar
el problema serio, aunque a veces subestimado, del impacto del
cambio climático a la salud humana.
Respuestas a nivel mundial
Un cambio climático no solamente puede
exacerbar los problemas actuales de salud, también puede
traer problemas de salud no esperados en la población
humana. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha
recomendado una serie de estrategias para tratar de aminorar
los impactos a la salud que se han pronosticado, las cuales
incluyen: monitoreo de las enfermedades infecciosas, preparación
para desastres, mejora de los sistemas de alerta tempranos,
mejora del control de la contaminación de agua y aire
puesta en marcha de programas de entrenamiento de investigadores
y profesionales de la salud. (WHO 2001)
Como respuesta a los requisitos establecidos
por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre
Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés)
se creó la Agencia Intersecretarial sobre la Agenda Climática
en la cual participa la OMS. Proporciona información
sobre los aspectos relacionados con la salud de la Agenda Climática
dentro del campo general de “estrategias de evaluación
de impactos y respuesta climáticos para reducir la vulnerabilidad”.
La OMS ha estado trabajando con la Organización Meteorológica
Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(WMO y UNEP, por sus siglas en inglés, respectivamente)
enfocando sus esfuerzos en tres áreas: formación
de capacidades, intercambio de información y promoción
de la investigación. (McMichael 2001)
Por otra parte, el Sistema Global de Observación
del Clima (GCOS, por sus siglas en inglés) es un esfuerzo
de colaboración entre el WMO, la UNEP y la Comisión
Intergubernamental Oceanográfica de la UNESCO y está
destinado a ser un sistema de observación global a largo
plazo para monitorear de cerca el clima, la variabilidad climática
y el cambio climático.
El papel de la OMS y de otras agencias de
las Naciones Unidas tiene tres objetivos:
- el asegurarse que los países en desarrollo se involucren
y proporcionarles soporte técnico.
- actuar como catalizador para los programas relacionados con
el clima.
- evaluar periódicamente el progreso de la investigación
sobre salud y clima, monitoreo y formación de capacidades.
Estudios de cambio climático y salud
en México
Los estudios sobre cambio climático
y salud humana en México son todavía muy limitados.
Los esfuerzos han sido dirigidos especialmente hacia los estudios
interinstitucionales que evalúan la relación entre
las enfermedades y el cambio climático. Actualmente existen
dos proyectos de este tipo en desarrollo: en el primero se analiza
la mayor incidencia de enfermedades como el cólera, el
dengue y la malaria con la variabilidad climática, mientras
que el segundo trata sobre la relación entre el asma
y la diarrea con el cambio climático. (SID UNAM 2001)
Otro tipo de estudios son los que analizan
los co-beneficios que resultarían de la reducción
de contaminantes y gases de efecto invernadero en la salud de
la población de la Zona Metropolitana de la Ciudad de
México. Nuestro país participó en un estudio
de este tipo recientemente publicado en la revista Science (Cifuentes,
2001) en el cual se desarrollaron investigaciones en países
desarrollados y en vías de desarrollo para valorar los
beneficios inmediatos sobre la salud que pueden obtenerse al
adoptar tecnologías existentes para reducir gases de
efecto invernadero. Se evaluaron las reducciones en efectos
adversos a la salud en las próximas dos décadas
en cuatro ciudades: México, Nueva York, Santiago y Sao
Paulo. En este estudio se calculó que la adopción
de tecnologías de mitigación del cambio climático
reducirían la materia particulada y el ozono en un 10%
y de esta manera se evitarían unas 64,000 muertes prematuras,
65,000 casos de bronquitis crónica y 37 millones de días-persona
de actividad restringida o pérdida de trabajo.
Conclusiones
Siguiendo el “principio precautorio”,
que implica actuar aún en ausencia de pruebas científicas
totalmente contundentes, es indispensable ahondar en los estudios
que relacionen la salud humana con el cambio climático.
Sin embargo, la complejidad de las vías a través
de las cuales el cambio climático puede afectar la salud
humana dificulta los pronósticos de cómo, cuándo
y en qué grado el cambio climático global influirá
sobre el bienestar de los seres humanos. Es muy razonable anticipar
variaciones en el riesgo de enfermedades y daños físicos
como consecuencia de dicho cambio global. Los riesgos incluyen
como ya se mencionó: olas de calor y aumento en la contaminación,
aumentan en la frecuencia e intensidad de sequías e inundaciones,
brotes de epidemias de enfermedades transmitidas por vectores
y a través del agua. Enfermedades como la malaria, el
dengue, la fiebre amarilla, el cólera han resurgido o
cobrado nueva fuerza en los últimos años y al
parecer el cambio climático global es una de sus causas
posibles.
El prospecto de un cambio climático
que afecte la salud humana produce un desafío importante
para los científicos y los tomadores de decisiones. Para
los científicos es difícil identificar los impactos
del clima actual sobre la salud debido a la gran cantidad de
factores sociales, tecnológicos, demográficos
y ambientales que hay que tomar en cuenta para los estudios
y los modelos computacionales. Para los tomadores de decisiones,
lo importante es seleccionar acciones que proporcionen beneficios
sobre una gran variedad de posibilidades futuras de cambio climático
y que minimicen los costos económicos actuales, los cuales
pueden causar en sí mismos impactos negativos en la salud
pública. A pesar de estas dificultados, sería
muy prudente asegurarse de que los sistemas de salud nacionales
estén preparados e informados, y que existan amplios
programas de prevención de efectos nocivos del cambio
climático sobre la salud humana. La ventaja de lo anterior
es que, en materia de salud pública, es mucho menos costoso
manejar las enfermedades de manera preventiva y no reaccionando
a una crisis.
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