La
sensibilización y formación de recursos humanos
como estrategia de apoyo para revertir el cambio climático
Tiahoga
Ruge y Concepción Velazco*
HABLAR DE LA FORMA COMO el mundo se ha transformado en los últimos
años es inevitable al abordar temas ambientales. Los cambios
sociales, políticos, económicos y ecológicos
que han ocurrido en el pasado siglo, no tienen precedentes en
la historia de la humanidad y ocurren a tal velocidad que no nos
permiten ser conscientes de sus múltiples efectos sobre
las sociedades y los ecosistemas naturales.
Nuevos y complejos problemas aparecen, y se recrudecen muchos
otros que anteriormente no significaban una preocupación
para la sociedad. Algunos ejemplos de los grandes temas que han
surgido a la discusión pública en el ámbito
planetario son: los transgénicos; la clonación;
los efectos sociales, económicos y ambientales de los avances
de los sistemas de comunicación e información, y
el cambio climático.
Hace treinta años, el suponer que la influencia humana
tuviera efectos irreversibles sobre el clima era algo impensable
para la mayor parte de nosotros; ahora el tema cobra una importancia
cada vez mayor debido a sus profundas implicaciones ambientales,
económicas, políticas, tecnológicas y sociales.
La complejidad de la situación ambiental demanda formas
de acción, y particularmente de organización y cooperación,
que permitan hacer más eficientes los esfuerzos para resolverla,
tanto de las instancias de gobierno involucradas en el tratamiento
de los problemas de conservación, como de todas aquellas
dependencias que tienen que ver con los planes de desarrollo del
país. También exige sumar las ideas y esfuerzos
de la sociedad, incluyendo todos aquellos sectores que de una
forma u otra han quedado marginados de la toma de decisiones.
Para estar en posibilidad de plantear medidas que contribuyan
a estabilizar el cambio climático, se requiere observar,
entender y predecir los cambios de forma que podamos contar con
elementos para desarrollar políticas específicas
con un enfoque multidisciplinario. Como muchos problemas ambientales,
el cambio climático es sólo un síntoma de
que nuestra forma de vida y estilo de desarrollo han estado propiciando
cambios en las condiciones del ambiente en el que vivimos. El
problema es, ¿puede la humanidad convivir de forma armoniosa
con esos cambios? En opinión de los expertos en el tema,
muchos de los impactos del cambio climático pueden ser
visualizados con anticipación; sin embargo, será
difícil prever otros, y algunos autores advierten que éstos
representan una amenaza para la vida en el planeta.
¿Cuál sería el papel de la educación
y de la formación de recursos humanos en el marco de una
estrategia para revertir o estabilizar dichos cambios? Aunque
el nacimiento formal de la educación ambiental en el mundo
es relativamente reciente (González 1999) año de
1972 en Estocolmo y en México es aún más
joven, su importancia en la construcción, adopción
y aplicación del desarrollo sustentable es ampliamente
reconocida en diversos ámbitos.
El papel que la educación para el desarrollo sustentable
desempeña es muy relevante para la construcción
de una forma de vida más armoniosa con el entorno natural,
y va desde la promoción de valores, la transmisión
de conocimientos sobre la interdependencia de los procesos naturales
y sociales, la adquisición de destrezas y aptitudes para
habilitar en la resolución de problemas, hasta facilitar
información para la definición de criterios y normas
de actuación y la orientación de los procesos de
toma de decisiones que permitan construir un futuro deseable que
garantice el potencial productivo y un ambiente de calidad como
uno de los más elementales derechos humanos.
La integración de la educación ambiental a los planes
oficiales de nuestro país se remonta a principios de la
década de los ochenta, cuando se crea la Dirección
de Educación Ambiental, que depende de la entonces Secretaría
de Desarrollo Urbano y Ecología, y es a partir de entonces,
y particularmente a raíz de la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río
de Janeiro en 1992, cuando su evolución es más rápida,
rebasando el enfoque informativo vinculado con las ciencias naturales
para constituirse en una dimensión que atraviesa todos
los sectores del conocimiento, tal y como lo establece el Plan
Nacional de Desarrollo 2001-2006 (Gobierno de los Estados Unidos
Mexicanos 2001), el cual ubica a la educación como una
estrategia central de la política social para el desarrollo
de la Nación.
Al respecto, el apartado “Desarrollo social y humano”
del PND, dice:
[…] históricamente se ha demostrado que la educación
es la base del crecimiento personal y que hoy es factor determinante
en el acceso igualitario a las oportunidades de mejoramiento de
la calidad de vida: No hay desarrollo humano posible sin educación;
por ello, la educación es ante todo un derecho básico,
que el Estado y la sociedad tienen la responsabilidad ineludible
de hacer efectivo.
En
el PND también se señala que:
El
desarrollo del país ha provocado un deterioro del entorno
natural. Tanto por prácticas productivas inadecuadas, como
por usos y costumbres de la población, se ha abusado históricamente
de los recursos naturales renovables y no renovables y se han
dañado seriamente numerosos ecosistemas en diferentes regiones
del país.
La
falta de conciencia entre la población acerca de la necesidad
de cuidar el ambiente ha conducido a ganancias efímeras
en los niveles de vida de las generaciones presentes a costa de
sacrificios que han de padecer las futuras. Es impostergable la
elaboración y aplicación de políticas públicas
que conduzcan a un mayor cuidado del medio ambiente. El deterioro
ambiental se atribuye por lo general al desarrollo económico;
sin embargo, son las decisiones y acciones implantadas por los
seres humanos las que subyacen en ese fenómeno. La cultura
de la convivencia armónica con la naturaleza requiere impulsarse
con gran determinación como punto de partida hacia nuevos
estilos de desarrollo, que permitan asentar los niveles de vida
de la población, no por periodos cortos, sino de manera
sustentable.
Por
lo que la educación ambiental para el desarrollo sustentable,
en sus distintas modalidades, debe concebirse no como un fin,
sino como un medio. Un medio eficaz para transmitir al individuo,
de manera continua e integral, la preparación que requiere
para enfrentar los retos ambientales, pero sobre todo para relacionarse
responsablemente con su entorno y con los demás miembros
de la comunidad, siguiendo patrones de consumo ecológicamente
viables, y conforme a una ética basada en principios de
justicia, equidad social, democracia, paz y seguridad.
En este marco, una estrategia de educación y formación
de recursos humanos para contrarrestar los efectos del cambio
climático debe partir de la base común de una estrategia
nacional de educación, capacitación y comunicación
educativa para el desarrollo sustentable, en el ámbito
de la cual se deberá prever la formación de recursos
humanos en los sectores clave para el tema; tanto con la finalidad
de contribuir a revertir las causas globales de este fenómeno,
como para el fortalecimiento de las capacidades que permitan disminuir
la vulnerabilidad y enfrentar de mejor forma los riesgos ante
los desastres ocasionados directamente por el proceso de cambio
climático y sus sinergias con los riesgos naturales habituales.
Un factor muy relevante para el éxito de cualquier proceso
educativo es su vinculación directa con las políticas
y proyectos del país sobre cambio climático. A este
respecto, es importante agregar a lo que señala el punto
21 de la declaración de México en Johannesburgo,
que la educación no puede lograr cambios tangibles si no
está acompañada con los instrumentos necesarios
para aplicar los conocimientos adquiridos; en este sentido es
indispensable que una política dirigida al combate de la
deforestación no sólo se apoye en procesos de capacitación
para el impulso de alternativas productivas, sino que acompañe
también con los instrumentos económicos que permitan
su éxito comercial.
Por otra parte, aunque los avances de México en materia
de educación ambiental son muchos, hablar de la existencia
de una estrategia específica de sensibilización
y de formación de recursos humanos que atienda al tema
de cambio climático aún está lejos. Hasta
el momento, la disponibilidad de los datos en materia de cambio
climático satisface los requerimientos de los usuarios
especializados (ver secciones anteriores); sin embargo, se requiere
mejorar la disponibilidad de los mismos para una audiencia más
amplia, así como desarrollar e instrumentar una estrategia
de formación de recursos humanos que además de ayudar
a disminuir la emisiones de gases de efecto invernadero, permita
disminuir la vulnerabilidad de nuestro país ante el cambio
climático.
Lo anterior no quiere decir que el tema se encuentre totalmente
desatendido. Tanto en el ámbito gubernamental como en el
no gubernamental ha sido abordado en distintos foros, y se han
llevado a cabo numerosos esfuerzos no vinculados para atender
al problema en sus distintos escenarios y facetas (ver los capítulos
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio
Climático, de E. de Alba, y México y La participación
de países en desarrollo en el régimen climático,
de F. Tudela, en la sección II).
En materia de educación y formación de recursos
humanos para el desarrollo sustentable, la Secretaría de
Medio Ambiente y Recursos Naturales, SEMARNAT, por medio del Centro
de Capacitación para el Desarrollo Sustentable, CECADESU,
ha buscado una mayor efectividad en las acciones realizadas con
distintas estrategias, entre las que destacan: la construcción,
desde el ámbito local, de los Planes Estatales de Educación
Ambiental, Capacitación y Comunicación Educativa
para el Desarrollo Sustentable (PEEACCE) con miras a lograr integrar,
en el mediano plazo, una Estrategia Nacional de Educación
Ambiental; otra es la revisión del marco legal necesario
para contar con un piso institucional adecuado para el desarrollo
de las acciones; y, finalmente, la búsqueda de mecanismos
alternativos de financiamiento para fortalecer la acción
pública.
Hasta agosto de 2003, los estados de Aguascalientes, Michoacán,
Campeche, Colima y Zacatecas culminaron la elaboración
de sus planes estatales; 12 estados más, cuentan con un
documento preliminar: Tabasco, Chihuahua, Durango, Guanajuato,
Guerrero, Jalisco, Hidalgo, México, Morelos, Puebla, Quintana
Roo y Sinaloa, y 12 estados más se encuentran en proceso
de integrarlo: Baja California, Baja California Sur, Coahuila,
Chiapas, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Querétaro,
San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas y Veracruz.
Unos de los proyectos gubernamentales que tiene una vinculación
más estrecha con el tema, es la Cruzada por los Bosques
y el Agua, la cual es un llamado a actuar juntos sociedad y gobierno
en proyectos locales o regionales para la conservación,
restauración y manejo sustentable de los bosques y el agua
de México, con la finalidad de revertir a la destrucción
acelerada de la vegetación natural de nuestro país
y los trastornos en la disponibilidad de agua, que en ocasiones
redundan en sequías interminables y en otras en inundaciones,
torrentes incontrolables y deslaves.
En el marco de la Cruzada, se cuenta con una estrategia educativa
y de capacitación que está concentrando su trabajo
en zonas críticas del país a fin de buscar resultados
concretos en un corto plazo. La Cruzada se inició en el
año 2001 y se encuentra en su tercer año de trabajo.
Otros programas relevantes al tema son la Estrategia de Educación
y Conciencia Pública que nuestro país está
por iniciar en el marco de la Convención Ramsar, así
como el Programa denominado Enseñando y Aprendiendo para
un Futuro Sustentable, elaborado por la UNESCO y dirigido a maestros,
y que nuestro país buscará adaptar al contexto mexicano.
Dicho Programa se encuentra en marcha como proyecto piloto en
la Reserva de la Biosfera de Sierra Gorda, en el estado de Querétaro.
El reto es unificar y enfocar todos estos esfuerzos alrededor
de objetivos comunes enmarcados en una política nacional
para el cambio climático. Para lograr esto, se requiere
recuperar y manejar los datos e información existentes
y desarrollar recursos educativos versátiles y flexibles
que puedan ser utilizados con una amplia gama de destinatarios,
así como proporcionar herramientas de trabajo mediante
la capacitación a cada miembro de la sociedad (padres,
maestros, estudiantes, consumidores, líderes locales, manufactureros,
granjeros, legisladores, publicistas, etc.) a fin de incrementar
sus oportunidades de contribuir con acciones concretas a frenar
el cambio climático y sus resultados.
Es necesario asegurarse de que cualquier esfuerzo para la formación
de recursos humanos sea sistemático y continuo para mejorar
el uso de los datos e información en todas las etapas del
proceso de planeación y dar un mejor sustento al proceso
de toma de decisiones, tanto en el sector gubernamental como en
el productivo.
Algunos de los aspectos clave que se requiere fomentar
a través de la capacitación son:
-
El uso de indicadores y herramientas en el proceso de toma
de decisiones y en la formulación de nuevas políticas.
-
El mejoramiento de las prácticas de los sectores industrial,
agrícola y del transporte para controlar y reducir
la tasa de crecimiento de emisiones de gases de efecto invernadero.
-
El manejo de tecnologías o medidas de mitigación
para controlar y reducir la tasa de crecimiento de las emisiones
de gases de efecto invernadero.
-
La creación de capacidades para la integración
de elementos de adaptabilidad al cambio climático en
las estrategias para el desarrollo sustentable.
En
cuanto a los sectores involucrados, además de considerar
como destinatarios y partícipes de la misma al sector educativo,
las instituciones gubernamentales, el público en general,
los medios masivos y las organizaciones no gubernamentales, se
requiere concentrar el desarrollo de los proyectos de sensibilización
y formativos en audiencias específicamente seleccionadas,
por el peso que tienen en la puesta en práctica de soluciones
desde su ámbito de actuación. Estas últimas
incluyen, entre otros, los siguientes sectores:
•
Energía.
• Recursos naturales y manejo forestal.
• Sector industrial: la pequeña y mediana industrias.
• Transporte.
• Desarrollo urbano.
Un
requisito fundamental para el éxito de la estrategia es
la participación decidida de cada sector, la cual sólo
puede lograrse mediante una aproximación directa. Cada
uno de ellos debe estar al tanto de cómo contribuye al
cambio climático, cuáles son las consecuencias y
qué puede hacerse para mitigar el problema. Las medidas
de mitigación propuestas y la información ofrecida
a cada uno deben tomar en consideración sus necesidades
específicas y los recursos con los que se cuenta.
BIBLIOGRAFÍA
Gobierno
de los Estados Unidos Mexicanos. 2001. Plan Nacional de Desarrollo
2001- 2006. México: Presidencia de la República.
Talleres Gráficos de la Nación. González
G., Edgar. 1999. Otra Lectura a la historia de la Educación
Ambiental en América Latina y el Caribe. Tópicos
en Educación Ambiental 1(1): 9-26.
Notas
*
Coordinadora general y secretaria técnica, respectivamente,
del Centro de Educación y capacitación para el Desarrollo
Sustentable, Semarnat.