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ESTUDIOS PARA EVALUAR

LAS TECNOLOGÍAS CONTAMINATES

EN CINCO RAMAS INDUSTRIALES

Observaciones generales

Este estudio, promovido por el Instituto nacional de ecología y llevado acabo por El Colegio de Jalisco así como parte de los proyectos del Programa Ambiental de México (PAM), financiado con créditos del banco Mundial, se realizo con el fin de tener un conocimiento más preciso de la relación tecno-ecológica de los procesos productivos utilizados por algunas empresas y de los efectos negativos que estas actividades económicas originan al ambiente; con el esperan establecer más fructífera entre las autoridades en cargadas de cuidar al ambiente y las empresas productoras. A través de ellos se busca conocer cuáles son las materias primas o materiales que provocan y en que parte del proceso y específicamente en que equipos se originan.

Las ramas industriales seleccionadas para realizar este estudio son las azucareras, la minero-cuprífera, la siderúrgica, la del cuero y la de la celulosa y el papel.

En este primer intento de diagnóstico, puede decirse que varios de los sectores seleccionados tiene una contribución significativa al Producto Interno Bruto (PIB) del país; y que serán afectados positiva o negativamente por los acuerdos suscritos en Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC). Se identificó, además que las tecnologías utilizadas actualmente en estos sectores no se adoptaron con criterios ambientales, sino que, en todo caso, se han incorporado de acuerdo con las posibilidades existentes y con criterios de sobrevivencia o rentabilidad. Por lo anterior, resulta isoslayable la necesidad de diseñar estrategias específicas para lograr su readecuación tecnológica con fines ecológicos.

Esos rangos distintivos de las industrias del azúcar, del acero, del cobre, de la curtiduría y del papel, abren la posibilidad de que los estudios que se realicen para impulsar un cambio técnico-ambiente, pueden incidir en otras ramas productivas.

Las empresas comprendidas en cada una de las cinco ramas industriales elaboran sus productos con dos o tres procesos únicamente, lo que permitirá, en principio, generalizar los resultados de estos diagnósticos a la mayoría de las universidades productivas de la misma rama. En esto siempre habrá condiciones específicas que modifiquen alguna forma los resultados de la muestra, pero esto no invalidará la generalización a todas las ramas de esta índole.

La prueba del cuestionario que se llevó acabo en empresas de la industria del papel deja entrever que sí es posible partir de una muestra limitada, aunque requiere valorar las condiciones específicas de cada empresa tales es como la antigüedad de la tecnología y el equipo, condiciones de compra de este último, calidad y origen de la materia prima, ubicación geográfica de la planta, costo de algunos materiales empleados, así como experiencias y mejoras introducidas en cuestiones del ambiente. Estas variables deberán evaluarse cuando se generalice a todo el sector, pero se infiere que éstas no distorsionarán la información que sirva a las autoridades para la estructuración e implementación de programas dirigidos apoyar a las empresas en sus aciones de mejoramiento del ambiente.

Se identificaron problemas comunes que requieren de apoyo a lo programas, proyectos y acciones específicas que no pueden ser instrumentados por cada empresa en lo particular, y quizá ni por las organizaciones empresariales sectoriales, sino que requieren la participación de los organismos encargados del ambiente, incluyendo su posibilidad de coordinación con otros sectores de gobierno y de la iniciativa privada. En este capítulo se describe la parte de la información recabada a fin de ilustrar los aspectos más relevante, desde los puntos de vista económico ambiental y tecnológico, de cada uno de los sectores estudiados.

La industria del azúcar

La producción de azúcar en México comienza prácticamente desde la llegada de los españoles al continente americano, instalándose dos de los primeros ingenios en los estados de Morelos y Michoacán a finales del siglo XVI. Hasta antes de que el país iniciara su proceso de industrialización, en la década de 1940, los ingenios trabajan prácticamente con energía humana, el corte de la caña de azúcar se hacía con machetes y los trapiches eran movidos por atracción animal, lo que significa pesadas jornadas de trabajo de doce horas o más, para obtener aguardientes y pilares de azúcar.

Tras la revolución de 1910, los terrenos cañeros se convirtieron en ejidos, en zonas de propiedad. Actualmente, la tenencia del campo cañero está sumamente fragmentada, ya que el 7% de los 128 mil productores de la agroindustria tiene menos de media hectárea de terreno, 20% alcanza apenas una hectárea y 60% tiene menos de tres hectáreas. La compactación de tierras, la integración de asociaciones y el impulso a las coinversiones , son algunas de las formas que se sigue para revertir el minifundismo, factor que ha influido en la baja productividad y desplome de la industria azucarera al perderse 10 a 15% de la superficie por las múltiples divisiones de la misma. La extensión de terrenos ocupados en la producción de caña se estima que fue de 641 mil hectáreas en la zafra 1992-1993.

Este sector ha sido tradicionalmente uno de los mayores generadores de empleos en el país, aunque en los últimos años se ha observado un decremento en este sentido; se calcula que para 1992 laboraron en el campo cañero alrededor de 136 mil productores y 85 mil cortadores de caña.

Los ingenios azucareros, que constituyen el componente industrializado del sector azucarero, trabajaron bajo el régimen de propiedad privada hasta mediados de la década de 1960, cuando pasó ha ser controlado por el Gobierno Federal 60% de la producción de azúcar para abastecer la demanda nacional fuertemente subsidiada. A finales de 1992, la reconversión del sector entró en su fase final al ser reprivatizados el total de los ingenios azucareros.

El crecimiento del sector ha sido importante si se considera que en 1979 representó 0.455 y en 1988, 0.90% del PIB. Sin embargo, la producción (cercana a tres millones de toneladas en 1992) resulta insuficiente para cubrir la demanda interna y como el precio de venta del producto ha sido menor que el costo de producción, las condiciones financieras del sector le han impedido expandirse y modernizarse, encontrándose que en el mejor de los casos la tecnología instalada tiene por lo menos 45 años de antigüedad. Sólo 21 de los 64 ingenios que operan actualmente en el país alcanzan niveles de productividad similares a los de los países con aceptable desarrollado tecnológico como Argentina, Brasil y Cuba.

Problemas operativos y financieros de los ingenios

  • Bajo volumen de caña disponible para moler, lo cual implica una utilización menor de su capacidad instalada de producción.
  • Bajo contenido de sacarosa en la caña para lograr una producción eficiente.
  • Pérdidas extraordinarias en la extracción de sacarosa durante el proceso de producción.
  • Costos excesivos de mano de obra en producción y mantenimiento de ingenios.
  • Elevados costos financieros derivados de refinanciamiento de pérdidas de ciclos anteriores.
  • El gran deterioro de las condiciones financieras de muchos ingenios hace inviable económicamente la expansión necesaria.
  • La producción de la industria es insuficiente para cubrir la demanda interna, lo que implica la satisfacerla a partir de las importaciones del azúcar.
  • Los precios de venta del azúcar son insuficientes para cubrir los costos del producto.

 

 

En lo que se refiere a consumo de energía, y de acuerdo con la Secretaría de Energía, Minas e Industria Paraestatal (SEMIP), en el período 1986-1987 la industria azucarera aumentó sus requerimientos energéticos 4.9%, con lo cual alcanzó 10.6% del total del sector industrial. Los principales energéticos que utilizó esta rama fueron el bagazo de caña de azúcar y el combustóleo (en 1986 este consumo equivalió a 13.3% del total del sector industrial) ; la electricidad empleada por este sector fue autogenerada en sus plantas mediante el uso de dicho combustible.

Una de las ventajas de los desechos del sector azucarero es su naturaleza orgánica, su biodegradabilidad y su pontencialidad de reutilización, todo en lo cual plantea la necesidad de estudios técnicos que proporcionen elementos de factibilidad para hacer entable su aprovechamiento generalizado por el sector general y los ingenios en particular.

Residuos de la industria azucarera

  • Bagazo: empleado principalmente como combustible en los generadores de vapor (por su alto contenido calorífico), para fabricar papel, aglomerados, madera artificial (por su elevado contenido de fibra) y como forraje.
  • Cachaza: residuo rico en materia orgánica, hierro, fósforo y sílice y bajo en cobre, cinc, manganeso y molibdno, por lo que es aprovechable para substituir fertilizantes inorgánicos y mejorar los suelos cañeros.
  • Vinazas: residuo de fuerte acidez, que contiene sales, rico en materia orgánica, potasio,y pobre en nitrógeno y fósforo, por lo que también ayuda a mejorar los suelos cañeros.

 

 

El empleo del combustóleo y el bagazo como combustible genera emisiones de humo y partículas, que es preciso controlar. También la quema de los cañaverales constituyen una fuente de contaminación atmosférica.

Este sector emplea grandes volúmenes de agua que son descargados, por lo general, sin ningún tratamiento previo hacia diversos cuerpos receptores, alterándolos sobre todo por su alto contenido orgánico ( la que incrementa la demanda bioquímica de oxígeno) y elevada temperatura ( como es el caso del agua empleada en los condensadores). En particular, las vinazas producidas en los ingenios que cuentan con destilerías para la producción de alcohol, son consideradas como uno de los efluentes más nocivos para los cuerpos de agua.

El control de las emisiones contaminantes pueden lograrse a través de distintos sistemas como son: las torres de enfriamiento; espesadores de lodos para su disposición posterior en rellenos sanitarios o confinamiento controlado; plantas de tratamiento de fluido de tipo aeróbico o anaeróbico y sistemas de purificación y recirculación del agua, entre otros.

La industria cuprífera

En 1522 se puso en operación en México la primera mina en Latinoamérica, situada en Taxco, Guerrero; en los siglos XVIII y XIX se descubrieron yacimientos de importancia en los estados de Veracruz, Chihuahua, Sonora y Baja California, que no alcanzaron su pleno desarrollo, sino hasta el inicio del presente siglo; se estima que las reservas de ese metal son aún muy abundantes por lo que este sector industrial tiene un futuro promisorio.

México cuenta con tres fundiciones de cobre "blister" (ampollado) en las que se obtiene una pureza de 99.5%, localizadas dos de ellas en el estado de Sonora y la tercera en San Luis Potosí; esta última recibe concentrados provenientes de las minas de Zacatecas. La capacidad efectiva combinada de las tres empresas equivale aproximadamente a 265 mil toneladas por año. El país cuenta, además, con dos refinerías de cobre, ubicadas en la ciudad de México y cerca de Toluca, en el Estado de México; así como numerosas industrias que lo transforman en diferentes productos, entre las que destacan cinco plantas manufactureras que producen cables eléctricos (61% del consumo total de cobre), con una capacidad instalada de 255 mil toneladas por año. Alrededor de 30% de la producción de cobre se emplea en la fabricación de tubos, perfiles y láminas y 6% en la fabricación de monedas.

La industria manufacturera de conductores eléctricos laminados, tuberías y accesorios de cobre en México ha orientado sus esfuerzos al desarrollo de nuevos productos con tecnologías de vanguardia. También a logrado la autosuficiencia y generado productos de calidad reconocida, por lo que está en posición de exportar 30% de su producción.

Procedimientos empleados en México para la obtención de cobre

  • Blister
  • Cátodo "electrown"
  • Procedimiento electrolitico (Método "Periodic Reverse Current")


Las cuantiosas inversiones realizadas por lo productores de cobre en México, su capacidad, producción e integración logradas en los últimos años, ha incrementado la importancia de la participación de nuestro país en la producción mundial de este metal, ya que México ha ocupado el noveno lugar en 1990 en producción minera, el decimocuarto en la etapa de fundición de refinado y decimoquinto en la producción de refinado. En 1990, la producción nacional de cobre fue de 300 mil toneladas, de las cuales se consumió internamente alrededor de 185 mil toneladas, lo que presentó un crecimiento de 15.8% con respecto al año anterior. Desde 1990 se ha convertido en el segundo mineral en importancia después del cinc, en términos de valor de producción.

Se considera que la demanda de las industrias maquiladoras de la frontera norte del país, en sus niveles mínimos, es de 50 mil toneladas por año, estimándose que el consumo per capita en México es de 3.9 kg/habitante/año, mientras que en Alemania consume 14.0 y Taiwan 16.0; lo cual sugiere el consumo potencial que tiene México.

Nuestro país cuenta, a este respecto, con una balanza comercial positiva: en 1991 se exportaron 157 289 toneladas métricas y se importaron 48 179.

Del cobre electrolítico, 70% es empleada por los fabricantes de tubos, perfiles y lámina. Estos fabricantes han logrado la autosuficiencia y generado productos de calidad reconocida, por lo que están en posición de exportar 30% de su producción total.

El sector minero ha incrementado 11.7% el personal ocupado entre 1982 y 1988, al pasar de 206 mil a 230mil trabajadores. Durante el período 1988-1989, mantuvo su participación en el PIB de uno por ciento y alcanzó un crecimiento de su producción de 2.8%, a pesar de la contracción del mercado interno y la baja en las cotizaciones internacionales.

Uno de los principales desafíos que enfrenta este sector es el mejorar su desempeño ambiental, en particular, en los procesos de fundición y refinación, ya que además de los problemas de contaminación del agua relacionados con las descargas ácidas, de metales, de cianuro de sodio, de materiales reactivos, de aceites lubricantes usados y, en general de sólidos suspendidos, también se emiten al aire partículas de polvo de la naturaleza similar a las que se descargan al agua; mientras que los procesos combustión contribuyen a la generación de monóxidos y dióxidos de carbono y óxido de nitrógeno.

Es conveniente resaltar que se han logrado considerables progresos al iniciar la instalación de plantas ácidas para disminuir las emisiones de azufre en las fundidoras, a la vez que ya se realizan inversiones para modernizar los procesos con ese objeto.

Aunado a lo anterior, se encuentra el impacto ambiental de las operaciones mineras (en particular las que se realizan al cielo abierto), que implica pérdida de cubierta vegetal debido al descapote para la extracción del mineral, con la consecuente deforestación, así como la degradación del suelo y de la calidad de los mantos acuíferos c causa del vertimiento de aguas residuales en las presas de jales. Los problemas de contaminación del agua están relacionados con las descargas ácidas, que contienen metales, cianuro de sodio y altas concentraciones de sólidos suspendidos, entre otros. También se producen emisiones contaminantes de la atmósfera por la explosión de dinamita y en las etapas de explotación de yacimientos, trituración y molienda de material.

La industria siderúrgica

La industria siderúrgica mexicana se remonta a 1900, en que se crea la primera compañía fundidora privada en Monterrey, Nuevo León, con una capacidad de producción de 100 mil toneladas al año. Al inicio de la década de 1940, se crea la primera empresa estatal en el Estado de Coahuila, con una capacidad instalada de 60 mil toneladas al año. Al término de la Segunda Guerra Mundial, la demanda creciente de acero impulsó el surgimiento de diversas empresas acereras en México y en 1970, con la creación de la Siderúrgica de Las Truchas en Michoacán, se consolida la industria siderúrgica nacional. En la década de 1980, la creación de organismos auxiliares con funciones de coordinación, asesoría e investigación dio impulso a este sector, con la participación de la Cámara Nacional de la Industria y el Acero.

En 1991, la privatización de la industria siderúrgica paraestatal constituyó uno de los sucesos más relevantes. Durante el mismo año y en los siguientes, han ocurrido diversos sucesos que afectan a este sector, como el cierre temporal de algunas empresas para readecuarse y cumplir con la normatividad ambiental y la suspención definitiva de otras.

Las reservas totales de minerales de hierro se estiman en 650 millones de toneladas, suficiente para garantizar la producción al ritmo actual durante 40 años. Los depósito más importante se localizan en los estados de Colima y Coahuila, con reservas estimadas de 180 y 125 millones de toneladas respectivamente, a lo que se suman los depósitos de las minas de Jalisco, Chihuahua y Michoacán. Aunado al empleo del mineral de hierro, también se consume chatarra que contiene ese metal, lo cual equivalió a 3.5 millones de toneladas en 1990, provistas principalmente por el mercado doméstico, aunque su importación ha aumentado de manera importante en los últimos años.

La producción para el consumo interno ha crecido, ya que en 1950 se cubrió 49.5% y en 1980, 96.5% de la demanda nacional, lo cual representó una producción de 7.5 millones de toneladas. De la misma manera creció su contribución al PIB, la cual alcanzó 4.2 en 1989, con una producción de 7.92 millones de toneladas de acero crudo. Debido al amplio margen de utilización del acero en las ramas más dinámicas de nuestra economía, la importancia de esta industria es manifiesta. México es el segundo productor de hierro y acero en latinoamérica, después de Brasil, y aproximadamente el vigésimo productor mundial.

Destino de los productos de acero

  • Industrias manufactureras 36.2%
  • Construcción 34.3%
  • Industria petrolera 8.7%
  • Transporte y comunicaciones 6.9%
  • Intermediarios 12.4%
  • Agricultura 1.0%
  • Industria minera 0.5%

Por las escalas óptimas de producción tan elevadas que requiere, la industria acerera movilizan un gran un volumen de recursos monetarios, físicos y humanos para cumplir con las funciones de transformación y manufactura. Para ello, intervienen cuantiosas inversiones en la construcción de plantas y equipos, explotación de yacimientos, creación de infraestructura y servicios. Moviliza, también, considerables volúmenes de materia prima para su transformación (mineral de hierro, carbón y chatarra, entre otros) y un elevado número de mano de obra especializada (obreros, técnicos, ingenieros). La ruta de producción más barata, vía alto horno, requiere de cuatro millones de toneladas anuales de acero como mínimo; las nuevas tecnologías prometen reducir las escalas necesarias y la inversión específica, pero sus costos aún son elevados y distan de ser confiables.

Se trata pues de una industria de grandes economías de escala, por lo que la relación capital-producto exige la mayor eficiencia en cuanto a la utilización de la capacidad instalada. Por el largo período de maduración de las inversiones y el ritmo de desfasamiento técnico, se abren espacios de riesgo muy amplios que dificultan la reconversión tecnológica en el mediano plazo, objetivos indispensables para disminuir sus impactos ambientales y mejorar su productividad.

Se estima que el número de empleos directos de la planta siderúrgica nacional en 1990 fue 72 500 y el de empleos indirectos 411 mil.

La situación del mercado internacional atraviesa por un período crítico por el bajo crecimiento del PIB de los países integrantes de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) ; la reorientación del mercado del acero, en la cual ciertos países han incrementado la producción mediante un alto desarrollo tecnológico, como Corea de Sur; la sustitución gradual del acero por otros materiales como el aluminio y el plástico y la existencia del fenómeno de "dumping", intrínseco a este tipo de industria.

En la estructura actual de la industria siderúrgica nacional, las empresas integradas tienen capacidad para producir arrabio y fierro esponja, a través del proceso de alto horno al carbón mineral.

La producción de acero implica la posibilidad de transformar el acero en productos finales (alambre, cable, telas y enrejados de alambre, muelles y hojas para muelles, conexiones y accesorios para tubería, clavos y grapas, tornillos, pernos y remaches, cadenas, recipientes, cilindros y tanques, envases de hojalata, tapones y corcholatas, rieles y accesorios para vías, piezas forjadas baleros, varilla corrugada y barras forjadas) o semielaboradas (laminados finales no planos, lámina cromada, planos inoxidable, laminados planos y tubos con y sin costura y fundidos.

Clasificación de producción de hierro y acero

Hierro

  • Por producto: hierro esponja y arrabio
  • Por tipos: arrabio para fundición, hierro esponja para acería y arrabio para acería
  • Por procedimientos: alto horno a carbón mineral, alto horno al carbón vegetal, horno eléctrico de reducción directa.

Acero

  • Por tipos: acero aleado y acero común
  • Por procedimientos: convertidor al oxígeno, convertidor "Bessemer", Convertidor "Thomas", horno eléctrico y horno Siemens-martín.
  • Por métodos de vaciado: lingotes, productos de colada continúan y productos para moldeo.

A mediados de los años ochenta, 66% del acero se produjo en las empresas integradas a base del proceso de alto horno que utiliza carbón como reductor y 34% restante a base de reducción directa de minerales con gas natural.

A fines de esa década se esperaba modernizar la tecnología en la producción de acero, mediante la mayor utilización del horno eléctrico, posteriormente el convertidor al oxígeno y finalmente al Siemens-Martín, pero la aceración de hogar abierto con los hornos Siemens-Martín se han revelado como los mayores generadores de polvos contaminantes, ya que sus emisiones representan aproximadamente 0% del total. Por tal razón fueron cancelados en 1991.

Existen en México empresas integradoras en forma vertical, esto es disponen de instalaciones tanto para la reducción de mineral de hierro, como para la acería y laminación. Además se cuenta con 19 empresas semi-integradas que producen acero a partir de chatarra y cuentan con instalaciones para parte del proceso de producción, y con 33 empresas no integradas o relaminadoras, que fabrican laminados a partir de lingotes parcialmente laminado o que utilizan para este proceso formas escogidas de chatarra de acero.

Aunado a las empresas descritas, existen 69 empresas fabricantes de tubos, tornillos, clavos y láminas recubiertas y tres plantas productoras de ferroaleaciones, que producen materiales básicos para la composición de las distintas clases de acero.

Tipos de empresas siderúrgicas

Empresas integradas en forma vertical.- Son las empresas más grandes. Disponen de instalaciones tanto para la reducción de mineral de hierro como para la acería y laminación. Son empresas que realizan el proceso completo de fabricación de acero, desde la reducción de mineral hasta el producto final. Existen actualmente cinco plantas de este tipo en el país.

Empresas semi-integradas.- Son aquellas que producen acero a partir de chatarra. Cuentan con instalaciones para dos de las etapas del proceso de producción: reducción y acería y laminación; existen 19 empresas de este tipo en México.

Empresas no integradas o relaminadoras .- Son fábricas de laminados a partir de lingotes parcialmente laminados y adquiridos en las empresas integradas, o que utilizan para este proceso formas escogidas de chatarra de acero como rieles, fechas y ejes de desechos. Son 33 relaminadoras las que se encuentran trabajando en el país .

En conjunto, se calcula que existen cerca de 300 empresas dedicadas a la fundición de chatarra para obtener hierros que son reutilizados industrialmente, todas las cuales trabajan con hornos viejos y tecnologías tradicional.

Por la serie de características técnicas y económicas, así como por el tipo de gestión administrativa que requiere este sector, no siempre es posible mantener actualizada la tecnología siderúrgica y menos en países que no están en los primeros lugares de producción de acero en el mundo, lo que determina u rezago y desfasamiento de la tecnología y el equipo en muchas de las plantas integradas y semi-integradas.

La demanda energética es uno de los aspectos más críticos y está basada en el empleo de carbón, gas natural, petróleo y energía hidroeléctrica; a ello se suma problemas de combustión ineficiente, por esto el sector siderúrgico nacional se ha esforzado por modernizar sus plantas industriales para elevar su eficiencia energética y su productividad. Destacan en particular la inyección de gases inertes para la base de los convertidores, la modernización de los procesos de laminación en caliente, la eliminación de unidades obsoletas, la racionalización de instalaciones y rehabilitación y eliminación de restricciones operativas. Un problema a destacar lo constituye la compra de maquinaria y equipo de distintas marcas, lo cual dificulta su mantenimiento.

Las operaciones primarias son las que generan prácticamente la totalidad del polvo contaminante, sobresalen las plantas de sinterización y peletizadoras, así como los talleres de aceración de hogar abierto. Por lo anterior, y entre otros, se han instalado convertidores catalíticos filtros de bolsas, guarda polvos y precipitadores electrostáticos; se realizan estudios para mejorar el proceso "sinter" y reducir las emisiones de polvo, en tanto que en las plantas peletizadoras se sustituyeron los depuradores originales por unidades de diseño y tamaños adecuados, se mejoró el mantenimiento así como las prácticas operativas durante el proceso.

Con objeto de reducir las descargas de las laminadoras en frío que dañan los cuerpos de agua, se han iniciado esfuerzos para regenerar el ácido usado en los decapados y para la separación de aceites mediante trampas y fosas. Aunado a lo anterior se ha desarrollado la ingeniería requerida para el tratamiento de aguas amoniacales, para reutilizar el agua en torres de apagado, así como para captar, tratar y disponer los lodos generados en las plantas de tratamiento de aguas residuales.

La industria del cuero

Antiguamente las tenerías se ubicaban en lugares en los que el agua era abundante, como en las riberas de los ríos y se encontraban distribuidas en todo el territorio nacional. La modernización del sector condujo a la desaparición de las tenerías artesanales y dio lugar al crecimiento de las empresas y a la formación de núcleos de industrias curtidoras y a su concentración en unos cuantos polos: 72% (565empresas) se encuentran en León, Guanajuato; 11% (84 empresas) en Guadalajara, jalisco; 11% (84 empresas) en la ciudad de México; y 6% (49 empresas) en el resto del país. Cabe señalar que el sector del cuero y el calzado ha sido uno de los más afectados por la liberación de importación y su dificultad de competir con los precios de los productos importados.

Aproximadamente 65% de los cueros son curtidos en León, Guanajuato y 420 pequeños tenerías curten entre 10y 17% de la producción nacional (83% de las empresas son pequeñas y cuentan con menos de 10 máquinas). Entre ellas se distinguen las que curten con cromo y producen 90% de los cueros curtidos del país, empleados en la parte superior del calzado, tapicería, vestimenta marroquinería; y las que utilizan taninos vegetales, que producen cueros para suelas y vaquetas para marroquinería y muebles rústicos.

Entre los aspectos más relevantes de la industria del cuero en el renglón ambiental, se cuenta el alto consumo de agua y su contaminación y la generación de lodos provenientes del tratamiento de aguas residuales.

El consumo de agua en los procesos húmedos de la tenería oscila entre 30 y 60 1/kg de piel verde salada; sin embargo, el consumo ha disminuido a 25 1/kg mediante la optimización de los procesos. Para ilustrar la magnitud del problema, puede citarse el caso de la ciudad de León, donde las tenerías consumen 2.1% del agua potable facturada y 13% del total, considerando la extracción directa de pozos y agua provista de pipas.

Las aguas residuales son descargadas directamente al drenaje municipal al no existir drenajes separados por los afluentes industriales. Las tenerías que emplean cromo descargan sales, cromo, sulfuro, materia orgánica, grasas y taninos vegetales y sintéticos, entre otros. A la vez producen desechos sólidos que se componen por "descarne" que en algunos casos contiene sulfuro "raspa" que normalmente contiene cromo, polvo de piel cromada y recorte. Las tenerías de curtido vegetal generan los mismos contaminantes con excepción del cromo.

La situación anterior ha llevado a la búsqueda de procesos alternativos que reduzcan el consumo de agua y las cargas contaminantes al ambiente, entre los que se encuentran el empleo de complejas máquinas automatizadas de circuito cerrado que reducen a alores mínimos la contaminación efluentes.

Uno de los principales problemas lo constituye el manejo y eliminación de los lodos provenientes del tratamiento de aguas residuales que pueden contener altas concentraciones de cromo, por lo cual se recomienda, ya sea su reuso o la reducción de su volumen por incineración, su solidificación y su confinamiento.

Las mediadas empleadas para reducir los flujos de aguas residuales consisten en medidas de ahorro de agua, tales como empleo de baños en lugar de enjuagues continuos, control del tiempo para limitar los flujos individuales y empleo de aguas de lavado para preparar soluciones empleadas en el proceso, así como la concientización y capacitación de los trabajadores.

Es importante hacer notar que la Organización de las Naciones Unidad para el Desarrollo industrial (ONUDI) ha elaborado estudios e información para apoyar a las pequeñas y medianas empresas curtidoras de países en desarrollo, con el objeto de mejorar sus procesos de producción desde las perspectivas ambientales. Así mismo, es pertinente resaltar que existen países que limitan las exportaciones de pieles aquellas que hayan sido curtidas sin emplear cromo, como una medida para desincentivar el empleo de ese metal y la contaminación ambiental resultante.

La industria de la celulosa y el papel

Durante trescientos años, la manufactura del papel y su comercio en México estuvieron supeditados a las rígidas limitaciones impuestas por España, a pesar de lo cual se crea en México en 1580 el primer batán en América en el que se hizo papel. La fabricación de papel no adquiere realmente importancia en nuestro país sino ha mediados del siglo XIX, empleándose en ese entonces como materia prima el trapo de lino, de cáñamo y de algodón, cuya disponibilidad era limitada, por lo que las pequeñas empresas papeleras se instalaron cerca de los establecimientos textiles que los desechaban. En 1890, se inicio en México la era de la madera como materia prima celulósica, al construir la fábrica de Amecameca en el Estado de México.

Actualmente se encuentran registradas 67 empresas en la Cámara Nacional de la Industria de la Celulosa y el Papel, dichas empresas se ubican en 16 entidades, si bien 46% de ellas se concentran en sólo dos entidades: El Distrito Federal y el Estado de México.

Este sector industrial emplea en forma directa a 32 mil personas entre directivos, empleados y obreros. La producción de celulosa, así como la de papel, alcanzan en México volúmenes por debajo de la capacidad instalada, ya que en el primer caso dicha capacidad es de más de un millón de toneladas al año y la producción en 1992 fue de 520 mil toneladas ; en tanto en que el segundo, la capacidad instalada es de cerca de cuatro millones de toneladas anuales y en el mismo año sólo se produjeron alrededor de tres millones de toneladas. Cabe señalar que en 1992 la producción total de papel registró una caída de 2.4% pues la producción nacional se vio desplazada por las crecientes importaciones de papel. La contribución de este sector al PIB fue de 0.7% en ese año.

Para acceder a mayores niveles de competitividad, la industria papelera incrementó el uso de fibra secundaria en la fabricación de papel, con lo cual también coadyuvó a la protección de los recursos naturales, aunque afectó la producción de celulosa, la cual disminuyó en 1991, 20.6% con respecto al año anterior. El índice de recolección de fibra secundaria se estima en 43% y el consumo total incluyó 27.1% de fibras vírgenes y 72.9% de fibras secundarias.

En el marco del TLC, se abren oportunidades para este sector, la Comisión de Planeación de la Cámara nacional de las Industrias de la Celulosa y papel estima que para 1997 el consumo de papel crecerá en el país en 650 mil toneladas respecto a 1992 y se verá acompañado de un incremento en la capacidad de 360 mil toneladas durante los próximos cinco años.

Lo anterior implicará un aumento en el consumo de materia prima fibrosas aproximado d 807 mil toneladas con respecto a 1992. La gran proporción de fibra secundaria que se incorpora a la producción de papel y la baja capacidad de recolección de la misma, hacen pensar que se elevará la importación de papel de desperdicio para satisfacer la demanda. Es importante mencionar que existe una gran demanda de ese tipo de papel en los mercados internacionales, por lo que el precio del papel de mejor calidad es alto y además de que el acceso a él es difícil para nuestra industria. De ahí que se presenten dos opciones para industria nacional: pagar ese precio elevado por el papel de desperdicio de alta calidad o invertir en tecnología e infraestructura para aprovechar el desperdicio y precio, sin por ello disminuir la competitividad del papel generado en el país.

Obtención de fibras para fabricación de Papel en México

  • Producción de pasta mecánica a partir de madera blanda (coníferas)
  • Producción de celulosa química a partir de madera blanda
  • Producción de celulosa química a partir de bagazo de caña
  • Obtención de fibra secundaria de color natural a partir de cartón corrugado y sacos
  • Obtención de fibra secundaria a partir de procesos de destinado.

La industria celulósica-papelera cuya materia prima son los recursos forestales se ha visto en la necesidad, a nivel mundial, de disponer de estos recursos a precios competitivos y de calidad uniforme.

En México no existen plantaciones forestales con fines industriales porque no ha existido una claridad política forestal que, en términos de esta industria, hubiera permitido disponer de esta materia prima dentro de un radio geográfico determinado, lo que reduciría costos de infraestructura y mantenimiento de caminos. De ahí que la industria se haya visto obligada a conseguir su materia prima en zonas lejanas y con frecuencia de muy difícil acceso, lo que incrementa los costos y reduce su competitividad Al no disponer de esas plantaciones forestales técnicas, no se emplea medra de edad uniforme, lo que redunda en la falta de homogeneidad en la calidad de papel. El cortar indiscriminadamente árboles jóvenes y maduros ocasiona, además, un daño considerable a las zonas forestales. La industria misma no ha establecido ni instrumentado una política comprensiva de reforestación en las áreas de las que ha extraído su materia prima.

La demanda de agua de este sector es sumamente elevada por sus múltiples usos, a lo que se suma el hecho de que los cuerpos de agua son empleados para verter en ellos las descargas con un alto contenido de materia orgánica que leva la demanda bioquímica de oxígeno así como las sustancias químicas empleadas en los diversos procesos.

La producción de celulosa química a partir de madera blanda se realiza a través de un proceso de cocción de la madera con agentes químicos, con un rendimiento de 50% el resto del material que compone la madera se envía como combustible a las calderas, e incluso se vierte al drenaje.

La utilización de bagazo de caña para obtención de fibras, conduce a la eliminación de la parte no fibrosa de la caña (médula) ya sea quemándola (con la consecuente emisión de humos y partículas), empleándolas como complemento en alimento de ganado o vertiéndola en cuerpos de agua o desagües.

El empleo de cartón corrugado y sacos para la obtención de fibra secundaria, da lugar a pérdidas del material del orden de 20%, el cual va a parar a los efluentes, lo que produce una alta demanda de oxígeno. Cuando se emplea papel de desperdicio entintado se requiere del empleo de sustancias químicas para eliminar la tinta, lo que a su vez puede generar desechos contaminados con ellas.

Entre los problemas más graves del sector está la eliminación de los lodos y la espuma de generadores por las plantas de tratamiento, los cuales requieren reducir su volumen retirándoles el agua, incinerarlos y enviarlos a un confinamiento, ya que sólo una parte de los lodos pueden ser reciclados.

  1. El abatimiento en las fuentes (tratamiento interno) por reducción del empleo de agua, y mejor control de los procesos incluyendo la retroalimentación rápida de información a los procesos de producción respecto al control de aguas residuales.

  2. Modificación de procesos, como el empleo de sistemas cerrados de circulación para diversos procesos , el limpiado a contracorrientes en el proceso de blanqueado y el reuso de agua blanca en proceso de producción de papel.

Los enfoques empleados para reducir las emisiones de óxido de azufre incluyen: empleo de combustible de bajo contenido de azufre y la instalación de unidades de desulfurización de los flujos de gas (a bases de soluciones de sosa cáustica o hidróxido de magnesio, lo que requiere controlar los problemas de neblina que generan) . El control de las emisiones de óxido de nitrógeno se logra con el empleo de tecnologías de combustión de bajo nivel de emisiones y con la incorporación de unidades de desnitrificación de los flujos de gas que permiten cumplir con las normas más exigentes, mientras que los precipitados electrostáticos se emplean para abatir los polvos de sulfato de sodio y de cal.

En cuanto al manejo de los desechos sólidos, los elementos principales de su administración consisten en: reducción de su volumen por deshidratación, disminución de la generación a través de la incineración de materiales inflamables, o reciclados.

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Última Actualización: 15/11/2007