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Capítulo séptimo

EL SUELO

 

Resumen ejecutivo

Casi la mitad de los 554,767 km² afectados por la erosión hídrica en el país, en grado severo y muy severo, se presenta en los estados de la frontera norte de México, hecho que confirma que este tipo de erosión es más frecuente en los suelos secos. Del total nacional de la superficie alterada por la erosión eólica en grado severo y muy severo, el 50% se encuentra en las entidades de la frontera norte. Se estimaba, en 1996, que 234,700 hectáreas en diversos distritos de riego de la zona fronteriza se encontraban afectados por problemas de salinidad.

Los suelos de los municipios limítrofes de la frontera norte se encuentran erosionados por diversas causas como el uso de plaguicidas, sobrepastoreo, contaminación del agua (aguas residuales, salinización, abatimiento de mantos freáticos, residuos de agroquímicos, metales pesados), erosión hídrica, erosión eólica, y deforestación por actividades pecuarias.

La rápida industrialización de los centros urbanos fronterizos (limítrofes con los EUA), asociada a la crisis económica que el país ha enfrentado de manera cíclica desde 1982, el aumento de las tasas de desempleo y la afectación de las condiciones de vida y niveles de bienestar de la población de la frontera norte del país, han sido los factores que han facilitado que las ciudades fronterizas se hayan convertido en importantes polos de atracción de población, lo que a su vez, explica la alta tasa de urbanización de los municipios limítrofes, sobre todo de aquellos en donde el desarrollo industrial ha sido más evidente. De 1980 a 1995 la población urbana de los municipios de la prioridad uno creció 84% y su población rural disminuyó 45%. El 27% de los 79 municipios que analiza este reporte son totalmente rurales.

La acelerada urbanización de los centros urbanos fronterizos, asociada a la condición de que sólo ocho de las 20 ciudades fronterizas más importantes tienen dos décadas o menos de haber diseñado su primer plan director de desarrollo urbano y que menos de la mitad de las ciudades fronterizas lo tengan actualizado y en operación, hace que existan ciudades fronterizas con una marcada desorganización en el ordenamiento de los usos del suelo y de su crecimiento, potencializando como consecuencia, las fuentes y las causas de contaminación del aire, agua y suelo derivadas de las actividades humanas.

El marco legal y la experiencia que están teniendo aquellos municipios que se han dado a la tarea de elaborar y aplicar sus planes directores de desarrollo urbano, nos muestra que es posible retomar el control del crecimiento de las ciudades, y de manera especial, el control del uso del suelo urbano. En este sentido, los planes directores de desarrollo urbano deben analizar con la debida profundidad, la capacidad real que tienen las respectivas ciudades para sustentar un crecimiento que no repercuta de manera negativa, en las condiciones y en la calidad de vida de los habitantes de estas ciudades.

La densidad de población fluctuó en las trece ciudades fronterizas (diez de ellas limítrofes con los Estados Unidos) entre 2,338 y 7,415 habitantes por km 2 , en 1998. Por otra parte, si se considera sólo el suelo habitacional de la superficie urbana, la densidad de población estuvo comprendida entre 5,843 a 34,784 habitantes por km², lo cual implica que a cada habitante en Reynosa, Tamaulipas le corresponden en promedio, sólo 5.4 m².

 

Suelo

Todas las ciudades fronterizas, con excepción de Nuevo Laredo, tienen déficit en el renglón de áreas verdes. Por ejemplo, las ciudades de Tijuana y Cd. Juárez alcanzan, 522 y 472 ha de déficit, respectivamente. Los lotes baldíos de las trece ciudades que se analizaron en el capítulo de suelos de este reporte, representaron el 24.5% del total de su superficie urbana. En extensión, por ejemplo, esta superficie urbana no utilizada correspondería a la superficie urbana total de la ciudad de Mexicali, que cuenta con la mayor superficie urbana en la franja fronteriza. También podrían caber en ellas las superficies totales de seis ciudades fronterizas (Nogales, Piedras Negras, Acuña, Matamoros, Nuevo Laredo y Reynosa). Si se pudiera utilizar sólo el 7.6% del total de la superficie que abarcan los lotes baldíos, se podría cubrir la totalidad del déficit de áreas verdes en las 12 ciudades, mismo que llega a 1,940 ha.

Las ciudades con mayor densidad de población como Matamoros, Nuevo Laredo y Reynosa se caracterizan por una superficie urbana con más lotes baldíos. Cabe mencionar por ejemplo, que la superficie ocupada los lotes baldíos de la ciudad de Matamoros es 2.8 veces superior a la destinada para uso habitacional.

Sólo el 47% del total de la superficie urbana dedicada a las vialidades en estas trece ciudades, se encuentra pavimentada. Este dato explica la razón por la cual se considera que la circulación en vialidades no pavimentadas es una de las principales causas de la contaminación del aire en las ciudades fronterizas (PST y PM10).

En este capítulo, se presentan dos aspectos relacionados con el suelo: la situación y usos del suelo en el país, entidades y municipios fronterizos y otro, sobre el suelo urbano de ciertas ciudades de los municipios de la frontera, en especial con el uso del mismo y el impacto sobre la calidad ambiental y de vida, sin dejar de considerar el acelerado crecimiento económico industrial y la creciente marginación y pobreza de sus poblaciones.

 

Situación general de los suelos

El suelo es el conjunto de cuerpos naturales, originados por substancias minerales y orgánicas que contienen materia viva y vegetación en forma natural, que en algunos lugares ha sido transformado por la actividad humana (1).

Al nivel mundial, se estima que 1,200 millones de hectáreas, (11% de la cobertura vegetal de la tierra), han sufrido degradación de los suelos. El 56% de los suelos afectados se debe a la degradación hídrica, el 28% por la erosión eólica y el 12% por la degradación química. El 4% restante proviene de la salinización y la degradación física y biológica. En el caso de México y Centroamérica, se estima que en los últimos 45 años se han degradado más de 61 millones de hectáreas, lo que equivale a más del 24% de la cobertura vegetal de dicha región. Esta degradación, predominantemente hídrica (74%) (2), va desde una parcial destrucción de las funciones bióticas y productivas del suelo, hasta una que rebasa de sus posibilidades de recuperación (3). En 1995, la SEMARNAP informó que el 60% de la superficie del territorio nacional se encontraba afectado por erosión severa y un 10% de las tierras de riego mostraban problemas de salinización, tala clandestina, plagas e incendios frecuentes (4). El suelo en la República Mexicana presenta problemas de degradación de tierras debido a la erosión hídrica, eólica, y salinización, entre otros.

Estos tipos de deterioro no sólo cambian el potencial productivo en los lugares en donde ocurren, sino que también inciden negativamente en las áreas de depósito de sedimentos, azolvando los vasos de almacenamiento de las obras hidráulicas, canales de drenaje y esteros, además de contaminar lagos, ríos y cuerpos de agua en general.

Al alterar los ecosistemas naturales, en este caso los suelos, se modifica el sistema que soporta la vida del planeta. La erosión acelerada de los suelos es una consecuencia directa de la transformación de los ecosistemas naturales, y como se verá en este capítulo, uno de los factores de degradación ambiental más severos.

 

Fig. 7.1. Usos del suelo en México (1994)

Fuente: SARH, 1994.

Esta gráfica muestra la distribución porcentual nacional de los diferentes usos de suelo, para 1994. El 29.3% del total de los suelos estaba cubierto por vegetación arbustiva; el 29%, por bosques y selvas; el 14.2%, pastizales; un 24.1%, lo constituían usos agrícolas y agropecuarios; el 1.6%, correspondía a desiertos y dunas y el 1.9%, al uso de suelo urbano (población en metrópolis, ciudades y poblados). Dentro de este último, se incluyen a las vías de comunicación y corredores industriales.

De acuerdo al Programa Hidráulico 1995-2000, la superficie agrícola de México es de 30 millones de hectáreas, de las cuales 6.2 millones (20.7%) son de riego y el resto de temporal y temporal tecnificado. El uso ganadero incluye terrenos para el alojamiento de rumiantes estabulados, establecimiento de granjas y pastoreo de ganado.

 

Impacto ambiental en los suelos

Entre los factores que provocan una elevada tasa de degradación de los suelos, se encuentran el crecimiento de la población e industria, deforestación, uso de tierras con escasa vocación agrícola y el manejo inadecuado de los recursos naturales. El proceso de desertificación consiste en la degradación de las tierras productivas, cuando son desprovistas de su cubierta vegetal y manejadas de manera no sustentable. Aunque este proceso puede ocurrir en todas las condiciones climáticas, las tierras secas son las más susceptibles de experimentarlo, tal y como ocurre en la mayoría de los suelos de la franja fronteriza norte. Una de las consecuencias con relación al agua, sobre todo para las poblaciones humanas asentadas en la región fronteriza es que el proceso de desertificación disminuye la recarga natural de los acuíferos, decreciendo la disponibilidad de agua e incrementando los costos de extracción.

Se estima que el proceso mencionado es el responsable del 30% de la acumulación de gases de “efecto invernadero”; que contribuyen al calentamiento global del planeta.

 

Erosión hídrica

Es la pérdida o desplazamiento de suelo por la acción del agua (lluvia y escurrimientos superficiales). La erosión hídrica por lluvia comienza cuando el suelo es privado de su cobertura vegetal por deforestación, quema, sobrepastoreo y labranza. Las gotas de lluvia impactan en el suelo desnudo y rompen sus agregados, los cuales además de ser más fácilmente arrastrados por los escurrimientos, tapan los microporos del suelo, reduciendo con ello la infiltración del agua. El agua que no llega a infiltrarse escurre sobre la superficie y sigue la topografía arrastrando suelo superficial. La vulnerabilidad de los suelos a la erosión hídrica depende del tipo de cobertura vegetal (cultivo, pastizal, etc.); de las características de la lluvia (intensidad y frecuencia); de la topografía (inclinación, forma y longitud de pendientes); y del tipo de suelo (porosidad, porcentaje de materia orgánica, textura y profundidad).

Las estimaciones para el país, muestran que la pérdida anual es de 150,000 a 200,000 hectáreas lo cual representa una cifra dos veces superior a la extensión total del municipio de Tijuana o similar a la de los municipios de Nogales o Nuevo Laredo calculándose que en los últimos 30 años (1968-1998) la pérdida de suelo es la más alta en toda la historia de la nación. La figura 7.2 indica la magnitud e importancia de este tipo de erosión en la región.

 

Fig. 7.2. Erosión hídrica en los estados de la frontera norte de México (1995)

Fuente: INEGI, 1996.

 

El 28.5% del territorio total del país (554,767 km²), tiene grados de afectación por la erosión hídrica de severa y muy severa. Pese a que la superficie de los estados de la frontera norte, constituye el 40.5% del total de la superficie nacional, la superficie dañada de manera severa y muy severa en dichos estados (265,097 km²), representa el 47.8% del total de la superficie afectada con dicha intensidad al nivel nacional.

Chihuahua es el estado fronterizo que presenta mayor extensión de suelos afectados por la erosión hídrica ligera y moderada y Sonora es el que presenta la mayor extensión afectada por la erosión severa y muy severa. Sin embargo, cuando se analiza este fenómeno con relación a la extensión territorial de cada una de las entidades; son Coahuila y Tamaulipas los que tienen la superficie más afectada por dicha erosión. En tanto que el primero se ve afectado severamente en las dos terceras partes de su superficie total, el segundo tiene, en esa situación, casi la mitad de su territorio.

En las entidades de la frontera, el porcentaje de superficie erosionada en sus grados máximos (severo y muy severo) alcanza 8.9 (BC), 36.0 (Son), 21,2 (Chih), 65.7(Coah), 47.7 (NL) y 16.0 (Tamps).

 

Erosión eólica

Se define como el desprendimiento y arrastre de las partículas del suelo ocasionado por el viento. Este fenómeno se presenta de manera predominante en las zonas áridas y semiáridas, aunque también se presenta en las regiones con escasa o nula vegetación durante la estación seca. Se ha encontrado que este tipo de erosión afecta al 43% del total de la superficie del país a niveles severos, es decir, una velocidad de erosión de 50 a 200 toneladas por hectárea, por año (erosión severa); al 33% con niveles moderados (10 a 50 ton/ha/año); y al 17.6% de la superficie total, con niveles muy severos, con velocidades de pérdida de suelo superiores a las 200 toneladas por hectárea por año. La figura 7.3 muestra los diferentes grados de erosión eólica en los estados de la frontera norte.

Fig. 7.3. Erosión eólica en los estados de la frontera norte de México (1995)

Fuente: Ortiz S.,L. y col, 1996.

INEGI, 1996.

 

Esta gráfica indica que el estado de Chihuahua, en términos absolutos, es el que tiene la mayor superficie afectada (167,734 km²) por la erosión eólica en sus grados, severa y muy severa; es decir, con velocidades de erosión de 50 toneladas y más por hectárea y por año, misma que representa el 14.2% del total de la superficie afectada con estos niveles de erosión en el país. De manera general, los estados de la frontera norte contienen el 48.6% del total de la superficie del territorio nacional afectado por una erosión eólica severa (407,634 km²) y además, la que tiene una afectación muy severa, 176,876 km², representa el 51.6% del total de la superficie nacional alterada con estos niveles de erosión.

 

Salinización

Los problemas de salinidad en los suelos se deben, entre otros factores, a la aplicación de agua de mala calidad (con cierto grado de mineralización o aguas negras) en suelos sin un sistema de drenaje adecuado; por condiciones climáticas en donde se suma a una alta evaporación, una pobre precipitación pluvial y por la sobreexplotación de los mantos freáticos. Las estimaciones de la SEMARNAP indican que la salinización afecta al 3.1% de los suelos del país. Fuertes acumulaciones de sales y sodio afectan 6.1 millones de hectáreas, de las cuales 1.77 se han afectado por factores naturales y 4.33 por diversas actividades humanas.

En Baja California y Sonora se presentan, de manera general, condiciones de alta evaporación y baja precipitación pluvial, los que favorecen la acumulación de sales, llegándose a alcanzar valores de conductividad eléctrica superiores a los 200 µ S/m.

En el norte de dichos estados, existen también suelos fundamentalmente salino – sódicos, como en el caso de los Desiertos de Altar y Vizcaíno, encontrados generalmente en depresiones donde se presentan mantos freáticos elevados y salobres, como la Laguna Salada en Baja California, en donde dominan el cloruro y el sulfato de sodio. En las zonas áridas y semiáridas de Coahuila y Chihuahua, la salinidad del suelo alcanza valores de conductividad eléctrica de 80 µS/m o más. En Tamaulipas, la mayoría de los suelos afectados se encuentran en las costas, en áreas de marisma.

 

Tabla 7.1. Superficie con problemas de salinidad en los distritos de riego más afectados de los estados de la frontera norte de México (5).

Estado

Distrito de Riego

Superficie afectada (ha)

Baja California

Río Colorado

139,900

Sonora

Río Mayo

33,100

Chihuahua

Ciudad Juárez

14,000

Tamaulipas

Bajo Río Bravo

47,700

Total

234,700

 

Sólo la superficie afectada por la salinidad en estos distritos de riego representa el 3.8% del total de la superficie nacional afectada por este problema específico. Entre las principales prácticas de manejo que provocan degradación de las tierras en el norte del país se encuentran: el sobrepastoreo, la explotación excesiva y la contaminación de los mantos freáticos, malas prácticas de rotación de cultivos, riegos abundantes en zonas de alta evaporación, uso y abuso de plaguicidas, fertilizantes y agroquímicos, y aguas residuales no tratadas. Una de las consecuencias de la degradación de la tierra es que su fertilidad se ve afectada, la cual, en términos generales, ha disminuido en un 80% del territorio nacional. Un estudio del índice de fertilidad (IF) de la tierra, realizado en 1996 (6), denota que los estados de Baja California, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas tienen un IF medio (de 10 a 15), en tanto que en Sonora y Nuevo León, es alto (de 15 a 20).

A continuación, se presenta un listado por estado y por orden alfabético, con las principales causas de contaminación y erosión en los suelos de los municipios fronterizos (7):

 

Baja California

Mexicali, B.C.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón y lindano).

•  Erosión por sobrepastoreo pecuario.

•  Desechos de salmuera (sales de potasio, sodio y litio).

•  Contaminación de cuerpos de agua y ríos (materia orgánica del ganado, metales pesados, agroquímicos, salinización).

 

Tecate, B.C.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y tamarón).

•  Erosión por sobre pastoreo.

 

Tijuana, B.C.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y tamarón).

•  Contaminación por aguas negras no tratadas y residuos de agroquímicos.

 

Sonora

Caborca, Son.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y tamarón).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino.

 

Nogales, Son.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión y captán).

•  Contaminación de agua (residuos agroquímicos y salinización)

 

Puerto Peñasco, Son.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión, tamarón y lindano).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino, desmontes y vientos.

•  Contaminación del agua (abatimiento de mantos freáticos, residuos agroquímicos y salinización)

 

San Luis Río Colorado, Son.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y tamarón).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino.

•  Contaminación de aguas (polvos producidos por los despepitaderos de algodón, aguas residuales, desechos sólidos, residuos de agroquímicos y salinización).

 

Santa Cruz, Son.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión, tamarón y lindano).

•  Erosión eólica en zonas forestales.

•  Contaminación del agua (residuos agroquímicos y salinización por sobreexplotación de acuíferos).

 

Saric, Son.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión y tamarón).

 

Chihuahua

Ascensión, Chih.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón y lindano).

•  Contaminación de agua (materia orgánica del ganado, metales pesados, agroquímicos, salinización, desecación y salinización de las lagunas de Ascención y Guzmán).

•  Erosión por sobrepastoreo, hídrica y eólica en zonas de riego.

 

Guadalupe, Chih.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón y lindano).

•  Contaminación de agua por residuos agroquímicos.

 

Janos, Chih.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón, lindano, captán y malatión).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino y mal manejo de pastizales.

 

Juárez, Chih.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón y lindano).

•  Aguas contaminadas por descargas mixtas, residuos de agroquímicos, descargas de aguas residuales no tratadas, sobreexplotación de acuíferos y salinización.

•  Erosión hídrica y eólica en suelos áridos desprovistos de su cubierta vegetal Manuel Benavides, Chih.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, captán y malatión).

•  Sobrepastoreo caprino.

 

Ojinaga, Chih.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamaro, lindano, captán y malatión).

•  Contaminación de aguas por salinización (sobreexplotación de acuíferos), retorno de aguas de suelos agrícolas con residuos agroquímicos.

•  Aplicación inadecuada de fertilizantes y plaguicidas.

•  Deforestación por actividades pecuarias.

 

Praxedis Guerrero, Chih.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión, tamaro y lindano).

 

Coahuila

Acuña, Coah.

•  Utilización de plaguididas (2-4 D, paratión, tamarón y lindano).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino, sobreexplotación forestal en la serranía de El Burro, alta evaporación y muy pobre precipitación pluvial y pérdida de cubierta vegetal.

•  Contaminación de agua (aguas residuales no tratadas, agroquímicos y salinización).

 

Hidalgo, Coah.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, lindano, malatión, captán y tamarón).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino.

•  Contaminación del agua (aguas residuales no tratadas, desechos agroquímicos).

 

Jiménez, Coah.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, patatión, tamarón, lindano, captán y malatión).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino.

•  Contaminación del agua (descenso del nivel de acuíferos, residuos agroquímicos, aguas residuales no tratadas y salinización).

 

Nava, Coah.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón y lindano).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino y sobreexplotación forestal.

 

Ocampo, Coah.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y tamarón).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino, sobreexplotación forestal, explotación del carbón y fluorita.

•  Contaminación del agua (sobreexplotación de acuíferos, intrusión salina en la laguna de Los Frailes, aguas residuales no tratadas y salinización).

 

Piedras Negras, Coah.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y lindano).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino y mal manejo de pastizales.

•  Contaminación de agua (aguas residuales no tratadas, residuos agroquímicos y salinización).

 

Nuevo León

Anáhuac, N.L.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D y paratión).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino, cultivos inadecuados, incineración de desechos sólidos y agrícolas.

•  Contaminación del río Salado (residuos agroquímicos e industriales, aguas residuales no tratadas, abatimiento de los mantos freáticos por sobreexplotación y salinización).

 

Tamaulipas

Camargo, Tamps.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, lindano, paratión y tamaro).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino.

 

Guerrero, Tamps.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, captán y paratión).

•  Erosión hídirca y eólica por falta de cubierta vegetal y sobrepastoreo.

 

G. Díaz Ordaz, Tamps.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión y tamarón y lindano).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino y salinización de tierras.

 

Matamoros, Tamps.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón, malatión y lindano).

•  Contaminación de agua (residuos agroquímicos, salinización, aguas residuales no tratadas).

•  Erosión por sobrepastoreo y mal manejo de pastizales.

 

Mier, Tamps.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, malatión y captán).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino y otras actividades pecuarias.

•  Contaminación del agua (residuos agroquímicos y salinización).

 

Miguel Alemán, Tamps.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamaro, lindano, y malatión).

•  Erosión por sobrepastoreo caprino.

 

Nuevo Laredo, Tamps.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón, malatión y lindano).

•  Contaminación del agua (residuos de agroquímicos, descargas de aguas residuales no tratadas, sobreexplotación de acuíferos y salinización).

•  Erosión eólica (mala rotación de cultivos y deficientes actividades agropecuarias).

 

Reynosa, Tamps.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, captán y malatión).

•  Erosión hídrica y eólica, salinización y contaminación por desechos sólidos.

 

Río Bravo, Tamps.

•  Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón y lindano).

•  Contaminación de aguas (salinización, residuos agroquímicos).

•  Erosión por sobrepastoreo pecuario.

 

Valle Hermoso, Tamps.

  • Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión, tamarón y lindano).
  • Contaminación de agua (residuos agroquímicos, fertilizantes, desechos domésticos y salinización).

 

El suelo urbano en las principales ciudades de la franja fronteriza del norte del país

El uso del suelo urbano en las principales ciudades de la franja fronteriza del norte del país, es de particular importancia, debido al negativo impacto ambiental que resulta, fundamentalmente, de las actividades humanas y repercute de manera directa en la calidad de vida de la población que las habita y en el equilibrio de los ecosistemas regionales, cuya afectación se extiende más allá de nuestras fronteras.

Hace apenas cuatro décadas, las actividades de los habitantes de los municipios limítrofes fronterizos, se circunscribían a las tareas agropecuarias, comercio y turismo. Desde principios de los años 60, y estimulados en gran parte por el Programa Bracero y el impacto económico experimentado por la población, se dio en algunas de las ciudades fronterizas, una creciente corriente migratoria que llevaba como propósito fundamental, su internación ilegal en los Estados Unidos de Norteamérica, buscando encontrar una mejoría en sus condiciones de vida. Con esta perspectiva, las ciudades fronterizas servían de “trampolín” para muchos connacionales. Por ejemplo, a mediados de la década de los 70, el 27.3% del total del flujo migratorio ilegal hacia ese país a través de la frontera, se internaba por la ciudad de Tijuana. De los años 60 y hasta mediados de los años 80, el crecimiento social de los centros urbanos de la franja fronteriza, sobre todo aquellos que colindaban con los Estados Unidos de Norteamérica, era consecuencia, principalmente, de los miles de inmigrantes, que al no lograr su propósito y/o que eran regresados por las autoridades del vecino país hacia las ciudades fronterizas mexicanas, decidían no regresar a sus lugares de origen y quedarse a residir en la frontera.

La industria maquiladora en México se estableció por primera vez en México hace 34 años (1965), gracias a la visión e iniciativa de cuatro empresarios de Ciudad Juárez. Sin embargo, desde hace dos décadas, esta industria se desarrolla y toma un importante auge en México, sobre todo, en los municipios fronterizos limítrofes. Al 1º. de julio de 1998, daba empleo a más de un millón de mexicanos, de los cuales el 65.7% residían en los catorce municipios de la prioridad uno. La rápida industrialización de los centros urbanos fronterizos, asociada a la crisis económica que el país ha enfrentado de manera cíclica desde 1982 y el aumento de las tasas del desempleo al sur de la frontera norte, han sido, en los últimos ocho años, los factores que han facilitado que los centros urbanos fronterizos se hayan convertido en importantes polos de atracción de población, sobre todo aquellos en donde el desarrollo industrial ha sido más evidente. Es conveniente recordar que los centros urbanos de la frontera norte tienen una tasa de crecimiento promedio anual de más del 4.5%. En la actualidad, la mayoría de la población que migra a los municipios limítrofes de la frontera norte, lo hace para buscar trabajo en ésta y no necesariamente con la intención de emigrar ilegalmente a los EUA.

De 1980 a 1995 la población urbana en los municipios de la prioridad uno, aumentó en promedio, 83.5%, y su población rural disminuyó 45.1%. Mientras que los centros urbanos de la frontera crecieron en promedio, durante el mismo período, a una tasa anual de 5.56%, de 1990 a 1995 incrementaron su población a una tasa anual promedio de 6.08%. Sólo ocho de las veinte ciudades más importantes de la franja fronteriza diseñaron su Plan Director. Algunas, hace veinte años y otras, en los últimos diez años o menos y donde una proporción menor a la mitad está actualizado lo que aunado a un acelerado crecimiento de la población así como a una industrialización notable, ocasiona en tales asentamientos fronterizos una marcada desorganización en el ordenamiento de los usos del suelo y del crecimiento mismo de las ciudades, potencializando, como consecuencia, las fuentes y las causas de contaminación del aire, agua y suelo, producto de las actividades humanas en la región.

El marco legal y la experiencia que están teniendo aquellos municipios que se han dado a la tarea de elaborar y aplicar los planes de desarrollo urbano, nos muestra que es posible retomar el control del crecimiento de las ciudades, y de manera especial, el control del uso del suelo urbano y proporcionan avances en cuanto al uso habitacional del suelo, áreas verdes, vialidades, equipamiento e infraestructura, comercio e industria.

 

Principales usos del suelo en algunas ciudades de la frontera norte

El 26.6% (21) de los 79 municipios fronterizos que incluye este reporte, son 100% rurales. La mayoría de los municipios de la franja fronteriza con población urbana (45 municipios), no tienen disponible, completa y/o accesible la información con respecto del suelo urbano y sus principales usos. Con esta consideración, en este apartado se presentará dicha información, circunscrita a sólo trece ciudades fronterizas. Todas ellas, tienen una población con más de 40,000 habitantes, de hecho, se debe destacar que estas ciudades tienen, en su conjunto, una población total de 4,103,937 habitantes, cifra que representa el 64.9% del total de la población de los 79 municipios fronterizos, por lo que se considera que, a través de ellas dada su representatividad poblacional, se podrá analizar los principales usos del suelo de las áreas urbanas de la frontera y su posible impacto ambiental.

Esta gráfica presenta la extensión territorial de la mancha urbana de trece de las ciudades fronterizas. Con la excepción de las ciudades de Ensenada, Baja California; Nuevo Casas Grandes, Chihuahua y Múzquiz, Coahuila, todas limitan con los EUA.

 

Fig. 7.4. Superficie del suelo urbano de algunos municipios fronterizos (1998)

Fuente: INEGI, 1998.

La extensión territorial total de los municipios en donde se ubican los trece centros urbanos que considera la gráfica anterior, es de 106,761 km 2 , lo que representa el 33.9% del total de la superficie de la franja fronteriza norte. El municipio de Ensenada, B.C., alcanza el 48.7% del total. La superficie total de las áreas urbanas de estas ciudades es de 1,040.81 km 2 (0.975% de la extensión de dichos municipios).

Si se deja de considerar en esta suma al municipio de Ensenada, Baja California, el porcentaje de suelo que ocupan las áreas urbanas de las 12 ciudades restantes, se eleva al 1.9%, cifra que rebasa la media nacional de uso de suelo urbano (1.23%). Mexicali y Tijuana en Baja California y Ciudad Juárez en Chihuahua, son las ciudades fronterizas con las mayores extensiones de suelo urbano. Las ciudades de Múzquiz, Nuevo Casas Grandes y Acuña, son las que tienen la menor extensión de suelo urbano.

Esta gráfica muestra el crecimiento de la superficie urbana de las trece ciudades, medido con base en el aumento del número de manzanas de 1990 a 1995. Es importante señalar que las manzanas de estas ciudades no tienen una superficie estandarizada; sin embargo, nos dan una idea, ante la falta de información específica, del crecimiento que han tenido de las mismas durante el período considerado.

 

Fig. 7.5. Crecimiento de la superficie urbana en ciudades fronterizas del norte de México (1990-1995)

Fuente: INEGI, 1997.

Las ciudades que tenían el mayor número de manzanas, en 1995 (ver anexo 7), eran Ciudad Juárez (15,875) y Tijuana (12,975). Esta gráfica nos muestra el porcentaje de aumento del número de manzanas de 1990 a 1995. Las tres que mostraron mayor incremento en el número de manzanas, y como consecuencia, se infiere que el mayor incremento en su superficie urbana fueron: Ciudad Juárez, Chihuahua (41.6%), Ciudad Acuña, Coahuila (35.3%) y Tijuana, Baja California (32.5%). Las ciudades de Agua Prieta y Caborca, Sonora (ver anexo 7), tuvieron incrementos en el número de manzanas del 31% y 32.2%, respectivamente. Por otra parte, Múzquiz (1.4%) y Piedras Negras (11.2%) en Coahuila, Mexicali, Baja California (12.2%) y Nuevo Laredo, Tamaulipas (16%) fueron los centros urbanos con el menor aumento.

Las ciudades de Río Bravo (3.8%) y Valle Hermoso (4.4%) en Tamaulipas, con poblaciones superiores a 40 mil habitantes fueron las que tuvieron el menor crecimiento en el número de manzanas y consecuentemente, el menor incremento de la superficie urbana. (ver anexo 7).

 

Fig. 7.6. Comparación de los incrementos porcentuales del número de manzanas y de la población (1990-1995)

Fuente: INEGI, 1997b.

 

Esta gráfica muestra la relación entre el crecimiento porcentual del número de manzanas y el crecimiento de población que tuvieron las trece ciudades fronterizas durante el período comprendido entre 1990 y 1995. Se observa que las ciudades de Ensenada, Tijuana, Nogales, Matamoros y Reynosa tuvieron un crecimiento proporcionado entre su población y la superficie urbana. En Ciudad Juárez y en Tecate, la superficie urbana creció más que su población mientras que en las ciudades de Mexicali, Acuña, Piedras Negras y Nuevo Laredo, la población creció más que la superficie urbana.

La siguiente gráfica presenta la densidad de habitantes por km 2 de los trece municipios analizados, con relación al uso del suelo urbano de algunas ciudades fronterizas. Esta gráfica considera la proyección de población hasta 1998 y la extensión territorial de cada municipio.

 

Fig. 7.7. Densidad de la población municipal (1998)

:Proyecciones de la población con base en la tasa de crecimiento promedio anual registrada entre 1990 y 1995

Fuente: INEGI, 1997 a; INEGI, 1997 b.

La mayor densidad de hab/km 2 se observa en el municipio de Tijuana (1,262.14 hab/km²) y que tiene una población que rebasa los 1.19 millones de habitantes, de acuerdo a la proyección, con muy poca extensión territorial. Por el contrario, el municipio de Ensenada, B. C., es el que tiene la menor densidad de población por su mayor extensión territorial (51,952 km²).

En una situación similar se encuentra el municipio de Acuña, Coahuila, el cual con una extensión de 11,488 km² y una población proyectada de 105,590 hab, tiene la segunda menor densidad de población (9.19 h/km²) de los trece municipios estudiados. Debido a que la extensión de la superficie del municipio de Juárez, Chih., es 5.11 veces mayor que la del municipio de Tijuana, B.C., la densidad de población (243.66 h/km²) del primero es 5.18 veces menor, aunque ambos municipios tenían un tamaño de población similar en 1998.

 

Fig. 7.8. Densidad de la población en suelo urbano (1998)

Proyecciones de la población con base en la tasa de crecimiento promedio anual registrada entre 1990 y 1995.

Fuente: INEGI, 1997 a; INEGI, 1997 b.

Esta gráfica presenta la densidad específica de población (ha/km²) de las ciudades que analiza este apartado. Esta considera la cifra de habitantes y la extensión total (sin la reserva territorial) del área que ocupaban en 1998. En ésta se observa de manera general, que las ciudades de Matamoros, Nuevo Laredo y Reynosa son las que tienen mayor densidad de población mostrando un rango que fluctúa entre 6,421.4 y 7,414.5 hab/km².

Si se toma en cuenta la dimensión del área urbana, las ciudades con menor densidad de población, son las de Nuevo Casas Grandes (2,338.5 hab/km²), Piedras Negras, (2,911.2 hab/km²) y Mexicali (2,980 hab/km²). Sin embargo, en esta relación, no se debe pasar por alto la extensión del área urbana de las ciudades de Tijuana y Cd. Juárez, que son, respectivamente, 4.3 y 3.7 veces mayores que la extensión promedio de las ciudades tamaulipecas referidas. De las trece ciudades analizadas, Reynosa, es la que se caracteriza por una mayor densidad de habitantes por km² (7,414.5 hab/km²).

 

Usos específicos del suelo urbano en algunas ciudades de la frontera norte

En las gráficas que se presentan a continuación, se mostrarán los diferentes usos del suelo urbano de las ciudades que son analizadas en este apartado. La siguiente gráfica muestra el uso habitacional del suelo urbano en 1998, de las diez ciudades fronterizas consideradas. De las 98,395.12 hectáreas que ocupa la superficie urbana de las señaladas, el 31.4% (30,891.2 hectáreas), se dedican al uso habitacional.

 

Fig. 7.9. Uso habitacional del suelo urbano (1998)

Fuente: Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997a.

 

Las ciudades de Múzquiz (55.1%), Acuña (53.4%), Piedras Negras (49.8%), Nogales (49.5%), Juárez (43.7%), Ensenada (41.8%) y Nuevo Casas Grandes (40%), son las que mayor superficie dedican al uso habitacional del suelo urbano. Cd. Juárez, Chihuahua, es de las trece ciudades, la que mayor superficie ocupa en uso habitacional del suelo urbano con 8,416 hectáreas, 41.6% más que la superficie habitacional de la ciudad de Tijuana, Baja California. Ante una mayor superficie urbana siendo el tamaño de población de las dos ciudades prácticamente similar, se explica la razón por la cual, respecto a la ciudad de Tijuana, una población como Ciudad Juárez tiene una menor densidad de población en el área habitacional y un crecimiento horizontal en este uso.

Por otra parte, Matamoros (19%), Nuevo Laredo (19.6%), Reynosa (21.4%) y Mexicali (23.2%) son las ciudades que menor porcentaje de superficie urbana le dedican al uso habitacional. En términos absolutos la ciudad de Nuevo Laredo, es la que menor superficie tiene de uso habitacional (926.17 hectáreas).

 

Fig. 7.10. Densidad de la población en suelo habitacional de la superficie urbana (1998)

Proyecciones de la población con base en la tasa de crecimiento promedio anual registrada entre 1990 y 1995.

Fuente: INEGI, 1997 a; INEGI, 1997 b.

 

La figura 7.10 muestra la densidad de habitantes (y de familias) por km 2 , considerando ésta, sólo el uso habitacional del suelo urbano de las trece ciudades analizadas.

Como se observa, el número de habitantes por km² se eleva de manera dramática en esta relación específica. Por ejemplo, si se toma en cuenta la extensión del suelo para uso habitacional de Piedras Negras, Coahuila, la ciudad con menor densidad por km², cuenta por habitante, con 13.1 m² de dicho uso del suelo. Por otra parte, al considerar que la ciudad con mayor densidad de población en suelo habitacional con 34,709 hab/km², Reynosa, Tamaulipas, le corresponden a cada habitante, en promedio, sólo 5.37 m². En Matamoros viven 8,322 familias/km², lo cual representa una cifra casi dos veces superior (1.86) al promedio observado en Tijuana y 6.5 veces por arriba del registrado en Nuevo Casas Grandes.

 

Fig. 7.11. Uso del suelo urbano: áreas verdes (1998)

Fuente: Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.

 

La figura 7.11 muestra la superficie del suelo urbano que se dedica a las áreas verdes en cada una de las 13 ciudades. La ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas destina el 9.6% de la superficie total de su suelo urbano a áreas verdes, que equivale a un total de 454 hectáreas. De todas las ciudades analizadas, Ciudad Juárez es la que tiene mayor superficie total en áreas verdes, con 506 hectáreas. Sin embargo, este valor corresponde al 2.63% de la superficie total del suelo urbano de la ciudad. Nogales, Son., Piedras Negras y Acuña en Coah., son las que menor superficie dedican a las mismas (del 1.17 al 1.51% de su superficie total).

Aunque en cifras absolutas, las ciudades de Mexicali y Tijuana dedican casi la misma superficie que la de Nuevo Laredo a las áreas verdes, en relación con su superficie total, las áreas verdes de las primeras, corresponden sólo al 1.85% y al 2.07%, respectivamente.

 

Fig. 7.12. Extensión de áreas verdes por habitante (1998)

Fuente: Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.

 

Figura 7.12 muestra el número de m² de áreas verdes por habitante. Si se considera que la cantidad ideal es de 8.5 m² ( (8)) por habitante. Sólo la ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas, lo cumple. El resto de las ciudades analizadas, tienen un déficit en este renglón, el cual va, de 2.3 m² por habitante en Mexicali y Tecate, Baja California, a 6.4 m² por habitante en la ciudad de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua.

 

Fig. 7.13. Magnitud del déficit en áreas verdes (1998)

Fuente: Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.

 

La gráfica evalúa la magnitud del déficit de áreas verdes en cada una de las ciudades analizadas. En cifras absolutas, las ciudades de Tijuana y Juárez son las que mayor déficit de áreas verdes tienen, 521.6 y 471.9 ha, respectivamente. El déficit de Ciudad Juárez equivale a la suma de la extensión que tienen los parques El Chamizal y Central, (las dos áreas verdes de mayor extensión e importancia en la ciudad). Con relación a la extensión total que tenía el suelo urbano en 1998, el déficit de áreas verdes de la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, equivale al 3.52%, un poco menos del suelo que se destina en la actualidad, al uso industrial.

Las ciudades de Mexicali y Piedras Negras, requieren destinar sólo el 0.7% y el 0.9%, de la superficie total de su suelo urbano para alcanzar el ideal de metros cuadrados de áreas verdes por habitante.

Después del uso habitacional del suelo urbano por su extensión, siguen en importancia, los lotes baldíos incluidos dentro del área urbana de las ciudades. El 24.5% (25,395.2 hectáreas) del total de la superficie urbana de las ciudades que se analizan, corresponde a lotes baldíos. Este porcentaje de suelo urbano no utilizado, rebasa por 555.05 hectáreas a la superficie total de la ciudad de Mexicali, Baja California, que tiene mayor superficie urbana en la franja fronteriza. En esta superficie de lotes baldíos podrían caber las superficies totales de las ciudades de Nogales, Acuña, Piedras Negras, Matamoros, Nuevo Laredo y Reynosa. Si se hiciera uso, sólo del 7.6% de la superficie total de lotes baldíos de estas 13 ciudades, se podría cubrir el 100% del déficit que tienen las ciudades respecto a las áreas verdes, y que alcanza las 1,940.4 hectáreas. La gráfica que se presenta a continuación muestra la superficie urbana que cubren los lotes baldíos de cada una de las ciudades evaluadas.

Es notorio que las ciudades con mayor densidad de población de acuerdo a la superficie habitacional (Matamoros, Nuevo Laredo y Reynosa), alcanzan el 37.2% o más de su superficie total sin utilizar, áreas que incluso sobrepasan en tamaño, a la superficie que tienen destinadas para uso habitacional. Por ejemplo, la superficie total de los lotes baldíos de la ciudad de Matamoros, es 2.8 veces mayor, que la superficie que tiene destinada para uso habitacional. Se notan también casos como el de la ciudad de Tijuana en donde la superficie total de lotes baldíos, es tres veces mayor que su reserva territorial, la cual asciende a sólo 1,890 hectáreas. En una situación similar a la anterior, se encuentran de Tecate y Nuevo Casas Grandes.

 

Fig. 7.14. Uso de suelo urbano: lotes baldíos en ciudades fronterizas del norte de México (1998)

Fuente: Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.

 

En tercer lugar en importancia de usos de suelo urbano se encuentran las vialidades. Estas representan el 17.8% del uso del suelo urbano en las trece ciudades consideradas. La siguiente gráfica muestra la superficie que cada una de las ciudades, destina a vialidades.

 

Fig. 7.15. Uso del suelo urbano: vialidades en ciudades fronterizas del norte de México (1998)

Fuente: Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.

 

De las ciudades que se han señalado en este apartado, Cd. Juárez es la que dedica mayor superficie del suelo urbano a vialidades (24.9% del total de su superficie urbana). Con excepción de ésta y de la ciudad de Ensenada, el resto de las ciudades dedican a vialidades entre el 11.6% y el 18.5% del total de su superficie urbana.

La siguiente gráfica muestra el porcentaje de vialidades pavimentadas en doce de las trece ciudades que se presentan en este apartado. No se dispone de información sobre la Ciudad de Ensenada.

 

Fig. 7.16. Porcentaje de calles pavimentadas en ciudades fronterizas del norte de México (1998)

Fuente: Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.

 

En general, sólo el 47.2% (8,751.6 hectáreas) del total de la superficie que cubren las vialidades de las 12 ciudades descritas en la gráfica, se encuentra pavimentada. De éstas, cuatro tienen la mayor superficie pavimentada (Acuña 64.3%, Piedras Negras 73.5%, Reynosa 77.6% y Nuevo Laredo 79.8%).

El resto de las ciudades fronterizas (8), tienen vialidades en donde predomina la falta de pavimentación, desde el 80% de vialidades no pavimentadas en Nuevo Casas Grandes, hasta el 51.4% de vialidades con esta condición en Ciudad Juárez. Esta circunstancia es suma mente importante debido, a que la falta de pavimentación en vialidades urbanas altamente transitadas, contribuyen de manera significativa a la contaminación del aire por partículas suspendidas totales (PST) y partículas fracción respirable (PM10).

El 6.4% del total del suelo urbano de las ciudades estudiadas está destinado para uso industrial. La siguiente gráfica muestra la superficie destinada a este uso en las 13 ciudades fronterizas.

 

Fig. 7.17. Uso del suelo urbano: Industria en ciudades fronterizas del norte de México (1998)

Fuente: Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.

 

Mexicali es la que mayor extensión de suelo destina al uso industrial (1,809.4 hectáreas) de las trece ciudades analizadas. En términos porcentuales, respecto a la extensión de su superficie urbana, Ciudad Acuña alcanza el 22.4% de su suelo, al uso industrial. Las ciudades de Mexicali, Tijuana, Nogales, Juárez y Piedras Negras, dedican a este uso, entre el 6.3% y el 7.3% del total de su suelo urbano.

Las trece ciudades de la frontera dedican al comercio y a los servicios un total de 4,397.8 hectáreas (4.2%) del total de su superficie urbana. De todas, Cd. Juárez es la que mayor cantidad de suelo destina al comercio y servicios (8.8%). Aproximadamente el 1.8% del total de la superficie de las ciudades que son analizadas, 1,851.1 hectáreas, tienen uso con asentamientos irregulares de población -precaristas- (ver anexo 6).

Un análisis de los usos del suelo urbano de las ciudades ya mencionadas, muestra que once de ellas disponen de información sobre sus reservas territoriales, la cual se presenta en la siguiente gráfica.

La reserva territorial es el área que por determinación legal y con base en un plan específico, será utilizada para el crecimiento de un centro de población, con la limitación de usos distintos estipulados en las declaratorias de usos y destinos.

 

Fig. 7.18. Reserva territorial en ciudades fronterizas del norte de México (1998)

Fuente: Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.

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Esta gráfica indica la superficie de las reservas territoriales de once ciudades fronterizas. La reserva territorial de Ciudad Juárez alcanza las 60,553 ha (cuarta ampliación del fundo legal), y que equivale a un poco más de tres veces la superficie actual de la ciudad. Tiene el 68.3% del total de la reserva territorial total de las once ciudades presentadas en la gráfica y que en total, suman 8,601.8 hectáreas en tanto que Cd. Juárez tiene una reserva de 568.13 m²/hab, Nuevo Casas Grandes, la ciudad con menor reserva territorial (11 ha), tiene sólo 2 m²/hab.

 

 

 

(1)FAO/UNESCO. International Soil Reference and Information Center (ISRIC), Holanda, 1988.

(2)El 11% de la degradación de los suelos en la región de México y Centroamérica es química, el 8%, física y el 7%, eólica.

(3)Maass, M., 1997. Destrucción del Hábitat. Erosión de los suelos en México. Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México, Campus Morelia.

(4)INEGI y SEMARNAP, 1998. Estadísticas del Medio Ambiente, México, 1997. Informe de la Situación General en Materia de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, 1995-1996.

(5)Ortíz O., M., 1996. Distribución de los suelos afectados por las sales en México y en el Mundo. Universidad Autónoma de Chapingo, Departamento de Suelos, Chapingo México.

(6)Ojeda, D., et. al., 1996. Contenido medio de nutrimentos minerales aprovechables. Universidad Autónoma de Chapingo. Suelos Cultivados en la República Mexicana Universidad Autónoma de Chapingo.

(7) SEDESOL, Instituto Nacional de Ecología, 1995.Proyecto de Ordenamiento Ecológico de la Región Fronteriza Norte. Estudio técnico. PIMADI/IPN.

(8) SEDESOL, INE., 1994. Proyecto de Ordenamiento Ecológico de la Región Fronteriza Norte. PIMADI/IPN. México.

 

 

 

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Última Actualización: 27/08/2007