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Evaluación de la vulnerabilidad en los ecosistemas forestales

 

Lourdes Villers* e Irma Trejo**

 

CONTEXTO GENERAL DE LOS EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN LOS ECOSISTEMAS

 

LOS ESTUDIOS DE IMPACTO climático en el ámbito internacional han aumenta- do considerablemente en los últimos años, debido al reconocimiento científico de las evidencias que muestran la posibilidad real de un cambio climático global. Esto ha tenido repercusión tanto en el ámbito científico, como en el gubernamental y social. Esta situación se refleja en la realización de un creciente número de estudios más precisos sobre este tema, así como en la incorporación de estas discusiones tanto en las negociaciones internacionales, en los programas gubernamentales, como en el incremento en la preocupación y participación de las organizaciones civiles en tópicos como la adaptación y las medidas de mitigación frente al cambio climático.

Estos temas, que anteriormente eran sumamente especulativos, han adquirido veracidad. Como ejemplo, estudios recientes sobre cambio climático regional y global señalan con alto grado de confiabilidad que de manera particular los incrementos de temperatura pueden afectar tanto a los sistemas físicos como a los sistemas biológicos del planeta en distintos niveles (IPCC 1995; y McCarthy et al. 2001). La alteración de la temperatura de la atmósfera genera cambios en la dinámica de la misma y, por lo tanto, modifica los patrones de precipitación en el planeta (ver el capítulo Consecuencias presentes y futuras de la variabilidad climática y el cambio climático en México, de V. Magaña et al., en esta sección). Este fenómeno tiene repercusiones particularmente graves para los ecosistemas naturales, ya que deriva en la pérdida y degradación de la riqueza biótica del planeta, la erosión de suelos, cambios en los patrones de evapotranspiración, contaminación de los mantos acuíferos, entre otros.

Cabe hacer la aclaración de que los escenarios de cambio en los patrones climáticos que se proyectaron para las décadas futuras (2025, 2050), exceden la habilidad de muchas especies de adaptarse mediante estrategias como la migración, cambios en el comportamiento o modificaciones genéticas, que normalmente son procesos que requieren cientos o miles de años para llevarse a cabo. Por ello, la condición de cambio climático puede resultar en la reducción de las áreas de distribución de muchas especies, o en la disminución de algunas poblaciones e incluso en la extinción de aquellas especies que resulten más sensibles a los cambios (Smith 1997).

Este tópico ya ha sido documentado con estudios puntuales, en los que se constata que los cambios en los comportamientos de los sistemas biológicos pueden estar relacionados con los cambios regionales de temperatura; tal es el caso de la disminución de la población del sapo dorado (Bufo periglenes) y la desaparición de la rana arlequín (Atelopus varius) en Costa Rica, después de trastornos climáticos como anomalías en la temperatura y disminución en la precipitación, asociados éstos con la presencia de uno de los eventos de El Niño (El Niño/Oscilación del Sur, ENOS) más fuertes, como lo fue durante el periodo de 1986-1987 (Pounds y Crump 1994); o los cambios en las densidades de poblaciones de pequeños mamíferos en Chile relacionados con las variaciones en la lluvia y la temperatura de la zona (Jiménez et al. 1992), en el marco del mismo evento.

Por otra parte se enfrenta la interrogante de saber cómo responderán las diferentes especies ante una atmósfera enriquecida con CO2, y que ya se han documentado evidencias de alteraciones a distintos niveles en las plantas, desde modificaciones en la eficiencia fotosintética, en la fenología (comportamiento a lo largo del año), en las tasas de crecimiento, así como en las interacciones en las comunidades y, por lo tanto, en la estructura, dinámica y funcionamiento de los ecosistemas (Mooney et al. 1991, Reekie y Bazzaz 1992, Bazzaz, 1998, Corner 1998).

Los posibles efectos que estos cambios en el clima puedan tener en los ecosistemas se han podido percibir debido a la ocurrencia de eventos meteorológicos extremos, que aunque normalmente se presentan en la naturaleza, en los últimos años se han registrado cambios en la frecuencia, intensidad y persistencia de sistemas como son las ondas de calor, precipitaciones intensas, sequías, fuertes huracanes, así como en la intensificación de los efectos del conocido “El Niño”. Aparentemente y de acuerdo con las investigaciones, estos cambios podrían estar asociados al incremento en la atmósfera de los “gases de efecto invernadero”. Aun cuando la incertidumbre es alta, los estudios apuntan a que es posible que la elevación de la temperatura propicie un incremento en la frecuencia e intensidad de los ciclones tropicales (Walsh y Pittock 1998), lo cual va asociado con lluvias extremas, fuertes vientos e inundaciones en periodos muy cortos; es decir, concentrados en pocos días.

Sin embargo, aunque no se tenga la seguridad de cómo se modificarán los patrones climáticos en el futuro cercano, los eventos “catastróficos” que han afectado diferentes regiones en los últimos años, han funcionado como focos de atención y visiones futuristas de lo que podría suceder si no se toman acciones que mitiguen los efectos del cambio climático (ver el capítulo México y la participación de países en desarrollo en el régimen climático, de F. Tudela, en la sección II). Como ejemplos, en México se encuentran los efectos dramáticos del paso de fuertes huracanes como Pauline en las costas del Pacífico; Roxane en las costas del Golfo, o el Mitch en Centroamérica; la fuerte incidencia de incendios tras una sequía prolongada y temperaturas cálidas extremas en 1998, o la sequía prolongada en estados como Zacatecas. Estos eventos pueden ser considerados como experimentos naturales que nos pueden dar indicios y nos alertan sobre lo que pasaría si las tendencias continúan como hasta ahora.

Cabe insistir en que aun cuando estos fenómenos (huracanes, sequías, incendios) son parte de la dinámica de los ecosistemas (Dittus 1985), la magnitud e intensidad del evento pone en riesgo el mantenimiento de especies o comunidades completas.

El incremento y la acumulación de los gases de efecto invernadero son los responsables del aumento en la temperatura global, y provienen en su mayor proporción de la quema de combustibles fósiles y de los cambios en el uso del suelo. Las transformaciones de la cobertura vegetal, para la realización de distintas actividades humanas como agricultura, ganadería, asentamientos humanos, explotación forestal, etc., incluyen la pérdida de grandes áreas de cobertura de vegetación asociadas con la deforestación, así como la disminución de cualidades que poseen las comunidades e incluso la reducción o pérdida de especies. Particularmente para México, se estima que los cambios en la cobertura del suelo contribuyen en aproximadamente 30 y 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero (Masera et al. 1997) (ver el capítulo Los gases de efecto invernadero y sus emisiones en México, de L. G. Ruiz y X. Cruz, en la sección I).

Aunado a la contribución de la emisión de los gases de efecto invernadero, la reducción en la cobertura vegetal está asociada a la pérdida de los servicios ambientales que ofrecen los ecosistemas (Daily et al. 1997). Estos servicios incluyen las condiciones y procesos naturales de los ecosistemas (incluyendo las especies y los genes) por medio de los cuales el hombre obtiene algún tipo de beneficio; mantienen la biodiversidad y la producción de bienes tales como alimento, agua, madera, combustibles y fibras; se incluyen los ciclos de los nutrientes, la degradación de desechos orgánicos, el control biológico de plagas, polinización de plantas, productos farmacéuticos; la formación de suelo y control de la erosión, y el almacenamiento de carbono, entre otros (Dixon et al. 1994).

Por tanto, existe una sinergia entre las causas y las consecuencias del cambio climático, ya que si los ecosistemas son almacenes de carbono y éstos se ven disminuidos en superficie y calidad, debido a las actividades humanas, se incrementan las emisiones de CO2 a la atmósfera, lo cual a su vez genera aumento en la temperatura y cambios en los patrones climáticos, que afectan la estructura, composición y funcionamiento de los ecosistemas. De esta manera estamos atrapados en un punto en el cual las medidas de mitigación son ahora imprescindibles.

 

LOS ESTUDIOS EN MÉXICO SOBRE LA VULNERABILIDAD DE LOS BOSQUES ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO

 

Los estudios relacionados con el impacto y vulnerabilidad del Cambio Climático sobre los ecosistemas forestales en México, hasta ahora han sido muy generales. Respecto al ámbito nacional se han aplicado algunos modelos de sensibilidad, así como Modelos de Circulación General en los cuales se considera un doblamiento del CO2 en la atmósfera respecto a la línea base, en el contexto del Estudio de País (Gay 2000). Lo que se simula con estos modelos son las condiciones de temperatura y precipitación que imperarían ante esas nuevas condiciones. Concretamente para el país se aplicaron los modelos creados por algunos laboratorios: el Geophysical Fluids Dynamic Laboratory (GFDL-R30), el Canadian Climatic Center Model (CCCM), y el modelo de sensibilidad en donde se supone un incremento en la temperatura de +2°C y -10% en la precipitación, todo esto en el marco del Estudio de País.

Los resultados que se obtienen al aplicar los modelos proporcionaron distintos escenarios del impacto sobre los ecosistemas forestales que se distribuyen en el país, así como las posibles modificaciones de la distribución de la vegetación, en el caso de que esta redistribución fuera posible, tal y como se ha mencionado, si el tiempo fuera suficiente para permitir este tipo de adaptaciones. Las predicciones en el cambio de la vegetación se basan en la premisa de que los distintos tipos de vegetación que se reconocen en la actualidad, se relacionan íntimamente con las condiciones climáticas en las que se distribuyen, de forma que conociendo los cambios de temperatura y precipitación que se podrían suscitar, sería posible conocer cuál tipo de vegetación correspondería a esas nuevas condiciones.

 

CUADRO 1. SUPERFICIE (%) DEL PAÍS AFECTADA POR EL CAMBIO CLIMÁTICO

 

 
Modelo de sensibilidad
Modelo CCCMT
Modelo GFDL-R30
 
T + 2º CPP - 10 %
+ 2.8° CPP – 17 %
T + 3.2 ° CPP +20 %
Cambio 52.22 52 57.64
No cambio 47.78 48 42.36

 

De acuerdo con los resultados de los estudios de Villers y Trejo (1997), más de la mitad del país (entre 50 y 57%) cambiaría sus condiciones de temperatura y precipitación, con tal magnitud que el tipo de clima que existe hoy podrá ser clasificado como otro subtipo, de acuerdo con la clasificación de Köppen, modificada por García (García 1988) (cuadro 1). Este cambio supone, entonces, que las comunidades que se establecen actualmente en esas áreas, se verían afectadas y, por lo tanto, tendrían que cambiar conforme al nuevo subtipo climático. Los tres modelos aplicados en el estudio prevén un aumento en la temperatura, por lo cual el impacto más significativo ocurriría en las zonas templadas en donde se establecen comunidades vegetales como los bosques de coníferas (pinos, abetos) o latifoliadas (como los encinos), algunos pastizales naturales y matorrales. Todas estas especies que forman este tipo de comunidades no soportan las condiciones cálidas; esto significa que no poseen las adaptaciones para soportar esas temperaturas. Es de suponer que estos cambios en la temperatura tendrían efectos drásticos en la vegetación de esas zonas y su distribución se vería dramáticamente reducida, e incluso en algunos casos desaparecería.

Según el modelo de sensibilidad, un aumento de temperatura y un decremento de la precipitación se verían reflejados en una disminución en la superficie de los bosques templados de coníferas y encinos, así como los pastizales naturales de alta montaña y ciertos matorrales con afinidades templadas que cubren el país, y serían desplazados por elementos con preferencias más cálidas y xéricas (con adaptaciones a la aridez). De hecho se prevé que el límite latitudinal de los bosques espinosos se desplazaría hacia el sur, principalmente en la vertiente del Pacífico.

Cuando se analiza lo que pasaría de acuerdo con el modelo CCCM, éste supone un escenario similar al de sensibilidad, sólo que en este caso el incremento en promedio para el país es de 2.8°C y una disminución de la lluvia en 7%, por lo que en general el resultado es similar a lo descrito anteriormente; es decir, existe una tendencia a la aridez, lo que favorece las condiciones para una ampliación de comunidades como los bosques secos y los bosques tropicales caducifolios, adaptados a estas condiciones, pero en decremento de los bosques templados y comunidades de alta montaña.

El modelo GFDL-R30 es el menos severo de los tres analizados, en el sentido de que en este caso la simulación muestra un escenario en donde la temperatura en promedio se incrementa hasta 3.2°C, pero se tiende a un incremento en 20% de la lluvia respecto a la actual. Con estas condiciones lo que se observa es que las comunidades que se verían favorecidas serían los bosques tropicales, que podrían distribuirse en mayores áreas que las que actualmente ocupan. Los climas áridos templados y semicálidos prácticamente desaparecerían, por lo que los pastizales naturales y los matorrales xerófilos podrían ser reemplazados por bosques espinosos u otro tipo de matorral con mayor afinidad a condiciones más cálidas y más húmedas. Por otro lado, los bosques de coníferas asentados en climas semifríos serían reemplazados por comunidades más templadas, como podrían ser los encinares, que tendrían que establecerse en lugares con mayor altitud de la actual.

En cualquiera de los casos, lo que sugiere la aplicación de los modelos es que ante la posibilidad de un cambio climático, en más de la mitad del país las condiciones climáticas serían distintas a las actuales y, por lo tanto, la vegetación que se establece actualmente tendría que cambiar, tal y como se muestra en el cuadro 2, en donde se detalla cuáles comunidades incrementarían su área de distribución, de acuerdo con cada modelo, y cuáles perderían superficie respecto a lo que deberían ocupar en el presente. Como se mencionó anteriormente, esto supondría la capacidad de las especies de migrar y adaptarse en tiempos muy cortos, lo cual no parece posible (Markham 1996).

 

CUADRO 2. SUPERFICIE (%) DEL PAÍS CUBIERTA POR LOS DISTINTOS TIPOS DE VEGETACIÓN DE ACUERDO CON LOS MODELOS DE CIRCULACIÓN GENERAL

 

Tipo de vegetación*
Potencial actual
Modelo de sensibilidad
Modelo CCCM
Modelo GFDL-R30
Bosque tropical perenifolio
9.91
8.64(-)
8.51(-)
16.22(+)
Bosque tropical caducifolio
24.28
24.74 (~)
25.22(+)
28.77(+)
Bosque mesófilo
2.1
0.26(-)
0.54(-)
1.3(-)
Bosque de coniferas y encinos
6.36
.91(-)
3.65(-)
3.92(-)
Bosque de confieras (zonas frías)
2.31
0
0
0
Bosque espinoso
11
19.67(+)
18.1(+)
18.38(+)
Matorral xerofilo
39.54
42.14(+)
43.99(+)
31.38(-)
Patizal
4.72
0.63(-)
0
0

* El tipo de vegetación se infiere del tipo de clima que se establece de acuerdo con las condi- ciones actuales y según los cambios para cada modelo. Los símbolos a la derecha de cada número indican ganancia (+), pérdida (-) o mantenimiento (~) de la superficie respecto a la potencial actual.

 

En la figura 1 se observa cuáles son las zonas del país y qué tipo de vegetación (de acuerdo con la clasificación de Rzedowski, 1990) sería el que se vería afectado por el cambio de acuerdo con cada uno de los modelos aplicados.

Es importante mencionar que en este análisis se considera a la cubierta vegetal del país sin tomar en cuenta las alteraciones que se han examinado; esto es, se analiza el cambio partiendo de la distribución potencial de la vegetación; asimismo, se considera qué tipo de vegetación se establecería en las nuevas condiciones. Sin embargo, si se toma en consideración que de acuerdo con la dinámica actual de cambio de uso del suelo en el país, muchas de las áreas que se señalan en el análisis como zonas afectadas por el cambio climático, constituyen zonas que están ya desprovistas de vegetación o que muestran síntomas de deterioro, el escenario sería diferente. Esta última consideración es un factor importante, ya que las comunidades enfrentan no solamente el cambio climático, sino que también están sujetas a una serie de presiones relacionadas con las actividades humanas.

En el estudio antes citado de Villers y Trejo se analiza la distribución actual de los tipos de vegetación, considerando aquellas áreas en las que la cobertura ya ha sido transformada para otros usos, así como su relativo estado de conservación, es decir aquellas áreas en las que la estructura y composición de la vegetación ya ha sido alterada.

 

 

 

Figura 1. Áreas de vegetación afectadas por el cambio climático. A. Modelo sensibilidad y B. Modelo CCCM.

 


Figura 1. Áreas de vegetación afectadas por el cambio climático (continuación). C. Modelo
GFDL-R30.

 

En el cuadro 3 se puede observar la proporción de cada tipo de vegetación que se ve afectada por el cambio climático, y de ésta, la proporción que se encuentra en buen estado de conservación, así como aquella que además muestra signos de deterioro a causa de las actividades productivas. Resalta que entre 60 y 70% de los bosques templados se verá afectado por el cambio climático, y porcentajes similares de matorral xerófilo; en contraste, la proporción de bosques tropicales que se ven afectados por el cambio en condiciones climáticas, sobre todo en los tropicales más húmedos, es menor, ya que no alcanza 20%. Sin embargo, la relación de comunidades conservadas respecto a aquellas comunidades que presentan signos de alteración se invierte, y es mayor la proporción de bosques tropicales alterados respecto a la de los bosques templados.

Estos resultados llevan a una reflexión importante: los bosques templados se verán más afectados por el cambio climático, pero los bosques tropicales están siendo más afectados por las actividades humanas, que los están llevando a una reducción inexorable de la superficie que ocupan en el país. La combinación de estos dos factores puede llevar a resultados drásticos en términos de la permanencia de la cobertura vegetal en el territorio. Es de suponerse que aquellas áreas que se encuentran alteradas y que además estarán afectadas por el cambio climático, disminuyen notablemente su posible capacidad de respuesta para enfrentar los cambios, por lo que su probabilidad de desaparecer se incrementa fuertemente.

En este contexto se analizó también el impacto del cambio climático sobre las principales áreas naturales protegidas terrestres del país (Villers y Trejo, 1998). Los resultados fueron contrastantes dependiendo del modelo aplicado, pero como ejemplo, se encontró que algunos bosques tropicales secos, como los que se encuentran en las reservas de Chamela-Cuixmala, Ría Lagartos y Manantlán, se verían afectados por un aumento de la lluvia y temperatura. Otros casos son las reservas de El Triunfo, Celestún y San Martín, que tendrían que soportar condiciones más secas, de acuerdo con el modelo CCCM. También resultarían afectadas las áreas de El Abra, en San Luis Potosí, y La Mariposa Monarca, ya que estarían sujetas a condiciones más cálidas; todo esto implicaría, desde luego, una presión adicional sobre esas zonas.

Otros estudios realizados por Arriaga et al. (2001), basados en la distribución potencial actual de ciertas especies de encinos y pinos (como Quercus peduncularis, Q. laeta, Pinus ayacahuite, P. chihuahuana, P. durangensis y P. hartwegii), analizados en el escenario de cambio climático según el modelo HadCM2, concluyen que la distribución de estas especies disminuirá en promedio 30% en relación con la superficie que ocupan actualmente (ver el capítulo Posibles efectos del cambio climático en algunos componentes de la biodiversidad de México, de L. Arriaga y L. Gómez, en esta sección). Las especies que presentan mayor reducción de su área potencial de distribución actual son: Pinus hartwegii, con -49%, y Quercus laeta, con -37%. Los resultados de estos estudios apuntan en la misma dirección de los resultados reportados por Villers y Trejo (1997) para el país, pues confirman que especies con afinidades a climas templados, tenderán a reducir su representación en el país.

Por otra parte, en otro estudio realizado por Villers y Trejo (1998) sobre 16 zonas importantes en cuanto a explotación e industria forestal del país, se prevé un impacto significativo sobre esas zonas ubicadas en los estados de Chihuahua, Durango, Jalisco y Michoacán, que corresponden a las áreas en donde se encuentran los principales aserraderos del país y en donde se producen, para consumo nacional, muebles, contrachapados, celulosa y papel, cajas, etc.

Cuadro 3 Superficie (%) de cada tipo de vegetación actual afectada por el cambio climático y % relativo de su estado de conservación

 

 
Modelo de sensibilidad
Modelo CCCM
Modelo GFDL-R30
Tipo de vegetación
Afectada
Conservada
Secundaria
Afectada
Conservada
Secundaria
Afectada
Conservada
Secundaria
Bosque tropical perenifolio
18.7
21.3
78.7
19.5
14.8
85.2
19.4
17.8
82.2
Bosque tropical caducifolio
20.4
30.6
69.4
15.5
25.8
74.2
16.9
29.5
70.5
Bosque espinoso
48.1
42.4
57.6
42.2
35.7
64.4
42.5
36.7
63.3
Matorral xerofilo
27.4
78
22
37.1
76
23.9
37.6
73
27
Patizal
59.5
89.1
10.9
72.9
90
10
74.2
88.2
11.8
Bosque templado
66.1
48.4
51.6
78.1
49
51
85.5
46.3
53.7
Bosque mesófilo
64
71
29
68.8
72.3
27.7
65.2
73.1
26.9
Vegetación ácutica
52.5
63.2
36.8
57.9
63.1
36.9
46.1
45.5
54.5
 
24.8
96.5
3.5
29.7
96.7
3.3
25.7
99.5
0.5

 

CONSIDERACIONES

 

Es importante hacer una serie de reflexiones en el sentido de que los ecosistemas terrestres han sido sujetos a muchas presiones, como cambio de uso del suelo, contaminación, explotación inmoderada, ganaderización, introducción de especies exóticas, etc., por lo que el cambio climático se añade como un factor más que puede hacer cambiar o poner en peligro las existencias de estos sistemas.

Estos cambios, que pueden hacerse sentir en pocos años, no se distribuyen homogéneamente en todas las regiones del país. Por ejemplo para el caso de la temperatura, en algunas zonas el incremento podría ser de hasta 4.5°C. La incertidumbre respecto a los cambios en los patrones de la lluvia es muy amplia, fundamentalmente si se considera que uno de los factores importantes a conocer, es como será la distribución de la precipitación a lo largo del año y que tan concentradas podrán ser esas lluvias, ya que probablemente para algunos tipos de bosques tropicales, más que la cantidad de precipitación, la extensión de los periodos secos puede llegar a ser crítica (Condit 1998). Esto es vital para el buen funcionamiento de los ecosistemas. Por ejemplo, estos periodos extendidos de sequía, combinados con la deforestación y la fragmentación de los bosques (la formación de parches y el aislamiento de la vegetación), los expone potencialmente a una mayor incidencia de incendios (Goldammer y Price 1998).

La afectación que se pueda causar en las comunidades vegetales de México relacionada con el cambio climático, así como por otros factores como la reducción en la superficie, la transformación a otros usos, los cambios en la composición de especies, etc., cobra una mayor importancia cuando se considera que la pérdida de estos ecosistemas conlleva a una gran pérdida de la biodiversidad mundial, ya que México está considerado como uno de los países de megadiversidad (Sarukhán y Dirzo 2001), en donde se abarcan todos los niveles, desde la diversidad genética, de especies, hasta la de ecosistemas. Se calcula que en el país existen alrededor de 36 000 especies, lo cual representa 10% de la diversidad florística del planeta (Rzedowski 1993). En nuestro territorio se encuentran varios de los centros de diversidad florística considerados en el mundo (Davis et al. 1997) y, de hecho, una de las características sobresalientes del país es que contiene prácticamente todos los ecosistemas presentes en la Tierra (Rzedowski 1992). Asimismo, México tiene un alto grado de endemismo (especies que solo existen en el territorio mexicano) (Rzedowski 1991), además de ser considerado uno de los centros de domesticación de plantas más importantes del mundo (Hernández-Xolocotzi 1993). Por ello, se deben tomar medidas que prevengan los daños. Una de estas medidas es llevar a cabo una valoración económica de los múltiples servicios que ofrecen los diversos tipos de bosques, y que de acuerdo con algunas referencias alcanzaría valores muy altos (Dirzo 2001). Esto con la premisa de reconocer su valor total, y tomando en cuenta que los servicios ecológicos son tan importantes para la supervivencia humana como los servicios tecnológicos, y que reemplazar los servicios naturales con tecnología equivalente (sistemas tecnológicos) es un esfuerzo muy grande y costoso, y sabemos que el mantenimiento del planeta es imposible sin los servicios ecológicos (Cairns 1995, Heywood y Watson 1995).

Desde los primeros estudios de Cambio Climático se ha señalado e insistido que el mantenimiento y restauración de los bosques naturales, así como de su biodiversidad, son vitales para la mitigación de los impactos del cambio climático (Markham 1996). De la misma forma se ha puntualizado que los bosques, manejados en forma adecuada, pueden ser útiles como almacenes de carbono y pueden compensar las emisiones del sector energético (Masera et al. 1997).

Conservar productivamente los recursos biológicos naturales significa mantener la integridad de los ecosistemas y de todos sus componentes: especies de plantas, animales y microorganismos, y sus interrelaciones.

 

ESTUDIOS FUTUROS

 

Con lo que se conoce hasta ahora sobre los posibles efectos del cambio climático en México, se advierte que las comunidades vegetales del país están expuestas y son muy sensibles ante las modificaciones que podrían darse si la concentración de CO2 atmosférico continúa en ascenso y los patrones climáticos generales cambian en un futuro cercano.

Es necesario disminuir la incertidumbre que existe respecto a conocer de qué magnitud y en qué sentido podrían modificarse las condiciones actuales, por lo que la aplicación de nuevos modelos que contribuyan a aportar información más precisa, será de gran utilidad en el futuro próximo. En el mismo sentido, se requiere llevar a cabo estudios más particulares, fundamentalmente en las áreas que se han detectado como más sensibles. Es importante para ello realizar estudios regionales que generen mayor información sobre las posibles afectaciones de los ecosistemas ante el cambio climático.

Es indispensable saber como se verá afectado el clima, no sólo en el nivel general, sino también cómo será su comportamiento a lo largo del año, y relacionar esto con los efectos en los ecosistemas, sobre todo si se considera la gran diversidad de comunidades vegetales que se establecen en el país. Conocer las capacidades de adaptación de las especies y analizar el ám- bito de condiciones que pueden soportar, podrá ser utilizado en la planificación de estrategias de mitigación.

Medidas encaminadas a la protección y al mantenimiento de los ecosistemas, desde zonas protegidas, corredores biológicos, manejos forestales adecuados, etc., serán fundamentales y son reconocidas como aspectos imprescindibles que deben ser incorporados en la planificación de las acciones a tomar, encaminadas a resolver el deterioro general del planeta. Es fundamental, para todo esto, reconocer el valor de los ecosistemas en todos sus aspectos y, sobre todo, la participación de todos los sectores de la sociedad.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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Notas

*Centro de Ciencias de la Atmósfera.
** Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México.

 

 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 15/11/2007