PRESENTACIÓN
En
las diversas regiones de México se manifiestan rasgos
que particularizan la complejidad de su situación ambiental
y de las acciones de respuesta que se están dando en
ellas. La región fronteriza sin duda adquiere mayor complejidad
en tanto que es una zona en la que compartimos con los Estados
Unidos de América una gran cantidad de recursos y de
problemáticas ambientales a lo largo de los 3,152 km
de frontera, integrada por 39 municipios de 6 entidades federativas
de México y por 24 condados de 4 estados norteamericanos
que en conjunto albergan a más de 10 millones de habitantes.
En las últimas tres décadas, ha sido el escenario
de un rápido proceso de urbanización siendo sus
principales centros urbanos el destino de un volumen creciente
de población migrante además de experimentar una
fuerte presencia de nuevos factores económicos como las
industrias maquiladoras, y el constante movimiento transfronterizo
de personas, bienes y recursos.
En
materia ambiental, la franja fronteriza es también el
escenario de algunos de los mayores problemas ambientales que
se enfrentan en el país, como son, los relacionados con
el recurso agua, los residuos peligrosos y la contaminación
atmosférica.
La
baja atención prestada históricamente a los impactos
ambientales nos han conducido a una situación de deterioro
que es más conocida por sus expresiones puntuales o sectoriales
que por su dimensión territorial.
Una
visión más integrada de la calidad ecológica
de los recursos naturales de la frontera norte de México
nos está mostrando que el 7% de la superficie total del
territorio de los 39 municipios fronterizos se encuentra en
condiciones de muy baja o baja calidad, lo cual es en sí
mismo significativo aunque lo es más por el hecho de
que en dichas superficies se asienta el 27% de la población
y gran parte del valor de la producción regional.
Tal
situación está determinada sobre todo por el impacto
que ha sufrido la cobertura vegetal, no sólo de la región,
sino del país a lo largo de las últimas seis décadas,
y por el que 11 %, también de la superficie de los municipios
fronterizos, se encuentra bajo distintos grados de alteración
con graves repercusiones en la protección de la biodiversidad.
Además
de la pérdida o alteración de la cobertura vegetal,
la erosión severa está afectando al 25% del territorio
de dichos municipios, con la consiguiente pérdida en
el potencial productivo de extensas áreas. En el caso
de la calidad de las aguas superficiales, alrededor del 25%
de la superficie registra evidencias de deterioro, el 6% deterioro
importante, y en el 12% se identifica sobreexplotación
de acuíferos.
Esta
visión proporciona sólo una imagen agregada y
estática de unas cuantas expresiones del deterioro ambiental
que en conjunto están significando bien un problema de
calidad de vida, bien una afectación en las capacidades
regionales o locales de desarrollo o altos costos económicos
de control.
Se
ha discutido mucho sobre la relación entre población
y ambiente y hay elementos suficientes para alejarnos de interpretaciones
mecánicas y deterministas que postulan mayor deterioro
ecológico como efecto directo del incremento demográfico.
Para las próximas décadas habrá que cuidar
más
los
factores que median entre población y ambiente y sobre
los cuales es factible incidir, sobre todo en las modalidades
del consumo, la eficiencia productiva, las tendencias de urbanización
y concentración demográfica, y sobre todo algunos
aspectos territoriales del desarrollo en regiones críticas,
como la región fronteriza del norte de México.
Si
se consolidan los movimientos intra e interregionales que se
vienen observando, varias regiones costeras y de la frontera
norte del país podrían en la próxima década
crecer demográficamente entre 2.3 y 2.5 veces más
que la media nacional. En particular, el poblamiento hacia la
zona de la frontera norte requerirá de mayores esfuerzos
de ordenamiento territorial ecológico v urbano, que fortalezca
la gestión de sus ecosistemas dada su creciente presión.
A
partir de los años cuarenta da inicio el proceso demográfico
que caracteriza a la frontera norte actualmente. Durante las
seis décadas pasadas, la región conformada por
los estados de Baja California, Coahuila, Chihuahua, Nuevo León,
Sonora y Tamaulipas ha incrementado en 7.4 veces su población,
al pasar de 2 millones en 1940 a 15 millones de habitantes en
1995. Entre estas entidades, el poblamiento de Baja California
ha sido el más dinámico cuyo crecimiento demográfico
ha tenido a los flujos migratorios como su principal componente.
En
este aspecto una tarea central es, sin duda, fortalecer los
acuerdos para el ordenamiento ambiental de regiones críticas,
ya que algunas de las regiones receptoras tienen ya intensos
problemas, como las zonas urbanas fronterizas, entre otras.
Para fines de prevención de contaminación atmosférica
y tratamiento y disposición de residuos, tendríamos
que hacer más énfasis en acciones preventivas
en las áreas urbanas que concentrarán la mayor
parte de la población. En particular en la frontera norte,
tendríamos que hacer más énfasis en las
principales ciudades (1) de la franja fronteriza,
que en conjunto alojaban en 1995 a más de 3 millones
de habitantes.
En
especial en la frontera territorial entre México y Estados
Unidos, se concentran una buena parte de los procesos físicos
del intercambio así como de las asimetrías en
las que éste está teniendo lugar y por tanto,
constituyen un foco crítico en una visión prospectiva.
Algunos de los fenómenos críticos a contemplar
por su relevancia regional en el mediano plazo son: las características
económicas y ambientales de la producción maquiladora
en la zona; las tentaciones que ofrece como receptáculo
de desechos peligrosos de Estados Unidos y Canadá; la
agudización del deterioro ambiental y la salud de las
poblaciones residentes de ambos lados de la frontera por la
urbanización acelerada y sin adecuada planeación;
entre otros.
Algunos
factores de interés para la agenda regional consisten
en la recuperación y conservación oportuna de
áreas y recursos naturales sensibles ubicados en la frontera
así como el control de mayores e irreversibles riesgos
sobre la salud de los residentes y la incorporación de
mayores criterios técnicos y ambientales en la integración
de la maquila a los procesos de producción fragmentada
desde las casa matrices o subcontratantes.
Estas,
que no son las únicas sino ejemplos de tendencias a precisar,
deben ser analizadas con más detalle en tanto elementos
a integrar en una perspectiva de largo alcance para el desarrollo
regional, sobre todo en las regiones de mayor presión,
y en una visión dinámica reforzar las acciones
de prevención con alcance regional.
Paradójicamente,
en la época de una intensa globalización se perfila
una renovación de los esfuerzos de planeación
regional, porque es precisamente en las regiones donde se cristalizan
los ámbitos y las intensidades de las vinculaciones con
los mercados y en general, con las tendencias internacionales.
También,
en adelante cobrarán mayor importancia las previsiones
de largo alcance para proteger nuestra base de recursos y los
servicios ambientales. En algunos casos, como es el del agua,
su problemática e implicaciones se tendrá que
ubicarlos incluso en la agenda de seguridad nacional.
El
eje articulador de ambos procesos de planeación y definición
de estrategias, está en el conocimiento profundo del
potencial actual y futuro de las regiones. Un conocimiento que
no se puede basar en una simple extrapolación de tendencias,
sino en una valoración dinámica del estado y presión
a que están sometidos los recursos naturales, y que contemple
que las opciones se encuentran en la esfera de la eficiencia,
la innovación tecnológica, los cambios en los
patrones de consumo y la evolución de las percepciones
gubernamentales y ciudadanas.
Cada
día se reconoce más que en el diseño y
aplicación de estrategias de largo plazo, juegan un papel
central los instrumentos ambientales, principalmente, el ordenamiento
ecológico del territorio. Esto es así porque los
instrumentos ambientales están mostrando su potencial
para inducir una visión territorial y de largo plazo,
en la percepción y conocimiento de las problemáticas
regionales y en la identificación de escenarios deseables
y factibles.
El
Instituto Nacional de Ecología se propone con la presentación
de este reporte, dar un paso en el análisis regional
de la problemática ambiental, precisamente en una zona
del país que por muchos de los motivos expuestos, es
particularmente sensible como estratégica.
Reconocemos
aún la insuficiente información proporcionada
en algunos temas, esto nos obliga a redoblar los esfuerzos para
contar con más y mejor información, a partir de
acciones concretas como el levantamiento de inventarios de especies
y contaminantes, el monitoreo permanente, la apropiada validación
de la información, y desde luego canales de difusión
y comunicación más abiertos y más directos
a la población.
En
este esfuerzo es fundamental la participación de las
instituciones académicas y de los organismos no gubernamentales,
actores esenciales en el análisis y percepción
de la problemática ambiental. En ese sentido, este documento
es también un primer paso en hacer más cercana
y constructiva la colaboración entre esos actores señalados
y las autoridades ambientales. Nuestro reconocimiento a todas
aquellas instituciones académicas, sociales y gubernamentales
que con su aportación hicieron posible la realización
del mismo.
Enrique
Provencio
(1)Juárez,
Tijuana, Mexicali, Matamoros, Reynosa, Nuevo Laredo, Nogales,
San Luis Río Colorado y Piedras Negras