Secretaría
de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca
Instituto
Nacional de Ecología
Comisión
Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad
Reserva
Especial de la Biosfera
Sierra
de Santa Marta
Estado
Veracruz
Nombre
oficial del área protegida
Sierra
de Santa Marta
Categoría
Reserva
Especial de la Biosfera
Localización
Al
este del estado, en la zona de los Tuxtlas
Municipios
de Soteapan y Mecayapan
Superficie
20,000
ha
Ciudades,
pueblos y otros asentamientos
humanos
principales del área protegida
Coxcoapan,
Mezcapalan, El Bastonal, Pajapan, Santa Marta
Ciudades,
pueblos y otros asentamientos
humanos
principales en la zona de influencia
Catemaco,
San Andrés Tuxtla, Colonia Huatusco, Sontecomapan, Soteapan,
Cosoloa-caque, Minatitlán, Coatzacoalcos.
Vías
de comunicación
La
principal vía de acceso a la Sierra de Santa Marta es la
carretera que comunica de Catemaco a Coyame. A partir de esta
última población sólo existen caminos de
terracería; el que va hacia Bastonal es el que conduce
a la Sierra de Santa Marta.
Antecedentes
legales
El
28 de abril de 1980 fue decretada zona de protección forestal
y refugio de la fauna silvestre por el presidente José
López Portillo.
A
principios de la administración de Miguel de la Madrid,
el manejo de la reserva pasa a manos de la sedue, donde se le
asigna la categoría de reserva especial de la biosfera.
Antecedentes
históricos
En
la costa del Golfo de Veracruz florecieron culturas tan significativas
como la olmeca, la huasteca y la totonaca. Hace más de
tres milenios los olmecas construyeron centros cívicos
y tallaron las gigantescas cabezas de basalto que representaban
a sus gobernantes.
Estudios
recientes han demostrado que los sitios arqueológicos que
se encuentran asentados en la región de los Tuxtlas durante
el periodo Clásico medio, fueron ocupados por especialistas
artesanos, cuya economía se sustentó en la producción
de cerámica para su intercambio a largas distancias. La
especialización en este territorio incluyó otros
aspectos como la producción de sal, y la transformación
del basalto, la mica y el ámbar líquido.
El
transporte por agua, fue uno de los medios más importantes
para el comercio.
Los
grupos pre y poshispánicos son los popolucas y nahuas.
Los españoles llegaron en 1522 y la gran mezcla entre etnias
locales y mestizos inmigrantes a la localidad ocurrió hacia
el inicio del decenio de los cuarenta. Esta historia de asentamientos
culmina con una dilución del conocimiento prehispánico
de la naturaleza y de su manejo tradicional por los antiguos pobladores.
El habitante actual es, con excepciones, seriamente descono-cedor
de su entorno natural. Por lo tanto, una propuesta de conservación
efectiva debe contemplar el rescate de las tradiciones nativas.
Tenencia
de la tierra
Sólo
hay dos tipos de tenencia, la ejidal (equivalente al 65%) y la
privada (equivalente al 3%) (ine, 1993).
Hay
ejidos dotados no ocupados y ejidos dotados provisionalmente.
Población
La
Sierra de Santa Marta (o Soteapan) es la zona protegida más
extensa de la región de Los Tuxtlas, pero a la vez la más
marginada.
Existen
50,000 habitantes en la zona y 49 núcleos de población
(sedue, 1985). Una proporción importante pertenece a los
grupos étnicos zoque-popolucas y nahuas.
La
zona indígena se encuentra inmersa en una zona más
amplia dominada por la dinámica de las ciudades petroleras
e industriales de Coatzacoalcos y Minatitlán, por lo que
las inversiones directas para el fomento agrícola en los
últimos veinte años han sido prácticamente
nulas. A la vez, la migración a las ciudades ha contribuido
a la pérdida de sistemas tradicionales de cultivo que son
más indicados en zonas tropicales que los promovidos en
los últimos años, en los que se da una adopción
técnica a medias con el uso, muchas veces inapropiado,
de plaguicidas y agroquímicos.
Hay
un desconocimiento por parte de las nuevas generaciones de la
cultura ecológica de los pueblos que ahí se asentaron.
El cambio en el manejo de los recursos y tenencia de la tierra
de comunal a individual ha ocasionado una parcelación desigual,
donde generalmente los jóvenes quedan fuera del reparto.
Se han perdido el uso variado de la vegetación y las normas
religiosas y sociales que regían el aprovechamiento de
los recursos naturales y la tierra misma. Numerosas comunidades
han agotado sus recursos forestales con problemas de abasto de
madera para la construcción, fabricación de muebles
artesanales y leña.
Uso
del suelo en el área protegida
La
población se mantiene principalmente del cultivo del maíz,
basado en el sistema de roza-tumba-quema y en menor escala de
otros cultivos como el frijol y la yuca, además de la caza,
la pesca y la recolección. En las últimas décadas,
sin embargo, los campesinos indígenas y mestizos bajo múltiples
presiones externas fueron cambiando su tradicional modo de trabajar
la tierra y se vieron involucrados cada vez más en la ganadería
y en cultivos comerciales como el café, la papaya y el
chile. Aunque la zona está protegida por un decreto, no
se han tomado las medidas preventivas necesarias sobre la constante
destrucción de las zonas forestales de la reserva, la degradación
de los suelos y el aprovechamiento no sustentable de los recursos
naturales. Las políticas económicas regionales han
acelerado este proceso básicamente mediante el apoyo a
programas de desarrollo ganadero.
Uso
del suelo en la zona de influencia
El
principal uso del suelo en la zona de influencia corresponde a
la conversión de los terrenos en potreros ganaderos. Otras
actividades incluyen el cultivo de maíz fundamentalmente
para subsistencia, la producción de chile (actividad que
se desarrolla erráticamente dependiendo de los precios
del mercado), y la producción de caña de azúcar,
tabaco, cítricos y plátano.
Infraestructura
No
existe una infraestructura desarrollada dentro de esta área
protegida. Algunos apoyos de infraestructura disponibles corresponden
a la oficina de la Universidad Veracruzana ubicada en la ciudad
de Catemaco, algunas instalaciones en Pipiapan y la Estación
Biológica de Los Tuxtlas de la unam en la carretera a Montepío.
Descripción
del área protegida
El
área es de enorme interés ecológico y constituye
el fragmento de ecosistemas tropicales más extenso de la
Sierra de Los Tuxtlas. La Sierra de Santa Marta, de origen volcánico,
constituye una de las tres prominencias volcánicas de la
región de Los Tuxtlas y conforma la extensión más
oriental del Eje Volcánico Transversal. La deforestación
ha afectado grandes extensiones de esta sierra, particularmente
en las partes bajas y planas, y los fragmentos restantes se ubican
en las zonas inaccesibles.
Destaca
por la riqueza de sus ecosistemas tropicales, la riqueza mastofaunística
y la diversidad biológica; es una de las últimas
reservas de germoplasma en las zonas cálido-húmedas
de México además de una de las pocas porciones de
la planicie costera del Golfo destinadas a la conservación,
que abarca un gradiente altitudinal amplio.
Es
una de las últimas regiones selváticas del estado,
hábitat de especies raras y en peligro de extinción,
y zona que genera acuíferos para la región de Coatzacoalcos-Minatitlán.
Los cráteres y la topografía han actuado como una
barrera natural, protegiendo la zona. Una característica
importante de esta reserva es que protege todo el gradiente altitudinal
en el que se presenta una sucesión de tipos de vegetación,
desde las dunas costeras hasta la vegetación tropical.
El
clima predominante de la región es el cálido-húmedo
en las partes bajas o de altura intermedia, aunque a mayor elevación,
pasa a ser semicálido; la precipitación en la zona
es muy abundante, cercana a los 5,000 mm en las partes bajas aunque
pudiera ser mayor en los sitios altos. Del régimen climático
destaca la influencia de ciclones tropicales en verano y de los
nortes, los cuales generan periodos lluviosos y de relativamente
bajas temperaturas, en el periodo comprendido de noviembre a febrero.
En
general en la sierra hay tres zonas térmicas: la muy cálida
con temperatura media anual mayor de 26°C localizada en el extremo
suroeste, la cálida de los 22 a los 26°C que se encuentra
hasta los 300 m s.n.m., y la semicálida de 18 a 26°C, localizada
entre los 700 y 1,700 m s.n.m. En el área protegida se
presentan dos de los subtipos del clima A: Af muy húmedo
con lluvias todo el año en las laderas que ven hacia el
Golfo de México; y Am húmedo con lluvias en verano
en la porción occidental del área.
La
topografía es accidentada destacando elevaciones como el
Volcán San Martín Pajapan (1,180 m s.n.m.), la Sierra
de Santa Marta propiamente dicha (1,700 m s.n.m.) y otras de importancia
secundaria como La Campana, Bastonal, El Jabalí y Tecuanapa.
La sierra está formada por conos volcánicos activos
que datan del Terciario y con dominancia de rocas ígneas
extrusivas.
El
drenaje característico de las zonas volcánicas es
el radial (en la zona protegida), y los cuerpos de agua que destacan
son la Laguna de Sontecomapan y los ríos Soteapan y Huazuntlán.
Los
suelos de la sierra, aunque de origen volcánico en general
son considerablemente variables. Por orden de importancia se presentan
el acrisol órtico, el feozem háplico y el litosol.
La profundidad es variable, encontrándose suelos relativamente
profundos en las partes bajas y de fertilidad relativamente alta.
Está
formada por conos volcánicos que datan del Terciario (Plio-Pleistoceno),
donde dominan las rocas extrusivas básicas (inegi, 1988).
La
mayor parte de selvas y bosques tropicales de la región
de Los Tuxtlas se encuentran en la Sierra de Santa Marta, depositaria
de una importante biodiversidad. Por la amplitud de su gradiente
altitudinal, la sierra posee en una superficie relativamente reducida,
una variada gama de condiciones climáticas y de suelos
que favorecen la diversificación de la flora y la fauna.
Hasta hace 40 años se extendían diferentes tipos
de selvas y bosques desde la costa hasta las cimas de los volcanes,
de manera ininterrumpida, lo que constituía una situación
muy rara. Esta conexión directa costa-selva es de gran
importancia ecológica, aun en su actual forma degradada.
Vegetación
y flora
La
variación altitudinal de la sierra da lugar a formas de
relieve variadas que albergan a diferentes comunidades vegetales
que incluyen: manglares, selva alta perennifolia, selva baja perennifolia,
bosque caducifolio, bosque de liquidámbar, pinar, bosque
de pino-encino y dunas costeras.
Estas
comunidades albergan una gran diversidad florística, que
incluye 1,300 especies registradas de plantas superiores de una
flora vascular estimada en cerca de 3,000 especies. Algunos estudios
recientes indican que 748 especies de plantas tienen un uso local
como medicinales, maderables, comestibles, ornamentales y rituales.
La vegetación predominante originalmente era la selva alta
perennifolia con árboles de hasta 40 m de alto y con especies
tales como Ficus insipida, F. collubrinae, F. obtusifolia,
Nectandra spp. y Dialium guianense. El estrato bajo
de esta selva está típicamente dominado por palmas.
La vegetación secundaria incluye especies características
como Cecropia obtusifolia y Heliocarpus appendiculatus.
Salvo
las especies recientemente descritas (las cuales podrían
resultar endémicas), no se tiene información sobre
taxa endémicos y en lo referente a raros y amenazados,
es posible especular que algunas especies intensamente explotadas
(como algunas cicadáceas o palmas), y otras de densidades
poblacionales bajas, se encuentren en riesgo de desaparición
local.
Fauna
La
fauna silvestre, tan diversa como la flora, está representada
por cerca de 400 especies de aves, es decir el 40% de las especies
conocidas en el país; de ellas más de 100 migran
temporalmente de Norteamérica. Se conocen 102 especies
de mamíferos, 168 de reptiles y anfibios y 89 de peces.
De las 1,149 especies animales registradas en la región,
21 son endémicas y por lo menos 102 están en peligro
de extinción. Entre éstas se encuentran: grisón
(Galictis vittata), jaguar (Panthera onca), yaguarundi
(Herpailurus yagouaroundi), ocelote (Leopardus pardalis),
mono araña (Ateles geoffroyi), mono aullador (Alouatta
palliata), nutria (Lutra longicaudis), armadillo (Dasypus novemcinctus), oso hormiguero (Tamandua mexicana),
mapache (Procyon lotor), lechuza (Tyto alba), cotorra
(Amazona sp.), tucán real (Ramphastos sulfuratus ) y muchas especies más.
Esta
región es sumamente rica en aves; por lo menos 564 especies
de aves han sido registradas en la zona de influencia de la reserva
(Schaldach y Escalante, datos no publicados). En el área
protegida existe una especie y tres subespecies endémicas
de esta región, el colibrí (Campylopterus excellens),
la paloma (Geotrygon lawrencii carrikeri) a veces considerada
como una especie, la tangarita (Chlorospingus ophtalmicus wetmorei)
y el rascador (Atlapetes brunneinucha apertus). Un gran
número de especies están clasificadas en alguna
categoría de riesgo. La zona de influencia de esta reserva
es de suma importancia por la cantidad de individuos y especies
migratorias que la visitan, sea como transitorias o invernantes.
Esto se debe a que en la región confluyen dos rutas migratorias
importantes: la de las aves que siguen la costa del Golfo de México
y la de las aves que sobrevuelan el Golfo (W.J. Schaldach, com.pers.).
La
procedencia de la fauna de la Sierra de Santa Marta es tanto de
la región neártica, como de la neotropical y es
por lo tanto una fauna de transición.
Taxa
notables
El
grisón (Galictis vittata)(A), el jaguar (Panthera
onca)(P), el yaguarundi (Herpailurus yagouaroundi)(P),
el ocelote (Leopardus pardalis)(P), el mono araña
(Ateles geoffroyi)(P), el mono aullador (Alouatta palliata)(P*),
la nutria (Lutra longicaudis)(A), la serpiente mano de
metate (Porthidium olmeca), el oso hormiguero (Cyclopes
didactylus)(P) (ine, 1993), el águila elegante (Spizaetus
ornatus)(P*) y el loro de cabeza amarilla (Amazona
oratrix)(P).
Taxa
amenazados
Entre
ellos se encuentran el loro de cabeza amarilla (Amazona oratrix)(P)
–considerado en peligro de extinción a nivel mundial– (Collar et al., 1992), el águila elegante (Spizaetus ornatus)(P*),
el águila ventriblanca (Spizastur melanoleucus),
la tórtola oscura (Claravis mondetoura), seguramente
una de las especies menos conocidas en México, el águila
tirana (Spizastur tyrannus)(A), el hocofaisán (Crax
rubra)(A), la cotinga (Cotinga amabilis)(A) y otras
especies como Campylopterus excellens(A*) y Geotrygon
lawrencii(A). Aunque Amazona oratrix se considera "muy
poco común" en la región (Schaldach y Escalante,
datos no publicados), su presencia es importante dado que ésta
es una de las aves de Latinoamérica cuyas poblaciones han
disminuido de manera más alarmante en los últimos
años (Collar et al., 1992) y la Sierra de Santa
Marta es una de las pocas áreas naturales protegidas donde
se encuentra.
Tres
especies han sido exterminadas de la región: el zopilote
rey (Sarcoramphus papa)(P), el águila arpía
(Harpia harpyja)(P) y la guacamaya roja (Ara macao)(P).
Amenazas
A
corto plazo:
u
Expansión de modelos productivos no adecuados: ganadería
extensiva y agricultura con bajos rendimientos.
u
Tala desmedida, que conduce a la erosión, la degradación
y la pérdida del suelo y al azolvamiento de cuerpos de
agua.
u
Contaminación de cuerpos de agua por mal uso de agroquímicos.
u
Tráfico ilegal de especies animales y vegetales.
u
Cacería furtiva.
A
mediano plazo:
u
Agotamiento de recursos forestales.
u
Pérdida de la biodiversidad por deforestación.
u
Extracción no planeada e incendios; erosión de suelos
y escasez de agua debido a la disminución en la captación
por infiltración en las cuencas altas y medias ocasionada
por la deforestación.
u
Tala clandestina.
u
Pérdida de la diversidad y adaptabilidad cultural al medio
ambiente por la colonización y expansión de la ganadería.
u
Pérdida de la autosuficiencia alimentaria.
u
Deterioro de las condiciones de vida de la población, empobrecimiento
y pérdida de la cohesión social.
A
largo plazo:
u
Desaparición de plantas y animales de la zona.
u
Incapacidad de recuperación de la vegetación.
u
Marginación social.
u
Generación de terrenos improductivos.
u
Probablemente modificaciones de tipo micro y mesoclimáticas.
De
1980 a la fecha se han perdido aproximadamente 20,000 ha de selva
con tasas de deforestación que en algunos años superan
las 2,000 ha por año. La tasa de deforestación por
la apertura de nuevas tierras a la agricultura no ha sido tan
devastadora como las pérdidas ocasionadas por el establecimiento
de pastizales y los incendios asociados a la ganadería.
Observaciones
Es
evidente que esta importante reserva ha sido totalmente desatendida
a pesar de su importancia biológica y de los servicios
ecológicos que provee y de las amenazas tan marcadas que
afronta en la realidad. Algunas de las acciones urgentes son:
u
Llevar a cabo el programa de deslinde, amojonamiento y zonificación.
u
Asignación de recursos financieros que permitan establecer
un programa sostenido en la reserva.
u
Contratación de personal y desarrollo de infraestructura
básica.
u
Llevar a cabo un programa de inventarios y de evaluación
del estado de conservación de los recursos naturales de
la reserva que sirvan como punto de partida para estudios de seguimientos
subsecuentes de los mismos.
u
Apoyar las recomendaciones generadas por los estudios socioeconómicos
llevados a cabo en la zona que permitan la participación
de los pobladores locales en el uso y conservación de la
reserva.
En
cuanto al clima social, la gran mayoría de la población
muestra desinterés y desconocimiento del tema.
Instituciones
gubernamentales, científicas y/o
conservacionistas
que trabajan en la zona
unam,
uv, Colegio de Postgraduados, Chapingo, sagdr, semarnap, inah,
Estudios
y proyectos
De
investigación básica:
u
Estudios florísticos y faunísticos.
u
Estudios etnobotánicos.
u
Ecología de comunidades vegetales.
u
Ecología y conservación de primates y otros mamíferos.
De
desarrollo:
u
Producción agropecuaria.
u
Gestión y vinculación institucional.
u
Regeneración del terreno.
u
Análisis socioeconómicos, políticos y de
gestión ambiental.
Algunas
personas conocedoras del área
Luisa
Paré, Rafael Lira, Ernesto Rodríguez Luna, Rodolfo
Dirzo, Fernando Ramírez, Héctor Narvae Flores, Mario
Vázquez.
Bibliografía
relevante
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