Capítulo
Diez
La Revolución Verde
El movimiento ambiental mexicano
Como
sus contrapartes en los Estados Unidos, un número cada
vez mayor de mexicanos se han preocupado por cómo la
contaminación y la destrucción de los recursos
naturales está afectando su calidad de vida. Como en
los Estados Unidos, las preocupaciones por la salud humana y
por la del mundo natural han conducido a la formación
de un movimiento ambiental en México.1 Sin embargo, este
último todavía está en ciernes. México
tiene más de mil organizaciones ecológicas,
pero ninguna de ellas con una membresía masiva.2 De hecho,
no existe mucho apoyo popular para las causas ambientales. Empero,
el movimiento ambiental se ha convertido en un defensor, con
cierto éxito, de la protección del mundo natural,
en parte porque los dirigentes políticos están
empezando a compartir su convicción de que el país
está enfrentando una crisis ecológica.
La
creación del movimiento ambiental mexicano fue acicateada
por la insatisfacción que sentía la gente al vivir
en un ambiente cada vez más contaminado y por la atención
que los medios de comunicación estaban dando a estos
temas. Ambos factores están ahora dando como resultado
la expansión del movimiento.
La
pesadilla ecológica en la Ciudad de México ha
sido un punto focal de las inquietudes ambientales del país.
Ya en los ochenta, la contaminación se había convertido
en un tópico de conversación familiar entre los
residentes de la capital. Muchos capitalinos* sufrían
de molestias causadas por la contaminación, como ojos
irritados, zumbidos en los oídos, tos crónica
y fatiga constante. Para muchos residentes, las condiciones
en la Ciudad de México parecían menos tolerables
debido a sus recuerdos de un tiempo y de un lugar diferentes.
Para
cientos de miles de capitalinos, la contaminación es
más que una molestia. En zonas marginadas, el agua contaminada
ha provocado una incidencia muy alta de disentería, tifoidea
y hepatitis. Las seiscientas toneladas de polvos fecales que
se van hacia la atmósfera cada año, llevan mortíferos
microorganismos como salmonela typhosa, estreptococos y estafilococos. La Ciudad de México es uno de
los pocos lugares en el mundo donde es posible contagiarse de
tifoidea y hepatitis solamente por respirar.3 Durante el transcurso
de un año, se emiten al aire 4.35 millones de toneladas
de contaminantes, que no se disponen adecudamente, lo que constituye
otra fuente para la transmisión de enfermedades.4 Se
emiten anualmente a la atmósfera 4.35 millones de toneladas
de contaminantes.5 Las concentraciones de ozono, monóxido
de carbono, óxidos de nitrógeno, bióxido
de azufre, hidrocarburos, cadmio y plomo exceden regularmente
las normas internacionales de salud, muchas veces en forma alarmantemente
alta. Por ejemplo, el nivel promedio de plomo en la sangre de
los residentes de la Ciudad de México es casi cuatro
veces mayor que el de los residentes de Tokio.6 En marzo de
1987, el toxicólogo norteamericano Tom Dydek encontró
que los niveles de bióxido de nitrógeno y de hidrocarburos
en sus sitios de monitoreo en la ciudad, eran comparables a
aquellos que se encuentran el túnel Lincoln, que conecta
a Nueva Jersey con la ciudad de Nueva York. La conclusión
de Dydek, quien subestimó la realidad, fue que " se puede
esperar que la exposición a concentraciones de estos
elementos químicos cause efectos adversos sobre la salud.
Nadie debe de estar expuesto a estos niveles de contaminación."7
Médicos de la Ciudad de México atribuyen muchos
casos de anormalidades de la piel, desordenes nerviosos, retraso
mental, problemas respiratorios, dificultades cardiacas y cáncer,
al altamente contaminado aire de la ciudad.8 Registros médicos
desde mediados de los ochenta indicaban que treinta mil niños
y setenta mil adultos morían anualmente por la contaminación
del agua y el aire.9 Debido a muertes o enfermedades serias
de miembros de la familia o de ellos mismos, algunos de los
veinte millones de habitantes de la Ciudad de México
se percataron de los efectos de la contaminación sobre
la salud pública. De estas filas, el movimiento ambiental
obtuvo parte de su apoyo.
La
salud del mundo natural también está seriamente
amenazada en México. Tres cuartas partes de sus suelos
sufren de algún grado de erosión 10; 95 % de sus
ríos están contaminados 11; y 470,000 hectáreas
de bosque desaparecen cada año.12 Estos son problemas
muy alejados de la población urbana. Aún así,
un número creciente de urbanistas han llegado a la conclusión
de que su supervivencia depende de la salud de la tierra. José
Sarukhán, un ecólogo mexicano y rector de la Universidad
Nacional Autónoma de México, notó que términos
antes sólo técnicos como "ecología", "ambiente",
y "conservación", habían llegado a ser parte del
lenguaje común. A medida que, cada año, la gente
oía más sobre la escasez de agua potable, de aire
limpio y de suelo fértil, empezaron a relacionar el comportamiento
humano con el daño del ambiente natural que sustenta
la vida.13
Como
Sarukhán indicaba, los medios de comunicación
mexicanos jugaban (y siguen jugando) un importante papel en
elevar el nivel de conciencia ecológica en el país.
La cobertura de asuntos ambientales por los periódicos
es particularmente importante ya que la mayoría de los
mexicanos reciben su información por este medio. A fines
de los setenta, los periódicos más grandes reportaban
regularmente sobre asuntos ambientales. Los periodistas mexicanos
hicieron la crónica de la contaminación de sistemas
fluviales completos, la desecación de los lagos, la rápida
destrucción de los bosques, y los altos niveles de contaminación
en las áreas urbanas. También expusieron escándalos,
como una gran negligencia en el manejo de desechos tóxicos
y la contaminación del sureste de México por Pemex.14
Los periódicos se convirtieron en una invaluable fuente
de información sobre las calamidades ambientales de México.15
Unomásuno*
(Ciudad de México) y México City News publicaron
algunos de los más amplios comentarios sobre los problemas
ambientales de la nación.16 A mediados de los ochenta,
Fernando Césarman, un psicólogo y ambientalista
mexicano, se convirtió en un colaborador regular de Unomásuno.
En una serie de artículos, que iban de erosión
del suelo a envenenamiento por pesticidas, Césarman recordaba
constantemente a sus lectores la forma en que dependía
la humanidad del mundo natural.17 Con Unomásuno como
su foro, podía comunicar sus ideas a una audiencia masiva.
En agosto de 1989, el periódico inició un suplemento
mensual sobre el ambiente. Esta sección especial contenía
partes que no sólo esclarecían la naturaleza destructiva
del desarrollo industrial y agrícola de México,
sino que también hablaban de experimentos en técnicas
alternativas, como agroforestería, energía solar
e hidroponía.18
Los
artículos de Unomásuno incrementaron el conocimiento
del público sobre la necesidad de mantenimiento y restauración
ecológica. El México City News fue particularmente
agresivo en su cobertura de la crisis ambiental en México.
En 1988, comenzó su vigilancia de la contaminación
consistente en declaraciones de ciudadanos mexicanos y turistas
extranjeros sobre el estado del medio ambiente mexicano (los
editores colocaron las citas en la primera página). En
formas, tanto serias como cómicas, varios ciudadanos
mexicanos se preguntaron sobre adónde los había
llevado el "progreso".
"¿De
qué sirven los descubrimientos médicos que nos
hacen vivir más, si nuestros avances tecnológicos
nos están matando?"19
Roberto
Suárez, contador. Ciudad de México.
"Muchas
veces me he preguntado que tanto estamos dispuestos a sacrificar
por una vida de ocio y comodidad, y ahora ya lo sé."20
Arturo
Villalobos, Ambientalista.
"¡Diablos!
¡No está picoso, está contaminado.¡"21
Hugo
Escalante, estudiante. Ciudad de México.
Algunos
de aquellos citados en el México City News expresaban
la opinión de que los problemas de contaminación
de la ciudad habían sido exagerados. En respuesta a esta
actitud, Manuel Torres Fuentes, un contador de la Ciudad de
México dijo, "lo que realmente me aterra es que estamos
empezando a aceptarlo, aunque nos esté envenenando."22
El
temor de Fuentes era compartido por los editores del News. La
vigilancia de la contaminación y los artículos
ambientales del periódico eran un intento para mantener
la contaminación y la degradación de los recursos
en las mentes del público. El periódico también
trataba de que los funcionarios del gobierno abordaran los problemas
ambientales de la nación. De acuerdo a los editores del
diario:
Y nuestro objetivo es doble: alertar a las autoridades sobre
las industrias y otras operaciones que están contaminando
el ambiente, para que estas actividades puedan ser detenidas
rápidamente; mantener a las autoridades constantemente
alertas y conscientes de que están bajo el permanente
escrutinio de los ciudadanos y residentes de México,
y de todo el mundo para el caso, ya que el Valle de México
se ha convertido en un laboratorio ambiental.23
La
prensa mexicana no sólo hacía la crónica
de los problemas ambientales del país, también
demandaba acciones para resolverlos.
Aunque
llegando a una audiencia menor, los libros también han
desempeñado un papel en el tratamiento de las preocupaciones
ambientales. En La Metrópolis Mexicana y su agonía
(1973), Arturo Sotomayor escribió sobre futuros viajeros
espaciales que aterrizaron en el Valle de México solo
para encontrarlo inhabitable. Sotomayor, entonces, hizo la crónica
de como sus conciudadanos diariamente estaban haciendo de este
sombrío futuro una realidad.24 En Ecocidio: Un estudio
psicoanalítico sobre la destrucción del medio
ambiente (1972), Fernando Césarman examinó
la naturaleza suicida de los seres humanos,y acuñó
el término "ecocidio", para describir como la gente estaba
destruyendo la vida al destruir el medio ambiente.
En
su libro, Césarman analizaba las raíces del insensible
tratamiento de la especie humana para la naturaleza. De acuerdo
con él, una transición crítica ocurrió
cuando la visión de la naturaleza como un paraíso
fue remplazada por la visión de la naturaleza como un
absoluto obstáculo para el bienestar y la felicidad humanas.:
"Al ambiente se le ve como algo contra lo que debemos luchar,
luchar contra la tierra para hacerla producir, luchar contra
los ríos, el mar, el aire, los animales salvajes. En
esta agresiva fantasía imaginamos al mundo como un sádico,
del cual somos víctimas, y contra el cual debemos de
luchar."25 Otra fantasía a la cual la humanidad sucumbió,
fue la de creer que por medio de la ciencia y la tecnología,
podríamos obligar a la naturaleza a producir cualquier
cosa que quisiéramos. Estas dos disciplinas han creado
la peligrosa ilusión de que los seres humanos son superiores
a la naturaleza. A pesar de la creciente severidad de los problemas
ambientales, aún nos rehusamos a reconocer nuestra dependencia
del mundo natural, ya que al hacerlo debilitaríamos nuestro
mito de superioridad sobre el entorno. Otro impedimento para
la restauración del ambiente es que no podemos enfrentar
el hecho de que nuestras acciones están llevando a la
destrucción de la especie. Sin embargo,si la humanidad
quiere evitar el ecocidio, debemos de reubicar radicalmente
nuestro lugar en el mundo natural.26
Ecocidio
se volvió parte del vocabulario mexicano,27 entrando
hasta en la jerga política. Por lo menos retóricamente,
el presidente Carlos Salinas de Gortari ha usado la idea de
ecocidio de Césarman.28 Recientemente dijo: "La civilización
ha transformado a la naturaleza en un hábitat devastado
por el hombre, quien está batallando constantemente para
lograr control y usarla como un instrumento para el progreso,
olvidándose de su bienestar."29 Por lo menos, Césarman,
Sotomayor y otros, ayudaron a estimular el debate sobre las
consecuencias de la degradación ambiental.
Los
conservacionistas mexicanos, también, elevaron el nivel
de conciencia ecológica en México. Entre principios
de los setenta y los principios de los ochenta, el número
de grupos de conservación en México, ha proliferado.
De las más importantes organizaciones formadas en este
periodo están el Centro de Ecodesarrollo (1972), Pro
mariposa Monarca (1980), Pronatura (1981), y Biocenosis (1982).30
Muchos de los grupos diseñaron programas educacionales
para enseñar a los jóvenes el valor de la naturaleza.31
Elevando la conciencia ecológica tanto de éstos
como de los viejos, los conservacionistas ayudaron a construir
los cimientos para el movimiento ambientalista.
Irónicamente,
sin embargo, muchos conservacionistas despreciaron a los nuevos
advenedizos. Enrique Beltrán decía que los ambientalistas
"sólo añadían confusión y ofrecían
soluciones absurdas."32 Arturo Gómez Pompa compartía
el sentimiento de Beltrán. Advertía que la proliferación
de asociaciones "ecologistas" era un desarrollo peligroso. Debido
a su ingenuidad, los ambientalistas desorientaban al público
al ofrecer evaluaciones demasiado pesimistas (y no científicas)
sobre el estado del medio ambiente mexicano.33 Lo que debería
de haber sido una alianza natural entre conservacionistas y
ambientalistas, fue obstaculizada por el desacuerdo de si la
ciencia debía informar al activismo ambientalista.
No
era sorprendente que existieran divisiones dentro del mismo
movimiento ambientalista. Cuando se le define ampliamente, el
movimiento consiste de un amplio espectro de grupos, incluyendo
comunidades de paracaidistas, pescadores, indígenas y
"jipis", así como asociaciones de vecinos, grupos de
presión política y partidos políticos.
Para
el habitante urbano pobre, la lucha por un medio ambiente más
sano es parte de una batalla aún mayor por mejores condiciones
de vida. Los líderes de la comunidad de asentamientos
precarios han exigido persistentemente del gobierno mejores
servicios, incluyendo agua corriente y mejores sistemas de drenaje.
Los colonos han intentado ayudarse a ellos mismos construyendo
cisternas para juntar agua y recolectando materiales de desecho
para construir viviendas. Para el habitante urbano pobre, la
conservación y el reciclaje del agua son asuntos de supervivencia.
En muchas vecindades, el pedir a las autoridades poner un alto
a la contaminación industrial se ha convertido en otra
parte de la lucha por la salud y la vida. Aunque la mayoría
de los activistas en los barrios no se ven como ecologistas
en sí, su meta es mejorar la calidad del ambiente dentro
de sus comunidades.34
Igualmente,
los grupos indígenas que luchan por proteger sus recursos
de la explotación externa no se consideran como conservacionistas.
Pero, aún así, su meta es proteger la tierra.
En varias ocasiones, los indígenas han formado organizaciones
en un intento por evitar que el gobierno y las empresas privadas
talen los bosques de la región. Cuando el presidente
José López Portillo (1976-1982) concesionó
a una compañía papelera los derechos para explotar
bosques en los estados de México y Morelos y en el Distrito
Federal, las comunidades afectadas prometieron evitarlo (al
costo que fuera).35 También durante la presidencia de
López Portillo, veintiséis comunidades indígenas
de Oaxaca crearon una organización que prometía
"defender juntos nuestros recursos forestales, especialmente
los bosques, desarrollar a nuestra gente y defender a nuestra
organización del aparato político y educativo
del Estado."36 En 1983, cincuenta y seis grupos formaron un
consejo supremo que presionó al presidente De la Madrid
para que tomara "enérgica acción para terminar
con las ilimitadas concesiones a las compañías
madereras, las cuales, sin ningún escrúpulo, explotan
y contaminan la tierra."37 El consejo también instaba
a los pueblos nativos a retomar su conocimiento de la agricultura
y del ambiente, y transmitirlo a la nueva generación,
para que así no se volvieran parte de la destrucción
de sus propios recursos.38 A pesar de presiones externas e internas,
algunas comunidades indígenas protegieron sus bosques
y suelos plantando huertos familiares y construyendo terrazas,
entre otras prácticas tradicionales. Además, adoptaron
sistemas de distribución del trabajo anteriores a la
conquista para las nuevas tareas, como reforestación
y recolección de basura.(39) En una base tanto local
como nacional, los indígenas se habían organizado
en defensa de su medio ambiente.
También,
los pescadores, intentaron conservar su medio de vida uniéndose
contra la explotación de los recursos. En el lago de
Pátzcuaro, se afiliaron a un grupo ecologista local para
buscar que se terminara la contaminación del lago y el
deterioro y el desvío de las corrientes y los ríos
que lo alimentaban.40 Sus compatriotas en Lázaro Cárdenas,
Michoacán, optaron por una confrontación más
directa. Bloquearon el puerto por setenta y dos horas hasta
que los contaminadores industriales aceptaron ayudar a financiar
un programa para resurtir las aguas costeras con peces, langostas
y camarones, y detener la descarga de desechos en las aguas.41
Usando tanto el convencimiento como la protesta, las cooperativas
de pesca en México trataban de proteger los ecosistemas
acuáticos.
En
algo que recordaba la contracultura de 1960 en los Estados Unidos,
algunas gentes establecieron comunas en México. La contracultura
en los Estados Unidos protestaba contra algunos aspectos de
la sociedad norteamericana: materialismo, competencia, "rígidas"
costumbres sociales, y una aceptación incuestionable
de la autoridad. Una de las formas en que los "jipis" de los
sesenta abandonaron la sociedad tradicional fue formando comunas.
Aquellos que las formaron buscaban un estilo de vida más
sencillo. En México, las comunas son, más explícitamente,
un experimento ecologista. Están tratando de demostrar
la validez de las tecnologías apropiadas. Por ejemplo,
la comuna de Huehuecoyotl en Morelos (en el centro de México)
ha usado letrinas secas, terrazas y sistemas para el reciclaje
de las aguas grises para conservar los suelos y el agua.42 Comunas
como éstas, protestan contra los usos insostenibles a
que se está sometiendo el medio ambiente en México.
Más que eso, tratan de demostrar que una eco-revolución
es posible en el país.43
Durante la campaña presidencial de 1982, Miguel de la
Madrid observó astutamente que "la calidad del ambiente
afecta la calidad de la vida humana; que es un problema que
afecta a todos y cada uno de nosotros; que no es un problema
de clase. La nación entera se encuentra en grave peligro,
ya que degradar a la naturaleza es degradar a los seres humanos."44
Los mexicanos ricos pueden disminuir su exposición a
ciertas formas de contaminación, pero no pueden escapar
del problema totalmente. Por ejemplo, pueden comprar una casa
en uno de los mejores fraccionamientos de la Ciudad de México,
y tener garantizada agua pura y una relativa tranquilidad, pero
todos los veinte millones de residentes tienen que respirar
el mismo aire contaminado. El hecho de que muchos de los ciudadanos
mejor educados, y políticamente más poderosos,
sufren por la contaminación de la misma manera que todos
los demás, ha sido un factor importante en el desarrollo
y el potencial del movimiento ambientalista mexicano.
El
origen, predominantemente de clase media, del movimiento ambientalista
mexicano, no ha dado como resultado una estrategia o política
uniformes. Una de las divisiones más marcadas entre los
grupos ambientalistas se refiere al asunto de si deben actuar
como una organización de la sociedad apolítica
de la sociedad, como un grupo de presión, o como uno
político. Algunos grupos ambientalistas mexicanos han
desechado la opción de formar un Partido Verde. Alfonso
Ciprés Villarreal, que encabeza el Movimiento Ecologista
Mexicano (MEM), ha dicho que lo único que lograría
el MEM al convertirse en un partido político, seria "confundir
y traicionar la confianza de miles de mexicanos que han invertido
en nosotros motivados por el deterioro, desprestigio y desgaste
de los partidos políticos existentes.45 Otros estaban
de acuerdo en que la creación de un partido ambientalista
sería contraproducente, ya que restaría votos
a partidos que simpatizaban con las causas del ambiente. Homero
Aridjis, dirigente de la organización ecologista Grupo
de los 100, ha insistido en este aspecto: "No creo que sea necesaria
su (del Partido Verde) existencia. Al formar otro partido es
seguro que tu y otros perderán. No tiene sentido."46
Jorge González Torres, presidente del Partido Verde Ecologista
de México, ha respondido así a las críticas:
"Están totalmente equivocados. No puedes obligar a un
cambio cuando no participas. Tu sólo das la apariencia
de cambio, y eso es peligroso."47
Algunos
grupos han intentado evitar por completo los conflictos políticos,
en la creencia de que las comunidades pueden mejorar su ambiente
sin tener que estar buscando el apoyo de burócratas indiferentes.
Una de esas organizaciones es Tierra Madre de San Miguel Allende
(San Miguel Allende es una comunidad de aproximadamente 100,000
habitantes, localizada en el estado de Guanajuato, en el centro
de México). El objetivo de Tierra Madre es lograr que
sean aceptadas tecnologías alternativas que eleven los
niveles de vida de las gentes y mejoren la calidad de su ambiente.
El principal proyecto del grupo ha sido la promoción
de un sistema casero de separación de origen (separar
la basura orgánica de la inorgánica) para hacer
composta y reciclado. Tierra Madre está proponiendo este
proyecto a la gente de San Miguel Allende como un medio de obtener
mayores ingresos más que como una medida ambiental. La
filosofía básica de la asociación, sin
embargo, es que la calidad de vida de las personas está
unida directamente a la de su medio ambiente. Además
de este programa de reciclado, Tierra Madre desarrolla un sistema
simple de filtrado de aguas negras para detener su escurrimiento
hacia un lago cercano, y apoya el reuso de agua de desecho.
En las afueras de San Miguel Allende, el grupo construye una
pequeña aldea ecológica que demostrará
la utilidad práctica de las destiladoras solares, la
energía solar pasiva, los invernaderos hidropónicos
y otras eco-técnicas. En colaboración con la Sociedad
Audubon de San Miguel Allende, Tierra Madre ha estimulado el
uso de energía solar y gas para reducir el consumo de
leña.48 Esperan que sus esfuerzos en San Miguel Allende
sirvan como modelo para el resto de México.49
Dos
de las más influyentes organizaciones ambientalistas,
el Movimiento Ecologista Mexicano (mem) y la Asociación
Ecológica de Coyoacán, funcionan tanto como organizaciones
vecinales, como grupos de presión política. Con
diez mil miembros y doscientos afiliados, el mem (organizado
en 1981) es el grupo ambientalista más grande del país.
Se describe a sí mismo como un grupo no gubernamental
sin ayuda de organizaciones religiosas, partidos políticos
o corporaciones multinacionales. La organización ha usado
mensajes en radio y televisión, etiquetas para la defensa
de los autos, videos y carteles para realizar una campaña
permanente para la protección de las especies en peligro
y los ecosistemas amenazados de México, y por el mejoramiento
del medio ambiente humano. Sus campañas han incluido
la colocación de bolsas para basura en los automóviles,
el uso de bicicletas, el programa de un día sin auto,
el intercambio de materiales para reciclar por arbolitos, la
eliminación del abuso de pesticidas, el apoyo a la Ley
General del Equilibrio Ecológico y la Protección
Ambiental, y becas para estudios ecológicos. El MEM asegura
que para tener éxito en su defensa de los recursos naturales,
la ecología y el medio ambiente del país, debe
actuar como un grupo de presión sobre industrias públicas
y privadas que son tan destructoras del ambiente. Al mismo tiempo,
los afiliados locales al MEM mejoran la calidad de vida en sus
áreas vecinales mediante la plantación de árboles
y la recolección de basura. El grupo ha buscado mejorar
la calidad de vida de todos los mexicanos. Como el MEM lo expone,
"Nuestra lucha no es por clase, sino por la vida".50
En
1983, la Asociación Ecológica de Coyoacán,
se formó con el propósito especifico de salvar
los grandes Viveros de Coyoacán (lo que lograron). Desde
entonces, la asociación ha ampliado sus actividades para
incluir reforestación, reciclado y educación ambiental.
Como el MEM, se ha convertido en una voz importante sobre los
asuntos ambientales nacionales. Por medio de la solidaridad
de la comunidad, esta asociación está tratando
de crear una nueva forma de vida que sea política, económica
y ambientalmente mejor que el régimen antidemocrático,
mercantilmente orientado y ecológicamente destructivo
bajo el que los mexicanos viven actualmente.51
A
diferencia del MEM y de la Asociación Ecológica
de Coyoacán, el Grupo de los 100 actúa exclusivamente
como un grupo de presión política. El organismo,
fue creado en 1985, cuando cien escritores y artistas publicaron
una declaración contra la contaminación.52 En
este manifiesto, el Grupo de los 100 imploraba al gobierno a
"dejar sus discursos y planes, que nunca llevan a nada y actuar
inmediatamente para defender y proteger a los habitantes de
esta ciudad de la muerte lenta a la que la corrupción
y la negligencia nos han condenado año tras año."53
Miembros del Grupo han utilizado hábilmente a los medios
de comunicación y foros públicos sobre asuntos
ambientales para atizar la inquietud pública sobre la
contaminación y para presionar al gobierno a tomar acciones
más vigorosas.54
Homero
Aridjis, cabeza del Grupo de los 100 arguye que las tácticas
de su organización contribuyeron a la reciente decisión
de Carlos Salinas de Gortari para cerrar la refinería
18 de marzo: "Con esta decisión, el gobierno de México
y las autoridades del Departamento del Distrito Federal se ponen
a la cabeza de la lucha concreta para reducir la contaminación
en el Valle de México, y demuestran que han oído
las voces de la sociedad civil."55 Las presiones de grupos de
interés ambiental ciertamente pueden haber acelerado
esta drástica acción.
Además
de la contaminación, el Grupo de los 100 ha llamado la
atención hacia la destrucción del mundo natural.
Reflexionando acerca de su propio estado de Michoacán,
Aridjis ha dicho:
"He
notado que los animales que vivían en las montañas
ya no están ahí. Nuestras montañas y bosques
se están quedando en silencio. Nuestros lagos y ríos
se están secando."56 Aún las mariposas monarca,
las cuales, recordó Aridjis, en una época le prendían
fuego a todo el cielo con negro, amarillo, y naranja, se están
desvaneciendo debido a la desforestación.57
Esas
meditaciones sobre el pasado y el futuro han inquietado a Aridjis:
"Las
imágenes que alimentaron mi niñez estaban siendo
destruidas y yo sentí que era como si mí niñez
estuviera siendo asesinada, que mí recuerdo de la belleza
natural que una vez me había apabullado estaba siendo
saqueada. La posibilidad de que mi pueblo se convirtiera en
un páramo, un lugar silencioso sin viento en los árboles
o sonidos animales o canciones de los pájaros, me hace
sentir desesperado. Tal falta de respeto para la naturaleza
me humilla como ser humano; me convierte en un extraño
en mí lugar natal."58
Para
Aridjis, la degradación de la naturaleza es un crimen
tanto social como ambiental, porque deja una tierra desolada
que no puede darle a la gente ni alimento ni gozo. Esta convicción
ha motivado a Aridjis y a otros miembros del Grupo de los 100
en su lucha por la protección de los lugares y animales
silvestres de México.59
Otros
grupos buscaron cambiar las políticas del gobierno desde
adentro. A comienzos de los ochenta, el Partido Socialista Unificado
de México (PSUM) intentó convertirse en el primer
partido con orientación ambientalista de México.60
Víctor Manuel Toledo, miembro del partido, aseguraba
que socialismo y ambientalismo eran dos movimientos simbióticos.
De acuerdo con él: "La explotación del trabajador,
y la destrucción del ambiente, las únicas fuentes
de las cuales el capital extrae riqueza, no son más que
dos dimensiones del mismo proceso."61 Bajo un sistema capitalista,
unas cuantas gentes se enriquecen mediante la explotación
de la naturaleza, destruyendo así la capacidad de la
tierra a largo plazo para sustentar a la gente. Toledo sostiene
que los orígenes de la crisis ambiental de México
se encuentran en el colonialismo, el neocolonialismo y el imperialismo.
La liberación de la naturaleza y de la gente dependerá
de la creación de un Estado socialista.62
Toledo
condenaba la naturaleza reaccionaria del ambientalismo mexicano.
Lamentaba que, por estar dominado por científicos políticamente
neutros, el movimiento ecológico no se había convertido
en un movimiento radical contra el capitalismo, e increpaba
a los ecólogos mexicanos por mostrar el mismo carácter
apolítico que sus contrapartes en los Estados Unidos.
Se quejaba de que, aún en Europa, donde los filósofos
y los sociólogos, más que los científicos,
estaban al frente de los movimientos ambientalistas, los partidos
verdes habían ignorado la opresión de los trabajadores.
Además, criticaba a las organizaciones tradicionalmente
de izquierda por ignorar los asuntos ambientales. Toledo se
imaginaba al PSUM convirtiéndose en el primer partido
legal de izquierda ambientalista.63
Arturo
Gómez-Pompa respondió de la misma manera a la
acusación de Toledo de que los ecólogos mexicanos
eran apolíticos, amonestando al PSUM por su tardía
y tibia adopción del ambientalismo.64 Ciertamente, Toledo
nunca pudo convertir al PSUM en un partido socialista ambientalista.
El
Partido Verde de México ha adoptado el manto del PSUM
como un partido ambientalista. El partido evolucionó
de uno de los primeros grupos ecológicos de México,
la Brigada para la Libertad Social y la Justicia, que empezó
como una organización vecinal en la Ciudad de México
en 1979, que en ese entonces se unió con otros grupos
ambientalistas en el país para formar la Alianza Ecologista
en 1984.65 Después de varios años de intentos
para aumentar la conciencia del público sobre la contaminación
y la basura, el grupo decidió que era tiempo para un
nuevo plan de acción. En 1987, la Alianza eligió
formar un Partido Verde ya que estaba convencida de que los
problemas ambientales y sus soluciones eran básicamente
políticos. Sin presión desde el interior, la alianza
creía que el gobierno seguiría haciendo concesiones
verbales a los grupos de presión ambientalistas, pero
obstaculizaría los cambios verdaderos.66
Hasta
que pudieran tener un pie adentro del gobierno, los miembros
del nuevo partido actuarían como vigilantes de los funcionarios
públicos. En sus conferencias de prensa bimestrales,
culparon al gobierno de aplicar inadecuadamente las leyes contra
la contaminación. El partido acusó que el gobierno
había usado tecnología obsoleta para certificar
que los autos cumplían las normas de emisiones y que
también, deliberadamente, había reportado datos
por debajo de los reales sobre la contaminación. El Partido
Verde criticó severamente las declaraciones del gobierno,
de que sus políticas habían dado como resultado
menores concentraciones de bióxido de azufre, monóxido
de carbono, y plomo en la Ciudad de México. Los Verdes
consideraban que la falsificación de estadísticas
era muy condenable porque era difícil hacer conciencia
sobre la contaminación entre la población, cuando
el gobierno ocultaba a la gente el verdadero alcance del problema.67
El
Partido Verde adoptó varias posiciones impopulares. A
muchos mexicanos les ha disgustado particularmente su enérgica
defensa de los derechos de los animales; sin embargo, el partido
ha defendido su posición: "La cacería deportiva,
las corridas de toros, las peleas de gallos y de perros, la
captura y enjaulado de animales son prácticas crueles
con las que la gente goza con el sufrimiento de seres inocentes.
Mientras continúen con la costumbre y se entretengan
con tal crueldad, los seres humanos no podrán vivir en
armonía con la naturaleza o con ellos mismos."68 El partido
defiende, nada menos, que se extienda el respeto a todas las
partes del mundo natural.
Adicionalmente,
el Partido Verde Ecologista Mexicano está a favor de
la educación ambiental, en todos los niveles, y de la
adopción de una forma de desarrollo económico
que "respete la armonía natural de la vida y contribuya
a la restauración del ambiente." También simpatiza
con una variedad de causas sociales. Sin embargo, a diferencia
del PSUM y de los partidos verdes europeos, no se ha comprometido
en una agenda social más amplia como el desarme nuclear,
el feminismo o los derechos de los trabajadores. En vez de ello,
se ha concentrado en lo que considera el más serio problema
de México: la destrucción del medio ambiente.69
Durante
las elecciones de mitad de sexenio en 1991, el Partido Verde
Ecologista Mexicano tuvo la oportunidad de probar la resonancia
de su mensaje entre el público mexicano. En un comentario
que indicaba los límites de la inquietud ecológica
en México, un técnico en refrigeradores dijo a
uno de los candidatos del partido, en la Ciudad de México:
"Entiendo, señora*, que usted esté tratando
de corregir las cosas, pero yo tengo que preocuparme de mis
hijos, no puedo preocuparme por los árboles."70 Otros,
sin embargo, fueron más receptivos a la plataforma del
partido, que busca la conservación de los ecosistemas,
la protección de la fauna, la limpieza del ambiente,
y el ecodesarrollo.71 Al fin, el partido recibió 330,799
votos, finalizando séptimo entre diez partidos a nivel
nacional y quinto en la Ciudad de México. A los Verdes,
sin embargo, les faltó .06 por ciento para completar
el 1.5 % del total de votos necesarios para obtener su registro
permanente como partido político. Ahora tiene que abstenerse
una elección, antes de participar de nuevo.72 A pesar
de este retroceso y de las constantes críticas de otros
grupos ambientalistas, el Partido Verde Ecologista de México
seguirá buscando el cambio ambiental, entrando para ello
en el proceso político.
Algunos
dirigentes ambientalistas mexicanos acusaron al gobierno de
tratar de bloquear la expansión del movimiento ambientalista
fomentando la disensión entre sus miembros. Alfonso Ciprés
Villarreal, que encabeza el MEM, argumentaba que el gobierno
temía a un "verdadero movimiento ecologista" y por lo
tanto intentaba dividir y manipular a los grupos ambientalistas.
La élite gobernante incita rivalidades entre las asociaciones
ecologistas restringiendo, periódicamente, la participación
y la consulta para programas ambientales a grupos que apoyan
más sus acciones. Los activistas ambientales, que han
sido regularmente excluidos de los procesos de toma de decisiones,
debido a sus posiciones opositoras, han criticado agudamente
a sus contrapartes por colaborar con el gobierno. Homero Aridjis
acusó al PRI de tratar de crear divisiones, no solo entre
los grupos, sino dentro del mismo. Recordó que en varias
ocasiones, funcionarios gubernamentales se habían puesto
en contacto con miembros del Grupo de los 100, para pedirles
que se opusieran a la posición del partido oficial. De
acuerdo con Aridjis, las autoridades algunas veces recurrieron
a medidas más represivas, como hostigamiento personal
y censura de prensa, para limitar la efectividad del grupo.
La estrategia gubernamental de manipulación y represión
refuerza el debate dentro de la comunidad ambientalista sobre
la mejor forma de lograr sus metas.73
La
fragmentación del movimiento ambientalista mexicano puede
ser fácilmente exagerada. Un amplio espectro del movimiento
trabajó unido, con éxito, para lograr que el gobierno
aceptara el programa de un día sin auto en la Ciudad
de México. Este tipo de cooperación es la regla,
más que la excepción.
La
campaña más aplaudida del movimiento ambientalista
fue contra la planta nuclear de energía eléctrica
de Laguna Verde. El resultado de esta campaña indica
que los grupos ambientalistas están limitados en su capacidad
de afectar las decisiones del gobierno.
La
planta de Laguna Verde ha tenido una historia larga y es propensa
a los accidentes. Su construcción empezó en 1972,
pero debido a una serie de retrasos, no estuvo lista para operar
hasta fines de los ochenta. El 20 de junio de 1988, la empresa
General Electric (GE), que fabricó el reactor Mark II
(un reactor que había sido descontinuado en los Estados
Unidos debido a sus fallas), y la Comisión Federal de
Electricidad (CFE) anunciaron que estaban iniciando las pruebas
finales de la planta. De acuerdo a la GE y a la CFE, estas pruebas
no deberían de durar más de 188 días. Pero
resultó que se hicieron pruebas durante 785 días
antes de abrir la planta el 14 de agosto de 1990. El 25 de noviembre
de 1989 y el 27 de abril de 1990 se escapó vapor radiactivo,
conteniendo Cesio 137 y Estroncio 90, debido a una fisura en
la tubería de circulación principal. En diciembre
de 1989, 130,000 litros de agua radioactiva fueron descargados
en un lago de agua salada cercano. Los pescadores de Veracruz
alegaron un caída en la producción de camarón
en él.74
El
27 de enero de 1987, diez mil personas y veinticinco grupos
ambientalistas participaron en una clausura simbólica
de la planta.75 Los ambientalistas pusieron en duda la prudencia
de gastar 3,500 millones de dólares en una planta que
duraría cuando mucho 30 años.76 Considerándolo
como de mayor consecuencia, también cuestionaron la cordura
de los funcionarios del gobierno, al ubicar la planta como una
falla geológica, en una de las regiones más densamente
pobladas de México.77 Además, existía el
complicado asunto de como disponer de los desechos radioactivos.
Conforme a los funcionarios encargados, los desechos podrían
ser almacenados con seguridad en una cueva especialmente construida.
Los ambientalistas ponían en duda que se pudiera encontrar
cualquier sistema seguro, y pedían al gobierno que abandonara
la energía nuclear en favor de otras fuentes de energía,
más seguras y baratas, como la solar y la eólica.78
Los
pescadores locales se unieron a los ambientalistas en la lucha
contra Laguna Verde. Eduardo Gómez Téllez, representante
de un grupo de cooperativas pesqueras de Veracruz, dijo que
la planta estaba descargando mensualmente unos diez millones
de litros de agua contaminada, que estaba matando a los peces
y destruyendo a los pequeños organismos que formaban
la base de la cadena alimentaria. De acuerdo con Téllez,
cuando la planta entrara en operación completa, las familias
de mil pescadores se verían adversamente afectadas. Miembros
de las cooperativas pesqueras amenazaron con bloquear el canal
de drenaje y cerrar el acceso de los trabajadores a la planta.
Téllez reconocía que "sabemos que nos reprimirán.
Pero es peor que nos estén quitando nuestra fuente de
trabajo y el pan de nuestras bocas."79
Otro
grupo que protestó contra la planta fue el de las Madres
veracruzanas. Estas mujeres llamaron la atención hacia
el peligro que la planta representaba para la vida humana y
no humana de la región.80 Carlos Salinas de Gortari prometió
a las Madres de Veracruz que ordenaría una auditoría
imparcial en la planta para determinar si debería ponerse
a trabajar de lleno, o bien clausurarse permanentemente. Sin
embargo, Salinas escogió, para hacer la auditoría,
a Manuel López Rodríguez, cuya imparcialidad estaba
comprometida por tres factores: era un promotor de la energía
nuclear en España, era amigo de Juan Eibenshuzt, quien
era el padre de la planta, y tenía relaciones con Hidroeléctrica
Española, S.A., uno de los contratistas de Laguna Verde.
Por ello, no fue sorpresa que López Rodríguez
declarara a Laguna Verde segura para su operación. Las
Madres de Veracruz habían presionado a Salinas para hacer
la auditoría, pero no pudieron obligarlo a hacer una
honesta.81
Los
opositores más inesperados para la Planta de Laguna Verde
fueron los obispos de Veracruz. La iglesia en México
siempre había evitado los asuntos políticos y
permanecido en silencio sobre asuntos ambientales. Pero, en
su mensaje de Navidad de 1989, los obispos veracruzanos protestaron
contra la destrucción del ambiente en general (y en el
proceso dieron nueva forma al precepto bíblico de que
el hombre dominaría a la tierra) y específicamente
contra la planta:
"Jesucristo
ama la naturaleza, la respeta, la admira. Cuando el hombre fue
llamado para dominar la tierra, no fue llamado para hacerlo
de una manera déspota sino con humanidad, haciéndola
servir por medio de sus obras... En la actualidad, y viendo
nuestros alrededores, tenemos que deplorar el uso que el hombre
está haciendo de la naturaleza. ¡Cómo la estamos
ensuciando!, ¡Cómo estamos agrediendo la vida humana!
¡Cómo, en el altar del llamado progreso, modernidad,
civilización industrial, desarrollo, estamos ofreciendo
y sacrificando la vida humana, la naturaleza, la creación!...
Entendemos y compartimos los sentimientos de la gente y de los
grupos que se han pronunciado ante el gobierno y la opinión
pública [sobre Laguna Verde] llamando la atención
acerca de los graves riesgos de accidentes mortales y consecuencias
genéticas para todas las especies vivientes.82
Pero
ni la iglesia, ni los pescadores, ni las madres ni los grupos
ambientalistas pudieron persuadir al gobierno de que descartara
Laguna Verde, el cual había invertido mucho dinero y
prestigio para echarse para atrás. Irónicamente,
mientras que muchos países, en las secuelas del accidente
nuclear en la isla Three Míle, en los Estados Unidos,
y después de la fusión del reactor en Chernobyl,
en la Unión Soviética, se alejaban de la energía
atómica, México se estaba lanzando despreocupadamente
a la era nuclear.83 El movimiento ambientalista puede haber
ayudado a retrasar la llegada de México a este nuevo
mundo (las muchas pruebas que se hicieron pueden haber sido
tanto para calmar la inquietud pública, como para realmente
probar la planta), pero no pudo evitarlo.
Aunque
el gobierno mexicano se acercó a la postura ambientalista
en algunas materias, los dirigentes políticos siguieron
políticas contrarias a mantener la ecología, cuando
consideraron más importantes otras metas. Al momento,
el movimiento ambientalista carece de la fuerza política
para obligar a los políticos a tomar medidas estrictas
para proteger el ambiente. Han sido capaces, sin embargo, de
ejercer alguna influencia en el camino de la política
ambiental mexicana y, lo que es muy importante, las asociaciones
ecologistas han progresado en el nivel social desde 1980. Acrecentaron
la conciencia pública sobre temas ambientales, lo que
es un prerrequisito para la solución de los problemas
tanto local como nacionales. Además, obtuvieron la participación
de la comunidad en proyectos de restauración ecológica,
mejorando la calidad de vida en varias áreas, sin contar
con apoyo del gobierno. Gradualmente, el movimiento ambientalista
está emergiendo como una importante fuerza social y política
en México.