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Capítulo III

Pago por servicios hidrológicos en Centroamérica: enseñanzas de Costa Rica

 

Stefano Pagiola (1)

 

El impacto de la deforestación sobre los flujos hidrológicos es una de las más grandes preocupaciones en Centroamérica. La sedimentación de las represas, la escasez de agua durante la temporada de secas, las inundaciones y los graves daños causados por el Huracán Mitch en 1998 se atribuyen, por lo menos en parte, a la deforestación. Como resultado, ha surgido un fuerte interés político en abordar los problemas relacionados con la pérdida de la cubierta forestal. El notorio fracaso de esfuerzos anteriores por dar solución a estos problemas ha conducido a nuevos enfoques (Pagiola y Platais, 2001). Quizás el más prometedor es el desarrollo de sistemas de pago por servicios ambientales, los cuales consisten en compensar directamente a los usuarios de la tierra por los servicios ambientales que generan (Pagiola y Platais, próxima publicación). De esta manera, se genera un incentivo directo para que los usuarios de la tierra incluyan estos servicios en sus decisiones sobre los usos del suelo, dando como resultado usos socialmente más óptimos. Costa Rica exploró este enfoque en 1997, desarrollando un sistema formal a nivel nacional de pago por servicios ambientales (PSA). Diversos países en la región han seguido esta experiencia muy de cerca y están empezando a trabajar en programas similares. Este capítulo examina la experiencia práctica de la aplicación del programa costarricense de Pago por Servicios Ambientales (PSA) para servicios hidrológicos o de agua y expone la manera en que se empiezan a aplicar las lecciones de esta experiencia en otros países con problemas parecidos.

 

Los servicios hidrológicos prestados por los bosques centroamericanos

Se cree que los ecosistemas forestales juegan un papel importante en la prestación de servicios hidrológicos valiosos. Tal papel se considera relevante en Centroamérica, sobre todo en décadas recientes en que la cubierta forestal ha disminuido y la demanda de servicios de agua se ha incrementado (Leonard, 1987; Kaimowitz, 2000). Aunque en Centroamérica la discusión en torno a los “servicios hidrológicos” tiende a referirse a ellos de manera genérica, se pueden distinguir varios servicios específicos, entre ellos:

•  la reducción de las cargas de sedimentos en las vías fluviales, lo cual reduce la sedimentación de las represas y a su vez los costos asociados de producción y mantenimiento de los sistemas de riego, las plantas hidroeléctricas, los sistemas de distribución de agua potable y las pesquerías;

•  la regulación del ciclo hidrológico, lo que reduce tanto el riesgo de inundaciones durante la temporada de lluvia, como la probabilidad de escasez de agua durante la temporada de secas;

•  el aumento del volumen de agua disponible durante todo el año o, específicamente, durante la temporada de secas; y

•  el mejoramiento de la calidad del agua disponible para consumo doméstico.

Aunque existe la creencia de que los bosques proveen todos estos servicios, la evidencia está lejos de ser clara (Hamilton y King, 1983; Bruijnzeel, 1990; Chomitz y Kumari, 1998; Calder, 1999). (2) En particular, son extremadamente escasos los datos específicos acerca de la naturaleza y magnitud de los vínculos que existen entre la cobertura forestal y los servicios hidrológicos en Centroamérica (Kaimowitz, 2000). No obstante, queda claro que en ciertas circunstancias, los bosques sí juegan un papel en la prestación de servicios de agua, aun cuando la naturaleza y magnitud exactas de dicho papel no siempre se conozcan.

Cualquiera que fuere la naturaleza específica de los vínculos entre los bosques y los servicios hidrológicos, el problema fundamental es que estos servicios generalmente son aprovechados por personas que están a gran distancia de los bosques que se los proporcionan. Los usuarios de los bosques o quienes viven cerca de ellos por lo general no reciben compensación alguna por suministrar servicios ambientales. Por el contrario, la prestación de dichos servicios a menudo impone costos a estos usuarios de la tierra al restringirles sus alternativas de uso de suelo. En consecuencia, normalmente no son tomados en cuenta cuando se adoptan decisiones sobre el uso de suelo, lo cual resulta en decisiones poco óptimas socialmente.

 

Reacciones previas

Costa Rica ha sufrido una de las tasas de deforestación más altas del mundo (Peuker, 1992; FONAFIFO, 2000; Banco Mundial, 2000a). Entre los últimos años de la década de los setenta y los primeros de los años noventa, se estima que el país perdió entre 35 y 40% de la cubierta boscosa, principalmente al convertirla en tierras agrícolas y de pastoreo. La percepción general es que esta deforestación tuvo un efecto adverso en los servicios hídricos que recibe el país (Leonard, 1987; Kaimowitz, 2000). Según el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (FONAFIFO) de Costa Rica, “la preservación de los bosques tiene un alto impacto en la regularidad del ciclo hidrológico y la reducción de la sedimentación en las represas” (2000, página 31).

En Costa Rica y en el resto de Centroamérica, las reacciones ante el deterioro de los servicios hidrológicos han adoptado por lo general varias formas, incluyendo medidas correctivas (como el reparar los daños causados por las inundaciones), medidas preventivas (como los esfuerzos por regular el uso de suelo en las áreas sensibles) y proyectos de conservación orientados a convencer a los usuarios de las tierras para que adopten prácticas de uso de suelo consideradas como benéficas (incluyendo la reforestación, la agrosilvicultura, las medidas físicas de conservación, como las terrazas, y medidas de conservación vegetativa, como el prado vetiver) (Lutz et al. , 1994). En Costa Rica se pusieron en marcha varios proyectos de conservación desde el inicio de la década de los ochenta y se adoptó una diversidad de métodos. Algunos de ellos dependían del esperado “efecto de demostración”: operaban bajo el supuesto de que los efectos de la conservación eran benéficos para los agricultores, y que éstos los adoptarían por iniciativa propia una vez que los primeros proyectos se pusieran en marcha y observaran los beneficios que generaban. Otros pretendían inducir a los granjeros a adoptar las prácticas propuestas a través de varias maneras, incluyendo subsidios completos o parciales de los costos de adopción (pagados en efectivo o en especie) o vinculando la adopción de la conservación a otros beneficios, como el acceso a créditos. Por ejemplo, el Servicio Nacional de Conservación de Suelo y Agua de Costa Rica (SENACSA) subsidia la mitad de los costos de los trabajos para las obras de conservación de los pequeños propietarios (menos de 5 ha), y el total de los costos de las obras de conservación en “granjas modelo” que muestren las técnicas de conservación a otros granjeros (Cuesta, 1994).

Ninguna de estas medidas resultó ser efectiva (Enters, 1997; Pagiola, 1999, de próxima publicación). Las medidas de comando y control a menudo son imperfectas y caras. Es difícil hacer cumplir la normatividad, y ésta puede imponer altos costos a los usuarios pobres de las tierras al obligarlos a adoptar un uso de suelo que genera menos utilidades. Los proyectos de conservación han tenido a menudo un éxito temporal, especialmente cuando se han otorgado subsidios. Una vez que los proyectos finalizan y los subsidios cesan, es común que los usuarios de la tierra regresen a los usos de suelo previos, descuidando las medidas de conservación que habían adoptado o incluso destruyéndolas rápidamente. (Lutz et al. , 1994).

Una importante implicación de esta experiencia es que la creencia común de que las medidas de conservación siempre son del interés personal del usuario de la tierra, muchas veces no es cierta. (3) Por ejemplo, una revisión de la rentabilidad de las medidas de conservación por toda Centroamérica encontró que la mayoría de ellas no eran rentables desde la perspectiva de los agricultores (Lutz et al. , 1994). Además, los casos en los que la conservación es rentable para los usuarios de la tierra no necesariamente son aquellos en donde las externalidades positivas son más significativas. Por lo tanto, el interés de los usuarios de la tierra en responder a la degradación, no necesariamente está correlacionado con el interés de los usuarios de agua en la parte baja de la cuenca. Por ejemplo en Costa Rica, Cuesta (1994) encontró que las terrazas eran rentables en la región de Turrubares, pero que las zanjas de desvío (que son mucho más baratas que las terrazas), no eran rentables en la región de Heredia, a pesar del hecho de que la erosión es más severa en esta región. La razón de esta diferencia es que el suelo de Turrubares tiene poca profundidad, por lo que una tasa baja de erosión puede generar severos impactos en la próspera producción de verduras de la región. En Heredia, por otro lado, los suelos muy profundos y con un perfil favorable se traducen en que incluso la erosión severa no tiene efecto en la producción agrícola.

 

Pagos por servicios ambientales en Costa Rica

El principio del sistema de pagos por servicios ambientales es sencillo. La compensación a los usuarios de la tierra por los servicios ambientales que prestan crea un incentivo directo para que dichos usuarios incluyan estos servicios en sus decisiones sobre el uso de suelo (Pagiola y Platais, de próxima publicación).

 

Desarrollo

A partir de 1997, Costa Rica elaboró un sistema detallado de pago por servicios ambientales basados en dicho principio (Castro et al. , 1997; Chomitz et al. , 1999; FONAFIFO, 2000). La Ley Forestal No. 7575 promulgada en 1996, reconoce explícitamente cuatro servicios ambientales brindados por los ecosistemas forestales:

•  la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI);

•  los servicios hidrológicos, incluyendo la provisión de agua para el consumo humano, la irrigación y la producción de energía;

•  la conservación de la biodiversidad; y

•  la oferta de belleza escénica para la recreación y el ecoturismo.

La ley provee la base normativa para que el gobierno contrate a los propietarios por los servicios prestados por sus tierras y ha establecido un mecanismo financiero para este fin: el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (FONAFIFO).

El programa de Pago por Servicios Ambientales (PSA) no surgió de la nada. A partir de los años setenta, la preocupación por la reducción de la oferta de madera produjo que Costa Rica ofreciera incentivos para la reforestación. Los esfuerzos iniciales se concentraron en la deducción de impuestos. Estos esfuerzos fueron reemplazados por los Certificados de Abono Forestal (CAF) creados por la Ley Forestal No. 7032 de 1986. En su calidad de instrumentos transferibles, los CAF ampliaron la participación en la reforestación, la cual previamente estaba restringida a las empresas más grandes con importantes obligaciones fiscales. También se amplió la participación con los Certificados de Abono Forestal por Adelantado (CAFA) que establecían pagos concentrados en la primera parte del plazo para permitir que los granjeros con limitaciones crediticias invirtieran en la reforestación. Poco a poco se extendió el sistema más allá de su enfoque inicial en la oferta de madera para cubrir actividades distintas a la reforestación, incluyendo el manejo forestal sostenible y la protección de los bosques naturales. Casi 116,000 hectáreas recibieron financiamiento a través del viejo sistema.

Por lo tanto, para cuando se creó el programa de PSA, Costa Rica ya contaba con un sistema detallado de pago por los servicios de reforestación y manejo forestal y con las instituciones para administrarlo. La Ley Forestal se fundamentó en dos cambios importantes. Primero, cambió la justificación para hacer los pagos: de fundamentarse en el apoyo a la industria maderera, se especificó que los pagos se harían por la prestación de servicios ambientales. En segundo lugar, cambió la fuente del financiamiento del presupuesto gubernamental a un impuesto especial y a los pagos de los beneficiarios y creó el FONAFIFO para administrar el programa. En otros aspectos, el programa de PSA se parecía mucho a los incentivos previos de reforestación. Hasta el año 2000, los tipos de actividades financiadas por el programa de PSA eran casi iguales a los financiados por los instrumentos anteriores: reforestación, manejo forestal sustentable y manejo de bosques naturales. Muchos de los detalles de la implementación, tales como las cantidades del pago y la calendarización de los mismos, también provenían de los programas anteriores. De hecho, los CAF se utilizaron para pagar a los participantes durante el primer año del programa de PSA. En 2000, se redujo la variedad de instrumentos a sólo dos: reforestación y protección de bosques, pero otros aspectos del programa permanecieron sin cambios.

Bajo el programa de PSA, los participantes deben presentar un plan de manejo forestal sustentable certificado por un técnico forestal autorizado. Además del uso de suelo propuesto, el plan de manejo incluye información acerca de la tenencia de la tierra y el acceso físico a la misma; una descripción de la topografía, suelos, clima, drenaje, uso de suelo actual y la capacidad de carga respecto al uso del suelo; planes para la prevención de incendios forestales, cacería furtiva y explotación ilícita; y el programa de monitoreo. La tarea de contratar a los granjeros participantes generalmente la realiza el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) u organizaciones no gubernamentales, como la Fundación para el Desarrollo de la Cordillera Volcánica Central (FUNDECOR). Ellos se encargan de las solicitudes, de firmar los contratos y supervisar la implementación. Una vez que se haya aprobado el plan, los usuarios de la tierra empiezan a adoptar las prácticas especificadas en él y reciben pagos durante un periodo de cinco años. En algunos contratos, los usuarios de la tierra se comprometen a mantener el uso de suelo acordado por otros diez o quince años, compromiso que queda registrado junto con las escrituras de la propiedad para que las obligaciones contractuales se traspasen como una servidumbre legal a los siguientes propietarios por el tiempo que dure del contrato. De igual manera, los propietarios de la tierra ceden al FONAFIFO sus derechos sobre las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que resulten de sus actividades.

 

La estructura del programa de PSA

La estructura del programa costarricense de Pago por Servicios Ambientales (PSA) se muestra en la Figura 3.1. El sistema de pago por servicios ambientales depende de tres funciones institucionales básicas (Pagiola y Platais, de próxima publicación). En primer lugar, un mecanismo para cobrar y administrar los pagos de los beneficiarios de los servicios. El FONAFIFO realiza este papel con el apoyo de otras instituciones, tales como la Oficina Costarricense de Implementación Conjunta (OCIC). Segundo, se necesita un mecanismo para contratar a los prestadores de servicios, pagarles y supervisar su participación; estas interacciones son realizadas en parte por el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) y en parte por ingenieros forestales particulares, conocidos como regentes, quienes son remunerados por sus servicios. (4) En tercer lugar, se requiere una estructura de toma de decisiones. El programa costarricense de PSA es regido por un órgano de administración conformado por tres representantes del sector público (uno del Ministerio del Medio Ambiente y Energía, otro del Ministerio de Agricultura y otro de la Banca nacional) y dos representantes del sector privado (nombrados por el consejo de administración de la Oficina Nacional Forestal).

El programa de PSA tiene varias fuentes de financiamiento. Hasta la fecha, la mayor parte se obtiene de la asignación al FONAFIFO de la tercera parte de los ingresos provenientes de un impuesto sobre la venta de combustible fósil. No obstante, se han presentado conflictos sobre el uso de estos fondos asignados, por lo que el FONAFIFO ha recibido sólo una pequeña porción de ellos (FONAFIFO, 2000). Al principio del programa de PSA, surgieron grandes esperanzas en el potencial de ventas de bonos para acreditar la reducción de emisiones de carbono. Se creó una organización especializada, la Oficina Costarricense de Implementación Conjunta (OCIC), para manejar estas operaciones. No obstante, los resultados hasta la fecha son menos prometedores de lo que se esperaba originalmente: sólo se han generado US$2 millones provenientes de una sola venta. Desde el año 2000 el programa de PSA cuenta con el apoyo de un préstamo del Banco Mundial y un donativo del Fondo Mundial del Medio Ambiente (GEF) a través del Proyecto Ecomarkets (Banco Mundial, 2000b). Dicho proyecto incluye un préstamo del Banco Mundial por US$32.6 millones para ayudar al gobierno a asegurar los niveles actuales de contratos de servicios ambientales, y un donativo del GEF por US$8 millones que se puede considerar como un pago de la comunidad global por los servicios ambientales prestados por la biodiversidad de Costa Rica. En última instancia, se considera que todos los beneficiarios de los servicios de agua, (incluyendo las plantas hidroeléctricas, las entidades de abastecimiento de agua, los sistemas de irrigación, los consumidores domésticos y los fabricantes) también pagarían por los servicios de agua que reciben. Actualmente dichos pagos proceden principalmente de los productores de energía hidroeléctrica.

 

 

Pagos por el servicio agua

La Ley Forestal 7575 reconoció explícitamente el papel que los bosques juegan en la provisión de servicios hidrológicos. Asimismo, siempre se consideró que los pagos de los generadores de energía hidroeléctrica y de otros usuarios de agua serían los pilares para el programa de PSA. No obstante, la Ley 7575 no obliga a los beneficiarios a pagar por los servicios. Los pagos se deben negociar directamente con los compradores potenciales del servicio. Desde su inicio, el FONAFIFO ha realizado importantes esfuerzos por negociar con los usuarios del agua para que paguen por los servicios de agua que reciben.

Se han celebrado varios acuerdos con productores de energía hidroeléctrica (véase la Tabla 3.1). El primer acuerdo se celebró con el productor privado Energía Global, a finales de 1997. Bajo este acuerdo, Energía Global reembolsa al FONAFIFO una parte del costo de los pagos efectuados a los usuarios de tierras participantes cuenca arriba por las dos plantas hidroeléctricas que opera la compañía usando la corriente del río. Este acuerdo se celebró con la asistencia de la FUNDECOR. Se estableció un acuerdo parecido un año después con Platanar, S.A., también con la asistencia de la FUNDECOR. Quizá más importante, se celebró un acuerdo marco con el productor estatal de energía, la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, S.A. (CNFL), (véase la Tabla 3.1). La primera aplicación de este acuerdo cubría las actividades de reforestación y manejo forestal en 5,000 ha de la cuenca del Río Aranjuez; desde entonces se ha aplicado también a las cuencas hidrológicas del Río Balsas y del Lago Cote. Se están negociando otros acuerdos con otros productores de energía hidroeléctrica. Se firmó un memorando de entendimiento con Hidroverde en Pococí, pero todavía no se ha llegado a un acuerdo formal.

 

 

Por supuesto, los generadores de energía hidroeléctrica no son los únicos usuarios de agua. No obstante, los esfuerzos por llegar a acuerdos similares con otros usuarios de agua, en particular con los usuarios domésticos, todavía no dan frutos. El único acuerdo celebrado hasta la fecha con un usuario que no produzca energía hidroeléctrica es el de la Cervecería Costa Rica, con fecha de octubre de 2001. Bajo este acuerdo, la Cervecería Costa Rica reembolsará al FONAFIFO el costo total de contratación de los participantes del programa de PSA (es decir, los pagos a los participantes más los costos administrativos) que se encuentran 1,000 ha cuenca arriba del acuífero Barva. La Cervecería Costa Rica espera proteger la infiltración hacia el acuífero, el cual alimenta el manantial que utiliza la compañía para elaborar la cerveza y el agua embotellada. Hace tiempo que el FONAFIFO negocia con la principal central de agua del país, el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) y espera llegar pronto a un acuerdo. También hay negociaciones con Río Tropicales, una compañía que organiza viajes en balsa con fines de entretenimiento, para firmar un contrato que se centraría en la protección de las cuencas que la compañía usa para sus viajes (una parte del pago sería para los servicios de agua y otra para la preservación de los paisajes escénicos).

Actualmente, el financiamiento recibido de las plantas generadoras de energía hidroeléctrica es una pequeña parte del financiamiento total del programa de PSA, y suma hasta el momento un total acumulado de alrededor de US$100,000 desde el inicio del programa, cubriendo un poco más de 2,400 ha. Una vez puestos en marcha todos los acuerdos, deben generar un flujo anual de pagos de entre US$0.5-0.6 millones, cubriendo una zona de casi 18,000 ha. Aunque no es una suma despreciable, la cantidad es mucho menor que la que el Fondo Mundial del Medio Ambiente (GEF) paga por concepto de conservación de la biodiversidad (entre US$1.8-1.9 millones anuales por cinco años), los pagos de los impuestos sobre la gasolina (US$6.4 millones anuales cobrados hasta el momento) y el financiamiento limitado obtenido hasta la fecha por servicios de captura de carbono (US$2 millones desde 1997).

 

Pagos por servicios hidrológicos fuera del programa de PSA

Adicionalmente al acuerdo celebrado entre los productores de energía hidroeléctrica y el FONAFIFO, también existe un acuerdo bilateral entre un productor pequeño de energía hidroeléctrica, La Manguera, S.A. y la organización no gubernamental propietaria de la cuenca hidrológica de donde la planta de energía hidroeléctrica La Esperanza, obtiene su agua. En octubre de 1998, La Manguera acordó pagarle a la Liga Monteverde de Conservación US$10/ha anuales por mantener una cubierta boscosa cuenca abajo.

En 2000, Costa Rica promulgó una ley que establece una “tarifa de agua ajustada ambientalmente” experimental, cuyos ingresos se utilizarán para ayudar a mantener y reforestar partes de la cuenca hidrológica cerca de Heredia (Castro, 2001) (5). Estos pagos serán independientes del programa de PSA.

 

Cómo lograr que funcionen los pagos por servicios hidrológicos

El proceso de diseñar y poner en práctica un sistema de pagos por servicios hidrológicos requiere que se aborden varios temas distintos, pero relacionados entre sí, incluyendo los siguientes (Pagiola y Platais, de próxima publicación):

•  Identificar y cuantificar los servicios de agua . ¿Qué servicios hidrológicos genera un cierto uso de suelo en un lugar dado? ¿Qué cantidad del servicio se genera? ¿Cuánto vale el servicio?

•  Identificar a los beneficiarios clave y cobrarles por los servicios hidrológicos . ¿Quién debe pagar por los servicios de agua? ¿Qué nivel de cargos se les debe imponer? ¿Cómo deben manejarse los fondos?

•  Diseñar sistemas de pago que funcionen . ¿Cómo se van a establecer en la práctica sistemas para lograr de manera eficiente el deseado cambio para la sustentabilidad en el uso del suelo?

•  Abordar temas institucionales y de economía política . ¿Cuáles son las condiciones institucionales previas que hacen posibles los pagos? ¿Quiénes son los ganadores y perdedores y cómo se pueden abordar las implicaciones de economía política resultantes?

 

Identificar y cuantificar los servicios hidrológicos

Aunque la creencia común es que los bosques ayudan a proporcionar servicios relacionados con el agua, nuestro conocimiento de los vínculos entre los bosques y los servicios hidrológicos es, en algunos casos, deficiente; tanto cualitativamente como, en especial, cuantitativamente (Chomitz y Kumari, 1998; véase también el planteamiento en el Capítulo II). Esta carencia de conocimientos específicos existe en toda Centroamérica, incluyendo a Costa Rica (Kaimowitz, 2000).

Cuando Costa Rica estableció el programa de PSA no había información específica sobre los efectos de la cubierta forestal en el ciclo hidrológico del país. En cambio, el programa dependía de una visión generalizada de que los bosques proporcionan servicios de agua benéficos, creencia convencional que se comparte ampliamente en Centroamérica (Kaimowitz, 2000). Desde entonces ha habido pocos avances en este sentido, entre ellos los siguientes tres estudios:

•  Un análisis detallado de la cuenca del Lago Arenal (que suministra agua a la represa hidroeléctrica más grande de Costa Rica, operada por la Compañía Nacional de Fuerza y Luz y a una extensa zona de riego) realizado por un equipo de investigación como parte del Programa para la Colaboración en la Investigación de la Economía del Medio Ambiente y Desarrollo (CREED, por sus siglas en inglés) (Aylward et al. , 1998; Aylward y Echevarría, 2001). Debido a la presencia de la presa, existen más y mejores datos hidrológicos para esta cuenca que para la mayoría de las otras en Costa Rica. Los resultados del estudio indican que la deforestación aumenta la sedimentación entre 13 y 28 m 3 por año, pero también aumenta la producción de agua.

•  Un estudio del impacto de los bosques en la producción de energía hidroeléctrica fue comisionado por el Proyecto Ecomarkets (CT Energía, 2000). Este estudio realizó un análisis transversal de seis cuencas seleccionadas en un intento de determinar la relación entre la cubierta de la tierra y los flujos hidrológicos durante la temporada de secas, y encontró que están correlacionados positivamente. Sin embargo, los resultados no son muy sólidos. No sólo se basan en un número muy pequeño de serie de de datos (dos observaciones por cada una de las seis cuencas seleccionadas) sin controlar los otros factores, sino que por lo menos en dos de las cuencas la relación parece indicar un sentido opuesto. CT Energía también encontró que la sedimentación probablemente aumenta cuando la cubierta forestal disminuye.

•  El Centro Regional para los Estudios de la Economía Ecológica (CRESEE) realizó un estudio sobre el efecto de la deforestación en los flujos y en la calidad del agua en la provincia de Heredia (Castro, 2001). Llegaron a la conclusión de que la cubierta forestal aumenta tanto los flujos de agua como la calidad de la misma en comparación con los pastizales. No obstante, este estudio es problemático ya que sólo comparó las diferencias de escurrimiento entre dos tipos de uso de suelo sin tomar en cuenta las posibles diferencias de tasas de evapotranspiración, una variable que los textos de hidrología identifican como crítica.

Es justo decir que dichos estudios no son concluyentes. Los tres adolecen de datos limitados, factor que impuso a su vez limitaciones metodológicas. Los resultados del equipo del CREED son compatibles con la interpretación hidrológica común, mientras que los resultados del estudio del CRESEE parecen contradecirla. Los resultados de CT Energía abordan el tema de los efectos de la cubierta forestal en los flujos durante la temporada de secas, de lo cual hay menos consenso en los textos de hidrología.

A pesar de sus puntos débiles, los resultados de CT Energía y el CRESEE desempeñan un papel importante en la mejora de los pagos por servicios de agua en Costa Rica. El estudio de CT Energía fue utilizado para desarrollar una fórmula para estimar los beneficios de la reforestación para los productores de energía hidroeléctrica. Al aplicar esta fórmula, los beneficios de la reforestación para los productores de energía hidroeléctrica se estimaron en alrededor de $US20/ha/año en promedio, con un mínimo de US$6/ha/año y con un máximo de US$50/ha/año, dependiendo de las variables (por ejemplo, el tamaño de la cuenca). Estas estimaciones probablemente serán la base de las negociaciones para un nuevo acuerdo.

El estudio del CRESEE se usó para justificar la introducción de la “tarifa de agua ajustada ambientalmente” experimental en Heredia. Aunque el estudio no pretendió estimar el valor de los beneficios del servicio de provisión de agua, expuso que estos eran sustancialmente mayores que la pequeña suma adicional que se cobra a los usuarios de agua ($0.009/m3 además de la tarifa básica de $0.23/m3 para los usuarios de agua de uso doméstico) (Castro, 2001).

Es claro que todavía existe una gran necesidad de mejorar la información acerca de la naturaleza y cantidad de los servicios hidrológicos brindados por los bosques. Desafortunadamente, esta necesidad es difícil de satisfacer, pues se requiere del monitoreo de datos a largo plazo y de experimentos que requieren de una dedicación intensiva de tiempo.

 

Identificar a los beneficiarios clave y cobrarles los servicios de agua

Los diferentes usuarios de agua normalmente se interesan en diferentes tipos de servicios hidrológicos. La calidad del agua, por lo general, es más importante para el consumo doméstico que para otros usos. Los sistemas municipales de distribución de agua necesitan un abastecimiento constante, mientras que los sistemas de irrigación sólo necesitan agua en ciertas épocas del año. En Costa Rica, como en otros países de Centroamérica, hay cinco grupos principales de beneficiarios del servicio de agua:

•  los generadores de energía hidroeléctrica;

•  los sistemas municipales de distribución de agua;

•  los sistemas de irrigación;

•  los usuarios industriales; y

•  la población de zonas propensas a inundaciones.

De estos, los primeros cuatro son candidatos prometedores para participar en un programa de pagos por servicios ambientales. Son fáciles de identificar y ya están organizados, así que es relativamente fácil negociar con ellos. Si se llega a un acuerdo para que paguen por los servicios que reciben, ya tienen la capacidad de cobrar a sus miembros los fondos requeridos. Por el contrario, la población de las zonas propensas a inundaciones no está organizada (salvo en la medida en que dicha población esté incluida en uno de los demás grupos) y no existe un mecanismo para cobrarles los pagos.

Aun dentro de un solo grupo puede haber diferencias importantes en la naturaleza de los servicios de agua que podrían demandar. Por ejemplo, la cuenca del Lago Arenal, estudiada por el equipo del CREED, cuenta con una represa de almacenaje grande (Aylward et al. , 1998). Su presencia significa que cualquier impacto que pueda tener la deforestación en la generación de inundaciones, es un problema menor, ya que la represa puede regular los flujos que llegan a las zonas de cuenca abajo. Las variaciones temporales en los flujos de agua también son una preocupación relativamente menor, porque la represa puede acumular los flujos de agua y liberarlos cuando se necesiten para la generación de electricidad o para irrigación. Entonces, la preocupación más importante en este caso, es el flujo total de agua. Entre mayor sea, más electricidad se puede generar y mayor es la capacidad para compensar las variaciones temporales. Bajo estas condiciones, la reforestación podría resultar perjudicial si, como reflejan los resultados del equipo del CREED, los pastizales de hecho dan lugar a flujos más abundantes de agua. Por otro lado, una menor cubierta forestal también resultaría en mayor sedimentación. El equipo del CREED estima que la reducción de la capacidad de generar energía debido a la sedimentación sería mucho menos importante que el beneficio de un flujo de agua creciente.

En contraste, muchas de las nuevas plantas de energía hidroeléctrica operadas por el sector privado funcionan con un almacenaje mínimo. (6) En el caso de que acumulen agua, lo hacen únicamente de un día para otro, con el objeto de generar energía en las horas de demanda pico. Por lo tanto, estas plantas dependen mucho del flujo de la corriente para sus operaciones, restricción que llega a ser particularmente significativa durante la temporada de secas. Además, las plantas de energía hidroeléctrica son más vulnerables a la sedimentación debido a su capacidad limitada de almacenaje y a los daños que el sedimento ocasiona en tubos y turbinas (debido a que una porción más pequeña de sedimento suspendido se precipitará de sus depósitos de agua). Los flujos de gran abundancia son perjudiciales, en parte porque representan agua que no se puede usar para la generación de energía hidroeléctrica y en parte porque los desechos transportados pueden obstruir las entradas y dañar las turbinas. Además, la capacidad limitada de almacenaje de estas plantas significa que no tienen defensa contra flujos de alto volumen hacia la parte baja de la cuenca. Bajo estas condiciones, resulta de vital importancia reducir las variaciones de los flujos de agua y asegurar el flujo más abundante posible durante la temporada de secas. Todos los productores de energía hidroeléctrica que han celebrado acuerdos con el FONAFIFO, hasta la fecha operan plantas de energía hidroeléctrica que funcionan con la corriente del río.

Para convencer a estos u otros usuarios de agua de que paguen por la conservación de los bosques en sus cuencas, se requiere comprobar que la conservación de los bosques sería benéfica para ellos, ya que mejorarían sus servicios de agua o prevendrían el deterioro de los mismos. Quizá sea más fácil argumentar la importancia de la protección del territorio en aquellas cuencas que suministren niveles satisfactorios de servicios de agua y donde la cubierta forestal esencialmente se conserve intacta. Ante estas restricciones, aun cuando no se sepa con exactitud el vínculo que existe entre los bosques y el agua, se puede argumentar el principio de la prevención: evitar los cambios que pudieran amenazar la situación (Kaimowitz, 2000). Se planteó este argumento en el caso del acuerdo celebrado por la Liga Monteverde de Conservación y La Manguera, S.A. para proteger las aguas que se encuentran cuenca arriba de la planta de energía hidroeléctrica de La Esperanza (Rojas y Aylward, de próxima publicación). No obstante, cuando se pretenden mejorías a los servicios de agua, se necesita más información directa que aclare si los cambios de uso de suelo pueden ayudar a generar dichas mejorías y en qué medida lo pueden hacer.

Según el FONAFIFO, muchos productores de energía hidroeléctrica y otros usuarios de agua comparten el punto de vista predominante acerca del papel positivo que los bosques cumplen al proteger los servicios hidrológicos. De acuerdo con el FONAFIFO, la falta de información precisa acerca de los efectos de la cubierta forestal no es un obstáculo significativo para los acuerdos celebrados hasta la fecha. Sin embargo, el número relativamente pequeño de acuerdos celebrados hasta ahora hace difícil determinar qué tan aplicables pueden ser para otros casos las bases sobre las que se ha negociado hasta ahora. Asimismo, aun cuando los compradores potenciales compartan la creencia de que los bosques son benéficos para los servicios de agua, una mejor información de la magnitud de los vínculos entre el bosque y la hidrología ayudaría a justificar los pagos, sobre todo si éstos son cuantiosos.

En el largo plazo, la información precisa acerca de los vínculos que existen entre el bosque y la hidrología será crucial para la retención de los compradores de servicios existentes. Si los pagos de los beneficiarios dependen de que éstos reciban servicios hidrológicos, entonces se tienen que prestar dichos servicios. Sin más información acerca de la manera en que la cubierta forestal afecta a los servicios de agua, es difícil confiar sin más en que dichos servicios serán provistos. Al respecto, es interesante notar que ninguno de los acuerdos celebrados por el FONAFIFO y los productores de energía hidroeléctrica especifican el nivel de servicios de agua que recibirán los beneficiarios; sólo especifican la zona del bosque que se protegerá. Asimismo, los esfuerzos de monitoreo se limitan a verificar que los propietarios de las tierras participantes adopten las prácticas especificadas de uso de suelo; no hay monitoreo de los servicios de agua en sí. Esto respalda la creencia de que los productores de energía hidroeléctrica que ya celebraron acuerdos con el FONAFIFO están convencidos de los impactos positivos de la cubierta forestal. Queda por ver si aquellos que no han ingresado al programa comparten esta confianza, y si encuentran aceptable este esquema. El hecho de que haya tan pocos acuerdos celebrados hasta la fecha, sugiere que no es así. Por otro lado, el único acuerdo con productores de energía hidroeléctrica realizado al margen del PSA, en La Esperanza, garantiza implícitamente la prestación del servicio de agua. La fórmula del pago convenido entre el comprador del servicio del agua y el dueño de la cuenca prevé pagos crecientes o decrecientes, dependiendo de los servicios hidrológicos realmente recibidos, según lo medido por la capacidad de producir electricidad (Rojas y Aylward, de próxima publicación).

Entender los impactos hidrológicos del cambio de uso de suelo es también importante para determinar cuánto deben pagar los compradores de servicios hidrológicos. Los compradores están claramente interesados en pagar la menor cantidad posible y ciertamente no más de lo que el servicio vale para ellos. Los cálculos son particularmente difíciles porque no se les pide a los usuarios del servicio de agua que paguen por los servicios hidrológicos adicionales, sino por los cambios de uso de suelo que se espera generen dichos servicios. En los primeros días del programa de PSA, se optó por realizar los pagos de manera muy práctica, con base en los cálculos que podían hacerse según las condiciones del momento: los pagos a los participantes se basaron en las cantidades pagadas por los programas anteriores de subsidios. Debido a que la Ley 7575 enumeró cuatro servicios ambientales brindados por los bosques, este pago sencillamente se dividía entre cuatro para calcular la porción que debía pagarse por los servicios de agua. Por lo tanto, el acuerdo con Energía Global disponía que la empresa pagara $US10 por hectárea al año o la cuarta parte del pago estándar de PSA a los participantes de aquel entonces (US$40/ha anuales) (FONAFIFO, 2000). Se usó una lógica parecida en el acuerdo celebrado con El Platanar, S.A. El acuerdo privado de la planta de energía hidroeléctrica La Esperanza siguió el precedente establecido por dichos acuerdos. No obstante, ya para cuando se firmó el acuerdo con la CNFL, era evidente que las otras fuentes de fondos para el programa de PSA no estarían disponibles en los tiempos que se esperaban, y hasta los ingresos del impuesto sobre la gasolina serían menores que lo anticipado. El FONAFIFO estaba en una mejor posición para negociar pagos más elevados al plantear que, sin dichos pagos, la conservación sencillamente no iba a ocurrir.

Es particularmente difícil asegurar los pagos de los beneficiarios de los servicios hidrológicos cuando hay muchos usuarios en la cuenca. En este caso, cada usuario en lo individual tiene el incentivo de no pagar nada. Vale la pena mencionar que cada acuerdo celebrado por el FONAFIFO con un usuario de agua se caracteriza porque tal usuario es el único consumidor o, al menos, el dominante, de los servicios hidrológicos de una cuenca. La única excepción es el acuerdo con la Cervecería Costa Rica, que cubre una cuenca que abriga a muchos otros usuarios. No obstante, en este caso parece que las relaciones públicas fueron una motivación para que la Cervecería Costa Rica se uniera al programa como si de hecho estuviera recibiendo los servicios de agua.

Una vez que se llega a un acuerdo, éste se puede poner en marcha rápidamente, porque el FONAFIFO cuenta con la estructura institucional necesaria para recibir y manejar los fondos e inscribir, supervisar y pagar a los participantes en el programa. Todos los acuerdos celebrados hasta la fecha incluyen disposiciones para que los compradores de agua compensen al FONAFIFO por costos administrativos. Por ejemplo, la CNFL paga al FONAFIFO US$15/ha adicionales durante el primer año de cada contrato con cada participante para poder cubrir los costos administrativos y promocionales del FONAFIFO.

 

Desarrollar sistemas de pago que funcionen

La identificación de los usos de suelo que generan servicios hidrológicos y el convencimiento de los usuarios de agua de que deben pagar por dichos servicios, sólo son dos elementos del problema. Una vez que se hayan logrado estas dos tareas, se tiene que idear un sistema de pagos que induzca a los usuarios de la tierra a adoptar los usos de suelo deseados. Hacerlo es todo, menos fácil. Por definición, estos usos tienden a no estar en los propios intereses de los usuarios de la tierra. (7) La experiencia de los esfuerzos previos de la administración de cuencas en Costa Rica y en otras partes, está marcada por numerosos fracasos. El método adoptado por los sistemas de pago por servicios ambientales es efectuar un pago anual a los usuarios de las tierras participantes. Entre la teoría y la práctica se tiene que responder a varias preguntas concretas: ¿Cuánto se debe pagar? ¿Por cuánto tiempo? ¿A quién?

La Ley Forestal 7575 y los decretos posteriores establecen la cantidad que se paga para cada tipo de contrato. En principio, la cantidad no debe ser menor del costo de oportunidad del usuario de la tierra (o nadie participaría) ni mayor del valor del beneficio brindado (o no valdría la pena ofrecer el servicio). En la práctica, es extremadamente difícil estimar el valor real del beneficio ofrecido, pero es relativamente más fácil estimar el costo de oportunidad del agricultor. Por esta razón, así como para limitar los requerimientos presupuestarios del pago, normalmente se establecen niveles de pago ligeramente más altos que el costo de oportunidad de los usos de suelo de relativamente bajo valor, como es el caso de los pastizales. Este es el método que adoptó el programa de PSA. Los pagos por la conservación del bosque son de alrededor de US$35-40/ha/año, mientras que los contratos de reforestación son de US$538/ha a lo largo de cinco años. (8) El pago ofrecido por el manejo forestal ha resultado ser bastante atractivo, y el FONAFIFO ha tenido, para este tipo de contrato, muchas más solicitudes de las que ha podido financiar. La reforestación ha resultado menos popular; aparentemente muchos propietarios de tierras consideran que el pago ofrecido es insuficiente para justificar la inversión en la reforestación. (9) Todos los participantes del programa de PSA que desempeñan la misma actividad reciben el mismo pago, sin importar la ubicación u otras características. (10)

El Artículo 69 de la Ley Forestal 7575 autoriza servidumbres ecológicas durante periodos de cinco o de veinte años. Hasta 2000, el FONAFIFO sólo contrataba servidumbres ecológicas a cinco años, principalmente dada la incertidumbre de financiamiento futuro. Los contratos disponían pagos escalonados durante este periodo. La calendarización específica dependía del instrumento. Los contratos de conservación forestal, por mucho los más utilizados, disponían de cinco pagos anuales iguales durante el período de vida del contrato. Por otro lado, los contratos de reforestación concentraban gran parte del pago en los primeros años del contrato, y establecían pagos mucho más reducidos en los últimos años. (11) Los contratos de conservación forestal son de cinco años, renovables por consentimiento mutuo. Los contratos de reforestación estipulan un pago por cinco años, pero exigen que los participantes sigan con el uso de suelo acordado por quince años más, una restricción que se inserta en las escrituras de la propiedad para traspasársela al nuevo dueño si se vende la propiedad.

Desde un principio, los contratos celebrados según el programa de Ecomarkets y según los acuerdos con los productores de energía hidroeléctrica, tienden a enfocarse en contratos de mayor duración. Los contratos de PSA financiados bajo acuerdo con la CNFL, por ejemplo, tienen una duración de diez años, en lugar del periodo estándar de cinco años del programa de PSA. Todos los contratos cofinanciados por el Fondo Mundial del Medio Ambiente (GEF), bajo el proyecto de Ecomarkets, tendrán una obligación de convenio de veinte años en periodos sucesivos de cinco años, que se renovarán automáticamente cuando los recursos lo permitan y los propietarios de la tierra hayan cumplido sus obligaciones del pacto.

El establecimiento de sistemas confiables de monitoreo y verificación de los contratos es una parte importante en cualquier sistema de pagos. El monitoreo se lleva a cabo principalmente por las agencias responsables de celebrar los contratos con los granjeros, incluyendo al Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), a la Fundación para el Desarrollo de la Cordillera Volcánica Central (FUNDECOR) y a los regentes, con auditorías periódicas para verificar la precisión del monitoreo.

 

Temas institucionales y de economía política

Al trabajar sobre la base de los proyectos previos de subsidios forestales, Costa Rica fue capaz de crear con relativa rapidez un sistema nacional detallado de pago por servicios ambientales. Como se verá a continuación, hubo inconvenientes. Muchos de los detalles de los esquemas previos que fueron incluidos en el programa de PSA no eran óptimos desde la perspectiva de generar servicios hidrológicos, sobre todo por su falta de focalización. Con la experiencia, se están corrigiendo muchos de estos puntos débiles. Por supuesto, no se trata de un tema netamente técnico. La tendencia hacia la focalización ha sido impulsada por la demanda de los compradores de los servicios, pero los grupos de presión a favor de la reforestación prefieren pagos sin definir servicios específicos (y por lo tanto más accesibles). Si las negociaciones con el Ministerio de Hacienda no hubieran dado como resultado la especificación de objetivos en cuanto al uso del financiamiento derivado del impuesto especial sobre la gasolina, los compradores de servicios interesados en la focalización de PSA habrían influido mucho menos en el diseño del programa.

Las limitaciones institucionales de algunos compradores potenciales de servicios han impedido, en ocasiones, el avance del programa de PSA. Tales limitaciones han dificultado, por ejemplo, que a pesar de cuatro años de negociaciones no haya llegado a un acuerdo con el proveedor de agua doméstica, el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillado (AyA). Se trata de un organismo dominado desde hace mucho por ingenieros, por lo que no hubo un interlocutor natural que facilitara las negociaciones entre el AyA y el FONAFIFO. Además, agregar una tarifa a las cuentas del agua para financiar las actividades de conservación requiere de una autorización normativa, un obstáculo particularmente difícil de superar en periodos electorales. Por otro lado, las características institucionales de los compradores a veces fomentan su participación. Energía Global, el primer productor de energía hidroeléctrica que acordó pagar por los servicios de agua, es controlada por la familia del presidente de Costa Rica (quien creó el programa de PSA). Como ya se mencionó, la Cervecería Costa Rica estaba ávida por financiar actividades de conservación debido a su efecto términos de relaciones públicas.

Desde el punto de vista del proveedor, la principal barrera institucional es el requisito de que los participantes tengan títulos de propiedad. Esto es una limitante impuesta por la ley costarricense, que prohíbe el uso de fondos públicos para contratos con propietarios que no posean títulos de propiedad. Sin embargo, muchos propietarios costarricenses carecen de dichas escrituras. Por ejemplo, en la cuenca del Río Volcán, este problema limita la participación en el programa de PSA a sólo el 30% del área programada para ser protegida bajo el contrato con Energía Global (véase la Tabla 3.1). De una manera parecida, en la cuenca del Río San Fernando, sólo se pudo inscribir en el programa un 45% del territorio acordado. Esta restricción fue aún más grave en la cuenca del Río Platanar, donde sólo se pudo inscribir en el programa el 12% del territorio acordado. Para superar este problema, se modificó el acuerdo celebrado entre el FONAFIFO y El Platanar, S.A. para permitir la participación de los propietarios sin escrituras. Cuando es el FONAFIFO el que administra los fondos privados, las restricciones legales mencionadas no aplican. Por lo tanto, la solución fue la creación de un contrato paralelo, parecido en todos los aspectos al contrato con el programa de PSA, pero financiado por completo con fondos proporcionados por El Platanar S.A. Mientras que los propietarios con escrituras reciben el pago estándar de PSA de US$42/ha anuales, diez de ellos son aportación de Platanar S.A., los propietarios sin escrituras reciben US$30/ha anuales, aportados completamente por El Platanar, S.A. El FONAFIFO está negociando modificaciones similares a los contratos existentes celebrados con otros productores de energía hidroeléctrica.

Como todos los sistemas, el programa de PSA en Costa Rica enfrenta costos de transacción sustanciales. Por ley, los costos administrativos del sistema de PSA se limitan al 5% de los fondos. Además de sus propios costos administrativos, el programa de PSA también impone costos de transacción a los participantes a causa del requisito de elaborar planes de manejo. Los costos de elaborar dichos planes son más onerosos para los pequeños propietarios. Con la finalidad de evitar la exclusión de los pequeños propietarios, se diseñó un mecanismo mediante el cual los grupos de agricultores pueden presentar un plan de manejo conjunto (Castro et al. , 1997). Bajo este mecanismo, las organizaciones no gubernamentales, como la FUNDECOR, trabajan para agrupar a varios pequeños propietarios (normalmente con menos de 20 ha cada uno) en un contrato y luego el FONAFIFO emite un solo contrato con la ONG. Un estudio realizado entre 1995 y 1997 encontró que el 60% de todos los participantes en el programa de PSA, que represen el 40% de todas las tierras bajo contrato, habían celebrado dichos contratos comunitarios (Banco Mundial, 2000b).

Las negociaciones de acuerdos individuales con cada potencial comprador de servicios de agua también imponen costos importantes de transacción. Con el fin de reducir estos costos, el FONAFIFO explora la posibilidad de crear certificados que aseguren la protección de una zona en particular. En lugar de negociar con el FONAFIFO para celebrar un contrato para la protección de una cuenca en particular, los compradores de servicios de agua podrían comprar el número requerido de certificados. Entonces el FONAFIFO tomaría los ingresos para financiar la conservación de la cuenca en cuestión. (12)

 

Resultados

El método utilizado por el programa de Pago por Servicios Ambientales (PSA) ha tenido buenos resultados desde la perspectiva del número de solicitudes recibidas, las cuales rebasan por mucho los recursos disponibles. La siguiente discusión se concentra en cinco temas:

•  el efecto del programa de PSA sobre la cubierta forestal;

•  la eficiencia del programa de PSA en términos de generar los servicios hidrológicos deseados;

•  el costo/efectividad de la generación de servicios de agua;

•  la sustentabilidad en términos de asegurar los servicios hídricos deseados sean proveídos a largo plazo; y

•  sus impactos en la equidad.

 

El efecto sobre la cubierta forestal

El programa de PSA ha tenido una gran aceptación entre los propietarios de las tierras y las solicitudes de participación rebasan por mucho los recursos disponibles. A mediados del año 2000, se habían integrado más de 200,000 ha de bosque al programa, a un costo de alrededor de US$47 millones. (13) El FONAFIFO tiene solicitudes pendientes que cubren otras 800,000 ha que no ha podido atender por falta de fondos.

De los diferentes contratos que ofrece el sistema de PSA, los contratos de conservación forestal son por mucho los más populares, representando el 82.5% de todos los contratos. La administración forestal sustentable representa el 10.2% de los contratos y la reforestación el 7% (FONAFIFO, correspondencia personal). Por lo tanto, el impacto del programa de PSA probablemente se encuentra en la prevención de la deforestación y no en el aumento de la cubierta forestal.

En la valorización del impacto que el programa ha tenido sobre la cubierta forestal, una pregunta clave es si este aumento es incremental; es decir, ¿cuánta deforestación o reforestación habría ocurrido en la misma tierra en ausencia del programa de PSA? Hay cierta evidencia de que el pastizal en cualquier caso llegaba a ser menos provechoso, particularmente en áreas marginales, y que de todos modos pudo haber ocurrido una cierta reversión natural hacia el bosque (White et al. , 2001). No obstante, Aylward et al. (1998) encuentran que los pastizales pueden ser bastante rentables en algunas zonas. Los datos sobre la deforestación son tan poco fiables en Costa Rica como en la mayoría de los países, lo cual hace difícil responder esta pregunta. Las estimaciones muestran que para 1997, las tasas anuales de deforestación cayeron desde un punto máximo de quizá 50,000 ha a menos de 20,000 ha; la reforestación habría reducido la pérdida neta del bosque, y de hecho habría resultado en una ganancia neta durante los últimos años (Banco Mundial, 2000a). (14) Por tanto, el promedio de 40,000 ha protegidas por el programa de PSA cada año puede desempeñar un papel importante para proteger los bosques de Costa Rica, aun si sólo una parte de dicha superficie es realmente incremental.

 

Eficiencia en el suministro de servicios hidrológicos

Probablemente, la eficacia total del programa de PSA en términos de proveer servicios hidrológicos no es muy alta, aunque la falta de datos acerca de la relación entre bosque y agua la hace muy difícil de evaluar. Los servicios de agua dependen de la naturaleza del uso de suelo y de la ubicación. Un sistema de pagos no diferenciados, en donde todos pueden participar y que paga a todos las mismas cantidades, será mucho más caro que un programa focalizado, porque el primero incluiría a muchos participantes que ofrecen pocos o ningún beneficio y podría excluir, por falta de fondos, a muchos participantes potenciales que ofrecerían mayores beneficios. Hasta hace poco, el programa de PSA no tenía, en general, objetivos específicos; aunque algunas zonas estaban identificadas como prioritarias, en general cualquier propietario de tierra de cualquier parte de Costa Rica era candidato a participar. Los criterios para la participación se limitaban al requisito legal de contar con las escrituras y la elaboración de un plan de administración satisfactorio. Había metas específicas, aunque limitadas, en términos macro, dirigidas particularmente al objetivo prioritario de conservar la biodiversidad, pero no las había en términos micro (por ejemplo, no había un esfuerzo por enfocarse en zonas particulares dentro de las cuencas particularmente valiosas desde una perspectiva de servicios hidrológicos, tales como las zonas ribereñas o las laderas empinadas). Un análisis de la eficiencia del programa de PSA en suministrar servicios de protección de la biodiversidad, por ejemplo, demostró que el mismo grado de protección podría lograrse con mayor costo/efectividad al aumentar el tamaño de las áreas protegidas (Banco Mundial, 2000b). (15) La ventaja de las áreas protegidas sobre el programa de PSA es precisamente su capacidad de establecer metas para la protección de un grupo específico de tierras, lo que permite maximizar la el grado de protección alcanzada por cada dólar gastado.

En años recientes se ha visto la evolución del programa de PSA hacia un mayor establecimiento de objetivos específicos y de medidas eficientes para alcanzarlos (focalización). Los usuarios de servicios tales como los productores de energía hidroeléctrica, han insistido en que la conservación financiada por ellos debe destinarse a las zonas que a ellos les interesen. Por lo tanto, los productores de energía hidroeléctrica sólo financian pagos en las cuencas de las cuales toman el agua. De una manera similar, el financiamiento del GEF para la protección de la biodiversidad está dirigido a los usuarios de la tierra en zonas consideradas de alto interés por su biodiversidad. (16) En consecuencia, el punto débil del programa de PSA tal como se ejecutó originalmente se está corrigiendo rápidamente. Sujeto a las incertidumbres creadas por los escasos datos hidrológicos, el costo/efectividad probablemente aumente también.

 

El costo/efectividad del suministro de servicio de agua

La eficiencia consiste en no sólo generar altos niveles de servicios, sino también en no generarlos cuando el valor del servicio es bajo o el costo es excesivo. En este sentido, el costo que importa es el costo de oportunidad social de las tierras no aprovechadas, no el costo financiero del pago a los usuarios de las tierras. Dado que los pagos a los usuarios de las tierras bajo el programa de PSA son relativamente bajos, la probabilidad de que el costo de oportunidad sea excesivo, es poca. Las regiones con altos costos de oportunidad sencillamente no serán inscritas en el programa. (17)

Un problema relacionado con esto es el de evitar los incentivos perversos. Por ejemplo, un estudio de la Organización de Alimentos y Agricultura de la Naciones Unidas (FAO) sobre los incentivos de reforestación de Costa Rica a finales de los años ochenta y principios de los noventa (previo al programa de PSA) arrojó que las empresas compraban superficies de bosques naturales, explotaban la madera y luego solicitaban créditos para la reforestación (Morell, 1997). Para abordar este problema, el FONAFIFO requiere que los solicitantes certifiquen que la madera en pie no ha sido explotada por lo menos durante dos años previos a la firma del contrato.

 

Sustentabilidad

La sustentabilidad tiene dos dimensiones: asegurar que los beneficiarios sigan pagando por los servicios que reciben y asegurar que los proveedores de los servicios sigan prestando los servicios.

La sustentabilidad de los pagos significa que los compradores de servicios deben quedar satisfechos con los servicios por los que pagan. Por lo tanto, el hecho de que prácticamente no haya monitoreo de este impacto, constituye una amenaza potencial a la sustentabilidad del programa a largo plazo. Aun cuando el vínculo entre la cubierta forestal y los servicios de agua fuera exactamente el esperado, un monitoreo cuidadoso sería útil, ya que permitiría una mejor selección de las zonas donde la cubierta forestal sea particularmente útil; o el refinamiento de los usos de suelo que son elegibles.

Actualmente, es difícil valorar la sustentabilidad de los cambios de uso de suelo fomentados por el programa de PSA, pues ninguno de los contratos celebrados hasta el momento han terminado. En el caso de los contratos de conservación forestal, los cuales constituyen la gran mayoría de los contratos celebrados con los propietarios, no hay expectativa de sustentabilidad, a menos que dichos contratos sean renovados. Sin la continuidad de los pagos, los propietarios claramente ya no tendrían los incentivos adicionales para conservar los bosques. (18) El FONAFIFO sí pretende renovar estos contratos en la medida en que los recursos lo permitan. (19) En el caso de los contratos de reforestación, la expectativa es que los propietarios sigan con el uso de suelo acordado aún después de detenerse los pagos. De hecho, es un requisito legal estipulado en el contrato. La lógica aquí es que los pagos de PSA ayudan a los propietarios a financiar la inversión inicial de la reforestación, convirtiendo lo que habría sido una inversión poco rentable en una rentable. Debido a que los participantes en el programa de PSA que firmaron dichos contratos siguen recibiendo los pagos, es imposible valorar en esta etapa qué es lo que pasará una vez que éstos se suspendan. Sin embargo, el historial de otros programas que financiaban la reforestación de una manera parecida no permite formarse expectativas optimistas.

 

La equidad

Alrededor del 60% de los participantes en el programa de PSA son pequeños o medianos agricultores inscritos en contratos comunitarios (Banco Mundial, 2000b). En general, es improbable que los propietarios de tierras de alta productividad entren en el programa de PSA, debido a los pagos relativamente bajos. Es más probable que los dueños de las tierras de bajo rendimiento sean de escasos recursos, a que lo sean los propietarios de tierras de alta productividad. No hay información socioeconómica disponible de los hogares de las cuencas para quienes están destinados los pagos por servicios de agua. Sin embargo, el bajo porcentaje de tierras escrituradas en estas cuencas indica que sus habitantes tienden a ser pobres. Los estudios de los corredores biológicos seleccionados para los pagos financiados por el GEF bajo el programa de Ecomarkets, algunos de los cuales se traslapan con las cuencas seleccionadas para los pagos por servicios de agua, revelaron que dichos corredores se encontraban entre las zonas más pobres de Costa Rica (Banco Mundial, 2000b). El elevado nivel de solicitudes de participación en el programa de PSA presenta una sospecha razonable de que los pagos ofrecidos son más altos que los ingresos que podrían obtener los agricultores de estas tierras por otros medios. Por lo tanto, aunque ni el programa de PSA en general, ni sus actividades de servicios de agua en particular, pretenden específicamente erradicar la pobreza, es probable que proporcionen ingresos adicionales valiosos para los hogares relativamente pobres de los granjeros.

Las restricciones que impiden la participación de los propietarios sin títulos de propiedad, es probablemente el obstáculo más importante para que los propietarios más pobres se beneficien del programa de PSA. Es importante recordar que dicha limitación emana de las leyes de Costa Rica y no del programa de PSA en sí. El FONAFIFO ha tratado de superar este obstáculo, como es el caso del contrato modificado con El Platanar, S.A.

Es importante señalar que, no obstante el interés en conocer el impacto que el programa de PSA podría tener sobre la equidad, el programa no debe convertirse en un instrumento para erradicar la pobreza o para lograr otros objetivos sociales. El establecimiento de pagos a partir de criterios que no sean la prestación de servicios de agua específicos, desincentivaría rápidamente a los compradores de los servicios y acabaría con los recursos. Por otro lado, en la medida en que obstáculos tales como la necesidad de poseer títulos de propiedad impidan participar a los hogares pobres, es necesario realizar esfuerzos para superarlos.

 

Conclusiones

El programa de PSA de Costa Rica es un enfoque innovador para un problema que hasta la fecha ha resistido cualquier solución. No obstante, el que sea innovador tiene sus desventajas. Como es inevitable con los programas novedosos, surgen varios problemas y puntos débiles, muchos de los cuales se abordan conforme avanza el programa.

Cualquiera que sea la valoración que se haga del programa de PSA en general, es claro que hasta la fecha sólo una muy pequeña parte de la superficie tratada según los términos de este programa (2,400 ha de las 200,000 ha) ha sido financiada específicamente por los pagos por servicios hidrológicos, aunque se espera que esta proporción aumente rápidamente durante los próximos años. Apenas se ha explotado el potencial de financiar la conservación forestal con pagos por servicios de agua. En cuanto a los productores de energía hidroeléctrica, además de las cuatro plantas particulares que han acordado pagar por los servicios hídricos, hay otras cinco plantas que no lo han hecho todavía y varias otras están en diferentes etapas de construcción.

La principal debilidad existente, que afecta tanto a la efectividad actual del programa como su sustentabilidad futura, es la falta de información, cualitativa y cuantitativa, confiable y precisa sobre los vínculos entre la cubierta forestal y los servicios de agua.

El programa costarricense de PSA tiene un alcance nacional y pretende prestar una variedad de servicios. En muchos casos, el sistema es demasiado grande. Muchas de las situaciones específicas cubiertas por el programa de PSA podrían haber sido manejadas con mecanismos ad hoc , como en el caso de La Esperanza, por ejemplo. Sin embargo, se trata de un caso atípico, pues toda la cuenca pertenece a un organismo: la Liga Monteverde de Conservación. Por lo tanto, el comprador de servicios pudo negociar directamente con el vendedor (Rojas y Aylward, de próxima publicación). En la mayoría de los casos, las cuencas pertenecen a muchos propietarios. Bajo estas circunstancias, probablemente la creación de estructuras pertinentes para cada caso resulte difícil y costosa. Dado que el programa de PSA ya cuenta con el marco institucional necesario, podrá abordar nuevos problemas a un costo adicional muy bajo.

 

El potencial de duplicación

El problema abordado por el programa de PSA es muy común: los bosques proporcionan muchos servicios a personas que no son las que los aprovechan directamente. En particular, los bosques juegan un papel importante en el suministro de servicios hidrológicos, cuyos beneficios los disfrutan las personas de la parte baja de la cuenca. Este desajuste significa que las decisiones de manejo forestal muchas veces no son las óptimas. Los esfuerzos de Costa Rica por innovar un sistema de pagos sustentables de los servicios ambientales, han generado considerable interés. Sus vecinos centroamericanos lo han observado detenidamente y algunos de ellos estudian enfoques similares.

Además de Costa Rica, El Salvador es el país centroamericano que ha progresado más en la creación de un sistema de pagos por servicios ambientales (Pagiola y Platais, de próxima publicación; Herrador y Dimas, 2000). (20) Una exorbitante deforestación ha reducido la cubierta forestal a menos del 12% de la superficie del país, el nivel más bajo de Centroamérica y el segundo más bajo de América Latina, después de Haití. Se cree que la deforestación contribuye a una multitud de problemas, incluyendo mayor vulnerabilidad a las inundaciones y deslaves (los dos ya son fenómenos frecuentes); reducción en el abastecimiento de agua durante la temporada de secas; y la sedimentación de presas y daños a los sistemas de riego y de distribución municipal de agua. Sin embargo, como en el caso de Costa Rica, no se ha establecido el vínculo entre la deforestación y estos problemas de manera concluyente ( Kaimowitz, 2000).

Con la asistencia del Banco Mundial (21) y para abordar los problemas mencionados en el párrafo anterior, El Salvador consideró el establecimiento de un sistema de pago por servicios ambientales parecido al de Costa Rica. Este sistema utilizaría los mecanismos de pago para obtener servicios ambientales tales como la protección de cuencas y la creación de corredores de biodiversidad para vincular las áreas protegidas del país (Pagiola y Platais, de próxima publicación). El razonamiento inicial se encaminó a los esfuerzos por reducir la vulnerabilidad a las inundaciones y los deslaves, en parte por la urgencia y en parte por la disponibilidad de datos que permitirían la identificación de las zonas en riesgo. También se usaría el mismo mecanismo de pagos para fomentar la adopción de usos de suelo propicios para la biodiversidad en los corredores que comunican a las áreas protegidas, todo ello con el financiamiento del GEF. Se introducirán posteriormente medidas para asegurar otros beneficios nacionales, incluyendo varios servicios hidrológicos, cuando se la información esté disponible. Desde entonces, el programa ha evolucionado para abarcar una gama más amplia de beneficios nacionales desde su inicio, incluyendo no sólo la reducción de riesgo sino también medidas para disminuir la sedimentación de las vías fluviales y para mejorar la administración de los recursos hídricos. En cada caso, las intervenciones estarían vinculadas directamente a los pagos de los beneficiarios desde el inicio, en lugar de los fondos genéricos, como el impuesto sobre la gasolina de Costa Rica. Los esfuerzos iniciales se encaminarían a cuatro o cinco subcuencas de alta prioridad, en lugar de intentar establecer un programa nacional de servicios ambientales.

Es probable que la alta densidad demográfica de El Salvador y la presión que las personas ejercen sobre las tierras disponibles hagan poco práctica la reforestación como la medida primaria para generar servicios ambientales. Más bien, se están buscando prácticas de uso de suelo que permitan el uso productivo continuo de la tierra y que paralelamente generen externalidades positivas. Por ejemplo, el café de sombra puede albergar altos niveles de biodiversidad (véase el Capítulo VII) y también puede generar servicios hidrológicos.

Debido a que se planea que los pagos provengan de los beneficiarios del servicio y a que se pretende maximizar la eficiencia del programa, se focalizarán los esfuerzos desde el inicio, en términos macro (cuencas) y micro (dentro de las cuencas). Con el fin de reducir los costos de transacción y simplificar la celebración de contratos, los participantes no tendrían que elaborar planes de manejo. Más bien, el programa produciría listas de actividades elegibles para las áreas seleccionadas, basadas en los servicios que se pretenden obtener (por ejemplo, las actividades para reducir la sedimentación no tienen por qué ser iguales a las orientadas a la creación de corredores biológicos entre las áreas protegidas). Los contratos tendrían una duración relativamente corta, pero serían renovables indefinidamente. Esto tendría dos ventajas: se podría castigar el incumplimiento sencillamente por no renovar el contrato, y se podría modificar frecuentemente la lista de actividades que no satisfagan los requisitos conforme se disponga de mayor información de los nexos entre los usos de suelo particulares y los servicios ambientales.

Hay dos retos principales que enfrentaría El Salvador al establecer dicho sistema. El primero sería la necesidad de identificar las áreas que producen servicios ambientales y aquellas actividades específicas dentro de ellas que generen los servicios. El segundo sería el tener que establecer las instituciones que administrarían el programa, mediante la fundación de instituciones apropiadas o al fortalecer la capacidad de las ya existentes. Se está estableciendo un comité directivo para elaborar el proyecto encabezado por el Ministerio del Medio Ambiente (MARN) de El Salvador, que incluiría a representantes de otras dependencias, ONG, compradores potenciales de servicios como la compañía nacional de electricidad, los municipios y grupos de la sociedad civil.

 

Notas

(1)  Este capítulo se ha beneficiado de las discusiones con Edgar Ortiz, del Proyecto Ecomarkets, Jorge Mario Rodríguez, Alejandra Sáenz Faerrón, Oscar Sánchez Cháves, Bayardo José Reyes Guerrero y Luis Sage Mora del FONAFIFO; John Kellenberg, Jeff Muller y Gunars Platais del Banco Mundial; y Bruce Aylward. Los errores son responsabilidad exclusiva del autor. Todas las opiniones expresadas en el presente texto son del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de Banco Mundial.

(2)  Muchos factores, además del uso de suelo, también pueden tener efectos importantes en los servicios hidrológicos. Por ejemplo, la contaminación por descargas de fuentes domésticas, industriales y agrícolas está afectando gravemente la calidad del agua, por ejemplo, mientras que los asentamientos en las áreas bajas aumentan la cantidad de gente vulnerable a las inundaciones.

(3)  Es interesante notar que muchos proyectos otorgaron subsidios para la adopción de prácticas particulares de uso de suelo aun y cuando se argumente que era del interés de los usuarios de la tierra adoptarlas. Dichos subsidios normalmente se justifican como un apoyo para superar las limitaciones crediticias o la aversión a riesgos.

(4)  Los regentes son ingenieros forestales certificados. Constituyen el equivalente forestal de un notario público, calificados para certificar que las actividades cumplen con las normas del manejo forestal.

(5)  El FONAFIFO espera convencer al AyA de poner en práctica un modelo similar de tarifa suplementaria de agua en los municipios que sirve y los recursos serían canalizados por el FONAFIFO al programa de PSA.

(6)  La Ley No. 7200 de 1990 privatizó parcialmente la generación de energía eléctrica en Costa Rica. Los productores privados de energía deben usar fuentes de energía renovables tales como la hidroelectricidad y se limita a plantas de 20 megawatts de capacidad instalada. Su aportación combinada no puede rebasar el 15% de la capacidad instalada del país.

(7)  Kishor y Constantino (1993), por ejemplo, encontraron que el desmonte de tierras para pastizales era más rentable para los propietarios que mantener el bosque natural.

(8)  Los niveles de pago se ajustan periódicamente a la inflación. Los pagos actuales para la conservación forestal son alrededor de US$42/ha/ al año.

(9)  El FONAFIFO está estudiando la creación de un programa paralelo de incentivos para la reforestación orientado a aumentar la producción de madera.

(10)  La única excepción es el caso de la cuenca del Río Platanar presentada a continuación.

(11)  De acuerdo con el contrato de reforestación, el 50% del pago de US$538/ha se efectúa en el primer año, el 20% en el segundo año, el 15% en el tercer año, el 10% en el cuarto año y el 5% en el quinto año.

(12)  El FONAFIFO explora la posibilidad de hacer negociables estos certificados y venderlos en subastas o mediante otro mecanismo del mercado en lugar de venderlos a un precio fijo. Dado que los servicios de agua son muy específicos al sitio, no es claro si existiría un mercado secundario significativo para dichos certificados.

(13)  La cubierta forestal total de Costa Rica es de alrededor de dos millones de hectáreas, de las cuales un poco más de la mitad es propiedad privada.

(14)  Nótese que esta estimación incluye los efectos de los subsidios previos al programa de PSA, a la reforestación y al manejo forestal.

(15)  Sin embargo, aumentar el tamaño de las áreas protegidas habría sido mucho más costoso en términos financieros, dada la necesidad de comprar tierras para este fin.

(16)  Según el proyecto de Ecomarkets, la mitad de las servidumbres ecológicas cofinanciadas por el GEF serían para zonas dentro de la porción costarricense del Corredor Biológico Mesoamericano en Tortuguero, La Amistad Caribe y la Península de Osa. La otra mitad sería para otras áreas prioritarias identificadas en la evaluación de 1996 de las prioridades de conservación (Informe GRUAS).

(17)  No obstante, los pagos relativamente bajos a los usuarios de las tierras tienen la desventaja de hacer su participación vulnerable a cambios de rentabilidad relativamente pequeños de los usos de suelo alternativos. El bajo nivel de pagos del programa de PSA fue uno de los motivos para la creación en Heredia de un sistema paralelo de pago por servicios ambientales en su cuenca. Los costos de oportunidad de la tierra son relativamente altos en dicha cuenca y los pagos bajo el contrato de conservación del programa de PSA habrían resultado demasiado bajos como para atraer a los participantes.

(18)  Es importante remarcar que lo que importa es la duración del pago, no la duración del contrato. Un contrato que dura relativamente pocos años antes de renovarse resulta atractivo de muchas maneras porque permite un ajuste periódico de los términos contractuales y una revaloración de la utilidad de celebrar contratos de zonas específicas.

(19)  Debido a que la mayoría de las fuentes de financiamiento insisten en pagos con metas específicas, podrán no renovarse los contratos fuera de las áreas seleccionadas. Por lo tanto, el proceso de renovar contratos ayudará a aumentar gradualmente la eficiencia en la prestación de servicios.

(20)  También han habido numerosas iniciativas locales. Por ejemplo, el municipio de San Francisco de Menéndez acordó pagar a varios elementos de seguridad en el Parque Nacional El Imposible, que ayudarán a proteger la cuenca que abastece de agua a la comunidad.

(21)  Desde fines de 1999, el Banco Mundial ayuda al Ministerio del Medio Ambiente (MARN) de El Salvador a elaborar un proyecto para establecer un sistema de pagos por servicios ambientales en dicho país. El trabajo se detuvo provisionalmente después de los terremotos devastadores que asolaron a El Salvador en enero de 2001, pero se reanudó a fines de 2001.

 

 

 

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Última Actualización: 15/11/2007