I. Aspectos a considerar en la reforestación
1 En qué sitios reforestar
Las áreas que se elijan para reforestar deben reunir
características ambientales mínimas que aseguren la viabilidad
del trabajo.
En México es muy común que la reforestación
se intente en terrenos completamente degradados, en general por uso agrícola
y por haber soportado el sobrepastoreo o una explotación forestal sin
manejo adecuado. La mayoría de los terrenos no presentan características
adecuadas para la reforestación con especies leñosas por tener
escaso suelo y una textura inadecuada, además de sufrir agudos procesos
erosivos.
Para rehabilitar se tendrá que echar mano de otros
tipos de estrategias de restauración que permitan, en pasos sucesivos,
recuperar las características mínimas necesarias para que en ellos
se puedan establecer especies leñosas (2, 3, 4).
Las características ambientales mínimas para
intentar la reforestación son:
- Profundidad de suelo de por lo menos 30 cm.
- Textura de suelo que permita una infiltración
adecuada del agua (suelos no compactados y textura adecuada).
- Existencia de un estrato herbáceo que al menos
alcance a cubrir el 80% del terreno.
- Formas de erosión que estén dentro de
lo permisible, o en caso contrario que puedan ser controladas con prácticas
de conservación de suelo.
Por lo general, sin embargo, las áreas con estas características
son utilizadas con fines agropecuarios, y no se disponen para reforestar sino
aquellos terrenos en los que ya no se persigue ningún fin productivo
inmediato porque su degradación es evidente.
Si aun con esta consideración se persiste en la idea
de reforestar en áreas degradadas, debemos entender que para que tenga
un fin aceptable, se deben revertir de forma artificial las características
negativas del terreno (5, 4), lo que implica una inversión económica
fuerte y abundante empleo de mano de obra. Los pasos a seguir en este caso se
desarrollan en el apartado III. 1 (Preparación del terreno para la reforestación).
2 Qué especies utilizar
Podemos aseverar que una inadecuada selección de especies
conduce inevitablemente al fracaso de la reforestación (6). No debemos
anteponer juicios que conduzcan a elegir o desechar anticipadamente a las especies,
sino que esto se debe hacer de acuerdo a los siguientes criterios.
a) Criterios en la selección de especies.
1) Características ambientales del sitio.
2) Uso deseable de la parcela a reforestar.
3) Disponibilidad de propágulos de especies locales.
Seguirlos en este orden de importancia es vital para nuestro
trabajo.
1) Características ambientales del sitio.
Este aspecto permite seleccionar, del total de especies disponibles
en un ambiente determinado sólo a aquellas que tienen posibilidades de
adaptarse por encontrarse dentro de su rango de distribución. Para decidir
cuáles son adecuadas para un tipo particular de características
ambientales, es necesario realizar recorridos en sitios cercanos que presenten
condiciones ambientales similares.
Se puede considerar que existe similaridad ambiental cuando
los sitios presenten las siguientes características:
Altitud parecida o que se encuentren en un rango de variación
que no provoque un cambio en el tipo de vegetación, es decir, si al modificarse
la altitud manteniendo los demás parámetros iguales, se registra
el establecimiento de otro tipo de vegetación, como puede ser el paso
de la selva baja caducifolia al bosque de encino, entonces los sitios no tienen
similaridad ambiental.
Tipo de suelo, en este caso de debe de cuidad que su origen
(roca que formó al suelo) sea el mismo (7); es decir, si el suelo del
predio que se reforestará es derivado de roca caliza, entonces un sitio
con similaridad edáfica (en suelo) es aquel que también es derivado
de calizas. Este aspecto es relevante porque la mayoría de las especies
presentan cierta afinidad por determinados tipos de suelo. Como un ejemplo concreto
se puede mencionar a la Leucaena esculenta conocida en la Montaña de
Guerrero como “guaje colorado”, el cual es más común
encontrarlo en suelos derivados de calizas, sitios donde presenta un mayor desarrollo
y abundancia.
Las características edáficas también
pueden influir en el cambio de tipo de vegetación, ejemplo de este fenómeno
lo encontramos también en la Montaña de Guerrero, en donde sitios
ubicados en la misma altitud presentan diferentes tipos de vegetación.
Así tenemos que los suelos de origen volcánico sostienen selva
baja caducifolia y los de caliche presentan bosque de encino.
La exposición del terreno es también un factor
importante de analizar, pues determina en cierto modo la humedad que conserve
el sitio. Partiendo del hecho que en nuestro país, por su latitud, las
laderas que estén orientadas hacia el sur, reciben mayor cantidad de
irradiación solar que las que están hacia el norte, lo cual determina
que estas últimas sean más húmedas y por lo general presentan
vegetación más exuberante que la de exposición sur que
son más “secas”. A este fenómeno se le conoce como
efecto de ladera y en algunos sitios es muy notoria, al grado que determina
diferencias de composición florística en laderas que se encuentran
una enfrente de otra.
La precipitación pluvial y la temperatura son en
cierta medida las que determinan el tipo de clima del sitio, por lo tanto, es
necesario que las áreas que se consideren similares, en los aspectos
antes mencionados, presentan además patrones de lluvia y temperatura
parecidos.
Se debe tomar muy en cuenta el conocimiento que los pobladores
tienen acerca de la similaridad ambiental de las áreas que se reforestarán,
pues son ellos los que cuentan con la experiencia práctica para diferenciar
entre los tipos de ambientes que se presentan en la zona; de esta manera es
posible que ellos proporcionen la mayor parte de la información que se
requiere.
Además en muchos casos son ellos mismos los que conocen
el tipo de especies que tienen posibilidades de establecerse en los ambientes
particulares, por lo cual es deseable estimularlos para que tengan una participación
activa en la elección de especies y planeación de la reforestación.
Una vez que se tengan ubicados los sitios con similaridad
ambiental, es preciso determinar si la vegetación que sustentan es original
(primaria) y se debe a las condiciones ambientales que imperan en el sitio,
o si por lo contrario ha sido propiciada por el uso y manejo recibido (agricultura,
ganadería, extracción forestal, etcétera), que la convertiría
en vegetación secundaria.
Para la elección de especies se debe dar prefencia
a aquellas que se establecen en los sitios que presentan vegetación secundaria
arbórea y arbustiva, ya que es aquí en donde se encuentran principalmente
las más resistentes, de más rápido crecimiento y que se
adaptan a condiciones ambientales limitantes.
No es recomendable escoger especies de la vegetación
primaria para reforestar sitios muy degradados, porque generalmente, además
de ser de crecimiento lento, requieren de condiciones ambientales estables y
con menores limitaciones (7).
Sin embargo es posible encontrar excepciones, que pueden
ser detectadas cuando se encuentran a las mismas especies tanto en la vegetación
original como en la secundaria. Cuando este es el caso, se puede presuponer
que dicha especie presenta amplia plasticidad genética que le permite
establecerse en medios con condiciones ambientales diversas, y por lo tanto
es recomendable introducirlas a la reforestación, siempre y cuando su
presencia en la vegetación secundaria no obedezca a que fueron toleradas
cuando se desmontó el terreno, sino que es necesario tener la certeza
de que son plantas establecidas posteriormente a la perturbación.
En vegetaciones secundarias es frecuente encontrar arbustos
y árboles de rápido crecimiento y muy apreciados por los pobladores
por proporcionarles beneficios como leña, forrajes e inclusive frutos
para consumo humano. Es importante detectar los rangos de distribución
de estas especies y las condiciones ambientales a que se asocia su distribución.
Algunas presentan una amplia distribución y, por consecuencia, se asocian
a una gran variedad de condiciones ambientales; usualmente a este tipo de especies
se les reconoce como “agresivas”, no obstante, pueden ser elementos
importantes para realizar reforestaciones exitosas.
Es necesario señalar algunos aspectos en cuanto a
estas especies. En primera, hay quien las considera indeseables porque al ser
tan agresivas pueden apoderarse con cierta facilidad de los recursos disponibles
en el medio; sin embargo si son nativas, aunque en apariencia sean una plaga
llega el memento en que declinan esa agresividad y son reemplazadas por otras
especies.
También es importante mencionar los beneficios que
estas plantas traen al medio ambiente durante su permanencia, entre los que
se encuentran: proteger al suelo de la erosión, incorporar materia orgánica
al suelo, formación y retención del suelo, además de beneficios
adicionales como leña, forraje y etcétera.
En ocasiones incluso resulta difícil convencer a
los agricultores de reforestar con estas especies, ya que las consideran “corrientes”,
a pesar de los beneficios que de ellas reciben, porque en muchos casos se tiene
el prejuicio que en la reforestación se deben introducir plantas que
no existan en esos ambientes, o aquellas de las que se pueda obtener un beneficio
económico directo, sin considerar que las condiciones que generalmente
presenta el suelo de los terrenos a reforestar, no permiten introducir las plantas
deseadas. No obstante estas apreciaciones, nos debemos convencer que las especies
de la vegetación secundaria son las idóneas para reforestar sitios
muy deteriorados.
2) Uso deseable de la parcela a reforestar
Muchas veces este es el criterio que impera al elegir las
especies para reforestación y en gran medida uno de los factores que
llevan al fracaso. Por ello es importante no perder de vista el objetivo de
la reforestación que se va a realizar (6). Si es con el único
fin de poner vegetación donde no la hay, para contrarrestar los efectos
nocivos de la deforestación, entonces se pueden emplear todas las especies
que sean ambientalmente adecuadas y que mejoren las características edáficas
del terreno. Pero si el propósito es darle algún uso productivo
particular, como puede ser la obtención de leña, entonces se debe
escoger, de todo el paquete de especies con posibilidades de adaptarse, a aquellas
proporcionen este beneficio en el menor tiempo posible, como los arbustos de
rápido crecimiento en los que pobladores reconozcan su cualidad leñera.
Si, por otra parte, se quiere que la plantación proporcione madera, es
obvio que se deban elegir aquellas que cumplan con este fin y que sean adecuadas
al ambiente.
Cualquiera que sea la finalidad que se persiga, debemos
conocer los requerimientos para cada caso y no forzar una situación inadecuada,
además de tener claro el tiempo que se necesitará esperar para
poder hacer uso de la plantación. De este modo, no se crea una falsa
expectativa en la gente y se puede planear adecuadamente el manejo de la plantación.
3) Disponibilidad de propágulos de especies
locales.
Como especies locales vamos a considerar tanto a las nativas
como a las introducidas que los pobladores han adoptado y que fomentan su establecimiento
por proporcionarles algún beneficio, y como propágulos a todas
las estructuras de la planta de las cuales se puedan obtener plantas independientes,
en este caso tenemos a las semillas, las plántulas y los rebrotes.
Un aspecto que más que un criterio de selección,
algunas veces llega a ser un impedimento para poder introducir a la reforestación
las especies deseadas, es la falta de propágulos suficientes y de buena
calidad que permitan obtener una producción masiva de plantas para reforestar,
que además presenten buenas características como un elevado vigor
y un aspecto saludable.
Entre las principales causas que imposibilitan contar con
una buena cantidad de propágulos tenemos las siguientes:
- Las plantas no tienen una producción anual de semillas
y/o es muy baja.
- La explotación que se hace de ellas es excesiva
y no permite que la planta tenga un crecimiento y una reproducción normales.
- Existe una proporción muy alta de semillas con
plaga o vanas.
Estas causas propician en la mayoría de los casos
que no se cuente ni con un buen número de semillas sanas para producir
plántulas masivamente en el vivero ni con una buena cantidad de plántulas
establecidas en el suelo, con las cuales se puedan ensayar la repoblación
de otros sitios.
La situación puede ser salvada si las especies deseadas
se propagan vegetativamente, es decir, si se puede obtener una planta independiente
a partir de una rama (estaca) de otra.
Esta opción es viable sólo en caso de contar
con los siguientes aspectos:
- Material vegetativo de buena calidad.
- Conocimiento preciso de las partes de la planta que pueden
ser utilizadas con este fin.
- Dominio del manejo de la estaca antes y después
de ser trasplantada.
- Conocer la época más adecuada para realizar
esta práctica. Estos aspectos serán tratados con mayor profundidad
en el apartado II.14 (Propagación vegetativa o clonal).
Por otro lado, contar con un número suficiente de
semillas no garantiza una producción exitosa de plántulas en vivero;
existen características intrínsecas a las semillas que pueden
impedir su germinación adecuada. Por ello es recomendable, antes de iniciar
la propagación de plantas en vivero a partir de semillas, consultar los
apartados II.1 (Dónde producir las plantas) al II.7 (Pruebas de viabilidad
de las semillas):
Del mismo modo, contar con un abundante banco natural de
plántulas no asegura que éstas sobrevivan al ser trasladadas a
otro sitio. Por lo general las plántulas en esta situación sufren
un fuerte estresamiento que ocasiona alta mortalidad. Este aspecto se desarrolla
en los apartados I.3b (Métodos que no requieren de vivero) y II.10b (Trasplante
a envases de crecimiento).
b) Estudios previos a la selección de
especies.
Una metodología que facilita la selección adecuada
de especies es la realización de estudios que nos ayuden a conocer los
aspectos biológicos más relevantes de aquellas que se tiene la
intención de introducir a la reforestación. Se recomienda particularmente
los estudios de fenología, germinación y crecimiento.
1. Fenología
Es el estudio de los procesos del ciclo de vida de las plantas
con relación aun calendario anual. Entendamos como procesos del ciclo
de vida a todos los que realizan las plantas, como son, en la fase vegetativa,
la salida de hojas, su maduración, envejecimiento y caída; la
etapa de asimilación y crecimiento, y la fase reproductiva que comprende
dos procesos, la floración y la fructificación.
Con este estudio se podrá detectar, en primera instancia
cómo es la producción de hojas, flores y frutos de las especies
a lo largo del año, con lo cual se puede discernir las épocas
de asimilación y descanso vegetativo de las especies. Épocas de
producción de frutos y semillas. Con estos datos se puede planear el
mejor momento para obtener estacas para la reproducción vegetativa, o
las épocas más adecuadas para la colecta de frutos y semillas.
Asimismo, en el caso de que se quiera hacer un manejo productivo de estas, el
estudio permite conocer las épocas más adecuadas para la obtención
de forraje, leña o frutos. En el Estudio de caso se da un ejemplo de
cómo un análisis fenológico puede ser empleado con este
fin.
Cuando no se cuenta con el tiempo necesario para realizar
estos estudios, se debe intentar cubrir la deficiencia con ayuda de los pobladores,
para reunir la siguiente información por especie:
- Época de salida, maduración, envejecimiento
y caída de hojas.
- Época en que la especie pierde por completo las
hojas (deciduas), o si permanece con ellas durante todo el año (perinnifolias).
- Periodos de floración, en donde se registre aproximadamente
su duración.
- Épocas de producción de frutos, poniendo
especial atención en el momento en que se presente la mayor cantidad
de frutos maduros.
- Tipo de dispersión de los frutos.
- Cuántos periodos reproductivos presenta al año.
Saber si las especies son deciduas o perennifolias es muy
importante, pues indica su estrategia para responder a las limitantes del medio.
Generalmente es aceptado que la deciduidad (pérdida
de hojas), se da como una respuesta para tolerar la época más
desfavorable (sequía o frío) (8). En latitudes tropicales es común
encontrar este comportamiento en las especies que se establecen en sitios que
presentan una época cálida y seca bien definida. En especies templadas
se asocia a las temporadas en que el clima es muy frío y el agua se encuentra
en estado sólido (nieve o hielo), y por lo tanto su asimilación
se vuelve casi imposible. En estos periodos las especies permanecen en letargo,
reduciendo al máximo sus funciones, por lo que se suspende la fase de
asimilación y se detiene el crecimiento, hasta que las condiciones del
medio vuelven a ser favorables.
Las deciduas tienen por lo general una gran capacidad para
responder a los cambios del medio, e inician vigorosamente su actividad una
vez que se restablece el suministro de humedad, logrando en pocos meses acelerar
su crecimiento y realizar la fase reproductiva. Esto lo logran debido a lo bien
desarrollado de su sistema radicular, que permite captar de forma eficiente
el agua que llega al medio.
Otras especies “escapan a la sequía”
por medio de un desarrollo vertical del sistema radicular hasta que este alcanza
una fuente subterránea de abastecimiento de agua. A estas especies se
les conoce como freatofitas (por abastecerse de agua por medio de los mantos
freáticos).
En la mayoría de los casos, el crecimiento en la
parte aérea que muestran las especies deciduas y freatofitas en los primeros
años es bajo, debido a que asignan mayor energía y biomasa a la
formación de raíces. Para una vez resulta esta circunstancia presentar
un crecimiento acelerado de la parte aérea.
Otra estrategia se registra en las perennifolias que se
encuentran en medio muy secos y cálidos y que basan esta particularidad
en un uso eficiente del agua, al presentar hojas que impiden la pérdida
excesiva del líquido, esto lo logran por medio de diferentes estrategias
entre las que se cuentan:
- Hojas gruesas y coráceas con poca cantidad de estomas.
- Cambio de la orientación de la hoja para no recibir
la irradiación directa del sol.
- Hojas pubescentes que evitan que se forme un potencial
hídrico desfavorable para la planta.
- Plegamiento de las hojas que reduce en forma considerable
la superficie que se expone a la irradiación solar.
Estas estrategias pueden presentarse por separado en cada
especie o varias de éstas en una sola.
Es importante conocerlas para, por una parte, utilizarlo
como un criterio de selección, de acuerdo a las condiciones de humedad
del sitio a reforestar, y por otra para tener claro qué está ocurriendo
con las especies introducidas y cuál es su comportamiento esperado y
con base en esto evaluar su establecimiento.
2) Geminación
Este estudio debe realizarse con la finalidad de conocer
cuáles son las condiciones más adecuadas para germinar con buen
éxito las semillas, de manera que se obtenga suficiente cantidad de plántulas
de acuerdo a los requerimientos. En los apartados II.4 (Tipos de semillas y
sus características) al II.7.(Pruebas de viabilidad de las semillas)
se tratan con detalle estos aspectos.
3) Crecimiento
Siempre es conveniente tener una idea de cuál es la
tasa de crecimiento de las especies, con el objetivo de poder evaluar el éxito
del establecimiento de las especies en cuestión. Asimismo, esto puede
ayudar a planear el aprovechamiento de la plantación en caso de que se
haya establecido para obtener ciertos beneficios. Este estudio también
proporciona datos de cuál es la asignación de la especie a la
parte aérea y subterránea.
Por lo general es un estudio complicado y requiere de un
esfuerzo adicional, que en la mayoría de los casos no se está
en posibilidades de hacer, por lo que se recomienda que al menos se tenga una
aproximación, al registrar cuál es el incremento promedio de la
especie en altura y cobertura (espacio horizontal que ocupa la planta). Aunque
es deseable contar con estos datos antes de iniciarse la reforestación,
generalmente no es posible, lo cual anula la posibilidad de utilizar la información
como un criterio de selección.
Para salvar la deficiencia se recomienda de nueva cuenta
apoyarse en el conocimiento de los pobladores, ya que son ellos los que pueden
aportar los datos necesarios para reducir qué especies presentan un rápido
crecimiento para ser incluidas en la reforestación. Sin embargo, sigue
siendo recomendable registrar el crecimiento de las plantas introducidas y utilizarlo
como un criterio de evaluación de la reforestación, además
de permitir comparar entre diferentes áreas donde se haya reforestado
con la misma especie, en donde está siendo más exitosa. En el
Estudio de caso se muestra un ejemplo de cómo puede ser medido el éxito
de la reforestación.
3 Métodos de reforestación
Existen varios, dependiendo de la clase de propágulo,
técnica de producción que se utilice, e infraestructura necesaria.
Los más importantes, divididos en los que requieren o no de vivero, son
los siguientes:
a) Métodos que requieren de vivero.
1) Método de plántulas producidas a partir
de semillas.
Es el más conocido y empleado en la reforestación.
Entre sus muchas ventajas se cuentan:
- Permite seleccionar a introducir a las especies y
variedades más idóneas para el tipo de condición ambiental
particular que se tenga.
- Permite controlar la calidad y vigor de las plantas
que se introducirán.
- Permite decidir de antemano la combinación
de especies más adecuada a los propósitos que se persigan.
- Permite controlar la densidad, esparcimiento y distribución
espacial de las plantas dentro de las parcelas.
- Facilita los cuidados y labores que se realicen a
la planta (deshierbe, fertilización, etcétera).
Para su puesta en práctica es necesario conocer
lo siguiente:
- Épocas de colecta de las semillas
- Técnicas de almacenamiento y preservación
de las semillas.
- Tipo de latencia presente en la semilla y formas de
romperla (tratamiento pregerminativos).
- Capacidad, velocidad y tiempo de germinación
de las semillas.
- Métodos de siembra de las semillas en el vivero
y cuidados de las plántulas.
- Tiempo necesario para obtener plántulas de
talla adecuada para el trasplante.
Todos estos aspectos son tratados en el presente Manual y
son determinantes para lograr una adecuada preservación de las semillas
y una aceptable producción de plántulas, por lo que es indispensable
revisarlos antes de iniciar la colecta de semillas y la producción de
plántulas en vivero.
2) Método de propágulos producidos vegetativamente
Se puede utilizar en los casos en que se cuenta con especies
que se propagan vegetativamente, es decir, cuando es posible obtener, a partir
de las partes vegetativas de una planta, un individuo independiente.
Es recomendable particularmente cuando existen problemas
para obtener plantas a partir de semillas.
Las ventajas que presenta son las siguientes:
- Permite contar con plantas de características
conocidas, ya que los propágulos que de aquí se originan,
presentan las mismas características que la planta que proporcionó
la estaca, lo que permite obtener plantas con características deseables.
- Constituye una alternativa cuando la disponibilidad
de semillas y su calidad son críticas.
No obstante sus ventajas, este método enfrenta dificultades.
En primera instancia, la propagación a partir de estacas no es muy sencilla
y su éxito depende de la elección adecuada de la estaca y del
dominio que se tenga de la técnica, lo que se logra después de
un tiempo de experimentación.
Por otra parte, se requiere extremar cuidados a la estaca,
sobre todo en la etapa de enraizamiento, lo que determina que este tipo de producción
de plantas en ocasiones demande mayor tiempo y recursos que la que se hace vía
semilla.
Otra desventaja es la baja capacidad de adaptación
que pueden mostrar las plantas producidas bajo esta técnica, lo que limita
el rango de condiciones ambientales en las que se pueden trasplantar. Por lo
que se recomienda introducirlas en condiciones ambientales similares a las que
se encontraba la planta de donde se obtuvo la estaca. La metodología
de esta práctica se detalla en el apartado II.14 (Propagación
vegetativa o clonal).
b) Métodos que no requieren de vivero.
1) Método de siembra directa de la semilla en
el terreno.
Se ha empleado muy poco en nuestro país, y para
su realización requiere las siguientes condiciones:
- Que el suelo cuente con buenas características
(textura franca, buena aereación y permeabilidad al agua, profundidad
de por lo menos 50 aereación y permeabilidad al agua, profundidad
de por lo menos 50 cm), y que tenga una buena preparación (removido
y libre de malezas).
- Suministro adecuado de agua por lo menos en la época
de germinación y establecimiento, ya sea proporcionado por la precipitación
pluvial o por riego.
- La semilla se debe sembrar en la época más
adecuada, considerando que por lo menos la plántula tenga cuatro
meses de lluvia, antes de que llegue la temporada adversa (sequía
o heladas).
- Se debe conocer el porcentaje de germinación
de la semilla antes de la siembra, para así poder estimar la cantidad
de semilla que se requerirá según la densidad deseada.
- Si la planta presenta algún tipo de latencia,
deber ser tratada previamente para romperla (ver el apartado II.6 Latencia
y tratamientos pregerminativos).
- La semilla que se introduzca deber ser de muy buena
calidad y originar plantas de vigor aceptable (ver el apartado II.7 Pruebas
de viabilidad de las semillas.
Como se puede observar, para que esta técnica sea
exitosa requiere de condiciones ideales, que son difíciles de obtener
en la mayoría de los casos. Su ventaja sin embargo radica en que se evita
la producción de plantas en vivero y que, al parecer, las plantas que
se obtienen de esta forma presentan mejor arraigo que las que son trasplantadas,
pero los cuidados que se deben de proporcionar a las plantas es mayor, requiriéndose
de un deshierbe continuo para evitar la competencia de las malezas con las plántulas,
además de necesitarse un suministro de agua adecuado en su etapa de establecimiento.
Por otra parte, es indispensable hacer un aclareo de aquellas
plántulas que queden muy próximas, para evitar la competencia
entre ellas. Las plántulas que se obtengan de eta práctica se
pueden trasplantar en los sitios en donde la germinación no haya sido
muy exitosa.
En muchas ocasiones este método no permite obtener
ni la densidad de plantas deseada, ni un espaciamiento homogéneo. Un
aspecto que vale la pena resaltar es que entre mejor conozcamos el proceso germinativo
de las especies que se introducirán, y los requerimientos para su germinación,
mayores serán las posibilidades de éxito, por lo cual se recomienda
hacer una revisión completa de los apartados II.4 (Tipos de semillas
y sus características) al II.7 (Pruebas de viabilidad de las semillas).
2) Método de reforestación con renuevo
natural de bosque.
Es poco usado y consiste en obtener el material a propagar
de las plántulas que se encuentran en el bosque; generalmente se emplea
en repoblamiento de bosques raros, que presentan dificultades para hacerlo naturalmente.
Para obtener resultados satisfactorios con este método
se debe contar con las siguientes condiciones.
- Las plántulas se deben obtener de sitios boscosos
en donde se encuentre gran cantidad de plántulas, que en términos
prácticos sea imposible su establecimiento en ese sitio por problemas
de competencia, cuidando no dejar el sitio donde se obtuvieron desprovisto
de plántulas.
- Las plantas se deben obtener con cepellón,
cuidando no estropear ni exponer al aire las raíces de las plántulas.
Además, debe mediar el menor tiempo posible entre su extracción
y su trasplante.
- Las características del sitio en que se vayan
a trasplantar no deben variar mucho del que fueron obtenidas.
- El trasplante debe hacerse en la época en que
el suelo se encuentre bien humedecido y la plántula cuente aún
con algunos meses para su establecimiento antes que se presente la época
adversa (sequía, heladas, etcétera).
- La plántula deber ser librada de cualquier
clase de competencia que pueda presentarse (maleza, exceso de cobertura,
etcétera).
Es necesario mencionar que los resultados obtenidos con este
método en ocasiones no son muy satisfactorios, porque las plántulas
obtenidas presentan problemas de adaptación y en consecuencia alta mortalidad.
Por lo tanto se debe utilizar sólo en condiciones ideales, en donde se
asegure una obtención y trasplante cuidadoso de la plántula, considerando
que las condiciones del sitio en donde se trasplante no sean muy diferentes
del que se obtuvieron.