CONCEPTOS
GENERALES SOBRE EL DISTURBIO Y SUS EFECTOS EN LOS ECOSISTEMAS
Ernesto
Vega y Eduardo Peters
Dirección
de Conservación de Ecosistemas. Dirección General
de Investigación de Ordenamiento Ecológico y Conservación
de Ecosistemas. Instituto Nacional de Ecología. Periférico
Sur 5000, 2º Piso,
Col.
Insurgentes Cuicuilco, México 04530, D. F.
Correos-e: evega@ine.gob.mx y edpeters@ine.gob.mx
I:
El disturbio y su importancia en la Ecología
I.1.
Generalidades
En
la actualidad es muy común referirse a la estabilidad
de los sistemas ecológicos. Aunque existen definiciones
que enfatizan distintos aspectos, en general la estabilidad
está compuesta por: a) la resiliencia o rapidez con la
que el sistema regresa a sus condiciones originales y b) la
resistencia, que es la capacidad del sistema para soportar disturbios
(Wu y Loucks 1995). Estas propiedades son parte de un concepto
muy amplio, el del equilibrio, que ha servido como un marco
de referencia obligado al estudiar ecosistemas. Sin embargo,
en las definiciones de las propiedades ecosistémicas
subyace otro concepto más: el de disturbio. Por ejemplo,
la capacidad que tiene un ecosistema para regresar a sus condiciones
originales se hace evidente cuando un disturbio lo aleja del
estado basal.
Una
síntesis importante acerca de la dinámica de los
disturbios y su efecto en procesos ecológicos apareció
a mediados de la década de 1980-1990. Quizás la
definición más conocida proviene del trabajo de
Pickett y White (1985): «Un disturbio es cualquier evento
relativamente discreto en el tiempo que trastorna la estructura
de una población, comunidad o ecosistema y cambia los
recursos, la disponibilidad de sustrato o el ambiente físico».
La descripción de las propiedades de los disturbios es
igulamente importante y se muestra a continuación (cuadro
1).
En
ese texto se muestra que las especies y las comunidades siempre
han estado bajo diversos regímenes de disturbio. El disturbio
ha moldeado, cuando menos parcialmente, las historias evolutivas
de las especies. En consecuencia, no es atrevido sugerir que
el disturbio natural puede ser una parte fundamental
de los ecosistemas (Sousa 1984, Pickett y White 1985).
I.2.
El disturbio en los distintos niveles de organización
de los sistemas biológicos
Aunque
el concepto de disturbio parece intuitivamente muy claro, en
realidad está influenciado por múltiples factores.
Las causas y los efectos del disturbio, al igual que los métodos
para evaluarlo, dependen en gran medida del nivel de organización
biológica que interese abordar Los requerimientos para
cuantificar disturbios serán diferentes si se trabaja
con zooplancton, con aves o con sistemas lagunares. Por lo tanto,
es difícil desarrollar técnicas «universales»
para analizar disturbios.
I.2.1.
Disturbios en escala de poblaciones
El
estudio de la dinámica de las poblaciones es muy útil
para detectar los efectos de los disturbios. A pesar de su naturaleza
obvia, conviene mencionar que algunas definiciones de disturbio
están fuertemente influenciadas por este contexto: «Un
disturbio es un evento discreto y puntual de mortalidad, desplazamiento
o daño de uno o más individuos (o colonias), que
crea directa o indirectamente una oportunidad para el establecimiento
de nuevos individuos (o colonias)» (Sousa 1984). La consecuencia
implícita fundamental de esta definición es que
los disturbios liberan recursos que pueden aprovechar otros
organismos. De este modo, el disturbio es importante en dos
aspectos del ciclo de vida de una población dada. En
primer lugar, sirve como una fuente de heterogeneidad espacio-temporal
de la disponibilidad de recursos, situación fundamental
para la permanencia de algunas especies. En segundo lugar, es
además un agente de selección natural en las historias
de vida (Sousa 1984).
Cuadro
1 . Definiciones de los conceptos usados para caracterizar
disturbios ambientales (Pickett y White 1985). |
CONCEPTO |
DEFINICIÓN |
Disposición |
Disposición
espacial, incluyendo relaciones con gradientes geográficos,
topográficos, ambientales y comunitarios. |
Frecuencia |
Número
promedio de eventos por período de tiempo. La frecuencia
es usada como probabilidad de ocurrencia de disturbio,
cuando es expresada como una fracción decimal de
eventos anuales. |
Intervalo
de retorno |
Inverso
de la frecuencia; es el tiempo promedio entre dos disturbios. |
Período
de rotación |
Tiempo
promedio necesario para perturbar un área equivalente
al área de estudio (el área de estudio debe
estar explícitamente definida). |
Predictibilidad |
Una
función inversa, redimensionada, de la varianza
del intervalo de retorno, que permite ponderar la recurrencia
del disturbio. |
Área
o tamaño |
Área
perturbada. Puede ser expresada como área por evento,
área por intervalo de tiempo, área por evento
por intervalo de tiempo o área total por tipo de
disturbio por intervalo de tiempo. Normalmente se expresa
como porcentaje del área total. |
Intensidad |
Fuerza
física del evento por área por unidad de
tiempo ( e. g. calor liberado por área
por intervalo de tiempo en un incendio, o velocidad del
viento en huracanes). |
Severidad |
Impacto
en el organismo, la comunidad o el ecosistema ( e.
g. bimomasa removida). |
Sinergia |
Efectos
por la ocurrencia de otros disturbios ( e. g. la sequía incrementa la intensidad del fuego y
el daño por insectos incrementa la susceptibilidad
a tormentas). |
Las
características y los efectos de los disturbios dependen
también de la movilidad del organismo estudiado. Cuando
se trata de organismos sésiles ( i.e. plantas) el disturbio
puede caracterizarse mediante el tamaño del área
perturbada, la magnitud del evento, la frecuencia, la predictibilidad
y el período de rotación (el tiempo requerido
para alterar toda la zona). De modo complementario, la recolonización
de una zona alterada depende de: 1) la morfología, la
fisiología y la ecología reproductiva de las especies
presentes antes del disturbio; 2) la morfología, la fisiología
y la ecología reproductiva de las especies que colonizaron
el lugar o de las que pueden llegar al sitio; 3) las características
del manchón de ambiente en el que ocurre el fenómeno
(intensidad y severidad del agente de disturbio, tamaño
y forma, ubicación y distancia de la fuente de colonizadores,
la heterogeneidad interna, la fecha de su creación o
tiempo transcurrido desde que se formó el manchón).
La
evaluación del disturbio en organismos móviles
es más difícil, debido a las capacidades de los
animales para desplazarse y elegir ambientes. El efecto del
disturbio en estas poblaciones no sólo depende del tipo
e intensidad de daño al ambiente, sino también
de las características de las historias de vida de los
animales. Las tasas de sobrevivencia y de reproducción
se reducirán por diversos mecanismos, activados por los
disturbios. Por ejemplo, si un incendio destruye el ambiente
en el que viven habrá menos recursos disponibles para
la población, por lo que la sobrevivencia bajará.
Simultáneamente la densidad de animales aumentará
en los parches de ambientes que no se hayan destruido, con el
consecuente aumento de la interferencia entre especies (Sousa
1984).
La
consecuencia demográfica más grave de los disturbios
es la extinción de las poblaciones afectadas, o de las
especies si el caso es extremo. El vínculo entre el disturbio
y la extinción se ha descrito mediante el «vórtice
de la extinción» (Freedman 1995), modelo conceptual
que describe la secuencia de eventos que conducen a la extinción
de una población, activados por disturbios de origen
humano (figura 1).
La
construcción de modelos conceptuales, que relacionen
las respuestas demográficas con disturbios causados por
el hombre, puede ser de gran ayuda para conservar diversos grupos
taxonó-micos. En cada modelo deben plasmarse las características
biológicas del grupo de interés y las particularidades
del disturbio. Cuando sea posible, también se debe analizar
desde varios puntos de vista la relación entre el disturbio
y la dinámica de población del grupo taxonómico
de interés. Un buen ejemplo lo constituyen las aves,
que son un grupo taxonómico muy útil para estudiar
los efectos del disturbio (Hill et al. 1997). Los estudios pueden
hacerse enfatizando el tipo e intensidad del disturbio y sus
efectos sobre las poblaciones, o bien resaltando los efectos
demográficos (figuras 2a y 2b). Sin embargo, para lograr
este tipo de análisis es necesaria una gran cantidad
de información especializada, condición que es
difícil de lograr en muchas ocasiones.
I.2.2.
Disturbios en escalas de comunidades
Algunas
explicaciones de la estructura de las comunidades se han basado
en las interacciones de las especies que las componen. La competencia
fue considerada durante mucho tiempo como la interacción
de mayor importancia en la estructura de la comunidad (Schoener
1982). Un resultado de esta manera de entender a la naturaleza
es la hipótesis del disturbio intermedio , que
propone que la máxima diversidad de una comunidad se
alcanza con intensidades medias de disturbio. Cuando los agentes
causantes de mortalidad actúan con intensidades intermedias,
evitan que las especies más competitivas excluyan a las
demás, permitiéndoles permanecer en la comunidad.
Si la intensidad del disturbio fuera baja las especies más
competitivas no serían inhibidas; si fuera alta ninguna
de las especies podría compensar la gran mortalidad causada
por el disturbio (Connell 1978, Lubchenco 1978).
Esta
hipótesis ha sido explorada en sistemas terrestres y
acuáticos con resultados en general satisfactorios (Dayton
1971, Denslow 1985). Sin embargo, existen algunos casos en los
que esta hipótesis parece no aplicarse, particularmente
cuando el efecto del disturbio se evalúa para especies
móviles. Por ejemplo, la mortalidad causada por el disturbio
no relaja la competencia, ya que en muchos casos los organismos
se reemplazan rápidamente por la inmigración de
nuevos individuos.
Planteado
en otro contexto, para ecosistemas terrestres se puede considerar
que los disturbios que afectan a especies sésiles inciden
en los primeros eslabones de las cadenas tróficas, que
son los responsables del ingreso de energía al sistema.
Si el disturbio ejerce su efecto sobre especies móviles,
típicamente se daña a los eslabones superiores
de la red.


La
hipótesis del disturbio intermedio está principalmente
enfocada a un solo nivel trófico, considerando como constantes
los demás (supuesto necesario para construir modelos,
pero poco realista). En la realidad, los organismos frecuentemente
ocupan varios niveles tróficos y dependen de las dinámicas
de población de especies en niveles superiores e inferiores;
en consecuencia, suponer a las redes tróficas como estáticas
es incorrecto (Wooton 1998).
Un
modelo de una red trófica bien establecida puede resaltar
algunas limitaciones de la hipótesis del disturbio intermedio.
En una situación extrema, si el disturbio afecta a todos
los niveles tróficos quitándoles la misma proporción
de biomasa, la competencia no se relaja ya que todas las especies
disponen de recursos en las mismas proporciones. En cambio,
si se afecta a un solo nivel de la red trófica, los organismos
sobrevivientes en ese nivel recibirán una mayor cantidad
de recursos, relajándose así la competencia entre
ellos en ese nivel, pero incrementándola en los superiores.
Además, la tasa de depredación ejercida por los
niveles superiores sobre ese nivel aumentará, al igual
que bajará la depredación en niveles inferiores.
Todas estas consideraciones indican que los efectos del disturbio
en una red trófica no son fáciles de cuantificar
(Wooton 1998).
I.2.3.
Disturbios en escalas superiores a la de las comunidades
Está
comprobada la importancia de los disturbios periódicos
naturales, en la dinámica de las comunidades y ecosistemas.
Cuando los disturbios son muy intensos, los ecosistemas muy
diversos y complejos se «simplifican», conservando
pocas especies e interacciones. Sin embargo, el sistema podría
regenerarse rápidamente, ya que el disturbio libera recursos
que son fácilmente aprovechados. Este tipo de disturbios
«renueva» al sistema, si la magnitud del disturbio
no afecta de modo significativo a las fuentes de germoplas-ma
en los alrededores.
En
cambio, los disturbios de origen humano normalmente no liberan
recursos; de hecho, modifican tan profundamente algunas propiedades
del sistema que las especies no tienen la capacidad de aprovechar
estos tipos de disturbio. La pérdida de la capacidad
de regeneración tiene como principal consecuencia la
degradación del ecosistema. Este tipo de disturbios de
origen humano se puede clasificar en cuatro grandes grupos:
a) reestructuración física del ambiente; b) introducción
de especies exóticas; c) descarga de sustancias tóxicas
al ambiente y d) sobreexplotación de recursos (Rapport
y Whitford 1999).
Es
interesante el hecho de que los síntomas de la degradación
sean similares entre ecosistemas contrastantes. Se puede hablar
de un síndrome de estresamiento, caracterizado por: 1)
biodiversidad reducida; 2) alteraciones de la productividad
primaria y secundaria; 3) poca eficacia en el reciclado de nutrimentos;
4) dominancia de especies exóticas y 5) incremento de
especies oportunistas pequeñas con ciclos de vida cortos.
Se
han propuesto tres procesos como los principales causales de
esta sintomatología común: a) interrupción
de los ciclos de nutrimentos; b) las estrategias adaptativas
(en sentido ecológico) de las especies invasoras y c)
la desestabilización de sustratos. Los disturbios que
inciden en uno o varios de estos procesos ocasionan la degradación
irreversible de los ecosistemas. Incluso, la imposibilidad de
regeneración también tiene su origen en esos procesos,
que permanecen activos aun cuando la fuente de disturbio desaparezca
(Rapport y Whitford 1999).
Típicamente,
la preservación de comunidades naturales ha consistido
en protegerlas de disturbios físicos. Sin embargo, ya
se ha comentado que los disturbios son importantes en la dinámica
de estos ambientes, en especial en los procesos de regeneración.
Algunas propuestas para la elección del tamaño
de las reservas sugieren que éstas deben ser del tamaño
suficiente como para que permanezcan los regímenes de
disturbio naturales. La preservación del disturbio natural
debe ser explícita (Hobbs y Huenneke 1992).
Los
efectos de los disturbios también son cuantificables
en escalas superiores a la comunitaria, por ejemplo en la de
paisajes. Los disturbios de intensidad media, además
de aumentar la diversidad alfa (número simple de taxa),
también incrementan la diversidad beta (tasa de cambio
de especies en un gradiente), ya que el disturbio crea parches
de características diferentes inmersos en un paisaje.
De este modo, suelen coexistir en una misma región parches
de vegetación de diferentes edades y en distintas etapas
de sucesión (Hobbs y Huenneke 1992).
Sin
embargo se debe ser cauteloso con las estrategias para conservar
regímenes de disturbio, pues si los propios disturbios
alteran su frecuencia e intensidad, se crean condiciones que
pueden aprovechar especies exóticas para ingresar en
el sistema, con la consecuente disminución de la diversidad
original (figura 3). La conservación de los regímenes
de disturbio en un sistema implica una estrategia muy delicada,
ya que si bien el disturbio es aparentemente necesario, una
magnitud excesiva, una duración prolongada o una frecuencia
anormal de éste puede causar problemas mayores.
I.
Los sistemas jerárquicos y su influencia en la definición
de disturbio
II.1.
Generalidades
Si
bien es cierto que muchos de los conceptos relacionados con
los disturbios tienen su fundamento en la estabilidad de los
sistemas ecológicos, también es cierto que dicha
propiedad no se ha demostrado de manera inobjetable. Más
bien, pareciera que son otras las características fundamentales
de dichos sistemas.
Desde
una perspectiva filosófica, algunos conceptos que no
se basan en la idea del equilibrio han estado presentes en la
biología desde principios de la década de 1970-1980.
Por ejemplo, en la ciencia de la embriología se desarrolló
el concepto de homeorhesis (preservación del flujo),
como contrapartida de la homeostasis (preservación del
estado estático). Otras propuestas han surgido de especialidades
de la física (termodinámica fuera del equilibrio
de procesos irreversibles), o con el uso de modelos no lineales
(que predicen múltiples estados de equilibrio). La teoría
del caos también ha contribuido a pensar en los sistemas
ecológicos como no estables y poco predecibles.
II.2.
La heterogeneidad, la escala y la disposición en manchones
Hay
dos propiedades que no se habían considerado con la suficiente
atención hasta hace relativamente poco tiempo en el campo
de la ecología, si bien han estado presentes en la literatura
y en el pensamiento ecológicos desde hace mucho tiempo
(McIntosh 1991). Una de ellas es la heterogeneidad :
los sistemas ecológicos tienen componentes cualitativamente
diferentes, cuyas propiedades varían en el espacio y
el tiempo (Kolasa y Rollo 1991). Pero esa variabilidad es manifiesta
sólo si se analiza en la escala espacial y
temporal adecuada. Es fundamental elegir correctamente las unidades
de medición (milímetros o kilómetros, segundos
o siglos) para detectar la heterogeneidad. Estas dos propiedades
indisolubles, heterogeneidad y escala, pueden servir como nuevos
hilos conductores que permitan reinterpretar los procesos ecológicos
(Wu y Loucks 1995).
La
manifestación concreta de la heterogeneidad y de la escala,
es la condición de mosaico de la mayoría de los
ecosistemas. Esta condición es ubicua y ocurre tanto
en sistemas acuáticos como terrestres. En términos
generales y en un mosaico dado, un manchón o parche puede
definirse como «una unidad espacial diferente de su entorno
ya sea en su apariencia o en sus propiedades» (Wu y Loucks
1995). El reconocimiento de que las cosas en la naturaleza ocurren
en manchones ha ganado mucho terreno en los últimos años.
Los
manchones pueden clasificarse por su tamaño, forma, contenido,
duración, complejidad estructural y propiedades de borde.
En una escalasuperior, la condición del mosaico espacial
( spatial patchiness ) se puede caracterizar por la
composición de parches (su tipo y abundancia relativa)
y por la configuración espacial (tamaño del parche,
forma, yuxtaposisicón y propiedades de borde).
Si
bien es cierto que la condición de mosaico es una propiedad
objetiva de los sistemas, también es cierto que depende
de los organismos que la perciben. Un bosque es “percibido”
de modo diferente por un pájaro carpintero, por una manada
de lobos y por una plántula de pino. Para unos será
una superfice homogénea, mientras que para otros consistirá
en un intrincado conjunto de parches diferentes interconectados.
El llamado «grano» es un término análogo
a la resolución de una imagen y se refiere a la capacidad
de un organismo para diferenciar las entidades más pequeñas
de un sistema (Allen y Hoekstra 1991). Esta habilidad está
limitada por el tamaño de las partículas y por
la distancia entre ellas. Los organismos de «grano fino»
son capaces de detectar variaciones muy pequeñas del
ambiente; en cambio, los de «grano grueso» son poco
sensibles a la heterogeneidad.
Se
han propuesto diversos agentes causantes del arreglo en parches
ambientales (cuadro 2), cuya interacción en distintas
escalas espacio-temporales permite construir un modelo conceptual
integral de los orígenes y la dinámica de los
parches (figura 4). La dinámica de parches es complementaria
en gran medida con los niveles de organización tradicionales
de la ecología (individuo, población, etc.), sin
embargo, esta clasificación no hace evidente la influencia
de las escalas espaciales y temporales, debido a que los niveles
de organización no siempre están anidados en un
sistema jerárquico (Wu y Loucks 1995).
I.3.
¿Otra definción del disturbio?
Los
disturbios pueden afectar a cualquier nivel de organización
estudiado por la ecología (cuadro 3). En consecuencia,
los resultados del disturbio pueden ser medidos con unidades
que difícilmente se pueden comparar entre distintos niveles
de organización. Las conclusiones que se obtengan no
siempre serán aplicables a todos los casos.
Por
ello es necesario desarrollar un sistema de conceptos que permita
tratar con jerarquías y disturbios. Para que la asignación
de cierta categoría a un disturbio tenga significado
ecológico, se debe caracterizar de modo claro y objetivo
la «estructura» en la que actúa el disturbio.
Si el objeto de estudio está definido de modo arbitrario
y no representa las características reales del sistema,
entonces el disturbio, y sus características y resultados,
serán también arbitrarios.
La
delimitación del «objeto de estudio ecológico»
sobre el que actúan los disturbios se logra con el concepto
de la estructura mínima (Pickett et al. 1989). Una estructura se define como un sistema de subunidades
e interacciones cuyo resultado es la permanencia de las subuni-dades
en forma de una unidad de nivel superior. La estructura mínima,
en consecuencia, es aquella que se percibe cuando se analiza
el primer nivel de una entidad organizada. Con estas premisas,
la definción de disturbio quedaría como sigue:
« el disturbio es un cambio en la estructura mínima
causada por un factor externo al nivel de interés ».
Cuadro
2 . Algunos agentes causales de existencia de parches (Wu y
Loucks 1995)
Wiens
1976 |
Roughgarden
1977 |
Forman
and Godron 1986 |
Disturbios aleatorios puntuales
depredación
herbivoría selectiva
patrones de vegetación
combinaciones de las anteriores |
Disposición de recursos;
comportamientos gregarios
competencia
procesos de reacción-difusión
dispersión |
Parches de focos de disturbio
parches remanentes
parches ambientales
parches originados por actividades humanas
parches efímeros |
Conviene
hacer algunas precisiones a este concepto. Se debe reconocer,
primero, que no todo efecto de un agente externo sobre un sistema
ecológico (o una de sus partes) es un disturbio. Puede
tratarse de una destrucción total del sistema o de una
presión muy sutil; por ello es necesario distinguir entre
estados perturbados y no perturbados.
En
este contexto, la dificultad esencial en los trabajos relativos
al estudio del disturbio está en la identificación
de la estructura mínima (cuadro 4). Una vez que se ha
identificado, la evaluación del disturbio debe ser relativamente
simple, al menos en teoría. Para delimitar la estructura
mínima es necesario un conocimiento muy profundo del
sistema de estudio, condición que rara vez se cumple.
Sin embargo, el siguiente algoritmo para la identificación
de la estructura mínima es una ayuda para acotar, de
modo sistemático, los principales factores involucrados
en una evaluación de disturbio (Pickett et al. 1989).
1)
Construir un modelo jerárquico que contenga el fenómeno
o nivel del sistema que sea de interés.
2)
Definir los componentes e interacciones dentro de cada nivel
de la jerarquía.
3)
Eliminar niveles que sean artificiales, que no reflejen la estructura
real del sistema.
4)
Agregar la dimensión espacial y/o temporal para distinguir
disturbios esporádicos de regímenes de disturbio.
5)
Examinar las posibles formas en las que se puede afectar la
estructura mínima.
6)
Examinar el efecto del disturbio en los niveles de interés.
Cuadro
3 . Expresión del disturbio en varios
niveles de organización. No se indican consecuencias
entre niveles aunque sean factibles. No se han incorporado
los conceptos de organización y estructura mínima;
los significados de estructura y función son los
tradicionales (Pickett et al. 1989). |
| |
Componentes
afectados |
Atributos
afectados |
Nivel |
Componente
estructural |
Componente
funcional |
|
Individual |
Biomasa |
Fisiología
Comportamiento |
Mortalidad
Crecimiento
Reproducción |
Poblacional |
Densidad
Estructura |
Biología reproductiva
Comportamiento social |
Estructura de edades
Estructura genética
Evolución
Extinción |
Comunitario |
Estructura vertical
Estructura horizontal
Composición de especies |
Niveles de recursos
Competencia
Mutualismo |
Coexistencia
Equidad
Dominancia |
Ecosistémico |
Grupos funcionales |
Flujos |
Resistencia
Resiliencia |
Paisaje |
Tipos de elementos
Configuración |
Régimen de disturbio
Flujos de organismos |
Estabilidad
Conectividad |
Cuadro
4 . Tres jerarquías ecológicas
elaboradas considerando diferentes aspectos de uso del
recurso y priorizando distintos niveles de interés.
Se describen los niveles para cada jerarquía, se
identifican las características básicas
de sus estructuras mínimas y se listan los tipos
potenciales de disturbio. A. Jerarquía de la captura
de energía de plantas (el nivel de interés
es el individuo). B. Jerarquía de la repartición
de recursos (el nivel de interés es el gremio).
C. Jerarquía de flujos de nutrimentos (el nivel
de interés es el ecosistema). Nótese que
las distintas jerarquías pueden ser generadas comenzando
con los mismos niveles de interés, pero considerando
procesos diferentes (Pickett et al . 1989). |
|
A.
JERARQUÍA DE CAPTURA DE ENERGÍA EN PLANTAS |
Nivel |
Estructura
mínima |
Ejemplo
de disturbio |
Sitio |
Individuos interactuantes |
Fuego
Rachas de viento
Infecciones (dieback) |
Individuo |
Integración fisiológica de la copa, tallos
y raíces |
Caída de árboles
Congelamiento |
Copa |
Arreglo e integración de hojas y ramas |
Viento
Tormentas de hielo |
Hoja |
Arreglo e integración de tejidos |
Herbivoría |
Tejidos |
Integración celular |
Patógenos |
Célula |
Integración metabólica |
Ruptura de membrana |
| |
|
|
B.
JERARQUÍA DEL REPARTO DE RECURSOS O COEXISTENCIA |
Nivel |
Estructura
mínima |
Ejemplo
de disturbio |
Comunidad |
Recursos compartidos
Coexistencia de gremios |
Espectro alterado de recursos |
Gremio |
Uso de recursos comunes
Coexistencia de estrategias |
Pérdida de recursos comunes |
Individuo |
Asignación de recursos entre módulos y partes |
Muerte
Depredación |
| |
|
|
C.
JERARQUÍA DE FLUJO DE NUTRIMENTOS |
Nivel |
Estructura
mínima |
Ejemplo
de disturbio |
Ecosistema |
Intercambio molecular entre compartimentos |
Interrupción de flujos |
Compartimentos |
Modos semejantes de transformación de moléculas |
Destrucción de transportadores |
Transportadores |
Procesado químico o metabólico |
Características metabólicas o de transporte
alteradas. |
III.
Las actividades humanas y sus efectos sobre los sistemas naturales:
el caso del disturbio crónico
III.1.
Generalidades
Es
ampliamente reconocido que el impacto de las actividades humanas
ocurre en todos los sitios y a todas las escalas. A nivel local,
por ejemplo, podemos cambiar las condiciones de la calidad del
aire mediante la combustión de residuos en un sitio determinado.
En el nivel regional es posible modificar las condiciones físicas
y químicas del aire mediante las emisiones de motores
de combustión interna y actividades industriales en las
megalópolis. Y a nivel global somos capaces de cambiar
la química atmosférica: como consecuencia de aumentar
los niveles de CO 2 , hemos causando el incremento de la temperatura
media mundial, con el subsecuente deshielo de los polos y con
ello el aumento de los niveles de los mares. No conformes con
lo anterior, hemos incluso incidido a escalas que rebasan el
ámbito global, como es el basurero de chatarra espacial
que gira alrededor de nuestro planeta, cuyos desechos que ingresan
a la atmósfera invitan a pedir buenos deseos por confundirse,
a ojos inexpertos, con genuinas estrellas fugaces.
Típicamente,
el impacto humano se reconoce en las áreas urbanas, en
los campos agrícolas y en algunos ecosistemas sensibles
como son los bosques templados y las selvas. Existe otro tipo
de impacto de origen humano sobre el ambiente, que es poco atendido
y sin embargo no es nada despreciable: se trata del disturbio
crónico. El disturbio crónico es un tipo de perturbación
cotidiana que afecta al ambiente; éste consiste en remover
sistemáticamente pequeñas fracciones de biomasa,
generalmente leña, forraje, materiales para la construcción
de origen orgánico, y otros productos no maderables.
Por lo general estas actividades no dan suficiente tiempo para
que la vegetación se recupere adecuadamente, incluso
estando dentro de la capacidad de carga del ecosistema, causando,
con el paso del tiempo, el colapso productivo del sistema.
La
diferencia entre el disturbio agudo y el disturbio crónico
es que en el primero la alteración al medio natural se
da de manera puntual en el tiempo y en el espacio mientras que
en el segundo, la carga humana se mantiene en el tiempo y el
espacio. El disturbio agudo permite que, después de su
efecto, el sistema se recupere mientras que en el crónico
por lo general acaba en el colapso del mismo.
El
hecho de que la leña sea todavía la mayor fuente
de energía para cocinar y la estimación de que
para el año 2010 desde 2.5 mil millones de personas,
principalmente de los países en desarrollo, consumirán
este recurso, es una muestra indirecta pero de mucho peso, de
la amenaza constante que tienen los bosques (FAO 1994, 2003).
Queda claro entonces que si no atendemos este problema, no cabe
la menor duda que seguirán en aumento las áreas
silvestres sujetas a disturbio crónico y se harán
evidentes los efectos catastróficos explicados previamente.
III.2.
El monte no aguanta más
En
México las principales causas de disturbio crónico
son la extracción de leña como fuente de energía
y material de construcción, la extracción de productos
no maderables y la ganadería extensiva. Las actividades
mencionadas en el párrafo anterior y sus impactos sobre
el ambiente suelen ser discutidas, generalmente, con una carga
ideológica que normalmente termina en una serie de recriminaciones
y posturas extremas. Lo anterior se debe a que estas actividades
están íntimamente relacionadas con comunidades
rurales e indígenas, y los usos y costumbres de éstas.
Este binomio indisoluble, grupos con arraigo en el campo, y
sus usos y costumbres de acceso a los recursos naturales, ha
sido respetado, incluso dentro de áreas naturales protegidas,
en buena parte debido a que se trata de los grupos sociales
más vulnerables del país. Sin embargo estos “privilegios”
solo han logrado una economía de subsistencia que muy
poco se acerca a resolver el problema de fondo de estas personas,
pero que sí incide negativamente sobre el medio ambiente
y los recursos naturales. Cabe aclarar que no se propugna por
el rechazo de las costumbres tradicionales y su vínculo
con los recursos naturales; lo que se intenta es invitar al
lector a una reflexión sobre cuáles actividades
tienen un verdadero beneficio, y cuáles se han desvirtuado,
cuales son utilizadas como una forma de explotación que
va más allá del autoconsumo y se han vuelto un
verdadero negocio.
III.3.
¿Cómo afecta el disturbio crónico?
La
degradación causada por el disturbio crónico humano
es frecuentemente discontinua y no lineal. Mientras la colecta
de biomasa en el bosque se mantenga por debajo de la capacidad
de carga del ecosistema, el efecto de recolecta es casi imperceptible.
Pero cuando la presión humana es tan persistente que
no permite su recuperación natural, la degradación
se vuelve no lineal y el proceso que causa actúa de manera
muy eficiente, agotando rápidamente las reservas del
bosque (Singh 1998). La fase no lineal del proceso se puede
ver en varios sitios de México, la Mixteca Alta de Oaxaca
es un buen ejemplo: siglos de extracción de productos
forestales, aunados a una intensa agricultura y ganadería
extensiva, han convertido a esta región en una de la
más degradadas del país.
Al
parecer las practicas permitidas de utilizar el follaje y las
ramas pueden ser más nocivas que el seleccionar ciertos
árboles y utilizarlos por completo. Existen experiencias
en la cordillera de los Himalaya donde se sustituyó la
tala de árboles (disturbio agudo) por el uso de sus partes
(disturbio crónico). Lo anterior causó que los
árboles fueran utilizados de una manera persistente hasta
que éstos no pudieron regenerar su follaje, resultando
esto en una mayor disminución en la regeneración
de los árboles, comparada con el pasado (Singh et
al . 1997).
En
el momento que se empiezan a retirar ramas de los árboles
se genera un claro, el cual es suficiente para estimular que
algunas especies se regeneren, sin embargo el claro es un micrositio
distinto al que dejaría un disturbio agudo, natural o
causado por el hombre. El claro así formado continúa
recibiendo disturbio crónico, resultando un sitio pobre
en reclutamiento de plántulas y con alta mortalidad de
las mismas. La alteración del hábitat incluye
la compactación del suelo y el consecuente aumento en
la escorrentía pluvial, pérdidas de materia orgánica
y nutrimentos, cambio en la composición de plantas herbáceas
y aumento en las trepadoras, entre otras alteraciones ecológicas
(Singh 1998). Otros autores han reportado que el disturbio crónico,
debido al efecto de la presencia de ganado, afecta principalmente
a la vegetación en su estructura, dando como resultado
una reducción de la cubierta y la altura de ésta
(Cole y Monz 2002). En otros trabajos se demuestra que la diversidad
disminuye ante la presencia de disturbio crónico, quedando
solo aquellas especies más tolerantes (Klug et al . 2002). En otros estudios podemos llevarnos la sorpresa
de que un disturbio moderado puede hacer que algunas especies
aumenten en su densidad, como es el caso de Espeletia pycnophylla , las rosetas gigantes de los páramos andinos (Suárez
y Medina 2002).
El
incremento de la población y el aumento de la pobreza,
parecen ser las principales razones que mantienen el disturbio
crónico en los bosques de los países en desarrollo.
Las poblaciones están esparcidas a lo largo de todo el
territorio, lo anterior hace imposible separar los ecosistemas
naturales de la influencia humana. ¿Será posible
que logremos coexistir dentro de la naturaleza sin causar la
degradación irreparable de ésta? La incógnita
persiste; solamente queda procurar un mayor esfuerzo para elucidar
las relaciones entre factores de disturbio y el estado de los
ambientes naturales.
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