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CAPÍTULO 6

POLÍTICAS DE EDUCACIÓN AMBIENTAL Y FORMACIÓN DE CAPACIDADES PARA EL DESARROLLO SUSTENTABLE

MARÍA ELENA FEBRES-CORDERO B.*
Y DIMAS FLORIANI**

 

UN BALANCE HISTÓRICO. LA EDUCACIÓN AMBIENTAL COMO PROTAGONISTA


La reunión mundial de Estocolmo en 1972 marcó un hito pues 103 estados miembros de las Naciones Unidas y más de 400 organizaciones gubernamentales iniciaron un programa mundial que trabajaría en las vías y alternativas para enfrentar los problemas ambientales. Se construyó entonces un primer movimiento que en diferentes lugares del planeta se dirigió al tratamiento de problemas para un mayor conocimiento del ambiente y para el mejor aprovechamiento de los recursos naturales de las generaciones presentes y las futuras.

La creación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la puesta en marcha de un Programa Internacional de Educación Ambiental fueron hechos fundamentales. La región de América Latina y el Caribe desarrollaba desde varias localidades propuestas legislativas, institucionales, educativas y de participación. Se habló de un nuevo modelo: “ecodesarrollo”, el cual fue retomado en el informe de la ONU. La Reunión Regional de Expertos en Educación Ambiental en Bogotá (1976) nos enfrentó al análisis de nuestra realidad regional a la luz de la Carta de Belgrado, que había sido preparada un año antes en el Seminario Internacional de Educación Ambiental.

Este recorrido nos hace evocar las orientaciones de la Conferencia Intergubernamental de Educación Ambiental de Tbilisi (URSS) en 1977. El Congreso de Moscú sobre Educación y Formación Ambiental debía precisar las líneas maestras de una educación dirigida tanto a la opinión pública como a los especialistas y a las personas que toman decisiones, a mejorar la legislación en materia de educación ambiental, a definir los grandes campos de acción y a incorporarla en los programas de formación de los educadores en todos los sectores y niveles.

El equipaje de América Latina llegó a Río de Janeiro en 1992 cargado de experiencias nacidas a la luz de la reunión de Estocolmo, sembradas a lo largo y ancho del continente por gobiernos, instituciones públicas y privadas, organismos internacionales, ONG, universidades e institutos de investigación. La Conferencia de las Naciones Unidas Río 1992 preparó la Agenda 21 que en su capítulo 36 hizo propuestas en materia de fomento a la educación, la capacitación y la toma de conciencia. La educación ambiental debía revisarse y redefinirse a la luz de la complejidad de los problemas ambientales y de los paradigmas emergentes. La Agenda 21 se revela como una aportación sustantiva para la educación ambiental y permite reconocer la revalorización de los saberes tradicionales y las formas sostenibles de actuar de los grupos de la sociedad civil, así como de los conocimientos científicos disponibles.

 

NUEVOS ESCENARIOS: ¿INCERTIDUMBRES RENOVADAS?

 

Bajo la consigna del desarrollo sustentable, las sociedades y sus más variados representantes han emprendido búsquedas de alternativas intelectuales y prácticas para superar el actual estado de caos en que se encuentra el planeta. El gran reto para la ciencia, la tecnología y la pedagogía es superar la ceguera y la ignorancia de lo incontrolable del conocimiento. Deben preguntarse hacia dónde nos conduce el «progreso» del conocimiento, a quiénes beneficia y a quiénes amenaza.


Las modernas sociedades del conocimiento se reproducen en el contexto de las sociedades de mercado globalizadas. La ciencia y la tecnología, como cara y cruz de una misma moneda, constituyen en el sistema económico dominante la infratextura de las infraestructuras (Morin 1984) y condicionan los mecanismos de racionalidad y de productividad del mercado.


La globalización ha profundizado, desde la década de 1990 del pasado siglo, situaciones asimétricas de producción, comercialización, consumo y apropiación de los recursos naturales sin eliminar las amenazas de enfrentamientos entre países y regiones, además de contribuir a la fabricación de riesgos crecientes para los individuos, las sociedades y la naturaleza. Las diferencias cada vez mayores entre las sociedades del Norte, con elevada productividad tecnológica y del consumo, y las del Sur, cada vez más atrapadas por los factores estructurales de la pobreza y del endeudamiento externo, ponen en riesgo la convivencia de las sociedades humanas y el equilibrio ecológico en el planeta.

 

LATINOAMÉRICA Y LA SUSTENTABILIDAD: RETOS ASUMIDOS DESPUÉS DE RÍO 1992

 

La emergencia de la «sociedad del riesgo», además de las catástrofes derivadas del cambio climático, significa para Latinoamérica hambre, contaminación del agua ––según las distintas regiones––, extinción y piratería de la biodiversidad, amenazas a la gobernabilidad con estados «fracasados» o anémicos en emergencia, además de megaciudades insustentables, desruralización, epidemias y deforestación a gran escala, según los diagnósticos del presente libro.

¿Cómo lograr un ambiente de coexistencia de ideas y de posibles consensos, más allá de la retórica disuasiva o del cinismo de los valores que niegan la posibilidad de otro desarrollo? Mercado y desarrollo sustentable se muestran incongruentes, la mayoría de las veces, a pesar de que, en principio, el desarrollo sustentable tiene que incorporar criterios que redefinan el crecimiento económico con base en los valores de una civilización deseada y necesaria: equidad social, respeto a la diversidad cultural, preservación de los recursos materiales para la reproducción de la vida, desarrollo de tecnologías limpias, y mayor simetría política entre naciones, sociedades y culturas del planeta. En una sociedad donde se valora sobremanera la producción de la riqueza (real o ficticia), las ciencias más apreciadas son aquéllas que tratan de regular y normalizar el mercado, o de dominar la naturaleza, a la vez que se ven involucradas en una estructura de derechos de propiedad y en una distribución social de renta y poder. Por ello, los problemas socio-ambientales no pueden dejar de ser analizados al margen de los conflictos sociales (Martínez Alier y Roca Jusmet 2000). La ciencia, la técnica y la educación ambiental se encuentran frente a la disyuntiva de la modernización y de la tradición. Hace falta traer al dominio del debate público, amplio, democrático y transparente temas acerca de incertidumbres amenazantes, tales como los organismos modificados genéticamente y los recursos naturales profundamente involucrados con los saberes locales y la sabiduría de los pueblos autóctonos.

Es necesario referirnos también a mecanismos democráticos a escala nacional, internacional y transnacional capaces de gestionar conflictos acerca de lo económico, lo político y lo tecnológico en materia ambiental. Es flagrante la contradicción entre mercado global e instituciones compatibles con un nuevo orden político y jurídico. ¿Es plausible hablar de la existencia de otro desarrollo para América Latina? ¿Es posible una ciencia y una educación para el desarrollo sustentable?

Una nueva racionalidad ambiental (Leff 1994) presupone generar nuevos marcos institucionales para las políticas científico-tecnológicas y educacionales capaces de integrar nuevos referentes culturales. A su vez, estas concepciones ameritan ser fundamentadas por nuevas prácticas pedagógicas y de investigación, a fin de crear estructuras institucionales y mecanismos de toma de decisión que garanticen un desarrollo sustentable.

En este orden de ideas, ciencia, tecnología y educación ambiental, en la perspectiva del desarrollo sustentable, deben comprometerse con las necesidades básicas de las sociedades y de las culturas autóctonas de Latinoamérica. El desarrollo de tecnologías de alimentación y salud de los pueblos debe priorizar los principios de gestión y de sabiduría locales en el trato con la naturaleza.

 

EDUCACIÓN AMBIENTAL: LA REVOLUCIÓN EDUCATIVA POR EXCELENCIA

 

Los discursos críticos sobre la globalización cuestionan la bondad de un mundo articulado por el mercado y se afirma que las relaciones e interdependencias culturales, económicas, educativas y sociales no responderían en este nuevo orden a criterios de equidad y solidaridad. La situación de los problemas ambientales y la emergencia de problemáticas fundamentales en esta época nos hacen reflexionar. La pobreza como problema prioritario en la región cuestiona la operacionalización de la sustentabilidad y la visión de una educación ambiental comprometida con la realidad y transformadora en su esencia.

Los nuevos escenarios apuntan a la redimensión de la educación ambiental como proceso ante la pobreza, las modalidades de consumo, los problemas de población, salud, economía, desarrollo social y humano, paz y seguridad, así como a la democracia y los derechos humanos como premisas fundamentales en el proceso de gestión educativa ambiental. Río + 10 nos coloca frente a un mundo que cabalga entre la globalización y la defensa por la cultura como conjunto de significados entre el imaginario de la modernidad y la reconstrucción de relaciones quebradas entre los grupos humanos y la naturaleza (Porto 2000); entre nuevos patrones de consumo y la explotación abusiva de los recursos naturales y la asunción de nuevos comportamientos, acciones ciudadanas y gubernamentales; entre la globalización cultural y la defensa de la diversidad cultural como forma de garantizar la heterogeneidad educativa, para que los pueblos y comunidades puedan llevar a cabo sus proyectos de construcción de la sustentabilidad.

Abrirnos a la posibilidad de construir una educación ambiental para este milenio implica crear y diseñar espacios educativos, sociales, culturales y ambientales que permitan el intercambio y la pluralidad de saberes en el camino sugerente de vislumbrar un ser humano que comprenda e integre la complejidad del mundo. Hechos y sucesos ocurridos desde décadas atrás, como la Conferencia de Estocolmo en 1972, y veinte años después la Conferencia de Río 1992, impulsaron un proceso educativo ambiental mundial de amplias y complejas dimensiones que motivó la puesta en marcha de planes regionales y programas innovadores en diferentes contextos del planeta, en general, y de esta región en particular. Propuestas y modelos manejados en el planeta con el gran objetivo de concienciar al hombre en el sentido de mejorar su calidad de vida, de construir modelos de desarrollo en los que la producción y la apropiación de saberes para la resolución de problemas ambientales sean posibles y, en fin, en el que la emergencia y la confrontación de paradigmas pongan en evidencia y a la discusión las relaciones entre el pensamiento científico y la sabiduría espiritual.

ESCENARIOS: RÍO 1992 Y RÍO + 10

 

LA EDUCACIÓN AMBIENTAL EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE. RETOS ASUMIDOS DESPUÉS DE RÍO 1992

 

En los planos internacional y regional se han venido reconociendo algunas de las funciones esenciales de la educación y de la ciencia en cuanto al tema ambiental. Se han planteado discusiones sobre las propuestas de educación para un desarrollo sostenible, la educación para un futuro sostenible, la educación ambiental y el desarrollo humano.


Dirigiremos la discusión que nos interesa en estos momentos hacia algunos de los perfiles y tendencias de nuestra región en este campo. Es importante destacar la relevancia de los dos Congresos Iberoamericanos de Educación Ambiental, el primero celebrado en 1992 bajo el lema: «Una estrategia hacia el porvenir» y el segundo, en 1997, bajo el lema: «Tras las huellas de Tbilisi» en Guadalajara, México, fortaleciendo las iniciativas de la región; los proyectos, y la incorporación de la dimensión ambiental en el currículo de educación básica y superior; en la organización de programas académicos para la formación de especialistas; en la participación de la sociedad civil; en la apertura de temas como la interpretación ambiental y la comunicación ambiental; en el desarrollo de una labor para crear la Red de Educadores Ambientales; en la construcción de agendas locales y estrategias nacionales de educación ambiental; en síntesis, se aborda la ética y la complejidad, y se abre la brecha para someter a discusión los discursos sobre la sustentabilidad en la región. Políticas públicas ambientales. El papel de las instituciones gubernamentales El compromiso de los gobiernos y la acción de los diferentes actores de la sociedad civil generaron determinadas propuestas de orden político, institucional y legislativo en la región. El compromiso con la Agenda 21 permitió, entre otras, las siguientes iniciativas:

a) Proyecto de creación y fortalecimiento de organismos e instituciones en los países de la región que construyeran políticas y estrategias ambientales y, por ende, de educación. Tal es el caso de la creación del Ministerio de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente en Bolivia; la Comisión Nacional de Medio Ambiente en Chile (CONAMA); la creación del Programa de Desarrollo Institucional Ambiental (PRODIA) de Argentina; los órganos e identidades integrantes del Sistema Nacional del Medio Ambiente de Colombia y el fortalecimiento de las unidades de gestión
educativa ambiental en diferentes países de la región.

b) Iniciativas relacionadas con la formación de un cuerpo de leyes y r eglamentos que orientan y ordenan la gestión ambiental gubernamental, nacional, local y municipal. Como ejemplo relevante en la región se tiene la Ley de Educación Ambiental de Brasil de 1999. Se reconoce que el movimiento en materia jurídica es amplio y diverso con variados ejemplos a nivel nacional y local.

c) Elaboración de Agenda 21 nacionales y locales. La movilización de los gobiernos y las ONG generaron la construcción de Agendas 21 nacionales y locales en atención al contexto y sus realidades. La educación ambiental en el sistema educativo Antes de Río 1992 los diagnósticos realizados a nivel regional y los documentos aportados por los organismos internacionales y nacionales reconocían la diversa gama de programas y proyectos ejecutados en América Latina y el Caribe en el ámbito de los sistemas educativos, para incorporar lo educativo ambiental en el currículo. Ha sido una época fructífera en el terreno pedagógico y psicológico que lleva aparejada la emergencia de escenarios para el sistema educativo de un currículo por proceso que propugna la construcción del conocimiento como un proceso individual y también colectivo (Febres-Cordero 1995 y 1997, Porlan 1991).

Algunas de las iniciativas en la región se caracterizan por las siguientes tendencias:


· Desarrollo de programas y proyectos de educación ambiental en el ámbito formal para los niveles de educación básica, media diversificada y superior. Atención especial a los niños y jóvenes
(Capítulo 25).


· Alianzas estratégicas entre los ministerios de educación y ambiente (Colombia, Venezuela, Brasil y Bolivia).


· Modelos pedagógicos innovadores para incorporar la educación ambiental en los diversos niveles y modalidades del sistema educativo: transversalidad curricular en la educación básica (Chile, Colombia, El Salvador, Venezuela, Bolivia y Cuba).


· Diseño y producción de materiales impresos y audiovisuales para educadores, niños, jóvenes, comunidades rurales e indígenas y público en general, en la mayoría de los países de esta región. Se evidencia una rica y fructífera colección de publicaciones, entre las que se puede mencionar a la Comisión de Educación y Comunicación de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN, por sus siglas en inglés).


Educar para promover la participación de la sociedad civil. Podríamos afirmar que este proceso ha sido uno de los más importantes para la región en la década 1992-2002. A raíz de Río 1992, en donde se reunieron en el Foro Global miles de personas, ONG e instituciones del mundo y se suscribió el Tratado de Educación Ambiental hacia Sociedades Sostenibles y de Responsabilidades Globales, se generaron y consolidaron diversos movimientos ambientales que trataron de agrupar a diversos sectores de la sociedad civil. Esa expresión intercultural de nuestro continente abrió nuevos espacios para la reflexión, el trabajo con los gobiernos, la consulta popular, la elaboración y ejecución de proyectos en materia de biodiversidad, la formación de personal en áreas básicas de la gestión ambiental y la elaboración de programas para abordar la Convención de Cambio Climático, entre otros.
Podemos mencionar en este perfil algunos rasgos característicos del proceso:

· Creación y consolidación de ONG a niveles nacional y local con participación de mujeres, educadores, agricultores y campesinos, comunidades indígenas, jóvenes, profesionales y técnicos. Las ONG comenzaron a exigir mayor participación en los proyectos nacionales, en la elaboración de agendas locales y, por ende, en la definición de políticas públicas.

· Creación de redes ambientales que han permitido el avance de proyectos, las alianzas estratégicas, la búsqueda de fondos, la formación y actualización de sus miembros. Las ONG aparecieron y se propagaron en todos los países latinoamericanos con sus particularidades, de acuerdo con el contexto y las prioridades de sus localidades. Resaltan algunos movimientos y procesos en Ecuador, Brasil, Perú, Nicaragua, Guatemala, México y Venezuela.

Formación y actualización de profesionales y técnicos en materia ambiental. Ampliación a otros actores de la sociedad civil Los programas de desarrollo profesional se ampliaron a lo largo de la región. La participación de los organismos internacionales, por ejemplo la Red de Formación Ambiental para América Latina del PNUMA, las universidades, fundaciones y los propios gobiernos, han trabajado por propuestas de formación que consideran áreas como: desarrollo y ambiente; desarrollo sostenible y gestión ambiental; estrategias de participación comunitaria; calidad de vida y educación ambiental; ética ambiental y complejidad de los sistemas; interpretación ambiental; biodiversidad; perspectiva intercultural; entre otros. Es importante destacar, la realización del Primer Seminario sobre Universidad y Medio Ambiente en América Latina y el Caribe, organizado por la Red de Formación Ambiental en colaboración con el Programa Internacional de Educación Ambiental (UNESCO-PNUMA).

La Cumbre de las Américas en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en 1996, con la Declaración para el Desarrollo Sustentable de las Américas, hace explícita la necesidad de abordar la educación y la concientización públicascomoun escenario prioritario.

Comunicación y educación ambiental. El papel de los medios El tema de la comunicación y la educación ambientales aparece como una de las tendencias fundamentales de la región. La Comisión de Educación y Comunicación (CEC) de la UICN invita a un trabajo sistemático en torno al tema. En 1995 en Quito, Ecuador, la UICN y la UNESCO convocaron a la Reunión para América Latina sobre la Gestión de Programas Nacionales de Educación y Comunicación para el Medio Ambiente y el Desarrollo. En San Luis Potosí, México, a instancias de la Secretaria de Medio Ambiente, se dicta en 1999 el Primer Curso sobre Educación y Comunicación Ambiental.

Otros escenarios regionales


· Educación ambiental y diversidad cultural. Las perspectivas interculturales en educación ambiental han abierto frondosos caminos de diálogo y aproximaciones educativas desde el respeto a la diversidad, la otredad, y la identidad, en el marco de una educación que respeta la diversidad de las distintas culturas (Brasil, México, Bolivia, Perú y Ecuador).

· Educación ambiental y turismo sustentable.

· Educación ambiental y cultura de la evaluación.

· Repertorio de estrategias y modelos pedagógicos en el tratamiento de la complejidad y el fenómeno de la globalización.

· Educación popular ambiental.

· Educación y género.

Como señala González Gaudiano (2000), la educación ambiental en América Latina se ha desenvuelto más en el terreno de la educación no formal; ha trabajado más con población adulta que con la población infantil y numerosos proyectos han estado ligados a grupos indígenas y áreas rurales en el marco de enfoques de desarrollo social y comunitario.

Es importante destacar lo significativo para la región del III Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental, celebrado en Caracas, en octubre de 2000, en coordinación con el PNUMA, bajo el lema III Milenio: Pueblos y caminos hacia el desarrollo sostenible. Con más de 1,500 participantes de diferentes países y localidades de la región, este encuentro permitió la discusión, el aporte de las experiencias y otros temas centrales en materia de desarrollo sostenible, de perspectivas interculturales, bases conceptuales y filosóficas para la elaboración de nuevos enfoques y paradigmas. Se generó un movimiento para construir un Proyecto Regional de Educación Ambiental y consolidar la Red de Educadores Ambientales, aportando objetivos y líneas de acción en relación con estos dos proyectos como retos de la presente década.

 

TAREAS PARA LA COMUNIDAD CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA SEGÚN LA AGENDA 21

 

En el capítulo 31 de la Agenda 21 se definieron dos áreas de programas prioritarios: 1) mejoramiento de la comunicación y de la cooperación entre la comunidad científica y tecnológica y los responsables en la toma de decisiones; 2) promoción de códigos de conducta y de directrices relacionadas con la ciencia y la tecnología. Las sociedades y los actores sociales han reaccionado de diferente manera a los planteamientos de la Agenda 21. Se dieron reacciones positivas y negativas por parte de los distintos sectores de las sociedades, las cuales analizamos a continuación.

Nuevas epistemologías y metodologías de investigación Hay que subrayar los importantes aportes epistemológicos, teóricos y metodológicos, en el área del conocimiento socio-ambiental, que se vienen produciendo en América Latina desde mediados de los 80 hasta hoy. Dos importantes obras teórico-metodológicas inauguraron la novedad (organizadas por Enrique Leff: 1986 y 1994). En estos dos libros colectivos se destaca el aporte metodológico de Rolando García para el estudio de sistemas complejos, la discusión acerca de la interdisciplinariedad, las bases de la articulación disciplinaria así como reflexiones sobre la formación de científicos sociales; además, esta producción colectiva fue un importante avance para la internalización de la dimensión ambiental en diferentes disciplinas y campos del conocimiento (economía, antropología, sociología, derecho, urbanismo, etc.). Aportaciones metodológicas de las experiencias interdisciplinarias en Brasil, en el ámbito del medio ambiente y del desarrollo sustentable, cubriendo diez años de construcción científica (1990-2000), fueron también documentadas en un libro publicado bajo el auspicio del Ministerio de Ciencia y Tecnología de aquel país (Philippi et al. 2000). Las publicaciones del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales de Venezuela, coordinadas desde 1996 por la Dirección General de Educación Ambiental y Fundambiente, han aportado al conocimiento educativo-ambiental en temas como: interpretación ambiental, educación ambiental en el ámbito formal y no formal, participación comunitaria, consumo, educación superior y ambiente, biodiversidad, desarrollo sostenible y perspectivas interculturales. Estas son algunas de las múltiples contribuciones al pensamiento ambiental latinoamericano, registradas en los últimos años.

No se puede dejar de señalar también que las experiencias concretas de posgrado llevadas a cabo en los últimos años, representan aportes significativos para América Latina; los nuevos proyectos interdisciplinarios, o aún de distintos matices que los tradicionales, internalizan las nuevas epistemologías socio-ambientales, generadas por el pensamiento latinoamericano emergente. En Brasil, por ejemplo, la agencia de evaluación de los cursos de posgrado (CAPES) vinculada al Ministerio de Educación registra un avance significativo en el número de cursos de carácter multidisciplinario en medio ambiente y desarrollo: las maestrías han pasado de 28 a 56 y los doctorados de 11 a 19, en apenas seis años, es decir, de 1994 a 2002. Luego de la Conferencia Río 1992, son creados cursos de posgrado con este nuevo dibujo, contando con el respaldo institucional de la Cátedra UNESCO para el Desarrollo Sostenible y del PNUMA. El Doctorado en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Federal de Paraná fue una de las experiencias pioneras, incorporando aquellas nuevas directivas teórico-metodológicas.

 

LOS RETOS FUTUROS
LA EDUCACIÓN AMBIENTAL COMO ACCIÓN EMANCIPADORA Y DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL

 

1. La educación ambiental debe revisar y reconocer las teorías pedagógicas contemporáneas para ubicarse en un piso teórico sólido que como propuesta pueda estudiar la posibilidad de construir una pedagogía ambiental (Colom y Sureda 1989). También debe superar la tan experimentada y activa educación ambiental que, en muchos momentos, no profundizó en las verdaderas raíces de los problemas del entorno y, por tanto, no llegó a la sustancia de procesos sociales y culturales de América Latina y el Caribe y de sus localidades.


2. La educación ambiental debería asumir los paradigmas emergentes en los órdenes económico, social, cultural y político; la construcción de conocimientos a la luz de dichos paradigmas y de los retos que plantea la crisis ambiental planetaria; el diseño de modelos de desarrollo y de gestión ambiental en donde la sustentabilidad está en juego y en ejercicio, y las propuestas de desarrollo sostenible viable para nuestra realidad, que tracen la ruta de una educación ambiental que, al asumir el paradigma de la complejidad, se convierta en un proceso educativo profundamente innovador, acepte el conflicto como parte de esa realidad (Novo 1996) y procure la toma de conciencia hacia un desarrollo humano que sea causa y efecto de la sustentabilidad y la responsabilidad global (Caride y Meira 1998).


3. La educación ambiental debe integrarse como eje transversal de la política ambiental de los países y de sus políticas regionales y locales. Al definirla como «eje transversal» visualizamos un proceso que tenga el peso específico en la formulación y desarrollo de la gestión ambiental. Igualmente, su expresión en el sistema educativo se plantea hoy desde la transversalidad curricular que permite la construcción de un pensamiento social crítico, conecta la escuela con la vida, favorece la educación en valores, se corresponde con el pensamiento complejo y acepta la perspectiva constructivista del aprendizaje.

4. La educación ambiental debería proponer programas y proyectos basados en una formación ética (Pedagogía Crítica de la Ética) que plantee con claridad los valores a enseñar y a discutir en los niveles de la educación formal, no formal e informal.

Por supuesto, si hablamos de los programas de educación y formación ambiental en las universidades, esta propuesta debe relacionarse con un proyecto de país y del Hombre y la Mujer que se aspira a formar para el tercer milenio. En este orden de ideas, hablamos de una racionalidad ambiental que enfrenta a las estrategias de la globalización para construir una racionalidad productiva fundada y sustentada en el potencial ecológico y en nuevos sentidos civilizatorios (Leff 2000).

5. La educación ambiental debería atreverse a redimensionar y construir, desde sus experiencias y recorridos, un programa para transformar a la sociedad en que vivimos, conjugando las más novedosas y revolucionarias fórmulas pedagógicas, psicológicas, sociológicas, antropológicas y de la comunicación en la pluralidad de saberes y referencias a la heterogeneidad cultural para innovar, crear y transformar. Una educación ambiental que forme hombres y mujeres críticos bajo una nueva visión de la racionalidad social. Una educación ambiental que denuncie los manejos de la información en los discursos sobre la sustentabilidad y los procesos educativos ambientales.

6. La educación ambiental debería ser la abanderada de planes y propuestas nacionales, regionales y locales para convertir al proceso de participación en el objetivo de este milenio, así como propiciar la participación de la sociedad civil en la elaboración de las políticas ambientales y de las estrategias regionales y locales dentro del marco de la descentralización, teniendo al municipio como la unidad política primaria y autónoma en la organización nacional.

7. La educación ambiental debería reforzar y profundizar el trabajo interdisciplinario como fuente fecunda para problematizar los paradigmas del conocimiento y abordar la realidad ambiental y social. Debe asumir también que la interdisciplinariedad que no es la suma de saberes y que el educador ambiental (desde cualquier disciplina) debe estar en permanente crítica y construcción de conocimientos (Morin 2000).

8. La educación ambiental debería diseñar y poner en marcha un plan de comunicación y educación que promueva, entre otros aspectos, la incorporación activa de los medios de difusión masiva y de la formación ambiental de los diferentes actores y de grupos profesionales. En relación con este último aspecto, es fundamental destacar el papel que debe y puede jugar la universidad como centro de promoción de valores y de construcción del conocimiento a partir de sus áreas de docencia, investigación y extensión. Asimismo, es clave la formación y actualización de los diferentes actores de la sociedad civil en los temas ambientales y educativos. Es por ello, que al vivir en un mundo de complejidad y significados deben abordarse los temas duros del desarrollo, como por ejemplo: la política macroeconómica; la reforma del Estado; la pobreza; la integración hemisférica; la biodiversidad; la globalización; los contextos legales y políticos para favorecer la participación; la perspectiva intercultural y la ética ambiental, entre otras. En definitiva, aproximarnos al reconocimiento de la heterogeneidad cultural y educativa desde la realidad latinoamericana (Febres-Cordero 1997 y 2000).

 

LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA EN LA PERSPECTIVA DEL DESARROLLO SUSTENTABLE

 

La ciencia y la tecnología al servicio de un desarrollo diferente deberán profundizar las investigaciones aplicadas a la producción sostenible y al combate de la pobreza, buscando un diálogo de saberes. Así, una ciencia y una tecnología comprometidas con la sustentabilidad deben mirar hacia los siguientes horizontes teóricos y prácticos de un nuevo quehacer académico y social (Floriani 2000):


1. El gran reto para las comunidades científicas es cómo producir y aplicar los conocimientos científicos en el cauce de las sociedades de mercado, sin monopolizar ni aislar la ciencia de los objetivos humanos y sociales, incluyendo una concepción integradora de la naturaleza.

2. La ciencia moderna no puede dejar de orientar su mirada hacia otras formas de saber. La ciencia puede rescatar el pasado y el presente de sociedades donde la diversidad cultural representa un rico patrimonio que debe ser rescatado en la perspectiva de la sustentabilidad.

3. El conocimiento científico debe incorporar la complejidad del pensamiento moderno con una nueva perspectiva epistemológica, metodológica y filosófica, y pensar la complejidad más allá del pesimismo derrotista o del optimismo ingenuo y unidimensional de la técnica y del consumo.

4. El reto del científico de hoy es transponer la repetición, alterando procedimientos convencionales en la reproducción del conocimiento, buscando la fuente de su imaginación en distintos referenciales cognitivos, no sólo en los propios de su disciplina científica, sino igualmente en los de naturaleza estética (arte, literatura, música), en los conocimientos con fuertes raíces culturales y, en especial, en los que denotan una profunda sabiduría acerca de la naturaleza.

5. El conocimiento científico debe adoptar la noción de medio ambiente de manera multicéntrica, compleja, objeto de distintas escalas de abordaje, y debe emplear metodologías de investigación alternativas a las dominantes, buscando un diálogo entre las ciencias y los demás saberes.

6. América Latina tiene que priorizar estrategias claras, de mediano y largo plazos con relación a sus recursos naturales, a la preservación de sus culturas autóctonas, ricas en conocimientos y enseñanzas para el manejo sustentable de sus recursos en alimentación, plantas medicinales, preservación de los ríos, de las florestas, de las especies animales y vegetales. Para ello, vale una planificación estratégica de parte de las universidades y de los laboratorios estatales, en cooperación con organizaciones de la sociedad civil para el diseño de prioridades para la formación de investigadores en el ámbito de las ciencias de la vida, de la naturaleza y de la sociedad.

7. Finalmente, se tiene la necesidad de reafirmar políticamente la soberanía de las sociedades, las culturas, la región y los estados latinoamericanos, a través de acuerdos transnacionales pero limitados a la región. Una de las posibilidades para su éxito es el rescate de un pasado histórico y cultural todavía presente en nuestro continente.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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* Directora de la Escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello.
(UCAB). Caracas. Correo-e: mfebres@ucab.edu.ve.
** Profesor e investigador del Doctorado Interdisciplinario en Medio Ambiente y
Desarrollo de la Universidad Federal de Paraná, Brasil. Correo-e:
dimas@r eitoria.ufpr.br.


 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 15/11/2007