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Diversidad ecológica y biológica de México

Nuestro ambiente se encuentra gravemente amenazado en la actualidad por el calentamiento global, el deterioro de la capa de ozono, la erosión, la acumulación de desperdicios tóxicos y la contami-nación. Sin embargo, existe un problema ambiental que, a largo plazo, sobrepasa en importancia a todos los demás: la pérdida de la diversidad biológica de nuestro planeta: esa riqueza de especies, ecosistemas y procesos ecológicos que convierten a la Tierra en el único lugar del universo donde sabemos con certeza que existe vida. Esta diversidad biológica es nuestro principal recurso natural, nuestro capital biológico en el banco del mundo, un capital cuya pérdida sería irreversible.

Aun cuando podamos diseñar una tecnología capaz de combatir otros problemas ambientales, una vez que una población local o una especie de planta o animal desaparece, es para siempre y nunca la volveremos a ver.

Independientemente de cómo se interpreten las cifras sobre extinciones biológicas disponibles actualmente, el hecho es que los ecosistemas naturales y la biodiversidad que albergan están siendo destruidos con enorme rapidez y sólo contamos con un tiempo limitado para actuar y asegurar, al menos en parte, su supervivencia. También es importante señalar que aunque los bosques tropicales húmedos han recibido gran parte de la atención en años recientes, la mayoría de los principales ecosistemas no tropicales están también en peligro y, en el caso de países como México, muchos de ellos requieren atención inmediata. La protección y conservación de hábitats es el mecanismo más directo y eficaz, aunque no el único, de conservación de la diversidad.

Con el objeto de presentar una descripción de la biodiversidad de México, es importante reconocer tres niveles de análisis: la cuantía (riqueza) de especies, la diversidad de los ecosistemas y, desde el punto de vista botánico, la diversidad de formas de vida. La diversidad genética, el otro componente crucial de la biodiversidad, ha sido evaluado muy pobremente y no lo abordaremos en esta revisión. No obstante es necesario reconocer su importancia.

Con el objeto de situar a México en el contexto mundial es necesario mencionar el concepto de áreas críticas amenazadas, término acuñado por Norman Myers. Estas áreas críticas, unas quince en total, ocupan aproximadamente 1% de la superficie del planeta y aunque sólo representan 12% de las zonas tropicales y subtropicales que aún existen, albergan sin embargo entre 30 y 40% de la riqueza de especies terrestres del planeta. Estas áreas deben constituir el principal frente de acción. México está claramente definido como una de las áreas críticas del planeta.

El sur de México es particularmente importante en términos de riqueza de especies, ya que es ahí donde se entrelazan dos de las principales regiones biogeográficas del planeta, la neártica y la neotropical. En esta gran zona de contacto, centrada en el Istmo de Tehuantepec, encontramos una mezcla de elementos faunísticos y florísticos del norte y el sur de América, así como una fauna endémica que únicamente se halla en esta zona de transición. Los estados que en México cuentan con una mayor diversidad biológica se encuentran en esta región, siendo Oaxaca el más rico, seguido de cerca por Chiapas, Veracruz, Guerrero y Michoacán. Asimismo, los estados con más alto número de endemismos son Baja California Sur, Baja California y Oaxaca.

 

Tabla 1

Representación de la biodiversidad mundial en México,

con base en el número de especies

Número de especies

en México en el mundo porcentajes

Aves 1,041 9,040 11.5

Mamíferos 439 4,300 10.2

Anfibios y reptiles 989 10,817 9.1

Plantas 26,000 250,000 10.4

Fuente: Mittermeier y G. de Mittermeier (1992).

 

Sin embargo, en el caso de México no sólo estas áreas de contacto tienen interés para la conservación; la totalidad de su territorio es importante por su biodiversidad. De hecho, México está considerado entre los principales países de megadiversidad.

El concepto de país de megadiversidad sólo se aplica a un número muy pequeño de países: aquéllos que contienen un porcentaje extraordinario de la biodiversidad del planeta. Aunque existen más de 170 países en el mundo, sólo 111 de ellos se encuentran situados parcial o totalmente en los trópicos; aproximadamente una docena de estos países cuentan con una gran parte –entre 60 o 70%– de la diversidad biológica del planeta, y de ellos, México es uno de los más importantes. En la tabla 1 se puede observar el número total de especies de algunos grupos de organismos que existen en la Tierra y el porcentaje de ellas que se presentan en México.

México se encuentra en una categoría especial junto con Brasil, Colombia e Indonesia, países que generalmente ocupan los primeros lugares en todas las listas de diversidad biológica que se han elaborado para los diferentes taxa. Por ejemplo, ocupa el primer lugar en el mundo en diversidad de reptiles, el segundo en mamíferos, el cuarto en anfibios y el cuarto en plantas (tabla 2). En términos generales, se podría decir que México alberga 10% de la biodiversidad terrestre del planeta.

 

Tabla 2

Países con mayor número de especies de cuatro grupos

representativos de la biota

Países y número de especies

Plantas Brasil Colombia China méxico Australia

55,000 45,000 30,000 26,000 25,000

Anfibios Brasil Colombia Ecuador méxico Indonesia

516 407 358 282 270

Reptiles méxico Australia Indonesia Brasil India

707 597 529 462 433

Mamíferos Indonesia méxico Brasil China Zaire

519 439 421 410 409

Fuente: Mittermeier y G. de Mittermeier (1992).

 

México no solamente se distingue por su diversidad de especies sino también por su alto índice de endemismos, es decir, de especies que solamente se encuentran dentro de los límites geopolíticos del país. Así, y como se indica en la tabla 3, de las 707 especies de reptiles que existen en el país, 393 son endémicas, es decir, 56% de ellas ocurren sólo en México; de las 282 especies de anfibios, 179 son endémicas, lo que representa 62% del total del país; de las 439 especies de mamíferos, 139 son endémicas, es decir, 32%.

Es importante subrayar que no sólo los bosques tropicales son responsables de la diversidad biológica de México. Los bosques de pino-encino son los más diversos de la tierra, con 55 especies de pinos, 85% de las cuales son endémicas de México; los encinos son los segundos más diversos con 138 especies, 70% de las cuales son endémicas. Los desiertos albergan, entre otras plantas, la mayor variedad de cactáceas del planeta, muchas de las cuales son endémicas y se encuentran severa-mente amenazadas. Conviene mencionar que la gran diversidad de reptiles que se encuentra en el país se debe en parte a la variedad de desiertos, donde los reptiles son especialmente abundantes.

De manera similar, los ecosistemas marinos, como el Golfo de California y los arrecifes coralinos de la costa de Yucatán y Quintana Roo, contribuyen también a la gran diversidad biológica de México; 35% de los mamíferos marinos del mundo, es decir 28 especies, han sido encontradas en el Golfo de California, una de las zonas más diversas en ballenas. Estos ecosistemas también albergan poblaciones importantes de aves marinas, como es el caso de Isla Rasa en el mismo golfo, que con una superficie de sólo 2 km2, es zona de anidación del 90% de las golondrinas elegantes y de las gaviotas Heerman del mundo.

 

 

Tabla 3

Endemismos de México comparados con los del mundo

Número de especies endémicas

en México en el mundo porcentaje

Anfibios 179 282 62

Reptiles 393 707 56

Mamíferos 139 439 32

Fuente: Mittermeier y G. de Mittermeier (1992).

 

En cuanto al número de plantas fanerógamas en la República Mexicana, existen 220 familias que abarcan 2,410 géneros y cerca de 26,000 especies, lo que sitúa a nuestro país en el cuarto lugar mundial en diversidad florística (tabla 2). Esto nos lleva a considerar la importancia que tiene el asignar las más altas prioridades a la conservación. Sin duda, conservar las áreas críticas de bosque tropical húmedo es de vital importancia, pero es urgente comenzar a prestar más atención a los otros tipos de ecosistemas, y México, dada su gran diversidad no sólo de especies sino también de ecosistemas, debe dar prioridad a este aspecto.

 

Riqueza de ecosistemas: la diversidad ecológica

Además de la diversidad descrita como la cuantía de especies, otro componente importante de la biodiversidad se contempla a nivel de la diversidad o riqueza de ecosistemas. En cierto sentido, esto sería lo que podríamos llamar diversidad ecológica. En lo referente a comunidades naturales, la diversidad biológica de México sobresale por el hecho de que incluye la mayoría de los ecosistemas reconocidos en el planeta. En lo que es la antología probablemente más reconocida y citada al respec-to, Los tipos de vegetación de México, Miranda y Hernández-X. (1963), reconocen la existencia de 32 tipos mayores de vegetación para el país. Esta diversidad de ecosistemas incluye comunidades que van desde los desiertos, a las comunidades alpinas y las exuberantes selvas tropicales. Tal diversidad de comunidades naturales en un mismo territorio se da de manera comparable sólo en países como la India y Perú (Rzedowski, 1978). Otros estudios subsecuentes y de síntesis sobre la vegetación de México resaltan lo indicado en cuanto a su riqueza de comunidades.

 

Riqueza de formas de vida

Por lo que hace a las formas de vida o biotipos, definidos como los tipos morfológicos que dan la apa-
riencia a las plantas (y que por lo general son la expresión de la respuesta de las plantas a las condiciones del ambiente), la evaluación de la diversidad de éstas, confirma la situación privilegiada de la flora de México. La diversidad de biotipos se ha documentado mejor en el caso de las comunidades de zonas áridas, donde alcanza niveles realmente espectaculares. Es notable que para esta comunidad se distinguen 43 formas de vida. Los siguientes ejemplos, utilizando nombres tal vez más familiares, son indicativos de tal diversidad en los desiertos mexicanos: biznagas gigantescas o de talla pequeña, nopales arborescentes o en miniatura, sahuaros gigantescos, yucas o izotes ("palmas del desierto"), una enorme gama de plantas en forma de roseta como los agaves, plantas carnosas globosas semienterradas como el peyote, las chayas, los enormes cardones, varas de cuete, plantas en forma de cirio (Fouquieria), las llamadas orejas de burro (Echeverria), y numerosos tipos de arbustos y hasta árboles achaparrados y tortuosos como los pinos piñoneros.

La fama de diversidad de biotipos de zonas áridas está bien justificada, pero la de otras comunidades, aunque no tan conocida, también es sorprendente. Éstos son ejemplos de las selvas: árboles de 50 metros, corpulentas lianas, cactos epífitos (que viven sobre otras plantas), orquídeas terrestres y epífitas, palmas gigantescas con hojas de unos 8 metros de largo, enredaderas herbáceas, árboles estranguladores hemiepífitos, árboles epífitos estrictos, palmas que son lianas, y las bromelias de tanque. Muy pocas regiones del planeta combinan en un solo país tal diversidad de formas de vida en la flora de la Tierra (Dirzo, 1994).

 

Distribución geográfica

y ecológica de la biodiversidad

Aunque no existe la información necesaria para documentar esto con la precisión que sería deseable, se puede hacer un ejercicio revelador con base en la información florística disponible. Es evidente que el sur-sureste del país es la región de mayor riqueza florística. En particular, la zona de mayor concentración de especies se da en Chiapas y Oaxaca, y de ahí parte hacia el norte a manera de dos franjas que acusan una disminución gradual de la riqueza florística, una que va hacia el centro de Veracruz, y otra hacia Sinaloa y Durango (Rzedowski, 1978). Esta tendencia decreciente en la riqueza a medida que se avanza hacia el norte, se hace evidente también con la península de Yucatán, la cual en comparación con Chiapas y Oaxaca, muestra un notable empobrecimiento florístico. En términos muy generales se distingue un patrón de mayor riqueza en las zonas de climas cálido y húmedo (tendencia tropical) asociados a la parte ubicada hacia el sur del Trópico de Cáncer, que la asociada a la franja correspondiente al norte de esa latitud.

Otro patrón notable de la distribución de la diversidad florística, tiene que ver con la ecología. En particular, es evidente que la riqueza varía con el tipo de ecosistema. Esto se puede apreciar agrupando la flora en cinco grandes conjuntos de ecosistema: matorrales xerófilos y pastizales, bosque de coníferas y encinos, bosque de niebla o bosque mesófilo, comunidades tropicales de selva perennifolia y selva caducifolia (Rzedowski, 1992). En función de esto, es evidente que los matorrales xerófilos y pastizales, así como los bosques de encino y coníferas hacen una contribución proporcional pobre, mientras que los ecosistemas tropicales, hacen una contribución por arriba de lo esperado. El caso más notable de riqueza, sin embargo, corresponde al bosque nuboso de montaña (bosques mesófilos), el cual, aunque apenas cubre 1% del territorio nacional, contribuye con un 10% a la flora del país.

En suma, es de resaltar la gran riqueza biológica de la vegetación tropical. Finalmente, conviene no perder de vista que en el caso de los ecosistemas de matorrales-pastizales, así como de los bosques de coníferas y encinos, aunque con una representación proporcional pobre, en números absolutos, tienen un contingente florístico envidiable. Así es notable que los bosques de coníferas albergan 55 especies de pinos, probablemente el número más alto que el de ninguna otra región del planeta, y sin duda son estos ecosistemas de México, el centro de origen y distribución de muchas de las especies de este grupo que hoy existen en la Tierra.

Como corolario a esta sección, es relevante revisar la distribución geográfico-ecológica de los endemismos de la flora. En esencia, el mayor grado de endemismo a nivel de familias y géneros se da en los ecosistemas xerófilos. A nivel de especie, sin embargo, los bosques de coníferas y encino ocupan el primer lugar, seguidos de los matorrales xerófilos y pastizales y la selva caducifolia. En total contraste con la diversidad de especies, las selvas perennifolias ocupan el último lugar con tan sólo un contenido de 5% de endémicas. Además de la prevalencia de la vegetación árida en cuanto a endemismos, es de destacar también la que ocurre en las siguientes comarcas geográficas: la península de Baja California en la cual 25% de las especies son endémicas (en parte explicado por su afinidad árida), algunas islas como Guadalupe (21% de las especies), las Revillagigedo (26%), la depresión del Balsas y, a nivel más local, los picos de altas montañas y zonas con suelos muy selectivos como los suelos yesosos o muy salinos (Rzedowski, 1978).

Es evidente que esta descripción de la biodiversidad de México señala a este territorio como área de prioridad planetaria. Es también importante, al hablar de prioridades, mencionar la que se centra tanto en el origen como en la diversidad de especies de importancia agrícola; esas especies que representan un valor económico inmediato para todos. Se deben concentrar esfuerzos para conservar la diversidad de estas especies, así como la de sus parientes silvestres y de esta manera asegurar el alimento para ésta y las futuras generaciones. México desempeña un papel clave en este aspecto de la conservación de la biodiversidad.

Por otra parte, entre las razones principales de conservar la biodiversidad no sólo deben contar las económicas y las prácticas, sino también las culturales, estéticas y espirituales. La riqueza que ofrece la biodiversidad que nos rodea constituye el verdadero museo de la naturaleza, su interminable obra de arte, y los ecosistemas tropicales, como el bosque húmedo y los arrecifes de coral, son la expresión última de la complejidad y magnificencia de la vida en el planeta, aunque sólo fuera por esta única razón, vale la pena tratar de salvarlos.

La protección actual de la diversidad ecológica

y biológica de México

Teóricamente, un sistema nacional de áreas protegidas sería un mecanismo ideal y eficaz para proteger la diversidad del país. Pero este potencial es limitado, en principio por razones intrínsecas a la propia biodiversidad del territorio. La investigación reciente sugiere que, en general, existe un marcado remplazo en las especies (animales o vegetales) de sitios contiguos (la llamada diversidad beta). Así, por ejemplo, aunque un sitio tenga un número de especies similar al de otro contiguo, la similitud específica entre ambos tiende a ser baja. Esta situación demandaría, en principio, una gran cantidad de reservas naturales en el país. Por otra parte, nuestro sistema de áreas protegidas aún dista de ser balanceado y operativamente óptimo. Sin duda se requiere incorporar nuevas áreas protegidas, así como también incorporar al sistema de protección, áreas utilizadas en mayor o menor grado, incluyendo reservas campesinas o de otro tipo de propiedad privada, junto con cañadas, corredores naturales de conexión, así como crear mosaicos de conservación regional de mayor escala o biorregiones.

Para tal propósito, nuestro actual sistema nacional de áreas protegidas puede operar como el punto de partida o columna vertebral a partir del cual podemos aspirar a generar un sistema de áreas protegidas a la altura de la gran biodiversidad de México. Esto, a su vez, demanda la gran tarea de actualizar cuidadosamente el potencial de incorporación de nuevas áreas, apreciar y evaluar lo que ya, a costa de un gran esfuerzo, tenemos protegido. Para tal fin hemos recurrido a la información, a la experiencia y al espíritu cooperativo de la gran mayoría de expertos del país, sobre estos temas. Un primer producto de la coordinación de tal contribución nacional se refleja en el presente volumen que esperamos sea la columna vertebral requerida y, a la vez, permita a la sociedad apreciar y valorar nuestro sistema actual de áreas protegidas.

 

 

Algunas propuestas para mejorar

el sistema de áreas protegidas de México

Las áreas de conservación ecológica y biológica bajo la responsabilidad de la semarnap descritas en este libro constituyen el núcleo de territorio protegido más importante de México. A este grupo debemos añadir el conjunto de áreas protegidas comprendidas en las categorías de parques nacionales y de áreas de protección de los recursos naturales (p.e. zonas protectoras forestales); así como las que se encuentran bajo algún tipo de protección legal por los gobiernos estatales y municipales además de las áreas protegidas privadas.

Este conjunto de áreas protegidas es un logro muy importante para el país, que ha implicado muchos sacrificios a los mexicanos y del cual debemos estar orgullosos. Sin embargo, no podemos estar satisfechos. Sabemos que muchas zonas legalmente protegidas han sufrido transformaciones negativas que han empobrecido y degradado sus recursos biológicos. Los recursos humanos y económicos para proteger esta red nacional son muy escasos e insuficientes. La importante investigación científica que sobre la biodiversidad de México se ha venido realizando en los últimos años, nos muestra la necesidad de proteger nuevas áreas y evaluar las que actualmente se encuentran bajo protección desde el punto de vista científico.

El ine, consciente de estos problemas, decidió patrocinar un estudio para evaluar el estado actual de la conservación biológica en México, y hacer una consulta nacional sobre los problemas de la conservación de la naturaleza en México y sus posibles soluciones. Para lograr este objetivo, además del análisis de las encuestas aplicadas a la comunidad de expertos del país y revisión de la literatura, y nuestra propia experiencia, se llevaron a cabo cuatro foros de consulta a los que asistieron más de 200 científicos, conservacionistas y funcionarios relacionados con la conservación de la naturaleza. Las observaciones que se incluyen son resultado de esta extensa consulta.

Estos foros forman parte de un estudio amplio que realiza la semarnap sobre las áreas protegidas de México y que involucra una revisión detallada de la historia de todas las áreas protegidas del país: su estado actual, sus problemas y su status legal (Gómez-Pompa et al., 1994). Para realizar esta revisión, previamente se consultaron personalmente, por medio de dos reuniones nacionales y a través de entrevistas y encuestas, a cientos de especialistas mexicanos en la biota de México.

Este gran esfuerzo de la sociedad civil mexicana para identificar las acciones necesarias para fortalecer y enriquecer las medidas de protección del patrimonio biótico de México ha sido un esfuerzo sin precedentes.

La consulta se llevó a cabo en talleres estructurados para lograr la participación de todos los asistentes y captar sus preocupaciones y sugerencias. Los dos resultados más importantes fueron las recomendaciones para mejorar la conservación de la biodiversidad y la identificación de áreas nuevas que requieren protegerse.

Dada la importancia de las recomendaciones, las notables coincidencias de todos los foros y los importantes consensos logrados, nos permitimos incluir a continuación las principales recomendaciones de los foros en orden de prioridad.

 

Recomendaciones de prioridad

1. Debiera ser una institución única del Gobierno federal la que se encargue del establecimiento, la normatividad, la vigilancia, el financiamiento y el monitoreo de todas las áreas protegidas decretadas del país. Esta institución deberá apoyarse en los centros de investigación científica y técnica en conservación biológica, así como en los centros de educación superior con interés y capacidad para responsabilizarse del estudio, manejo y monitoreo científico de las áreas.

2. Los recursos económicos para la protección de la biodiversidad deben aumentar consi-derablemente para lograr una efectiva protección del patrimonio biótico de México.

3. La protección de la diversidad ecológica y biológica de México no puede ser exclusiva de las áreas protegidas. Es necesario que en todos los planes de ordenamiento ecológico del territorio se incluya esta protección como una norma común.

4. Se recomienda hacer un estudio a nivel nacional para identificar regiones geográficas amplias de interés biológico y/o ecológico (biorregiones) que podrían integrarse en grandes unidades de manejo conservacionista a través de planes regionales de ordenamiento ecológico. Estas biorregiones incluirán una o varias áreas protegidas rodeadas por grandes zonas de influencia que serían manejadas con criterios ecológicos conservacionistas y con la consulta y participación de los habitantes locales y los usuarios de la tierra y sus recursos. Por ejemplo, es evidente que de nada sirve tener una laguna costera como área protegida, si no se protege la cuenca que la alimenta y se consideran las alternativas para las actividades humanas que las afectan.

5. Una parte importante de la biodiversidad de nuestro país está en las áreas manejadas por campesinos o grupos indígenas que siguen sistemas tradicionales. Esto es de especial importancia económica. Dado el hecho de que México es uno de los centros de origen y domesticación de muchas especies importantes, se debe integrar un grupo que estudie este tema y proponga las mejores medidas para asegurar que las prácticas continúen y con ello asegurar la sobrevivencia de sus parientes silvestres. Lo mismo se debe hacer para las razas nativas de plantas cultivadas. El esquema informal de las llamadas "reservas campesinas" podría utilizarse para dar el apoyo necesario a este tipo de conservación.

6. El conocimiento de la flora, la fauna y los microorganismos de México es aún muy deficiente. Es indispensable fomentar el estudio de esta riqueza biótica nacional. En especial se recomienda iniciar un programa urgente para llevar a cabo una evaluación completa de la diversidad biológica que tenemos en las principales áreas protegidas del país. Este esfuerzo debe involucrar a los habitantes locales, los centros de investigación biológica y la conabio. No podemos hacer una buena planeación de las necesidades adicionales de conservación biológica si no sabemos qué es lo que tenemos ya protegido.

7. La historia nos dice que la gran mayoría de las áreas protegidas se han decretado sin la participación y opiniones de las comunidades afectadas por los decretos. Es necesario que en el futuro esta práctica se abandone y se busque la colaboración y el entendimiento de los habitantes de las zonas afectadas o influidas por las reservas. Sería de gran valor hacer una consulta para todas las áreas actuales que se consideren prioritarias y que tengan que redefinir su status o sus límites.

8. Es necesario simplificar la clasificación y nomenclatura de los tipos de áreas protegidas y quedarse sólo con los tipos que mejor cumplan su función.

9. La conservación biológica y ecológica no debe ser sólo por decreto; debe buscarse y estimularse la participación de pequeños propietarios, grupos privados e individuos que puedan participar en este esfuerzo nacional.

10. El conjunto de áreas protegidas de México no protege la diversidad biológica y ecológica del país. Es necesario fomentar la creación de nuevas áreas protegidas en zonas críticas.

11. Las áreas formalmente protegidas mejor manejadas son las que están bajo el cuidado de centros de investigación y/o de educación superior. Debe promoverse este tipo de arreglo con todas las áreas prioritarias.

12. Una de las mejores formas de asegurar la conservación de los recursos naturales es a través de una planeación del uso de la tierra y de sus recursos en la que la dimensión conservacionista sea uno de los ejes principales de la planeación. Para asegurar que esto se cumpla, se recomienda que en las explotaciones forestales se deje al menos un 10% de la superficie por aprovechar como un área protegida. Esto sería el núcleo de una reserva forestal particular. A aquellos empresarios o pequeños propietarios que lo hagan se les podría dar a cambio estímulos fiscales.

13. La gran mayoría de las áreas protegidas no son terrenos propiedad de la nación. Los decretos expropiatorios nunca se ejecutaron. Es necesario encontrar formas para que, al menos, las áreas núcleo críticas de cada reserva pasen a ser propiedad de la nación, en las que se compre y pague justamente a los dueños de la tierra y los recursos.

14. Es necesario que para todos los aprovechamientos de recursos naturales silvestres (bosques, selvas, pesquerías, etcétera) se incluyan normas que aseguren un aprovechamiento conservacionista.

15. Se recomienda hacer una evaluación de los terrenos nacionales adyacentes a áreas protegidas que puedan integrarse a las mismas. Esto sería complementario al diseño de zonas de conservación integrada, o biorregiones, que incluyan áreas conservadas interconectadas y terrenos adyacentes bajo diferentes tipos de manejo ecológicamente compatibles.

16. Se debe dar toda clase de estímulos para la creación de áreas privadas de todo tipo, en especial aquellas propuestas por grupos campesinos o indígenas.

17. Se recomienda realizar un estudio profundo sobre la biota endémica de México. Estos recursos son únicos del país y por tanto tenemos una gran responsabilidad por su cuidado.

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Última Actualización: 15/11/2007