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Los asentamientos humanos y el cambio climático global

 

Adrián Guillermo Aguilar*

 


LA URBANIZACIÓN Y EL CAMBIO CLIMÁTICO GLOBAL

 

LOS EFECTOS QUE EL cambio climático puede tener en los asentamientos humanos son particularmente importantes para México, debido a la rapidez con la que nos hemos convertido en un país predominantemente urbano. Actualmente el número de ciudades en el país es muy alto, y entre ellas encontramos no sólo las grandes metrópolis que son centros económicos de enorme importancia, sino además ciudades chicas y medianas vinculadas con actividades manufactureras, turísticas, petroleras y de prestación de servicios que desempeñan un rol productivo, comercial y de servicios muy relevante en las diferentes regiones del país.

A la vez que los centros urbanos son centros neurálgicos de la concentración económica y poblacional, son un ejemplo claro de las desigualdades socioeconómicas y las deficiencias de infraestructura que están presentes en nuestra sociedad. El acelerado proceso de urbanización que México experimentó en la última mitad del siglo veinte no permitió que la política urbana dotara al mismo ritmo de empleos y de servicios públicos (vivienda, drenaje, agua entubada etc.) a la población urbana. De esta forma, estas mismas deficiencias incrementan la vulnerabilidad de las ciudades a los probables cambios climáticos como se tratará de explicar más adelante.

El crecimiento de la población y su tendencia a concentrarse en ciudades es uno de los factores más importantes que propician la emisión de gases que aumentan la temperatura global del planeta, y que dan lugar al llamado “efecto invernadero” (ver el capítulo ¿Qué es el efecto invernadero?, de R. Garduño, en la sección I). El proceso de urbanización y las actividades económicas asociadas a él, como la industria, la generación de electricidad o el transporte, crean en diferentes grados prácticamente todos los tipos de gases con efecto invernadero. De hecho, el bióxido de carbono es el gas que más se genera, y es producido sobre todo por el sector energético, que incluye toda la actividad industrial y el transporte, así como los usos residenciales y comerciales (ver los capítulos Los gases de efecto invernadero y sus emisiones en México, de L.G. Ruiz X. Cruz, y Los principales países emisores, emisiones históricas, de J. L. Arvizu, en la sección.

I). De acuerdo con lo anterior, en cada país es necesaria una política para reducir la emisión de gases de efecto invernadero con el objeto de contribuir a disminuir los efectos de un cambio climático. Las acciones locales y de cada asentamiento cobran una gran importancia para mitigar los efectos del cambio climático (ver los capítulos de la sección IV).

 

EL SISTEMA DE ASENTAMIENTOS HUMANOS EN MÉXICO

 

La distribución de población en el nivel de localidad se ha caracterizado principalmente por: i) un notable incremento en el número de localidades predominantemente rurales que ha dado lugar a una gran dispersión de población; ii) una pérdida relativa de población rural que ha intensificado la concentración urbana; iii) la consolidación muy reciente de un cada vez más numeroso conjunto de ciudades intermedias receptoras de población metropolitana y de la actividad manufacturera que ha perdido la ciudad de México, y iv) el predominio de unas cuantas aglomeraciones metropolitanas que ocupan los primeros lugares del sistema urbano nacional (Aguilar y Graizbord 2002).

La distribución de población en el nivel de localidad rural en nuestro país se ha caracterizado por su dispersión atendiendo a la existencia de gran número de asentamientos humanos de pequeñas dimensiones. Del total de localidades rurales en 1995, que era de 199,768 asentamientos, que además representaban 99% del total de asentamientos en el país, 76% eran menores de 100 habitantes. Nada más de 1970 a 1995, el número de localidades con menos de 2,500 habitantes aumentó a más del doble al pasar de 95,410 a 198,311; sin embargo, la población que concentraban esas mismas localidades disminuyó notablemente al pasar de casi 20 millones de personas en 1970, 41% del total nacional, a poco más de 12 millones de habitantes en 1995, 14% del total nacional. Es decir, aparentemente aumentó la dispersión de localidades, pero disminuyó la concentración de población en ese universo rural.

Para apreciar de manera más clara las diferencias en la distribución de población en el sistema urbano nacional es necesario distinguir al menos tres tamaños de centros urbanos: ciudades pequeñas (de 15 mil a 99 mil habitantes); ciudades intermedias (de 100 mil a 999 mil habitantes), y ciudades grandes (mayores a un millón de habitantes).

Es a partir de 1970 cuando esos asentamientos de dimensiones pequeñas incrementan su importancia, al grado de que en ese año llegaron a 218 (tres veces más que en 1950) y su población representó 14.4% del total. Para los siguientes 25 años, esos centros urbanos mantuvieron su importancia, y aunque su porcentaje de población disminuyó ligeramente (un punto porcentual), su número aumentó a 373.

Las ciudades intermedias, particularmente las de mayor tamaño, son cada vez más numerosas. El número de ciudades de 100 mil a menos de un millón de habitantes se incrementó de 32 en 1970 a 101 en 1995; pero la más marcada expansión se dio en los centros intermedios más grandes (entre 500 mil y un millón de habitantes), que pasaron de dos a 21 en el periodo, recibiendo mucho del impacto de la desconcentración y del acelerado crecimiento de la población urbana. En general, esas ciudades han mostrado una tasa de crecimiento promedio superior a las ciudades mayores de un millón de habitantes.

Durante muchas décadas, el término de “ciudad grande” estuvo asociado sin lugar a dudas a la gran aglomeración de la ciudad de México, pero sobre todo a partir de 1970, otras ciudades se han incorporado a esta categoría al sobrepasar el millón de habitantes y constituirse en indiscutibles metrópolis regionales, tal es el caso de Guadalajara, Monterrey y Puebla. Para 1995 ya existen en el país siete ciudades de esa dimensión. Un rasgo característico de esas ciudades en los últimos años es que su ritmo de crecimiento ha disminuido respecto a las ciudades intermedias. Sin embargo, su peso absoluto ha aumentado respecto al total del país: en 1970, la población que vivía en localidades mayores de un millón de habitantes, considerando toda su área metropolitana, representaba 24% de la población nacional, y para 1995 en ellas residía más de 30% de la población total del país.

 

ELEMENTOS NO CLIMÁTICOS QUE AFECTAN LA VULNERABILIDAD

 

Existen varias tendencias socio económicas y ambientales que son características del desarrollo y transformación de los asentamientos humanos que interactúan con los impactos del cambio climático y que pueden exacerbar o mitigar los efectos del cambio climático. El cambio climático, en sí mismo, no es probable que sea mucho más importante que otro tipo de factores de naturaleza económica o tecnológica; es la combinación con otros elementos de presión, como el crecimiento poblacional, lo que puede ocasionar que el cambio climático exacerbe la vulnerabilidad de un contexto sujeto a varios elementos de presión.

Entre los factores no climáticos que pueden afectar la vulnerabilidad de los asentamientos humanos podemos mencionar los siguientes:

  1. El crecimiento demográfico. La mayor parte de las regiones y de los asentamientos en México se espera que sigan experimentando un crecimiento demográfico. Naturalmente, los ritmos de crecimiento son mayores al promedio para los centros urbanos que para el resto de las localidades, además de que ciertas regiones muestran crecimientos más rápidos; tal es el caso, por ejemplo, de la Región Centro, la Región Fronteriza del norte, y aquellos asentamientos vinculados con la actividad turística, la petrolera, la agricultura de exportación, y la manufacturera.
  2. Urbanización. Este proceso se refiere a la proporción de población que vive en localidades urbanas (mayores a 15,000 habitantes). Actualmente más de 60% de la población nacional vive en centros urbanos, y esta misma tendencia hacia una sociedad predominantemente urbana indica que los probables cambios climáticos afectarán crecientemente a centros urbanos. 

    Las tendencias recientes señalan que los crecimientos más rápidos están sucediendo en ciudades medias de 100 mil a menos de un millón de habitantes y en una gran cantidad de ciudades chicas. Sin embargo, las ciudades más grandes del país: la ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, han alcanzado un tamaño sin precedentes y son el centro de enormes aglomeraciones metropolitanas.
  3. Niveles de pobreza. La tendencia reciente muestra que la población que vive por debajo de la línea de pobreza se ha venido incrementando en el país. Una creciente proporción de esa población pobre se localiza en las áreas urbanas, y en números absolutos tiende a superar a aquella que se localiza en asentamientos rurales. En general, dicha población pobre no sólo obtiene un ingreso muy bajo, sino que, además, no tiene acceso a bienes básicos como vivienda y servicios urbanos básicos. Una situación de pobreza reduce la capacidad de la población de tomar algún tipo de acción para adaptarse al cambio climático, e incluso puede exacerbar sus efectos.
  4. Sistemas de energía. Estos sistemas muestran importantes cambios en años recientes. Cada vez más, el uso de combustibles naturales, como el carbón vegetal, es menos frecuente y es notable el incremento del consumo de energía eléctrica en la mayor parte de las actividades que se desarrollan en los asentamientos urbanos. Un calentamiento climático incrementaría la demanda por sistemas de enfriamiento, los cuales primeramente funcionan a partir de electricidad. Más que el sector residencial, es el sector comercial el que, por ejemplo, ha incrementado mayormente su demanda de sistemas de aire acondicionado.
  5. Sistemas de transporte y consumo de combustibles. El transporte de personas y mercancías y su correspondiente consumo de combustibles fósiles se ha incrementado notablemente en el país (ver el capítulo Opciones para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero del sector transporte, de D. H. Cuatecontzi, J. Gasca y V. González, en la sección IV). Sobre todo a partir del acuerdo comercial con Estados Unidos, la cantidad de bienes que se transportan por carretera ha aumentado sensiblemente, junto con el número de carreteras pavimentadas y autopistas. Asimismo, la tenencia de automóviles continúa aumentando, particularmente en los centros urbanos, y seguramente contribuirá ampliamente a la contaminación atmosférica, que se puede agravar en episodios calurosos, y a la emisión de gases de tipo invernadero.
  6. Capacidad de los gobiernos locales. La solución de muchos de los más graves problemas que se presentan sobre todo en los principales centros urbanos depende de la capacidad financiera y administrativa de un gobierno local. Entre estos problemas se pueden mencionar: el abastecimiento de agua, la construcción y mantenimiento de servicios públicos, la contaminación atmosférica, o la atención de emergencias urbanas. La capacidad de gobierno y unas finanzas sanas son factores importantes para mitigar efectos climáticos adversos. 



LOS IMPACTOS Y LA VULNERABILIDAD DE LOS ASENTAMIENTOS

 

Esta sección enfatiza dos aspectos importantes. En primer lugar, los sectores o componentes de los asentamientos humanos que se pueden ver impactados por un cambio climático; y en segundo lugar, el tipo de vulnerabilidad que se puede presentar en tales asentamientos.

Los impactos de un cambio climático en los asentamientos humanos esta muy en función de la localización específica de cada localidad. Por lo mismo, es importante establecer una clasificación de asentamientos de acuerdo con el tamaño y también de acuerdo con la región, como, por ejemplo, asentamientos dependientes de la explotación de recursos naturales en zonas áridas; en zonas costeras, relacionados con la actividad turística; y urbanos y rurales.

La vulnerabilidad nos indica qué tan susceptible es un sistema a un cierto riesgo o peligro. En este caso, la vulnerabilidad define el grado en el que el cambio climático puede dañar un sistema. Este daño depende no sólo de la sensibilidad del sistema sino también de su habilidad para adaptarse a nuevas condiciones climáticas. Tanto la magnitud como el ritmo de cambio climático son importantes en la determinación de la sensibilidad, adaptabilidad y vulnerabilidad de un sistema.

En muchos casos, el impacto del cambio climático en un centro urbano dependerá más de la vulnerabilidad de los sistemas sociales que se ven afectados que de la propia magnitud física de los cambios ambientales. El cambio climático tendrá impactos diferenciales en distintas ciudades y regiones porque los diversos grupos sociales y los lugares serán en mayor o menor medida vulnerables a él. De aquí la necesidad de desagregar el análisis del cambio climático por zonas y por grupos sociales para evaluar en qué medida ciertos grupos sociales y lugares se verán afectados más amplia y rápidamente que otros (Liverman 1992).

Para explicar la mayor o menor vulnerabilidad es necesario referirse a las condiciones políticas, sociales y económicas de una sociedad. Es decir, condiciones de desarrollo desigual de cualquier ciudad o región contribuyen a que cierta población tenga peores condiciones de vida y a que ciertos lugares tengan un entorno más precario y frágil y, por tanto, a que ambos sean ambientalmente más vulnerables. La heterogeneidad que presenta el paisaje urbano en términos de condiciones físicas y niveles socioeconómicos hace que la evaluación de la vulnerabilidad sea una tarea difícil cuando se toma en cuenta toda una área urbana. Dicho de otra manera, los grupos más vulnerables no siempre están en los lugares más vulnerables; por ejemplo, grupos pobres (socialmente muy vulnerables por falta de servicios y vivienda) pueden vivir en zonas poco vulnerables; y viceversa, población de alto nivel socioeconómico con alta capacidad de adaptación (dinero y tecnología) puede vivir en un ambiente frágil. Naturalmente, las condiciones más críticas estarán donde encontremos a la población más empobrecida que vive en ambientes ecológicamente muy frágiles.

A fin de definir de una manera más clara los elementos que se ven impactados, y el tipo de vulnerabilidad que se puede encontrar en los asentamientos humanos se presenta la figura 1. Este diagrama propone dirigir la atención a seis principales componentes de los asentamientos humanos que pueden ser particularmente vulnerables a un cambio climático:

  1. Espacio construido e infraestructura. El espacio construido puede ser particularmente vulnerable si no cuenta con un diseño arquitectónico adecuado, por ejemplo, para zonas muy cálidas o de mucho viento; o presenta carencias de infraestructura o una distribución desigual de servicios básicos como drenaje y abasto de agua, lo cual en precipitaciones extremas puede incrementar el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra. Asimismo, es necesario contar con grandes obras de infraestructura para drenaje pluvial del área urbana, para transporte público, o para zonas portuarias, particularmente en el caso de un eventual aumento en el nivel del mar.  

  2. Alta concentración poblacional. La vulnerabilidad a un cambio climático es baja cuando las densidades, o concentraciones de población por unidad de superficie, también son bajas. Frente a una eventualidad o cambio climático, una alta concentración poblacional incrementa la vulnerabilidad al aumentar el número de víctimas por unidad territorial; al aumentar el número de víctimas se incrementa el costo social de un cambio climático. Naturalmente que una alta vulnerabilidad estaría asociada a un mayor tamaño de asentamientos humanos, en los cuales se localiza un gran número de unidades industriales, viviendas y vehículos automotores (Scott, et al.1996). Asimismo, los incrementos de población implican una demanda potencial de una serie de satisfactores básicos, algunos de los cuales dependen indirectamente de las variaciones climáticas; en este caso estarían los abastecimientos de agua, de energía y de alimentos.


     



    Figura 1. Impactos y vulnerabilidad en asentamientos humanos

     
  3. Estructura productiva. Un cambio climático puede tener efectos negativos en actividades productivas que se desarrollan en ciertos asentamientos, debido a su estrecha relación con el paisaje o los elementos del medio natural. Los ejemplos más representativos serían las comunidades que para su subsistencia dependen de la caza y la producción agrícola, lo cual indirectamente afecta en varias circunstancias la producción de alimentos y los medios de vida de esa población; una situación similar sucede con las comunidades pesqueras, o los centros turísticos, que se pueden ver afectados por un cambio en el régimen de precipitación o un incremento en el nivel del mar.  

  4. Condiciones de salud. De existir un calentamiento generalizado de la atmósfera, los mayores impactos se manifestarán en tres aspectos: primero, aumento en los niveles de desconfort debido a ondas cálidas; en el caso de México hay estudios que reportan variaciones en el índice de confort para la ciudad de México, que se puede agravar con un cambio climático (véase Jáuregui y Tejeda 1999). Segundo, más probabilidad de episodios críticos de contaminación atmosférica con un aumento en los niveles de ozono. Y tercero, un incremento en la distribución de varias enfermedades transmitidas por vector e infecciosas, algunas de las cuales se desplazarán hacia latitudes superiores.

    En cuanto a dispersión de las enfermedades, hay que diferenciar dos grupos de enfermedades de acuerdo con la forma de transmisión: en el primer grupo, la transmisión a la población se realiza por medio de un agente intermedio infeccioso, generalmente un insecto (vector) que se desarrolla en ciertas condiciones de temperatura, humedad y presencia de cuerpos de agua. El segundo grupo se refiere a enfermedades infecciosas que se relacionan directamente con la distribución y calidad del agua superficial; en este caso habrá condiciones propicias en zonas de inundaciones o en áreas con servicios de drenaje deficiente.

    Una alta vulnerabilidad urbana a las enfermedades relacionadas con el clima necesariamente combinará las siguientes condiciones: mayor precipitación, mayor humedad, temperaturas más cálidas, así como condiciones sanitarias deficientes. Una mayor precipitación puede causar la obstrucción de redes de drenaje, inundación de vías de comunicación y, en general, inundaciones y estancamientos de agua que seguramente tendrán efectos negativos en la salud humana. Si a lo anterior se agregan áreas de asentamientos populares con graves carencias de servicios públicos, se crea un ambiente propicio a la expansión de enfermedades infecciosas relacionadas con el agua, como cólera o paratifoidea, así como aquellas transmitidas por vector, como el dengue o el paludismo. Estas últimas son el típico ejemplo de enfermedades que se podrían desplazar de latitudes tropicales hacia zonas más templadas.

  5. Abastecimiento de agua. La disponibilidad del recurso agua está en relación directa con las condiciones climáticas, específicamente con el mayor o menor volumen de precipitación. Con una población más numerosa y con ciudades más grandes, el consumo de agua por habitante se incrementará sustancialmente en el futuro cercano. Algunos estados con altas densidades de población o con presencia de grandes ciudades, como el Distrito Federal, Estado de México, Jalisco o Nuevo León, registrarán los consumos de agua por habitante más altos en el país, de aproximadamente 350 litros diarios.

    Esta situación puede ser particularmente crítica si en el centro del país el clima se vuelve más seco, con temperaturas más cálidas y con más bajos niveles de precipitación. Y si a lo anterior agregamos una alta concentración poblacional, tendremos como resultado asentamientos altamente vulnerables, con enormes dificultades para obtener futuros suministros de agua por el enorme costo que significará la búsqueda de nuevas fuentes de abastecimiento. A lo anterior hay que agregar que las inundaciones pueden contaminar la fuentes de abastecimiento e incluso las plantas de tratamiento de agua.

  6. Medio ambiente. Algunas características del medio natural pueden dar lugar a emergencias ambientales y agravar las condiciones de vulnerabilidad. Las condiciones de riesgo más evidentes son las que se crean a partir del relieve, que pueden agravar deslizamientos de tierra; y la configuración de los cauces naturales que en combinación con lo anterior pueden favorecer las inundaciones; también las fuentes de abasto de agua pueden volverse escasas en un escenario de menor precipitación. En ciertas condiciones climáticas extremas se suceden ciertos eventos ambientales también extremos que causan no sólo una disrupción de la vida urbana sino además la pérdida de vidas humanas y bienes materiales. Es probable que estos eventos aumenten su frecuencia y su intensidad en condiciones de cambio climático.



    POLÍTICAS DE MITIGACIÓN Y ADAPTACION


    La administración y el gobierno local de los asentamientos deben de coadyuvar a reducir los riesgos medioambientales, incluyendo aquellos que se derivan de un cambio climático. Este tipo de medidas deben de incluirse en planes de desarrollo integrales que incluyan impactos ambientales. En esencia es necesario construir capacidad institucional para el manejo ambiental. Deben de existir planes de acción para cada tipo de problema ambiental, pero las soluciones deben de estar interconectadas y no plantearse de manera aislada. Estos planes deben de ser participativos e incorporar a todos los actores sociales posibles. La diseminación de información a todo público es esencial.

    Es necesario ampliar el análisis de casos de estudio empíricos sobre los impactos del cambio climático y de las posibles respuestas para tener un mejor entendimiento de esta relación. Estos casos de estudio deben ser representativos de asentamientos rurales y urbanos, y de diferentes condiciones climáticas, húmedas, áridas, costeras, etc.

    En términos más específicos se pueden señalar políticas de mitigación como las siguientes: una política de disminución y/o reorientación de flujos migratorios, así como estrategias económicas para redistribuir población a zonas menos vulnerables. Acciones para establecer un sistema de monitoreo de morbilidad para la vigilancia del comportamiento epidemiológico de las diversas enfermedades relacionadas con el clima, en un seleccionado grupo de asentamientos. Estrategias orientadas a evitar el desperdicio del recurso agua, y a disminuir los niveles de consumo del mismo. La recurrencia de las emergencias ambientales hace necesario controlar los asentamientos en zonas no aptas para la urbanización, y construir las obras adecuadas de drenaje y contención para mitigar estos posibles efectos. En el nivel local es recomendable la construcción de infraestructura en las zonas más vulnerables, la cual es generalmente de alto costo; por ejemplo, para inundaciones o aumento del nivel del mar, algún tipo de barreras o diques, o sistemas de bombeo de agua.

     

    BIBLIOGRAFÍA

     

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    SEMARNAP (Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca). 2000. Estra- tegia Nacional de Acción Climática. Documento para Consulta Pública. México: SEMARNAP.

    Notas

    1. Investigador titular, Instituto de Geografia, UNAM. El autor agradece la colaboración de la Mtra. Irma Escamilla en la recopilación documental y el procesamiento estadístico.


 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 15/11/2007