Estado
Chiapas
Nombre oficial del área protegida
Montes Azules
Categoría
Reserva de la Biosfera
Localización
Al este del estado
Municipios de Ocosingo y Las Margaritas
Superficie
331,200 ha
Ciudades, pueblos y otros asentamientos
humanos principales en la zona de influencia
Aledaños a la reserva se encuentran numerosos asentamientos
humanos entre los que destacan El Limonar, Nueva Palestina, Lacanjá,
Quiringuicharo, Pico de Oro, Chajul, Monte Cristo, Niños Héroes,
Santa Rita, Agua Escondida, La Florida, Monte Líbano, Frontera Corozal,
Boca de Chajul, Galicia, Flor de Café, Rodolfo Figueroa, San Mateo, El
Zapotal, El Guamal, Plan de Guadalupe, Perla de Acapulco, Bonampak, Cintalapa,
Nuevo Jerusalén, Nuevo Progreso, Nuevo Ojo de Agua, Viejo Velazco Suárez,
Nuevo Flor de Cacao, Nuevo Tico, San Jacinto, Nuevo Tumbala, El Paraíso
y Mariscal (ine, 1993).
Vías de comunicación
El acceso a la reserva se puede dar a través de caminos
de terracería o de revestimiento, por aire o por vía fluvial.
Algunas de las vías más usadas son: desde el norte por la carretera
de Palenque a San Javier, y de ahí a Bonampak, en el límite norte
de la reserva. A este sitio se puede llegar por aire, desde varios puntos, ya
que esta zona arqueológica cuenta con pista de aterrizaje para avionetas.
Desde el límite sur, hay acceso a la Estación Chajul, por aire,
hasta la pista de Boca de Chajul, o utilizando la carretera fronteriza de Palenque
a Benemérito de las Américas, de ahí a Pico de Oro, desde
donde se puede navegar hasta Chajul. A este y otros puntos también se
puede llegar por caminos pequeños, veredas o ríos.
En el interior de la reserva sólo es posible transitar
por brechas en mal estado que intercomunican a los diversos poblados interiores,
principalmente Nueva Galilea, Benito Juárez y Lindavista, entre otros,
a los cuales se puede llegar desde San Quintín.
Antecedentes legales
El 12 de enero de 1978 fue decretada reserva integral de la
biosfera. La reserva se estableció en forma simultánea
con la zona de protección forestal de la cuenca alta del río Usumacinta
y de la cuenca del río Tulijah con una extensión de 2’6l2,300
ha, quedando comprendida dentro de la zona de protección forestal. Pertenece
a la red internacional de mab-unesco desde 1979.
Los terrenos de la comunidad lacandona fueron reconocidos y
titulados por decreto el 26 de noviembre de 1971. En 1978 se creó una
coordinación ejecutiva, a cargo de la sarh, para coordinar acciones de
conservación; ésta desaparece unos años más tarde.
En 1986 se formó una comisión intersecretarial, que logró
concertar acciones a nivel federal y con la población campesina, pero
no a nivel estatal y municipal; desapareció en 1988. El mismo año,
el Ejecutivo federal responsabilizó al gobierno del estado y a los chiapanecos
la coordinación del Programa Integral Selva Lacandona. En 1989 se decreta
a nivel estatal un acuerdo que restringe los aprovechamientos forestales y faunísticos
en la reserva. El mismo año fueron emitidos los decretos de dotación
para 26 ejidos de la subregión de Las Cañadas, que afectan terrenos
de la comunidad lacandona y de la reserva. (ine, 1993).
Antecedentes históricos
La Reserva de Montes Azules se encuentra en la parte oeste
de las tierras bajas centrales mayas, la región donde surgió la
civilización maya en el periodo Preclásico medio. Por su terreno
accidentado ha quedado casi desconocida arqueológicamente. La exploración
arqueológica en la Selva Lacandona empezó a finales del siglo
pasado con las investigaciones de Alfred P. Maudslay de 1881-1894 y Teoberto
Maler de 1898-1900, en la cuenca del río Usumacinta, al este de la reserva;
así como con los estudios etnográficos sobre los lacandones hechos
por Alfred M. Tozzer. Las ruinas mayas de Toniná y Palenque, al oeste,
ya se conocían por las descripciones de John. L. Stephens y los dibujos
de su compañero Frederick Catherwood. Mientras tanto, el interior de
la Selva Lacandona se consideraba territorio salvaje, de difícil y peligrosa
penetración.
Los mayas adaptaron ideas y simbolismos de la sociedad olmeca,
la cual ejercía una fuerte influencia por la frontera oeste de la región
maya y por la costa del Pacífico y las tierras altas de Guatemala (Lowe,
1977). La zona de la Selva Lacandona es importante para entender las rutas de
la influencia olmeca del oeste sobre la cultura maya. Se sabe que hubo asentamientos
en el río Tzaconejá y también entradas hacia la región
maya por el Usumacinta en Tabasco (Ochoa, 1985). Comúnmente, en las culturas
más tempranas dejaron restos menos impresionantes, con estructuras pequeñas
o perecederas. Es sumamente importante entender la relación entre los
olmecas y los mayas, su interacción y el grado de influencia directa
que tuvo esa cultura en el desarrollo maya.
En el periodo Clásico, el área maya se dividió
en territorios gobernados por centros primarios y sus ahauob, como los
de Toniná y Palenque en la frontera oeste de la Selva Lacandona, y de
Yaxchilán y Bonampak en la frontera este. Estas regiones se distinguen
por las inscripciones jeroglíficas con sus descripciones de conquista
y dominio de un centro por otro. Esto se respalda con la definición de
"esferas cerámicas", zonas en las cuales los habitantes compartían
artefactos estilísticamente similares. Entre las regiones mencionadas,
al este y al oeste de la Selva Lacandona existen grandes centros ya conocidos
y otros que quedan todavía por descubrirse. Dentro de la reserva de Montes
Azules se pueden mencionar: San Vicente, Blom, Laguna Ocotal Grande, San Juan,
Landeros, Campamento de Arreo, Las Ruinas, Healey, Ruinas San Pedro, La Constancia,
Tzendales, Lacam-Tun (El Peñol), Cuevas e Isla Petén K’in.
Un aspecto de gran interés es la sobrevivencia dentro
de la Selva Lacandona de la cultura maya durante el Postclásico hasta
la primera incursión española en la tercera década del
siglo xvi. Hubo grandes cambios similares a los de la región maya central,
pero por ser zona fronteriza pudo mantener una población de cierto tamaño
después de la decadencia o caída de los grandes centros. La cerámica
funeraria de las cuevas indica una influencia en la cultura general de Los Altos
de Chiapas, lo cual constituye otro punto por investigar en estas regiones (Ekholm,
1992).
Tenencia de la tierra
El ine (1993) señala que las tierras de propiedad ejidal-comunal
comprenden un 17% de la reserva; los terrenos de propiedad indefinida constituyen
el 25% y se trata de predios ocupados desde hace tres o cuatro décadas.
Los terrenos de propiedad nacional ocupan un 57% de la reserva y están
libres de toda ocupación. Se señala que al resolverse la situación
de los predios de propiedad indefinida, los terrenos nacionales se incrementarían
hasta un 83%. El decreto de creación de la reserva incluyó 86%
de los terrenos comunales propiedad de la comunidad lacandona, 13% de terrenos
que desde los años cincuenta mantienen asentamientos humanos rurales,
y 9% de terrenos nacionales.
Población
En la reserva y su zona de influencia existen alrededor de
68 comunidades con un total de 26,220 habitantes. Tan sólo en la reserva
hay 9,822 habitantes según el censo de población de 1990; es decir,
hay alrededor de 3.7 habitantes por cada kilómetro cuadrado, aun considerando
la constante inmigración a la que está sujeta esta zona (inegi,
1990; Vásquez-Sánchez et al., 1992).
La Selva Lacandona se convirtió en una región
receptora de población desde la década de los cincuenta. De 1964
a 1972 se dio un acelerado proceso de colonización que finalizó
en 1986, cuando se establecieron los más recientes poblados en la región.
La población asentada en la reserva y la zona de influencia
pertenece a diferentes grupos étnicos como choles, lacandones y tojolobales,
a quienes se han agregado, a partir de 1960, grupos de migrantes tzeltales y
tzoltziles procedentes de Los Altos y del centro de Chiapas y que se han asentado
en la parte sureste de la selva, además de pobladores de otras entidades
de la República. Estos migrantes han constituido siete nuevos centros
de población ejidal en las cercanías de la reserva (ine, 1993).
Uso del suelo en el área protegida
Alrededor del 20% de la superficie de la reserva se ha abierto
a actividades agropecua-rias, incluyendo los acahuales, y el resto conserva
la cubierta vegetal primaria.
Es importante mencionar que el uso de suelo más interesante
e importante es el que han practicado los lacandones por siglos y que aún
practican algunos de ellos. Consiste en un aprovechamiento integral de la diversidad
de recursos faunísticos y florísticos, tanto en la selva como
en las áreas de milpa. La milpa lacandona ha sido estudiada con gran
detalle por Nations y Nigh (1980) y en ella describen un sistema de manejo de
selvas secundarias y de su fauna silvestre que es considerado como uno de los
más avanzados de México.
Uso del suelo en la zona de influencia
El aprovechamiento de los recursos se ha dado de manera diferenciada
por cada grupo cultural asentado en la zona, pero en general se presenta un
proceso de sustitución de la cubierta vegetal original con fines agrícolas
basado principalmente en el sistema de roza-tumba y quema, para la producción
de maíz, calabaza y chile. También se han abierto áreas
para la producción de café y pastizales para ganadería
extensiva. En la actualidad, el tipo de conversión más extendido
de la selva es el potrero.
Infraestructura
Las únicas instalaciones en operación existentes
son las de la Estación de Biología Tropical Chajul, el albergue
del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Bonampak y una serie
de casetas de vigilancia distribuidas por toda el área, actualmente en
desuso o de uso limitado. La Estación Chajul se ubica en el extremo sur
de la reserva, próxima a la comunidad del mismo nombre. Cuenta con dormitorios,
comedor, bodega, laboratorio, sala de descanso y los servicios básicos
de corriente eléctrica y agua potable. Las instalaciones son ocupadas
por el personal de vigilancia e investigadores y estudiantes que realizan trabajos
en el área. La estación es administrada por Conservación
Internacional México y el Centro de Ecología de la unam es responsable
del programa científico de la estación. Existe otro campamento
en operación parcial a la orilla de la laguna Ocotal.
Descripción del área protegida
En la Reserva de Montes Azules predomina el clima cálido-húmedo
que de acuerdo con García (1988) se caracteriza por presentar una temperatura
media anual superior a los 22_ C y una temperatura del mes más frío
de más de 18_ C, con un régimen de lluvia de verano e influencia
del monzón. La canícula se presenta durante la sequía interestival
que se da en la temporada más húmeda, en la mitad caliente y lluviosa
del año.
Bajo la influencia del monzón, la precipitación
media anual es superior a los 2,500 mm. En el mes más seco la precipitación
es de más de 20 mm y la lluvia invernal representa el 3.4% de la anual.
En la sierra de San Felipe, ubicada en el poniente de la reserva,
el clima es semicálido, y en la porción sureste se encuentra el
clima cálido-subhúmedo con lluvias en verano.
Los vientos dominantes provienen de la zona montañosa
ubicada al norte de la mesa central de Chiapas. En esta sierra se forma una
zona de alta presión, por lo que el viento se dirige hacia las zonas
relativamente más bajas, a la zona de la reserva precisamente.
En la reserva predomina el relieve cárstico, derivado
de roca caliza y de procesos endógenos que provocaron movimientos de
tensión y compresión que plegaron y fracturaron los estratos y
originaron montañas alargadas orientadas con rumbo general noroeste-sureste,
separadas por valles intermontanos (ine, 1993). Además, existe un gradiente
altitudinal que va de los 300 a los 1,500 m. La mayoría de las sierras
son escarpadas y con cañadas de pendientes abruptas.
Existen tres tipos de topoformas: mesetas y valles, planicies
y lomeríos, y relieve de origen aluvial.
Las mesetas y valles de origen calizo datan del Cretácico,
cuyos estratos son generalmente plegados, cubren la mayor parte de la reserva
y corresponden a la zona montañosa. Las planicies y lomeríos son
de baja altitud, de la edad Terciaria.
El relieve aluvial se ubica principalmente en las márgenes
de las corrientes hidrológicas, lo cual ha dado origen a valles y a la
acumulación de suelos, localizados al sureste de la reserva.
La reserva forma parte de la región hidrológica
denominada Grijalva-Usumacinta, la más extensa del país. Pertenece
a la vertiente oriental de este sistema y se divide en cuatro cuencas: Usumacinta,
Salinas, Chixoy y Lacantún.
El río Usumacinta fluye al este del área y sirve
como límite internacional entre México y Guatemala. Es la corriente
más importante del país por la cantidad de agua que transporta.
La totalidad de la reserva se ubica principalmente dentro de la subcuenca Lacantún.
Los cuerpos de agua más importantes de la reserva son las lagunas El
Ocotal, El Suspiro y Ojos Azules. Las lagunas Miramar y Lacanjá, de mayores
dimensiones, se localizan en la porción centro-oeste y noroeste de la
reserva.
Los terrenos de la reserva forman parte de la unidad orogénica
Meseta Central de Chiapas (Tamayo, 1990), compuesta esencialmente de areniscas,
lutitas, margas del Plioceno y materiales ígneos. Durante el Plioceno,
emergió un bloque con estratos horizontales que dio lugar a la mesa que
se extiende desde San Cristóbal hasta Comitán.
La emergencia de las primeras tierras al sur y al este del
área ocurrió durante el Paleoceno debido a los plegamientos del
macizo central chiapaneco y de la cordillera de los Cuchumatanes en Guatemala
(ine, 1993). El macizo central chiapaneco se desarrolló en forma paulatina
desde el Paleoceno hasta el Mioceno. Este proceso provocó los escurrimientos
de la paleocuenca del Lacantún-Usumacinta hacia la vertiente preatlántica.
En el Pleistoceno temprano se formaron los volcanes del macizo
central Huitepec y Tzontehuitz, con lo que quedaron conformadas las cuencas
de los ríos Grijalva, Usumacinta y Lacantún en forma muy similar
a la actual (ine, 1993). Posteriormente, el azolve acarreado de los grandes
ríos terminó de conformar las planicies del Marqués de
Comillas, la Selva Lacandona y la llanura costera de Tabasco.
Los sedimentos marinos son arcilloso-arenoso-calcáreos
y frecuentemente contienen invertebrados marinos fósiles y restos de
vegetación terrestre; en terrenos ubicados al oriente de los ríos
Usumacinta y Salinas se nota la existencia de caliza y dolomita del Cretácico,
caliza del Mioceno y estratos del Plioceno y Pleistoceno antiguo, corres-pondientes
a formaciones geológicas no marinas. Las formaciones geológicas
del Cretácico medio son las que ocupan una mayor extensión y se
componen esencialmente de calizas. En las pendientes y cumbres de las montañas
se observan peñascos de caliza, grietas, agujeros, sumideros, cuevas
y formas llamativas en la superficie debidas a la erosión.
Predominan los suelos de litosol en las áreas montañosas
de la parte occidental de la reserva. Ahí las pendientes son abruptas,
por lo cual no hay acumulación de sedimentos; la susceptibilidad a la
erosión depende de la zona donde se encuentran y varía de moderada
a alta.
En áreas relativamente planas predominan regosoles,
luvisoles y vertisoles de colores negros a grises con alto contenido de materia
orgánica. Finalmente, en las áreas más bajas de terrenos
planos se localizan suelos más profundos, de texturas arcillosas. Estos
suelos, por sus características topográficas, están expuestos
a procesos de lixiviación, lo cual determina que sean ácidos.
En las áreas donde confluyen los ríos, hay suelos aluviales, producto
del arrastre y sedimentación.
Vegetación y flora
De acuerdo con Rzedowski (1983), se han registrado más
de 500 especies de plantas vasculares. El estudio florístico más
reciente sobre la porción mexicana de la selva lacandona, consigna un
total de 3,400 especies de plantas vasculares (Martínez, et al., 1994). De ellas al menos 23 se encuentran bajo el riesgo de amenaza, endémicas
o en peligro de extinción, entre las cuales destaca la Lacandonia schismatica, especie recientemente descrita, cuyo descubrimiento motivó
la creación de una nueva familia botánica. Los tipos de vegetación
presentes en la reserva son:
Selva alta perennifolia. Ésta cubre la
mayoría de la reserva; se distribuye de los l00 a los 900 m s.n.m., en
relieves abruptos con suelos someros y drenaje deficiente. Los árboles
más altos alcanzan los 60 m, con dominancia de las especies: Terminalia
amazonia (canshán), Lonchocarpus sp. (palo de aro), Schizolobium parahybum (guanacaxtle), Swietenia macrophylla (caoba), Cedrela odorata (cedro), Brosimum alicastrum (ramón), Dialium guianense, Manilkara zapota, Guatteria anomala, Vatairea lundelli, Pseudolmedia oxyphyllaria, Quararibea funebris, Bernoullia flammea, Sterculia apetala, Cupania sp., Alchornea latifolia y Cymbopetalum penduliflorum. En el sotobosque dominan las palmas umbrófilas.
Selva mediana perennifolia de canacoite (Bravaisia
integerrima). Crece sobre suelos hidromórficos planos, inundables
por largas temporadas; logra alturas de l5 a 25 m. Se compone de cuatro estratos.
En el superior se encuentran: Platymiscium yucatanum, Vatairea lundellii, Diospyros digyna, Calophyllum brasiliense y Pithecellobium
arboreum. En el estrato arbóreo medio se destacan: Bravaisia integerrima, Pachira aquatica, Scheelea liebmannii, Coccoloba barbadensis, Spondias mombin y Tabebuia rosea. En el estrato bajo dominan: Andira inermis, Cordia sp., Quararibea funebris, Guarea spp., Dendropanax arboreus y Sapindus saponaria. En el sotobosque crecen
las palmas umbrófilas: jahuacté de bajo (Bactris spp.)
y chichón (Astrocaryum mexicanum).
Bosque de pino-encino. Se ubica hacia la porción
noreste de la reserva por arriba de los 850 m s.n.m., en las laderas de los
cerros que rodea la laguna El Ocotal, con Pinus tenuifolia, P. oocarpa y P. pseudostrobus, mezclados con Myrica mexicana y Clusia flava. En las partes bajas con suelos profundos crecen Quercus peduncularis y Q. segoviensis.
Bosque mesófilo de montaña. Próximos
a los pinares se encuentran manchones de bosque mesófilo de montaña,
con menos de 5% de la superficie total. Se componen de Pinus oocarpa, Quercus sp., Zanthoxylum procerum, Saurauia leucocarpa, P. tenuifolia y Astronium graveolens.
Bosque ribereño. Se distribuye en los
cauces de los ríos. Se puede encontrar desde los 0 hasta los 2,000 m
s.n.m., en una topografía plana de suelos profundos y anegables con un
sustrato limoso o lacustre. Puede presentar uno o dos estratos arbóreos
con alturas de 10 a 40 m. Las especies dominantes que marcan las distintas agrupaciones
del bosque son: Ficus glabrata, Salix chilensis, Inga spp., Lonchocarpus guatemalensis, Pithecellobium arboreum, Licania platypus y Bravaisia integerrima (ine, 1993), además de Pachira aquatica, Blepharidium mexicanum, Talauma
mexicana, Schizolobium parahybum, Luehea speciosa, Inga spuria, Castilla elastica,
Hymenea courbaril, Cecropia obtusifolia, Pancratium littorale, Gynerium sagittatum,
Salix humboldtiana y Muntingia calabura (Castillo-Campos y Narave,
1992).
Jimbales. Se localizan hacia el sur de la reserva,
en la vega del río Lacantún, en barrancas y zonas casi planas,
y en los tulares que crecen en la laguna El Suspiro. En ésta destacan
los jimbales, comunidades dominadas por Bambusa longifolia (jimbal).
Las especies asociadas a estas comunidades son: Schizolobium parahybum, Luehea
speciosa, Lonchocarpus guatemalensis, Inga sapindioides, Talauma mexicana, Castilla
elastica, Ceiba pentandra, Pithecellobium arboreum, Bursera simaruba y Spondias
mombin (Castillo-Campos y Narave, 1992).
Sabanas. Se encuentran formando una franja entre
el bosque ribereño y la selva. La altura de los árboles se aproxima
a 7 m. La composición arbórea varía según su proximidad
al bosque o la selva. Hacia el bosque son frecuentes Curatella americana, Byrsonima crassifolia, Ateleia pterocarpa, Crescentia cujete, Acacia pennatula. En su límite con la selva
se encuentran: Cochlospermum vitifolium, Cecropia peltata, Spondias mombin, Ficus cookii, Gliricidia sepium, Luehea candida y Ardisia spicigera.
Hacia la porción centro-oeste de la reserva existen
manchones con vegetación secundaria de la selva alta perennifolia donde
se practica la agricultura nómada, sobre todo de maíz. Esto es
más notable cerca de la laguna de Miramar.
En la parte noroeste de la reserva, se encuentran formaciones
topográficas elevadas donde se mezclan las diferentes comunidades vegetales
como la selva mediana subperennifolia, selva baja caducifolia, pinares, encinares,
sabanas y sibales (Miranda, 1952).
Taxa notables
Ceratozamia matudae(A*), C. mexicana(A*),
Zamia splendens(A), Yucca lacandonica(A), Lacandonia schismatica(R*),
Encyclia kienasti, Chamaedora glaucifolia y Dioon merolae(P*).
Fauna
La gran diversidad de ecosistemas presentes en la reserva dan
albergue a más de 600 especies de vertebrados. Destacan los mamíferos,
con ocho órdenes y 163 especies, entre las cuales se encuentran las tres
de primates registradas para México: Ateles geoffroyi, Alouatta palliata y Alouatta pigra; siete de las
ocho especies de marsupiales, y cinco de los seis felinos registrados en México.
Esta reserva es el área natural protegida con mayor riqueza de especies
de aves en México. Se han registrado más de 300 especies en la
reserva y más de 340 en la zona de influencia (González García,
1993). Diez especies de aves se encuentran en México únicamente
en esta reserva y zonas aledañas. Los peces están representados
por siete órdenes, 21 familias, 37 géneros y 65 especies. De los
anfibios se tienen dos órdenes (Caudata y Salientia) y seis familias.
Los reptiles están representados por 84 especies (Lazcano y Góngora,
1985).
Los invertebrados han sido poco estudiados; se cuenta con alguna
información sobre los lepidópteros, de los cuales se han registrado
450 especies de Papilonoidea y 350 de Hesperioidea (800 especies diurnas)
y un estimado de 15,000 especies nocturnas. Los datos anteriores provienen de
la porción este de Chiapas (ine, 1993).
Taxa amenazados
El senso (Tayassu pecari), el jaguar (Panthera onca)(P),
el ocelote (Leopardus pardalis)(P), el jaguarundi (Herpailurus yagouaroundi)(A),
el puma (Felis concolor) y el puercoespín arborícola (Sphiggurus
mexicanus). La reserva alberga numerosas especies de aves en riesgo, tales
como el pato real (Cairina moschata)(P), el zopilote rey (Sarcoramphus
papa)(P), el águila arpía (Harpia harpyja)(P), el águila
ventriblanca (Spizatur melanoleucus)(A), el águila elegante (Spizaetus
ornatus)(P*), la guacamaya roja (Ara macao)(P), el búho gorfiblanco
(Pulsatrix perspicillata)(P) y los loros de cabeza azul y blanca (Amazona
farinosa y Pionus senilis)(A).
En peligro de extinción. En esta categoría
se encuentran los tres primates registrados en México y los marsupiales:
el tlacuachillo acuático (Chironectes minimus)(P), el tlacuache
lanudo o dorado (Caluromys derbianus)(R) y el oso hormiguero (Tamandua mexicana)(A); el tucán real (Ramphastos sulfuratus)(A),
el tapir (Tapirus bairdii)(P), el Cyclopes didactylus(P), el grisón (Galictis vittata)(A) y el Amazona auropalliata(A).
Bajo protección especial. Dermatemys
mawei, los cocodrilos (Crocodylus acutus y Crocodylus moreletti)(R)
y Amazona autumnalis.
Raros. El hormiguero tirano (Cercomacra tyrannina)(R),
el milano tijereta (Elanoides forficatus)(R), el trogón colioscuro
(Trogon massena)(R) y otras.
Amenazas
Durante la segunda mitad del presente siglo, la inmigración
proveniente de otras regiones de Chiapas, principalmente de Los Altos del norte,
y de otros estados de la República, aceleró la incorporación
de la Selva Lacandona a la producción agropecuaria y forestal, con el
consecuente cambio de uso del suelo y la drástica disminución
de la superficie arbolada. La apertura de la carretera fronteriza y la exploración
y explotación petrolera han acentuado el fenómeno.
Existen más de 200 asentamientos humanos irregulares,
que tienen problemas de tenencia de la tierra.
Coexisten multitud de etnias distintas, ejidatarios, comuneros,
pequeños propietarios y un gran número de organismos gubernamentales
y no gubernamentales que utilizan o influyen en la utilización de los
recursos del área sin contar con un plan in-
tegral conocido y aceptado por todos. La devastación de la selva en los
últimos 35 años ha sido descomunal.
Observaciones
Montes Azules contiene una alta diversidad de ecosistemas y
de especies. Contiene el 28.4% de las especies de mamíferos del país,
el 31.8% de las aves, el 11.7% de los reptiles, el 8.8% de los anfibios y el
14.4% de las especies de peces de agua dulce. Constituye uno de los últimos
reductos de selvas tropicales lluviosas del país y junto con El Petén
guatemalteco y las selvas de Belice, Campeche y Quintana Roo, forma uno de los
macizos de selva húmeda tropical más importantes de Mesoamérica
en términos de diversidad biológica y de regulación climática.
Esto último se debe en parte al hecho de que está dentro de la
cuenca de mayor captación pluvial del país, la cuenca del Usumacinta.
Además de su gran riqueza de especies y ecosistemas,
y de su contribución en la forma de servicios ecológicos, es de
resaltar su potencial como fuente de recursos útiles. Por ejemplo: los
grupos lacandón, zoque, tzotzil, tzeltzal, tojolabal y chol hacen uso
de los recursos vegetales de la reserva y son numerosas las plantas útiles
que conocen. Todo esto recalca el verdadero carácter prioritario de la
protección de la Selva Lacandona, y la Reserva de Montes Azules desempeña
un papel fundamental para tal fin.
Por otra parte, dadas las bellezas naturales de la zona, la
reserva presenta un notable potencial turístico incrementado por la presencia
de restos arqueológicos en su interior y en sus cercanías. Bonampak,
por ejemplo, se encuentra a menos de 10 km al noreste del límite de la
reserva. Dentro de ésta destacan como sitios de atractivo turístico
los cuerpos de agua permanentes conocidos como Laguna Miramar, la más
grande de la reserva, y lagunas El Ocotal, Ojos Azules y El Suspiro. Se sabe
que estos sitios son visitados con fines recreativos, pero no se cuenta con
datos de afluencia. Por lo demás, la reserva tampoco cuenta con la infraestructura
ni los servicios para atender la demanda turística. Las labores de protección
de los recursos naturales requieren, para su ejecución, de infraestructura
que permita la estadía del personal, en especial el de vigilancia.
Sólo recientemente se ha emprendido el deslinde del
campo y el amojonamiento de la reserva. La falta de estas acciones ha sido un
factor que dificulta el control de actividades compatibles e incompatibles con
los fines del área.
La reserva ha sobrevivido sin un programa rector de desarrollo
y protección, ausencia que ha impedido la aplicación de acciones
coherentes y continuas acordes con los objetivos que la crearon. En consecuencia,
con la excepción de la Estación Chajul en los dos últimos
años, el área ha carecido de un cuerpo administrativo y de investigación
dedicado específicamente a dirigirla y generar conocimientos y propuestas
de manejo de los recursos naturales y humanos bajo su jurisdicción.
Ante la multitud de conflictos actuales y potenciales de esta
zona, es necesario hacer una evaluación ecológica y social de
la reserva, con la participación de todos los grupos que tienen intereses
en ella.
Es urgente llevar a cabo un plan estratégico (incluyendo
una ordenación ecológica) para toda la biorregión de la
Selva Lacandona, abarcando la región de Marqués de Comillas, en
donde se considere como parte del plan el futuro de todas las áreas protegidas
decretadas de la región.
Este plan estratégico tendrá como objetivo central
tanto la conservación de la biodiversidad de la zona como el bienestar
de sus habitantes. Sin un plan de esta magnitud que involucre a toda la selva,
el futuro de la Reserva de Montes Azules y las demás reservas es incierto.
Instituciones gubernamentales, científicas
y/o conservacionistas que trabajan en la zona
unam, proaft, semarnap, Centro de Investigaciones del Sureste,
Instituto de Ecología, El Colegio de la Frontera Sur, ecosfera, fundareb,
Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, Instituto de Historia Natural de Chiapas,
ini, inah, ci, tnc y diversas universidades extranjeras.
Estudios y proyectos
Inventarios biológicos (plantas, mamíferos, aves,
insectos, peces, hongos).
Investigaciones arqueológicas y antropológicas.
Ecología y control de agentes transmisores de paludismo.
Estudio de ecología animal y vegetal.
Ecología de la conservación.
Cambios micro y mesoclimáticos.
Estudios etnobiológicos.
Ecología y manejo de recursos naturales.
Algunas personas conocedoras del área
Mario Aliphat, Miguel Álvarez del Toro, Marcelo Aranda,
Gonzalo Castillo, Ismael Calzada, Javier de la Maza, Roberto de la Maza, Rodolfo
Dirzo, Lourdes Arizpe, Ricardo Frías, Gerardo García Gil, Arturo
Gómez-Pompa, Gonzalo Halffter, Marco A. Lazcano, Ignacio March, Esteban
Martínez, Rodrigo Medellín, Miguel Ángel Morón,
James Nations, Clara Hilda Ramos, Mario Ramos, Víctor Toledo, Eduardo
Íñigo, Pedro Vega, Richard Vogh, Jan de Vos y Ronald Nigh.
Bibliografía relevante
Aranda, S. y M. Jaime. 1985. Inventario mastozoológico
de la Reserva de la Biosfera Montes Azules. inireb, México.
Castillo-Campos, G. y H. Narave. 1992. "Contribución
al conocimiento de la vegetación de la Reserva de Montes Azules, Selva
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