Vulnerabilidad
y adaptación regional ante
el cambio climático y sus impactos ambientales,
sociales y económicos
Víctor
0. Magaña y Carlos Gay García
Introducción
En
años recientes el estudio de los factores que regulan el
clima del planeta ha registrado un considerable avance. Hoy es
común que se hable del fenómeno El Niño o
del cambio del clima, asociándoseles (a veces equivocadamente)
con desastres naturales, impactos en actividades socioeconómicas,
y desafortunadamente, con daños a la población.
Estadísticas de la Cruz Roja y otros organismos de ayuda
internacional indican que en el mundo el número de gente
afectada por desastres naturales varía principalmente en
relación con las condiciones extremas en el clima. Recursos
esenciales como el agua dulce comienzan a escasear de manera significativa
a nivel mundial resultado de alteraciones climáticas, poniendo
en riesgo la seguridad alimentaria, la salud humana y ambiental
y la estabilidad política, tanto nacional como internacional.
La
evidencia observacional indica que muchos de los cambios climáticos
a escala regional, principalmente aquellos relacionados con la
temperatura ya han afectado a un gran número de sistemas
físicos y biológicos. Aunque se sospecha que los
cambios en la precipitación también tendrán
un gran impacto en los mismos, no existen datos para un periodo
lo suficientemente largo que permitan definir con precisión
cómo serán esos cambios a escala regional. Existen
indicaciones preliminares de que algunos de los sistemas humanos
están siendo afectados por el aumento en la frecuencia
de inundaciones y sequías. Quizá para México
los cambios climáticos de mayor relevancia serán
aquellos asociados a la precipitación, pues viviendo en
un país con extensas regiones semiáridas, la disponibilidad
de agua se vuelve un elemento de seguridad nacional.
Uno
de los mayores retos de las ciencias atmosféricas ha sido
entender los cambios que anualmente se producen en el clima. Condiciones
extremas son, por ejemplo, las causantes de los periodos de sequías,
que en múltiples ocasiones han producido cosechas pobres,
hambrunas, problemas de salud y migraciones masivas de población.
Hoy en día, no sólo la agricultura se ve afectada
por la variabilidad en el clima, sino también otras actividades
económicas como la generación y consumo de energía
eléctrica, la pesca, la acuicultura, los asentamientos
humanos, el turismo, la ganadería, el uso de recursos hídricos
(presas), las aseguradoras, los bancos, el transporte e incluso
la salud, debido a la gran cantidad de enfermedades relacionadas
con la condiciones extremas del clima (sequías contra.
inundaciones). Por ejemplo, el dengue, la malaria, el cólera
y las enfermedades respiratorias guardan una relación estrecha
con las fluctuaciones estacionales de temperatura y humedad (véase
artículo de tema en esta Gaceta). También la variabilidad
del clima incide en la calidad del aire de las regiones urbanas,
ya que cambios en la temperatura y la humedad relativa modifican
la reactividad general del smog fotoquímico y la formación
de aerosoles.
En
nuestro país la variabilidad climática en escalas
estacionales e interanuales (fenómenos El Niño-La
Niña) tiene grandes impactos en los patrones de variabilidad
de la precipitación. De manera general, podemos decir que
las lluvias de invierno en años El Niño se intensifican
(por ejemplo los inviernos de 1982-1983, 1986-1987, 1991-1992,
y 1997-1998) y se debilitan durante los correspondientes veranos.
Lo opuesto ocurre aproximadamente durante años de La Niña.
En inviernos El Niño, la corriente de chorro de latitudes
medias se desplaza hacia el sur, provocando una mayor incidencia
de frentes fríos y lluvias en las zonas norte y centro
de México. Durante veranos de El Niño, las lluvias
en la mayor parte de México disminuyen, apareciendo incluso
condiciones de sequía. Por el contrario, en años
de La Niña las lluvias parecen estar por encima de lo normal
en la mayor parte del país.
En
verano, nuestra región se ve afectada por huracanes. En
años El Niño disminuye la actividad de huracanes
en el Atlántico, mar Caribe y Golfo de México. Tal
relación tiende a revertirse en años La Niña.
Sin embargo, aún no es claro en qué parte del océano
se formaran más huracanes y tormentas tropicales y si tenderán
a seguir trayectorias cercanas o alejadas de nuestras costas.
De acuerdo a una nota recién publicada por la NOAA, actualmente
el océano Atlántico ha entrado en un periodo de
mayor actividad energética, lo cuál propiciará
una mayor cantidad de eventos (tormentas, huracanes, etc.), los
cuales aumentarán el riesgo de impactos sobre nuestras
costas.
La
experiencia de las fluctuaciones en el clima podría bien
servir de ejemplo del tipo de condiciones climáticas que
México pudiera experimentar bajo cambio climático.
Aunque con gran incertidumbre, algunos estudios sugieren que bajo
un calentamiento global, el ciclo El Niño/Oscilación
del Sur (ENOS) podría ser más frecuente e intenso.
De esta manera, la vulnerabilidad a variaciones climáticas
puede ser medida de acuerdo a las más recientes experiencias
de condiciones El Niño, por ejemplo, durante 1997 y 1998.
Aunque
Mesoamérica es una de las regiones en las que la señal
de El Niño es más intensa, el problema de la predicción
del clima estacional no ha sido resuelto. El Niño puede
impactar en diversas maneras el clima, principalmente cuando se
consideran condiciones regionales. Esto se debe a que existen
factores que afectan el clima de la región que sólo
han sido estudiados parcialmente. Así, anomalías
en las temperaturas del mar Caribe y el Golfo de México,
o cambios en el uso de suelo, entre otros, pudieran ser moduladores
importantes de las lluvias regionales.
Trabajos
recientes en cambio climático en México
Recientemente
apareció la revisión del estado actual del conocimiento
sobre cambio climático elaborada por el Panel Intergubernamental
para el estudio del Cambio Climático, conocido como IPCC
por sus siglas en inglés. En el reporte elaborado por el
Grupo de Trabajo II, encargado del estudio de Impactos, vulnerabilidad
y adaptación, se presenta una revisión detallada
para Norteamérica y Latinoamérica. En ambas secciones
se hace referencia a aspectos de la vulnerabilidad de México
a la variabilidad y al cambio climático. Una lista de las
referencias hechas a trabajos sobre México se encuentra
al final de este artículo.
Adicionalmente
se cuenta con revisiones de diferentes estudios sobre el cambio
climático en México, en particular la Primera Comunicación
Nacional ante la Convención Marco de Cambio Climático.
En dicho trabajo se analiza básicamente lo relacionado
con:
La
Primera Comunicación Nacional se basa en gran medida en
los resultados que se obtuvieron en el Estudio de País:
México, coordinado en el Instituto Nacional de Ecología.
Así, los trabajos anteriores dan una muestra del estado
de vulnerabilidad de México ante condiciones extremas en
el clima. En ambos casos se presenta un análisis de las
condiciones de vulnerabilidad realizados hasta mediados de los
años noventa. De entoncees a la fecha han ocurrido cambios
que han llevado al planteamiento de nuevas opciones de mitigación
y adaptación. Algunas de estas propuestas se ven reflejadas
en la Segunda Comunicación Nacional, realizada por el Comité
Intersecretarial de Cambio Climático, en donde se enuncian
acciones específicas de mitigación de emisiones.
Es
necesario sin embargo, realizar un análisis más
detallado de los sectores más vulnerables ante el cambio
climático. De acuerdo con los resultados del Estudio de
País.
Escenarios
climáticos recientes
Las
estrategias seguidas hasta ahora para generar escenarios climáticos
futuros son diversas. Se pueden tomar directamente las salidas
de los modelos, bajo la consideración que no reflejan totalmente
la dinámica atmosférica en los trópicos,
ni los efectos locales de cambios en la precipitación,
entre muchos otros aspectos. Los escenarios construidos hasta
ahora a partir de modelos o técnicas de reducción
de escala sugieren que la precipitación en muchas regiones
del país podría disminuir, en forma similar a lo
que acontece en veranos El Niño en México. Bajo
un escenario de cambio climático con condiciones de sequía
prolongada, el desarrollo sostenido de la sociedad estaría
en serio peligro.
Los
resultados del Estudio de País presentados en la Primera
Comunicación Nacional de México sugieren que las
variaciones en el ciclo hidrológico para esta nación
estarán estrechamente relacionadas con la ocurrencia de
El Niño o La Niña, es decir, con los ciclos de fenómeno
denominado El Niño/Oscilación del Sur (ENSO). Las
tendencias encontradas en la precipitación indican un aumento
en las lluvias en la región norte del país, mientras
que en el sur la tendencia es negativa (Fig. 1). Dicho análisis
indica que los fenómenos El Niño más frecuentes
e intensos de las últimas dos décadas han dejado
una señal en la lluvia acumulada anual. Por tanto, es El
Niño el fenómeno de mayor importancia como modulador
de las lluvias en México.
La
propuesta de escenario anterior confirma los resultados presentados
por Magaña y Conde (1999) sobre las lluvias en el noroeste
de nuestro país. En dicho trabajo se concluye que existe
una ligera tendencia hacia una mayor precipitación en el
norte del país, pero que, sin embargo, el aumento exponencial
en la demanda de agua se ha traducido en los últimos años
en reportes de sequía.

Figura
1 Tendencia de la precipitación (mm/dia)
por regiones para el periodo 1945-1995.
Medias anuales de precipitación regional preparadas por
A. Douglas.
Los
análisis de las tendencias de precipitación en regiones
donde la temperatura ha aumentado sustancialmente, indican que
no sólo la lluvia acumulada puede variar, sino también
la forma en que llueve. Así, por ejemplo, la ciudad de
México, cuya temperatura ha aumentado en más de
cuatro grados centígrados desde principios de siglo, experimenta
hoy en día más tormentas severas (aguaceros) que
hace cincuenta o cien años. Los efectos de las Isla de
Calor, resultado de la urbanización y cambios sustanciales
en el paisaje se han combinado para llegar a tal condición.
Es poco claro si el calentamiento registrado hasta ahora en otras
partes de México ya se comienza a reflejar en un aumento
en el número de eventos extremos. Las evidencias observacionales
en ese sentido no permiten hasta ahora concluir al respecto.
El
calentamiento global viene acompañado de una elevación
del nivel del mar debido a la expansión térmica
de los océanos; ésta se traduce en que zonas costeras
bajas (digamos, por debajo de los 2 m por arriba de la marea alta)
se vuelven vulnerables a las inundaciones. Esto se ilustra en
la figura siguiente, donde se observa que Tamaulipas, Veracruz,
Tabasco, Yucatán y Quintana Roo podrían verse afectados.

Figura
2. Regiones impactadas por el ascenso en el nivel del mar
Las
actividades productivas que dependen del agua como insumo se verían
afectadas por el cambio al verse trastornadas también la
distribución y abundancia de ésta. En resumen, el
cambio climático tendría serias consecuencias para
México exponiéndolo a cuantiosas pérdidas
de toda índole.
La
vulnerabilidad del país, al igual que en el caso del resto
de las naciones en desarrollo, es mayor que la de los estados
desarrollados. La razón básica de esta diferencia
radica en los recursos disponibles para adaptarse al cambio son
mucho mayores en los países industrializados. Por lo anterior,
México está preocupado por el cambio y dispuesto
a hacer lo que esté dentro de sus posibilidades para mitigarlo.
Un
elemento importante en materia de escenarios de cambio climático
es la selección objetiva de los modelos de circulación
general que se utilizan para generar escenarios futuros de las
variables climáticas. Por ejemplo, para el caso de la temperatura,
se encuentra que los modelos HADCM2 y EHCAM4 generan los mejores
escenarios de cambio de temperatura en México.
Las
gráficas siguientes muestran una comparación del
ciclo anual de la temperatura pronosticada para el año
2050 y de la temperatura observada en algunas regiones de México.

Análisis
por sectores
Recursos
hídricos: sequías e inundaciones
Durante
los años 1982-1983 los efectos de El Niño fueron
severos, provocaron sequías, incendios y pérdidas
estimadas en cerca de 600 millones de dólares en las economías
de México y Centroamérica. Durante comprendidos
entre 1991 y 1995 se estableció un periodo de El Niño
que si bien no fue tan intenso como el anterior, coincidió
con una de las sequías más prolongadas de la región.
Esta produjo problemas internos y externos por el uso de agua
en las presas. El Niño de 1997-1998 causó grandes
impactos en la región: inundaciones intensas o sequías
con un costo de varios miles de millones de dólares. La
gran dependencia de la agricultura de las lluvias de verano da
como resultado una gran vulnerabilidad de este sector a transformaciones
que un cambio climático pudiera traer en el ciclo hidrológico.
Los
países desarrollados usan la mayor parte de sus recursos
hídricos en procesos industriales. Por ejemplo, Canadá
utiliza el 80 % del agua en la industria, 12 % para uso domestico
y 8 % en agricultura. Por otra parte, para cada uno de estos rubros
los Estados Unidos de América, echa mano del 46, 12 y 42
%, respectivamente, Alemania 70, 10 y 20 %, Francia, 69, 16 y
15 %, Inglaterra 77, 20 y 3 %. México, por el contrario
se usa 8% en la industria, 6 % lo dedica al uso domestico y 86
% en la agricultura.
De
acuerdo con algunos estudios recientes de la Comisión Nacional
del Agua tenemos que:
La
distribución espacial del recurso agua en México
dista mucho de ser uniforme. El 50% de la población cuenta
con menos del 20% de este recurso, mientras que en el sudeste
del país, el 20% de la población tiene más
del 50% del agua. Con poca precipitación en el norte y
mucha en el sur, el cambio climático podría traducirse,
de acuerdo con los escenarios del Estudio de País, en escasez
de agua en el norte y exceso hacia el sur. Además, dado
que actualmente todas nuestras cuencas hidrológicas son
vulnerables de acuerdo a los criterios utilizados en dicho Estudio
y a las fluctuaciones climáticas, la situación probablemente
se vería empeorada en condiciones de cambio climático.
La administración de los recursos hídricos se complicaría,
agravándose incluso los problemas existentes de manejo
de recursos transfronterizos. El agua es probablemente el recurso
más importante para el país, por lo que requiere
de atención especial, en particular las cuencas del centro
de México: la del Lerma - Chapala-Santiago y la cuenca
del Pánuco.
Bajo
cambio climático, la disponibilidad de agua se vería
reducida y la competencia por dicho recurso podría provocar
problemas sociales. Los conflictos recientes entre estados por
el acceso al agua de ciertas presas compartidas comienzan a mostrar
algunas dificultades. Incluso uno de los problemas fronterizos
con Estados Unidos que mayor preocupación causan es el
relacionado con el agua, tal y como lo reporta el IPCC en su reporte
más reciente del grupo de trabajo II.
Agricultura
Estimaciones
preliminares indican que durante la sequía más reciente
(1997-1998) debida a El Niño en México se perdieron
más de tres millones de toneladas de maíz y se produjeron
daños cercanos a los 460 millones de dólares. Estudios
del posible impacto del cambio climático en la agricultura
arrojan resultados similares. De presentarse condiciones de sequía
más frecuente, las pérdidas en este sector serán
aún mayores.
Entre
1980 y 1998, el 43% de la agricultura mexicana fue de temporal
para el ciclo otoño invierno, llegando al 80% para el ciclo
primavera--verano. Tal condición vuelve a la agricultura
mexicana muy vulnerable a las fluctuaciones del clima. Los cultivos
bajo irrigación no se ven en principio tan afectados como
los de temporal, a menos que la disponibilidad de agua en presas
se vea reducida de manera drástica. Tanto los cultivos
de temporal como los de irrigación, están sin embargo,
expuestos de la misma manera a cambios en la temperatura. Las
variaciones en la producción agrícola se verán
reflejados en precios, lo cual afectará al resto de la
sociedad.
Existen
diferentes estrategias para evaluar el impacto potencial del cambio
climático en la agricultura. Una de las más populares
consiste en el uso de modelos agroclimáticos con modelos
de rendimiento como el CERES-Maize utilizado en el Estudio de
País. En dicho trabajo se concluye que en la mayor parte
del territorio nacional los efectos del cambio climático
bajo diferentes escenarios serían de reducción en
los rendimientos en el cultivo del maíz.
La
gran dependencia de la agricultura a las fluctuaciones en las
lluvias se puede entender al realizar análisis de sensibilidad.
En general, el proponer aumentos en la precipitación da
como resultado rendimientos mayores. Sin embargo, de ser altos
los aumentos en la precipitación se podrían presentar
disminuciones en los rendimientos debido a procesos de erosión
o lavado de nutrientes del suelo.
Asentamientos
humanos
A
escala mundial, México tiene una de las tasas de mayor
crecimiento urbano. En 1970 la población en la zona urbana
era del 59 %, en 1995 ya había subido a 75 %. Esto ha aumentando
grandemente los problemas sociales, alimentarios y de salud de
las zonas urbanas. En México existe actualmente alrededor
de 18 millones de habitantes asentados en lugares de alto riesgo
ante los eventos de inundación. Esto hace que una quinta
parte de la población del país tenga uno de los
grados de vulnerabilidad más alta ante las variaciones
climáticas ocasionadas por los eventos de El Niño-La
Niña o por las tendencias al aumento de eventos hidrometeorológicos
extremos por ejemplo, los huracanes de magnitud mayor ocasionados
por el calentamiento del planeta.
Los
asentamientos humanos serían vulnerables en cuanto a la
satisfacción de sus requerimientos de agua y comida, además
de requerir, posiblemente, un consumo mayor de energía
para el control de la temperatura en casas e industrias, y para
la conservación de alimentos. Estas demandas extras constituirán
un reto para el sistema energético mexicano. Requiere consideración
especial un posible incremento de la demanda de energía
en el futuro, en combinación con una disminución
del agua disponible para generación, y variaciones de los
precios de los combustibles.
Pesca
La
determinación de los impactos del cambio climático
en la pesca mexicana no es fácil de obtener. Algunos estudios
sugieren que la productividad en este sector dependerá
de la frecuencia con que se presente el fenómeno El Niño.
Sin embargo, los mayores cambios en algunas especies pelágicas
están relacionados con variaciones interdecadales en el
clima.
El
sector pesquero es fuertemente afectado por las condiciones climáticas
extremas. Por ejemplo, en 1998, la producción del erizo
cayó de un ingreso promedio de siete millones de dólares
a la mitad, la angosta disminuyó en un 25 % (de cuatro
a tres millones de dólares), el abulón en un 30
% (de 30 a 21 millones de dólares). Otros recursos bentónicos
como el caracol, el pepino de mar y el camarón sufrieron
un decremento del 25 %. La producción de las macroalgas
(sargazo) se redujo en un 70 %. Cabe destacar que aunque en 1998
se aumentó el esfuerzo pesquero en un 10 %, en general,
se ha estimado que la producción pesquera decreció
entre el 25 y el 40 % como resultado El Niño más
reciente. Estimaciones de los efectos económicos directos
este fenómeno meteorológico en México sitúan
las pérdidas en el orden de los 70 millones de dólares.
Bosques
y Fuegos
Durante
1998, debido a la sequía, los fuegos destruyeron enormes
cantidades de bosques. Se crearon condiciones de alta contaminación
atmosférica que, además de afectar a la población
de Mesoamérica, alcanzaron a la población de los
estados vecinos de los Estados Unidos de América. Se estima
que sólo en México se incendiaron cerca de 400,000
ha de las cuales un 24% fueron bosques. El estrés hídrico
en la vegetación, producto del déficit en la precipitación
por El Niño, se reflejó en una de las situaciones
de mayor riesgo para este sector en los últimos años.
Ante ello, las prácticas tradicionales de roza, tumba y
quema se convirtieron en el detonante del mayor número
de incendios forestales del que se tiene registro.
Vulnerabilidad
(Prioridades)
La
vulnerabilidad de un país ante condiciones extremas en
el clima, está en relación inversa con:
la
difusión y comprensión de los pronósticos
climáticos,
la
capacidad técnica para aplicar medidas preventivas, y
la
disponibilidad de recursos financieros para aplicar esas medidas.
Una
definición de riesgo, de acuerdo con la Comisión
Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)
puede expresarse como una función dependiente de la amenaza
y la vulnerabilidad. La amenaza que cada país enfrenta
por los fenómenos naturales (por ejemplo, aquellos derivados
del cambio global) presenta una intensidad constante o en aumento
y está siempre presente. Por su parte, la vulnerabilidad,
que es el grado de exposición de los países a las
amenazas, puede ir en aumento o disminuir mediante acciones concretas.
AMENAZA
Fenómenos
naturales |
|
VULNERABILIDAD
Grados
de exposición y
fragilidad,
valor económico |
|
RIESGO
f(A,V) |
Probabilidad de que ocurra un evento, en espacio y tiempo
determinados, con suficiente intensidad como para producir
daños |
Þ |
Probabilidad
de que, debido a la intensidad del evento y a la fragilidad
de los elementos expuestos, ocurran daños en la economía,
la vida humana y el ambiente |
Ü |
Probabilidad combinada entre los parámetros anteriores |
Figura
4 Definición de riesgo.
Brasil
y Australia son ejemplos en cuanto a acciones estratégicas
para mitigar y/o adaptarse a condiciones extremas del clima, como
aquellas durante El Niño. En Estados Unidos, por ejemplo,
ya se han integrado comisiones de prevención de desastres
ante los potenciales impactos de este fenómeno.
En
México, ya se han iniciado algunas acciones preventivas
para atenuar los impactos negativos de El Niño. Por ejemplo,
en la planeación de actividades de agricultura, en función
de los pronósticos regionales de lluvia; en la administración
de agua de algunas presas (sequía / inundaciones), determinando
prioridades productivas de la región (irrigación,
ganadería, usos domésticos, industriales, turísticos,
hidroeléctricas, etc.). Durante el evento pasado de El
Niño, en varias regiones de la zona afectada se desarrollaron
programas de alerta en áreas urbanas para prevenir a la
población ante posibles inundaciones por las lluvias intensas.
Asimismo, se inició la difusión de alerta de presas
ante los posibles desbordamientos y ante las sequías. Poco
a poco se avanza en cuanto al uso de los pronósticos para
la prevención de incendios forestales. La experiencia muestra
que, además de difundir las medidas de seguridad entre
los grupos de productores agrícolas que queman parte de
los bosques, es necesario también dar a conocer las medidas
de alerta por las posibilidades de incendios naturales.
A
pesar de intentos preliminares de aplicaciones de planeación
tomando en cuenta la información climática, las
necesidades de México en cuanto a información apropiada
para mejorar la toma de decisiones, tanto de organizaciones gubernamentales
como de los sectores sociales y privado, para todos los sectores
y recursos sensibles a las variaciones del clima, son inmensas.
Es claro que falta mucho camino por recorrer, pues el reto de
pronosticar adecuadamente el clima, y generar información
climática útil, no sólo en agricultura, sino
para muchos otros sectores es grande. No se debe esperar a generar
pronósticos perfectos para hacer uso de estos en la planeación.
Existen las instituciones de salud, los grupos de protección
civil, el sector comunicaciones y transportes, medio ambiente,
pesca y otros, que con mayor frecuencia requieren de esta información.
Son
relativamente pocos los estudios sobre el clima mexicano que permitan
pronosticarlo, y más importante aún, no ha existido
un acercamiento duradero entre los sectores productivos y el sector
científico. Sólo algunas iniciativas tienden a que
la información climática sea utilizada por agricultores.
Así por ejemplo, en México se ha comenzado a probar
y evaluar el impacto que los pronósticos de lluvias de
verano tienen en la producción agrícola del ciclo
verano en el estado de Tlaxcala. Los resultados del último
año parecen ser alentadores, principalmente por el acercamiento
y entendimiento que comienza a darse entre científicos,
productores y las autoridades de gobierno encargadas de brindar
apoyo a estos grupos. En el presente proyecto, se pretende utilizar
esta experiencia en una región donde la señal de
El Niño es más intensa y donde es mayor las probabilidades
de planear usando pronósticos climáticos.
Un
mayor conocimiento de los impactos de los fenómenos de
El Niño - La Niña en los patrones de precipitación
y, por lo tanto, en la disponibilidad de agua permitirá
un manejo mas apropiado de este recurso. Asimismo, proveerá
información apropiada para que los diferentes sectores
socioeconómicos sensibles a las variaciones del clima tengan
los elementos para mejorar la toma de decisiones. El conocimiento
de lo que el cambio climático depara en cuanto a lluvias
es, por lo tanto, crucial para definir estrategias adecuadas de
adaptación.
A
continuación se presenta un resumen de la vulnerabilidad
ante el Niño en México a nivel estatal:
Vulnerabilidad
en México por el fenómeno El Niño / La Niña
|
A
= alta |
|
|
|
M
= media |
NIÑO
|
NIÑA |
|
B
= baja |
VERA
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INVIERN
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ANUAL
|
VERA |
INIVIEN |
ANUAL |
|
ENTIDAD
FEDERATIVA |
S
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M
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HURA
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B
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NORTES
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S
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1
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C
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C
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C
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C
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CAPTURA
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CAPTURA
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BAJA |
C |
C |
CAP |
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AGUASCALIENTES |
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BAJA
CALIFORNIA |
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BAJA
CALIFORNIA SUR |
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CAMPECHE |
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COAHUILA |
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COLIMA |
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CHIAPAS |
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CHIHUAHUA |
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DISTRITO
FEDERAL |
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DURANGO |
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GUANAJUATO |
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GUERRERO |
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HIDALGO |
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JALISCO |
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B |
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La
demanda de productos climáticos en los países desarrollados
ha aumentado considerablemente. Productores agrícolas,
aseguradoras, consorcios pesqueros, compañías generadoras
de energía, entre otras etc., están expresando gran
interés en conocer cuales serán las condiciones
climáticas probables, para considerarlas como elemento
adicional de planeación.
Esquemas
estructurales
El
elemento agua es quizá el más importante en la planeación
de actividades agrícolas y ambientales. En nuestra región,
el desarrollo a futuro de las comunidades dependerá de
la disponibilidad de este elemento. Los pronósticos de
lluvias serán de gran valor en el manejo de este recurso
en presas, ríos, etc. Sin embargo, para una verdadera adaptación
se tendrá que pensar en medidas estructurales en cuanto
su manejo.
Considerando
que el mayor porcentaje de agua disponible se utiliza en actividades
agrícolas será necesario replantear los mecanismos
de riego utilizados hasta ahora. Por ejemplo, en la Comisión
Nacional del Agua se tiene contemplado disminuir las zonas de
riego por inundación cambiando a formas de riego mucho
más eficiente como pueden ser las metodologías de
riego por goteo.
Adicionalmente,
las formas de re-uso del agua urbana o incluso de desalinización
de agua de mar comienzan a verse como soluciones reales al problema
de escasez de dicho elemento. La desalinización es una
realidad en muchos países donde el agua es escasa: el Caribe,
Arabia Saudita, California, etc. Los costos de esta estrategia
de adaptación se han reducido notablemente en los últimos
años por lo que la adaptación en esta dirección
comienza a ser considerada seriamente.
El
componente continental del clima adquiere cada vez mayor importancia
a la hora de analizar cambios en el clima. Los cambios en el uso
de suelo, tales como la deforestación o el crecimiento
de los desiertos, han mostrado alterar el clima a nivel regional
en ciertas partes del mundo. El grado de humedad en el suelo es
clave para realizar pronósticos más acertados de
las anomalías en las lluvias. Los cambios en el clima que
experimentemos relacionados al uso de suelo pueden ser incluso
más notables que aquellos producidos por el calentamiento
global. Aunque las series de tiempo de precipitación no
permiten dar una respuesta contundente al planteamiento de cómo
cambia la lluvia bajo deforestación, los modelos sugieren
que el cambio de bosques a zonas de pastizales para ganadería
o a tierras de cultivo da como resultado una disminución
en las precipitaciones. Es por ello que en el caso de México
la propuesta de reforestar corresponde a una situación
en la que todos ganan pues:
En
este sentido, resulta imprescindible considerar como una medida
de adaptación estructural la implementación de esquemas
de reordenamiento territorial, a través de las cuáles
se puede tener un mejor control sobre el uso del suelo, así
como disminuir la vulnerabilidad de las poblaciones expuestas
a fenómenos hidrometeorológicos que se deriven del
cambio climático.
Medidas
no estructurales
Un
segundo aspecto de vital relevancia para disminuir la vulnerabilidad
y que constituye al mismo tiempo una medida de adaptación
ante los impactos del cambio climático es la toma de medidas
no estructurales. Éstas se constituyen en los sistemas
que permiten la correcta toma de decisiones y acciones obligadamente
preventivas.
Desde
la segunda mitad del año 2,000, la Organización
Meteorológica Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo,
realizan un estudio sobre la predicción y atenuación
de los impactos negativos de El Niño/Oscilación
del Sur en México y el Caribe. El objetivo final de este
estudio es el implementar sistemas de alerta temprana ante El
Niño, que permitan reducir las pérdidas socioeconómicas
asociadas con éste.
El
sistema de alerta temprana ante El Niño es un sistema complejo,
de múltiples variables. Además, involucra a diversos
actores para que intercambien información y productos y
permitan la retroalimentación del sistema. Es en este sentido,
que las instituciones de México deberán participar
activamente del sistema de alerta temprana, con el fin de hacer
realidad la disminución de la vulnerabilidad. La información
climática y de pronóstico con la que se cuenta actualmente
resulta ya de gran utilidad. El flujo dentro del sistema de alerta
temprana ante El Niño se muestra en la siguiente figura.

Figura
5 Sistema de alerta temprana ante El Niño
Sin
embargo, el uso de los sistemas de alerta temprana no se limita
a reducir la vulnerabilidad ante El Niño. Otros Sistemas
de Alerta Temprana han empezado a implementarse ante otros eventos
hidrometeorológicos extremos como, por ejemplo, los huracanes
y las inundaciones. Hoy en día, el Centro Nacional para
la Prevención de Desastres ha puesto en marcha un Sistema
de alerta termprana, que deberá enriquecerse con el tiempo
y beneficiar a los más diversos sectores.
Finalmente
es importante establecer el peligro de la mala adaptación.
Algunas estrategias de adaptación no probadas o que no
se sustentan en un conocimiento profundo de los mecanismos que
controlan el clima pueden resultar en daños al medio ambiente
agravando el problema del calentamiento global. Falsas estrategias
de producción de lluvia (antenas ionizadoras), malas decisiones
en agricultura, etc. pueden tener costos mayores a los que ya
de por si puede tener implícito el cambio climático.
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