Nuestro ambiente se encuentra gravemente amenazado
en la actualidad por el calentamiento global, el deterioro de
la capa de ozono, la erosión, la acumulación de
desperdicios tóxicos y la contami-nación. Sin embargo,
existe un problema ambiental que, a largo plazo, sobrepasa en
importancia a todos los demás: la pérdida de la
diversidad biológica de nuestro planeta: esa riqueza de
especies, ecosistemas y procesos ecológicos que convierten
a la Tierra en el único lugar del universo donde sabemos
con certeza que existe vida. Esta diversidad biológica
es nuestro principal recurso natural, nuestro capital biológico
en el banco del mundo, un capital cuya pérdida sería
irreversible.
Aun cuando podamos diseñar una tecnología
capaz de combatir otros problemas ambientales, una vez que una
población local o una especie de planta o animal desaparece,
es para siempre y nunca la volveremos a ver.
Independientemente de cómo se interpreten
las cifras sobre extinciones biológicas disponibles actualmente,
el hecho es que los ecosistemas naturales y la biodiversidad que
albergan están siendo destruidos con enorme rapidez y sólo
contamos con un tiempo limitado para actuar y asegurar, al menos
en parte, su supervivencia. También es importante señalar
que aunque los bosques tropicales húmedos han recibido
gran parte de la atención en años recientes, la
mayoría de los principales ecosistemas no tropicales están
también en peligro y, en el caso de países como
México, muchos de ellos requieren atención inmediata.
La protección y conservación de hábitats
es el mecanismo más directo y eficaz, aunque no el único,
de conservación de la diversidad.
Con el objeto de presentar una descripción
de la biodiversidad de México, es importante reconocer
tres niveles de análisis: la cuantía (riqueza) de
especies, la diversidad de los ecosistemas y, desde el punto de
vista botánico, la diversidad de formas de vida. La diversidad
genética, el otro componente crucial de la biodiversidad,
ha sido evaluado muy pobremente y no lo abordaremos en esta revisión.
No obstante es necesario reconocer su importancia.
Con el objeto de situar a México en el
contexto mundial es necesario mencionar el concepto de áreas
críticas amenazadas, término acuñado por
Norman Myers. Estas áreas críticas, unas quince
en total, ocupan aproximadamente 1% de la superficie del planeta
y aunque sólo representan 12% de las zonas tropicales y
subtropicales que aún existen, albergan sin embargo entre
30 y 40% de la riqueza de especies terrestres del planeta. Estas
áreas deben constituir el principal frente de acción.
México está claramente definido como una de las
áreas críticas del planeta.
El sur de México es particularmente importante
en términos de riqueza de especies, ya que es ahí
donde se entrelazan dos de las principales regiones biogeográficas
del planeta, la neártica y la neotropical. En esta gran
zona de contacto, centrada en el Istmo de Tehuantepec, encontramos
una mezcla de elementos faunísticos y florísticos
del norte y el sur de América, así como una fauna
endémica que únicamente se halla en esta zona de
transición. Los estados que en México cuentan con
una mayor diversidad biológica se encuentran en esta región,
siendo Oaxaca el más rico, seguido de cerca por Chiapas,
Veracruz, Guerrero y Michoacán. Asimismo, los estados con
más alto número de endemismos son Baja California
Sur, Baja California y Oaxaca.
Tabla 1
Representación de la biodiversidad mundial
en México,
con base en el número de especies
Número de especies
en México en el mundo porcentajes
Aves 1,041 9,040 11.5
Mamíferos 439 4,300 10.2
Anfibios y reptiles 989 10,817 9.1
Plantas 26,000 250,000 10.4
Fuente: Mittermeier y G. de Mittermeier (1992).
Sin embargo, en el caso de México no sólo
estas áreas de contacto tienen interés para la conservación;
la totalidad de su territorio es importante por su biodiversidad.
De hecho, México está considerado entre los principales
países de megadiversidad.
El concepto de país de megadiversidad
sólo se aplica a un número muy pequeño de
países: aquéllos que contienen un porcentaje extraordinario
de la biodiversidad del planeta. Aunque existen más de
170 países en el mundo, sólo 111 de ellos se encuentran
situados parcial o totalmente en los trópicos; aproximadamente
una docena de estos países cuentan con una gran parte –entre
60 o 70%– de la diversidad biológica del planeta, y de
ellos, México es uno de los más importantes. En
la tabla 1 se puede observar el número total de especies
de algunos grupos de organismos que existen en la Tierra y el
porcentaje de ellas que se presentan en México.
México se encuentra en una categoría
especial junto con Brasil, Colombia e Indonesia, países
que generalmente ocupan los primeros lugares en todas las listas
de diversidad biológica que se han elaborado para los diferentes
taxa. Por ejemplo, ocupa el primer lugar en el mundo en diversidad
de reptiles, el segundo en mamíferos, el cuarto en anfibios
y el cuarto en plantas (tabla 2). En términos generales,
se podría decir que México alberga 10% de la biodiversidad
terrestre del planeta.
Tabla 2
Países con mayor número de especies
de cuatro grupos
representativos de la biota
Países y número de especies
Plantas Brasil Colombia China méxico Australia
55,000 45,000 30,000 26,000 25,000
Anfibios Brasil Colombia Ecuador méxico Indonesia
516 407 358 282 270
Reptiles méxico Australia Indonesia Brasil India
707 597 529 462 433
Mamíferos Indonesia méxico Brasil China Zaire
519 439 421 410 409
Fuente: Mittermeier y G. de Mittermeier (1992).
México no solamente se distingue por su
diversidad de especies sino también por su alto índice
de endemismos, es decir, de especies que solamente se encuentran
dentro de los límites geopolíticos del país.
Así, y como se indica en la tabla 3, de las 707 especies
de reptiles que existen en el país, 393 son endémicas,
es decir, 56% de ellas ocurren sólo en México; de
las 282 especies de anfibios, 179 son endémicas, lo que
representa 62% del total del país; de las 439 especies
de mamíferos, 139 son endémicas, es decir, 32%.
Es importante subrayar que no sólo los
bosques tropicales son responsables de la diversidad biológica
de México. Los bosques de pino-encino son los más
diversos de la tierra, con 55 especies de pinos, 85% de las cuales
son endémicas de México; los encinos son los segundos
más diversos con 138 especies, 70% de las cuales son endémicas.
Los desiertos albergan, entre otras plantas, la mayor variedad
de cactáceas del planeta, muchas de las cuales son endémicas
y se encuentran severa-mente amenazadas. Conviene mencionar que
la gran diversidad de reptiles que se encuentra en el país
se debe en parte a la variedad de desiertos, donde los reptiles
son especialmente abundantes.
De manera similar, los ecosistemas marinos, como
el Golfo de California y los arrecifes coralinos de la costa de
Yucatán y Quintana Roo, contribuyen también a la
gran diversidad biológica de México; 35% de los
mamíferos marinos del mundo, es decir 28 especies, han
sido encontradas en el Golfo de California, una de las zonas más
diversas en ballenas. Estos ecosistemas también albergan
poblaciones importantes de aves marinas, como es el caso de Isla
Rasa en el mismo golfo, que con una superficie de sólo
2 km2, es zona de anidación del 90% de las golondrinas
elegantes y de las gaviotas Heerman del mundo.
Tabla 3
Endemismos de México comparados con los
del mundo
Número de especies endémicas
en México en el mundo porcentaje
Anfibios 179 282 62
Reptiles 393 707 56
Mamíferos 139 439 32
Fuente: Mittermeier y G. de Mittermeier (1992).
En cuanto al número de plantas fanerógamas
en la República Mexicana, existen 220 familias que abarcan
2,410 géneros y cerca de 26,000 especies, lo que sitúa
a nuestro país en el cuarto lugar mundial en diversidad
florística (tabla 2). Esto nos lleva a considerar la importancia
que tiene el asignar las más altas prioridades a la conservación.
Sin duda, conservar las áreas críticas de bosque
tropical húmedo es de vital importancia, pero es urgente
comenzar a prestar más atención a los otros tipos
de ecosistemas, y México, dada su gran diversidad no sólo
de especies sino también de ecosistemas, debe dar prioridad
a este aspecto.
Riqueza de ecosistemas: la diversidad ecológica
Además de la diversidad descrita como
la cuantía de especies, otro componente importante de la
biodiversidad se contempla a nivel de la diversidad o riqueza
de ecosistemas. En cierto sentido, esto sería lo que podríamos
llamar diversidad ecológica. En lo referente a comunidades
naturales, la diversidad biológica de México sobresale
por el hecho de que incluye la mayoría de los ecosistemas
reconocidos en el planeta. En lo que es la antología probablemente
más reconocida y citada al respec-to, Los tipos de vegetación
de México, Miranda y Hernández-X. (1963), reconocen
la existencia de 32 tipos mayores de vegetación para el
país. Esta diversidad de ecosistemas incluye comunidades
que van desde los desiertos, a las comunidades alpinas y las exuberantes
selvas tropicales. Tal diversidad de comunidades naturales en
un mismo territorio se da de manera comparable sólo en
países como la India y Perú (Rzedowski, 1978). Otros
estudios subsecuentes y de síntesis sobre la vegetación
de México resaltan lo indicado en cuanto a su riqueza de
comunidades.
Riqueza de formas de vida
Por lo que hace a las formas de vida o biotipos,
definidos como los tipos morfológicos que dan la apa-
riencia a las plantas (y que por lo general son la expresión
de la respuesta de las plantas a las condiciones del ambiente),
la evaluación de la diversidad de éstas, confirma
la situación privilegiada de la flora de México.
La diversidad de biotipos se ha documentado mejor en el caso de
las comunidades de zonas áridas, donde alcanza niveles
realmente espectaculares. Es notable que para esta comunidad se
distinguen 43 formas de vida. Los siguientes ejemplos, utilizando
nombres tal vez más familiares, son indicativos de tal
diversidad en los desiertos mexicanos: biznagas gigantescas o
de talla pequeña, nopales arborescentes o en miniatura,
sahuaros gigantescos, yucas o izotes ("palmas del desierto"),
una enorme gama de plantas en forma de roseta como los agaves,
plantas carnosas globosas semienterradas como el peyote, las chayas,
los enormes cardones, varas de cuete, plantas en forma de cirio
(Fouquieria), las llamadas orejas de burro (Echeverria),
y numerosos tipos de arbustos y hasta árboles achaparrados
y tortuosos como los pinos piñoneros.
La fama de diversidad de biotipos de zonas áridas
está bien justificada, pero la de otras comunidades, aunque
no tan conocida, también es sorprendente. Éstos
son ejemplos de las selvas: árboles de 50 metros, corpulentas
lianas, cactos epífitos (que viven sobre otras plantas),
orquídeas terrestres y epífitas, palmas gigantescas
con hojas de unos 8 metros de largo, enredaderas herbáceas,
árboles estranguladores hemiepífitos, árboles
epífitos estrictos, palmas que son lianas, y las bromelias
de tanque. Muy pocas regiones del planeta combinan en un solo
país tal diversidad de formas de vida en la flora de la
Tierra (Dirzo, 1994).
Distribución geográfica
y ecológica de la biodiversidad
Aunque no existe la información necesaria
para documentar esto con la precisión que sería
deseable, se puede hacer un ejercicio revelador con base en la
información florística disponible. Es evidente que
el sur-sureste del país es la región de mayor riqueza
florística. En particular, la zona de mayor concentración
de especies se da en Chiapas y Oaxaca, y de ahí parte hacia
el norte a manera de dos franjas que acusan una disminución
gradual de la riqueza florística, una que va hacia el centro
de Veracruz, y otra hacia Sinaloa y Durango (Rzedowski, 1978).
Esta tendencia decreciente en la riqueza a medida que se avanza
hacia el norte, se hace evidente también con la península
de Yucatán, la cual en comparación con Chiapas y
Oaxaca, muestra un notable empobrecimiento florístico.
En términos muy generales se distingue un patrón
de mayor riqueza en las zonas de climas cálido y húmedo
(tendencia tropical) asociados a la parte ubicada hacia el sur
del Trópico de Cáncer, que la asociada a la franja
correspondiente al norte de esa latitud.
Otro patrón notable de la distribución
de la diversidad florística, tiene que ver con la ecología.
En particular, es evidente que la riqueza varía con el
tipo de ecosistema. Esto se puede apreciar agrupando la flora
en cinco grandes conjuntos de ecosistema: matorrales xerófilos
y pastizales, bosque de coníferas y encinos, bosque de
niebla o bosque mesófilo, comunidades tropicales de selva
perennifolia y selva caducifolia (Rzedowski, 1992). En función
de esto, es evidente que los matorrales xerófilos y pastizales,
así como los bosques de encino y coníferas hacen
una contribución proporcional pobre, mientras que los ecosistemas
tropicales, hacen una contribución por arriba de lo esperado.
El caso más notable de riqueza, sin embargo, corresponde
al bosque nuboso de montaña (bosques mesófilos),
el cual, aunque apenas cubre 1% del territorio nacional, contribuye
con un 10% a la flora del país.
En suma, es de resaltar la gran riqueza biológica
de la vegetación tropical. Finalmente, conviene no perder
de vista que en el caso de los ecosistemas de matorrales-pastizales,
así como de los bosques de coníferas y encinos,
aunque con una representación proporcional pobre, en números
absolutos, tienen un contingente florístico envidiable.
Así es notable que los bosques de coníferas albergan
55 especies de pinos, probablemente el número más
alto que el de ninguna otra región del planeta, y sin duda
son estos ecosistemas de México, el centro de origen y
distribución de muchas de las especies de este grupo que
hoy existen en la Tierra.
Como corolario a esta sección, es relevante
revisar la distribución geográfico-ecológica
de los endemismos de la flora. En esencia, el mayor grado de endemismo
a nivel de familias y géneros se da en los ecosistemas
xerófilos. A nivel de especie, sin embargo, los bosques
de coníferas y encino ocupan el primer lugar, seguidos
de los matorrales xerófilos y pastizales y la selva caducifolia.
En total contraste con la diversidad de especies, las selvas perennifolias
ocupan el último lugar con tan sólo un contenido
de 5% de endémicas. Además de la prevalencia de
la vegetación árida en cuanto a endemismos, es de
destacar también la que ocurre en las siguientes comarcas
geográficas: la península de Baja California en
la cual 25% de las especies son endémicas (en parte explicado
por su afinidad árida), algunas islas como Guadalupe (21%
de las especies), las Revillagigedo (26%), la depresión
del Balsas y, a nivel más local, los picos de altas montañas
y zonas con suelos muy selectivos como los suelos yesosos o muy
salinos (Rzedowski, 1978).
Es evidente que esta descripción de la
biodiversidad de México señala a este territorio
como área de prioridad planetaria. Es también importante,
al hablar de prioridades, mencionar la que se centra tanto en
el origen como en la diversidad de especies de importancia agrícola;
esas especies que representan un valor económico inmediato
para todos. Se deben concentrar esfuerzos para conservar la diversidad
de estas especies, así como la de sus parientes silvestres
y de esta manera asegurar el alimento para ésta y las futuras
generaciones. México desempeña un papel clave en
este aspecto de la conservación de la biodiversidad.
Por otra parte, entre las razones principales
de conservar la biodiversidad no sólo deben contar las
económicas y las prácticas, sino también
las culturales, estéticas y espirituales. La riqueza que
ofrece la biodiversidad que nos rodea constituye el verdadero
museo de la naturaleza, su interminable obra de arte, y los ecosistemas
tropicales, como el bosque húmedo y los arrecifes de coral,
son la expresión última de la complejidad y magnificencia
de la vida en el planeta, aunque sólo fuera por esta única
razón, vale la pena tratar de salvarlos.
La protección actual de la diversidad
ecológica
y biológica de México
Teóricamente, un sistema nacional de áreas
protegidas sería un mecanismo ideal y eficaz para proteger
la diversidad del país. Pero este potencial es limitado,
en principio por razones intrínsecas a la propia biodiversidad
del territorio. La investigación reciente sugiere que,
en general, existe un marcado remplazo en las especies (animales
o vegetales) de sitios contiguos (la llamada diversidad beta).
Así, por ejemplo, aunque un sitio tenga un número
de especies similar al de otro contiguo, la similitud específica
entre ambos tiende a ser baja. Esta situación demandaría,
en principio, una gran cantidad de reservas naturales en el país.
Por otra parte, nuestro sistema de áreas protegidas aún
dista de ser balanceado y operativamente óptimo. Sin duda
se requiere incorporar nuevas áreas protegidas, así
como también incorporar al sistema de protección,
áreas utilizadas en mayor o menor grado, incluyendo reservas
campesinas o de otro tipo de propiedad privada, junto con cañadas,
corredores naturales de conexión, así como crear
mosaicos de conservación regional de mayor escala o biorregiones.
Para tal propósito, nuestro actual sistema
nacional de áreas protegidas puede operar como el punto
de partida o columna vertebral a partir del cual podemos aspirar
a generar un sistema de áreas protegidas a la altura de
la gran biodiversidad de México. Esto, a su vez, demanda
la gran tarea de actualizar cuidadosamente el potencial de incorporación
de nuevas áreas, apreciar y evaluar lo que ya, a costa
de un gran esfuerzo, tenemos protegido. Para tal fin hemos recurrido
a la información, a la experiencia y al espíritu
cooperativo de la gran mayoría de expertos del país,
sobre estos temas. Un primer producto de la coordinación
de tal contribución nacional se refleja en el presente
volumen que esperamos sea la columna vertebral requerida y, a
la vez, permita a la sociedad apreciar y valorar nuestro sistema
actual de áreas protegidas.
Algunas propuestas para mejorar
el sistema de áreas protegidas de México
Las áreas de conservación ecológica
y biológica bajo la responsabilidad de la semarnap descritas
en este libro constituyen el núcleo de territorio protegido
más importante de México. A este grupo debemos añadir
el conjunto de áreas protegidas comprendidas en las categorías
de parques nacionales y de áreas de protección de
los recursos naturales (p.e. zonas protectoras forestales); así
como las que se encuentran bajo algún tipo de protección
legal por los gobiernos estatales y municipales además
de las áreas protegidas privadas.
Este conjunto de áreas protegidas es un
logro muy importante para el país, que ha implicado muchos
sacrificios a los mexicanos y del cual debemos estar orgullosos.
Sin embargo, no podemos estar satisfechos. Sabemos que muchas
zonas legalmente protegidas han sufrido transformaciones negativas
que han empobrecido y degradado sus recursos biológicos.
Los recursos humanos y económicos para proteger esta red
nacional son muy escasos e insuficientes. La importante investigación
científica que sobre la biodiversidad de México
se ha venido realizando en los últimos años, nos
muestra la necesidad de proteger nuevas áreas y evaluar
las que actualmente se encuentran bajo protección desde
el punto de vista científico.
El ine, consciente de estos problemas, decidió
patrocinar un estudio para evaluar el estado actual de la conservación
biológica en México, y hacer una consulta nacional
sobre los problemas de la conservación de la naturaleza
en México y sus posibles soluciones. Para lograr este objetivo,
además del análisis de las encuestas aplicadas a
la comunidad de expertos del país y revisión de
la literatura, y nuestra propia experiencia, se llevaron a cabo
cuatro foros de consulta a los que asistieron más de 200
científicos, conservacionistas y funcionarios relacionados
con la conservación de la naturaleza. Las observaciones
que se incluyen son resultado de esta extensa consulta.
Estos foros forman parte de un estudio amplio
que realiza la semarnap sobre las áreas protegidas de México
y que involucra una revisión detallada de la historia de
todas las áreas protegidas del país: su estado actual,
sus problemas y su status legal (Gómez-Pompa et
al., 1994). Para realizar esta revisión, previamente
se consultaron personalmente, por medio de dos reuniones nacionales
y a través de entrevistas y encuestas, a cientos de especialistas
mexicanos en la biota de México.
Este gran esfuerzo de la sociedad civil mexicana
para identificar las acciones necesarias para fortalecer y enriquecer
las medidas de protección del patrimonio biótico
de México ha sido un esfuerzo sin precedentes.
La consulta se llevó a cabo en talleres
estructurados para lograr la participación de todos los
asistentes y captar sus preocupaciones y sugerencias. Los dos
resultados más importantes fueron las recomendaciones para
mejorar la conservación de la biodiversidad y la identificación
de áreas nuevas que requieren protegerse.
Dada la importancia de las recomendaciones, las
notables coincidencias de todos los foros y los importantes consensos
logrados, nos permitimos incluir a continuación las principales
recomendaciones de los foros en orden de prioridad.
Recomendaciones de prioridad
1. Debiera ser una institución única
del Gobierno federal la que se encargue del establecimiento, la
normatividad, la vigilancia, el financiamiento y el monitoreo
de todas las áreas protegidas decretadas del país.
Esta institución deberá apoyarse en los centros
de investigación científica y técnica en
conservación biológica, así como en los centros
de educación superior con interés y capacidad para
responsabilizarse del estudio, manejo y monitoreo científico
de las áreas.
2. Los recursos económicos para la protección
de la biodiversidad deben aumentar consi-derablemente para lograr
una efectiva protección del patrimonio biótico de
México.
3. La protección de la diversidad ecológica
y biológica de México no puede ser exclusiva de
las áreas protegidas. Es necesario que en todos los planes
de ordenamiento ecológico del territorio se incluya esta
protección como una norma común.
4. Se recomienda hacer un estudio a nivel nacional
para identificar regiones geográficas amplias de interés
biológico y/o ecológico (biorregiones) que podrían
integrarse en grandes unidades de manejo conservacionista a través
de planes regionales de ordenamiento ecológico. Estas biorregiones
incluirán una o varias áreas protegidas rodeadas
por grandes zonas de influencia que serían manejadas con
criterios ecológicos conservacionistas y con la consulta
y participación de los habitantes locales y los usuarios
de la tierra y sus recursos. Por ejemplo, es evidente que de nada
sirve tener una laguna costera como área protegida, si
no se protege la cuenca que la alimenta y se consideran las alternativas
para las actividades humanas que las afectan.
5. Una parte importante de la biodiversidad de
nuestro país está en las áreas manejadas
por campesinos o grupos indígenas que siguen sistemas tradicionales.
Esto es de especial importancia económica. Dado el hecho
de que México es uno de los centros de origen y domesticación
de muchas especies importantes, se debe integrar un grupo que
estudie este tema y proponga las mejores medidas para asegurar
que las prácticas continúen y con ello asegurar
la sobrevivencia de sus parientes silvestres. Lo mismo se debe
hacer para las razas nativas de plantas cultivadas. El esquema
informal de las llamadas "reservas campesinas" podría
utilizarse para dar el apoyo necesario a este tipo de conservación.
6. El conocimiento de la flora, la fauna y los
microorganismos de México es aún muy deficiente.
Es indispensable fomentar el estudio de esta riqueza biótica
nacional. En especial se recomienda iniciar un programa urgente
para llevar a cabo una evaluación completa de la diversidad
biológica que tenemos en las principales áreas protegidas
del país. Este esfuerzo debe involucrar a los habitantes
locales, los centros de investigación biológica
y la conabio. No podemos hacer una buena planeación de
las necesidades adicionales de conservación biológica
si no sabemos qué es lo que tenemos ya protegido.
7. La historia nos dice que la gran mayoría
de las áreas protegidas se han decretado sin la participación
y opiniones de las comunidades afectadas por los decretos. Es
necesario que en el futuro esta práctica se abandone y
se busque la colaboración y el entendimiento de los habitantes
de las zonas afectadas o influidas por las reservas. Sería
de gran valor hacer una consulta para todas las áreas actuales
que se consideren prioritarias y que tengan que redefinir su status o sus límites.
8. Es necesario simplificar la clasificación
y nomenclatura de los tipos de áreas protegidas y quedarse
sólo con los tipos que mejor cumplan su función.
9. La conservación biológica y
ecológica no debe ser sólo por decreto; debe buscarse
y estimularse la participación de pequeños propietarios,
grupos privados e individuos que puedan participar en este esfuerzo
nacional.
10. El conjunto de áreas protegidas de
México no protege la diversidad biológica y ecológica
del país. Es necesario fomentar la creación de nuevas
áreas protegidas en zonas críticas.
11. Las áreas formalmente protegidas mejor
manejadas son las que están bajo el cuidado de centros
de investigación y/o de educación superior. Debe
promoverse este tipo de arreglo con todas las áreas prioritarias.
12. Una de las mejores formas de asegurar la
conservación de los recursos naturales es a través
de una planeación del uso de la tierra y de sus recursos
en la que la dimensión conservacionista sea uno de los
ejes principales de la planeación. Para asegurar que esto
se cumpla, se recomienda que en las explotaciones forestales se
deje al menos un 10% de la superficie por aprovechar como un área
protegida. Esto sería el núcleo de una reserva forestal
particular. A aquellos empresarios o pequeños propietarios
que lo hagan se les podría dar a cambio estímulos
fiscales.
13. La gran mayoría de las áreas
protegidas no son terrenos propiedad de la nación. Los
decretos expropiatorios nunca se ejecutaron. Es necesario encontrar
formas para que, al menos, las áreas núcleo críticas
de cada reserva pasen a ser propiedad de la nación, en
las que se compre y pague justamente a los dueños de la
tierra y los recursos.
14. Es necesario que para todos los aprovechamientos
de recursos naturales silvestres (bosques, selvas, pesquerías,
etcétera) se incluyan normas que aseguren un aprovechamiento
conservacionista.
15. Se recomienda hacer una evaluación
de los terrenos nacionales adyacentes a áreas protegidas
que puedan integrarse a las mismas. Esto sería complementario
al diseño de zonas de conservación integrada, o
biorregiones, que incluyan áreas conservadas interconectadas
y terrenos adyacentes bajo diferentes tipos de manejo ecológicamente
compatibles.
16. Se debe dar toda clase de estímulos
para la creación de áreas privadas de todo tipo,
en especial aquellas propuestas por grupos campesinos o indígenas.
17. Se recomienda realizar un estudio profundo
sobre la biota endémica de México. Estos recursos
son únicos del país y por tanto tenemos una gran
responsabilidad por su cuidado.
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