Capítulo
Ocho
Por la humanidad y por la naturaleza. La búsqueda
del desarrollo sostenible
A
principios de los setenta, el movimiento conservacionista mexicano
se vio afectado por dos situaciones que se desarrollaron a nivel
internacional. El primero fue el inicio, por parte de la UNESCO
(Organización de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura) del programa "El Hombre y la Biósfera",
en 1971. El segundo fue la Conferencia de las Naciones Unidas
sobre el Medio Ambiente Humano, llevada a cabo en 1972, en Estocolmo,
Suecia. Bajo los auspicios de las Naciones Unidas, empezaba
a emerger una nueva perspectiva en la relación entre
la conservación y el desarrollo.
El
programa "El Hombre y la Biósfera" de la UNESCO se basaba
en el reconocimiento de que la humanidad había alterado
paisajes en todo el mundo. La meta de la UNESCO era "proporcionar
el conocimiento, las habilidades y los valores humanos" necesarios
para lograr una relación armoniosa entre la gente y el
medio ambiente. Debido a las condiciones de pobreza en que mucha
gente vivía, el uso de los recursos naturales no podía
ser evitado. La UNESCO mantenía, sin embargo, que se
podían encontrar medios menos destructivos para el uso
de la tierra. El principal instrumento usado por la ONU para
promover una nueva relación hombre-medio ambiente era
la reserva de la biósfera. Cada reserva contenía
un núcleo para estudios científicos y para mantener
la estabilidad ecológica, que estaba estrictamente protegido.
Fuera de esa área central, los manejadores de los recursos
animaban a la gente local para adoptar políticas económicas
que fuesen menos perjudiciales para el medio ambiente.1
Esta
conferencia fue un evento clave en la historia del movimiento
ambientalista internacional. Aunque algunos de los asuntos que
se discutieron en Estocolmo ya habían sido tratados previamente,
la reunión fue algo único porque atrajo a muchos
delegados de diferentes partes del mundo y porque recibió
una considerable atención internacional. Sin embargo,
el aspecto más importante de la conferencia fue su legado:
estableció el marco dentro del cual, de ahí en
adelante, se tratarían los asuntos de conservación
y desarrollo.
Los
delegados a Estocolmo redefinieron el desarrollo para que abarcara
los derechos de la gente a la alimentación, vivienda,
ambiente limpio, libertad política y social y dignidad
humana, más que en términos de crecimiento económico
o producción industrial simplemente.2 Más aún,
la conferencia sirvió para poner en duda la creencia,
generalmente sostenida, de que la conservación y el desarrollo
eran metas inherentemente contradictorias. De acuerdo a funcionarios
de la ONU, la conservación y el desarrollo eran, de hecho,
metas inseparables: el mantenimiento de una base de recursos
(aguas, suelos, bosques, etc.) era esencial para el desarrollo
a largo plazo, y deberían darse opciones económicas
para que los campesinos pudieran sobrevivir sin explotar la
tierra. La clave, entonces, era que los países encontraran
programas de desarrollo que proporcionaran un ingreso a los
pobres sin debilitar la capacidad de la tierra a largo plazo.3
La
emergente filosofía del desarrollo sostenible o ecodesarrollo
no fue muy calurosamente aceptada por todos los delegados a
la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano.
Michos delegados de países del Tercer Mundo consideraron
a las demandas que hacían los países industrializados
para control de la contaminación y protección
ambiental en el Tercer Mundo, como un intento más de
las naciones ricas por mantener a las naciones pobres sin industria,
subdesarrolladas y en un estado de dependencia. Como proclamaba
el delegado de Pakistán, Mahub ul Haq, "La pobreza es
la peor forma de contaminación".4 La respuesta mexicana
fue más ambigua. Los mexicanos habían presenciado
los dañinos efectos en el ambiente de varias décadas
de industrialización, sin lograr muchos de los beneficios
económicos prometidos. Sin embargo, aunque el gobierno
mexicano admitía que existían serios problemas
ambientales en el país, aún no estaba listo para
cambiar su programa de industrialización rápida
por uno de desarrollo sostenible. Como declaró la comisión
preparatoria para la conferencia: "Creemos que el camino de
la expansión industrial es, por ahora, el medio más
efectivo para satisfacer las crecientes demandas de bienes y
servicios. Por otro lado, la industrialización ha producido
serios problemas ambientales. Hay que tomar medidas para combatir
estos problemas."5 Estas medidas implicaran una revaluación
radical de las políticas de desarrollo de la nación.
El gobierno mexicano no aceptó la posición de
que el desarrollo debía de ir acompañado por un
estricta protección ambiental.
Por
contraste, los conservacionistas mexicanos adoptaron el concepto
de desarrollo sostenible. Para muchos de ellos, las reservas
de la biósfera ofrecían una alternativa preferible
al sistema tradicional de protección de la naturaleza,
los parques nacionales. La conferencia de Estocolmo aumentó
la determinación de los conservacionistas mexicanos de
modificar los destructivos programas de desarrollo de su nación.
Los atrajo el ecodesarrollo porque creían que representaba
una estrategia viable para proteger la tierra, al mismo tiempo
que se garantizaba la justicia social.
Gonzalo
Halffter, un científico que fue decisivo en la creación
de las primeras reservas de la biósfera en México,
era uno de los principales críticos del sistema de parques
nacionales de México. Creía que eran un modelo
adoptado inapropiadamente de los Estados Unidos sin tomar en
cuenta las necesidades del país, y que los parques nacionales
únicamente podrían tener éxito en países
que se enfrentaran a bajas presiones demográficas, que
se pudieran dar el lujo de retirar de la producción una
o más áreas, que tuvieran una tradición
de preocuparse por la naturaleza y que tuvieran la capacidad
administrativa para asegurar la protección de la tierra.
De acuerdo a Halffter, los Estados Unidos cumplían estos
criterios, pero México no.6 Halffter lamentaba el hecho
de que los parques nacionales de México habían
fracasado en la protección de ecosistemas representativos.
La mayoría de los parques nacionales se establecieron
para preservar lugares bonitos de paisajes y recreación,
más que proteger a bancos de genes críticos.7
Así, a pesar de el gran endemismo de las plantas, los
chaparrales y los pastizales rara vez se protegían como
parques nacionales.8 Por contraste, los bosques de coníferas,
cuya diversidad de especies es relativamente baja, se protegían
repetidamente.9 Halffter estaba aún más preocupado
porque la mayoría de los funcionarios de conservación
no realizaban estudios ecológicos antes de crear parques
nacionales, y porque la investigación ecológica
no era una parte integral de la misión de los parques
nacionales. La creación de parques nacionales no daba
como resultado ni la protección de ecosistemas representativos
ni el avance del conocimiento ecológico.10
Halffter
encontró en los parques nacionales de México otra
falla importante: no se enfocaban hacia las necesidades sociales
de la población local. Con la excepción del turismo,
la gente de la región no obtenía beneficios económicos
de los parques nacionales. De acuerdo con Halffter, el fracaso
del gobierno para restringir la cacería, la tala de árboles
y el pastoreo dentro de los parques nacionales se debía
menos a la debilidad en hacer cumplir las leyes, que a no tomar
en cuenta la cuestión de las necesidades económicas.11
Concluía que cuando se dejaba a la gente sin alternativas
económicas viables no les quedaba más que explotar
la tierra. Halffter presentaba su "ataque" contra los parques
nacionales en forma de preguntas:
1) ¿Vale la pena, y es posible, para los actuales países
intertropicales en desarrollo, lograr sus objetivos con cualquier
tipo de parque o reserva destinado a proteger ecosistemas, plantas
y animales, que no incluya a la gente del área como una
parte de su estructura o forma?
2) ¿Hay justificación moral, política y
económica en estos países para proteger áreas
contra la explotación cuando la falta de alimento es
una realidad y se debe de aumentar la producción?12
La
respuesta de Halffter era tácita, pero no se podía
dejar de advertir: el desarrollo debería de acompañar
a la conservación. Halffter no apoyaba la eliminación
del sistema de parques nacionales en México. Cualquier
tipo de sistema de protección de la tierra era mejor
que ninguno en absoluto. Tampoco insistía en la conversión
de todos los parques nacionales en reservas de la biósfera.
Reconocía que los parques nacionales cumplían
una función extremadamente importante al darle solaz
y contacto con la naturaleza a una creciente población
urbana.13 Sin embargo, Halffter sostenía que "hoy el
gran reto para la conservación mundial no es abrir nuevos
parques nacionales, si no encontrar respuestas ecológicas,
sociales y económicas bien fundamentadas a la aparente
dicotomía entre las áreas protegidas y el desarrollo
regional."14 De acuerdo con Halffter, las reservas de la biósfera
ofrecían la mejor estrategia para mantener la diversidad
genética al mismo tiempo que cumplían las necesidades
sociales y económicas de las poblaciones locales.
Un
evento crucial para el programa de reservas de la biósfera
en México sucedió en 1974, el año en que
concurrieron en la Ciudad de México la Cuarta Conferencia
Zoológica Latino Americana y una conferencia del Programa
de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA) y de
la UNESCO sobre el Programa del Hombre y la Biósfera.
Esta circunstancia fortuita les dio a los representantes de
la UNESCO la oportunidad de hablar con los zoólogos latino
americanos sobre la importancia de establecer reservas de la
biósfera en todo el continente. Después, el Dr.
Héctor Mayagoitia, gobernador de Durango, invitó
a los asistentes a la conferencia a que lo acompañaran
en un recorrido por los diferentes ecosistemas de su estado.
Entre quienes acompañaron a Mayagoitia se encontraba
Gonzalo Halffter, el principal representante de México
en las conferencias sobre el programa de reservas de la biósfera
y director del recién creado Instituto de Ecología*.15
El
apoyo político de Mayagoitia para las reservas de la
biósfera de Durango, y los recursos de organización
de Halffter representaban un prometedor comienzo para el programa
de reservas de la biósfera en México.16
Halffter
y Mayagoitia establecieron dos reservas de la biósfera
en Durango: Mapimí y la Michilía. Las dos reservas
incluían diferentes ambientes naturales y humanos: Mapimí
es un ecosistema desértico escasamente habitado, mientras
que La Michilía es un bosque seco con una densidad de
población relativamente alta. Reconociendo que los seres
humanos tienen un impacto disímil sobre el ambiente en
las dos regiones, Halffter diseñó dos estrategias
diferentes para manejar las reservas. Debido a la escasa población
humana de Mapimí, decidió que los estudios ecológicos
deberían de tener precedencia sobre la búsqueda
de alternativas económicas para sus habitantes, que fueran
ambientalmente seguras.17 La principal amenaza que los humanos
representaban para el ambiente, dentro de la reserva, era la
cacería de la tortuga del Bolsón (desierto). Después
de que los ecólogos le presentaron la información
sobre la lenta tasa de reproducción de la tortuga, muchos
de los cazadores de la región limitaron voluntariamente
su matanza de los animales. Sin embargo, la investigación
ecológica básica más que la aplicada, era
la norma en Mapimí.18
En
La Michilía, el principal interés de Halffter
era encontrar alternativas para las practicas destructivas de
uso del suelo. El daño ecológico en la región
era el resultado de dos factores: la extensión de la
producción agrícola hacia las zonas marginales
y el sobrepastoreo. Halffter pensaba que la solución
para el problema campesino* no era el poner bajo cultivo
las tierras marginales, si no incrementar el rendimiento por
hectárea de buenas tierras agrícolas, optimizar
el uso de los bosques y los pastizales, y establecer agro-industrias.
Halffter y sus colegas intentaron reducir las presiones de expansión
agrícola en la Michilía promoviendo la apicultura
(cría de abejas), la producción de fresas y de
mermeladas, la fabricación de empaques de madera y la
industrialización de verduras. Como una alternativa al
sobrepastoreo, promovieron la idea de ranchos de caza. Al proporcionar
a los ganaderos una fuente adicional de ingresos y de alimento,
los ranchos de caza reducirían las presiones que tenían
los ganaderos para aumentar el tamaño de sus rebaños.
Los rancheros podrían explotar con ganancias un cierto
numero de especies, que incluían puercos salvajes, guajolotes
(pavos) silvestres, pecaríes y venados. Los ecólogos
en la reserva descubrieron que el venado podía ser criado
sin detrimento del ganado, ya que las dos especies ocupaban
nichos complementarios. También estudiaron el potencial
del nopal como fuente de alimento para el ganado para que así,
el impacto negativo que tenía sobre la vegetación
pudiera ser disminuido. Los científicos buscaban lograr
el apoyo de los ganaderos haciendo investigaciones que indicaran
como se podía usar la tierra óptimamente.19
Parte
de la misión original del Programa de Reservas de la
Biósfera era el promover la cooperación entre
científicos extranjeros. Halffter apoyó con entusiasmo
esta misión invitando a científicos extranjeros
para que hicieran investigación en México. Científicos
de los Estados Unidos, Argentina, Francia y la Unión
Soviética colaboraron con estudiantes graduados y post
graduados mexicanos en importantes proyectos de investigación
dentro de las Reservas de la Biósfera de Mapimí
y La Michilía.20
Halffter
hizo una contribución original al Programa de Reservas
de la Biósfera, al estimular la participación
local en el desarrollo de los programas para Mapimí y
La Michilía. El Instituto de Ecología*
consultó con los dirigentes de ambas comunidades y con
el público en general antes de iniciar cualquier acción
importante en las reservas. Halffter concluía que simplemente
no era suficiente sólo pedir el apoyo de las comunidades
para proyectos que habían sido diseñados desde
arriba. En su lugar, las comunidades deberían de tener
una opinión directa sobre la operación, si se
quería que las reservas tuvieran éxito. De este
modo, muchas veces los mismos residentes de Mapimí y
de la Michilía solicitaron actividades de investigación.21
Lo
que Halffter esperaba del Programa de Reservas de la Biósfera
en México ha sido logrado parcialmente. Hoy en día,
las reservas de la biósfera constituyen casi el 85 por
ciento de las áreas naturales protegidas en México.22
En el papel, estas reservas protegen un numero de ecosistemas
diversos, incluyendo desiertos, bosques secos, bosques templados,
bosques húmedos tropicales y tierras húmedas y
subhúmedas. Las reservas de la biósfera han contribuido,
en México a la recuperación de la tortuga del
Bolsón, la tortuga Ridley y el cocodrilo.23 Por otro
lado, algunas dependencias y organizaciones conservacionistas
han luchado para desarrollar e implementar planes de manejo
para las reservas de la biósfera bajo su égida.
El programa, considerado como un todo, no puede ser calificado
ni como éxito, ni como fracaso, ya que cada reserva ha
tenido resultados diferentes.
La
Reserva de la Biósfera de Sian Ka'an, fundada en 1986,
en Quintana Roo, es un buen ejemplo de una área natural
bien manejada apoyada por la participación local. Los
representantes de las cooperativas pesqueras, los agricultores,
los dueños de plantaciones y otros grupos económicos
han colaborado con funcionarios, académicos y conservacionistas
en el desarrollo de los programas para la reserva.24
En
la pequeña aldea El Ramonal, funcionarios federales y
estatales, y el grupo conservacionista Amigos de Sian Ka'an*,
apoyaron a los granjeros para cultivar alimentos por medio de
el riego por goteo y el intercultivo (cultivar diferentes cosechas
en una sola parcela) más que extensivamente por medio
de la agricultura de tumba y quema y el pastoreo. Al producir
más alimentos por hectárea, la gente de El Ramonal
pudo conservar casi todos sus bosques.25
En
respuesta a las preocupaciones de los pescadores de langosta,
el gobierno realizó un estudio biológico de las
especies que aparecieron en un periodo limitado de dos meses
de captura de langosta a fines del invierno cuando ponen sus
huevos (los pescadores se dedicaron en este periodo a otra actividad,
como cacería y mantenimiento del equipo). La Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM) diseñó
subsecuentemente una trampa que cosecharía a las langostas
vivas, de modo que las hembras cargadas pudieran ser regresadas
al mar. Además, los investigadores universitarios se
pronunciaron por la diversificación de la pesca, incluyendo
la cosecha de otros crustáceos, como los cangrejos. Como
resultado de estas medidas, el número de langostas se
empezó a estabilizar.26
A
veces, los grupos participantes fallaban en su administración
de la reserva. Por ejemplo, en 1986 el gobierno abandonó
un prometedor programa para la protección de la tortuga,
después de lo cual la captura clandestina comenzó
de nuevo. Junto con el escaso presupuesto, la operación
de la reserva era obstaculizada por los pleitos y la inercia
de la burocracia. Un plan general de manejo para Sian Ka'an
se retrasó varios años porque las diversas instituciones,
dependencias y organizaciones no se pudieron poner de acuerdo
sobre sus roles y jurisdicciones. Debido a esfuerzos inadecuados
de educación y relaciones publicas, muchas comunidades
colindantes ignoraban de la existencia de la reserva y, todavía
más, de la importancia de sus programas. Sin embargo,
se han logrado importantes avances en Sian Ka'an.27
La
Reserva Especial de la Biósfera de Río Lagartos
en Yucatán muestra otro ejemplo de algunas de las dificultades
que se presentan para implementar programas para las áreas
protegidas. La dependencia administradora para Ría Lagartos,
el Centro para Estudios Graduados de la Universidad de Yucatán
(CINVESTAV), se enfrento a la nada envidiable tarea de reconciliar
intereses en competencia. El principal conflicto era entre los
pescadores y los dueños de las salineras y los trabajadores.
Los pescadores acusaban que la operación de la salinera
estaba destruyendo las pesquerías, incluyendo los manglares
que proporcionaban zonas de reproducción para los peces
y protección para las crías de los mismos. Los
ánimos se caldearon a tal punto, que los frustrados pescadores
bromearon sobre dinamitar la salinera. Durante el verano de
1990, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología
(SEDUE) fue al auxilio de los pescadores y de los ecosistemas
costeros, deteniendo la expansión de la planta, por medio
del cierre de las bombas de sus estanques de evaporación.
Los dueños de la empresa respondieron al cerrar el suministro
de agua para las comunidades locales (la tubería corría
por los terrenos propiedad de la planta). Miembros de la comunidad
local culparon a la SEDUE de amenazar sus trabajos y su suministro
de agua.28
Este
era el desfavorable ambiente en que tenía que trabajar
el CINVESTAV. Después del verano de 1990, los pescadores,
los dueños de la salinera y los líderes de los
trabajadores se entrevistaron con los administradores del parque,
y con los biólogos conservacionistas en un intento para
resolver sus conflictos. Durante el desarrollo de estas pláticas,
el CINVESTAV se dio cuenta de que todos tenían un concepto
diferente sobre lo que significaba desarrollo sostenible. Por
lo tanto, una "solución" satisfactoria para todas las
partes no parecía muy probable. Sin embargo, el CINVESTAV
presentó a las comunidades locales dentro de la reserva
una serie de opciones diseñadas para aliviar la sobre-pesquería
y para proporcionar alternativas económicas a la salinera.
Las recomendaciones del CINVESTAV incluían plantaciones
de aloe para cosméticos y para productos de primeros
auxilios, cría de cocodrilos para carne y productos de
piel, plantaciones de kuca (palma) para proporcionar plantas
decorativas a los hoteles de Cancún, producción
de cultivos usando algas marinas en fondos arenosos (una antigua
técnica maya), acuacultura de cangrejos para ser usados
como carnada para los pulpos, producción de artesanías
usando conchas locales y ecoturismo.29
El
CINVESTAV creía que el ecoturismo daría a la población
local un incentivo para conservar la naturaleza. Sin embargo,
algunos residentes se preocupaban porque el turismo significaría
su exclusión de las playas y de las áreas de pesca.
Consultores externos que trabajaban para el CINVESTAV advirtieron
otros problemas potenciales: aumento de precio en los alimentos,
delincuencia, enfrentamientos culturales, control de las utilidades
por unos cuantos vecinos y fuereños, oportunidades de
empleo limitadas (en las áreas turísticas se había
limitado a los residentes a los empleos de menos paga como lavaplatos
y mozos), y los costos económicos de desarrollar un sistema
de drenaje adecuado y un sistema de provisión de agua
pura. Idealmente, el ecoturismo tendría poco impacto
negativo, tanto sobre el ambiente como sobre la población
local. Los turistas excursionarían por angostos andadores
en los manglares, harían recorridos en canoa a los sitios
arqueológicos mayas, usarían económicas
estufas solares (en vez de la escasa madera), y pernoctarían
en alojamientos administrados por descendientes locales de los
mayas. A pesar de los beneficios potenciales del ecoturismo
para otras áreas dentro de la reserva, el CINVESTAV limitó
sus planes de ecoturismo al área que rodeaba Las Coloradas,
aceptando que el ecoturismo presentaba tanto riesgos como oportunidades.30
No
obstante el hecho de que la SEDUE permite la vista del público
a sólo uno de los cinco santuarios de la mariposa monarca
en los estados de Michoacán y México, la Secretaría
promueve el ecoturismo como el principal medio para asegurar
la supervivencia de la monarca. A través de los años,
el numero de mariposas que regresa cada verano del este de los
Estados Unidos y de las Rocallosas canadienses a sus terrenos
de invernación en los bosques de las tierras altas se
ha reducido dramáticamente. La SEDUE y el grupo conservacionista
Pro-mariposa Monarca se han dado cuenta de que, a menos de se
encuentren alternativas viables a la tala de árboles
en la región, la especie perecerá por falta de
refugio y agua. Los conservacionistas entienden, asimismo, que
las presiones de la desforestacion también son grandes.
Los madereros reciben un equivalente de hasta 150 dólares
por cada árbol que cortan, y los campesinos también
deben de recoger madera, tanto para tener ingresos, como para
usarla como combustible, ya que sus rocosas laderas sólo
rinden suficiente maíz y frijol para llenar sus necesidades
de subsistencia. Para cambiar esta realidad, la SEDUE está
supervisando la construcción de instalaciones que lleven
más turistas a la reserva El Rosario. Además de
construir áreas de campamento y dos estacionamientos,
la dependencia planea el mejoramiento del camino de terracería
a El Rosario, cuyo pronunciado declive y terreno poco firme
desgastan a los vehículos y acaban con los nervios de
los pasajeros. No obstante ese desgaste a que se someten sus
unidades, los operadores del servicio de intercomunicación
ya manejan un negocio rentable. Un numero de familias campesinas
ya han mejorado su nivel de vida, por lo menos marginalmente,
con la operación de una cadena de puestos de comida en
la reserva. Otros son contratados por SEDUE como guías
y guardabosques. Los líderes de las comunidades del cercano
pueblo de Angangueo le dieron la bienvenida a la llegada de
dólares turísticos a su economía, que languidecía
por la caída de sus industrias, tanto minera como florística.
Además del único hotel del pueblo, algunos residentes
se benefician del turismo rentando cuartos de huéspedes.
Las más o menos cincuenta mil personas que visitan la
reserva cada año aportan miles de dólares a la
economía regional. Algunos conservacionistas se sienten
animados por la forma en que el turismo está modificando
las actitudes de la comunidad hacia las mariposas. Apuntan el
hecho, por ejemplo, de la participación de los campesinos
en los programas de plantación de árboles. Como
Jaime Oca, funcionario de la SEDUE, anota: "La gente no ve ahora
a las mariposas como sus enemigos. Ya entienden que proteger
los bosques de la monarca los beneficia." Otros tienen menos
esperanzas de que la posibilidad de obtener dólares de
los turistas reemplace los ingresos madereros. Ciertamente,
más y más leñadores han emigrado de la
región. Sin embargo, pensando en el futuro de la monarca,
tenemos que reconocer que el problema más serio es la
tala de árboles que sigue destruyendo su hábitat.
Hasta este momento, dos de las reservas ya han sido completamente
desforestadas. El ecoturismo, en sí mismo, puede no asegurar
la preservación de estos hermosos insectos.31
Varias
organizaciones ambientalistas internacionales han ayudado a
los grupos conservacionistas mexicanos en sus esfuerzos por
proteger ecosistemas únicos.(32) Se destacan especialmente
los esfuerzos del World Wildlife Fund (WWF —Fondo Mundial
para la Fauna—) y de Conservation International. Desde
su comienzo en 1961, el WWF se ha esforzado por proteger globalmente
a la fauna y a los hábitats naturales. En México,
el fondo ha apoyado a varias organizaciones conservacionistas
que van desde grupos privados a dependencias oficiales. Ha dado
capacitación a mexicanos interesados en la conservación
(incluyendo becas), ha apoyado para el desarrollo de planes
de manejo de los recursos en reservas de la biósfera
y otros parques naturales, y ha tratado de crear una conciencia
ética por medio de folletos, libros y materiales audiovisuales.
El credo del WWF es que la conservación y el desarrollo
son metas compatibles.33
Conservation
International se adhiere también a esta filosofía.
En 1987, el grupo se separó de Nature Conservancy porque
se oponía a su estrategia de comprar tierras para la
preservación de la vida silvestre. Conservation International
llegó a la conclusión de que las realidades políticas,
sociales y económicas no hacían factible la preservación
de la vida silvestre en los países en desarrollo. En
vez de ello, la organización mantenía que el curso
de acción apropiado era el ayudar a grupos de conservación
en el extranjero para mejorar su conocimiento y forma de manejar
la naturaleza.34
En
México, Conservation International ha enfocado sus esfuerzos
hacia dos ecosistemas bióticamente ricos: el Mar de Cortes
y las selvas húmedas de Chiapas. A mediados de los ochenta,
el grupo ayudó a financiar las investigaciones que realizaron
el Dr. Bernardo Villa y Enriqueta Velarde, del Instituto de
Biología de la UNAM sobre la ecología poblacional
de las aves que anidan en las Islas Midriff en el Mar de Cortés.
Conservation International trabajó subsecuentemente con
el instituto para el proyecto e implementación de un
plan de manejo para las islas. Para la región, como un
todo, la organización enfatizó sobre el desarrollo
sostenible de las pesquerías y el turismo planeado.35
En Chiapas, Conservation International dio financiamiento para
el Centro de Información sobre Conservación, del
Instituto de Historia Natural (el centro da seguimiento a la
condición en que se encuentran los recursos ecológicos
de Chiapas) y apoyó en el desarrollo de un plan de manejo
de ecosistemas para los bosques tropicales de la región.36
El grupo indujo una posterior inversión para conservación
en Chiapas al negociar el primer cambio de deuda por naturaleza
(swap) en México. En 1991, Conservation International
compró cuatro millones de dólares de deuda externa
mexicana (a una tasa de descuento cercana a 1.8 millones de
dólares) a cambio de una promesa del gobierno mexicano
para gastar 2.6 millones en proyectos ambientales. El ejecutivo
federal destinó más de la mitad de este dinero
para la protección de la selva lacandona, incluyendo
un donativo para el centro de datos del Instituto de Historia
Natural y la rehabilitación de la estación de
campo científica en la reserva de la biósfera
de Montes Azules.37 A través de diferentes canales, el
WWF y Conservation International han contribuido, no sólo
con dinero si no con ayuda técnica, para los grupos conservacionistas
mexicanos.
El
Programa de Reservas de la Biósfera es un acercamiento
utilitario a la protección de la naturaleza, aunque también
trata de minimizar el impacto del uso humano sobre el medio
ambiente. México ha producido conservacionistas, como
Miguel Alvarez del Toro, quien cree que la preservación
de las áreas silvestres se justifica por motivos estéticos
y éticos. Sin embargo, muchos conservacionistas que simpatizan
con la posición ética y estética, están
de acuerdo en que las reservas de la biósfera constituyen
el mejor medio para proteger los ecosistemas en México.
Como el conservacionista Carlos Alcerreca Aguirre lo expresa:
"Debemos
de reconocer que en el concepto de manejo está implícito
un criterio antropocéntrico y un fin matizado por cierto
utilitarismo que va más allá de los límites
de la metafísica, por decirlo así, con el disfrute
del hombre con la belleza manifestada en la naturaleza, hacia
la búsqueda de beneficios económicos. [Sin embargo]
en este enfoque antropocéntrico es donde encontramos
los argumentos para justificar, ante el hombre común,
la necesidad de conservar la calidad de sus alrededores y de
cada uno de sus componentes, para procurarnos en el futuro inmediato
un uso sostenido de los mismos."38
Alcerreca
y otros concluyen que argumentos no antropocéntricos
no son aceptables en un país donde mucha gente debe de
usar intensamente el medio ambiente para su supervivencia. Lo
mejor que se podría lograr sería el encontrar
las formas de usar la tierra que fueran menos destructivas para
el medio.
El
complemento consistiría en encontrar programas de desarrollo
que fomentaran la conservación. En México, el
creciente movimiento conservacionista hizo públicos los
fracasos del sistema de aprovechamiento de la tierra del país,
desde el envenenamiento por pesticidas de los trabajadores agrícolas
en el norte, hasta el desmonte de los bosques por los madereros,
ganaderos y campesinos hambrientos de tierras en el sur. En
su búsqueda de alternativas, los grupos conservacionistas
se fijaron tanto en las técnicas modernas, como en las
antiguas practicas indígenas.
La
Revolución Verde fue uno de los programas censurados
por los ambientalistas mexicanos. En 1971, Norman Bourlag, uno
de los padres de la Revolución Verde, habló en
la conferencia de la Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación (FAO), fustigando
a la comunidad ambientalista: "Si uno prohibe el uso de fertilizantes
en la agricultura debido a una legislación sin sentido
que es promovida por un grupo de interés poderoso e histérico
[los ambientalistas], que crea temor al predecir el envenenamiento
de la gente por productos químicos, entonces el mundo
estará condenado a muerte, no por envenenamiento, si
no por inanición".39 Los ambientalistas mexicanos (junto
con los de otros países) rechazaron la proposición
de que el envenenamiento de la naturaleza y de la gente por
el uso de fertilizantes inorgánicos y pesticidas ofrecía
la única alternativa para la inanición.
Los
ecologistas mexicanos examinaron las limitaciones de la Revolución
Verde, tanto económicas como ambientales. Entre 1945
y 1970, la producción agrícola en granjas que
usaban las tecnologías de la Revolución Verde,
se incrementaron en 22 por ciento. La mayor parte de los incrementos
se debieron a las variedades de maíz y trigo de la Revolución
Verde, que daban mayor rendimiento, que a la expansión
de tierras dedicadas a la producción de granos. De hecho,
a pesar de un aumento del 54 por ciento en las tierras abiertas
al cultivo cerca de la frontera entre 1960 y 1979, la tierra
dedicada a la producción de granos no cambió substancialmente
(en algunos años hasta llegó a disminuir). La
mayor parte de las nuevas áreas fueron dedicadas al cultivo
de frutales, horticultura, forraje para ganado, y otros productos
como azúcar, algodón, ajo, cártamo y tabaco.40
La
mayoría de los agricultores de la Revolución Verde
estaban más interesados en aumentar la producción
de los económicamente productivos cultivos de exportación
que en aumentar la producción de granos. Más aún,
los principales productores de granos en México, los
campesinos, rara vez tenían acceso a las nuevas tecnologías.
Entre 1965 y 1990, la producción agrícola de México
en general, creció menos de uno por ciento al año
(en 1990 realmente bajó). Durante el mismo periodo, la
población de México creció a una tasa de
3 por ciento al año.41 En suma, la producción
agrícola de México no se mantuvo al ritmo del
crecimiento de la población. En la actualidad, México
es un gran importador de granos.42
La
Revolución Verde en si misma contribuyó a las
aflicciones agrícolas de México al exponer un
nuevo sistema de cultivo que estaba basado en el uso masivo
de insumos químicos y riego extensivo. En el noroeste
de México, el "hogar" de la Revolución Verde,
cultivos sedientos, como la alfalfa y el algodón, agotaron
el agua del subsuelo.43 Técnicas de drenaje pobres produjeron
tierras anegadas y suelos salitrosos incapaces de soportar agricultura.44
La entrega de agua barata estimuló el uso despilfarrado
de tan valioso recurso. El uso excesivo de fertilizantes quemó
los suelos, matando a los microorganismos que convertían
el material orgánico en algo que podía ser usado
por las plantas (por ejemplo, la fertilidad natural del suelo
se destruía). En resumen, la capacidad productiva de
la tierra misma se gastaba por técnicas agrícolas
cuyo extendido uso por los agricultores mexicanos prósperos,
comenzó con la Revolución Verde.45
La
Revolución Verde (así como sus derivados) produjo
una serie de problemas ambientales de los cuales el envenenamiento
por pesticidas de trabajadores del campo mexicanos, no era el
menor. En 1974, científicos reportaron que envenenamientos
por pesticidas en la región de la Comarca Lagunera*
en Durango habían producido cuatro muertes y 847 enfermos.46
El estudio ofrecía uno de los pocos recuentos estadísticos
sobre envenenamientos por pesticidas, ya que tanto el gobierno
federal como los negocios agrícolas trataban de suprimir
la información sobre el tema. Además de la aspersión
de pesticidas, el escurrimiento de fertilizantes inorgánicos
hacia las corrientes de agua y los ríos mataba a los
peces y contaminaba las provisiones de agua.47 Los ecologistas
mexicanos argumentaban que, desde la perspectiva de la salud
ambiental, la Revolución Verde había fracasado.
Los
críticos de la Revolución Verde sostenían
que los fertilizantes inorgánicos y las técnicas
integradas para manejo de plagas (IPM) ofrecían una alternativa
viable para la agricultura dependiente de los productos químicos.
El uso de desechos animales y de rastrojo (los llamados fertilizantes
verdes) restaurarían la fertilidad natural del suelo
y no contaminarían los abastecimientos de agua. Las técnicas
integradas de manejo de plagas, así como el uso de depredadores
naturales, la liberación de insectos machos estériles,
la captura de insectos con trampas, el intercultivo (que reduce
el impacto de las plagas especificas de las plantas y proporciona
una barrera natural al movimiento de las plagas), y el uso selectivo
de pesticidas químicos, reducirían el daño
a los cultivos al mismo tiempo que protegerían la salud
tanto de los trabajadores como del medio ambiente.
Se
han hecho algunos progresos para la adopción de técnicas
integradas para el manejo de plagas. A principios de los setenta,
el gobierno mexicano usó técnicas IPM para controlar
una epidemia de gusano barrenador.48 Actualmente, en los campos
de grano de Sonora y Sinaloa (en el suroeste de México)
y en los campos de caña del Valle de Culiacán
en Sinaloa, los funcionarios de agricultura asesoran a los agricultores
privados en el uso de las técnicas IPM. En algunas granjas,
el uso de métodos de control biológico redujo
las aplicaciones de pesticidas de doce a dos por año.
En verdad, sin embargo, ni los funcionarios oficiales, ni los
agricultores privados están entusiasmados con el uso
de las técnicas IPM. Los agricultores en gran escala
(muchos de los cuales son terratenientes ausentes) están
convencidos por el rápido resultado que proporcionan
los pesticidas. No están dispuestos a considerar el manejo
cuidadoso que requieren las técnicas IPM. Más
aún, prefieren la probada efectividad (en el corto plazo)
de los pesticidas que la inseguridad de los medios biológicos
de control. Aún los agricultores que desean probar las
técnicas de control biológico muchas veces no
se deciden a hacerlo, ya que el uso intensivo de pesticidas
por parte de sus vecinos seguramente mataría a cualquier
depredador de plagas que él introdujera. La aplicación
de las técnicas IPM necesita planeación y cooperación
regional. Sin embargo, la mayoría de los funcionarios
de agricultura están más cómodos con el
sistema antiguo. La educación agrícola y los sistemas
de crédito en México desde hace mucho han sido
orientados hacia el uso de los pesticidas. Cuando más,
la conversión a las técnicas IPM llegará
lentamente.49
Muchos
de los cambios propuestos para el uso de la tierra en México
están basados en las antiguas practicas indígenas.
Los científicos mexicanos reconocen que la utilización
diversa de plantas y animales que hacían los antiguos
indígenas en las regiones áridas y semiáridas
del país, es una alternativa positiva para el monocultivo
agrícola y el pastoreo extensivo. Como un ejemplo de
las posibilidades botánicas, los seris recogían
setenta y cinco especies de plantas, y los pimas y los pápagos
basaban su alimentación en quince diferentes especies
de legumbres. El cultivo de plantas resistentes a las sequías
reduciría la presión que impone la agricultura
sobre la escasa agua que existe en la región. Las plantas
nativas también se podrían cultivar para forraje,
haciendo a la ganadería más intensiva y menos
perjudicial para el ambiente.50
En
el centro de México, los científicos han redescubierto
los méritos de las chinampas* como una forma de
agricultura altamente productiva y ecológicamente segura.
Antes de la conquista, las chinampas* (el cultivo de
maíz en terrenos hechos con lodo y material orgánico
en descomposición) hicieron una importante contribución
a la provisión de alimentos de los nahuas. Las chinampas* podrían producir de nuevo grandes cantidades de alimentos,
y al hacerlo reducirían la carga que la producción
de maíz impone sobre la estabilidad y la fertilidad de
los suelos en la meseta central.51 Los mexicanos podrían
reducir su dependencia del maíz mismo aumentando el consumo
de cultivos nutritivos de origen prehispánico, como los
frijoles, la calabaza, el amaranto, la salvia y el maguey. El
maguey es un cultivo particularmente versátil, ya que
puede ser usado como alimento, bebida, fibra, forraje y para
terracear.52 El antiguo sistema de terraceo mismo, que fue abandonado
por los españoles porque no querían asignar la
mano de obra necesaria para su mantenimiento, podría
ser revivido para retener la delgada capa de tierra superior
de las, seriamente erosionadas, altiplanicies centrales.
El
botánico Arturo Gómez-Pompa y sus colegas sugieren
que los agricultores de los tiempos modernos en el sur de México
pueden corregir los aspectos destructivos de la agricultura
de tumba rosa y quema adoptando las técnicas de sus ancestros
mayas. Podrían (como aún lo hacen algunos agricultores
de la región) dejar pastos perennes y leguminosas, además
de árboles, en sus milpas, para restaurar la fertilidad
del suelo, al mismo tiempo que producen alimentos. Los granjeros
podrían producir artículos alimenticios adicionales,
sin dañar al ambiente adoptando las practicas mayas de
silvicultura. Frutales como piñas, mangos, plátanos,
duraznos, limones y aguacates rendirían una valiosa cosecha
en términos de dinero manteniendo, al mismo tiempo, los
ecosistemas forestales. La adopción de otras técnicas
aparentemente usadas por los mayas, como los jardines de cocina,
las terrazas y los campos elevados, también darían
como resultado un sistema de agricultura más sostenible.53
Como el antropólogo James Nations y el especialista en
manejo de recursos Ronald Nigh observan, las poblaciones en
el sur de México son muy grandes para permitir la total
adopción de las practicas mayas. Sin embargo, ellos,
como Gómez-Pompa, creen que el rescate de los conocimientos
antiguos es un paso positivo hacia el logro de un sistema ecológicamente
seguro de producción de alimentos en los trópicos.54
Algunos
conservacionistas mexicanos proponen que la nación debe
de hacer más uso de su fauna y de sus pesquerías.
Hacen notar que los antiguos indígenas de México
consumían pequeños mamíferos, reptiles,
peces e insectos en cantidades mayores que los mexicanos modernos,
sacando como consecuencia que si pudieran alterar su dieta para
incluir en ella más plantas y animales nativos, se tendría
que desmontar menos tierra para agricultura y pastoreo.55
Durante
el siglo veinte, limnólogos mexicanos y funcionarios
del gobierno han tratado de estimular una mayor utilización
de pesquerías tanto dulceacuícolas como marinas.
No desde que los antiguos indígenas costeros habitaron
la región han los mexicanos valuado totalmente la importancia
de la vida acuática como una fuente de alimento.56 Por
medio de la acuacultura, los mexicanos han combinado nuevas
técnicas (nuevas para México) con el uso ancestral
de las pesquerías. Los funcionarios mexicanos han promovido
la acuacultura sobre la base de que puede generar empleos, alimentar
a la gente y crear un desarrollo regional más armónico.
Entre 1982 y 1988, la cantidad de peces y mariscos cultivados
por medio de la acuacultura creció de 122,000 a 188,000
toneladas. A pesar de este impresionante aumento, la industria
de la acuacultura en México aún está en
pañales. México usa solamente el 4.6 por ciento
de los 3.6 millones de hectáreas apropiadas para acuacultura
y cosecha sólo 26 de las 126 especies explotables comercialmente.
Los funcionarios de pesca proyectan un considerable aumento
en ambas cifras durante el transcurso de los noventa. La acuacultura
es una pequeña, pero creciente, industria en México.57
Además de la acuacultura, el Fondo Nacional para el Desarrollo
Pesquero (FONDEPESCA) (una dependencia gubernamental) ha promovido
el policultivo: la combinación de la agricultura con
el cultivo de peces y la ganadería.58 El reciclaje de
los desechos es una parte importante del sistema: el material
orgánico se usa tanto como fertilizante que como forraje.59
Así, fertilizantes verdes ya disponibles y abono se pueden
usar en lugar de los caros fertilizantes inorgánicos.
De hecho, todos los aspectos de la operación de policultivo
pueden ser llevados a cabo con una inversión mínima,
usando recursos indígenas. Más aún, el
policultivo da trabajo a los viejos, los niños y las
mujeres. También, todos los miembros de una familia se
ven beneficiados por contar con más proteínas
en su dieta. Algunos de los que apoyan el modelo argumentan
que además llega a crear un amor por la tierra. Los funcionarios
de pesca creen que el policultivo, igual que la acuacultura,
tiene un enorme potencial.60
También
es un hecho, empero, que el gobierno aún no ha dado apoyo
substancial a este experimento. Al principio de los ochenta,
funcionarios públicos dieron instrucciones al Instituto
Nacional para la Investigación de Recursos Bióticos
(INIREB), creado por el gobierno en 1975, de asesorar a los
granjeros sobre la adopción de técnicas de policultivo,
pero luego no le dieron fondos para el programa. INIREB pudo
continuar sólo después de recibir ayuda de la
Inter-American Foundation de los Estados Unidos. Aunque varios
cientos de granjas de policultivo fueron establecidas en los
ochenta, muchas de ellas no sobrevivieron por la falta de apoyo
del gobierno.61
El
inadecuado financiamiento gubernamental no fue el único
obstáculo para el éxito de las técnicas
de ecodesarrollo en México. La falta de asistencia técnica
también fue un factor. A mediados de los setenta, el
INIREB, con el auxilio de un agricultor tradicional de Xochimilco,
estableció chinampas* experimentales en el Golfo
de Tabasco. El experimento fue un éxito tremendo, tan
exitoso que las abundantes cosechas saturaron el mercado local.
Para los granjeros que participaban en el proyecto, los altos
rendimientos eran, irónicamente, una desventaja, porque
no tenían capacidad para vender la producción
en los mercados regionales y nacional. Entonces, después
de la partida del chinampero* de Xochimilco, los granjeros
desecharon sus sugerencias acerca de las técnicas y de
las especies con que hacer las chinampas*. Eventualmente,
debido a los grandes requerimientos de mano de obra que presentaban,
los granjeros abandonaron totalmente las chinampas* .62
Arturo Gómez-Pompa, que encabezaba el INIREB durante
este periodo, sacó varias conclusiones de este malogrado
experimento. De acuerdo a Gómez-Pompa, el proyecto fracasó
principalmente porque el INIREB no tenía la capacidad
técnica para responder a las preguntas de los granjeros,
o para ayudarlos a comercializar sus productos. Además,
fue el INIREB y no los tabasqueños rurales quien decidió
que se necesitaba agricultura intensiva en la región.
Si los granjeros iban a encargarse de los riesgos y de la demanda
de más mano de obra de las chinampas*, se les
tenía que convencer de que el resultado iba a ser un
mayor ingreso. De hecho, los promotores de la Revolución
Verde encararon el mismo problema, pero aquí el capital
de los agricultores en gran escala combinado con la generosa
ayuda del estado superaron cualquier resistencia al proyecto.
Como Gómez-Pompa concluía, los obstáculos
para la adopción de métodos agrícolas tradicionales
eran económicos y políticos, no tecnológicos
(por ejemplo, las técnicas indígenas en sí
mismas eran viables).63
En
1987, Mac Chapin, un antropólogo y director de programa
para Cultural Survival (un grupo de defensa de los derechos
de los indígenas), visitó quince proyectos de
ecodesarrollo en el sur de México, incluyendo las abandonadas chinampas* y granjas de policultivo en Tabasco y Veracruz.64
Localizó sólo dos proyectos que estuvieran trabajando
bien, ambos en el estado de Oaxaca.
En
la región de Yodocono, al norte de la ciudad de Oaxaca,
World Neighbors (Vecinos del Mundo), una organización
con base en los Estados Unidos, comprometida en proyectos de
desarrollo en pequeña escala en el Tercer Mundo, y el
Centro para el Estudio de Tecnologías Apropiadas en México
(CETAMEX) colaboró con los agricultores en el mejoramiento
de las técnicas agrícolas. Introdujeron la agricultura
en surcos para reducir el amontonamiento de las plantas y experimentaron
con diferentes combinaciones de fertilizantes químicos
y orgánicos (algunos de los cuales se obtenían
por composta). Los participantes en el programa rechazaron las
propuestas de los fuereños para sembrar cultivos exóticos,
ya que consideraban muy riesgoso el mercado. Algunos granjeros
locales que fueron capacitados como agentes extensionistas por
World Neighbors y el personal de CETAMEX convencieron a sus
colegas cultivadores para construir campos terraceados, bordeados
con frutales y atravesados por canales que seguían el
contorno de la tierra. Los niños reunían renuevos
de árboles que luego distribuían en forma gratuita
a los campesinos*.
En
San Pedro Quiatoni, una región al sur de la ciudad de
Oaxaca, los campesinos jugaban un papel aún más
importante en la realización de proyectos de ecodesarrollo.
En respuesta a las preocupaciones locales sobre la creciente
escasez de agua en la zona, Eucario, un indígena zapoteca
empleado por la Secretaria de Educación, organizó
la construcción de un deposito de recolección
para almacenar agua de manantial para riego. Cuando alguien
colocó peces pequeños en el estanque, la comunidad
se interesó en un programa aún más ambicioso,
la construcción de estanques de peces. La gente en San
Pedro había oído sobre cultivo de peces en otras
regiones de México, pero no tenía conocimientos
técnicos para saber como proceder. Eucario pidió
consejo a funcionarios de pesca en la ciudad de Oaxaca, pero
estos contestaron dando unas especificaciones para los estanques
que eran incompatibles con el terreno local. Con la información
que Eucario obtuvo por su cuenta, y por sus propias observaciones,
la gente de San Pedro se convirtió con éxito en
cultivadora de peces. Aprendieron que tipo de alimento le gustaba
a los peces y como desovaban en aguas poco profundas (lo que
significaba que los estanques se debían construir con
un suave declive). Los miembros de la comunidad se turnaron
para mantener el flujo de los manantiales a los estanques, para
ahuyentar a los depredadores y para alimentar a los peces. Chapin
concluyó que los programas en Oaxaca funcionaron porque
estaban basados en la participación local (más
que en lineamientos de fuereños) y debido a que los organizadores
consideraban que el ecodesarrollo era una tarea social, política
y económica, más que sólo la transferencia
de tecnología.65
La
mayoría de los estudios sobre ecodesarrollo en México
se centran en definir los requerimientos para programas que
tengan éxito. Por contraste, casi no se han hecho análisis
sobre los efectos ambientales de los sistemas alternativos de
producción de alimentos. Las propuestas que han hecho
ecologistas mexicanos se supone generalmente que son ambientalmente
benignas. Sin embargo, algunas estrategias de ecodesarrollo
presentan serios riesgos. El intento de producir más
alimentos por medio del uso de plantas y animales silvestres,
más que mediante agricultura y ganadería, puede
simplemente resultar en un cambio de la explotación de
la tierra a la explotación directa de la fauna silvestre
y las plantas nativas. El deshacerse de los desechos que produce
la acuacultura y el evitar que los nutrientes que se bombean
a las "granjas" sean una amenaza para el ambiente circunvecino
puede resultar una tarea gigantesca. El impacto, así
como el potencial, de los proyectos de ecodesarrollo es incierto.
Para la mayoría de los conservacionistas mexicanos, estas
son preocupaciones lejanas, como probablemente deben ser. Los
conservacionistas mexicanos pueden no tener un plan maestro
para el futuro, pero están de acuerdo en que la actual
dirección del "desarrollo" es un proyecto de desastre.
México, hacen notar, esta en el proceso de empobrecer
a su tierra y a su gente. Desde 1970, aún el gobierno
mexicano estaba empezando a admitir, a regañadientes,
que los problemas ambientales habían llegado a ser tan
graves que ya no podían ser ignorados por más
tiempo.