INTRODUCCIÓN
La
elaboración de tipologías de productores o de unidades
de producción ha sido una preocupación central entre
los analistas del agro mexicano. Entre éstas destacan la
realizada por la Comisión Económica para América
Latina (CEPAL) con base en los Censos Agropecuarios y Ejidales
de 1971 y bajo la dirección de A. Shejtman (CEPAL 1982);
las elaboradas por el Centro de Ecodesarrollo (CECODES) sobre
los productores de maíz en 1980 (Montañez y Warman
1985) y sobre los productores de café en 1976-77 (Nolasco
1985), y la encuesta nacional de productores del sector social
(ejidos y comunidades indígenas) llevada a cabo por la
entonces SARH y la CEPAL (1992). Esta última ha servido
para realizar algunos diagnósticos sobre los efectos del
TLC sobre los productores de maíz en México (De
Janvry et al. 1994) o en relación con las consecuencias
de la nueva ley agraria (De Janvry et al. 1996). A los anteriores
esfuerzos se deben agregar los intentos por lograr una clasificación
de los sistemas de producción, en especial los agrícolas
(por ejemplo, Guerrero-González 1980).
Estas tipologías han adolecido, sin embargo, de varias
limitaciones entre las que podemos citar: una visión marcadamente
economicista o productivista, una total ausencia de las variables
ambientales o eco-lógicas, y como consecuencia de lo anterior,
una falta de correlación con los factores naturales, lo
cual hace que la tipología quede sin representatividad
espacial (georeferenciación).
Siguiendo
el marco conceptual descrito en el capítulo anterior se
elaboró una metodología que permite construir una
tipología de unidades de producción rural desde
una perspectiva multidisciplinaria o socio-ecológica.
PARÁMETROS,
VARIABLES, RANGOS Y VALORES
Los
nueve atributos utilizados para distinguir los dos modos básicos
de apropiación de los ecosistemas conforman los parámetros
que permiten construir la tipología de productores rurales.
Estos parámetros quedan representados o expresados a través
de una o muchas variables las cuales tienen la característica
de ser identificables, obtenibles y cuantificables. En otras palabras,
se trata de traducir el carácter conceptual o teórico
del parámetro a una expresión concreta y tangible
de la realidad expresada por la variable. A su vez cada variable,
en tanto que es sujeta de ser cuantificada, posee un rango (o
espectro) de situaciones con las cuales es posible distinguir
las modalidades establecidas en el marco teórico, en este
caso, los niveles de campesinidad o agroindustrialidad del productor
rural o de la unidad de producción. Finalmente, en la tarea
de ofrecer índices de campesinidad y/o agroindustrialidad,
cada punto o «momento» en el rango de toda variable
posee un valor determinado.
En la construcción de los índices es necesario entonces
identificar las variables contenidas en cada atributo o parámetro,
los rangos de cada variable reconocida y, por último, los
valores otorgados a ese espectro o rango. El reto consiste entonces
en obtener un índice total o final que sea el resultado
de la sumatoria de cada uno de los subíndices correspondiente
a cada parámetro, lo cual expresa un punto en el rango
reconocido, es decir, un cierto “momento” en el proceso
de modernización rural, en el proceso de transformación
de lo campesino en agroindustrial.
LAS
ESCALAS DE ANÁLISIS
La
obtención de índices de campesinidad-agroindustrialidad
tiene siempre una representación en el espacio, es decir,
depende de la escala espacial en la cual el procedimiento se aplica.
Por ello, conviene definir las escalas en las cuales es posible
laborar, pues de ello depende el tipo de variables reconocibles
en cada parámetro y, por consecuencia, en los rangos y
valoraciones seleccionados.
Dado que en México la producción rural, la apropiación
de los ecosistemas o de la naturaleza, se organiza y se realiza
de una manera particular determinada por las formas de propiedad
(estructura agraria) y por las formas establecidas de gobierno
(estructura geopolítica), las escalas de análisis
se logran identificar a través de estos criterios. Es posible
distinguir seis escalas en el espacio del territorio nacional
(figura 3.1) teniendo como punto de referencia al municipio que
es la unidad geopolítica y geoestadística por excelencia.
De esta forma, en el nivel supra-municipal o de agregación
de los municipios distinguimos la escala estatal y la nacional.
Por otro lado, en la dimensión infra-municipal se reconoce
una escala comunitaria representada por los ejidos y las comunidades
indígenas y las cooperativas pesqueras, que son conjuntos
articulados de unidades de producción (familiares), y la
escala local representada por las propias unidades productivas.
Existe todavía otro nivel de análisis, el regional,
el cual puede extenderse por encima de los territorios municipales
(sin necesariamente coincidir con sus límites) o bien ubicarse
como un subconjunto dentro de un municipio. Para cada nivel existirán
por lo tanto diferentes recursos de información empírica,
y el carácter jerárquico de estos datos determinará
la posibilidad de cuantificar a partir de la agregación
de la información utilizada.

Figura 3.1 Diferentes escalas del territorio de
México y su relación con los niveles geopolíticos
y geoestadísticos en las que es posible aplicar el índice
de campesinidad-agroindustrialidad.
Las
fuentes de información
En teoría se pueden distinguir cuatro principales fuentes
de información a partir de las cuales es posible derivar
datos de carácter empírico para la elaboración
de una tipología de productores rurales: la entrevista
directa con productores (mediante el levantamiento de encuestas
sobre el terreno), los estudios o investigaciones ya publicadas
con información apropiada sobre los parámetros seleccionados,
la información derivada de sensores remotos (fotografías
aéreas, imágenes de satélite, videos a distancia,
etc.) y los datos de encuestas, inventarios y censos.
Con
excepción de los censos nacionales que son la única
fuente que ofrece información a escala nacional como resultado
de la agregación desde el nivel de unidad productiva, los
otros recursos de información no logran ofrecer más
que panoramas parciales del territorio nacional. Los censos nacionales
son, además, los únicos recursos de información
que presentan un agregado jerarquizado de datos, aunque estos
sólo se encuentran disponibles a nivel municipal, estatal
y nacional y muy rara vez, a nivel de localidades o comunidades
rurales.
Los
escenarios productivos: la importancia de las zonas ecológicas
Día con día, los productores rurales de México
se ven enfrentados a un conjunto particular de condiciones físico-biológicas
de su entorno natural. Éste opera al mismo tiempo como
el ambiente que proporciona a los seres humanos las condiciones
de confort necesarias para mantener su existencia biofísica
(calor, humedad, oxígeno, luz), y como la fuente de los
recursos requeridos para llevar a cabo la producción. En
efecto, en su continuo afán por producir y reproducir las
condiciones materiales e intelectuales de su existencia, cada
unidad de producción rural debe enfrentar diferentes situaciones
o, para ser más explícitos, debe actuar dentro de
diferentes escenarios productivos.
La
extracción, la recolección, la captura, el cultivo
o la manipulación de alimentos a través de las actividades
agropecuarias, pesqueras y forestales, así como la obtención
de materias primas, agua y energía, el empleo de instrumentos,
medicinas, estimulantes o materiales de construcción y
domésticos, dependen de la capacidad del productor rural
para interpretar y aprovechar los elementos de la naturaleza que
forman parte de su escenario productivo. ¿Cómo definir
y diferenciar en el territorio mexicano estos escenarios para
la producción rural o primaria?
Los
avances logrados en la interpretación ecológica
y geográfica del territorio mexicano hacen posible distinguir
grandes escenarios naturales para la producción, cada uno
de los cuales presenta particulares limitaciones, ventajas, resistencias
y matices al esfuerzo que los productores rurales despliegan a
través de las actividades agrícolas, pecuarias,
forestales, extractivas y pesqueras.
Dos
son los conjuntos de factores que permiten identificar, diferenciar
y clasificar los escenarios naturales a partir de los cuales se
realiza la producción del México rural. Un primer
abordaje revela una división del territorio con base en
los tipos de clima y vegetación y en ciertos criterios
de índole biogeográfico. Una segunda aproximación
basada esta vez en la fisiografía o el relieve, es decir,
en los rasgos de la superficie terrestre, permite precisar la
configuración del paisaje. De la combinación de
ambos enfoques se obtiene una panorámica bastante aceptable
de clasificación de los escenarios donde tiene lugar la
acción humana.
Los
dos ejes que definen la distribución de los climas y, en
consecuencia, de la vegetación, son la cantidad de lluvia
que se precipita año con año y la temperatura promedio
anual (figura 3.2). En México podemos encontrar desde sitios
muy húmedos hasta lugares hiperáridos. Igualmente
se reconocen desde localidades muy cálidas hasta lugares
notablemente fríos donde son comunes las nieves eternas.
En
general, la distribución de la temperatura está
dada por la altitud del lugar. Así los sitios o regiones
más cálidos se encuentran al nivel del mar y los
más fríos en las porciones más altas, dando
lugar a lo que se denomina pisos térmicos. Este patrón
se ve sin embargo matizado por la posición latitudinal:
entre más se acerca una localidad al Ecuador será
más cálida y entre más se aleje más
fría. Latitud y altitud determinan entonces el regimen
térmico de un sitio determinado, y esto a su vez contribuye
a dar lugar a un cierto tipo de vegetación. Por su parte,
la cantidad de lluvia se encuentra determinada por factores tales
como la dirección de los vientos, la cercanía al
mar, la orientación y la altitud de un lugar.
En
México, las localidades ubicadas sobre la vertiente del
Golfo de México son generalmente más húmedas
que las situadas en la del Océano Pacífico y la
húmedad se incrementa de norte a sur.
Como
lo muestra la figura 3.2, del registro combinado de temperatura
y humedad por un lado, y de la vegetación resultante por
el otro, se logran distinguir seis escenarios naturales bien definidos
(Toledo et al. 1989, Toledo y Ordoñez 1992), los cuales
afectan o determinan la presencia de los seres vivos, las actividades
humanas dedicadas a la producción primaria o rural y, por
último, la distribución de las culturas (Challenger
1998).

Figura
3.2 Las seis principales zonas ecológicas de México
las definen dos criterios básicos: el tipo de vegetación
que predomina y dos factores climáticos: el gradiente térmico
y el gradiente de humedad (aquí referido a la cantidad
de lluvia anual en milímetros). I: Zona tropical cálido-húmeda.
II: Zona tropical cálido subhúmeda. III: Zona templada
húmeda. IV: Zona templada subhúmeda. V: Zona árida
y semiárida. VI: Zona fría. Tipos de vegetación:
Sap/sc: Selvas altas perennifolias y selvas medianas subperen-nifolias.
Sam/sc: Selvas altas y medianas subcaducifolias. Sbc: Selvas bajas.
Sbe: selvas bajas espinosas. Mat: Matorrales desérticos.
Pas: Pastizales. Bm: Bosque mesófilo de montaña.
Bab: Bosque de abetos. Pin: Bosque de pinos (pinares). Enc: Bosque
de encinos (encinales). Zac: zacatonales o pastizal de altura.
El primer escenario que emerge es el de las porciones más
húmedas y más cálidas del territorio mexicano.
Se trata de las regiones cálido-húmedas donde crece
una vegetación de gran exuberancia: las selvas altas y
medianas siempre verdes, es decir, las que debido a la gran humedad
imperante en el ambiente nunca pierden su follaje. En regiones
con el mismo régimen térmico pero donde el período
anual de lluvias es interrumpido por una estación seca
bien marcada de hasta siete meses, aparece un segundo escenario.
Se trata de enclaves tropicales cálidos y subhúmedos
en donde dominan las selvas bajas caducifolias debido a los límites
hídricos existentes, esto es, selvas de menor talla que
pierden sus hojas durante la parte más seca del año.
Donde
el clima se hace más fresco hasta alcanzar tonos templados
aparecen conjuntos de vegetación diferentes. Las selvas
altamente diversas, con varios estratos de árboles y abundantes
en epífitas y lianas, son sutituidos por bosques menos
variados y más simples en su estructura. Los bosques mixtos,
ricos en especies de tal suerte que a veces semejan selvas, aparecen
en las porciones más húmedas de las partes templadas.
Por su parte, los bosques de pinos y encinos dominan en las partes
menos frescas.
Por
último, la ausencia de árboles permite distinguir
los dos escenarios restantes. En las zonas áridas y semiáridas,
donde la lluvia es escasa, las selvas y los bosques desaparecen
y en su lugar surge una gran variedad de matorrales y de extensos
pastizales. Se trata de los desiertos que dominan buena parte
de la porción norte del territorio. En los lugares de gran
altitud, donde la temperatura es tan fría que las especies
arbóreas no logran ya sobrevivir, surge una vegetación
dominada por pastizales, esporádicamente interrumpida por
pequeños arbustos y hierbas. Se trata de los sitios de
alta montaña, donde la nieve se hace presente en algún
período del año.
En
México, a los seis escenarios naturales anteriormente descritos
se deben agregar por lo menos otros dos que resultan de condiciones
especiales: los llamados humedales, que son áreas permanente
o temporalmente inundadas formadas por pantanos, médanos
y otros cuerpos de agua; y las áreas donde hace contacto
el mar con la tierra, conformadas por las lagunas costeras y por
conjuntos de vegetación muy particulares como los manglares
(que cubren los bordes terrestres de aguas que no son ni saladas
ni dulces, sino salobres).
Una
mirada a las formas de la corteza terrestre de México,
a la manera como las fuerzas geológicas esculpieron el
territorio con el paso del tiempo, permite una comprensión
más precisa en el espacio de los escenarios naturales arriba
descritos. Algunos autores ya han señalado el hecho, no
ausente de significados, de que el territorio mexicano presenta
una cierta estructura piramidal. A lo largo, las dos cordilleras
hacen del territorio un cuerpo con dos largas espinas dorsales;
enmedio de éstas aparecen secuencias de volcanes o nudos
montañosos y, sobre todo, los grandes altiplanos que en
México se distribuyen en promedio entre los 2,000 y los
3,000 metros sobre el nivel del mar. Del centro alto y plano se
desciende por las vertientes hacia los dos lados solares, el oriente
y el poniente, hasta alcanzar el mar pasando por declives abruptos,
valles intermontanos de carácter templado y balcones subtropicales.
En este descenso, las montañas se diluyen hasta convertirse
en las bajo planicies costeras, que son porciones planas a altitudes
cercanas al mar. Las dos costas, por último, son tan diferentes
como los océanos que las bañan. La del Golfo de
México es relativamente ancha y húmeda mientras
que la del Pacífico es angosta y subhúmeda o semidesértica.
Por
encima de estas estructuras geofísicas se derrama la vegetación
que caracteriza a cada uno de los escenarios naturales, como lo
hace un tapiz de musgos sobre la roca. Las selvas siempre verdes,
medianas y altas, ocupan comúnmente las planicies costeras
húmedas y acaso trepan algunas porciones de las vertientes
sin sobrepasar nunca los mil metros. Las selvas bajas caducifolias
ocupan todas las planicies costeras donde desciende la humedad
incluyendo la casi totalidad de las del Pacífico y las
del extremo norte de la península de Yucatán. Sin
embargo, las selvas bajas ya no alcanzan a cubrir las bajoplanicies
norteñas, pues el efecto latitudinal impone una aridez
cada vez mayor conforme se penetra hacia el norte. Para compensar
lo anterior, las selvas bajas dominan en importantes porciones
de los altiplanos del sur de México y en ciertos valles
intermontanos.
La
mayor parte de las montañas y de los valles intermontanos
con suficiente humedad son cubiertos por los bosques mixtos y
los de pinos y encinos. Estos logran penetrar los mares de aridez
del centro y sobre todo del norte del país en forma de
lenguetas o de «islas» de bosques dentro de los extensos
desiertos. Por su parte, los matorrales y pastizales dominan la
mitad más seca del territorio mexicano desde el valle de
Tehuacán-Cuicatlán en el sur hasta los enormes desiertos
del centro y norte: el Chihuahense, el de Baja California y Sonora,
y el Tamaulipeco que domina en el noreste. Finalmente, las escasas
porciones de las partes más altas de los principales volcanes
son ocupados por los escenarios fríos y ya sin árboles.
Tanto
la producción agrícola como la pecuaria y la forestal
se encuentran determinadas por las particulares condiciones de
estos escenarios productivos, de estas zonas ecológicas
(Toledo et al. 1989). En primer lugar, las condiciones climáticas
de cada escenario limitan el crecimiento de los cultivos, de las
diferentes especies y razas de ganado y, al definir las diferentes
masas de vegetación, condicionan las formas de uso forestal.
Así, por ejemplo, los cultivos anuales tanto de granos
básicos como de oleaginosas, forrajes o cultivos industriales,
así como los cultivos perennes (cítricos, café,
cacao, caña de azúcar y otras plantaciones), se
encuentran circunscritos a determinadas zonas ecológicas
(figura 3.3). La excepción es, por supuesto, el maíz,
que es un cultivo con un amplio espectro eco-geográfico
presente en prácticamente todas las zonas ecológicas
salvo las porciones por debajo de los 200-300 mm de precipitación
anual. El relieve, la disponiblidad de agua, la orientación,
la latitud y los tipos de suelos conforman el repertorio de factores
que sobre una escala más fina, imprimen variaciones a la
producción rural dentro del marco de cada zona ecológica.
Como
se verá en los apartados dedicados a explicar la elaboración
de los índices propuestos, la dimensión ambiental
representada en este caso por las zonas ecológicas en donde
se realiza la producción constituye una variable que, dejada
por lo común de lado en la mayoría de los análisis,
resulta un factor de variación en el espacio cuya omisión
es imperdonable. La regionalización ecológica del
país, obtenida a través de medios electrónicos
(sistemas de información geográfica) teniendo como
eje espacial la escala de municipio (figura 3.3), permite realizar
ajustes o calibraciones apropiadas en la elaboración de
índices que permiten arribar a una tipología multicriterial
de productores rurales. Ello permite reconocer y cuantificar de
manera correcta diferentes componentes derivados de información
censal, al ubicar la entidad analizada (un municipio, una región,
una comunidad rural, etc.) dentro de alguna (o varias) de las
zonas ecológicas arriba descritas. Finalmente, también
permite realizar correlaciones entre los diferentes tipos de productores
rurales y sus características y los escenarios productivos.

Figura
3.3 Principales cultivos agrícolas de las zonas ecológicas
de México. Se indica para cada zona el tipo de vegetación
predominante, la cantidad de precipitación pluvial (en
mm), la temperatura media anual (en ºC) y el tipo de clima
(según Koeppen modificado por García, 1989). T:
Agricultura de temporal; R: Agricultura de riego; H: Agricultura
de humedad. Elaborado a partir de datos de Toledo et al. 1989.
Los índices de campesinidad-agroindustrialidad
El
uso de datos obtenidos empíricamente sirve para la confección
de índices de campesinidad-agroindustrialidad aplicables
a diferentes espacios geográficos y ecológicos:
una unidad de producción, una comunidad rural, un municipio,
una región, una entidad federativa. La correlación
de estos índices con factores de otro tipo, tales como
niveles de deforestación o deterioro ambiental, apertura
de nuevas carreteras, indicadores de calidad de vida, etc., permiten
ponderar la importancia de los diferentes tipos de producción
primaria o rural, de acuerdo al marco teórico propuesto.
El
cuadro 3.1 sintetiza los procedimientos utilizados para expresar
los nueve atributos conceptualizados, tomando como fuentes de
información el XI Censo General de Población y Vivienda,
1990 y el VII Censo Agropecuario, 1991 y el procedimiento utilizado
en cada cálculo. Con base en lo anterior, el índice
de campesinidad-agroindustrialidad queda expresado como la síntesis
de los valores obtenidos para cada atributo. Las siguientes secciones
están dedicadas a explicar en detalle los procedimientos
utilizados para obtener los valores de cada uno de los atributos.
PARÁMETRO |
VARIABLE |
FUENTE |
I
ENERGÍA |
A.ENERGÍA
DOMÉSTICA |
Censo
General de Poblaciones y Vivienda, cuadro 43 |
| B.ENERGÍA
PRODUCTIVA |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 17
Censo Agrícola Ganadero, cuadro 16
Censo Agrícola Ganadero, cuadro 27,31,y 34 |
| C.
ENERGÍA TRANSFORMADORA |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 19, 40 y 47 |
II ESCALA |
D.
TAMAÑO DEL PREDIO Y DISPONIBILIDAD DE RIESGO |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 06 |
| E. TAMAÑO DEL HATO (BOVINO Y PORCINO) |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 22 y 28 |
| F.
NIVEL DE INTENSIFICACIÓN GANADERA (PORCINA Y AVICOLA) |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 40 |
III.
AUTOSUFICIENCIA |
G.
AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 10,23 y 35 |
| H.
AUTOSUFICIENCIA PRODUCTIVA |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro16 y 27 |
| I
. AUTOCONSUMO AGROPECUARIO Y FORESTAL |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 21, 41 y 48 |
| J.
AUTOSUFICIENCIA GENÉTICA |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 16, 25 y 30 |
| K.
AUTOSUFICIENCIA FINANCIERA |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 19 |
IV.
FUERZA DE TRABAJO |
L.
EMPLEO DE MANO DE OBRA (ASALARIADA) |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 54 |
V.
DIVERSIDAD |
M.
DIVERSIDAD ECOGEOGRÁFICA |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 4 y 5 |
| N.
DIVERSIDAD PRODUCTIVA |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 28,22,33,35,36,37 y 39 |
| O.
DIVERSIDAD BIOLÓGICA |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 4 y 5 |
VI.
PRODUCTIVIDAD DE TRABAJO |
P.
RENDIMIENTO POR JORNALES INVERTIDOS |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 10 y 17 |
VII
PRODUCTIVIDAD ENERGÉTICA |
Q.
BALANCE ENERGÉTICO |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 5, 10 y 19 |
VIII.,
CONOCIMIENTOS |
R.
ASISTENCIA TÉCNICA PAGADA |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 16 |
IX.
COSMOVISIÓN |
S.
POBLACIÓN HABLANTE DE LENGUA INDIGENA |
Censo
Agrícola Ganadero, cuadro 6 y 9 |
Cuadro 3.1 Parámetro, variables y fuentes censales utilizados
en la construcción del índice de campesinidad-agroindustrialidad
Metodología
Las fuentes de información para el cálculo del valor
de campesinidad-agroindustrialidad varían según
la escala analizada. A nivel nacional, de entidades federativas
y municipal, la información provino del medio magnético
Sector Agropecuario del INEGI en el que se presenta información
desglosada del VII Censo Agrícola-Ganadero, 1991, por lo
que la referencia de los cuadros analizados se deben remitir a
esta fuente. Para el caso de algunas variables se utilizó
también el impreso del XI Censo General de Población
y Vivienda, 1990.
Para
el procesamiento numérico de la información censal
referida se utilizó una estación de trabajo Intergraph
y una base de datos Oracle. Se hicieron programas ad hoc utilizando
lenguaje de programación «C» y la interfaz
Oracle Pro-C.
En
esencia, esta metodología consistió en asignar valores
a las variables localizadas en los censos mencionados que permitían
diferenciar uno o más de los parámetros utilizados
como atributos para distinguir lo campesino de lo agroindustrial,
ajustándolos a un rango dentro de cero (0) y uno (1), donde
el cero representa al prototipo campesino y el uno al agroindustrial.
A
continuación se explican los procedimientos empleados para
la obtención del valor de cada una de las variables, parámetros
y atributos analizados.
Energía
Energía doméstica
Las
fuentes de energía para consumo doméstico (ENEdom)
utilizados en los hogares rurales permiten diferenciar con bastante
claridad los dos arquetipos principales de productores. En este
caso se utiliza la información proveniente del Censo General
de Población y Vivienda (cuadro 43), que ofrece el número
de viviendas partículares según tipo de combustible
utilizado para cocinar. Frente a la limitante de que ninguno de
los censos nacionales distingue entre viviendas rurales y urbanas,
y de que el tamaño de la localidad a la que pertenecen
tampoco las separa nítidamente, se optó por aplicar
el siguiente procedimiento para calcular el número de viviendas
rurales. En primer término logró observarse una
cierta relación entre las viviendas con cuatro cuartos
o menos (referidas en el Censo General de Población y Vivienda,
CGPV) y la condición de ruralidad, (véase cuadro
3.2), pues en el 95% de los casos muestreados, el uso de la leña
aparece en las viviendas con cuatro cuartos o menos (cuadro 41
del CGPV). Por lo anterior, se tomó como «universo
rural» a las viviendas con cuatro cuartos o menos y a partir
de éste se obtuvo el porcentaje de viviendas utilizando
leña (expresión de campesinidad). Para ubicar los
valores resultantes en el rango de 0 a 1, se establece estonces,
la fórmula:
Energía
doméstica = 1 - (porcentaje de viviendas de uno a cuatro
cuartos que usan leña del total de viviendas con cuatro
cuartos o menos).
Energía
productiva
De acuerdo con la información censal disponible se lograron
establecer tres procedimientos para calcular la energía
productiva (ENEprod): (a) El porcentaje de unidades de producción
rural (UPR) de un municipio utilizando sólo energía
humana, animal, mixta (es decir animal y mecanizada) y exclusivamente
mecanizada en el proceso productivo agrícola, lo que permite
calificar el grado de campesinidad o agroindustrialidad. Lo campesino
se define por el uso de energía humana y/o animal, y lo
agroindustrial por el uso de energía mecanizada. La condición
mixta expresa un estado intermedio (Censo Agrícola-Ganadero
, CAG, de ahora en adelante, cuadro 17). (b) El porcentaje de
UPR utilizando insumos agrícolas industria-lizados (fertilizantes
químicos y pesticidas), permite distinguir lo agroindustrial
de lo campesino (las UPR que no emplean estos insumos; CAG, cuadro
16). (c) Finalmente, el uso o no de los alimentos balanceados
para aves, cerdos y bovinos (que implican un cierto procesamiento
industrial) permite evaluar (por el número de UPR) el grado
de campesinidad o agroindustrialidad de un municipio (CAG, cuadros
27, 31 y 34).
Energía
transformadora
El porcentaje de UPR de un municipio que utilizan instrumentos,
máquinas o artefactos para la transformación industrial
en la agricultura, la ganadería y la producción
forestal (ENEtra) permite nuevamente separar los dos modos de
apropiación. En este caso se utilizan los cuadros 19, 40
y 47 del CAG. La fórmula queda entonces de la siguiente
manera:
ENEtra=
1 - (UPR que no utilizan equipos de transformación
en la agricultura, la ganadería y la producción
forestal).
De esta manera la fórmula general para obtener el índice
de energía (ENE) resulta ser:

| |
1
a 4 |
>
5 |
Total |
1 a 4 |
<
5 |
Total |
| |
|
|
|
Porcentaje |
|
|
| Aguascalientes |
5,279 |
693 |
5,972 |
88 |
12 |
100 |
| Asientos |
787 |
133 |
920 |
86 |
14 |
100 |
| Calvillo |
806 |
287 |
1,093 |
74 |
26 |
100 |
| Cosio |
181 |
49 |
230 |
79 |
21 |
100 |
| Colima |
8,154 |
180 |
8,334 |
98 |
2 |
100 |
| Armería |
787 |
12 |
799 |
98 |
2 |
100 |
| Cd
Colima |
938 |
25 |
963 |
97 |
3 |
100 |
| Comala |
969 |
24 |
993 |
98 |
2 |
100 |
| Jalisco |
78,273 |
8,198 |
86,471 |
91 |
9 |
100 |
| Unión
de Tula |
391 |
37 |
428 |
91 |
9 |
100 |
| Valle
de Guadalupe |
122 |
40 |
162 |
75 |
25 |
100 |
| Valle
de Juárez |
287 |
27 |
314 |
91 |
9 |
100 |
| México |
200,278 |
12,116 |
212,394 |
94 |
6 |
100 |
| Nicolás
Romero |
1,612 |
100 |
1,712 |
94 |
6 |
100 |
| Nopaltepec |
249 |
16 |
265 |
94 |
6 |
100 |
| Ocoyoacac |
790 |
61 |
851 |
93 |
7 |
100 |
| Michoacán |
172,534 |
10,086 |
182,620 |
94 |
6 |
100 |
| Copándaro |
553 |
47 |
600 |
92 |
8 |
100 |
| Cortija |
1,050 |
50 |
1,100 |
95 |
5 |
100 |
| Cuitzeo |
1,615 |
158 |
1,773 |
91 |
9 |
100 |
| Morelos |
27,250 |
1,359 |
28,609 |
95 |
5 |
100 |
| Emiliano
Zapata |
473 |
17 |
490 |
97 |
3 |
100 |
| Huitzilac |
607 |
21 |
628 |
97 |
3 |
100 |
| Jantetelco |
342 |
18 |
360 |
95 |
5 |
100 |
| Nayarit |
21,383 |
897 |
22,280 |
96 |
4 |
100 |
| Ruiz |
1,021 |
232 |
1,044 |
98 |
2 |
100 |
| San
Pedro Lagunilla |
153 |
9 |
162 |
94 |
6 |
100 |
| Santa
María de Oro |
783 |
40 |
823 |
95 |
5 |
100 |
| Nuevo
León |
28,435 |
1,652 |
30,087 |
95 |
5 |
100 |
| Mina |
307 |
26 |
333 |
92 |
8 |
100 |
| Montemorelos |
1,799 |
28 |
1,827 |
98 |
2 |
100 |
| Parras |
26 |
1 |
27 |
96 |
4 |
100 |
| Puebla |
285,513 |
11,860 |
297,373 |
96 |
4 |
100 |
| Tezuitlán |
2,262 |
80 |
2,342 |
97 |
3 |
100 |
| Tianguismanalco |
1,083 |
86 |
1,169 |
93 |
7 |
100 |
| Tilapa |
524 |
25 |
549 |
95 |
5 |
100 |
| Tlaxcala |
29,396 |
1,319 |
30,717 |
96 |
4 |
100 |
| Cuaplaxtla |
347 |
10 |
357 |
97 |
3 |
100 |
| Cuaxomulco |
220 |
9 |
229 |
96 |
4 |
100 |
| Chiutempan |
2,032 |
82 |
2,114 |
96 |
4 |
100 |
| Veracruz |
417,423 |
19,988 |
437,411 |
95 |
5 |
100 |
| Texistepec |
1,769 |
92 |
1,861 |
95 |
5 |
100 |
| Tezonapan |
6,985 |
282 |
7,267 |
96 |
4 |
100 |
| Tierra
Blanca |
5,817 |
205 |
6,022 |
97 |
3 |
100 |
| Promedio |
29,809 |
1,602 |
31,411 |
95 |
5 |
100 |
Cuadro
3.2 Distribución de viviendas que usan leña para
cocinar según número de cuartos por municipio
tomados al azar de once estados (agrupaciones de 1 a 4 cuartos
y de 5 o más cuartos).
ESCALA (ESC)
Tamaño
del predio agrícola
Un
parámetro interesante para establecer la diferencia entre
las explotaciones agrícolas y pecuarias campesinas y agroindustriales
resulta ser la escala, puesto que la producción campesina
tiene como límite la escala máxima que puede manejar
una familia de siete miembros en promedio, con sólo energía
biológica (humana o animal), mientras que la producción
agroindustrial puede crecer en la medida en que se tenga el capital
y el acceso a los medios de producción, máquinas
o instrumentos y/o la fuerza de trabajo contratada.
Al respecto, en el sector agrícola se ha observado que
la mano de obra familiar presenta como límite las tres
hectáreas bajo cultivo de maíz (Masera 1990), y
que por definición la agricultura campesina no utiliza
tecnologías modernas de riego, por lo que se considera
como campesina la agricultura que se realiza en áreas temporaleras
de menos de cinco hectáreas, dejando como agroindustriales
las temporaleras de más de cinco y todas las de riego.
En este caso, el cuadro censal utilizado es el cuadro 6 (Unidades
de producción rurales con superficie de labor, según
disponibilidad de riego, por entidad, tenencia de la tierra y
grupo de superficie total). De esta forma la fórmula de
escala agrícola (ESCagr) se expresa:
1
- porcentaje de UPR < 5 ha en temporal
Tamaño
del hato ganadero
Por otro lado, en el sector pecuario los cuadros censales de la
misma fuente permiten tomar esta variable por especie ganadera.
En el caso de los bovinos se considera la producción campesina
como aquella que posee un hato de hasta 50 animales (Schiavo 1983).
Sin embargo, dado que el límite máximo que alcanza
este tipo de producción es el que una familia campesina
puede manejar, y dado que se ha encontrado que en el trópico
húmedo, región donde se alcanzan los mayores coeficientes
de agostadero del país, los máximos valores hallados,
son aquellos donde una familia indígena logra manejar hatos
de alrededor de ocho cabezas (Alcorn 1989, Toledo et al. 1994),
se ha definido como límite máximo para la ganadería
bovina campesina un hato de diez cabezas. El cuadro 22 del CAG
(Número y existencias en viviendas y unidades de producción
con ganado bovino, según edad y sexo, por entidad, viviendas,
tipo de unidad de producción, tenencia de la tierra y grupo
de cabezas de ganado), es el que permite conocer la escala de
la producción de bovinos, que en este caso representa a
la campesinidad por medio de la fórmula:
1
- porcentaje de UPR con hasta 10 cabezas
Finalmente,
en el caso del ganado porcino, la porcicultura de traspatio que
se realiza por las unidades familiares no rebasa la existencia
de cinco vientres y un semental (Suárez y Barkin, 1990),
por lo que el criterio de cinco vientres es el que se aplicó
para la producción campesina, tomando como base el cuadro
28 del CAG (Número y existencias en viviendas y unidades
de producción con ganado porcino, según edad y función
zootécnica, por entidad, viviendas, tipo de unidad de producción,
tenencia de la tierra y grupo de cabezas de ganado). Para ubicarlo
entre 0 y 1, la fórmula finalmente se espresa como:
1
- porcentaje de UPR con cinco vientres porcinos
Nivel
de intensificación ganadera
En
los casos de los cerdos y las aves, cuando se tiene una explotación
prácticamente fabril de estos animales, donde la racionalidad
es la maximización de la producción y la escala
de producción es grande, se establecen granjas tecnificadas
con naves para estos animales (Pérez-Espejo 1986, Suárez
y Barkin 1990). Por ejemplo, en una nave engordadora de pollos
se puede tener concentrados alrededor de 3,000 pollos (Mantilla
1989), a diferencia de los producidos en traspatio o en una escala
media, en donde permanecen en corrales y las cantidades resultan
significativamente menores. En el caso fabril o agroindustrial
se utilizan insumos producidos ex profeso de una manera también
agroindustrial: alimentos balanceados, vacunas, desparasitadores,
etc., mientras que las explotaciones campesinas utilizan desperdicios
domésticos para alimentar a sus animales. El cuadro 40
del CAG (Unidades de producción con actividad de cría
y explotación de animales, según uso de equipo o
instalaciones ganaderas o avícolas, por entidad, tipo de
unidad de producción, tenencia de la tierra y grupo de
superficie total) refleja estas diferencias considerando como
criterio la existencia o no de naves para cerdos y aves. La fórmula
para la evaluación de intensificación ganadera es
el porcentaje de UPR utilizando naves para cerdos y porcentaje
de UPR utilizando naves para aves.
Con
los criterios anteriores, se establecieron cinco subíndices
para evaluar el parámetro de la escala, que son:
AUTOSUFICIENCIA
(AUT)
Autosuficiencia
alimentaria
El
maíz sigue siendo por mucho el principal alimento en la
dieta de los productores rurales. También es el cultivo
más sembrado en el país. De acuerdo con De Walt
(1983: 99), quien ha realizado los estudios más detallados
sobre la alimentación de una comunidad rural mexicana,
el maíz constituye el recurso más significativo,
ya que del total de energía el 71% proviene de éste
y también aporta el 65% de la proteína consumidas.
Por lo anterior, se utiliza nuevamente al maíz como el
indicador del grado de autosuficiencia alimentaria de las unidades
de producción rural. El cálculo del mínimo
requerido por UPR se obtiene a través de la ponderación
de los datos obtenidos en varios estudios de caso. Así,
por ejemplo, Rose (1992) estimó que un adulto rural consume
en promedio unos 274 kg al año y un niño unos 200
kg; por su parte Chávez (1974) obtiene 143 kg y De Walt
(1983) calcula 215 kg.
Suponiendo
que una familia promedio (en su rango alto) está formada
por siete miembros de los cuales dos son adultos y cinco menores,
se obtiene un valor final de maíz requerido anualmente
de entre 1,548 kg (de acuerdo con Rose 1992) y 1,505 kg (de acuerdo
con De Walt 1983). Se arriba así a un mínimo requerido
de 1.5 toneladas de maíz al año por UPR (este mínimo
requerido es igual a REQ).
Ahora bien, el que un municipio no sea autosuficiente en cuanto
al volumen producido puede indicarnos dos cosas diferentes: ya
sea que el municipio tiende a lo agroindustrial, o bien que las
familias campesinas con bajos rendimientos estén subalimentándose,
por lo que este índice diferencia estas condiciones.
El
primer paso consiste en obtener el REQ. Si la producción
de maíz de los dos ciclos de cultivo es igual o mayor a
1.5 ton/ha, el municipio es autosuficiente. Si no, considerando
el rendimiento de maíz promedio en temporal de 1.436 ton/ha
a partir de un estudio que cubrió el 80% de las UPR (Montañez
y Warman 1985), se debe calcular el número de hectáreas
que con dicho rendimiento se necesitarían para autoabastecer
al municipio. Si el número resultante es igual o mayor
al dedicado en ese municipio a la producción maicera, la
información nos indica que los rendimientos bajos no permiten
llegar a la autosuficiencia y que los productores están
por debajo del consumo requerido, considerándose al municipio
como no autosuficiente. Si por el contrario, la superficie dedicada
a su cultivo es menor a la requerida se considera que el municipio
tiende a la agroindustrialidad pues se estarían dedicando
a la producción de otros cultivos, asignándole entonces
el valor 1. La información se obtiene del cuadro 10 del
CAG.
Autosuficiencia
productiva
Mientras
que el modo campesino dispone en su sistema productivo de la mayoría
de los insumos para llevar a cabo la producción, el sistema
del modo agroindustrial depende en gran medida de la entrada de
agentes externos para activarlo y mantenerlo funcionando. Dentro
de estos insumos se encuentran los fertilizantes orgánicos
y el alimento balanceado para bovinos, porcinos y aves, los cuales
se utilizan para la evaluación de la autosuficiencia productiva
(AUTpro) y cuya información se encuentra disponible en
los cuadros 16, 27, 31 y 34 del CAGP. Lo que se evalúa
entonces es:

Autoconsumo
agropecuario y forestal (Acapf)
Considerando
que la racionalidad de la producción campesina implica
que el destino principal de lo producido es el autoconsumo, mientras
que la correspondiente a la producción agroindustrial es
su venta en el mercado (Toledo 1990), es posible captar el destino
de la producción a través de la información
censal en los tres sectores considerados en este trabajo: agrícola,
pecuario y forestal.
Como
insumo se tienen los siguientes cuadros provenientes del CAG:
el cuadro 21 (Unidades de produción urbanas y rurales con
superficie agrícola, según destino de la producción
agrícola, por entidad, tipo de unidad de producción,
tenencia de la tierra y forma de organización), permite
calcular el índice para la parte agrícola (% de
UPR con autoconsumo); el cuadro 41 (Unidades de producción
con actividad de cría y explotación de animales,
según destino de la producción ganadera, por entidad,
tipo de unidad de producción, tenencia de la tierra y grupo
de superficie total), con el que se calcula el índice de
autoconsumo pecuario (% de UPR con autoconsumo pecuario); finalmente,
a partir del cuadro 48 (Unidades de producción rurales
con actividad forestal, según destino de la producción
forestal, por entidad, tenencia de la tierra y grupo de superficie
total) se calculó el autoconsumo forestal (% de UPR con
autoconsumo forestal).

Autosuficiencia
genética (AG)
La
racionalidad del modo campesino lo ubica en un esquema productivo
orientado hacia la autosubsistencia, que utiliza especies animales
y vegetales nativas que si bien no maximizan su producción
si resultan menos vulnerables a las variaciones del ambiente al
estar mejor adaptadas. Por su lado, el modo agroindustrial busca
la maximización productiva, obligándolo a utilizar
insumos biológicos externos como las semillas mejoradas,
que desplazan a las criollas o como el ganado fino, que sustituye
al corriente. La evaluación de la autosuficiencia genética
se obtiene entonces a partir de la utilización de estos
insumos en las UPR y cuya información se encuentra en los
cuadros 16, 25 y 30 del CAG:
Autosuficiencia
financiera
Dada
la escala de la producción, el modo agroindustrial depende
de apoyos financieros tanto para la producción como para
el procesamiento y/o distribución de sus productos. Caso
contrario, y debido a su racionalidad, el modo campesino prescinde
de tales servicios y enfoca su producción hacia la subsistencia.
Con
estos antecedentes y considerando la agregación de la información
contenida en la fuente (cuadro 49 del CAG), es posible realizar
un sólo cálculo que evalúe tanto al modo
campesino (no utilizan ni crédito ni seguro), al agroindustrial
(utilizan tanto crédito como seguro) y a un estado intermedio
(utilizan sólo crédito o sólo seguro). La
autosuficiencia financiera (AUTfin) se evalúa con el promedio
ponderado de los porcentajes respectivos. La ponderación
dada a las citadas variables fue la siguente:
FUERZA
DE TRABAJO (FT)
Empleo
de mano de obra
Mientras
que la producción campesina se basa en el trabajo familiar
y/o comunal no remunerado (tequio, mano vuelta, etc.), el productor
agroindustrial acude al mercado para hacerse de este recurso.
Por ello, la simple existencia de mano de obra bajo régimen
salarial ya nos indica la compra-venta de fuerza de trabajo (FT)
en el mercado, siendo la existencia de estas relaciones un indicador
de la tendencia hacia la agroindustrialidad, ya sea que se contrate
la mano de obra de forma estacional o permanente. Los datos del
CAG indican que en México el 76% de las UPR se basa en
el trabajo familiar, cuyo carácter es complementado por
un 2% de trabajo comunitario no remunerado. El restante 22% se
realiza con trabajo asalariado eventual o permanente (cuadro 3.3
y figura 3.4).
Como se observa en el CAG y en estudios de caso (Barón
1992), la forma temporal de contratación se da predominante
en la agricultura, debido a la estacionalidad de los cultivos
y la calendarización específica de las tareas de
cada uno, las cuales requieren diferentes cantidades de trabajo
para ser realizadas, a diferencia de la producción agroin-dustrial
en donde la estandarización de los procesos productivos
es independiente de las características climáticas,
permitiendo una producción más uniforme y con las
mismas tareas y requerimientos de mano de obra a lo largo del
tiempo.
El cuadro censal utilizado fue el 54 (Unidades de producción
individuales con actividad agropecuaria o forestal, según
remuneración, parentesco, temporalidad de la mano de obra
y sexo, por entidad, tipo de unidad de producción, tenencia
de la tierra y grupo de personal ocupado). El índice se
calculó entonces de la manera siguiente:
FT=-
% de UPR con mano de obra remunerada.
ESTADO |
NO
REMUNERADA |
RENUMERADA |
DISTRIBUCIÓN
PORCENTUAL |
| |
No.FAM |
FAM |
EV |
PER |
TOTAL |
N.
3 |
F |
EV |
PER |
TOTAL |
| Aguascalientes |
1,399 |
41,851 |
4,927 |
4,109 |
52,286 |
2 |
80 |
9 |
8 |
100 |
| Baja
California |
646 |
15,554 |
19,058 |
6,981 |
42,239 |
2 |
37 |
45 |
16 |
100 |
| Baja
California Sur |
288 |
11,133 |
1,995 |
2,226 |
15,622 |
2 |
71 |
13 |
14 |
100 |
| Campeche |
1,095 |
58,886 |
5,640 |
3,350 |
6,8,971 |
3 |
85 |
8 |
5 |
100 |
| Coahuila |
3,253 |
91,199 |
15,908 |
13,102 |
123,462 |
3 |
74 |
13 |
10 |
100 |
| Colima |
1,096 |
25,534 |
7,561 |
4,303 |
38,494 |
3 |
66 |
20 |
11 |
100 |
| Chiapas |
22,132 |
584,915 |
132,604 |
26,569 |
766,220 |
2 |
76 |
17 |
4 |
100 |
| Chihuahua |
5,032 |
189,877 |
28,115 |
17,140 |
240,164 |
2 |
79 |
12 |
7 |
100 |
| Distrito
Federal |
848 |
45,576 |
6,858 |
1,846 |
55,128 |
2 |
83 |
12 |
3 |
100 |
| Durango |
3,995 |
189,917 |
28,402 |
10,158 |
232,472 |
2 |
82 |
12 |
4 |
100 |
| Guanajuato |
8,077 |
386,719 |
73,843 |
22,734 |
494,373 |
2 |
78 |
15 |
5 |
100 |
| Guerrero |
12,533 |
504,511 |
97,120 |
6,025 |
620,189 |
3 |
81 |
16 |
1 |
100 |
| Hidalgo |
16,796 |
399,438 |
196,782 |
15,291 |
628,307 |
2 |
64 |
31 |
2 |
100 |
| Jalisco |
7,961 |
338,469 |
54,795 |
24,307 |
425,532 |
2 |
79 |
13 |
6 |
100 |
| México |
22,908 |
857,625 |
122,065 |
20,058 |
1,023,256 |
2 |
84 |
12 |
2 |
100 |
| Michoacán |
9,896 |
449,607 |
97,622 |
21,464 |
578,589 |
2 |
77 |
17 |
4 |
100 |
| Morelos |
3,441 |
91,377 |
54,792 |
6,525 |
156,135 |
3 |
59 |
35 |
4 |
100 |
| Nayarit |
4,785 |
125,177 |
36,362 |
5,434 |
171,758 |
2 |
73 |
21 |
3 |
100 |
| Nuevo
León |
1,713 |
75,784 |
4,593 |
8,653 |
90,743 |
3 |
83 |
5 |
10 |
100 |
| Oaxaca |
32,288 |
730,145 |
161,231 |
15,310 |
938,974 |
3 |
78 |
17 |
2 |
100 |
| Puebla |
28,245 |
808,546 |
226,039 |
27,629 |
1,090,459 |
2 |
73 |
21 |
3 |
100 |
| Querétaro |
2,812 |
118,790 |
6,833 |
5,743 |
1,341,782 |
1 |
89 |
5 |
4 |
100 |
| Quinta
Roo |
760 |
42,184 |
7,554 |
1,853 |
52,351 |
4 |
81 |
14 |
4 |
100 |
| San
Luis Potosí |
12,913 |
282,887 |
50,883 |
12,603 |
359,286 |
3 |
79 |
14 |
3 |
100 |
| Sinaloa |
6,136 |
184,097 |
31,949 |
12,103 |
234,285 |
3 |
78 |
14 |
5 |
100 |
| Sonora |
3,407 |
65,615 |
32,795 |
21,405 |
123,222 |
3 |
53 |
27 |
17 |
100 |
| Tabasco |
6,376 |
177,420 |
19,579 |
15,179 |
218,554 |
2 |
81 |
9 |
7 |
100 |
| Tamaulipas |
3,266 |
133,545 |
22,209 |
15,859 |
174,881 |
1 |
76 |
13 |
9 |
100 |
| Tlaxcala |
1,991 |
184,536 |
14,947 |
2,728 |
204,202 |
3 |
91 |
7 |
1 |
100 |
| Veracruz |
32,946 |
724,883 |
270,860 |
57,555 |
1,086,244 |
2 |
67 |
25 |
5 |
100 |
| Yucatán |
2,763 |
126,639 |
10,554 |
9,282 |
149,238 |
2 |
85 |
7 |
6 |
100 |
| Zacatecas |
6,254 |
308,442 |
33,620 |
9,213 |
357,529 |
2 |
86 |
9 |
3 |
100 |
| Total/Promedio |
268,033 |
8,370,878 |
1,878,095 |
427,337 |
10,944,343 |
|
77 |
17 |
4 |
100 |
N.F., No familiar; F, Familiar; Ev, eventual; Per, permanente
FUENTE: Cuadro 27 del VII Censo Agrícola-Ganadero 1991.
CUADRO
3.3. Distribución de mano de obra utilizada en actividad
agropecuaria o forestal por estado.
FIGURA
3.4. Distribución en porcentajes del tipo de fuerza de
trabajo (no familiar, familiar asalariada eventual y asalariada
permanente por entidad federativa en 1991.
DIVERSIDAD
(DIV)
Diversidad
ecogeográfica
El
panorama multicolor que caracteriza a los agroecosistemas campesinos
está determinado por la amplia variedad de especies que
produce y la heterogeniedad de sus unidades de manejo. Lo anterior
favorece la presencia de mosaicos de diferentes paisajes que crean
una alta variedad ecogeográfica. Por su lado, el modo agroindustrial
generalmente es especializado y salvo contadas ocasiones su agroecosistema
está representado por monocultivos (agrícolas, pecuario
o forestales), es decir, paisajes con una alta monotonía.
Para la determinación de la diversidad ecogeográfica
(DIVeco) se utilizan el cuadro 4 (Superficie de labor, sólo
con pasto natural, agosta-dero o enmontada, sólo con bosque
o selvas con o sin pastos y sin vegetación), del CAG, a
los cuales se aplicó una modificación del Índice
de Shannon-Wiener (Krebs 1985) derivado de la teoría de
la información, que en este caso relaciona el tipo de uso
de suelo reportado en la información censal con la superficie
que cubre, en relación al total del territorio del municipio.
donde
Pi es el promedio del valor de importancia de cada tipo de uso
de suelo y n es el número de clases.
Como se está evaluando la diversidad, un atributo del modo
campesino, el resultado de este índice se restó
a 1.
Diversidad
productiva
Hubiera
resultado muy interesante calcular este indicador para los tres
sectores productivos. Sin embargo, la información censal
tiene limitaciones muy fuertes. Por ejemplo, en el caso de la
agricultura, mientras los anuarios estadísticos de la Secretaría
de Agricultura reportan más de cien cultivos cíclicos
para Michoacán, el CAG sólo reporta 13. Lo mismo
ocurre con las especies perennes. Por ello, este indicador se
restringirá a la producción pecuaria, en donde el
Censo es más explícito.
Los cuadros que se utilizan son el 22, 28, 33, 35, 36, 37 y 39
del CAG, que se refieren a la producción de bovinos, porcinos,
aves de corral, caprinos, ovinos, equinos, conejos y colmenas,
respectivamente.
La fórmula utilizada para el cálculo del índice
de diversidad productiva (DIVpro) es la misma a la aplicada a
la diversidad ecogeográfica, pero en esta ocasión
las clases están representadas por las especies y cabezas
de ganado, quedando expresada como:

donde
Pi es el promedio del valor de importancia de cada tipo de ganado
y n es el número de clases.
DIVERSIDAD
BIOLÓGICA
Obtener
una medida de la diversidad biológica (DIVbio) de los municipios
de México resulta una empresa difícil debido a que
no se cuenta con inventarios completos a esta escala tan fina.
No obstante, se diseñó un método para estimarla
de manera gruesa. Dado que los censos agrícola. ganadero
y ejidal ofrecen datos sobre el porcentaje de la superficie municipal
que no se dedica al uso agropecuario, es decir, donde se registra
la presencia de bosques, selvas y, en su caso, de pastizales o
matorrales (referidos como áreas de agostadero), y dado
que es posible ubicar en cada municipio las seis regiones ecológicas
distinguidas en México, se pudo obtener una medida de su
diversidad biológica.
En
este caso, una revisión de la literatura especializada
revela abundante información empírica para tres
grupos de organismos: plantas, mamíferos y aves. Utilizados
estos tres grupos biológicos como indicadores de la diversidad
es posible encontrar algunos patrones generales a través
de las regiones ecológicas. De lo observado en el cuadro
3.4, se desprende que no obstante que los valores globales estimados
por cada región ecológica (diversidad gama) muestran
un rango semejante en el caso de los mamíferos, una mayor
riqueza de plantas en la región templada subhúmeda
y una mayor diversidad en la avifauna en el trópico húmedo,
lo cierto es que estos tres grupos presentan un patrón
similar cuando la comparación se hace a escala de sitios
(diversidad alfa). Un sitio se considera como una microregión
(generalmente de entre mil y diez mil hectáreas) en la
cual se realiza un inventario biológico detallado. La escala
coincide, grosso modo, con la de los municipios.
De
los datos reunidos (cuadro 3.4) se concluye que las regiones tropicales
por debajo de los 1,000 metros sobre el nivel del mar son áreas
más ricas en plantas, mamíferos y aves, siguiéndoles
las porciones templadas de montaña y, por último,
las áreas áridas y semiáridas. Mientras que
en las porciones tropicales las áreas más húmedas
son ligeramente más ricas que las subhúmedas (con
selvas bajas caducifolias), en las regiones montañosas,
en un rango de biodiversidad menor, ocurre lo mismo. En este caso,
los bosques mesófilos de montaña de las porciones
más húmedas son claramente más ricos que
los bosques con regímenes subhúmedos. Entre estos
últimos hay una clara predomi-nancia de los bosques de
pino-encino, seguidos de los encinares y finalmente de los pinares.
Resulta notable que estos patrones se cumplen con bastante exactitud
entre los grupos de plantas, mamíferos y aves.
De
acuerdo con lo anterior, se establecieron arbitrariamente los
siguientes coeficientes de biodiversidad para cada región
ecológica: tropical húmeda, 1.00; tropical subhúmeda,
0.80; templada, 0.33; templada húmeda, 0.25 y árida
y semiárida, 0.20. El procedimiento consistió en
aplicar estos índices al porcentaje de «área
natural» de cada municipio revelado por los datos del CAG
(cuadros 4 y 5), previa ubicación del territorio municipal
en cada una de las regiones ecológicas. En este caso, la
fórmula otorgó un primer valor al porcentaje de
la superficie del municipio (o la entidad) que permanece como
área no utilizada como terrenos de labor (y que en el censo
aparece como áreas de bosques y selvas, pastos y agostaderos).
A éste se le atribuyó un valor de «calidad
biológica» de la superficie, es decir, su grado de
riqueza biológica. La fórmula quedó entonces
como:
1
- S porcentaje de la superficie de cada municipio con bosque,
selva, agostadero o pastizal multiplicado por el porcentaje de
cada zona ecológica presente en el municipio en referencia
y
por su respectivo coeficiente de biodiversidad.
La
superficie de cada zona ecológica por entidad federativa
y por municipio se obtuvieron del trabajo de Toledo et al. (1994).
De esta manera la diversidad (DIV) queda expresada como:
PRODUCTIVIDAD
DEL TRABAJO (PT)
Rendimiento
y jornales invertidos
El
desarrollo de los medios de producción está íntimamente
relacionado con la productividad del trabajo (PT). De hecho, cada
innovación tecnológica en la producción tiene
el efecto de desplazar fuerza de trabajo y aumentar la productividad
de las horas o jornadas trabajadas, y esto también se manifiesta
en la agricultura y específicamente en el caso del cultivo
más importante de nuestro país: el maíz (Masera
1990; Pimentel y Pimentel 1979, Montañez y Warman 1985).
Asimismo, se encuentra el uso de tecnologías híbridas
que utilizan algunos adelantos tecnológicos y mantienen
otras tecnologías previas en la producción en combinaciones
que pueden o no mejorar la productividad. Las innovaciones tecnológicas
en la agricultura, se han dado tanto en los instrumentos de trabajo
para laborar la tierra como en los insumos para mantener la fertilidad
del suelo o en los mecanismos para asegurar los recursos hidráulicos
a lo largo del ciclo anual (agricultura de riego).
El cuadro censal utilizado como insumos para este parámetros
fue el 10 del CAG (Unidades de producción rurales con cultivo
principal anual, según ciclo de cultivo, superficie sembrada,
cosechada y producción obtenida, por cultivo principal
de la entidad, tenencia de la tierra y grupo de superficie total)
y el cuadro 17, (Unidades de producción rurales con superficie
de labor, según fuerza empleada, por entidad, tenencia
de la tierra y grupo de superficie total).
Para
este indicador, el cultivo representativo sobre el cual giró
la evaluación fue el maíz, dada su importancia en
la producción y considerado a nivel del consumo como el
cultivo nacional por excelencia desde tiempos prehispánicos.
Los datos del maíz se tomaron del cuadro 10 del CAG. Por
su parte, el tipo de tecnología empleada (los instrumentos
de trabajo), aparece en el cuadro 17 del mismo censo.
Desafortunadamente,
la desagregación en cuanto al tipo de tracción con
el que se realiza la producción no se presenta por cultivo,
ni por superficie, lo que obligó a suponer que los porcentajes
vigentes de UPR en el sector agrícola en su conjunto para
cada municipio, son válidos para la producción del
maíz en esta misma entidad. Conforme a esta fuente y otras
(Montañez y Warman 1985, Masera 1990, Bonfil y Godínez
1987, Pimentel y Pimentel 1979, Ortíz y Toledo 1996) se
distinguen cuatro tipos de tracción: (a) agricultura basada
exclusivamente en el trabajo humano, (b) agricultura que utiliza
trabajo humano combinado con tracción animal, que puede
ser yunta de bueyes o tronco de caballos, (c) mixta (fuerza humana,
tracción animal y ciertas labores con tractor), y (d) mecanizada
(fuerza humana y empleo del tractor).
El
Censo Agrícola-Ganadero tampoco proporciona datos que separen
las UPR que producen maíz bajo riego o en temporal, pese
a que los rendimientos en riego son considerablemente más
elevados que para la producción maicera de temporal. Por
otro lado, se sabe que alrededor del 85% de la superficie dedicada
a este cultivo es temporalera, y que más del 65% de la
producción proviene de estas áreas (Montañez
y Warman 1985). Debido a estas limitaciones se supuso que el total
de la producción de maíz del país se realiza
en superficies carentes de riego.
El
ciclo productivo que se tomó en consideración fue
el primavera-verano, ya que los datos obtenidos en diferentes
fuentes sobre jornadas y rendimientos se refieren a este ciclo,
en el que además se realiza la mayor parte de la producción
de maíz en México.
Ahora
bien, la productividad del trabajo es la relación entre
la producción obtenida sobre las unidades de trabajo necesarias
para producir esa cantidad de producto (Samuelson y Nordhauss
1992). En la agricultura, se obtiene dividiendo los rendimientos
por unidad de superficie (ton/ha) entre el número de jornales
u horas de trabajo utilizadas en el total del ciclo productivo
(Montañez y Warman 1985, Masera 1990), o bien, con las
unidades de trabajo requeridas para producir una tonelada de producto
(Calva 1992).
En
este trabajo se aplicó la primera propuesta, dado que para
el cálculo de nuestro índice de productividad del
trabajo, a diferencia de los otros, se requerió de un insumo
estadístico externo a la información censal, proveniente
de diversas fuentes bibliográficas y debido también
a que esta forma de calcular la productividad del trabajo es la
más generalizada en la agricultura.

FIGURA
3.4. Distribución de especies de plantas, mamíferos
y aves (total y para sitios seleccionados en las cinco principales
regiones ecológicas de México).
A
partir de la información censal fue posible entonces calcular
sin problema los rendimientos municipales de maíz; sin
embargo, quedan sin conocer las jornadas requeridas para obtener
ese rendimiento, por lo cual se ha recurrido a la vasta información
proporcionada por los estudios de caso que aportan datos en este
sentido por variante tecnológica, cruzada con la existencia
o no de sistemas modernos de riego (ver cuadros del 3.5 al 3.9).
Aunque esta información varía de acuerdo con el
tipo de suelo y la región ecológica, entre otras
variables, finalmente es resutado de estudios muy finos y detallados
que coinciden en la relevancia del factor tecnológico y
el sistema de riego en la productividad del trabajo.
En
el caso de la producción de riego los estudios de caso
muestran que se realiza generalmente de manera mecanizada, y en
muy pocos casos en forma mixta o con tracción animal. La
producción temporalera se puede realizar de cualquiera
de las cuatro formas citadas.
Para
calcular la fórmula se consideró el rendimiento
del maíz por municipio (ton/ha) dividido entre un factor
ponderado de acuerdo a la tecnología empleada, resultante
de la sumatoria del producto de cada porcentaje de UPR que utilizan
cierto tipo de tracción y los jornales promedio por hectárea
para ese tipo de tracción.
El
cuadro 3.10 muestra los promedios encontrados para las diferentes
tracciones en temporal y el promedio para el riego mecanizado
de los siguientes rubros: jornales empleados, rendimientos y productividad
del trabajo. Para calcular el índice, se contó con
los insumos siguientes:
- Porcentaje por tipo de tracción.
- Jornales/ha/año.
- Rendimiento (R)= producción de maíz/superficie
cosechada .
De
los cuadros mostrados, se tiene que los jornales promedio por
hectárea para la producción de maíz por tipo
de tracción utilizado son:

donde
TH son las unidades de producción que utilizan sólo
energía humana, TA son las que se valen de la tracción
animal, TM son las de tracción mixta y TT utilizan tractor.
El resultado se multiplica por diez con la finalidad de que nuestro
indicador se ubique, como el resto, entre cero y uno.
Como se aprecia en los cuadros 3.5 al 3.9, en general las innovaciones
tecnológicas elevan la productividad del trabajo. No obstante,
se encontró, junto con otros estudios (Masera 1990), que
la sustitución parcial del tractor por yunta en algunas
tareas (tracción mixta), si bien eleva ligeramente los
rendimientos promedio (de 1.4482 con tracción animal a
1.596 ton/ha con tracción mixta), al requerir un mayor
número de jornadas arroja un leve decremento en la productividad
del trabajo, resultando ambas tecnologías muy parecidas
en sus resultados. Para efectos de este trabajo, sin embargo,
estas tecnologías encarnan procesos diferentes, ya que
hablar de una tracción animal ubica a la agricultura en
el modo de apropiación campesino, mientras que la introducción
del tractor, aunque sólo sea en cierta fase de la producción
nos habla del
empleo de energía fósil típico de la producción
agroindustrial, por lo que al emplear ambas formas, la tracción
mixta resulta ser una fase de transición. Entre mayor es
la productividad del trabajo, la tendencia se manifiesta hacia
la producción de corte agroindustrial.
| JORNALES |
RENDIMIENTOS |
PRODUCTIVIDAD |
REGIÓN
GEOGRÁFICA |
REGIÓN
ECOLÓGICA |
FUENTE |
| 63 |
1,000 |
15.9 |
Totonacapan
Vercaruz |
1 |
Ortiz
yToledo 1986 |
| 93 |
980 |
10.5 |
Huasteca
potosina |
1 |
Alcorn
1989 |
| 52 |
382 |
7.3 |
Uxpanapa,Veracruz |
1 |
Caballero
1978 |
| 74 |
1,711 |
23.1 |
Uxpanapa,Veracruz |
1 |
Caballero
1978 |
| 77 |
1,632 |
21.2 |
Uxpanapa,Veracruz |
1 |
Caballero
1978 |
| 111 |
810 |
7.3 |
Kekchi
Guatemala |
1 |
Kirsh
1973 |
| 91 |
1,005 |
11 |
Kekchi
Guatemala |
1 |
Kirsh
1973 |
| 81 |
803 |
9.9 |
Kekchi
Guatemala |
1 |
Kirsh
1973 |
| 84 |
841 |
10 |
S
Lancandona, Chiapas |
1 |
Márquez
1996 |
| 74 |
833 |
11.3 |
S
Lancandona, Chiapas |
1 |
Márquez
1996 |
| 112 |
10,261 |
9.2 |
S
Lancandona, Chiapas |
1 |
Márquez
1996 |
| 76 |
1,365 |
18 |
Norte
de Veracruz |
½ |
Montañez
y Warman 1985 |
| |
|
|
|
|
Montañez
y Warman 1985 |
| 76 |
1,502 |
19.8 |
Sur
de Jalisco |
1 |
Masera
1990 |
| |
|
|
|
|
Montañez
y Warman 1985 |
| 261 |
1,600 |
6.1 |
Altos
de Chiapas |
¾ |
Palama
1983 |
| 97 |
1,400 |
14.4 |
Valle
de Toluca, Estado de México |
4 |
Palama
1983 |
| |
|
|
|
|
Palama
1983 |
| 54 |
750 |
13.9 |
Tzintzuntzan,
Michoacán |
4 |
Palama
1983 |
| 97 |
1,400 |
14.4 |
Tzintzuntzan,
Michoacán |
4 |
Palama
1983 |
| 69 |
960 |
13.9 |
Tzintzuntzan,
Michoacán |
4 |
Palama
1983 |
| 68 |
1,250 |
18.4 |
Tzintzuntzan,
Michoacán |
4 |
Palama
1983 |
| 66 |
1,050 |
16.2 |
Tzintzuntzan,
Michoacán |
4 |
Palama
1983 |
| 73 |
1,140 |
15.6 |
Tzintzuntzan,
Michoacán |
4 |
Palama
1983 |
| 69 |
960 |
13.9 |
Tzintzuntzan,
Michoacán |
4 |
Palama
1983 |
| 61 |
900 |
14.8 |
La
Pacanda Michoacán |
4 |
Palama
1983 |
| 82 |
1,000 |
12.2 |
Pichátaro
Michoacán |
4 |
Palama
1983 |
| 79 |
1,600 |
20.3 |
Pichátaro
Michoacán |
4 |
Palama
1983 |
| 69 |
2,500 |
36.2 |
Tzurumútaro
Michoacan |
4 |
Lewis
1951 |
| 59 |
1,130 |
19.2 |
Tzurumútaro
Michoacan |
4 |
Masera
1990 |
| 81 |
2,890 |
35.7 |
Tzurumútaro
Michoacan |
4 |
Bonfil
y Godinez 1987 |
| 163 |
1,944 |
11.9 |
Tepoztlán
Jalisco |
4 |
Masera
1990 |
| 175 |
1,600 |
9.1 |
Región
del Bajío |
5 |
Montañez
y Warman 1985 |
| 175 |
1,683 |
9.6 |
Sur
de Guanjuato |
5 |
Masera
1990 |
| |
|
|
|
|
Pimental
y Pimental 1979 |
| 198 |
1,200 |
6.1 |
Región
del Bajío |
5 |
|
| 31 |
1,066 |
48.2 |
Valle
de Toluca |
4 |
|
| |
|
|
Estado
de México |
|
|
| 118 |
950 |
8.1 |
Zongolica
Veracruz |
1 |
|
| 202 |
1,066 |
5.3 |
Guatemala |
- |
|
| S
3410 |
S
44357 |
S
538 |
| X
97.43 |
X
1267 |
X 13.0 |
CUADRO
3.5 Productividad del trabajo en la producción de maíz
de temporal utilizando exclusivamente fuerza humana,medida como
la relación entre los rendimientos (kg/ha) y el número
de jornales por hectárea.
FUERZAS HUMANAS EN PRODUCCIÓN TEMPORAL
| JORNALES |
RENDIMIENTOS |
PRODUCTIVIDAD |
REGIÓN
GEOGRÁFICA |
REGIÓN
ECOLÓGICA |
FUENTE |
| 30 |
1,100 |
30.6 |
Norte
de Veracruz |
½ |
Montañez
y Warman 1985 |
| |
|
|
|
|
Montañez
y Warman 1985 |
| 41 |
2,240 |
54.6 |
Depresión
Central de Chiapas |
2 |
Montañez
y Warman 1985 |
| |
|
|
|
|
Masera
1990 |
| 21 |
1,225 |
58.3 |
Sur
de Jalisco |
2 |
Montañez
y Warman 1985 |
| |
|
|
|
|
Bonfil
y Godinez 1987 |
| 31 |
1,130 |
36.5 |
Cheranatzicurín
, Michoacán |
4 |
Masera
1990 |
| 69 |
1,570 |
22.8 |
Valle
de Toluca México |
4 |
Bonfil
y Godinez 1987 |
| |
|
|
|
|
Montañez
y Warman 1985 |
| 45 |
1,509 |
33.5 |
Sur
de Guanajuato |
5 |
Montañez
y Warman 1985 |
| |
|
|
|
|
Montañez
y Warman 1985 |
| 45 |
1,500 |
33.3 |
Región
del Bajío |
5 |
|
| 43 |
1,300 |
30.2 |
Masera
1990 |
5 |
|
| 50 |
1,680 |
33.6 |
Norte
de Guerrero |
2 |
|
| 20 |
900 |
45 |
Oriente
de Durango y Noroeste de Zacatecas |
5 |
|
| |
|
|
Norte
de Guerrero |
|
|
| 53 |
1,633 |
30.8 |
|
2 |
|
| S=
497 |
|
S=17784 |
| X=
41.4 |
X=
1482 |
X= 35.8 |
CUADRO
3.6 Productividad del trabajo en la producción de maíz
en temporal utilizando tracción animal medida como la relación
entre los rendimientos (kg/ha) y el número de jornales
por hectárea.
FUERZAS
HUMANAS EN PRODUCCIÓN TEMPORAL
JORNALES |
RENDIMIENTOS |
PRODUCTIVIDAD |
REGIÓN
GEORÁFICA |
REGIÓN
ECOLÓGICA |
FUENTE |
| 21 |
2,343 |
111.6 |
Sur
de Jalisco |
2 |
Montañez
y Warman 1985 |
| |
|
|
|
|
Montañez
y Warman 1985 |
| 50 |
2,789 |
55.8 |
Depresión
Central de Chiapas |
2 |
Lewis
1951 |
| |
|
|
|
|
Masera
1990 |
| 55 |
941 |
17.1 |
Tepoztlán
Jalisco |
4 |
Montañez
y Warman 1985 |
| 31 |
1,240 |
40 |
Cheranatzicurin,
Michoacán |
4 |
Pimental
y Pimental 1979 |
| 60 |
1,856 |
30.9 |
Valle
de Toluca Estado de México |
4 |
Montañez
y Warman 1985 |
| |
|
|
|
|
Montañez
y Warman 1985 |
| 100 |
1,066 |
10.7 |
Guatemala |
|
|
| 40 |
1,715 |
42.9 |
Norte
de Guerrero |
2 |
|
| 20 |
8.25 |
41.3 |
Oriente
de Durango y
Noroeste de Zacatecas |
5 |
|
| S=
377 |
S=12775 |
|
| X=
47.1 |
X=
159 |
X= 33.9 |
CUADRO
3.7 Productividad del trabajo en la producción de maíz
en temporal utilizando tracción mixta (animal y mecanizada)
medida como la relación entre los rendimientos (kg/ha)
y el número de jornales por hectárea.
JORNALES |
RENDIMIENTOS |
PRODUCTIVIDAD |
REGIÓN
GEOFRÁFICA |
REGIÓN
ECOLÓGICA |
FUENTE |
| 10 |
1,943 |
194.3 |
Sur
de Jalisco |
2 |
Montañez
y Warman 1985 |
| |
|
|
|
|
Palma,
1993 |
| 63 |
2,890 |
45.9 |
Tzurumutarro
Michoacán |
4 |
Montañez
y Warman |
| |
|
|
Cherarnatzincurrín
Michoacán |
4 |
1985 |
| 22 |
1,040 |
47.3 |
Valle
de México Estado de México |
|
Montañez
y Warman |
| 34 |
3,000 |
88.2 |
Oriente
de Durango
y Noroeste de Zacatecas |
4 |
1985 |
| |
|
|
|
|
Montañez
y Warman |
| 18 |
733 |
40.7 |
|
5 |
1985 |
| S=
147 |
S=9606 |
|
| X=
29.4 |
X=
1921 |
X= 65.3 |
CUADRO
3.8. Productividad del trabajo en la producción de maíz
en temporal utilizando tracción mecánica,medida
como la relación entre los rendimientos (kg/ha) y el número
de jornales por hectárea.
AGRICULTURA
DE RIEGO
JORNALES |
RENDIMIENTOS |
PRODUCTIVIDAD |
REGIÓN
GEOFRÁFICA |
REGIÓN
ECOLÓGICA |
FUENTE |
60 |
8,600 |
134.3 |
Bajío |
5 |
Masera
1990 |
80 |
5,366 |
67.1 |
Sur de Guanajuato |
5 |
Bonfil
y Godinez, 1987 |
30 |
3,753 |
125.1 |
Sur de Guanajuato |
5 |
Bonfil
y Godinez, 1987 |
60 |
8,625 |
143.8 |
Sur
de Guanajuato |
5 |
Bonfil
y Godinez, 1987 |
47 |
6,078 |
129.3 |
Sur
de Guanajuato |
5 |
Bonfil
y Godinez, 1987 |
CUADRO
3.9 Productividad del trabajo en la producción de maíz
medida como la relación entre los rendimientos (kg/ha)
y el número de jornales por hectárea, para agricultura
de riego.
| VARIENTE
TECNOLÓGICA |
JORNALES |
RENDIMIENTO |
PRODUCTIVIDAD |
CASOS |
| Energía
Humana |
29.497.4 |
1,267 |
13 |
n=
35 |
| Energía
animal |
41.1 |
1,482 |
33.8 |
n=12 |
| Energía
mixta |
47.1 |
1,597 |
33.9 |
n=08 |
| Energía
mecánica temporal |
29.4 |
1,921 |
65.3 |
n=
05 |
| Riego |
55.4 |
6,484 |
117 |
n=05 |
CUADRO
3.10 Productividad del trabajo en la producción de maíz
medida como la relación entre los rendimientos (kg/ha)
y el número de jornales invertidos en la producción
de una hectárea, para cuatro variantes tecnológicas.
PRODUCTIVIDAD
ENERGÉTICA O ECOLÓGICA (PE)
Balance
energético en la producción de maíz
Dado
que los procesos de producción del sector primario (agropecuarios,
forestales y pesqueros), son siempre formas de apropiación
de la naturaleza, es decir, formas de intercambio entre la sociedad
y los ecosistemas, resultan fenómenos susceptibles de ser
evaluados desde la perspectiva ecológica. Por lo mismo
tales procesos son comprensibles en términos de su productividad
o eficiencia ecológicas (PE).
En
su acepción general se define la eficiencia como el cociente
que resulta de los productos (o salidas) obtenidos y los insumos
invertidos (o entradas) en un determinado proceso (E=P/I, donde
P es el producto e I el insumo). Tal concepto general encuentra
su aplicación en el campo de la ecología en la evaluación
de los intercambios de energía y materia que los organismos
realizan dentro del ecosistema, entre ellos mismos y con el ambiente
físico-químico. Esto se extiende y aplica a los
intercambios que la sociedad (o más bien, a los hombres
agrupados en unidades de producción) realizan con la naturaleza
(o los ecosis-temas). De esta forma toda práctica productiva
(agrícola, pecuaria, forestal o pesquera) presenta, de
acuerdo con las condiciones bajo las que se realiza, una cierta
productividad o eficiencia ecológica.
El
concepto de eficiencia ecológica es utilizado aquí
como un término equivalente e integrador de todos aquellos
conceptos propuestos para evaluar energéticamente los sistemas
productivos del sector primario, tales como el índice de
eficiencia energética (Pimentel y Pimentel 1979), el índice
de eficiencia tecno-ambiental (Lee 1969, Rappaport 1971, Harris
1971) o la eficiencia biológica (Speeding et al. 1981).
Es
interesante señalar que esta valoración ecológica
de los procesos de producción corre de manera paralela,
aunque independiente de su valoración económica.
Ello es así, porque desde el punto de vista económico,
lo que crea el valor no es la relación entre el insumo
o el esfuerzo invertido por el productor individual y lo que obtiene
como producto, sino el resultado del juego entre la oferta y la
demanda de lo producido, es decir, su situación en el mercado
de productos. Esta doble valoración de los procesos productivos
que puede parecer extraña resulta de carácter bifacético
del trabajo humano, es decir, de su doble condición como
metabolismo natural y como metabolismo social o como intercambio
ecológico y como intercambio económico (Toledo 1981).
Aunque
podría pensarse que para el cálculo de la eficiencia
ecológica debería utilizarse el mismo tipo de insumo
y de producto, ello no es necesariamente así. En la actualidad
pueden usarse para el cálculo del cociente de eficiencia
diferentes tipos de entradas y salidas, siempre y cuando éstas
sean relevantes para el análisis de un proceso en particular.
Así, por ejemplo, la eficiencia de un proceso agrícola
puede medirse comparando la energía empleada, la energía
contra el valor alimenticio (por ejemplo proteína), el
tiempo de trabajo humano utilizado contra peso de lo producido,
etc. También debe señalarse que el cálculo
de la eficiencia ecológica incluye la comparación
de insumos y productos de carácter biológico, físico
(por ejemplo energía solar) y químico (substancias
usadas como fertilizantes).
El
uso del concepto de eficiencia ecológica, cada vez más
en boga, ha permitido revelar muchos aspectos de los sistemas
de producción que antes permanecían más allá
del análisis del conocimiento científico. Un aspecto
reiteradamente citado es la mayor eficiencia de los sistemas agrícolas
sobre los pecuarios en términos de energía y de
materiales requeridos para la alimentación humana.
La
medición de la eficiencia ecológica ha permitido
también resolver, en términos cuantitativos, las
tendencias predominantes en los actuales sistemas productivos.
Tomemos por ejemplo el caso de la producción del maíz,
el cual refleja bastante bien la situación provocada por
el proceso de modernización de la agricultura (agroindustrialidad).
La figura 3.5 muestra las principales implicaciones energéticas
que han resultado del proceso de modernización agrícola,
algunas de las cuales constituyen verdaderas paradojas.
La
comparación entre los diferentes sistemas productivos toma
cuerpo en función de las tres principales fuentes de energía
(humana, animal y fósil) utilizadas para cultivar este
cereal. El proceso de modernización basado en el empleo
de maquinaria y de energía fósil (petróleo
y gas natural) hace que mientras que en los sistemas más
tradicionales el productor deba emplear entre 500 y 1,500 horas
para hacer producir una hectárea de maíz, en los
sistemas modernos el esfuerzo humano directamente invertido se
reduzca a sólo 12 horas (en promedio). Ello significa que
mientras un campesino que emplea únicamente energía
humana no alcanza a cultivar más de 1.5 ha de maíz
al año, un agricultor moderno de, por ejemplo, el oeste
medio norteamericano puede cultivar con éxito más
de 100 ha (Pimentel y Pimentel 1979). Ello ha provocado la reducción
drástica de la población humana dedicada a la producción
agrícola y su sustitución por diferentes tipos de
máquinas.
En
términos de la energía invertida los contrastes
son también evidentes. La agricultura basada sólo
en trabajo humano usa 200,000 y 600,000 kcal para producir una
hectárea de maíz, la que emplea energía animal
entre 600,000 y 1,500,000 y la basada en energía fosil
de 15 a 20 millones de kcal. Ello significa que esta última
utiliza de 30 a 100 veces más energía que la primera.
Dado que tales diferencias resulta menos eficiente energéticamente
que la tradicional.
En
efecto, mientras que la agricultura basada sólo en trabajo
humano obtiene de tres a siete millones de kilocalorías
por cada hectárea de maíz producido, la agricultura
mecanizada alcanza entre 15 y 20 millones de kcal, es decir, que
sólo produce de tres a cinco veces más que la primera.
Ello deja un cociente de eficiencia energética mucho mayor
a la agricultura tradicional (de 10 a 30) que en la moderna (de
alrededor de 2.5), con una situación intermedia en la agricultura
que utiliza energía animal (con un índice de tres
a cinco). Una situación similar se encuentra cuando se
comparan las diferencias en los rendimientos netos (kg/ha) o en
la cantidad de proteína estimada por unidad de superficie.
En ambos casos los sistemas modernos sólo triplican o duplican
la producción de los sistemas tradicionales. Lo anterior
significa que el verdadero aporte de los modernos sistemas agroindustriales
se encuentra no tanto en los incrementos netos de la productividad
sino en la notable capacidad del productor para cultivar una superficie
mucho mayor en el mínimo de tiempo (productividad del trabajo).
En países como México, el marcado incremento de
la población rural, la estructura agraria basada en el
minifundio y la topografía que hace inaccesible el empleo
de maquinaria, esta tendencia predominante en la modernización
agrícola se vuelve no sólo limitante, sino francamente
contradictoria.

FIGURA
3.5 Eficiencia ecológica o energética en la producción
de una hectárea de maíz, calculada como la relación
de insumos y productos convertidos en kilocalorías para
tres condiciones tecnológicas: (1) utilizando solamente
energía humana (A-E y 1-7); (2) usando energía animal
(F-H y 8-13) y (3) utilizando energía fósil (I-M
y 14-15).J= número de jornales (medido en número
de horas); (a)= energía invertida (en kilocalorías
x 105 ); (b)= energía obtenida (en kilocalorías);
(b/a)= cociente entre energía obtenida y la energía
invertida. Nótese la mayor eficiencia de los sistemas que
emplean energía humana por sobre los sistemas empleadores
de energía animal y energía fósil (agroindustriales).
Para
calcular la productividad ecológica o energética,
definida en este trabajo como el cociente que resulta entre la
energía obtenida y la energía invertida (ambas en
kilocalorías) durante la generación de un producto
primario (sea agrícola, pecuario, forestal o pesquero)
por unidad de superficies y de tiempo, se toma nuevamente el caso
del maíz.
Esto es así tanto porque se trata del cultivo agrícola
más importante, como porque es el más analizado
desde una perspectiva energética. Los cálculos entonces
se refieren al grado de eficiencia energética observada
para producir una hectárea de maíz. En este caso,
la información censal ofrece los rendimientos en kilogramos
de este cereal referido a cada municipio y a cada una de las cuatro
variantes tecnológicas reconocidas por los censos: a) la
que sólo utiliza fuerza humana, b) la que emplea además
energía animal, c) la de carácter mixto, puesto
que combina tracción animal y mecánica, y d) la
que emplea sólo tracción mecánica, es decir,
uso de energía fósil.
El cálculo de la energía invertida contempló
la suma de los siguientes insumos (según sea el caso):
esfuerzo humano (número de horas empleadas), gasto de energía
animal, uso de fertilizantes y/o pesticidas químicos, volumen
de semilla sembrada, gasto de energía de maquinaria y otros
(como electricidad). La proporción de cada insumo en el
valor final es mostrado a través de un estudio de caso
en el cuadro 3.11. Dicho cuadro muestra que para el caso del maíz,
más del 40% de la energía proviene de los fertilizantes
químicos, una cuarta parte la representa el trabajo de
los animales y una quinta parte se invierte en el trabajo de la
maquinaria (principalmente tractores). El esfuerzo humano sólo
viene representando menos del 10% de la energía invertida.
| VARIENTE
TECNOLÓGICA |
JORNALES |
RENDIMIENTO |
PRODUCTIVIDAD |
CASOS |
| Energía
Humana |
29.497.4 |
1,267 |
13 |
n=
35 |
| Energía
animal |
41.1 |
1,482 |
33.8 |
n=12 |
| Energía
mixta |
47.1 |
1,597 |
33.9 |
n=08 |
| Energía
mecánica temporal |
29.4 |
1,921 |
65.3 |
n=
05 |
| Riego |
55.4 |
6,484 |
117 |
n=05 |
CUADRO
3.11 Distribución porcentual de los diferentes componentes
en la inversión total de energía para una hectárea
de maíz para casos con agricultura mixta y mécanica,
en la Cuenca del Lago de Pátzcuaro.
Dado
que la información censal no alcanza a proporcionar con
detalle la totalidad de estos datos, se procedió a obtener
de la literatura índices de energía invertida para
cada una de las cuatro situaciones tecnológicas. De acuerdo
con la revisión realizada, la variante de energía
humana emplea de 140,000 a 800,000 kcal por hectárea con
una medida de 400,000 kcal, la variante de energía animal
de entre 600,000 y 1,400,000 kcal, con un promedio de 1,000,000
de kcal, la variante mixta de alrededor de 2,800,000 kcal, y la
variante tracción mecánica de aproximadamente 5,000,000
de kcal. Estas cifras varían de acuerdo con las condiciones
ambientales, marcadas por la región ecológica donde
se realiza la producción y por las diferentes combinaciones
de insumos empleados (fertilizantes químicos y pesticidas).
Estos índices aplicados al número de UPR del municipio
analizado y referidos a la sumatoria de cada una de las cuatro
variantes entre 100, permiten arribar a un valor general de energía
invertida para producir maíz a escala municipal. Finalmente,
el valor acumulado de rendimiento de maíz en el municipio
expresado en kcal, que representa el valor de energía obtenida,
permite el cálculo de la productividad energética.
De acuerdo con lo conceptualizado, los valores más altos
corresponderían a una situación de apropiación
campesina, en tanto que los más bajos expresarían
una modalidad agroindustrial. Los cuadros empleados son el 5,
10 y 17 del CAG. La fórmula para productividad energética
fue:

donde
TH es el porcentaje de tracción humana, TA es el porcentaje
de tracción animal, TM es el porcentaje de tracción
mixta y TMec es el porcentaje de tracción mecanizada.
CONOCIMIENTOS
Asistencia
técnica pagada
Por
su forma de relación con la naturaleza, el campesino posee
un cúmulo de conocimientos ambientales que le permiten
prescindir del apoyo de conocimientos técnicos externos
en su acto productivo. La asesoría técnica es característica
del modo agroindustrial en su búsqueda de la maximización
de la producción basadas en las innovaciones tecnológicas,
lo que obliga al productor a pagar los servicios de asesores técnicos.
Para
la determinación del atributo conocimiento (CON), se utilizó
la información del cuadro 16 del CAG, que considera las
UPR que reciben asesoría técnica y fue determinado
con el porcentaje de UPR que utilizan asesoría técnica
pagada. Aún y cuando el cuadro en referencia considera
asesoría técnica gratuita, se decidió trabajar
únicamente con la pagada, debido a que esta última
puede llegar a los productores campesinos sin que éstos
decidan si la desean, mientras que la pagada es buscada por los
productores e implica una erogación de capital. De esta
forma, la fórmula de conocimiento quedó expresada
como:
CON = % UPR con asistencia técnica pagada
COSMOVISIÓN
(COS)S
Población
indígena
La
concepción que los productores del campo tienen de la naturaleza
varía según el modo de apropiación en que
estén inmersos. De esta forma, los productores campesinos
perciben y se relacionan con la naturaleza bajo un código
ético derivado de una visión sacralizada de los
ecosistemas que se apropian. El productor agroindustrial, por
su parte, concibe a la naturaleza como una fuente ilimitada de
recursos la cual debe someterse al «capricho» del
productor.
Dado que se carece de información censada que detemine
esta variable, se adoptó el supuesto de que la población
rural hablante de lengua indígena (HLI) representa al modo
de producción campesino. Otra consideración fue
que al no contar con información de integrantes por UPR
(productor + familia), el universo de trabajo fue la población
existente en viviendas menores de cuatro cuartos, como criterio
de población rural, ya que el criterio de localidades por
número de habitantes que establece el censo no da cuenta
de muchos factores que marcan la diferencia entre población
rural y urbana. Otra limitante de la información censal
se halla en el número de habitantes por vivienda conforme
al número de cuartos. Esta estratificación se mantiene
hasta los ocho habitantes por vivienda, y agrupa de nueve o más,
por lo que, en el cálculo se tomó nueve como criterio,
con la subsecuente subestimación de las viviendas con un
número mayor de habitantes. De esta manera, para el cálculo
de Cosmovisión (COS), se utilizó la información
del Censo General de Población y Vivienda contenida en
los Cuadros seis y nueve, quedando la fórmula:
COS
= 1 - % HLI con respecto a la población rural
Debido
a los supuestos anteriores, ocasionalmente el porcentaje supera
al 100%, tomándose por decisión específica
en estos casos, atribuirle el valor 0. A continuación se
muestra la fórmula final de la tipología que permite
obtener el índice de campesinidad-agroin-dustrialidad.
Por su parte, la figura 3.6 sintetiza los parámetros y
variables utilizadas para expresar los nueve atributos.
Índice
de campesinidad-agroindustrialidad
(SENE,
ESC, AUT, FT, DIV, PT, PE, CON Y COS)
