BIODIVERSIDAD
: USO, AMENAZAS Y CONSERVACIÓN
Hesiquio
Benítez Díaz y Mariana Bellot Rojas
Comisión
Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad ( Conabio
)
Liga
Periférico-Insurgentes sur 4903 2º Piso, Col. Parques
del Pedregal, 14010, México, D. F.
Correo-e: hbenitez@xolo.conabio.gob.mx y mbellot@xolo.conabio.gob.mx
¿Qué
es la biodiversidad?
El
término biodiversidad se refiere a la variabilidad de
la vida; abarca tres niveles de expresión: ecosistemas,
especies y genes. Esta diversidad se expresa en los diferentes
tipos de ecosistemas, el número de especies, el cambio
de riqueza de especies de una región a otra, el número
de especies endémicas, las subespecies y variedades o
razas de una misma especie (Conabio 1998).
El
Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) define a la
biodiversidad de la siguiente manera: por "diversidad biológica
se entiende la variabilidad de organismos vivos de cualquier
fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres
y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos
ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad
dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas"
(CDB 1992).
México,
un país megadiverso
La
biodiversidad no se distribuye de manera homogénea en
el planeta; en general, las regiones tropicales albergan las
más altas concentraciones de biodiversidad. Sin embargo,
si se considerara a la riqueza de especies como un indicador
para comparar la diversidad biológica entre diversos
países, se encontraría que un grupo reducido de
éstos tiene representado hasta un 70% de las especies
conocidas en el planeta. A estos países se les conoce
como países megadiversos y entre ellos está México,
junto con Australia, Brasil, China, Colombia, Congo, Ecuador,
E.U.A, Filipinas, India, Indonesia, Malasia, Madagascar, Perú,
Papua-Nueva Guinea, Sudáfrica y Venezuela (Mittermeier
et al. 1997). Russell Mittermeier fue el primero en proponer
el enfoque de "países megadiversos" en 1988,
refiriéndose en un principio sólo a cuatro países;
más tarde el concepto se amplió a 12 y después
a 17. Entre los principales criterios que utilizó para
definir a estos 17 países está el grado de endemismo.
Para seleccionar a los países mega-diversos hizo un análisis
del endemismo vegetal, principalmente de plantas superiores,
y de representantes del reino animal, entre los cuales se consideraron
cuatro grupos de vertebrados: aves, mamíferos, reptiles
y anfibios. Otros criterios que se utilizaron para determinar
la megadiversidad fueron la diversidad de especies, de categorías
taxonómicas superiores, de ecosistemas terrestres, de
ecosistemas marinos y la presencia de ecosistemas forestales
tropicales húmedos (estos últimos, conocidos por
su alta riqueza de especies a escala mundial).
Ser
un país megadiverso trae consigo la responsabilidad de
garantizar la permanencia de estas especies y de sus hábitat.
De acuerdo con la categorización de países megadiversos,
México ocupa uno de los primeros cinco lugares con mayor
biodiversidad en el mundo por su alto grado de riqueza y, en
particular, por su alto índice de endemismos. Generalmente
esta diversidad se asocia con los ecosistemas tropicales del
país. Sin embargo, otros tipos de vegetación contribuyen
también de manera importante y, de los bosques templados,
puede decirse que los bosques de pino y encino de México
son los más diversos del planeta, en ellos podemos encontrar
la mayor riqueza de especies de pinos con 55 especies (85% de
las cuales son endémicas de México), y de encinos
con 138 especies (son los segundos más diversos del mundo,
pues 70% de sus especies les son endémicas) (Mittermeier
y Goettsch 1992).
Además,
México no sólo es un país con alta diversidad
biológica, sino también cultural. En el país
existen más de 60 grupos indígenas, muchos de
ellos localizados en zonas con alta biodiversidad. No es casual
que México pertenezca al grupo de países reconocidos
como centros de origen y domesticación de varias especies,
lo cual indica el uso que estos pueblos indígenas le
han dado a la biodiversidad desde tiempos precolombinos. Muchas
de estas especies domesticadas son hoy en día de amplio
consumo en todo el mundo e incluyen: maíz, jitomate,
calabazas, chile, algodón, chocolate, frijoles y aguacate,
entre muchos otros (Challenger 1998:81). El proceso de domesticación
implica una cercana asociación natural entre el hombre
y estas especies. Este proceso, impulsado principalmente por
las mujeres, inició hace cerca de 10,000 años
cuando apareció la agricultura y se estableció
la vida sedentaria. Esta interacción promovió
una selección diferencial, en favor de aquellas semillas
de plantas con ciertas características deseadas, lo cual
ha llevado, a través de milenios, a la formación
de nuevas variedades. En este sentido, como las diferentes culturas
de la humanidad, las oriundas de México han tenido un
papel importante en el pensamiento actual sobre el entorno natural,
al demostrar la clara relación y dependencia del hombre
y su sociedad con respecto a la biodiversidad. Para México,
como país megadiverso, este aspecto reviste especial
interés, por que resulta necesario realizar mayores esfuerzos
de conservación de las variedades de estas especies así
como de sus parientes silvestres.
Algunos
determinantes históricos de los arreglos geográficos
de la biota actual de México
Entre
las causas que hacen de México un país de alta
diversidad biológica están la topografía,
la variedad de climas y una compleja historia, tanto geológica
y biológica como cultural. Estos factores han contribuido
a formar un mosaico de condiciones ambientales y microambientales
que promueven una gran variedad de hábitat y de formas
de vida (Sarukhán et al. 1996, citado en Conabio
1998). México tiene un accidentado relieve con una compleja
topografía; más del 65% del área del país
se encuentra por encima de los mil metros sobre el nivel del
mar y cerca del 47% de la superficie tiene pendientes superiores
a 27%. Estas variaciones altitudinales, junto con otros factores
como la situación latitudinal del país con relación
a los grandes cinturones de vientos y los regímenes térmicos
de las corrientes marinas que bañan las costas mexicanas,
traen consigo variaciones climáticas. Esto hace que el
país contenga prácticamente todos los grupos y
subgrupos de climas posibles, y que existan variaciones de climas
secos a húmedos en distancias de pocos kilómetros
(Conabio 1998).
Aunado
a las características anteriormente señaladas,
México se caracteriza por su ubicación en dos
de las principales regiones biogeográficas del planeta,
la Neártica (característica de Norteamérica)
y la Neotropical (característica de Centro y Sudamérica)
las cuales hicieron contacto hace aproximadamente seis millones
de años (figura 1).
La
zona en la que se unen ambas regiones biogeográficas
corresponde, muy gruesamente, al Istmo de Tehuantepec, donde
se encuentran flora y fauna del norte y el sur de América,
así como elementos de la biota endémicos que únicamente
se encuentra en esta zona de transición (Mittermeier
y Goettsch 1992).
Figura
1. Regiones biogeográficas de México

Fuente:
Conabio (1998).
Servicios
que provee la biodiversidad
La
situación de México como país megadiverso
trae consigo la responsabilidad de conservar la biodiversidad
del país, ya no sólo por los endemismos que contiene,
sino por los servicios que la biodiversidad en general nos provee.
La
biodiversidad ha sido, desde el inicio de la humanidad, fuente
de recursos y satisfactores esenciales para la supervivencia
del hombre, lo que significa una fuerte dependencia, por parte
de éste último. Por ello, el valor de la biodiversidad
va más allá de los intereses utilitario, cultural
y estético que las sociedades le han dado, ya que provee
bienes y servicios esenciales para el funcionamiento del planeta
y, por ende, para el bienestar de la sociedad.
El
Convenio sobre la Diversidad Biológica (Secretaría
del CDB 2002) reconoce una serie de bienes y servicios que provee
la biodiversidad, entre los cuales podemos mencionar los siguientes:
- estabilización
y moderación del clima en el planeta.
- captación de agua.
- purificación del aire y el agua.
- capacidad de adaptación de los ecosistemas al cambio
(resiliencia).
- destoxificación y descomposición de los desechos.
- moderación de las inundaciones, sequías, temperaturas
extremas y fuerza del viento.
- generación y renovación de la fertilidad del
suelo, incluido el ciclo de los nutrientes.
- polinización de las plantas, incluidos muchos cultivos.
- control de las plagas y enfermedades.
- mantenimiento de los recursos genéticos como contribución
fundamental para las variedades de cultivos y razas de animales,
los medicamentos y otros productos usados por el hombre.
- beneficios culturales y estéticos.
- suministro de madera, combustible y fibra
- suministro de vivienda y materiales de construcción.
En
la medida en la que la biodiversidad se aproveche de manera
sustentable, ésta representará una garantía
del mantenimiento de estos servicios y, por lo tanto, del funcionamiento
de los ecosistemas y la preservación de las especies
que la componen. El reto es encontrar un balance que nos permita
conservar y, al mismo tiempo, cubrir las necesidades de la población
humana, misma que ha rebasado los 6 mil millones de habitantes.
Es
claro en general que hemos hecho un uso poco sensato de la biodiversidad;
sin embargo, no todo uso de la biodiversidad ha sido intensivo
e irracional. Algunos pueblos indígenas y comunidades
locales han logrado utilizar la biodiversidad alcanzando un
cierto balance entre su aprovechamiento y su conservación.
Pero una nueva agresión ha ocurrido, pues factores como
la puesta en práctica de tecnologías agrícolas
exóticas, el incremento de las presiones demográficas
y la aculturación, se están afectando a muchas
de las estrategias tradicionales de uso de la biodiversidad
que han logrado persistir. En particular, en los ecosistemas
templados de montaña, estas prácticas están
en proceso de desintegración o de degradación
ecológica y social (Challenger 1998).
La
crisis de la biodiversidad
Si
bien en el mundo se han descrito cerca de 1.8 millones de especies
(esto es, se les ha asignado un nombre científico), se
calcula que existen un total de especies que va desde 13 hasta
100 millones en el planeta. Además del limitado conocimiento
que poseemos al respecto, la tasa de extinción de especies
actualmente es tan acelerada que algunos expertos se atreven
a decir que al ritmo actual de pérdida de biodiversidad,
para el año 2050 habremos perdido la mitad de las especies
del planeta, muchas de ellas aun sin haberlas conocido formalmente
para la ciencia.
Es
difícil calcular realmente cuánta biodiversidad
se está perdiendo, ya que como se mencionó anteriormente,
sólo conocemos una pequeña parte de ella. Se estima
que hemos perdido cerca del 60% de las selvas húmedas
tropicales del planeta, en tanto que 25% de los mamíferos
y 11% de las aves están amenazados (Mittermeier y Goettsch
1997). Sin embargo, para que pudiéramos obtener información
más precisa sobre todas las especies del planeta harían
falta miles de taxónomos más, dedicados exclusivamente
a esta tarea por un periodo de varias décadas. A esta
situación se le conoce como el “impedimento taxonómico”,
ya que se requieren museos, colecciones científicas y
especialistas capacitados y con recursos para ir al campo y
hacer los análisis y descripciones necesarios. Aunado
al esfuerzo para superar el impedimento taxonómico, es
necesario conservar aquellas áreas representativas en
términos de diversidad biológica, con el fin de
evitar la pérdida de especies aún desconocidas.
Es
importante mencionar que la columna vertebral de los sistemas
de información en biodiversidad, es precisamente la información
de ejemplares de museos y colecciones científicas, que
dan la certeza de la presencia de especies en un tiempo y lugar
determinados. A partir de esta información se pueden
generar inventarios confiables que nos lleven a conocer la riqueza
de especies, el recambio de las mismas a lo largo de gradientes,
el endemismo, así como características particulares
de las especies, entre otras. Esta información aunada
a información ecológica, cartográfica,
legal y socioeconómica, genera verdaderos sistemas que
dan un valor agregado a esta información y que son útiles
en la conformación de estrategias para la conservación
y el uso sustentable de la biodiversidad.
Es
necesario contar con las herramientas y la información
necesarias para conocer el estado y las tendencias de la biodiversidad,
a fin de que los tomadores de decisiones estén lo mejor
informados que sea posible, ya que es difícil proteger
lo que no se conoce.
Para
el caso de México, el número total de especies
descritas o que cuentan con un nombre científico es de
aproximadamente 64,878. El número total se basa en la
suma de especies por grupo taxonómico para las que existen
datos publicados. Sin embargo, las estimaciones sobre el número
total de especies que se esperaría encontrar, asciende
a un total de 212,932 especies (Conabio 1998). Considerando
que aún existen muchas zonas geográficas del país
que aún no han sido estudiadas a profundidad, se estima
que este número podría ser incluso mayor.
El
conjunto de presiones sobre la biodiversidad ha ocasionado lo
que se conoce como la crisis de la biodiversidad, es decir,
“la pérdida cualitativa y cuantitativa de especies, y
el descenso en la diversificación de genes en los ecosistemas”
(Espinosa y Llorente 1996). Se calcula que hasta el momento,
México ha perdido alrededor del 95% de sus bosques tropicales
y más de la mitad de sus bosques templados. Las causas
de esta pérdida han variado históricamente; sin
embargo, es posible afirmar que la principal causa de pérdida
de biodiversidad ha sido la deforestación para diversos
fines (ganadero, agrícola, industrial, etc.); es decir,
la destrucción y la fragmentación del hábitat.
Para poder combatir con mayor éxito la pérdida
y el deterioro de la biodiversidad, resulta de particular importancia
conocer las causas estructurales que originan la pérdida
de biodiversidad.
Causas
de pérdida de biodiversidad
Las
causas de pérdida de biodiversidad son diversas. Sin
embargo, hemos encontrado que se pueden englobar en dos grandes
rubros: las inmediatas y las estructurales. Las primeras surgen
como consecuencia de las segundas. (Stedman-Edwards 1998).
Las
causas inmediatas de pérdida de biodiver-sidad son:
1.
Pérdida de hábitat y fragmentación
2.
Sobreexplotación de los recursos de la vida silvestre
3.
Especies invasoras
4.
Contaminación del suelo, agua y atmósfera
Las
causas estructurales de pérdida de biodi-versidad son:
1.
Crecimiento demográfico
2.
Ausencia y fallas de las instituciones
3.
Fallas de mercado
4.
Fallas de políticas
5.
Fallas de información
6.
Patrones no sostenibles de consumo y culturales
7.
Expansión forzada del modelo hegemónico de desarrollo
El
grado de impacto de estas causas varía a distintas escalas;
es decir, local, regional o global. El mismo problema al mismo
nivel puede tener impactos diferentes de región a región.
Esto indica que las soluciones a las causas de pérdida
de biodiversidad tienen que estar diseñadas con base
en el contexto socio-cultural y físico de cada región
o área. Para el caso de las causas de la pérdida
de biodiversidad en los ecosistemas templados de montaña,
es necesario evaluar no sólo las causas inmediatas como
fragmentación por deforestación o incendios, sino
también los factores socioeconómicos, es decir,
las causas estructurales que están ejerciendo presión
sobre estos ecosistemas.
Si
las causas inmediatas de pérdida de biodiversidad tienen
detrás de sí causas estructurales que responden
a factores socioeconómicos, esto indica que las soluciones
para atacar las causas inmediatas están, en gran medida,
fuera del ámbito de los científicos y de los conserva-cionistas.
De este planteamiento podemos deducir que las actuales medidas
de conservación de la biodiversidad están principalmente
orientadas a atacar las causas inmediatas (por ejemplo, lapérdida
de hábitat), por lo que tienen un efecto de respuesta
y no de prevención. Esto da como resultado que estas
medidas tengan un efecto parcial y a corto plazo. Debido a este
fenómeno, si no se incide de manera profunda en los componentes
estructurales, no tendremos avances significativos en la conservación
de la biodiversidad.
Los
modelos de conservación in situ que no contemplan
a los habitantes humanos de las zonas por conservar, han demostrado
ser limitados en su efectividad y, en muchas ocasiones, resultan
en fuentes de conflictos sociales. En particular en los países
megadiversos, las zonas con mayor riqueza biológica generalmente
coinciden con aquellas que son ricas en comunidades locales
y grupos indígenas, que presentan condiciones de pobreza
y carecen de servicios básicos como: salud, agua potable,
electricidad y comunicaciones, entre otros. Este problema se
agudiza cuando hay desplazamientos humanos hacia zonas con alto
grado de biodiversidad, ejerciéndose así una presión
adicional en aquellas áreas donde se establecen. Esto
repercute en la capacidad de recuperación de un ecosistema,
alterando los ciclos biológicos del mismo. Los ecosistemas
templados de montaña han sido afectados por distintos
tipos de cambios en el uso del suelo.
Cambios
en la cobertura de ecosistemas templados de montañas
en México
Al
fin de tener una estimación de la dimensión en
el cambio de uso de suelo, para los ecosistemas montanos templados
de México en buen estado de conservación, se realizó
un ejercicio comparando la cobertura vegetal en las décadas
entre 1970 y 1990 utilizando información de uso de suelo
y vegetación a escala 1:250,000 (ver cuadro 1). Tomando
en cuenta el clima y la vegetación se seleccionaron diferentes
polígonos, que se agruparon en cuatro clases: bosques
de coníferas, bosques de latifoliadas, pastizales naturales
y comunidades acuáticas y de suelos salinos. A fin de
considerar solamente aquellos polígonos con vegetación
conservada, no se tomaron en cuenta aquellos que indicaban vegetación
secundaria.
Al
analizar los 24,127 polígonos resultantes de la selección,
la comparación muestra que durante estas dos décadas
se produjo una importante reducción en la superficie
forestal de cerca de 738,263 ha (14%) para bosques de coníferas,
cerca de 335,455 ha (9.3%) para los bosques de latifoliadas,
28,721 (7.6%) en pastizales y de 4,900 ha para las comunidades
acuáticas y de suelos salinos (ver cuadro 1).

Evidentemente
estos números nos indican la fuerte presión a
la que estos ecosistemas se encuentran sujetos y la urgencia
de establecer alternativas de conservación, manejo y
aprovechamiento lo más pronto posible. Sin embargo, si
comparamos la cobertura de dichos ecosistemas bajo el esquema
federal de ANP para 1999 (105) vemos que la representación
de los ecosistemas templados de montaña es muy limitada
(34) (ver figura 2) y en muchos de ellos el porcentaje de vegetación
montana conservada es muy variable (0.001-98.41%) (ver cuadro
2).
Por
otro lado, si revisamos ejercicios de regionalizaciones enfocadas
a la conservación como son las Regiones Prioritarias
Terrestres para la Conservación (Arriaga et al .
2000) o las Áreas de Importancia para la Conservación
de las Aves (Arizmendi y Márquez Valdelamar 2000), encontraremos
una mejor representación de los ecosistemas montanos
templados en las mismas, con altos índices de vegetación
conservada (ver figuras 3 y 4).
Figura
2. Áreas naturales protegidas clasificadas por porcentaje
de cobertura vegetal de
ecosistemas montanos


Figura
3. Regiones terrestres prioritarias clasificadas por porcentajes
de cobertura vegetal de ecosistemas montanos

Figura
4. Áreas de importancia para la conservación de
las aves, clasificadas por porcentaje
de cobertura vegetal de ecosistemas montanos

Sin
embargo, ninguno de estos ejercicios de análisis constituye,
formalmente, un sistema de áreas naturales protegidas
ni necesariamente terminará en decretos bajo tales categorías
ya sea Federales o Estatales. Entonces, lo importante es que
en estas regiones se desarrollen actividades de manejo y aprovechamiento
que sean compatibles con la conservación y el uso sustentable
de la biodiversidad. El reto es que estas actividades cuenten
con los elementos suficientes y necesarios para llevarlos a
cabo, pues su tratamiento sale del ámbito meramente académico
y se inserta en contextos sociales y de desarrollo.
El
Convenio sobre la Diversidad Biológica
En
la esfera internacional, durante la cumbre de Río, en
1992, se firmó un compromiso por parte de los gobiernos
del planeta para conservar y usar de manera sustentable la biodiversidad,
dándose lugar al Convenio sobre la Diversidad Biológica
(CDB), con tres objetivos fundamentales:
1.
la conservación de la diversidad biológica,
2.
el uso sustentable de sus componentes, y
3.
el reparto equitativo de los beneficios derivados de la utilización
de los recursos genéticos.
A
más de diez años de su firma, desafortunadamente
no se han logrado los avances esperados. Si bien, durante estos
años la comunidad internacional ha realizado esfuerzos
y ampliado su agenda de trabajo, la pérdida de la biodiversidad
continúa a un ritmo acelerado. Durante la Cumbre Mundial
para el Desarrollo Sustentable, también conocida como
“Río+10”, celebrada en Johannesburgo, Sudáfrica,
en 2002, este fracaso se reconoció explícitamente,
por lo que para reorientar las actividades se estableció
la meta de reducir significativamente la pérdida de biodiversidad
para el año 2010.
El
CDB trata, a través del reconocimiento de la soberanía
y del compromiso de los países que forman parte de él,
de cumplir con los objetivos antes mencionados mediante la promoción
de políticas y acciones, a los niveles nacional y regional.
Sin embargo, la falta de medidas coercitivas para aplicar lo
establecido por el CDB y por su Conferencia de las Partes (COP)
ha dado resultados limitados para reducir la pérdida
de biodiver-sidad. Quizás el Protocolo de Cartagena (o
de Bioseguridad), 1 que regulará el movimiento transfronterizo
de organismos vivos modificadosgenéticamente, sea el
único instrumento del CDB que cuenta con medidas de regulación
y coercitivas para que las Partes sigan lo estipulado.
Entre
los diferentes temas que a lo largo de los 10 años de
existencia del CDB se han agregado a su agenda, podemos reconocer
dos grandes grupos.
1.
Programas temáticos basados en un enfoque por ecosistemas
- Costero y marino,
- Bosques,
- Aguas interiores,
- Agrobiodiversidad
- Montañas
- Islas (nuevo)
2
. Temas transversales
- Acceso a recursos genéticos
- Especies exóticas
- Diversidad biológica y turismo
- Cambio climático y diversidad biológica
- Incentivos
- Enfoque ecosistémico
- Estrategia global para la conservación de plantas
- Iniciativa global taxonómica
- Responsabilidad y reparación
- Indicadores
- Áreas protegidas
Para
la mayoría de los Programas temáticos (por ecosistemas)
se desarrollan programas de trabajo que inician con evaluaciones
del estado y tendencias a nivel planetario, que después
derivan en recomendaciones a las Partes para su implementación
a largo plazo en los ámbitos nacionales. En el caso de
los temas transversales que son apoyo fundamental para los primeros,
encontramos al “enfoque ecosistémico”, que ha sido propuesto
como una herramienta para la conservación y uso sustentable
de la biodiversidad.
El
enfoque ecosistémico
Dada
la situación de escasa información en detalle
sobre diferentes aspectos de la biodiversidad en el planeta,
sobre la importancia de ésta, su uso y su inminente pérdida;
resalta la necesidad de establecer mecanismos que nos orienten
hacia su conservación, así como a llevar a cabo
prácticas sustentables que garanticen su permanencia
en el planeta. Esto implica retos no sólo en el ambiente
técnico-científico, sino también en el
económico, político y social; el diálogo,
la participación, la voluntad política, las herramientas
adecuadas y los recursos tanto económicos, de infraestructura
y humanos son esenciales para poder lograr las metas antes mencionadas.
Si bien en diferentes momentos y regiones del mundo se experimentan
estrategias encaminadas a abordar de manera integral esta problemática,
el enfoque ecosistémico trata de ofrecer una propuesta
a manera de derrotero para orientar estas actividades.
B.
Antecedentes del enfoque ecosistémico
El
enfoque ecosistémico, o “enfoque basado en ecosistemas”
es un concepto que se ha venido desarrollando en el seno del
CDB y que actualmente se propone como herramienta para la conservación
y uso sostenible de la biodiversidad, así como para contribuir
al cumplimiento de los tres objetivos del CDB.
En
1998 se llevó a cabo un Taller de expertos en Lilongwe,
Malawi, con el fin de elaborar una serie de principios que componen
el enfoque ecosistémico. Se elaboraron 12 principios
generales, los cuales fueron aprobados por la Quinta Conferencia
de las Partes del CDB.
El
concepto del enfoque ecosistémico
Después
de varias reuniones en el marco del CDB, se propuso en el año
2000 la siguiente definición de enfoque ecosistémico:
“El enfoque por ecosistemas es una estrategia para la gestión
integrada de tierras, aguas y recursos vivos que promueve la
conservación y utilización sostenible de modo
equitativo. Se basa en la aplicación de las metodologías
científicas apropiadas, que se concentran en niveles
de organización biológica que abarcan los procesos,
funciones e interacciones entre organismos esenciales y su medio
ambiente. Se reconoce que el hombre, así como su diversidad
cultural son un componente integrante de los ecosistemas.”
Para
la elaboración de este concepto se tomaron en cuenta
algunas definiciones establecidas en el texto del Convenio sobre
la Diversidad Biológica (CDB 1992):
Preámbulo:
Observa asimismo que la exigencia fundamental para la conservación
de la diversidad biológica es la conservación in situ de los ecosistemas y hábitat naturales
y el mantenimiento y la recuperación de poblaciones viables
de especies en sus entornos naturales.
Artículo
2: Por «ecosistema» se entiende un complejo dinámico
de comunidades vegetales, animales y de microorganismos y su
medio no viviente que interactúan como una unidad funcional.
Entre
las motivaciones que condujeron al desarrollo del concepto de
enfoque ecosistémico, resalta el que los enfoques clásicos
sobre conservación de la naturaleza tienen limitaciones
en relación con el manejo de la diversidad biológica
y frecuentemente, aunque no siempre, presentan algunas de las
siguientes situaciones: (Secretaría del CDB 1998).
1.
Poco reconocimiento al hecho de que el funcionamiento del ecosistema
es de importancia vital para la gente, la biodiversidad y la
calidad del medio ambiente en general;
2.
El manejo es limitado a sitios específicos y no toma
en cuenta la interrelación con otros sitios;
3.
Carencia de una consideración integral de naturaleza
y cultura;
4.
Énfasis dirigido ya sea a las características
de las especies (endemismo, rareza) o al establecimiento de
áreas protegidas;
5.
Poco énfasis en la mayor parte de la diversidad biológica
se encuentra fuera de las ANP;
6.
No todos los actores, interesados en el manejo de un ecosistema,
están involucrados o integrados en forma adecuada;
7.
Asignación inapropiada de costos y beneficios, debido
a distorsiones y fallas de mercado, incentivos perversos y la
falta de una consideración apropiada de los valores,
bienes y servicios públicos de los ecosistemas.
8.
Falta de coordinación con otros intereses sectoriales
como: agrícola, medioambiental, forestal, pesquero, de
salud, de planeación, entre otros, los que son manejados
de manera separada y desarticulada por instituciones gubernamentales,
actuando generalmente en detrimento de la biodiversidad y de
la gente.
Para
enfrentar estas limitaciones, se consideró que el enfoque
ecosistémico debería desarrollarse bajo los siguientes
postulados:
1.
El enfoque Ecosistémico contribuye a definir el nivel
de manejo apropiado para cumplir con los tres objetivos del
CDB.
2.
El funcionamiento de los ecosistemas es indispensable para la
supervivencia del ser humano y sus futuras generaciones, así
como del medio ambiente global.
3.
La biodiversidad está asociada y ligada a los procesos
ecosistémicos, especialmente el funcionamiento y la resiliencia.
4.
El entendimiento del ecosistema permite un uso efectivo o sustentable.
5.
La gente regularmente se mueve y usa diversos ecosistemas para
satisfacer sus necesidades.
6.
Los humanos frecuentemente son vistos de manera externa a los
ecosistemas, aun cuando viven en ellos.
7.
El enfoque ecosistémico da cabida al uso del conocimiento
indígena y local, innovaciones y prácticas, incluidos
sistemas de manejo tradicional así como el conocimiento
científico.
8.
Pone el énfasis apropiado en la variedad de bienes y
servicios así como información que los ecosistemas
proveen a la humanidad.
Principios
del enfoque ecosistémico
La
Quinta Conferencia de las Partes del CDB celebrada en Nairobi,
Kenya, en 2000, decidió adoptar la Decisión V/6
sobre la definición y los 12 principios orientadores
del enfoque ecosisté-mico, que se mencionan a continuación:
1. La elección de los objetivos de la gestión
de los recursos de tierras, hídricos y vivos debe quedar
en manos de la sociedad.
2.
La gestión debe estar descentralizada al nivel apropiado
más bajo.
3.
Los administradores de ecosistemas deben tener en cuenta los
efectos (reales o posibles) de sus actividades en los ecosistemas
adyacentes y en otros ecosistemas.
4.
Dados los posibles beneficios derivados de su gestión,
es necesario comprender y gestionar el ecosistema en un contexto
económico. Este tipo de programa de gestión de
ecosistemas debería:
b)
Disminuir las distorsiones del mercado que repercuten negativamente
en la diversidad biológica;
c)
Orientar los incentivos para promover la conservación
y la utilización sostenible de la diversidad biológica;
d)
Procurar, en la medida de lo posible, incorporar los costos
y los beneficios en el ecosistema de que se trate.
5.
Para los fines de mantener los servicios de los ecosistemas,
la conservación de la estructura y el funcionamiento
de los ecosistemas debería ser un objetivo prioritario
del enfoque por ecosistemas.
6.
Los ecosistemas se deben gestionar dentro de los límites
de su funcionamiento.
7.
El enfoque por ecosistemas debe aplicarse a las escalas espaciales
y temporales apropiadas.
8.
Habida cuenta de las diversas escalas temporales y los efectos
retardados que caracterizan a los procesos de los ecosistemas,
se deberían establecer objetivos a largo plazo en la
gestión de los ecosistemas.
9.
En la gestión debe reconocerse que el cambio es inevitable.
10.
En el enfoque por ecosistemas se debe procurar el equilibrio
apropiado entre la conservación y la utilización
de la diversidad biológica, y su integración.
11.
En el enfoque por ecosistemas deberían tenerse en cuenta
todas las formas de información pertinente, incluidos
los conocimientos, las innovaciones y las prácticas de
las comunidades científicas, indígenas y otras
locales.
12.
En el enfoque por ecosistemas deben intervenir todos los sectores
de la sociedad y las disciplinas científicas pertinentes.
Debido
a que hasta el momento no existen lineamientos sobre formas
de implementación del enfoque ecosistémico, en
julio de 2003 se celebró un Taller de expertos en el
marco del CDB, con el fin de discutir posibles formas de implementación
del mismo. En dicho taller, los expertos elaboraron una serie
de recomendaciones acerca de la fundamentación e implemen-tación
de cada uno de los principios del enfoque ecosistémico
(Secretaría del CDB 2003). Dichas recomendaciones serán
sometidas para su aprobación en la Séptima Conferencia
de las Partes que se celebrará en febrero de 2004.
Aplicación
del enfoque ecosistémico en México
El
CDB ha solicitado a los Países Parte elaborar estudios
de caso o informar sobre las experiencias en la implementación
de estos principios. México tiene ante sí el reto
de implementar en casos concretos el enfoque ecosistémico,
a fin de evaluar la factibilidad de su aplicación o,
en su caso, proponer modificaciones al mismo. Sin embargo, aunque
el enfoque ecosistémico sensu CBD aún
no se ha puesto en práctica formalmente en México,
existen casos de manejo integrado de la biodiversidad que cumplen
con los objetivos de este enfoque, como puede ser el manejo
sustentable de algunos bosques y de pesquerías.
En
este sentido, el reto radica en conocer las diferencias y similitudes,
y las fortalezas y debilidades, del enfoque ecosistémico,
así como de diversas experiencias en México en
las cuales se han utilizado sistemas de manejo integrado de
recursos biológicos. Lo anterior servirá para
evaluar si es factible implementar este enfoque en el país,
tal y como se plantea en el marco del CBD, tomando en cuenta
la información y las herramientas necesarias así
como la participación de todos los actores involucrados,
en un contexto social de desarrollo y manejo integral de la
biodiversidad.
Agradecimientos
Agradecemos
el trabajo de Enrique Muñoz y de Daniel Ocaña,
de la Subdirección de Sistemas de Información
Geográfica de la Conabio, quienes se encargaron de la
selección, análisis y elaboración de los
mapas de uso de suelo y vegetación para los ecosistemas
templados montanos de México.
Nota
1
El Protocolo de Cartagena ha sido ratificado por 60 países,
y entró en vigor el 11 de septiembre de 2003.
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