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Prefacio

Parte del propósito de este libro es hacer el recuento de por qué los mexicanos se dedicaron a la protección de su medio ambiente. Natalie Grieger, del Partido Verde Mexicano, contó una historia, particularmente precisa, sobre esto. En Alemania acostumbraba hacer largos paseos con sus hijos en la nieve, pero rara vez se enfermaban. Pero en la Ciudad de México, donde el clima es siempre benigno, los atacaban frecuentemente enfermedades respiratorias. Grieger se convirtió en ambientalista por cariño a sus hijos, a su ciudad y a su país.

Grieger aún considera a la Ciudad de México como una gran ciudad, pero marcada por el tráfico, el ruido y el smog. Bajo tales condiciones, no es de sorprenderse que muchos de sus residentes busquen soledad y belleza dondequiera que puedan encontrarlas. Miles acuden cada fin de semana al Bosque de Chapultepec o al Parque Nacional Desierto de los Leones y a los bosques de coníferas sobre el Valle de México. Otros se aventuran aún más lejos cada invierno, para maravillarse con los millones de mariposas que cubren los pinos en las tierras altas de Michoacán y el estado de México. Para algunos, por lo menos, el goce de la tranquilidad, la belleza y el aire fresco en sus ambientes naturales puede marcar el inicio de su lucha para proteger el ambiente.

He contado la historia de la conservación en México filtrada a través de mis propias experiencias, particularmente los veranos que pasé siendo un niño emocionado por las magníficas playas, bosques tropicales, praderas alpinas y montañas del Parque Nacional Olympic. Crecí viendo a la naturaleza no como un conglomerado de recursos, sino como una fuente de belleza y vida. Ciertamente, parte del mundo natural debe ser usado para el beneficio económico de la gente, pero creo firmemente que el desarrollo es posible sin el abuso del ambiente que presenciamos actualmente en México y en muchas otras partes del mundo.

Espero que el estudio de la historia del medio ambiente pueda adquirir un enfoque más internacional. En muchos lugares, la gente ha luchado para proteger la naturaleza. Sus historias deben ser relatadas, aunque durante tanto tiempo hayan sido sólo una distinguida minoría.

 

Reconocimientos

Sin el apoyo de Lawrence Badash, David Brokensha, Sarah Cline, Wilbur Jacobs, Carroll Pursell, y mi asesor Roderick Nash, no habría podido estudiar la historia de la conservación en México. Les agradezco a cada uno de ellos por apoyarme para lograr mis poco convencionales intereses.

Junto con Nash, Badash y Cline me dieron muchas sugerencias útiles sobre borradores anteriores de este libro. Su imparcialidad, integridad y amistad fueron profundamente apreciadas. Tuve la fortuna, como estudiante de las Universidades de Oregon y de Nevada-Reno, y como estudiante graduado de la Universidad de California en Davis y Santa Bárbara, de haber tenido tantos magníficos maestros.

Le agradezco a la División de Graduados de la Universidad de California -Santa Bárbara, y al Consorcio de la Universidad de California sobre México y los Estados Unidos (U.C.-Nexus) por financiar este estudio.

Agradezco a todos los bibliotecarios y personal que me ayudaron en esta investigación. Me apoyé ampliamente en los servicios de archivistas, y bibliotecarios referenciales de la Biblioteca Bancroft, los Archivos Nacionales, la Biblioteca Agrícola Nacional, el Archivo General de la Nación, el Centro de Documentación de la SEDUE, la Biblioteca Nacional, la Biblioteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Biblioteca del Instituto Mexicano de Recursos Naturales Renovables. Agradezco especialmente a Walter Brem, Curador Asistente de la Biblioteca Bancroft, por orientarme hacia tantas valiosas fuentes y por su amena conversación.

También agradezco a Enrique Beltrán , Gertrude Duby Blom, Carmen Elizalde Aguilar, Martín Goebel, Arturo Gómez-Pompa, Ronald Nigh, Joe Quiróz y Mario Ramos por platicar conmigo ampliamente sobre la conservación en México. Estoy igualmente agradecido con toda la gente que obtuvo información para mí.

María Lucia Flores Sánchez y su familia me dieron no sólo cuarto y comida en la Ciudad de México, sino que me hicieron sentir en mi casa. Mis tranquilos y afables compañeros de cuarto "Nacho" y Enrique Contreras, fueron una excelente compañía. Enrique me dio una magnifica presentación de su comunidad y de su país al invitarme a los festejos del Día de la Independencia en Pachuca, con su familia. También disfruté mucho de mis salidas con Bob Haas y la Sociedad Audubon de San Miguel Allende.

Algunos de mis mejores recuerdos de México fueron los momentos que pasé con Margarita y María del Rayo Ramírez en Puebla. Su intelecto y espíritu generoso se recuerdan con cariño. Ojalá y ellas puedan visitar por muchos años las montañas que aman.

Mi amigo Bill Stoughton trabajó esmeradamente en las reproducciones fotográficas. Siempre he admirado sus hermosas fotografías y su notable vitalidad.

John Perkins y Angus Wright, que actuaron como revisores internos por la University of Texas Press, me dieron excelentes consejos sobre cómo mejorar el manuscrito. Yo soy el único responsable por cualquier error de hechos o de juicio que quedara.

El personal de la Imprenta de la Universidad de Texas desde el principio se interesó activamente en este trabajo. Les agradezco su permanente confianza en la importancia del tema.

Finalmente, agradezco a mi familia y amigos por su disposición, apoyo y bondad.

 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 27/08/2007