La
electrocución de aves en líneas eléctricas
es resultado del rápido crecimiento de la infraestructura
eléctrica asociado a que no se considera la protección
de las aves en los procesos de construcción. A principios
de los años setentas, estudios realizados en los Estados
Unidos de América comenzaron a hallar evidencias de
águilas electrocutadas en líneas eléctricas.
Entre los casos más alarmantes se encontró una
línea en Colorado con sólo 88 postes, a lo largo
de la cual se encontraron 37 águilas reales (Aquila
chrysaetos) electrocutadas; o el registro de 416 aves muertas
a lo largo de 24 kilómetros de líneas en seis
estados del oeste (APLIC 1996). Este problema además
de afectar poblaciones de especies en riesgo, como las del
águila de cabeza blanca (Haliaeetus leucocephalus)
o el águila real (Aquila chrysaetos), también
causó cortes en el suministro de energía eléctrica.
Estados Unidos fue uno de los primeros países en reconocer
que la electrocución de aves era un problema importante.
A mediados de los años setenta un grupo compuesto por
agencias del gobierno, compañías de electricidad
y organizaciones no gubernamentales se reunieron para analizar
la magnitud y buscar soluciones al problema de electrocución.
Como resultado se generó el texto Prácticas
sugeridas para la protección de rapaces en líneas
eléctricas, publicación que tiene ya tres ediciones
y que ha sido traducida al español para ser utilizada
en Latinoamérica. Esta publicación reúne
información sobre los aspectos biológicos de
la electrocución de rapaces y brinda una clara explicación
de los diseños de estructuras eléctricas que
son peligrosos para las aves y de cómo pueden ser modificados
para evitar futuras electrocuciones. Sin embargo, en los Estados
Unidos de América existen cientos de compañías
encargadas de proporcionar el suministro de energía
eléctrica, lo cual ha sido un obstáculo en la
implementación de las prácticas sugeridas para
la protección de rapaces.
El problema de la electrocución de aves en líneas
eléctricas ocurre a nivel mundial. En España
es la principal causa de mortalidad del águila imperial
(Aquila heliaca). Estudios sobre la sobrevivencia de pollos
mostraron el impacto de la electrocución sobre la especie.
Un ejemplo que ilustra claramente este punto se dio al eliminarse
una línea eléctrica que cruzaba por el centro
de un parque, lo que permitió que la supervivencia
de los pollos se incrementará de un 17.6% a un 80%
en los primeros seis meses de vida (Ferrer e Hidalgo 1991).
En Alemania, 592 individuos (de 19 especies) fueron encontradas
electrocutadas debajo de líneas eléctricas (Haas
in APLIC 1996).
En Sudáfrica y otros países del continente africano,
especies como el buitre del Cabo (Gyps coprotheres), el buitre
egipcio (Neophron pernopterus), el águila marcial (Polemactus
bellicosus) y el águila negra (Aquila vereauxii) son
algunas de las especies que más se electrocutan en
las líneas eléctricas. En una sola línea
eléctrica se encontraron más de 300 buitres
del Cabo muertos a lo largo de un periodo de tres años
(Ledger y Annegarn 1981). En América Latina se desconoce
la magnitud del problema.
En México se tiene un registro sobre conflictos entre
aves y líneas eléctricas previo a 1997: el caso
del gavilán pescador (Pandion haliaetus) en Baja California,
donde la población de esta especie se ha incrementado
gracias al uso que hacen de estructuras artificiales (balizas
de señalamiento, plataformas artificiales y postes
del tendido eléctrico) como plataformas de anidación
(Castellanos et al. en Ferrer 1991). Sin embargo, el uso de
los postes por los gavilanes causó cortes en el suministro
de energía y electrocución de aves adultas,
problemas que han sido solucionados con la colocación
de plataformas artificiales en dichos postes.
El otro caso reportado es el de los tendidos eléctricos
del área de Janos-Casas Grandes en Chihuahua, zona
habitada por ejidatarios y menonitas. Los primeros tendidos
eléctricos colocados para proveer de energía
a los ejidatarios y ranchos privados fueron construidos en
1986. En 1996 las colonias menonitas de “Buenos Aires”
y “El Cuervo” fueron conectadas mediante una línea
eléctrica que corre a través de la colonia de
perros llaneros (Cynomys ludovicianus) más grande de
Norteamérica. Fue entonces cuando se comenzaron a encontrar
rapaces electrocutadas, y un par de años después
se inició un proyecto de monitoreo para buscar aves
electrocutadas en otras líneas del área. Los
resultados mostraron que el problema no es exclusivo a las
líneas nuevas, sino común a otras líneas
que cruzan las colonias de perros llaneros.
En general, en el diseño de las líneas de electricidad
no se considera la protección de las aves rapaces que
por su tamaño son susceptibles de electrocutarse. Entre
las especies de aves electrocutadas encontradas bajo los postes
en Janos están: águila real (Aquila chrysaetos),
aguililla real (Buteo regalis), aguililla cola roja (Buteo
jamaicensis), zopilote aura (Cathartes aura), lechuza de campanario
(Tyto alba) y una gran cantidad de cuervos (Corvus cryptoleucus).
Las aves se electrocutan al posarse sobre las líneas
de distribución se cierra el circuito. Esto puede ocurrir
de varias maneras. En el caso de postes de madera con crucetas
metálicas, la electrocución ocurre cuando el
ave toca dos de las fases o cables energizados, o un cable
y alguna parte conectada a tierra. En el caso de los postes
de concreto con cruceta metálica un ave se puede electrocutar
al posarse sobre la cruceta y tocar una de las fases energizadas
o alguna otra estructura cargada eléctricamente.
Las aves, especialmente las rapaces, son atraídas a
las líneas de energía eléctrica por diversas
razones: por ser sitios elevados donde se puede perchar, anidar,
descansar, defender territorios o cazar. Esto ocurre principalmente,
aunque no exclusivamente, en áreas planas donde no
hay árboles o en lugares con altas concentraciones
de presas.
Veintiséis de las cuarenta especies de rapaces que
habitan Norteamérica han sido reportadas como víctimas
de electrocución (APLIC 1996). Entre las aves más
comúnmente electrocutadas en líneas eléctricas
se encuentran las de gran tamaño, como las águilas,
real y de cabeza blanca, ya que su gran envergadura facilita
que el ave toque dos cables energizados al extender las alas
para elevarse o aterrizar en un poste. Otros factores como
la experiencia, edad y temporada del año afectan la
susceptibilidad a electrocución. Entre las águilas
reales es más frecuente que los juveniles, que carecen
de experiencia tanto para volar como para cazar, se electrocuten.
En temporada de lluvias es más frecuente la electrocución,
ya que al estar mojadas las plumas se vuelven conductoras
y no es necesario que el ave toque el cable con la parte carnosa
del ala, pues el toque con una pluma mojada puede conducir
la energía.
La electrocución de aves no sólo afecta a las
poblaciones de las especies involucradas, especialmente a
las de rapaces y cuervos, sino que tiene a su vez un impacto
considerable en la economía local. El número
de cortes de energía causado por la electrocución
de las aves se traduce en un alto costo tanto para las comunidades
que se quedan sin energía como para las compañías
de electricidad que deben mandar equipos de mantenimiento
para atender el problema.
Afortunadamente este problema tiene solución ya que
se cuenta con una serie de medidas encaminadas a modificar
las estructuras causantes de electrocuciones y mitigar así
el problema. Sin embargo, la modificación en líneas
existentes puede resultar costosa y debe acompañarse
de estudios de campo que identifiquen las estructuras causantes
de electrocuciones y que sufren continuos cortes del suministro
con el propósito de optimizar la relación costo-beneficio
de las operaciones. La construcción de nuevas líneas
con criterios técnicos amigables para las aves puede
resultar económicamente viable.