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Modelación del impacto económico de la mitigación de emisiones de GEI*

 

María Eugenia Ibarrarán**

 

INTRODUCCIÓN

 

EN TODOS LOS PAÍSES, el uso de la energía es uno de los principales motores del crecimiento económico. México no es la excepción. Como resultado de ello, las políticas que afectan al sector de la energía tienen un impacto sobre el resto de la economía y sobre el ambiente. Esto hace imprescindible contar con un modelo capaz de estimar el efecto de distintas políticas sobre la economía, el sector de la energía y el medio ambiente (ver el capítulo Escenarios de emisiones futuras en el sistema energético mexicano, de J. Quintanilla, en esta sección).

Existen básicamente dos tipos de enfoques para modelar el sector de la energía. Uno es el enfoque agregado, que parte de ciertos supuestos de crecimiento económico y de consumo sectorial de energía para determinar así la demanda de energía por sector; al agregar dichas demandas se obtiene la demanda total de energía por parte de la economía. Dentro de estos modelos agregados se encuentran los modelos de equilibrio general, que incorporan además precios relativos de los bienes y servicios e ingreso de los individuos, pudiéndose obtener a partir de estos, cambios en el comportamiento final de los agentes económicos. Otro enfoque está dado por los modelos de usos finales. Éstos parten de la desagregación del uso de energía por sector y por uso final; empleando ciertos parámetros técnicos calculan la demanda total de energía de la economía. Cada uno de estos tipos de modelos generen resultados sumamente distintos debido a los supuestos que incorporan y al objetivo para el que cada modelo fue construido.

Tanto los modelos de equilibrio general como aquellos de usos finales son complementarios, ya que responden a distintas preguntas. La integración de estos modelos permite analizar el impacto de diferentes políticas en el sector de la energía sobre el medio ambiente y sobre el resto de la economía. A grandes rasgos, el mecanismo de integración propiamente dicho toma como base la estructura del modelo de equilibrio general e incorpora el módulo de demanda total de combustibles calculada a partir del modelo de usos finales. Con el modelo integrado de esta manera se podrá entonces ver el impacto que tienen sobre los distintos sectores de la economía diferentes políticas que se traducen en un cierto nivel de demanda de combustibles (y energía secundaria), así como los cambios resultantes en precios relativos y en ingreso real y, por ende, su efecto sobre el bienestar de los agentes económicos.

En la primera sección se hace una cuidadosa pero breve diferenciación entre los modelos de usos finales y los modelos agregados, en particular modelos de equilibrio general.

Asimismo, a partir del análisis de los modelos existentes, se justifica por qué fue necesario construir un nuevo modelo para México aun cuando ya existen algunos. La segunda parte entra al análisis detallado de cada uno de los modelos a utilizar en el modelo integrado. En particular se describe el modelo BRUS II-M y el modelo de equilibrio general computable BOYD-M. La tercera parte explica técnicamente el proceso de integración de estos dos modelos. En la cuarta sección se plantean los escenarios a simular y se explica la racionalidad detrás de cada uno de ellos. Finalmente, en la quinta parte se presentan y discuten los resultados, así como las líneas de investigaciones futuras.

 

CLASIFICACIÓN DE MODELOS DE ENERGÍA

 

Existen básicamente dos tipos de enfoques para modelar el sector de la energía: los modelos de usos finales y los modelos agregados o de equilibrio general (ver el capítulo Mitigación de emisiones de carbono y prioridades de desarrollo nacional, de O. Masera, en esta sección).

Los modelos de usos finales (o bottom-up) estiman la demanda de energía a partir del consumo en cada sector. Estos consumos finales de energía se agregan, obteniéndose así la demanda sectorial de energía, suponiendo ciertas tasas de crecimiento en cada sector, cambio tecnológico y cierto comportamiento de los individuos. Finalmente se agregan las demandas sectoriales para determinar la demanda agregada por energía de la economía, tanto por electricidad como por tipo de combustible. La demanda por electricidad a su vez se traduce en los requerimientos de combustibles para producirla. Se obtiene así un vector que representa la demanda total de combustible, para la producción de energía tanto primaria como secundaria. Los sectores que en general incluyen el módulo de demanda de energía son: agropecuario, residencial, industrial, transporte y servicios. La oferta de energía de la economía se estima a partir de las plantas productoras de energía, tanto refinerías y plantas de gas como plantas generadoras de electricidad. La diferencia entre la demanda de energía y la oferta existente se resuelve añadiendo la capacidad de producción.

Dentro de los modelos agregados de la economía (o modelos top-down) hay varios tipos, mismos que se diferencian por el distinto nivel de agregación de los mismos. Un primer grupo se podría denominar modelos deterministas. Éstos parten de estimaciones de crecimiento del producto interno bruto (PIB) tanto para la economía en su conjunto como para sector de la misma, y por medio de coeficientes de consumo de energía por unidad de producto previamente definidos, se obtiene el nuevo consumo de energía por sector y para la economía. Los supuestos detrás de estos tipos de modelos son: que no hay cambio tecnológico; es decir, que los coeficientes de uso de energía por sector permanecen constantes a través del tiempo; que el crecimiento económico es la fuerza única tras el uso de la energía, y que otras variables económicas, como precios e ingreso, no tienen impacto alguno sobre el uso de energía.

Otro grupo de modelos que también representan a la economía en su conjunto son los modelos de equilibrio general computable. Se trata de modelos macroeconómicos que simulan la interacción entre los distintos sectores. Se basan en modelar el comportamiento agregado con parámetros estimados a partir de relaciones históricas entre variables. Dentro de estos tipos de modelos hay modelos específicos para el análisis del uso de energía y otros para el análisis de la economía en general. La demanda de bienes y servicios, o de energía en este caso, se calcula a partir de preferencias, precios relativos e ingreso (o consumo) de los individuos, sujeto a su restricción presupuestal. La oferta se calcula a partir del problema de maximización de utilidades (o minimización de costos) planteado por el productor cuya restricción es la tecnología. La demanda de energía de cada sector se estima en función de los precios relativos de la energía, de los precios de los demás bienes y servicios, del ingreso de la economía (a nivel agregado y sectorial) y de un índice de eficiencia energética, generalmente determinado de manera exógena al modelo. Las virtudes de este tipo de modelos son que se trata ante todo de un análisis de equilibrio general, donde la información se ve retroalimentada al modelo y se llega a nuevas situaciones de equilibrio para toda la economía. Esto permite hacer un análisis del impacto sectorial de distintas políticas. Por otro lado, incluye variables económicas como precios e ingreso que afectan el comportamiento de los distintos agentes, en particular en términos del efecto sobre el consumo de energía.

Para la conformación del modelo como herramienta de análisis, se llevó a cabo una evaluación detallada del tipo de modelos que se han desarrollado en México-o para su uso en México- que pudieran servir para analizar el impacto de distintas políticas sobre el medio ambiente. De un universo de modelos se seleccionaron cuatro modelos: el Modelo de Demanda de Energía (MODEMA)1, el Long-Range Energy Alternative Systems (LEAP), el Modelo de Escenarios Energéticos y de Emisiones para México (MEEEM)2 y el STAIR-M (Services, Transportation, Agriculture, Industry, and Residential Model for Mexico). Los modelos analizados, aun cuando son sumamente detallados y contienen información técnica muy valiosa, pusieron en claro la falta de un modelo que integre información económica y técnica simultáneamente.

 

DESCRIPCIÓN DE LOS MODELOS A INTEGRAR

 

El modelo de usos finales de energía, BRUS II-M, se diseñó para calcular el consumo de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas a dicho consumo.

Permite evaluar políticas muy específicas de reducción de emisiones y de ahorro de energía sobre el ambiente y el sistema de energía. El año de referencia respecto al cual está calibrado es 1996. El modelo contiene una descripción detallada de los sectores de demanda: residencial, servicios, industria (incluyendo agricultura) y transporte, donde cada uno de ellos se ve afectado por el crecimiento demográfico y económico. Por su parte, la oferta está integrada por tres sectores: plantas generadoras de electricidad, refinerías y plantas de gas.

En particular, éste es un modelo de largo plazo que hace proyecciones hasta el año 2020, pero que sólo calcula tres años: un año base (1996), un año intermedio (2004) y uno final (2010)3. A diferencia de modelos enfocados a un solo sector o industria, este modelo produce resultados confiables para el sistema de energía ante la introducción de cambios en cualquiera de los sectores descritos.

La descripción del lado de la demanda corresponde a la misma clasificación que aparece en el Balance Nacional de Energía. Los sectores agregados son: el sector residencial, el de servicios (que incluye empresas privadas y públicas), el sector industrial y el sector del transporte, que comprende los medios de transporte privados y públicos. Los factores que determinan la demanda neta de energía son: el producto interno bruto (PIB), el crecimiento de la población, la tasa real de interés, los precios de la energía, y la elasticidad precio e ingreso de la energía. Algunos de estos parámetros, como las elasticidades, se calculan a partir de técnicas de regresión múltiple.

Al correr el modelo se obtiene un vector de demanda de energía tanto primaria como secundaria por sector de consumo y combustibles de las distintas tecnologías y las emisiones de gases de efecto invernadero. La oferta de energía se genera a partir de dos subsectores: petróleo y gas, por un lado, y electricidad, por el otro. En el subsector petróleo y gas se determina el balance entre la demanda y la oferta de combustibles fósiles, incluyendo importaciones y exportaciones, así como el consumo de combustible y de electricidad por parte de depósitos de petróleo y gas, de cada una de las refinerías y de las plantas de gas. Además, este módulo estima el costo económico de la operación y el mantenimiento de estas plantas y refinerías. Es importante aclarar que estos dos sectores sólo son reportados en BRUS II-M, pero el modelo no es capaz de optimizar la oferta de combustible y gas por sí mismo. El subsector electricidad simula la oferta de electricidad requerida con el fin de satisfacer la demanda de energía eléctrica y así estimar la demanda por combustible y los costos de operación, mantenimiento y operación.

Las emisiones estimadas por el modelo son bióxido de carbono (CO2), bióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOx), metano (CH4), partículas suspendidas (PM), compuestos orgánicos volátiles (NMHC), óxido nitroso (N2O), y monóxido de carbono (CO). De éstas, CO2, N2O y CH4 en particular son gases que dan origen al efecto invernadero. Las emisiones se generan tanto por el lado del consumo como por el de la producción de energía y varían dependiendo del combustible utilizado, el proceso de combustión y la tecnología de producción empleada en el sector que consume la energía.

Este modelo permite obtener las emisiones de GEI asociadas al consumo final de energía en presencia de distintas políticas energéticas.

Aun cuando BRUS II-M es un modelo útil y un primer paso necesario hacia la conformación de un modelo integrado, no considera el efecto de cambios en precios ni en ingreso sobre la demanda y oferta de energía. Por otro lado, no evalúa los efectos de las distintas políticas del sector de la energía sobre el bienestar de la población (distribución de ingreso), o de las variables macroeconómicas (tasa de ahorro, balanza comercial y crecimiento económico). Además, aun cuando contiene gran cantidad de información detallada por el lado de la producción y consumo de energía, el modelo no incorpora los ajustes en los distintos sectores como nueva información para hacer iteraciones adicionales del modelo. En este sentido es que se sigue considerando un modelo de equilibrio parcial. Esto hace indispensable integrar este modelo de usos finales con un modelo de equilibrio general. Para ello se ha seleccionado el modelo BOYD-M.

El objetivo de construir un modelo de equilibrio general computable como BOYD-M es cuantificar el efecto de distintas políticas sobre el crecimiento de los distintos sectores, sobre el consumo, los precios y el nivel de bienestar agregado. En particular, el modelo BOYD-M se diseñó para usarse de manera interactiva con el modelo de energía BRUS II-M y mostrar cómo es que las políticas en el sector de la energía tienen efecto sobre otros sectores económicos que están relacionados directamente con este último y con los demás sectores. También se diseñó para medir el impacto de distintas políticas de impuestos sobre el uso de combustibles, el bienestar de los consumidores y la tasa de crecimiento de las emisiones.

Está desagregado en nueve sectores productivos que producen 16 bienes, cuatro categorías de ingreso, siete bienes de consumo final, sector externo y el gobierno. Las variables económicas que determina el modelo son: inversión, acumulación de capital, producción por sector, consumo de los agentes y por sector, importaciones y exportaciones y precios relativos, todo calculado por cada año entre 1996 y 2011.

Este modelo en particular está diseñado para simular el funcionamiento del sector de la energía en México y mostrar la interrelación entre sectores. Por ende, contiene determinadas características que no son comunes a modelos de equilibrio general computable en el nivel nacional. Primero, la producción de las refinerías se divide en siete diferentes combustibles en vez de modelarse mediante un solo producto. La producción del sector refinería se divide en gasolina, queroseno, coque, combustóleo, petroquímicos, gas LP y diesel. Para permitir que haya sustitución entre los combustibles, se introduce una elasticidad de transformación (o de sustitución) entre ellos. Por lo tanto, estos siete combustibles se utilizan como insumos para los nueve sectores productivos y para los siete sectores de consumo, y también se intercambian en los mercados internacionales.

Al mismo tiempo, la producción del Subsector Petróleo y Gas Natural también se divide en sus componentes; es decir, producción de petróleo y producción de gas natural. Al igual que en el sector de refinería, los dos productos no se obtienen necesariamente en proporciones fijas y esta relación puede alterarse de acuerdo con su elasticidad de transformación. También es cierto para este sector que el petróleo y el gas natural producidos se pueden utilizar como insumos en otros sectores productivos y de consumo, y también venderse a los consumidores extranjeros.

 

INTEGRACIÓN DE LOS MODELOS DE ENERGÍA

 

Técnicamente, la integración de estos dos tipos de modelos parte del modelo de equilibrio general. Para integrar los modelos será necesario plantear el problema de equilibrio general como un problema de complementariedad (Mathiesen 1985 y Cottle y Pang 1992).

Esto permite incorporar la información proveniente de los módulos del modelo de usos finales sobre las distintas tecnologías de producción de energía, en particular el índice de eficiencia energética. Al incluir estas partes al modelo de equilibrio general, se incrementa la solidez analítica del modelo resultante. A los sectores obtenidos a partir del modelo de usos finales se les representa como restricciones al problema de maximización. Las opciones tecnológicas de los demás sectores se siguen modelando mediante funciones neoclásicas continuas de producción. La formulación del modelo y su solución es por medio del formato de complementariedad utilizando MPSGE / GAMS; este paquete simplifica mucho el proceso computacional. La formulación del modelo de equilibrio general como problema de complementariedad está tomada de Böhringer (1998).

La integración de estos dos modelos se lleva a cabo introduciendo la información resultante del módulo de demanda del modelo de usos finales BRUS II-M, al modelo de equilibrio general BOYD-M. Una vez hecho esto, se corre el modelo de equilibrio general para obtener un nuevo equilibrio de cantidades y precios. Este nuevo equilibrio resultará del equilibrio general de la economía, a diferencia de las demandas estimadas a partir de BRUS -M, mismas que provienen de un modelo de equilibrio parcial. Como último paso se alimenta el nuevo vector de demanda de combustibles (demanda ajustada de energía) obtenido a partir de BOYD-M a BRUS II-M. Esto permite determinar las emisiones resultantes de esta demanda ajustada de combustibles.

 

 

Figura 1. Integración de los modelos

 

El modelo integrado tiene la ventaja de que, por un lado, presenta una visión de la economía en su conjunto y por sector, incorporando criterios de eficiencia. Además, se puede hacer un análisis del impacto distributivo de distintas políticas. Por otro lado, también contiene elementos de costo-efectividad provenientes del modelo de usos finales. El modelo integrado se puede utilizar para analizar una gran variedad de políticas como efectos de cambios en precios, y de distintos incentivos y restricciones tecnológicas, así como de distintas normas de eficiencia energética sobre los diferentes sectores que estén relacionados con la producción y el consumo de energía. Asimismo, el modelo integrado permite analizar los impactos ambientales de distintas políticas de precios y tecnológicas. Por último se utiliza para simular el efecto de distintas políticas de formación de precios de la energía y el efecto de distintos niveles de inversión en el sector de la energía sobre el resto de la economía. Los escenarios aquí discutidos deben servir como ejemplos del tipo de políticas que se pueden simular por medio del modelo, pero no como el universo de escenarios que éste es capaz de simular.

A pesar de la gran utilidad de este modelo, hay un punto en el que se debe tener cuidado al interpretar los resultados: la interacción de las dos metodologías y, más aún, las dos conceptualizaciones del sector de la energía, tiende a relajar el fundamento teórico de la relación entre las distintas variables.

 

ESCENARIOS Y PARÁMETROS

 

Los escenarios que se simulan son:

Escenario 1. Crecimiento tendencial: políticas de 1996. Simula el efecto de seguir con las mismas políticas energéticas antes y después de 1996. Dichas políticas están caracterizadas por un bajo desarrollo de los yacimientos de gas natural nacionales, la construcción de plantas termoeléctricas para la generación de electricidad, poco esfuerzo para reducir el consumo de gasolina y la continuación en el uso de queroseno y diesel para la generación de electricidad en el medio rural. Asimismo, este escenario permite determinar cuál hubiera sido el nivel de emisiones de GEI de México si no se hubiera llevado a cabo ninguna política distinta a las que estaban vigentes en 1996. Esto se hace con el fin de poner en claro que aun cuando no se hayan asumido compromisos explícitos, se ha incurrido en políticas que han reducido las emisiones de este tipo de gases y que, como se verá al comparar este escenario con otros, esto ha tenido un costo para la economía mexicana en términos de crecimiento.

Escenario 2. Instrumentación de políticas de acuerdo con las prospectivas de energía. En este caso se simulan los efectos de una combinación de políticas del sector de la energía que ya se estaban llevando a cabo en 1996 o que se pensaban introducir próximamente. Las políticas incluidas son (1) la construcción de ductos para la distribución de gas natural; (2) el uso residencial de dicho gas en 20% del transporte urbano en la ciudad de México; (3) el programa de bombillas de luz fluorescente (ILUMEX) para un uso más eficiente de la electricidad en el sector residencial; (4) el mayor uso de la tecnología de ciclo combinado para la generación de electricidad; (5) la reducción en el uso de gas LP para combustión; (6) la desaparición de queroseno del uso industrial, y (7) el incremento en el uso del coque en la industria del cemento. Esto responde a lo planteado en la Prospectiva de Gas Natural y en la Prospectiva del Sector Eléctrico publicadas por la Secretaría de Energía (1998-2008).

Escenario 3. Eliminación de subsidios a la electricidad. En este escenario se eliminan los subsidios generalizados al uso de la electricidad en México. Dado que estos subsidios son sustanciales, los efectos esperados son relativamente grandes. Además, difieren de manera importante por sector de consumo. La eliminación de estos subsidios, por lo tanto, debiera generar resultados muy distintos para los distintos sectores tanto productivos como de consumo.

Escenario 4. Impuestos al contenido de carbón de los combustibles fósiles. Se ha discutido en foros internacionales que una forma de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es mediante un impuesto al contenido de carbón de los distintos combustibles fósiles. Para medir el impacto de esta propuesta, este escenario simula el efecto de fijar un impuesto al contenido de carbón del carbón mineral, el petróleo y el gas natural y LP en México y permite calcular sus efectos sobre los de la economía y distintos sectores.

Escenario 5. Interacción de políticas actuales y la eliminación de subsidios a la electricidad.

Escenario 6. Interacción de políticas actuales e impuestos a los combustibles.

Escenario 7. Interacción de las tres políticas anteriores simultáneamente.

 

RESULTADOS Y CONCLUSIONES

 

Se evalúan los resultados de los distintos escenarios en toda la economía mexicana y se contrastan con los impactos en el PIB, en la balanza de pagos y en el nivel de capital acumulado.

El modelo BRUS II-M permite calcular con bastante nivel de detalle las emisiones de contaminantes globales que resultan del uso y generación de energía. En particular informa resultados para CO2, SO2, NOX, N2O, compuestos orgánicos volátiles no metálicos (COVNM), CO, partículas y CH4.

A mayor tasa de crecimiento económico, mayor generación de emisiones. Esto resulta del hecho de que dicho crecimiento se sustenta en un mayor uso de energía y, por lo tanto, mayor cantidad de contaminación.

La eliminación de subsidios a la electricidad, como política adicional a la introducción de las políticas planteadas en las perspectivas, genera resultados favorables en términos de emisiones. Se reduce la generación de CO2, NOx, N2O, CO, partículas y CH4. Es particularmente notable la reducción de SO2 y compuestos orgánicos volátiles.

La introducción de un impuesto al contenido de carbón de los combustibles fósiles también logra importantes reducciones en el crecimiento de los contaminantes, en particular de COV. Sin embargo, un impuesto de esta naturaleza no tiene, en general, resultados tan satisfactorios como la eliminación de subsidios a la electricidad. Es decir, en términos de emisiones, es preferible eliminar el subsidio que introducir el impuesto.

Para medir la sensibilidad del uso de energía y, por tanto, de las emisiones a distintos niveles de impuestos a los combustibles, se simuló el efecto de un impuesto más alto. Aun con un mayor impuesto se mantienen los resultados anteriores. Es decir, se logra una mayor reducción de emisiones con la eliminación del subsidio a la electricidad que con la introducción de un impuesto a los combustibles.

Finalmente, al simularse la interacción de las políticas de la perspectiva con la eliminación de subsidios a la electricidad y los impuestos a los combustibles, se logra la mayor reducción en la tasa de crecimiento de todos los contaminantes, tratándose de impuestos tanto bajos como altos. Además, la interacción de políticas plantea un mejor escenario en términos de emisiones que con cualquiera de los escenarios analizados.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Böhringer, C. 1998. The Synthesis of Bottom-Up and Top-Down in Energy Policy Modeling. Energy Economics 20:233-248.

Cottle, R. W. y J. S. Pang. 1992. The Linear Complementarity Problem. New York: Academic Press.

Mathiesen, L. 1985. Computation of economic equilibrium by a sequence of linear complementarity problems. In economic equilibrium-model formulation and solution. Mathematical Programming Study 23:144-162.

 

Notas

*Este proyecto estuvo financiado en parte por el Energy Sector Management Assistance Program, manejado por el Banco Mundial. Estuvo a cargo de la Secretaría de Energía y de la SEMARNAP de septiembre de 1998 a diciembre de 2000. Colaboró en él el Dr. Roy Boyd, de la Universidad de Ohio.
** Universidad de las Américas-Puebla.

1. Este modelo fue desarrollado por Mariano Bauer y Juan Quintanilla, del Programa Universitario de Energía, UNAM.
2. Este modelo fue desarrollado por Claudia Sheinbaum, del Instituto de Ingeniería de la UNAM.
3. Los periodos para los que se resuelve el modelo se pueden modificar para incorporar distintas opciones.

 

 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 15/11/2007