Sección
III
Impactos, vulnerabilidad y adaptación
Consecuencias
presentes y futuras de la variabilidad y el cambio climático
en México
Víctor
Magaña,* Juan Matías Méndez,* Rubén
Morales** y Cecia Millán**
INTRODUCCIÓN
CONDICIONES
EXTREMAS EN el clima afectan la vida del planeta. Dependiendo
de la intensidad y duración de una anomalía en la
lluvia o la temperatura, así como del grado de vulnerabilidad
de una sociedad o de un ecosistema, los impactos del clima pueden
variar de imperceptibles a catastróficos. Para entender
el origen de muchos de los grandes desastres naturales se debe
tener en cuenta el factor riesgo, como una combinación
de la amenaza y de la vulnerabilidad. En el presente caso, la
amenaza pueden ser las condiciones extremas asociadas al cambio
climático mientras que las vulnerabilidad estará
asociada al desarrollo (o subdesarrollo) del país.
En México, la vulnerabilidad de la población a extremos
del clima es grande. Dado que una vasta parte de nuestro territorio
es semiárido (poca precipitación la mayor parte
del año), los cambios en la temporada de lluvias resultan
en amenaza de sequía (ver el capítulo Sequía
Meteorológica, de M. E. Hernández y G. Valdez, en
esta sección) y, con frecuencia, en desastres para sectores
dependientes del agua. Es por ello que para nuestro país
el manejo adecuado de este recurso se ha vuelto prioritario. Como
en muchas otras partes del mundo, donde las variaciones en las
lluvias estacionales son poco entendidas, resulta de gran importancia
para los tomadores de decisiones el considerar con cuidado la
información que los científicos generan sobre el
clima. Desafortunadamente, las lluvias deficitarias también
han llevado a charlatanes a proponer costosos y fraudulentos sistemas
que supuestamente producen precipitación, aprovechándose
de la ignorancia y la necesidad de agua de muchos agricultores
y autoridades.
La forma más conocida de variabilidad interanual en el
clima está relacionada con El Niño/Oscilación
del Sur (ENOS), que altera los patrones climáticos globales
con periodos de dos a siete años, resultando con frecuencia
en multimillonarias pérdidas. Como el fenómeno ENOS
se trata de una forma de variabilidad natural del clima, muchos
esfuerzos científicos se han encaminado a entender mejor
su origen y sus impactos, para así disponer de mejores
predicciones de su ocurrencia. Mejores pronósticos permiten
prepararse, reduciéndose los daños o incluso aprovechándose
cier- tas condiciones anómalas del clima. No se piense,
sin embargo, que la variabilidad interanual en el clima se reduce
sólo al fenómeno ENOS. Existen otros factores que
pueden generar variaciones en el clima en escalas de tiempo de
años, décadas o incluso siglos que aún no
entendemos. Los cambios en la temperatura de la superficie del
mar en el Atlántico, las variaciones en la cubierta de
hielo y nieve (ver el capítulo Investigaciones de los glaciares
y del hielo de los polos, de L. Vázquez, en la sección
I), así como los cambios en la cubierta vegetal del planeta
son sólo algunos de los elementos que habrá que
considerar para disponer de pronósticos del clima más
precisos.
A diferencia de la variabilidad natural del clima, las evidencias
apuntan a que el cambio climático actual tiene su origen
en actividades humanas. La quema de combustibles fósiles,
la deforestación o la agricultura intensiva, resultan en
alteraciones de la composición atmosférica que,
gradual pero consistentemente, comienzan a reflejarse en el clima
(ver los capítulos ¿Qué es el efecto invernadero?,
de R. Garduño, y Los gases regulados por la Convención
Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático,
de D. H. Cuatecontzi y J. Gasca, en la sección I). Podemos
decir que mientras que la variabilidad natural del clima se presenta
como ciclos, el cambio climático de origen antropogénico
es más bien una tendencia en las condiciones medias de
las variables.
El problema del cambio climático, desde el punto de vista
del desarrollo de un país o una región, cobra sentido
cuando se considera la manera como las anomalías en el
clima afectan a los sectores socioeconómicos. La amenaza
del fenómeno debe analizarse mediante la generación
de escenarios del clima futuro y mediante la comparación
de éstos con las condiciones actuales o incluso pasadas.
Así, más que hablar de pronósticos para el
año 2076, se habla de escenarios a cincuenta o cien años,
ya que sin determinar de manera precisa cuáles serán
los valores de lluvia o temperatura que se tendrán en un
punto y momento determinados, se propone una situación
de cambio probable en ciertos parámetros como la lluvia
o la temperatura media estacional. De tales condiciones se deduce
información relevante para la sociedad, como la referente
a disponibilidad de agua o las condiciones de confort humano,
y se analiza qué tan preparados estaríamos para
vivir en tales escenarios. De esta manera, en un escenario se
propone si las lluvias serán más o menos intensas
o frecuentes de lo que son en la actualidad, o si la temperatura
de superficie aumentará o disminuirá más
allá de lo que se consideran rangos normales de variabilidad
para tal parámetro. Considerando la vulnerabilidad actual
se pueden proponer medidas de adaptación para que el impacto
del cambio o incluso de la variabilidad del clima no sea grande.
Por lo antes descrito, es conveniente contar con pronósticos
estacionales del clima y con escenarios adecuados de cambio climático,
así como con estudios de vulnerabilidad por sector ante
extremos en el clima, para proponer estrategias de adaptación.
Durante las últimas dos décadas del siglo XX, hubo
grandes avances en el entendimiento de la variabilidad y del cambio
climático. Es por ello que hoy los gobiernos de muchos
países consideran las variaciones del clima como un elemento
importante en el establecimiento de sus políticas de desarrollo.
IMPACTOS
DE LA VARIABILIDAD CLIMÁTICA
La
mayor experiencia en términos de impactos por variaciones
en el clima es la asociada a El Niño, que corresponde a
un estado del océano Pacífico en que la temperatura
de superficie del mar, desde las costas de Perú y Ecuador
hasta el Pacífico central, presenta una anomalía
positiva (entre 2 y 5°C). Tal calentamiento produce cambios
en la circulación atmosférica que alteran el clima
de todo el planeta. En invierno o verano, las principales alteraciones
en el clima corresponden al ciclo hidrológico en regiones
tropicales y subtropicales. Las variaciones en el clima generalmente
son proporcionales a la intensidad de la anomalía de la
temperatura de superficie del mar en el Pacífico ecuatorial
del este. Así, los eventos más intensos de El Niño
registrados en el siglo XX ocurrieron en 1982-1983 y en 1997-1998,
cuando la anomalía en la temperatura de superficie del
mar sobrepasó los 4°C.
Así como se habla del fenómeno El Niño, existe
una contraparte climática conocida como La Niña.
Durante ese periodo, la temperatura de superficie del mar en la
región del Pacífico tropical centro-este es más
baja de lo normal y los efectos en el clima del planeta son aproximadamente
opuestos a los observados durante El Niño. Muchos piensan
que el estado normal del clima es la fluctuación entre
Niños y Niñas, en lo que se conoce como ENOS. Los
cambios en el clima en periodos de El Niño severo han afectado
a millones y causado cuantiosas pérdidas económicas.
Sirva como ejemplo el caso del evento El Niño vivido de
mediados de 1997 a mediados de 1998. Los cambios experimentados
en el clima durante ese periodo se manifestaron básicamente
como alteraciones en el ciclo hidrológico y, consecuentemente,
en disponibilidad de agua. En las costas de Perú y Ecuador,
al igual que en los países del Cono Sur, se presentaron
lluvias torrenciales que en muchos casos resultaron en inundaciones.
En gran parte de Mesoamérica y el Caribe, así como
en el noreste brasileño y regiones vecinas, se presentaron
sequías que causaron un grave descenso en los niveles de
agua potable. Condiciones extremas en las lluvias afectaron en
gran medida las actividades

Figura
1. Algunos impactos socioeconómicos de El Niño
1997-1998 en Latinoamérica.
1. Agricultura y ganadería, 2. Mayor disponibilidad de
energía, 3. Hambrunas, 4. Incendios forestales, 5. Pesca,
6. Salud, 7. Muertes, 8. Plagas, 9. Daños en propiedad,
10. Disminución en turismo, 11. Problemas en transporte,
12, Conflictos sociales, 13. Pérdida de vida silvestre,
14. Racionamiento de agua.
dependientes
del agua, como son agricultura, ganadería, salud, etc.
(figura 1). Asociadas con cambios en el ciclo hidrológico,
algunas alteraciones en las condiciones oceánicas se reflejaron
en cambios para los ecosistemas marinos. Diferentes estudios económicos
estiman que los costos de El Niño 1997-1998 en Latinoamérica
y El Caribe fueron de alrededor de 8,500 millones de dólares.
Analizando el caso de cada país, se puede pensar que los
costos fueron mucho mayores. Algunas estimaciones para países
de Latinoamérica y El Caribe sugieren que los daños,
en millones de dólares, fueron: Bolivia, 527; Colombia,
564; Ecuador, 2882; Perú, 3498; Venezuela, 72; Costa Rica,
82; y Argentina, 2500 (CAF 1998).
En México, El Niño se manifiesta generalmente como
un aumento en las lluvias invernales, principalmente en Baja California
Norte y parte de Sonora. Sin embargo, la señal de El Niño
en verano en gran parte México es de una disminución
generalizada de las lluvias (Magaña 1999). El déficit
en precipitación puede ser tan severo que se traduzca en
sequías y problemas por la falta de agua. Tan grave fue
la sequía en 1997 y parte de 1998, que la agricultura tuvo
enormes pérdidas y se tuvo un récord en incendios
forestales. El calor, por falta de nubosidad y mayor radiación
solar alcanzando la superficie, fue intenso, provocando que los
desiertos en el norte florecieran como en pocas ocasiones.
Los costos del fenómeno El Niño 1997-1998 en México
fueron de aproximadamente dos mil millones de dólares,
principalmente por afectaciones en la agricultura, en los recursos
forestales, por desastres naturales y alteraciones a la pesca
(Magaña 1999). No existe una cuantificación de las
personas afectadas por este fenómeno, pero pudieron haber
sido casi veinte millones. Aunque se sabía del potencial
negativo de este fenómeno sobre México, no existieron
verdaderos planes de acción para enfrentar las anomalías
climáticas, y simplemente se fue respondiendo al desastre
conforme este se presentaba. Hoy en día, diversas instituciones
de gobierno han establecido esquemas para reducir los costos que
pudiera tener otro evento El Niño.
Como se mencionó anteriormente, no se debe pensar que toda
la variabilidad del clima en México o en el mundo se debe
a sólo al ENOS. Hay regiones del país donde no se
tiene una idea clara de qué factores controlan la variabilidad
interanual en el clima. Tal es el caso de la región del
noroeste durante el verano, donde las lluvias del llamado Monzón
Mexicano y su variabilidad interanual requieren de estudios más
detallados. La importancia de esta región en la agricultura
mexicana llevará a que pronto quede establecido un buen
esquema de pronóstico climático para ayudar en la
planeación de actividades agrícolas, incluyendo
aquellas de riego.
ESCENARIOS
DE CAMBIO CLIMÁTICO
El
segundo gran problema relacionado con el clima que debe enfrentarse
hoy en día es el cambio climático. Quedan pocas
dudas de que el clima del planeta está cambiando más
allá de lo que considerábamos normal. Más
aún, la evidencia apunta a que las actividades humanas
son las responsables de tales cambios. En el último siglo,
las anomalías en el clima no se reducen a aquellas asociadas
con el aumento en la concentración de los gases de efecto
invernadero. La deforestación (cambios en el uso de suelo)
ha producido también alteraciones en el clima. En México,
la pérdida de bosques por la tala inmoderada parece alterar
el ciclo hidrológico.
El elemento climático de mayor importancia en nuestras
actividades socioeconómicas es la lluvia, y, consecuentemente,
la disponibilidad de agua. Determinar cómo, cuándo
y en qué medida cambiará la precipitación,
los caudales de ríos o los niveles de presas requiere de
un análisis multidisciplinario (ver el capítulo
Vulnerabilidad en el recurso agua de las zonas hidrológicas
de México ante el cambio climático, de V. M. Mendoza,
E. E. Villanueva y L. E. Maderey, en esta sección). En
todo caso, la generación de escenarios climáticos
es el punto de partida. Si tales escenarios indicaran disminución
o aumento marcado en las lluvias, se puede proponer cómo
cambiará la disponibilidad de agua y, por tanto, se pueden
sugerir mejores políticas de manejo de agua. Son varias
las estrategias para generar escenarios nacionales de cambio climático,
de utilidad en la planeación a largo plazo. Éstas
incluyen el análisis de las tendencias del clima en las
últimas décadas, el uso de modelos numéricos
de la circulación de la atmósfera para simulaciones
del clima futuro (Magaña et al. 1997), o simplemente la
imposición de aumentos o decrementos en los valores medios
de temperatura y lluvia, o una combinación de los anteriores,
respecto a los valores actuales, para determinar cómo cambian
otras variables. Es sin duda la precipitación la variable
más difícil de pronosticar. Así, aunque es
casi seguro que las temperaturas en el país aumentarán,
no se puede decir lo mismo de la precipitación y, consecuentemente,
de la disponibilidad de agua.
Un ejemplo de las tendencias de la lluvia en las últimas
décadas muestra que en la mayor parte de México
existe una tendencia a mayor precipitación, principalmente
en los estados del norte (figura 2). Por el contrario, en los
estados donde las lluvias dependen de lo que ocurre en el Pacífico
mexicano (huracanes, actividad de la Zona Inter Tropical de Convergencia
[ZITC]) parece haber una tendencia a menores precipitaciones.
Si se extrapola el análisis del periodo 1950-2000 a los
próximos veinte o cincuenta años, se tiene un escenario
de cambio climático, al menos en lo referente a la lluvia.
De la generación de escenarios a futuro a partir de las
tendencias de la lluvia a escala regional (figura 2), uno puede
preguntarse por qué se habla constantemente de sequía
en el norte del país, o por qué tiende a llover
menos en los estados del sur de México. Respondiendo a
la primera pregunta, mayor cantidad de lluvia significa en principio
mayor disponibilidad de agua. Sin embargo, el crecimiento demográfico
y agroindustrial en el norte de México ha aumentado la
demanda mucho más que la disponibilidad. Lo anterior significa
que aun con tendencias positivas de la lluvia se deben buscar
fuentes alternativas de agua (re-uso, desalinización) para
enfrentar las futuras demandas del vital líquido. Aun más,
los modelos numéricos, con gran incertidumbre en cuanto
a generación de escenarios de lluvia para México
y otras regiones de clima monzónico, sugieren que aun cuando
aumenten las lluvias, la humedad en el suelo podría disminuir
como consecuencia de mayor temperatura y evaporación. La
falta de datos por periodos largos sobre la humedad en el suelo,
imposibilita por el momento analizar cuáles son las tendencias
actuales en esta variable.

Figura
2. Tendencia de la precipitación por regiones
para el periodo 1945-1995.
Medias anuales (mm/100) de precipitación regional. Fuente:
Englehart y Douglas, 2001.
La segunda pregunta resulta de gran interés científico.
No existe una real estadística sobre la actividad de la
ZITC que nos permita definir si hoy en día es más
o menos activa. Sabemos al menos que en veranos El Niño,
la ZITC permanece cercana del ecuador, más alejada de México,
y por tanto produce menos lluvias en el país. Por ello,
el aumento en la frecuencia e intensidad de El Niño en
las últimas dos décadas podría estar produciendo
una disminución de las lluvias en la parte sur de México.
Una segunda opción está relacionada con los huracanes
del Pacífico. Aunque no ha sido probado, los huracanes
en esta región parecen actuar como inhibidores de lluvia
en el sur de México, al hacer converger la humedad sobre
regiones oceánicas y no continentales. Las estadísticas
muestran que en esta parte del mundo el número de huracanes
intensos ha aumentado en los últimos treinta o cuarenta
años. Tal incremento en la intensidad de estos meteoros
podría estar relacionado con la tendencia negativa de la
lluvia en la parte sur de México. Para generar escenarios
físicamente consistentes entre la circulación de
la atmósfera del planeta y el clima observado de México,
es necesario considerar el funcionamiento actual del sistema climático
y los mecanismos me- diante los cuales sus variaciones se manifiestan
en regiones de México. Tal y como sucede en años
El Niño, el análisis de formas de variabilidad interanual
en el clima global puede llevarnos a establecer la vulnerabilidad
de México ante extremos climáticos. Se debe de ahí
analizar los factores que en la actualidad determinan parte de
nuestro clima y las consecuencias que sobre ellos tendría
un calentamiento de la atmósfera. Por ejemplo, considérese
la región del noreste de México (Tamaulipas), en
donde la agricultura o la ganadería son actividades demandantes
de gran cantidad de agua. Según el modelo del Centro Europeo,
en una simulación de cambio climático con incrementos
graduales de concentración de gases de efecto invernadero,
la temperatura de superficie aumentará sustancialmente
en los próximos veinte años, principalmente durante
los meses de invierno, cuando la temperatura podría aumentar
hasta casi 6°C (figura 3a). Los meses de verano por otro lado,
podrían no variar en cuanto a temperatura de superficie.
Por otro lado, la precipitación podría aumentar
en los meses de verano en el noreste de México en las próximas
dos décadas (figura 3b), de acuerdo con el modelo antes
referido, que por cierto es capaz de reproducir la canícula
(Magaña et al. 1999). Tal resultado es consistente con
lo propuesto al generar un escenario mediante un simple análisis
de extrapolación de los últimos registros de precipitación.
No se piense, sin embargo, que tal concordancia de resultados
se obtiene para todas las regiones del país. En varias
de las regiones del país, el modelo tiene dificultades
en reproducir el ciclo anual de la temperatura y la precipitación.
Es allí donde más incertidumbre se tiene al generar
un escenario de cambio climático. Aún más,
el efecto combinado de mayor temperatura y precipitación
podría llevar a mayor evaporación y déficit
de humedad en el suelo en Tamaulipas.
a)
TEMPERATURA MEDIA MENSUAL

b)
PRECIPITACIÓN MEDIA MENSUAL

FIGURA
3. COMPARACIÓN ENTRE VALORES CLIMATOLÓGICOS
OBSERVADOS PARA EL PERIODO 1961-1990 (TRIÁNGULOS) Y LAS
SIMULACIONES POR EL MODELO ECHAM4 DEL CENTRO EUROPEO PARA LA DÉCADA
DEL 2020 (CÍRCULOS) PARA EL NORESTE DE MÉXICO
El problema no es sencillo, pues tanto los huracanes como la actividad
de la ZITC, o la evaporación en el sentido climático,
constituyen retos científicos. Cuando se les analiza desde
el punto de vista del cambio climático el reto es mayor.
El estudio combinado de registros históricos, diagnósticos
físicos y modelos numéricos aclarará sin
duda varias de las interrogantes antes planteadas.
Aunque no existe una detallada evaluación regional de la
vulnerabilidad de México a condiciones extremas en el clima,
se sabe que las fluctuaciones en la lluvia tienen altos costos.
La falta o exceso de precipitaciones generalmente lleva a severas
sequías o inundaciones que, por no existir una política
de manejo de agua basada en pronósticos o escenarios del
clima, se traducen con frecuencia en «desastres naturales».
Las experiencias de los eventos de El Niño y La Niña,
ponen de manifiesto que los extremos climáticos en México
cuestan mucho. Algunos escenarios de cambio climático sugieren
un aumento en la frecuencia e intensidad de El Niño (Trenberth
1997). De ser esto cierto, se está ante un panorama preocupante
por la falta de un esquema interinstitucional e intersectorial
claro para atenuar los efectos negativos del ciclo ENOS, principalmente
aquellos en el ciclo hidrológico.
Para realmente llegar a resultados de aplicación en la
planeación de actividades relacionadas con las variaciones
y cambios en el clima regional es necesario que los pronósticos
o escenarios climáticos queden descritos en términos
de variables de relevancia por sector. Así, el sector de
administración del agua requerirá que los escenarios
sean elaborados en términos de caudales, demanda y niveles
de las presas, mientras que el sector agrícola lo requiere
en términos de humedad en el suelo. El manejo de esta información
debe considerar los alcances y limitaciones de la información
generada. No se trata de pronósticos determinísticos,
sino de informaciones probabilísticas para planeación
en el mediano y largo plazos. La información del clima
a futuro tiene gran valor cuando se sabe interpretar y aprovechar
adecuadamente. En algunos países no es exagerado hablar
de millones de dólares en ahorro a partir del uso adecuado
de dicha información.
Los sectores mexicanos afectados por condiciones extremas en el
clima son varios, pero todos tienen como común denominador
los cambios en las lluvias y la humedad en el suelo (agricultura,
bosques, etc.). Por tratarse de un país semiárido
en su mayor parte, el manejo del agua se vuelve un tema de seguridad
nacional, tal y como se plantea en los programas de gobierno actuales.
Valdrá la pena instrumentar planes de prevención
ante el anuncio de un futuro evento El Niño, o de medidas
de adaptación ante escenarios dados de cambio climático.
La inversión requerida en prevención siempre será
mucho menor a los costos que los desastres por condiciones extremas
en el clima puedan tener.
BIBLIOGRAFÍA
Corporación Andina de Fomento (CAF).1998. Evaluación
de los daños originados por el fenómeno El Niño
de 1997-1998 en la región andina. Reporte RJ/CAF/98/1.
Englehart, P.J. y A. V. Douglas. 2001. The role of Eastern North
Pacific tropical storms in the rainfall climatology of western
Mexico. Int. J. Climatol 21: 1357-1370. Magaña, V., C.
Conde, O. Sánchez y C. Gay. 1997. Assesment of current
and regional climate scenarios for Mexico. Climate Research 9:
107-114.
Magaña, V., J. A. Amador y S. Medina. 1999. The mid-summer
drought over Mexico and Central America. J. Climate 12: 1577-1588.
Magaña, V. 1999. Los Impactos de El Niño en México.
México: Secretaría de Gobernación.
Trenberth, K. 1997. What is happening to El Niño. Pp. 88-99.
In: 1997 Yearbook of
Science and the Future. Chicago: Encyclopedia Britannica.
Notas
*
Centro de Ciencias de la Atmósfera, UNAM.
** Instituto Mexicano de Tecnología del Agua.