Casi
la mitad de los 554,767 km² afectados por la erosión
hídrica en el país, en grado severo y muy severo,
se presenta en los estados de la frontera norte de México,
hecho que confirma que este tipo de erosión es más
frecuente en los suelos secos. Del total nacional de la superficie
alterada por la erosión eólica en grado severo
y muy severo, el 50% se encuentra en las entidades de la frontera
norte. Se estimaba, en 1996, que 234,700 hectáreas en
diversos distritos de riego de la zona fronteriza se encontraban
afectados por problemas de salinidad.
Los
suelos de los municipios limítrofes de la frontera norte
se encuentran erosionados por diversas causas como el uso de
plaguicidas, sobrepastoreo, contaminación del agua (aguas
residuales, salinización, abatimiento de mantos freáticos,
residuos de agroquímicos, metales pesados), erosión
hídrica, erosión eólica, y deforestación
por actividades pecuarias.
La
rápida industrialización de los centros urbanos
fronterizos (limítrofes con los EUA), asociada a la crisis
económica que el país ha enfrentado de manera
cíclica desde 1982, el aumento de las tasas de desempleo
y la afectación de las condiciones de vida y niveles
de bienestar de la población de la frontera norte del
país, han sido los factores que han facilitado que las
ciudades fronterizas se hayan convertido en importantes polos
de atracción de población, lo que a su vez, explica
la alta tasa de urbanización de los municipios limítrofes,
sobre todo de aquellos en donde el desarrollo industrial ha
sido más evidente. De 1980 a 1995 la población
urbana de los municipios de la prioridad uno creció 84%
y su población rural disminuyó 45%. El 27% de
los 79 municipios que analiza este reporte son totalmente rurales.
La
acelerada urbanización de los centros urbanos fronterizos,
asociada a la condición de que sólo ocho de las
20 ciudades fronterizas más importantes tienen dos décadas
o menos de haber diseñado su primer plan director de
desarrollo urbano y que menos de la mitad de las ciudades fronterizas
lo tengan actualizado y en operación, hace que existan
ciudades fronterizas con una marcada desorganización
en el ordenamiento de los usos del suelo y de su crecimiento,
potencializando como consecuencia, las fuentes y las causas
de contaminación del aire, agua y suelo derivadas de
las actividades humanas.
El
marco legal y la experiencia que están teniendo aquellos
municipios que se han dado a la tarea de elaborar y aplicar
sus planes directores de desarrollo urbano, nos muestra que
es posible retomar el control del crecimiento de las ciudades,
y de manera especial, el control del uso del suelo urbano. En
este sentido, los planes directores de desarrollo urbano deben
analizar con la debida profundidad, la capacidad real que tienen
las respectivas ciudades para sustentar un crecimiento que no
repercuta de manera negativa, en las condiciones y en la calidad
de vida de los habitantes de estas ciudades.
La
densidad de población fluctuó en las trece ciudades
fronterizas (diez de ellas limítrofes con los Estados
Unidos) entre 2,338 y 7,415 habitantes por km 2 , en 1998. Por
otra parte, si se considera sólo el suelo habitacional
de la superficie urbana, la densidad de población estuvo
comprendida entre 5,843 a 34,784 habitantes por km², lo
cual implica que a cada habitante en Reynosa, Tamaulipas le
corresponden en promedio, sólo 5.4 m².
Suelo
Todas
las ciudades fronterizas, con excepción de Nuevo Laredo,
tienen déficit en el renglón de áreas verdes.
Por ejemplo, las ciudades de Tijuana y Cd. Juárez alcanzan,
522 y 472 ha de déficit, respectivamente. Los lotes baldíos
de las trece ciudades que se analizaron en el capítulo
de suelos de este reporte, representaron el 24.5% del total
de su superficie urbana. En extensión, por ejemplo, esta
superficie urbana no utilizada correspondería a la superficie
urbana total de la ciudad de Mexicali, que cuenta con la mayor
superficie urbana en la franja fronteriza. También podrían
caber en ellas las superficies totales de seis ciudades fronterizas
(Nogales, Piedras Negras, Acuña, Matamoros, Nuevo Laredo
y Reynosa). Si se pudiera utilizar sólo el 7.6% del total
de la superficie que abarcan los lotes baldíos, se podría
cubrir la totalidad del déficit de áreas verdes
en las 12 ciudades, mismo que llega a 1,940 ha.
Las
ciudades con mayor densidad de población como Matamoros,
Nuevo Laredo y Reynosa se caracterizan por una superficie urbana
con más lotes baldíos. Cabe mencionar por ejemplo,
que la superficie ocupada los lotes baldíos de la ciudad
de Matamoros es 2.8 veces superior a la destinada para uso habitacional.
Sólo
el 47% del total de la superficie urbana dedicada a las vialidades
en estas trece ciudades, se encuentra pavimentada. Este dato
explica la razón por la cual se considera que la circulación
en vialidades no pavimentadas es una de las principales causas
de la contaminación del aire en las ciudades fronterizas
(PST y PM10).
En
este capítulo, se presentan dos aspectos relacionados
con el suelo: la situación y usos del suelo en el país,
entidades y municipios fronterizos y otro, sobre el suelo urbano
de ciertas ciudades de los municipios de la frontera, en especial
con el uso del mismo y el impacto sobre la calidad ambiental
y de vida, sin dejar de considerar el acelerado crecimiento
económico industrial y la creciente marginación
y pobreza de sus poblaciones.
Situación
general de los suelos
El
suelo es el conjunto de cuerpos naturales, originados por substancias
minerales y orgánicas que contienen materia viva y vegetación
en forma natural, que en algunos lugares ha sido transformado
por la actividad humana (1).
Al
nivel mundial, se estima que 1,200 millones de hectáreas,
(11% de la cobertura vegetal de la tierra), han sufrido degradación
de los suelos. El 56% de los suelos afectados se debe a la degradación
hídrica, el 28% por la erosión eólica y
el 12% por la degradación química. El 4% restante
proviene de la salinización y la degradación física
y biológica. En el caso de México y Centroamérica,
se estima que en los últimos 45 años se han degradado
más de 61 millones de hectáreas, lo que equivale
a más del 24% de la cobertura vegetal de dicha región.
Esta degradación, predominantemente hídrica (74%)
(2), va desde una parcial destrucción
de las funciones bióticas y productivas del suelo, hasta
una que rebasa de sus posibilidades de recuperación (3).
En 1995, la SEMARNAP informó que el 60% de la superficie
del territorio nacional se encontraba afectado por erosión
severa y un 10% de las tierras de riego mostraban problemas
de salinización, tala clandestina, plagas e incendios
frecuentes (4). El suelo en la República
Mexicana presenta problemas de degradación de tierras
debido a la erosión hídrica, eólica, y
salinización, entre otros.
Estos
tipos de deterioro no sólo cambian el potencial productivo
en los lugares en donde ocurren, sino que también inciden
negativamente en las áreas de depósito de sedimentos,
azolvando los vasos de almacenamiento de las obras hidráulicas,
canales de drenaje y esteros, además de contaminar lagos,
ríos y cuerpos de agua en general.
Al
alterar los ecosistemas naturales, en este caso los suelos,
se modifica el sistema que soporta la vida del planeta. La erosión
acelerada de los suelos es una consecuencia directa de la transformación
de los ecosistemas naturales, y como se verá en este
capítulo, uno de los factores de degradación ambiental
más severos.
Fig.
7.1. Usos del suelo en México (1994)
Fuente:
SARH, 1994.
Esta
gráfica muestra la distribución porcentual nacional
de los diferentes usos de suelo, para 1994. El 29.3% del total
de los suelos estaba cubierto por vegetación arbustiva;
el 29%, por bosques y selvas; el 14.2%, pastizales; un 24.1%,
lo constituían usos agrícolas y agropecuarios;
el 1.6%, correspondía a desiertos y dunas y el 1.9%,
al uso de suelo urbano (población en metrópolis,
ciudades y poblados). Dentro de este último, se incluyen
a las vías de comunicación y corredores industriales.
De
acuerdo al Programa Hidráulico 1995-2000, la superficie
agrícola de México es de 30 millones de hectáreas,
de las cuales 6.2 millones (20.7%) son de riego y el resto de
temporal y temporal tecnificado. El uso ganadero incluye terrenos
para el alojamiento de rumiantes estabulados, establecimiento
de granjas y pastoreo de ganado.
Impacto
ambiental en los suelos
Entre
los factores que provocan una elevada tasa de degradación
de los suelos, se encuentran el crecimiento de la población
e industria, deforestación, uso de tierras con escasa
vocación agrícola y el manejo inadecuado de los
recursos naturales. El proceso de desertificación consiste
en la degradación de las tierras productivas, cuando
son desprovistas de su cubierta vegetal y manejadas de manera
no sustentable. Aunque este proceso puede ocurrir en todas las
condiciones climáticas, las tierras secas son las más
susceptibles de experimentarlo, tal y como ocurre en la mayoría
de los suelos de la franja fronteriza norte. Una de las consecuencias
con relación al agua, sobre todo para las poblaciones
humanas asentadas en la región fronteriza es que el proceso
de desertificación disminuye la recarga natural de los
acuíferos, decreciendo la disponibilidad de agua e incrementando
los costos de extracción.
Se
estima que el proceso mencionado es el responsable del 30% de
la acumulación de gases de “efecto invernadero”; que
contribuyen al calentamiento global del planeta.
Erosión
hídrica
Es
la pérdida o desplazamiento de suelo por la acción
del agua (lluvia y escurrimientos superficiales). La erosión
hídrica por lluvia comienza cuando el suelo es privado
de su cobertura vegetal por deforestación, quema, sobrepastoreo
y labranza. Las gotas de lluvia impactan en el suelo desnudo
y rompen sus agregados, los cuales además de ser más
fácilmente arrastrados por los escurrimientos, tapan
los microporos del suelo, reduciendo con ello la infiltración
del agua. El agua que no llega a infiltrarse escurre sobre la
superficie y sigue la topografía arrastrando suelo superficial.
La vulnerabilidad de los suelos a la erosión hídrica
depende del tipo de cobertura vegetal (cultivo, pastizal, etc.);
de las características de la lluvia (intensidad y frecuencia);
de la topografía (inclinación, forma y longitud
de pendientes); y del tipo de suelo (porosidad, porcentaje de
materia orgánica, textura y profundidad).
Las
estimaciones para el país, muestran que la pérdida
anual es de 150,000 a 200,000 hectáreas lo cual representa
una cifra dos veces superior a la extensión total del
municipio de Tijuana o similar a la de los municipios de Nogales
o Nuevo Laredo calculándose que en los últimos
30 años (1968-1998) la pérdida de suelo es la
más alta en toda la historia de la nación. La
figura 7.2 indica la magnitud e importancia de este tipo de
erosión en la región.
Fig.
7.2. Erosión hídrica en los estados de la
frontera norte de México (1995)
Fuente:
INEGI, 1996.
El
28.5% del territorio total del país (554,767 km²),
tiene grados de afectación por la erosión hídrica
de severa y muy severa. Pese a que la superficie de los estados
de la frontera norte, constituye el 40.5% del total de la superficie
nacional, la superficie dañada de manera severa y muy
severa en dichos estados (265,097 km²), representa el 47.8%
del total de la superficie afectada con dicha intensidad al
nivel nacional.
Chihuahua
es el estado fronterizo que presenta mayor extensión
de suelos afectados por la erosión hídrica ligera
y moderada y Sonora es el que presenta la mayor extensión
afectada por la erosión severa y muy severa. Sin embargo,
cuando se analiza este fenómeno con relación a
la extensión territorial de cada una de las entidades;
son Coahuila y Tamaulipas los que tienen la superficie más
afectada por dicha erosión. En tanto que el primero se
ve afectado severamente en las dos terceras partes de su superficie
total, el segundo tiene, en esa situación, casi la mitad
de su territorio.
En
las entidades de la frontera, el porcentaje de superficie erosionada
en sus grados máximos (severo y muy severo) alcanza 8.9
(BC), 36.0 (Son), 21,2 (Chih), 65.7(Coah), 47.7 (NL) y 16.0
(Tamps).
Erosión
eólica
Se
define como el desprendimiento y arrastre de las partículas
del suelo ocasionado por el viento. Este fenómeno se
presenta de manera predominante en las zonas áridas y
semiáridas, aunque también se presenta en las
regiones con escasa o nula vegetación durante la estación
seca. Se ha encontrado que este tipo de erosión afecta
al 43% del total de la superficie del país a niveles
severos, es decir, una velocidad de erosión de 50 a 200
toneladas por hectárea, por año (erosión
severa); al 33% con niveles moderados (10 a 50 ton/ha/año);
y al 17.6% de la superficie total, con niveles muy severos,
con velocidades de pérdida de suelo superiores a las
200 toneladas por hectárea por año. La figura
7.3 muestra los diferentes grados de erosión eólica
en los estados de la frontera norte.
Fig.
7.3. Erosión eólica en los estados de la
frontera norte de México (1995)
Fuente:
Ortiz S.,L. y col, 1996.
INEGI,
1996.
Esta
gráfica indica que el estado de Chihuahua, en términos
absolutos, es el que tiene la mayor superficie afectada (167,734
km²) por la erosión eólica en sus grados,
severa y muy severa; es decir, con velocidades de erosión
de 50 toneladas y más por hectárea y por año,
misma que representa el 14.2% del total de la superficie afectada
con estos niveles de erosión en el país. De manera
general, los estados de la frontera norte contienen el 48.6%
del total de la superficie del territorio nacional afectado
por una erosión eólica severa (407,634 km²)
y además, la que tiene una afectación muy severa,
176,876 km², representa el 51.6% del total de la superficie
nacional alterada con estos niveles de erosión.
Salinización
Los
problemas de salinidad en los suelos se deben, entre otros factores,
a la aplicación de agua de mala calidad (con cierto grado
de mineralización o aguas negras) en suelos sin un sistema
de drenaje adecuado; por condiciones climáticas en donde
se suma a una alta evaporación, una pobre precipitación
pluvial y por la sobreexplotación de los mantos freáticos.
Las estimaciones de la SEMARNAP indican que la salinización
afecta al 3.1% de los suelos del país. Fuertes acumulaciones
de sales y sodio afectan 6.1 millones de hectáreas, de
las cuales 1.77 se han afectado por factores naturales y 4.33
por diversas actividades humanas.
En
Baja California y Sonora se presentan, de manera general, condiciones
de alta evaporación y baja precipitación pluvial,
los que favorecen la acumulación de sales, llegándose
a alcanzar valores de conductividad eléctrica superiores
a los 200 µ S/m.
En
el norte de dichos estados, existen también suelos fundamentalmente
salino – sódicos, como en el caso de los Desiertos de
Altar y Vizcaíno, encontrados generalmente en depresiones
donde se presentan mantos freáticos elevados y salobres,
como la Laguna Salada en Baja California, en donde dominan el
cloruro y el sulfato de sodio. En las zonas áridas y
semiáridas de Coahuila y Chihuahua, la salinidad del
suelo alcanza valores de conductividad eléctrica de 80
µS/m o más. En Tamaulipas, la mayoría de
los suelos afectados se encuentran en las costas, en áreas
de marisma.
Tabla
7.1. Superficie con problemas de salinidad en los distritos
de riego más afectados de los estados de la frontera
norte de México (5).
Estado
Distrito
de Riego
Superficie
afectada (ha)
Baja
California
Río
Colorado
139,900
Sonora
Río
Mayo
33,100
Chihuahua
Ciudad
Juárez
14,000
Tamaulipas
Bajo
Río Bravo
47,700
Total
234,700
Sólo
la superficie afectada por la salinidad en estos distritos de
riego representa el 3.8% del total de la superficie nacional
afectada por este problema específico. Entre las principales
prácticas de manejo que provocan degradación de
las tierras en el norte del país se encuentran: el sobrepastoreo,
la explotación excesiva y la contaminación de
los mantos freáticos, malas prácticas de rotación
de cultivos, riegos abundantes en zonas de alta evaporación,
uso y abuso de plaguicidas, fertilizantes y agroquímicos,
y aguas residuales no tratadas. Una de las consecuencias de
la degradación de la tierra es que su fertilidad se ve
afectada, la cual, en términos generales, ha disminuido
en un 80% del territorio nacional. Un estudio del índice
de fertilidad (IF) de la tierra, realizado en 1996 (6),
denota que los estados de Baja California, Chihuahua, Coahuila
y Tamaulipas tienen un IF medio (de 10 a 15), en tanto que en
Sonora y Nuevo León, es alto (de 15 a 20).
A
continuación, se presenta un listado por estado y por
orden alfabético, con las principales causas de contaminación
y erosión en los suelos de los municipios fronterizos
(7):
Baja
California
Mexicali,
B.C.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón
y lindano).
Erosión por sobrepastoreo pecuario.
Desechos de salmuera (sales de potasio, sodio y litio).
Contaminación de cuerpos de agua y ríos (materia
orgánica del ganado, metales pesados, agroquímicos,
salinización).
Tecate,
B.C.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y
tamarón).
Erosión por sobre pastoreo.
Tijuana,
B.C.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y
tamarón).
Contaminación por aguas negras no tratadas y residuos
de agroquímicos.
Sonora
Caborca,
Son.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y
tamarón).
Erosión por sobrepastoreo caprino.
Nogales,
Son.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión y
captán).
Contaminación de agua (residuos agroquímicos y
salinización)
Puerto
Peñasco, Son.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión,
tamarón y lindano).
Erosión por sobrepastoreo caprino, desmontes y vientos.
Contaminación del agua (abatimiento de mantos freáticos,
residuos agroquímicos y salinización)
San
Luis Río Colorado, Son.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y
tamarón).
Erosión por sobrepastoreo caprino.
Contaminación de aguas (polvos producidos por los despepitaderos
de algodón, aguas residuales, desechos sólidos,
residuos de agroquímicos y salinización).
Santa
Cruz, Son.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión,
tamarón y lindano).
Erosión eólica en zonas forestales.
Contaminación del agua (residuos agroquímicos
y salinización por sobreexplotación de acuíferos).
Saric,
Son.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión
y tamarón).
Chihuahua
Ascensión,
Chih.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón
y lindano).
Contaminación de agua (materia orgánica del ganado,
metales pesados, agroquímicos, salinización, desecación
y salinización de las lagunas de Ascención y Guzmán).
Erosión por sobrepastoreo, hídrica y eólica
en zonas de riego.
Guadalupe,
Chih.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón
y lindano).
Contaminación de agua por residuos agroquímicos.
Janos,
Chih.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón,
lindano, captán y malatión).
Erosión por sobrepastoreo caprino y mal manejo de pastizales.
Juárez,
Chih.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón
y lindano).
Aguas contaminadas por descargas mixtas, residuos de agroquímicos,
descargas de aguas residuales no tratadas, sobreexplotación
de acuíferos y salinización.
Erosión hídrica y eólica en suelos áridos
desprovistos de su cubierta vegetal Manuel Benavides, Chih.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, captán y malatión).
Sobrepastoreo caprino.
Ojinaga,
Chih.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamaro,
lindano, captán y malatión).
Contaminación de aguas por salinización (sobreexplotación
de acuíferos), retorno de aguas de suelos agrícolas
con residuos agroquímicos.
Aplicación inadecuada de fertilizantes y plaguicidas.
Deforestación por actividades pecuarias.
Praxedis
Guerrero, Chih.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión,
tamaro y lindano).
Coahuila
Acuña,
Coah.
Utilización de plaguididas (2-4 D, paratión, tamarón
y lindano).
Erosión por sobrepastoreo caprino, sobreexplotación
forestal en la serranía de El Burro, alta evaporación
y muy pobre precipitación pluvial y pérdida de
cubierta vegetal.
Contaminación de agua (aguas residuales no tratadas,
agroquímicos y salinización).
Hidalgo,
Coah.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, lindano,
malatión, captán y tamarón).
Erosión por sobrepastoreo caprino.
Contaminación del agua (aguas residuales no tratadas,
desechos agroquímicos).
Jiménez,
Coah.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, patatión, tamarón,
lindano, captán y malatión).
Erosión por sobrepastoreo caprino.
Contaminación del agua (descenso del nivel de acuíferos,
residuos agroquímicos, aguas residuales no tratadas y
salinización).
Nava,
Coah.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón
y lindano).
Erosión por sobrepastoreo caprino y sobreexplotación
forestal.
Ocampo,
Coah.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y
tamarón).
Erosión por sobrepastoreo caprino, sobreexplotación
forestal, explotación del carbón y fluorita.
Contaminación del agua (sobreexplotación de acuíferos,
intrusión salina en la laguna de Los Frailes, aguas residuales
no tratadas y salinización).
Piedras
Negras, Coah.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión y
lindano).
Erosión por sobrepastoreo caprino y mal manejo de pastizales.
Contaminación de agua (aguas residuales no tratadas,
residuos agroquímicos y salinización).
Nuevo
León
Anáhuac,
N.L.
Utilización de plaguicidas (2-4 D y paratión).
Erosión por sobrepastoreo caprino, cultivos inadecuados,
incineración de desechos sólidos y agrícolas.
Contaminación del río Salado (residuos agroquímicos
e industriales, aguas residuales no tratadas, abatimiento de
los mantos freáticos por sobreexplotación y salinización).
Tamaulipas
Camargo,
Tamps.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, lindano,
paratión y tamaro).
Erosión por sobrepastoreo caprino.
Guerrero,
Tamps.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, captán
y paratión).
Erosión hídirca y eólica por falta de cubierta
vegetal y sobrepastoreo.
G.
Díaz Ordaz, Tamps.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión
y tamarón y lindano).
Erosión por sobrepastoreo caprino y salinización
de tierras.
Matamoros,
Tamps.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón,
malatión y lindano).
Contaminación de agua (residuos agroquímicos,
salinización, aguas residuales no tratadas).
Erosión por sobrepastoreo y mal manejo de pastizales.
Mier,
Tamps.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, malatión
y captán).
Erosión por sobrepastoreo caprino y otras actividades
pecuarias.
Contaminación del agua (residuos agroquímicos
y salinización).
Miguel
Alemán, Tamps.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamaro,
lindano, y malatión).
Erosión por sobrepastoreo caprino.
Nuevo
Laredo, Tamps.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón,
malatión y lindano).
Contaminación del agua (residuos de agroquímicos,
descargas de aguas residuales no tratadas, sobreexplotación
de acuíferos y salinización).
Erosión eólica (mala rotación de cultivos
y deficientes actividades agropecuarias).
Reynosa,
Tamps.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, captán
y malatión).
Erosión hídrica y eólica, salinización
y contaminación por desechos sólidos.
Río
Bravo, Tamps.
Utilización de plaguicidas (2-4 D, paratión, tamarón
y lindano).
Contaminación de aguas (salinización, residuos
agroquímicos).
Erosión por sobrepastoreo pecuario.
Valle
Hermoso, Tamps.
Utilización
de plaguicidas (2-4 D, malatión, paratión, tamarón
y lindano).
Contaminación
de agua (residuos agroquímicos, fertilizantes, desechos
domésticos y salinización).
El
suelo urbano en las principales ciudades de la franja fronteriza
del norte del país
El
uso del suelo urbano en las principales ciudades de la franja
fronteriza del norte del país, es de particular importancia,
debido al negativo impacto ambiental que resulta, fundamentalmente,
de las actividades humanas y repercute de manera directa en
la calidad de vida de la población que las habita y en
el equilibrio de los ecosistemas regionales, cuya afectación
se extiende más allá de nuestras fronteras.
Hace
apenas cuatro décadas, las actividades de los habitantes
de los municipios limítrofes fronterizos, se circunscribían
a las tareas agropecuarias, comercio y turismo. Desde principios
de los años 60, y estimulados en gran parte por el Programa
Bracero y el impacto económico experimentado por la población,
se dio en algunas de las ciudades fronterizas, una creciente
corriente migratoria que llevaba como propósito fundamental,
su internación ilegal en los Estados Unidos de Norteamérica,
buscando encontrar una mejoría en sus condiciones de
vida. Con esta perspectiva, las ciudades fronterizas servían
de “trampolín” para muchos connacionales. Por ejemplo,
a mediados de la década de los 70, el 27.3% del total
del flujo migratorio ilegal hacia ese país a través
de la frontera, se internaba por la ciudad de Tijuana. De los
años 60 y hasta mediados de los años 80, el crecimiento
social de los centros urbanos de la franja fronteriza, sobre
todo aquellos que colindaban con los Estados Unidos de Norteamérica,
era consecuencia, principalmente, de los miles de inmigrantes,
que al no lograr su propósito y/o que eran regresados
por las autoridades del vecino país hacia las ciudades
fronterizas mexicanas, decidían no regresar a sus lugares
de origen y quedarse a residir en la frontera.
La
industria maquiladora en México se estableció
por primera vez en México hace 34 años (1965),
gracias a la visión e iniciativa de cuatro empresarios
de Ciudad Juárez. Sin embargo, desde hace dos décadas,
esta industria se desarrolla y toma un importante auge en México,
sobre todo, en los municipios fronterizos limítrofes.
Al 1º. de julio de 1998, daba empleo a más de un
millón de mexicanos, de los cuales el 65.7% residían
en los catorce municipios de la prioridad uno. La rápida
industrialización de los centros urbanos fronterizos,
asociada a la crisis económica que el país ha
enfrentado de manera cíclica desde 1982 y el aumento
de las tasas del desempleo al sur de la frontera norte, han
sido, en los últimos ocho años, los factores que
han facilitado que los centros urbanos fronterizos se hayan
convertido en importantes polos de atracción de población,
sobre todo aquellos en donde el desarrollo industrial ha sido
más evidente. Es conveniente recordar que los centros
urbanos de la frontera norte tienen una tasa de crecimiento
promedio anual de más del 4.5%. En la actualidad, la
mayoría de la población que migra a los municipios
limítrofes de la frontera norte, lo hace para buscar
trabajo en ésta y no necesariamente con la intención
de emigrar ilegalmente a los EUA.
De
1980 a 1995 la población urbana en los municipios de
la prioridad uno, aumentó en promedio, 83.5%, y su población
rural disminuyó 45.1%. Mientras que los centros urbanos
de la frontera crecieron en promedio, durante el mismo período,
a una tasa anual de 5.56%, de 1990 a 1995 incrementaron su población
a una tasa anual promedio de 6.08%. Sólo ocho de las
veinte ciudades más importantes de la franja fronteriza
diseñaron su Plan Director. Algunas, hace veinte años
y otras, en los últimos diez años o menos y donde
una proporción menor a la mitad está actualizado
lo que aunado a un acelerado crecimiento de la población
así como a una industrialización notable, ocasiona
en tales asentamientos fronterizos una marcada desorganización
en el ordenamiento de los usos del suelo y del crecimiento mismo
de las ciudades, potencializando, como consecuencia, las fuentes
y las causas de contaminación del aire, agua y suelo,
producto de las actividades humanas en la región.
El
marco legal y la experiencia que están teniendo aquellos
municipios que se han dado a la tarea de elaborar y aplicar
los planes de desarrollo urbano, nos muestra que es posible
retomar el control del crecimiento de las ciudades, y de manera
especial, el control del uso del suelo urbano y proporcionan
avances en cuanto al uso habitacional del suelo, áreas
verdes, vialidades, equipamiento e infraestructura, comercio
e industria.
Principales
usos del suelo en algunas ciudades de la frontera norte
El
26.6% (21) de los 79 municipios fronterizos que incluye este
reporte, son 100% rurales. La mayoría de los municipios
de la franja fronteriza con población urbana (45 municipios),
no tienen disponible, completa y/o accesible la información
con respecto del suelo urbano y sus principales usos. Con esta
consideración, en este apartado se presentará
dicha información, circunscrita a sólo trece ciudades
fronterizas. Todas ellas, tienen una población con más
de 40,000 habitantes, de hecho, se debe destacar que estas ciudades
tienen, en su conjunto, una población total de 4,103,937
habitantes, cifra que representa el 64.9% del total de la población
de los 79 municipios fronterizos, por lo que se considera que,
a través de ellas dada su representatividad poblacional,
se podrá analizar los principales usos del suelo de las
áreas urbanas de la frontera y su posible impacto ambiental.
Esta
gráfica presenta la extensión territorial de la
mancha urbana de trece de las ciudades fronterizas. Con la excepción
de las ciudades de Ensenada, Baja California; Nuevo Casas Grandes,
Chihuahua y Múzquiz, Coahuila, todas limitan con los
EUA.
Fig.
7.4. Superficie del suelo urbano de algunos municipios
fronterizos (1998)
Fuente:
INEGI, 1998.
La
extensión territorial total de los municipios en donde
se ubican los trece centros urbanos que considera la gráfica
anterior, es de 106,761 km 2 , lo que representa el 33.9% del
total de la superficie de la franja fronteriza norte. El municipio
de Ensenada, B.C., alcanza el 48.7% del total. La superficie
total de las áreas urbanas de estas ciudades es de 1,040.81
km 2 (0.975% de la extensión de dichos municipios).
Si
se deja de considerar en esta suma al municipio de Ensenada,
Baja California, el porcentaje de suelo que ocupan las áreas
urbanas de las 12 ciudades restantes, se eleva al 1.9%, cifra
que rebasa la media nacional de uso de suelo urbano (1.23%).
Mexicali y Tijuana en Baja California y Ciudad Juárez
en Chihuahua, son las ciudades fronterizas con las mayores extensiones
de suelo urbano. Las ciudades de Múzquiz, Nuevo Casas
Grandes y Acuña, son las que tienen la menor extensión
de suelo urbano.
Esta
gráfica muestra el crecimiento de la superficie urbana
de las trece ciudades, medido con base en el aumento del número
de manzanas de 1990 a 1995. Es importante señalar que
las manzanas de estas ciudades no tienen una superficie estandarizada;
sin embargo, nos dan una idea, ante la falta de información
específica, del crecimiento que han tenido de las mismas
durante el período considerado.
Fig.
7.5. Crecimiento de la superficie urbana en ciudades fronterizas
del norte de México (1990-1995)
Fuente:
INEGI, 1997.
Las
ciudades que tenían el mayor número de manzanas,
en 1995 (ver anexo 7), eran Ciudad Juárez (15,875) y
Tijuana (12,975). Esta gráfica nos muestra el porcentaje
de aumento del número de manzanas de 1990 a 1995. Las
tres que mostraron mayor incremento en el número de manzanas,
y como consecuencia, se infiere que el mayor incremento en su
superficie urbana fueron: Ciudad Juárez, Chihuahua (41.6%),
Ciudad Acuña, Coahuila (35.3%) y Tijuana, Baja California
(32.5%). Las ciudades de Agua Prieta y Caborca, Sonora (ver
anexo 7), tuvieron incrementos en el número de manzanas
del 31% y 32.2%, respectivamente. Por otra parte, Múzquiz
(1.4%) y Piedras Negras (11.2%) en Coahuila, Mexicali, Baja
California (12.2%) y Nuevo Laredo, Tamaulipas (16%) fueron los
centros urbanos con el menor aumento.
Las
ciudades de Río Bravo (3.8%) y Valle Hermoso (4.4%) en
Tamaulipas, con poblaciones superiores a 40 mil habitantes fueron
las que tuvieron el menor crecimiento en el número de
manzanas y consecuentemente, el menor incremento de la superficie
urbana. (ver anexo 7).
Fig.
7.6. Comparación de los incrementos porcentuales
del número de manzanas y de la población
(1990-1995)
Fuente:
INEGI, 1997b.
Esta
gráfica muestra la relación entre el crecimiento
porcentual del número de manzanas y el crecimiento de
población que tuvieron las trece ciudades fronterizas
durante el período comprendido entre 1990 y 1995. Se
observa que las ciudades de Ensenada, Tijuana, Nogales, Matamoros
y Reynosa tuvieron un crecimiento proporcionado entre su población
y la superficie urbana. En Ciudad Juárez y en Tecate,
la superficie urbana creció más que su población
mientras que en las ciudades de Mexicali, Acuña, Piedras
Negras y Nuevo Laredo, la población creció más
que la superficie urbana.
La
siguiente gráfica presenta la densidad de habitantes
por km 2 de los trece municipios analizados, con relación
al uso del suelo urbano de algunas ciudades fronterizas. Esta
gráfica considera la proyección de población
hasta 1998 y la extensión territorial de cada municipio.
Fig.
7.7. Densidad de la población municipal (1998)
:Proyecciones
de la población con base en la tasa de crecimiento
promedio anual registrada entre 1990 y 1995
Fuente:
INEGI, 1997 a; INEGI, 1997 b.
La
mayor densidad de hab/km 2 se observa en el municipio de Tijuana
(1,262.14 hab/km²) y que tiene una población que
rebasa los 1.19 millones de habitantes, de acuerdo a la proyección,
con muy poca extensión territorial. Por el contrario,
el municipio de Ensenada, B. C., es el que tiene la menor densidad
de población por su mayor extensión territorial
(51,952 km²).
En
una situación similar se encuentra el municipio de Acuña,
Coahuila, el cual con una extensión de 11,488 km²
y una población proyectada de 105,590 hab, tiene la segunda
menor densidad de población (9.19 h/km²) de los
trece municipios estudiados. Debido a que la extensión
de la superficie del municipio de Juárez, Chih., es 5.11
veces mayor que la del municipio de Tijuana, B.C., la densidad
de población (243.66 h/km²) del primero es 5.18
veces menor, aunque ambos municipios tenían un tamaño
de población similar en 1998.
Fig.
7.8. Densidad de la población en suelo urbano (1998)
Proyecciones
de la población con base en la tasa de crecimiento
promedio anual registrada entre 1990 y 1995.
Fuente:
INEGI, 1997 a; INEGI, 1997 b.
Esta
gráfica presenta la densidad específica de población
(ha/km²) de las ciudades que analiza este apartado. Esta
considera la cifra de habitantes y la extensión total
(sin la reserva territorial) del área que ocupaban en
1998. En ésta se observa de manera general, que las ciudades
de Matamoros, Nuevo Laredo y Reynosa son las que tienen mayor
densidad de población mostrando un rango que fluctúa
entre 6,421.4 y 7,414.5 hab/km².
Si
se toma en cuenta la dimensión del área urbana,
las ciudades con menor densidad de población, son las
de Nuevo Casas Grandes (2,338.5 hab/km²), Piedras Negras,
(2,911.2 hab/km²) y Mexicali (2,980 hab/km²). Sin
embargo, en esta relación, no se debe pasar por alto
la extensión del área urbana de las ciudades de
Tijuana y Cd. Juárez, que son, respectivamente, 4.3 y
3.7 veces mayores que la extensión promedio de las ciudades
tamaulipecas referidas. De las trece ciudades analizadas, Reynosa,
es la que se caracteriza por una mayor densidad de habitantes
por km² (7,414.5 hab/km²).
Usos
específicos del suelo urbano en algunas ciudades de la
frontera norte
En
las gráficas que se presentan a continuación,
se mostrarán los diferentes usos del suelo urbano de
las ciudades que son analizadas en este apartado. La siguiente
gráfica muestra el uso habitacional del suelo urbano
en 1998, de las diez ciudades fronterizas consideradas. De las
98,395.12 hectáreas que ocupa la superficie urbana de
las señaladas, el 31.4% (30,891.2 hectáreas),
se dedican al uso habitacional.
Fig.
7.9. Uso habitacional del suelo urbano (1998)
Las
ciudades de Múzquiz (55.1%), Acuña (53.4%), Piedras
Negras (49.8%), Nogales (49.5%), Juárez (43.7%), Ensenada
(41.8%) y Nuevo Casas Grandes (40%), son las que mayor superficie
dedican al uso habitacional del suelo urbano. Cd. Juárez,
Chihuahua, es de las trece ciudades, la que mayor superficie
ocupa en uso habitacional del suelo urbano con 8,416 hectáreas,
41.6% más que la superficie habitacional de la ciudad
de Tijuana, Baja California. Ante una mayor superficie urbana
siendo el tamaño de población de las dos ciudades
prácticamente similar, se explica la razón por
la cual, respecto a la ciudad de Tijuana, una población
como Ciudad Juárez tiene una menor densidad de población
en el área habitacional y un crecimiento horizontal en
este uso.
Por
otra parte, Matamoros (19%), Nuevo Laredo (19.6%), Reynosa (21.4%)
y Mexicali (23.2%) son las ciudades que menor porcentaje de
superficie urbana le dedican al uso habitacional. En términos
absolutos la ciudad de Nuevo Laredo, es la que menor superficie
tiene de uso habitacional (926.17 hectáreas).
Fig.
7.10. Densidad de la población en suelo habitacional
de la superficie urbana (1998)
Proyecciones
de la población con base en la tasa de crecimiento
promedio anual registrada entre 1990 y 1995.
Fuente:
INEGI, 1997 a; INEGI, 1997 b.
La
figura 7.10 muestra la densidad de habitantes (y de familias)
por km 2 , considerando ésta, sólo el uso habitacional
del suelo urbano de las trece ciudades analizadas.
Como
se observa, el número de habitantes por km² se eleva
de manera dramática en esta relación específica.
Por ejemplo, si se toma en cuenta la extensión del suelo
para uso habitacional de Piedras Negras, Coahuila, la ciudad
con menor densidad por km², cuenta por habitante, con 13.1
m² de dicho uso del suelo. Por otra parte, al considerar
que la ciudad con mayor densidad de población en suelo
habitacional con 34,709 hab/km², Reynosa, Tamaulipas, le
corresponden a cada habitante, en promedio, sólo 5.37
m². En Matamoros viven 8,322 familias/km², lo cual
representa una cifra casi dos veces superior (1.86) al promedio
observado en Tijuana y 6.5 veces por arriba del registrado en
Nuevo Casas Grandes.
Fig.
7.11. Uso del suelo urbano: áreas verdes (1998)
Fuente:
Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.
La
figura 7.11 muestra la superficie del suelo urbano que se dedica
a las áreas verdes en cada una de las 13 ciudades. La
ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas destina el 9.6% de la superficie
total de su suelo urbano a áreas verdes, que equivale
a un total de 454 hectáreas. De todas las ciudades analizadas,
Ciudad Juárez es la que tiene mayor superficie total
en áreas verdes, con 506 hectáreas. Sin embargo,
este valor corresponde al 2.63% de la superficie total del suelo
urbano de la ciudad. Nogales, Son., Piedras Negras y Acuña
en Coah., son las que menor superficie dedican a las mismas
(del 1.17 al 1.51% de su superficie total).
Aunque
en cifras absolutas, las ciudades de Mexicali y Tijuana dedican
casi la misma superficie que la de Nuevo Laredo a las áreas
verdes, en relación con su superficie total, las áreas
verdes de las primeras, corresponden sólo al 1.85% y
al 2.07%, respectivamente.
Fig.
7.12. Extensión de áreas verdes por habitante
(1998)
Fuente:
Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.
Figura
7.12 muestra el número de m² de áreas verdes
por habitante. Si se considera que la cantidad ideal es de 8.5
m² ( (8)) por habitante. Sólo la
ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas, lo cumple. El resto de las
ciudades analizadas, tienen un déficit en este renglón,
el cual va, de 2.3 m² por habitante en Mexicali y Tecate,
Baja California, a 6.4 m² por habitante en la ciudad de
Nuevo Casas Grandes, Chihuahua.
Fig.
7.13. Magnitud del déficit en áreas verdes
(1998)
Fuente:
Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.
La
gráfica evalúa la magnitud del déficit
de áreas verdes en cada una de las ciudades analizadas.
En cifras absolutas, las ciudades de Tijuana y Juárez
son las que mayor déficit de áreas verdes tienen,
521.6 y 471.9 ha, respectivamente. El déficit de Ciudad
Juárez equivale a la suma de la extensión que
tienen los parques El Chamizal y Central, (las dos áreas
verdes de mayor extensión e importancia en la ciudad).
Con relación a la extensión total que tenía
el suelo urbano en 1998, el déficit de áreas verdes
de la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, equivale al 3.52%, un poco
menos del suelo que se destina en la actualidad, al uso industrial.
Las
ciudades de Mexicali y Piedras Negras, requieren destinar sólo
el 0.7% y el 0.9%, de la superficie total de su suelo urbano
para alcanzar el ideal de metros cuadrados de áreas verdes
por habitante.
Después
del uso habitacional del suelo urbano por su extensión,
siguen en importancia, los lotes baldíos incluidos dentro
del área urbana de las ciudades. El 24.5% (25,395.2 hectáreas)
del total de la superficie urbana de las ciudades que se analizan,
corresponde a lotes baldíos. Este porcentaje de suelo
urbano no utilizado, rebasa por 555.05 hectáreas a la
superficie total de la ciudad de Mexicali, Baja California,
que tiene mayor superficie urbana en la franja fronteriza. En
esta superficie de lotes baldíos podrían caber
las superficies totales de las ciudades de Nogales, Acuña,
Piedras Negras, Matamoros, Nuevo Laredo y Reynosa. Si se hiciera
uso, sólo del 7.6% de la superficie total de lotes baldíos
de estas 13 ciudades, se podría cubrir el 100% del déficit
que tienen las ciudades respecto a las áreas verdes,
y que alcanza las 1,940.4 hectáreas. La gráfica
que se presenta a continuación muestra la superficie
urbana que cubren los lotes baldíos de cada una de las
ciudades evaluadas.
Es
notorio que las ciudades con mayor densidad de población
de acuerdo a la superficie habitacional (Matamoros, Nuevo Laredo
y Reynosa), alcanzan el 37.2% o más de su superficie
total sin utilizar, áreas que incluso sobrepasan en tamaño,
a la superficie que tienen destinadas para uso habitacional.
Por ejemplo, la superficie total de los lotes baldíos
de la ciudad de Matamoros, es 2.8 veces mayor, que la superficie
que tiene destinada para uso habitacional. Se notan también
casos como el de la ciudad de Tijuana en donde la superficie
total de lotes baldíos, es tres veces mayor que su reserva
territorial, la cual asciende a sólo 1,890 hectáreas.
En una situación similar a la anterior, se encuentran
de Tecate y Nuevo Casas Grandes.
Fig.
7.14. Uso de suelo urbano: lotes baldíos en ciudades
fronterizas del norte de México (1998)
Fuente:
Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.
En
tercer lugar en importancia de usos de suelo urbano se encuentran
las vialidades. Estas representan el 17.8% del uso del suelo
urbano en las trece ciudades consideradas. La siguiente gráfica
muestra la superficie que cada una de las ciudades, destina
a vialidades.
Fig.
7.15. Uso del suelo urbano: vialidades en ciudades fronterizas
del norte de México (1998)
Fuente:
Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.
De
las ciudades que se han señalado en este apartado, Cd.
Juárez es la que dedica mayor superficie del suelo urbano
a vialidades (24.9% del total de su superficie urbana). Con
excepción de ésta y de la ciudad de Ensenada,
el resto de las ciudades dedican a vialidades entre el 11.6%
y el 18.5% del total de su superficie urbana.
La
siguiente gráfica muestra el porcentaje de vialidades
pavimentadas en doce de las trece ciudades que se presentan
en este apartado. No se dispone de información sobre
la Ciudad de Ensenada.
Fig.
7.16. Porcentaje de calles pavimentadas en ciudades fronterizas
del norte de México (1998)
Fuente:
Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.
En
general, sólo el 47.2% (8,751.6 hectáreas) del
total de la superficie que cubren las vialidades de las 12 ciudades
descritas en la gráfica, se encuentra pavimentada. De
éstas, cuatro tienen la mayor superficie pavimentada
(Acuña 64.3%, Piedras Negras 73.5%, Reynosa 77.6% y Nuevo
Laredo 79.8%).
El
resto de las ciudades fronterizas (8), tienen vialidades en
donde predomina la falta de pavimentación, desde el 80%
de vialidades no pavimentadas en Nuevo Casas Grandes, hasta
el 51.4% de vialidades con esta condición en Ciudad Juárez.
Esta circunstancia es suma mente importante debido, a que la
falta de pavimentación en vialidades urbanas altamente
transitadas, contribuyen de manera significativa a la contaminación
del aire por partículas suspendidas totales (PST) y partículas
fracción respirable (PM10).
El
6.4% del total del suelo urbano de las ciudades estudiadas está
destinado para uso industrial. La siguiente gráfica muestra
la superficie destinada a este uso en las 13 ciudades fronterizas.
Fig.
7.17. Uso del suelo urbano: Industria en ciudades fronterizas
del norte de México (1998)
Fuente:
Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.
Mexicali
es la que mayor extensión de suelo destina al uso industrial
(1,809.4 hectáreas) de las trece ciudades analizadas.
En términos porcentuales, respecto a la extensión
de su superficie urbana, Ciudad Acuña alcanza el 22.4%
de su suelo, al uso industrial. Las ciudades de Mexicali, Tijuana,
Nogales, Juárez y Piedras Negras, dedican a este uso,
entre el 6.3% y el 7.3% del total de su suelo urbano.
Las
trece ciudades de la frontera dedican al comercio y a los servicios
un total de 4,397.8 hectáreas (4.2%) del total de su
superficie urbana. De todas, Cd. Juárez es la que mayor
cantidad de suelo destina al comercio y servicios (8.8%). Aproximadamente
el 1.8% del total de la superficie de las ciudades que son analizadas,
1,851.1 hectáreas, tienen uso con asentamientos irregulares
de población -precaristas- (ver anexo 6).
Un
análisis de los usos del suelo urbano de las ciudades
ya mencionadas, muestra que once de ellas disponen de información
sobre sus reservas territoriales, la cual se presenta en la
siguiente gráfica.
La
reserva territorial es el área que por determinación
legal y con base en un plan específico, será utilizada
para el crecimiento de un centro de población, con la
limitación de usos distintos estipulados en las declaratorias
de usos y destinos.
Fig.
7.18. Reserva territorial en ciudades fronterizas del
norte de México (1998)
Fuente:
Presidencias Municipales, 1998; INEGI, 1997 a.
.
Esta
gráfica indica la superficie de las reservas territoriales
de once ciudades fronterizas. La reserva territorial de Ciudad
Juárez alcanza las 60,553 ha (cuarta ampliación
del fundo legal), y que equivale a un poco más de tres
veces la superficie actual de la ciudad. Tiene el 68.3% del
total de la reserva territorial total de las once ciudades presentadas
en la gráfica y que en total, suman 8,601.8 hectáreas
en tanto que Cd. Juárez tiene una reserva de 568.13 m²/hab,
Nuevo Casas Grandes, la ciudad con menor reserva territorial
(11 ha), tiene sólo 2 m²/hab.
(1)FAO/UNESCO.
International Soil Reference and Information Center (ISRIC),
Holanda, 1988.
(2)El
11% de la degradación de los suelos en la región
de México y Centroamérica es química, el
8%, física y el 7%, eólica.
(3)Maass,
M., 1997. Destrucción del Hábitat. Erosión
de los suelos en México. Instituto de Ecología,
Universidad Nacional Autónoma de México, Campus
Morelia.
(4)INEGI
y SEMARNAP, 1998. Estadísticas del Medio Ambiente, México,
1997. Informe de la Situación General en Materia de Equilibrio
Ecológico y Protección al Ambiente, 1995-1996.
(5)Ortíz
O., M., 1996. Distribución de los suelos afectados por
las sales en México y en el Mundo. Universidad Autónoma
de Chapingo, Departamento de Suelos, Chapingo México.
(6)Ojeda,
D., et. al., 1996. Contenido medio de nutrimentos minerales
aprovechables. Universidad Autónoma de Chapingo. Suelos
Cultivados en la República Mexicana Universidad Autónoma
de Chapingo.
(7)
SEDESOL, Instituto Nacional de Ecología, 1995.Proyecto
de Ordenamiento Ecológico de la Región Fronteriza
Norte. Estudio técnico. PIMADI/IPN.
(8)
SEDESOL, INE., 1994. Proyecto de Ordenamiento Ecológico
de la Región Fronteriza Norte. PIMADI/IPN. México.