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EPILOGO

Jorge Soberón Mainero

 

Se me ha pedido que escriba un epílogo para el libro "En defensa de la Tierra del Jaguar". La obra concluye en 1994, a mediados del sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari y en los últimos cuatro años han ocurrido cambios de gran trascendencia en el tema del medio ambiente en México. Por esta razón, la necesidad de un post scriptum es real y agradezco la oportunidad de realizarlo. Aclaro también que mi perspectiva se restringe a la parte de la problemática medioambiental llamada la "agenda verde", que es la temática relacionada con los recursos naturales y su conservación y aprovechamiento, en oposición a la "agenda café" que se refiere a la contaminación industrial y urbana, el tratamiento de los desechos sólidos y temas similares.

En mi opinión, durante la década de los noventas hemos presenciado la maduración de los principales participantes y procesos que intentan enfrentar los problemas del medio ambiente de México. Las décadas previas a los setentas fueron las de los pioneros. Solitarios y visionarios dentro del gobierno, la academia y las organizaciones no gubernamentales lanzaban voces de advertencia o realizaban estudios e investigaciones cuya importancia fue percibida muy posteriormente. Es la época de Miguel Angel de Quevedo, Enrique Beltrán, Maximino Martínez y Efraím Hernández X.

Los setentas y ochentas corresponden a la infancia de la respuesta a los problemas ambientales. La sociedad en su conjunto se percata de que el camino escogido para nuestro desarrollo nos llevaba directamente a la catástrofe ambiental: contaminación grave en las ciudades y zonas industriales, pérdida de la capacidad productiva de la tierra por erosión, agotamiento de mantos acuíferos, deforestación y dilapidación de recursos biológicos. En el ámbito científico se empiezan a escuchar con gran fuerza las voces de Arturo Gómez-Pompa, Gonzalo Halffter y otros, que advierten que el modelo de desarrollo aplicado conlleva la destrucción generalizada de los ecosistemas y proponen diferentes alternativas. Aparecen (y desaparecen) miles de organizaciones no gubernamentales con todo tipo de agendas; se empiezan a promulgar leyes, se crean nuevas dependencias estatales, del extranjero empiezan a llegar jóvenes doctorados en ecología, las universidades constituyen licenciaturas, maestrías y posgrados en el tema, aparecen cientos de compañías consultoras, etc. Todo lo anterior desarticulado, caótico, con enfrentamientos entre los actores. Es una época en que la norma era que unos a otros nos tacháramos de ignorantes, o faltos de compromiso, o corruptos y burócratas, dependiendo de dónde provenía la crítica y del objeto de la misma.

Durante los noventas se puede ver una transición a una fase de mayor madurez. Esta década se caracteriza por mucho más trabajo de colaboración, mayor presencia de los profesionales y en general mucho mayor respeto entre los diferentes actores principales, académicos, dependencias gubernamentales, ONGs y productores tanto industriales como campesinos.

Muy brevemente trataré de describir lo que desde mi punto de vista son los principales jalones que pueden servir de referencia para entender los caminos que estos cuatro grupos están recorriendo durante la última década del siglo. Huelga decir que al intentar descubrir generalidades y en aras de la brevedad, pasaré por alto muchas excepciones y contradicciones. Asimismo, la descripción que realizaré a continuación será por fuerza muy esquemática y superficial.

El sector gubernamental, su difícil papel entre dos aguas

De 1994 a la fecha ha ocurrido un cambio cualitativo en la política ambiental de México. La creación de la Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP) en la administración actual, es un avance para la articulación de políticas e instrumentos ambientales. La integración en esta dependencia de sectores productivos que históricamente habían operado de manera independiente, es un hecho sin precedentes. Es el caso del sector pesquero, que antes dependía de la extinta Secretaría de Pesca, y del sector forestal, de cuya gestión se encargaba la SARH. En la actualidad, las políticas de aprovechamiento para los recursos forestales y pesqueros son discutidas desde un punto de vista ambiental, con miras a ser utilizados con criterios de sustentabilidad.

También se ha avanzado en lo referente al marco regulatorio de la política ambiental. En diciembre de 1996, con las reformas realizadas a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) se logró un avance importante en la modernización de la regulación ambiental. La modificación a la Ley cierra un ciclo de acalorada discusión en torno a cuál es el rumbo que debe seguir la política ambiental de México. La Ley sienta las bases para descentralizar de manera ordenada y gradual la gestión de los asuntos relacionados con el medio ambiente en favor de los gobiernos locales. Por otro lado, fomenta la participación social en esta tarea y tipifica como conductas delictivas aquéllas que atentan contra la conservación del medio ambiente. Sin embargo, todavía quedan aspectos por resolver, o que aún están insuficientemente discutidos. Es el caso del desarrollo de las leyes reglamentarias necesarias para ordenar el uso de la vida silvestre, el acceso a los recursos genéticos y la bioseguridad, aspectos de suma importancia para un manejo adecuado de la biodiversidad de nuestro país.

En los últimos años, también han habido cambios significativos en relación con el funcionamiento de las Areas Naturales Protegidas. Los problemas históricos de las áreas protegidas han sido la falta de presupuesto, la falta de planes de manejo (instrumentos centrales para la operación, administración y conservación), y la falta de participación de las comunidades en los proyectos de conservación (tema que se revisa ampliamente en este volumen). Recientemente se han tomado medidas para intentar revertir esta situación.

Por primera vez en la historia se integra un Programa de Areas Naturales Protegidas (1995-2000). Este programa sienta las bases para una acción colectiva organizada en favor de la conservación, y sirve de marco para la ampliación de la cobertura territorial y una mayor representatividad ecológica de estas áreas. Paralelamente, el Gobierno Mexicano estableció, en abril de 1996, el Consejo Nacional de Areas Naturales Protegidas (CONAP), un órgano consultivo integrado por representantes de los sectores conservacionista, académico, empresarial, social e indígena.

Como una manera de asegurar un financiamiento estable en las Areas Naturales Protegidas, se constituyó un fondo patrimonial en el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, en julio de 1997. Esta iniciativa permitió centrar esfuerzos de integración institucional para el financiamiento, el manejo y la administración en 10 áreas prioritarias, entre las que se encuentran Calakmul, en Campeche, El Triunfo y Montes Azules, en Chiapas, y Sian Ka’an, en Quintana Roo. Como resultado, siete áreas ya cuentan con programas de manejo, con sus respectivos consejos técnicos asesores, una plantilla básica de personal, e infraestructura y equipamiento básico. Por otro lado, con recursos financieros del Banco Mundial para el Programa Ambiental de la Frontera Norte, se realizan acciones de conservación en las Areas Protegidas Maderas del Carmen (Coahuila), Cañón de Santa Elena (Chihuahua), Alto Golfo de California-Delta del Río Colorado y El Pinacate-Gran Desierto de Altar en Baja California y Sonora.

Además de los avances en el funcionamiento de las Areas Naturales Protegidas ya existentes, en los últimos años también ha habido un aumento en la superficie protegida en nuestro país. En el período comprendido entre 1995 y 1997 el número de áreas aumentó de 100 a 113 unidades, incluyendo dos nuevas Reservas de la Biosfera (Sierra Gorda, en Querétaro, y Arrecifes de Sian Ka’an en Quintana Roo), así como los Parques Nacionales Arrecifes de Puerto Morelos e Isla Contoy, decretados en 1997.

En la gestión gubernamental también destaca la consolidación del trabajo de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). La CONABIO fue creada en 1992 con el objetivo de coordinar las acciones y estudios relacionados con el conocimiento y la preservación de las especies biológicas, así como promover y fomentar el trabajo de los grupos involucrados en el estudio, conservación, manejo y utilización de los recursos biológicos de nuestro país.

En sus seis años de existencia, la CONABIO ha contribuido a la generación e integración de conocimiento acerca de la biodiversidad de México apoyando cientos de proyectos de investigación. Por otra parte, mantiene una estrecha interacción con los grupos de expertos de nuestro país, capaces de proporcionar la información detallada indispensable para la correcta gestión de la biodiversidad en México. El Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad es ya una realidad operativa, la cual puede considerarse entre las principales experiencias en el ámbito internacional. La Comisión está en capacidad de proporcionar valiosa información para la toma de decisiones referente al manejo de los recursos naturales del país. Esta información no sólo está disponible para el sector gubernamental. Otros sectores como el académico, el privado y la sociedad en general ya están haciendo uso de ella.

Para concluir esta sección, es necesario mencionar que aún queda una gran interrogante por resolver, y es la posibilidad real de transformar el modelo de desarrollo que ha seguido nuestro país a uno sustentable. Si bien hay un cambio en las políticas ambientales en ciertos sectores productivos, como es la promoción del sector forestal, la reglamentación sobre las plantaciones forestales, la promoción de la pesca responsable, y otras acciones, la variable ambiental aún no se ha integrado en la planeación de las políticas de desarrollo de otros sectores. Este es uno de los mayores retos para el futuro. Por otra parte, un creciente número de grupos de productores campesinos está buscando alternativas productivas por fuera del modelo simplificador y destructivo que se promovió por décadas, como se explica a continuación.

Las organizaciones productivas, germen del uso sustentable

Es en el campo, en las parcelas, en los bosques, en los lagos, donde se pone a prueba la efectividad de una política ambiental. ¿Se ha logrado frenar el intenso proceso de deterioro de los ecosistemas del país? ¿Qué tanto han avanzado las comunidades rurales en satisfacer sus demandas de alimento y necesidades básicas, y en general en elevar su calidad de vida en los últimos años? Contestar estas preguntas no es sencillo. Los numerosos intentos por aplicar tecnologías inadecuadas a las condiciones ambientales del país realizados sobre todo en los setentas, dejaron profundas secuelas en nuestros ecosistemas. En medio de este panorama poco alentador, en la actualidad existen casos reconocidos de organización social que reflejan el esfuerzo por detener el deterioro ambiental del país dentro del esquema de conciliación de uso y conservación de los recursos naturales.

Uno de ellos se inició en 1988 con la formación de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras (CNOC). Esta organización impulsa el uso de formas no destructivas ni contaminantes de formación de café. Está integrada por 125 organizaciones de campesinos y agrupa a más de 75 000 pequeños productores de café de siete estados de la república. Esta experiencia ha tendido a fortalecerse con el paso de los años y en la actualidad continúan avanzando en la inserción a los mercados a nivel nacional e internacional. Otro ejemplo lo constituye la organización de núcleos agrarios que participan activamente en el proceso productivo forestal del país. En 1993 se creó la asociación civil Unión Nacional de Organizaciones de Forestería Comunal (UNOFOC). A través de la adopción de la visión de la forestería comunal como una estrategia de conservación y manejo de selvas, esta unión integra la experiencia de núcleos agrarios de diversa identidad cultural, de diferentes regiones del país y más de 18 pueblos indígenas, sumando ya 34 organizaciones. En conjunto, estas organizaciones abarcan el 40% de la superficie forestal bajo manejo en el país y han producido un volumen maderable del 43% del total nacional. Otros ejemplos son los avances que en los últimos años han experimentado pequeñas o medianas organizaciones productivas diseminadas por todo el país, como es el Plan Piloto Forestal, en Quintana Roo, y el Ejido Nuevo San Juan, en Michoacán.

El enfoque planteado en el Programa de Conservación de la Vida Silvestre y Diversificación Productiva en el Sector Rural (1997-2000), promovido por el Instituto Nacional de Ecología, es otra iniciativa por hacer compatible el uso de la biodiversidad con su conservación. A través del establecimiento de Unidades de Manejo, Conservación y Aprovechamiento de la vida silvestre (UMAs), se pretende sentar las condiciones legales e institucionales para que los dueños de los predios y terrenos donde se encuentran los recursos bióticos deriven beneficios económicos de ellos. La teoría y la experiencia demuestra que bajo las condiciones correctas (derechos de propiedad claramente asignados, tasas de aprovechamiento sustentable científicamente obtenidas y vigiladas por ley, y beneficios económicos asignados equitativamente), la posibilidad de usar los recursos constituye un poderoso incentivo para su conservación. Esta idea constituye un avance fundamental respecto a posiciones de décadas anteriores, más rígidas, donde la conservación y la utilización de la biodiversidad eran posiciones consideradas antagónicas. A la fecha se han creado 306 unidades, con un superficie de más de 2.2. millones de hectáreas.

Para que esta idea se extienda y se consolide a lo largo de nuestro país van a pasar algunos años. Las experiencias que se tienen hasta el momento indican que es factible promover un aprovechamiento sustentable de la vida silvestre.Sin embargo, todavía hay que avanzar mucho en aspectos tales como la creación de capacidades humanas necesarias para la vigilancia técnica de las unidades de aprovechamiento, la legislación reglamentaria de esta modalidad y la concientización y divulgación a la ciudadanía para lograr una aceptación mayor del concepto de uso sustentable.

El sector académico, el más consolidado de América Latina

México es uno de los países de Latinoamérica donde históricamente se ha puesto mayor énfasis en la formación de una infraestructura física y humana adecuada para describir, conservar y aprovechar la diversidad biológica del país. La casi totalidad de los Estados de la República cuentan dentro de sus instituciones de educación superior y de investigación con dependencias institucionales dedicadas al medio ambiente. En fechas recientes han habido algunos avances en este sector y destaca la experiencia de la UNAM y de varias universidades de provincia.

Comenzando por la UNAM, la formación de recursos humanos dedicados a aspectos medioambientales se ha llevado a cabo en distintas facultades e institutos, destacando la Facultad de Ciencias, el Instituto (antes Centro) de Ecología, el Programa Universitario de Medio Ambiente (PUMA), por mencionar algunos. El posgrado en Ecología del Instituto continúa siendo un foco de interés de estudiantes de diferentes estados de la república y de otros países de Latinoamérica. Por otro lado, la reciente creación del campus Morelia, dedicado fundamentalmente a aspectos de ecología aplicada, representa un avance hacia la descentralización de la educación y al fortalecimiento de las instituciones locales dedicadas al manejo de los recursos.

Algunas instituciones académicas de provincia dedicadas a aspectos ambientales también ha mostrado signos de fortalecimiento. Una experiencia muy importante es la del Colegio de la Frontera Sur, en Chiapas. El posgrado de Ecología a nivel maestría, fue creado en 1993 y ha puesto especial énfasis en el manejo de los recursos de la zona, con la aplicación de sistemas productivos adecuados a la diversidad tanto biológica como cultural de la región. En este año se inició el programa de doctorado. Una experiencia similar es la del Instituto de Ecología, A. C., en Jalapa, Veracruz. El posgrado en Ecología y Manejo de Recursos se inició en 1994, y en 1997 se abrió la Maestría y Doctorado en Biosistemática y Maestría en Manejo de Fauna Silvestre. A la fecha han ingresado en total alrededor de 100 alumnos.

Instituciones como el Instituto de Ecología de Jalapa, el Ecosur en San Cristóbal de las Casas, el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste en la Paz y otras instituciones similares se han consolidado durante la década de los noventas, en algunos casos después de un proceso de más de veinte años. Constituyen un factor esencial para la formación de recursos humanos y la realización de investigación científica en la provincia de México. La labor de descentralización es un aspecto clave para establecer la transición hacia el desarrollo sustentable.

Las ONGs, la expresión de una sociedad civil más participativa

Como se menciona en el texto, en nuestro país la decana de las organizaciones no gubernamentales es el Instituto Mexicano de Recursos Naturales Renovables, A. C., creada por don Enrique Beltrán en 1952. Le siguió la creación de Pronatura, A.C. en 1981, con un papel relevante hasta nuestros días en la misión de conservar la diversidad biológica en nuestro país. Durante los años de la década de 1980 las organizaciones no gubernamentales dedicadas a la conservación y al uso sustentable de la biodiversidad de México aumentaron hasta llegar a ser más de 600, tal como aparece en el Directorio Verde publicado por el INE.

Existen organizaciones locales y nacionales, organizaciones dedicadas a la crítica y la demanda ciudadanas, como Greenpeace y el Grupo de los Cien y otras enteramente orientadas a realizar actividades, tales como la difusión (Sierra Madre), la consecución de fondos (Unidos para la Conservación, Fondo Mexicano), la realización o apoyo a acciones de campesinos y conservacionistas (Fondo Mundial para la Vida Silvestre, Pronatura, Naturalia, Conservación Internacional), los análisis y estudios científicos y legales (Serbo, Centro Mexicano de Derecho Ambiental), y cientos de otras de carácter más local.

La década de los noventas ha sido testigo de un proceso de maduración en el cual los diferentes actores están aprendiendo a trabajar juntos. En general, unos y otros se conocen, mantienen una buena comunicación y, sin perder su carácter propio definitorio, realizan un trabajo en conjunto. La situación del deterioro ecológico de México es seria, y las carencias en términos del marco legal, la madurez institucional, los recursos humanos capacitados y una consciencia ciudadana informada y participativa son aún enormes. Los avances innegables de la última década no deben ser motivo de complacencia ni ocasión para bajar la guardia. Obras como el libro "En defensa de la tierra del jaguar" nos deben servir de acicate para redoblar esfuerzos tomando como base lo ya pasado y aprendido. Está en juego nada menos que el futuro de nuestros hijos.

 

 

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Última Actualización: 27/08/2007