1.
El contexto de la relación Industria y medio ambiente
1.1
TENDENCIAS AMBIENTALES INTERNACIONALES
El volumen físico de la producción industrial
en el mundo ha crecido aceleradamente en las últimas
décadas, al grado que en la segunda mitad del siglo XX
se han empleado más recursos naturales en la producción
de bienes de consumo que en toda la historia anterior de la
humanidad.
Esto se ha traducido en una enorme presión sobre los
recursos naturales y ha incrementado significativamente los
problemas de contaminación local, tanto por los efectos
directos de la fabricación de satisfactores como por
su consumo. Una tendencia de esta magnitud es, sin duda, insostenible,
por lo que han surgido algunas respuestas motivadas por presiones,
tanto económicas como tecnológicas, para disminuir
la intensidad en el uso de materiales por unidad de producto
industrial, a través de:
• Procesos de miniaturización y sustitución
de materiales, y
• Búsqueda de métodos y procesos de producción
que aprovechan en mayor medida los materiales, por lo que
reducen la contaminación generada por unidad de producto
industrial.
Esto ha permitido, por ejemplo, que la misma Organización
de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE)
plantee como factible producir en el mediano plazo cuatro veces
más valor de producto industrial con el mismo monto de
materiales (Factor 4) y que en el largo plazo esta proporción
pase a ser diez veces mayor (Factor 10). Esto se traduce tanto
en menor presión sobre el uso de los recursos naturales,
como en una mucho menor intensidad de contaminación por
unidad de producto.
Los mecanismos para lograr que estas tendencias se concreten
son múltiples,
y destacan, entre ellos:
• un cambio tecnológico que empieza a tomar en
consideración no sólo
los precios de los insumos, sino su potencial de agotamiento;
• una tendencia creciente a involucrar variables ambientales
dentro de la
administración de las empresas;
• presiones de parte de los consumidores de países
desarrollados, y
• cambios en la gestión pública hacia
el sector industrial.
La búsqueda de mayor eficiencia energética se
ha tornado una variable clave en el desarrollo tecnológico,
más allá de lo que en muchos momentos parecieran
indicar los precios de la energía, aunque esto se manifiesta
con mayor claridad en unas regiones (Europa, Asia) que en otras.
Asimismo, el uso sustentable del agua ha adquirido una importancia
creciente en el diseño y desarrollo de algunos proyectos
industriales.
Los sistemas de administración ambiental empiezan a constituirse
en un requisito para la competitividad de las empresas –particularmente
en el plano internacional– tanto por su significado en
cuanto a imagen como porque pueden ser fuente de innovaciones
dentro de las empresas que llevan a compensar el costo de su
implantación y su certificación.
Hasta hace poco tiempo las variables calidad y precio eran las
únicas que dominaban las decisiones de compra en el mercado
mundial; hoy también las presiones de los consumidores
de los países más desarrollados llevan a que el
mercado premie a las empresas que manifiestan mejor desempeño
ambiental, tanto en el qué producen como en el cómo
lo producen, propiciando que los efectos ambientales que genera
la producción de los bienes de consumo sean una variable
importante dentro de las decisiones de consumo.
Las políticas ambientales hacia el sector industrial
han reforzado las tendencias a un cambio tecnológico
que limite de manera creciente los impactos ambientales y que
transfiera la contaminación que se genera hacia estados
físicos en que representan un menor riesgo ambiental
y de salud pública. Estas presiones, enfocadas eminentemente
hacia los puntos de emisión de contaminantes, han llevado
a cambios en los procesos productivos cada vez más profundos,
buscando tanto el ahorro como la sustitución de insumos.
Las consideraciones de índole ambiental empiezan a adquirir
cierto rango entre los factores que modelan el comercio mundial
de productos industriales y su influencia es cada vez mayor
en decisiones de localización de plantas y de métodos
de producción.
Estas tendencias, que se transmiten con gran intensidad a través
de los flujos comerciales y la inversión extranjera directa,
se manifiestan con mucha mayor claridad en empresas grandes
con predominio en algún sector del mercado mundial. Sólo
paulatinamente, a través de un efecto en cascada, su
impacto se hace patente en empresas de menor tamaño en
las economías más desarrolladas y en economías
de países en transición.
No obstante muchos matices, resulta cada vez más evidente
que existe una clara tendencia a considerar el cuidado del medio
ambiente como un prerrequisito para que una empresa tenga posibilidades
de éxito en el mercado mundial. La mitigación
de los impactos ambientales propios del sector industrial también
se manifiesta como una fuente creciente de ahorros y de oportunidades
de negocios, y la imagen ambiental de las plantas cobra una
importancia creciente.
1.2
TENDENCIAS GENERALES DEL SECTOR INDUSTRIAL EN MÉXICO
La industria en nuestro país se desplegó territorialmente
con escasa atención a las limitaciones naturales en materia
de recursos; su ubicación ha atendido históricamente
más que nada a la disposición de mano de obra
y acceso a mercados. Este patrón ha tenido el efecto
de exacerbar presiones sobre algunos recursos naturales, en
particular sobre el agua y, en lugares más específicos,
sobre los recursos maderables y del subsuelo.
El crecimiento industrial se ha constituido en un motor fundamental
del desarrollo de nuestro país. Ha sido en gran medida
el impulsor del proceso de urbanización, ha favorecido
el surgimiento de un sector de servicios que ha consolidado
a las metrópolis y ciudades medias y de él depende
gran parte del crecimiento económico y el bienestar de
la población.
Desde la década de los años 40, en una economía
cerrada y bajo la estrategia de sustitución de importaciones,
el despegue industrial en México favoreció la
concentración territorial de la planta industrial. Dicho
despegue fue sostenido, principalmente, por la siderurgia, los
productos metálicos y químicos, los alimentos,
bebidas y tabaco, los textiles, ropa y calzado. Para 1970, el
32% de las manufacturas se producían en el Distrito Federal,
el 17.5% en el estado de México, el 9.5% en Nuevo León
y el 6.5% en Jalisco.
El período de mayor dinamismo industrializador y, en
general, de la economía mexicana, fue el de los años
60’s. El crecimiento industrial fue de un 8.7% anual promedio,
mayor al 6.9% alcanzado en los años 40’s. La mayor
expansión se dio en las ramas de productos metálicos
y eléctricos, vehículos y sus accesorios, química,
refinación de metales y materiales no metálicos.
La reestructuración productiva de finales del período
sustitutivo de importaciones hizo que cambiara el panorama en
cuanto a las ramas más contaminantes y riesgosas. En
general, la producción eléctrica, química
y la de derivados del petróleo se colocaron como las
más dinámicas.
A ello se sumó la producción de fibras sintéticas,
resinas, fertilizantes, plásticos, pinturas, pigmentos
y gases industriales. Algo similar sucedió con el papel,
el hule, la metalmecánica, el cemento y la producción
de maquinaria.
Posteriormente,
como resultado del ajuste estructural aplicado a principios
de los años 80, la industria fue de los sectores de la
economía que recibió mayores impactos; solo experimentaron
un auge las empresas que se reorientaron en el corto plazo hacia
las exportaciones (esto incluso en los años de la crisis
más intensa). Así, el cambio más significativo
en los últimos quince años ha sido el auge exportador
de las manufacturas y el crecimiento acelerado de la industria
maquiladora.

A
partir de entonces la estructura industrial muestra una vocación
exportadora mucho más fuerte que acarrea consigo patrones
de localización diferentes, lo que a la vez incide en
el crecimiento de las zonas urbanas y regiones del país.
Algunas zonas urbano-industriales se encuentran en un claro
proceso de consolidación (tres en la frontera norte,
una zona muy amplia en la región centro-occidente del
país y una más en el sureste), aunque las de mayor
dinamismo son las fronterizas.

Esta
nueva dinámica industrial está contribuyendo,
a modificar el actual patrón de localización territorial
de la población. El crecimiento en las áreas metropolitanas
sigue siendo importante, pero menor que el de los asentamientos
humanos asociados al establecimiento de empresas en las ciudades
fronterizas, el centro del país y en puntos de las zonas
costeras.
Todo esto indica una tendencia que cambiará, a largo
plazo, la distribución espacial de las actividades económicas
y de la población del país.
En términos proporcionales aún no se perciben
del todo los efectos de estas dinámicas, pero en algunas
zonas, por ejemplo en el Valle de México, la desconcentración
industrial ya parece ser un hecho en vías de consolidación.
Esta diferenciación también tiene una expresión
por ramas industriales, lo que es en parte producto de la forma
de inserción de las diferentes ramas en la economía
nacional y en la economía mundial.
1.3
CARACTERÍSTICAS DEL NUEVO AUGE EXPORTADOR MEXICANO
A partir de 1996, el sector industrial del país viene
registrando un dinamismo superior al mostrado por la economía
en su conjunto y es el sector que aporta la mayor parte de los
recursos externos.
En particular, el sector manufacturero ha incrementado su impacto
en el crecimiento del PIB total, y en 1999 participó
con más de una cuarta parte del incremento del producto.
De 1995 a 1999 la industria manufacturera alcanzó un
crecimiento acumulado de 29.4 por ciento en términos
reales, mayor al de la producción total y del sector
industrial, de 14.4 y 22.3 por ciento, respectivamente, en el
periodo señalado.
La expansión económica se sustentó en la
recuperación del mercado interno y en el dinamismo de
la actividad exportadora. Las exportaciones totales medidas
en dólares, que en 1999 incorporaron 89.5 por ciento
de productos manufacturados, 6.7 puntos porcentuales más
que en 1994, crecieron 124 por ciento en dicho periodo, en tanto que las
de manufacturas lo hicieron en 142.2 por ciento .
Este crecimiento se basa en buena medida, en una multiplicación
de empresas: de acuerdo a los últimos Censos Económicos
, las unidades económicas aumentaron en 24.6% entre 1993
a 1998, registrándose poco más de 3 millones.
Analizando las unidades económicas por entidad federativa
tenemos que el Distrito Federal pierde importancia relativa,
ya que en 1993 contaba con el 14% del total de unidades en el
país y en 1998 bajó al 12%.
En relación al incremento de 24.6% en las unidades económicas
a nivel nacional, los estados que mostraron mayor crecimiento
fueron el estado de México con un incremento de 40%,
Jalisco con 28%, Veracruz con 23% y Nuevo León con el
17%. Cabe destacar que otras entidades con menor peso nacional
registraron crecimientos importantes como Guanajuato, Baja California
y Puebla, las cuales incrementaron sus unidades en 30%, 23%
y 24%, respectivamente.
En el mismo periodo, el personal ocupado en la industria creció
27%, siendo también los sectores de servicios y manufacturas
los que presentan un mayor dinamismo. El crecimiento experimentado
por la industria de la transformación una vez superada
la emergencia económica de 1995, permitió que
a mediados de 1996 se recuperara la totalidad de los empleos
perdidos en estas actividades en el año precedente, manteniendo
en lo sucesivo una importante generación de empleos.
En algunas ramas industriales, como es el caso de la industria
de la confección y de equipo electrónico, el tamaño
promedio de los establecimientos tiende a crecer. Sin embargo,
el perfil de la industria mexicana no ha cambiado: los pequeños
establecimientos industriales de menos de 15 trabajadores representan
el 92.8%; y en el otro extremo, las grandes empresas con más
de 250 trabajadores no llegan al 0.8% de establecimientos, pero
suman el 46% del personal ocupado en las manufacturas.
1.4
TIPOLOGÍA DE LA INDUSTRIA MEXICANA DESDE LA PERSPECTIVA
AMBIENTAL
Las tendencias industriales internacionales han influido en
alguna medida en la estructura industrial mexicana, su efecto
es más claro en las empresas grandes y medianas que tienen
por lo regular una fuerte vinculación con el mercado
mundial y estas tendencias se van debilitando a medida que el
tamaño de empresa decrece, por ser empresas orientadas
a la fabricación de bienes intermedios o que carecen
de acceso al crédito y a recursos de inversión.
Aún cuando es cada vez mayor la cantidad de empresas
que adquieren conciencia de que el cuidado del medio ambiente
no es un “lujo”, sino una fuente de competitividad
y ahorro, tanto la estructura financiera mexicana como la necesidad
de afrontar otras necesidades más inmediatas inhiben
que muchas de las soluciones ambientales sean llevadas a cabo.
Con fines estrictamente ilustrativos, podríamos plantear
una tipología de empresas mexicanas de acuerdo a su preocupación
ambiental con dos grandes ejes analíticos, que son por
una parte la intensidad de sus vínculos con el mercado
mundial y las exigencias ambientales que éste les plantea
y por otra, su capacidad económica y financiera. Así
tenemos que hay:
• Un segmento de empresas, en general transnacionales
o altamente exportadoras, que tienen una alta preocupación
por innovar procesos y buscar cumplir con su responsabilidad
ambiental más allá incluso de lo que la normatividad
les exige;
• Un segundo segmento, en general de grandes empresas
orientadas al mercado interno, que busca aprovechar las oportunidades
de ahorro y negocios que les plantea el cuidado ambiental;
• Un tercer segmento de empresas generalmente medianas
y altamente exportadoras, que busca tener un desempeño
ambiental que no merme su competitividad internacional, pero
frecuentemente enfrentan problemas de índole financiera;
• Un cuarto segmento de empresas, tanto grandes como medianas,
en general orientadas al mercado interno o a bienes básicos,
que reconocen oportunidades de ahorro y eficiencia a través
de inversiones que conllevan mejoría ambiental, pero
también frecuentemente no tienen
condiciones de acceso a recursos para hacerlo;
• Y un quinto segmento que carece de interés o
de recursos, que fundamentalmente está integrado por
pequeñas y microempresas, aunque no faltan empresas grandes
o medianas. Las empresas de este último segmento representan
la mayoría de las empresas del país, al menos
en número, aunque cabe destacar que este comportamiento
no es generalizable a todas las pequeñas y microempresas
ya que en muchos casos se presenta un comportamiento ambiental
bastante positivo.
Esta tipología debe tomarse con reservas, porque sus
criterios de estratificación son rígidos y no
permiten expresar los comportamientos ambientales positivos
que reportan varios segmentos de empresas medianas y aún
pequeñas (ver recuadro). Más adelante, en el apartado
sobre cumplimiento de la normatividad se presentan indicadores
que dan cuenta de este comportamiento positivo.
Fomentando
una mejor gestión ambiental
El
Banco Mundial apoyó un proyecto en Guadalajara, México,
que debía probar si las empresas pequeñas y medianas
(SMEs) podrían adoptar de manera exitosa sistemas de
gestión ambiental. Once empresas grandes, muchas de ellas
multinacionales, aceptaron brindar asistencia a 22 proveedores
pequeños y medianos, quienes estaban interesados en mejorar
su rendimiento ambiental. El proyecto, que incluyó al
sector privado, instituciones académicas locales, al
Gobierno Mexicano y al Banco Mundial, implicó varios
ciclos de dos meses de capacitación intensiva, sesiones
de ejecución y revisión. En el término
de un año, en una escala de 20 puntos, los puntajes subieron
de cero a alrededor de 16 puntos para la planificación
ambiental y 11 puntos para la ejecución de Sistemas de
Ordenación Ambiental (EMS). Alrededor del 80% de las
plantas reportaron una menor contaminación, y alrededor
del 50% reportaron un mejor cumplimiento y manejo de desechos.
Muchas también informaron mejores ambientes de trabajo,
uso más eficaz de materiales y un mejor rendimiento económico
en general.
Adicionalmente
habría que enfatizar, que las tendencias de distribución
espacial pueden modificar el impacto ambiental que actualmente
tiene la actividad industrial en ciertas ciudades y regiones.
Esto es, el impacto ambiental que las empresas tienen sobre
el medio ambiente y los recursos naturales ha sido considerable,
no tan sólo como resultado del crecimiento de la producción,
sino también gracias a que dicho crecimiento se concentró
en sectores de alto impacto ambiental.
Aunque existe un inventario exhaustivo de contaminantes totales
generados por el sector industrial, se ha procurado estimar
la importancia de las diferentes industrias a través
de métodos indirectos. Destacan entre los giros industriales
que más afectan el ambiente la petroquímica básica,
la química y las industrias metálicas, que en
total pueden representar más de la mitad de la contaminación
generada por el sector.
Dada la desigual distribución geográfica de la
industria y la dispar presencia de tipos de industrias en cada
región, sus efectos ambientales difieren sustantivamente.
Podemos distinguir estados con una alta intensidad de generación
de contaminantes en relación a su producto, como parece
ser el caso de Chiapas, Guanajuato, Querétaro, Tabasco,
Tamaulipas, Tlaxcala y Veracruz.
Otros estados, en cambio, a pesar de su alta concentración
de industrias, presentan una baja intensidad de contaminación
por unidad de producto industrial, como es el caso de los estados
de México, Puebla, Jalisco, Nuevo León y el Distrito
Federal. Esto indicaría que la industria de las principales
zonas metropolitanas del país es, por unidad de producto,
considerablemente más limpia que su equivalente en muchos
otros estados y regiones. Cabe señalar que el análisis
anterior no considera la existencia de equipo de control, sino
las características tecnológicas
de los procesos industriales analizados, si bien una parte importante
de las industrias de mayor tamaño han incorporado equipos
de control atmosférico y de tratamiento de aguas residuales,
lo que hace disminuir sensiblemente su aportación medida
indirectamente.
Por otra parte habría que señalar que énfasis
exportador y las carencias históricas de infraestructura
de transporte han llevado a que algunas zonas con clara vocación
industrial, en particular el sureste, no se desarrollen a la
velocidad que podrían, a pesar de enfrentar menos limitantes
de índole natural que las que sí han crecido de
manera acelerada.

Estas
tendencias de cambio en la distribución espacial deben
analizarse a detalle por tipo de industria para orientar las
inversiones en infraestructura ambiental.
El perfil de los tamaños de empresa ha significado un
reto enorme para el diseño de políticas ambientales.
También la política ambiental tiene que considerar
que un escenario de mayores vinculaciones con el sector externo
tendría como consecuencias no sólo mayor dinamismo
de la economía, sino también una mayor relevancia
de los sectores productores de bienes comerciables, en especial
de bienes manufacturados que según estudios prospectivos
recientes- podrían llegar a representar más del
30% del PIB hacia finales de la próxima década,
en comparación con el 24% registrado en la actualidad
.
Entre las ramas industriales que registran las tendencias más
altas se encuentran las que representan mayores tensiones para
el ambiente, entre ellas, las industrias del papel, plástico,
automotríz, cementera, textiles, pinturas y tintas.
En resumen, las tendencias internacionales y nacionales de la
industria desde una perspectiva ambiental definen retos y oportunidades
para una gestión ambiental moderna. En los siguientes
apartados, se da cuenta de la acelerada evolución que
se ha alcanzado en los instrumentos y en los mismos enfoques
de la gestión ambiental hacia la industria.
(1) Poder Ejecutivo Federal. “Informe de Gobierno”.1
de septiembre del 2000
(2) Reportados por INEGI en su publicación Resultados
Oportunos, 1999.
(3) México. Escenarios económicos de largo plazo
y efectos sobre la utilización de recursos naturales.
Reporte Final. Hernández Laos Enrique y Toledo Ocampo
Alejandro, Semarnap-Pnud,1998.