Evaluación
de la vulnerabilidad en los ecosistemas forestales
Lourdes Villers* e Irma Trejo**
CONTEXTO GENERAL DE LOS EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO
EN LOS ECOSISTEMAS
LOS
ESTUDIOS DE IMPACTO climático en el ámbito internacional
han aumenta- do considerablemente en los últimos años,
debido al reconocimiento científico de las evidencias que
muestran la posibilidad real de un cambio climático global.
Esto ha tenido repercusión tanto en el ámbito científico,
como en el gubernamental y social. Esta situación se refleja
en la realización de un creciente número de estudios
más precisos sobre este tema, así como en la incorporación
de estas discusiones tanto en las negociaciones internacionales,
en los programas gubernamentales, como en el incremento en la
preocupación y participación de las organizaciones
civiles en tópicos como la adaptación y las medidas
de mitigación frente al cambio climático.
Estos temas, que anteriormente eran sumamente especulativos, han
adquirido veracidad. Como ejemplo, estudios recientes sobre cambio
climático regional y global señalan con alto grado
de confiabilidad que de manera particular los incrementos de temperatura
pueden afectar tanto a los sistemas físicos como a los
sistemas biológicos del planeta en distintos niveles (IPCC
1995; y McCarthy et al. 2001). La alteración de la temperatura
de la atmósfera genera cambios en la dinámica de
la misma y, por lo tanto, modifica los patrones de precipitación
en el planeta (ver el capítulo Consecuencias presentes
y futuras de la variabilidad climática y el cambio climático
en México, de V. Magaña et al., en esta sección).
Este fenómeno tiene repercusiones particularmente graves
para los ecosistemas naturales, ya que deriva en la pérdida
y degradación de la riqueza biótica del planeta,
la erosión de suelos, cambios en los patrones de evapotranspiración,
contaminación de los mantos acuíferos, entre otros.
Cabe hacer la aclaración de que los escenarios de cambio
en los patrones climáticos que se proyectaron para las
décadas futuras (2025, 2050), exceden la habilidad de muchas
especies de adaptarse mediante estrategias como la migración,
cambios en el comportamiento o modificaciones genéticas,
que normalmente son procesos que requieren cientos o miles de
años para llevarse a cabo. Por ello, la condición
de cambio climático puede resultar en la reducción
de las áreas de distribución de muchas especies,
o en la disminución de algunas poblaciones e incluso en
la extinción de aquellas especies que resulten más
sensibles a los cambios (Smith 1997).
Este tópico ya ha sido documentado con estudios puntuales,
en los que se constata que los cambios en los comportamientos
de los sistemas biológicos pueden estar relacionados con
los cambios regionales de temperatura; tal es el caso de la disminución
de la población del sapo dorado (Bufo periglenes) y la
desaparición de la rana arlequín (Atelopus varius)
en Costa Rica, después de trastornos climáticos
como anomalías en la temperatura y disminución en
la precipitación, asociados éstos con la presencia
de uno de los eventos de El Niño (El Niño/Oscilación
del Sur, ENOS) más fuertes, como lo fue durante el periodo
de 1986-1987 (Pounds y Crump 1994); o los cambios en las densidades
de poblaciones de pequeños mamíferos en Chile relacionados
con las variaciones en la lluvia y la temperatura de la zona (Jiménez
et al. 1992), en el marco del mismo evento.
Por otra parte se enfrenta la interrogante de saber cómo
responderán las diferentes especies ante una atmósfera
enriquecida con CO2, y que ya se han documentado evidencias de
alteraciones a distintos niveles en las plantas, desde modificaciones
en la eficiencia fotosintética, en la fenología
(comportamiento a lo largo del año), en las tasas de crecimiento,
así como en las interacciones en las comunidades y, por
lo tanto, en la estructura, dinámica y funcionamiento de
los ecosistemas (Mooney et al. 1991, Reekie y Bazzaz 1992, Bazzaz,
1998, Corner 1998).
Los posibles efectos que estos cambios en el clima puedan tener
en los ecosistemas se han podido percibir debido a la ocurrencia
de eventos meteorológicos extremos, que aunque normalmente
se presentan en la naturaleza, en los últimos años
se han registrado cambios en la frecuencia, intensidad y persistencia
de sistemas como son las ondas de calor, precipitaciones intensas,
sequías, fuertes huracanes, así como en la intensificación
de los efectos del conocido “El Niño”. Aparentemente
y de acuerdo con las investigaciones, estos cambios podrían
estar asociados al incremento en la atmósfera de los “gases
de efecto invernadero”. Aun cuando la incertidumbre es alta,
los estudios apuntan a que es posible que la elevación
de la temperatura propicie un incremento en la frecuencia e intensidad
de los ciclones tropicales (Walsh y Pittock 1998), lo cual va
asociado con lluvias extremas, fuertes vientos e inundaciones
en periodos muy cortos; es decir, concentrados en pocos días.
Sin embargo, aunque no se tenga la seguridad de cómo se
modificarán los patrones climáticos en el futuro
cercano, los eventos “catastróficos” que han
afectado diferentes regiones en los últimos años,
han funcionado como focos de atención y visiones futuristas
de lo que podría suceder si no se toman acciones que mitiguen
los efectos del cambio climático (ver el capítulo
México y la participación de países en desarrollo
en el régimen climático, de F. Tudela, en la sección
II). Como ejemplos, en México se encuentran los efectos
dramáticos del paso de fuertes huracanes como Pauline en
las costas del Pacífico; Roxane en las costas del Golfo,
o el Mitch en Centroamérica; la fuerte incidencia de incendios
tras una sequía prolongada y temperaturas cálidas
extremas en 1998, o la sequía prolongada en estados como
Zacatecas. Estos eventos pueden ser considerados como experimentos
naturales que nos pueden dar indicios y nos alertan sobre lo que
pasaría si las tendencias continúan como hasta ahora.
Cabe insistir en que aun cuando estos fenómenos (huracanes,
sequías, incendios) son parte de la dinámica de
los ecosistemas (Dittus 1985), la magnitud e intensidad del evento
pone en riesgo el mantenimiento de especies o comunidades completas.
El incremento y la acumulación de los gases de efecto invernadero
son los responsables del aumento en la temperatura global, y provienen
en su mayor proporción de la quema de combustibles fósiles
y de los cambios en el uso del suelo. Las transformaciones de
la cobertura vegetal, para la realización de distintas
actividades humanas como agricultura, ganadería, asentamientos
humanos, explotación forestal, etc., incluyen la pérdida
de grandes áreas de cobertura de vegetación asociadas
con la deforestación, así como la disminución
de cualidades que poseen las comunidades e incluso la reducción
o pérdida de especies. Particularmente para México,
se estima que los cambios en la cobertura del suelo contribuyen
en aproximadamente 30 y 40% de las emisiones de gases de efecto
invernadero (Masera et al. 1997) (ver el capítulo Los gases
de efecto invernadero y sus emisiones en México, de L.
G. Ruiz y X. Cruz, en la sección I).
Aunado a la contribución de la emisión de los gases
de efecto invernadero, la reducción en la cobertura vegetal
está asociada a la pérdida de los servicios ambientales
que ofrecen los ecosistemas (Daily et al. 1997). Estos servicios
incluyen las condiciones y procesos naturales de los ecosistemas
(incluyendo las especies y los genes) por medio de los cuales
el hombre obtiene algún tipo de beneficio; mantienen la
biodiversidad y la producción de bienes tales como alimento,
agua, madera, combustibles y fibras; se incluyen los ciclos de
los nutrientes, la degradación de desechos orgánicos,
el control biológico de plagas, polinización de
plantas, productos farmacéuticos; la formación de
suelo y control de la erosión, y el almacenamiento de carbono,
entre otros (Dixon et al. 1994).
Por tanto, existe una sinergia entre las causas y las consecuencias
del cambio climático, ya que si los ecosistemas son almacenes
de carbono y éstos se ven disminuidos en superficie y calidad,
debido a las actividades humanas, se incrementan las emisiones
de CO2 a la atmósfera, lo cual a su vez genera aumento
en la temperatura y cambios en los patrones climáticos,
que afectan la estructura, composición y funcionamiento
de los ecosistemas. De esta manera estamos atrapados en un punto
en el cual las medidas de mitigación son ahora imprescindibles.
LOS
ESTUDIOS EN MÉXICO SOBRE LA VULNERABILIDAD DE LOS BOSQUES
ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO
Los
estudios relacionados con el impacto y vulnerabilidad del Cambio
Climático sobre los ecosistemas forestales en México,
hasta ahora han sido muy generales. Respecto al ámbito
nacional se han aplicado algunos modelos de sensibilidad, así
como Modelos de Circulación General en los cuales se considera
un doblamiento del CO2 en la atmósfera respecto a la línea
base, en el contexto del Estudio de País (Gay 2000). Lo
que se simula con estos modelos son las condiciones de temperatura
y precipitación que imperarían ante esas nuevas
condiciones. Concretamente para el país se aplicaron los
modelos creados por algunos laboratorios: el Geophysical Fluids
Dynamic Laboratory (GFDL-R30), el Canadian Climatic Center Model
(CCCM), y el modelo de sensibilidad en donde se supone un incremento
en la temperatura de +2°C y -10% en la precipitación,
todo esto en el marco del Estudio de País.
Los resultados que se obtienen al aplicar los modelos proporcionaron
distintos escenarios del impacto sobre los ecosistemas forestales
que se distribuyen en el país, así como las posibles
modificaciones de la distribución de la vegetación,
en el caso de que esta redistribución fuera posible, tal
y como se ha mencionado, si el tiempo fuera suficiente para permitir
este tipo de adaptaciones. Las predicciones en el cambio de la
vegetación se basan en la premisa de que los distintos
tipos de vegetación que se reconocen en la actualidad,
se relacionan íntimamente con las condiciones climáticas
en las que se distribuyen, de forma que conociendo los cambios
de temperatura y precipitación que se podrían suscitar,
sería posible conocer cuál tipo de vegetación
correspondería a esas nuevas condiciones.
CUADRO
1. SUPERFICIE (%) DEL PAÍS AFECTADA POR EL CAMBIO
CLIMÁTICO
|
|
Modelo
de sensibilidad
|
Modelo
CCCMT
|
Modelo
GFDL-R30
|
|
|
T
+ 2º CPP - 10 %
|
+
2.8° CPP – 17 %
|
T
+ 3.2 ° CPP +20 %
|
| Cambio |
52.22 |
52 |
57.64 |
| No
cambio |
47.78 |
48 |
42.36 |
De
acuerdo con los resultados de los estudios de Villers y Trejo
(1997), más de la mitad del país (entre 50 y 57%)
cambiaría sus condiciones de temperatura y precipitación,
con tal magnitud que el tipo de clima que existe hoy podrá
ser clasificado como otro subtipo, de acuerdo con la clasificación
de Köppen, modificada por García (García 1988)
(cuadro 1). Este cambio supone, entonces, que las comunidades
que se establecen actualmente en esas áreas, se verían
afectadas y, por lo tanto, tendrían que cambiar conforme
al nuevo subtipo climático. Los tres modelos aplicados
en el estudio prevén un aumento en la temperatura, por
lo cual el impacto más significativo ocurriría en
las zonas templadas en donde se establecen comunidades vegetales
como los bosques de coníferas (pinos, abetos) o latifoliadas
(como los encinos), algunos pastizales naturales y matorrales.
Todas estas especies que forman este tipo de comunidades no soportan
las condiciones cálidas; esto significa que no poseen las
adaptaciones para soportar esas temperaturas. Es de suponer que
estos cambios en la temperatura tendrían efectos drásticos
en la vegetación de esas zonas y su distribución
se vería dramáticamente reducida, e incluso en algunos
casos desaparecería.
Según el modelo de sensibilidad, un aumento de temperatura
y un decremento de la precipitación se verían reflejados
en una disminución en la superficie de los bosques templados
de coníferas y encinos, así como los pastizales
naturales de alta montaña y ciertos matorrales con afinidades
templadas que cubren el país, y serían desplazados
por elementos con preferencias más cálidas y xéricas
(con adaptaciones a la aridez). De hecho se prevé que el
límite latitudinal de los bosques espinosos se desplazaría
hacia el sur, principalmente en la vertiente del Pacífico.
Cuando se analiza lo que pasaría de acuerdo con el modelo
CCCM, éste supone un escenario similar al de sensibilidad,
sólo que en este caso el incremento en promedio para el
país es de 2.8°C y una disminución de la lluvia
en 7%, por lo que en general el resultado es similar a lo descrito
anteriormente; es decir, existe una tendencia a la aridez, lo
que favorece las condiciones para una ampliación de comunidades
como los bosques secos y los bosques tropicales caducifolios,
adaptados a estas condiciones, pero en decremento de los bosques
templados y comunidades de alta montaña.
El modelo GFDL-R30 es el menos severo de los tres analizados,
en el sentido de que en este caso la simulación muestra
un escenario en donde la temperatura en promedio se incrementa
hasta 3.2°C, pero se tiende a un incremento en 20% de la lluvia
respecto a la actual. Con estas condiciones lo que se observa
es que las comunidades que se verían favorecidas serían
los bosques tropicales, que podrían distribuirse en mayores
áreas que las que actualmente ocupan. Los climas áridos
templados y semicálidos prácticamente desaparecerían,
por lo que los pastizales naturales y los matorrales xerófilos
podrían ser reemplazados por bosques espinosos u otro tipo
de matorral con mayor afinidad a condiciones más cálidas
y más húmedas. Por otro lado, los bosques de coníferas
asentados en climas semifríos serían reemplazados
por comunidades más templadas, como podrían ser
los encinares, que tendrían que establecerse en lugares
con mayor altitud de la actual.
En cualquiera de los casos, lo que sugiere la aplicación
de los modelos es que ante la posibilidad de un cambio climático,
en más de la mitad del país las condiciones climáticas
serían distintas a las actuales y, por lo tanto, la vegetación
que se establece actualmente tendría que cambiar, tal y
como se muestra en el cuadro 2, en donde se detalla cuáles
comunidades incrementarían su área de distribución,
de acuerdo con cada modelo, y cuáles perderían superficie
respecto a lo que deberían ocupar en el presente. Como
se mencionó anteriormente, esto supondría la capacidad
de las especies de migrar y adaptarse en tiempos muy cortos, lo
cual no parece posible (Markham 1996).
CUADRO
2. SUPERFICIE (%) DEL PAÍS CUBIERTA POR LOS DISTINTOS
TIPOS DE VEGETACIÓN DE ACUERDO CON LOS MODELOS DE CIRCULACIÓN
GENERAL
|
Tipo
de vegetación*
|
Potencial
actual
|
Modelo
de sensibilidad
|
Modelo
CCCM
|
Modelo
GFDL-R30
|
| Bosque
tropical perenifolio |
9.91 |
8.64(-) |
8.51(-) |
16.22(+) |
| Bosque
tropical caducifolio |
24.28 |
24.74
(~) |
25.22(+) |
28.77(+) |
| Bosque
mesófilo |
2.1 |
0.26(-) |
0.54(-) |
1.3(-) |
| Bosque
de coniferas y encinos |
6.36 |
.91(-) |
3.65(-) |
3.92(-) |
| Bosque
de confieras (zonas frías) |
2.31 |
0 |
0 |
0 |
| Bosque
espinoso |
11 |
19.67(+) |
18.1(+) |
18.38(+) |
| Matorral
xerofilo |
39.54 |
42.14(+) |
43.99(+) |
31.38(-) |
| Patizal |
4.72 |
0.63(-) |
0 |
0 |
*
El tipo de vegetación se infiere del tipo de clima que
se establece de acuerdo con las condi- ciones actuales y según
los cambios para cada modelo. Los símbolos a la derecha
de cada número indican ganancia (+), pérdida (-)
o mantenimiento (~) de la superficie respecto a la potencial actual.
En
la figura 1 se observa cuáles son las zonas del país
y qué tipo de vegetación (de acuerdo con la clasificación
de Rzedowski, 1990) sería el que se vería afectado
por el cambio de acuerdo con cada uno de los modelos aplicados.
Es importante mencionar que en este análisis se considera
a la cubierta vegetal del país sin tomar en cuenta las
alteraciones que se han examinado; esto es, se analiza el cambio
partiendo de la distribución potencial de la vegetación;
asimismo, se considera qué tipo de vegetación se
establecería en las nuevas condiciones. Sin embargo, si
se toma en consideración que de acuerdo con la dinámica
actual de cambio de uso del suelo en el país, muchas de
las áreas que se señalan en el análisis como
zonas afectadas por el cambio climático, constituyen zonas
que están ya desprovistas de vegetación o que muestran
síntomas de deterioro, el escenario sería diferente.
Esta última consideración es un factor importante,
ya que las comunidades enfrentan no solamente el cambio climático,
sino que también están sujetas a una serie de presiones
relacionadas con las actividades humanas.
En el estudio antes citado de Villers y Trejo se analiza la distribución
actual de los tipos de vegetación, considerando aquellas
áreas en las que la cobertura ya ha sido transformada para
otros usos, así como su relativo estado de conservación,
es decir aquellas áreas en las que la estructura y composición
de la vegetación ya ha sido alterada.


Figura
1.
Áreas de vegetación afectadas por el cambio climático.
A. Modelo sensibilidad y B. Modelo CCCM.

Figura
1. Áreas de vegetación afectadas por el
cambio climático (continuación). C. Modelo
GFDL-R30.
En
el cuadro 3 se puede observar la proporción de cada tipo
de vegetación que se ve afectada por el cambio climático,
y de ésta, la proporción que se encuentra en buen
estado de conservación, así como aquella que además
muestra signos de deterioro a causa de las actividades productivas.
Resalta que entre 60 y 70% de los bosques templados se verá
afectado por el cambio climático, y porcentajes similares
de matorral xerófilo; en contraste, la proporción
de bosques tropicales que se ven afectados por el cambio en condiciones
climáticas, sobre todo en los tropicales más húmedos,
es menor, ya que no alcanza 20%. Sin embargo, la relación
de comunidades conservadas respecto a aquellas comunidades que
presentan signos de alteración se invierte, y es mayor
la proporción de bosques tropicales alterados respecto
a la de los bosques templados.
Estos resultados llevan a una reflexión importante: los
bosques templados se verán más afectados por el
cambio climático, pero los bosques tropicales están
siendo más afectados por las actividades humanas, que los
están llevando a una reducción inexorable de la
superficie que ocupan en el país. La combinación
de estos dos factores puede llevar a resultados drásticos
en términos de la permanencia de la cobertura vegetal en
el territorio. Es de suponerse que aquellas áreas que se
encuentran alteradas y que además estarán afectadas
por el cambio climático, disminuyen notablemente su posible
capacidad de respuesta para enfrentar los cambios, por lo que
su probabilidad de desaparecer se incrementa fuertemente.
En este contexto se analizó también el impacto del
cambio climático sobre las principales áreas naturales
protegidas terrestres del país (Villers y Trejo, 1998).
Los resultados fueron contrastantes dependiendo del modelo aplicado,
pero como ejemplo, se encontró que algunos bosques tropicales
secos, como los que se encuentran en las reservas de Chamela-Cuixmala,
Ría Lagartos y Manantlán, se verían afectados
por un aumento de la lluvia y temperatura. Otros casos son las
reservas de El Triunfo, Celestún y San Martín, que
tendrían que soportar condiciones más secas, de
acuerdo con el modelo CCCM. También resultarían
afectadas las áreas de El Abra, en San Luis Potosí,
y La Mariposa Monarca, ya que estarían sujetas a condiciones
más cálidas; todo esto implicaría, desde
luego, una presión adicional sobre esas zonas.
Otros estudios realizados por Arriaga et al. (2001), basados en
la distribución potencial actual de ciertas especies de
encinos y pinos (como Quercus peduncularis, Q. laeta, Pinus ayacahuite,
P. chihuahuana, P. durangensis y P. hartwegii), analizados en
el escenario de cambio climático según el modelo
HadCM2, concluyen que la distribución de estas especies
disminuirá en promedio 30% en relación con la superficie
que ocupan actualmente (ver el capítulo Posibles efectos
del cambio climático en algunos componentes de la biodiversidad
de México, de L. Arriaga y L. Gómez, en esta sección).
Las especies que presentan mayor reducción de su área
potencial de distribución actual son: Pinus hartwegii,
con -49%, y Quercus laeta, con -37%. Los resultados de estos estudios
apuntan en la misma dirección de los resultados reportados
por Villers y Trejo (1997) para el país, pues confirman
que especies con afinidades a climas templados, tenderán
a reducir su representación en el país.
Por otra parte, en otro estudio realizado por Villers y Trejo
(1998) sobre 16 zonas importantes en cuanto a explotación
e industria forestal del país, se prevé un impacto
significativo sobre esas zonas ubicadas en los estados de Chihuahua,
Durango, Jalisco y Michoacán, que corresponden a las áreas
en donde se encuentran los principales aserraderos del país
y en donde se producen, para consumo nacional, muebles, contrachapados,
celulosa y papel, cajas, etc.
Cuadro 3 Superficie (%) de cada tipo de vegetación actual
afectada por el cambio climático y % relativo de su estado
de conservación
|
|
Modelo
de sensibilidad
|
Modelo
CCCM
|
Modelo
GFDL-R30
|
|
Tipo
de vegetación
|
Afectada |
Conservada |
Secundaria |
Afectada |
Conservada |
Secundaria |
Afectada |
Conservada |
Secundaria |
| Bosque
tropical perenifolio |
18.7 |
21.3 |
78.7 |
19.5 |
14.8 |
85.2 |
19.4 |
17.8 |
82.2 |
| Bosque
tropical caducifolio |
20.4 |
30.6 |
69.4 |
15.5 |
25.8 |
74.2 |
16.9 |
29.5 |
70.5 |
| Bosque
espinoso |
48.1 |
42.4 |
57.6 |
42.2 |
35.7 |
64.4 |
42.5 |
36.7 |
63.3 |
| Matorral
xerofilo |
27.4 |
78 |
22 |
37.1 |
76 |
23.9 |
37.6 |
73 |
27 |
| Patizal |
59.5 |
89.1 |
10.9 |
72.9 |
90 |
10 |
74.2 |
88.2 |
11.8 |
| Bosque
templado |
66.1 |
48.4 |
51.6 |
78.1 |
49 |
51 |
85.5 |
46.3 |
53.7 |
| Bosque
mesófilo |
64 |
71 |
29 |
68.8 |
72.3 |
27.7 |
65.2 |
73.1 |
26.9 |
| Vegetación
ácutica |
52.5 |
63.2 |
36.8 |
57.9 |
63.1 |
36.9 |
46.1 |
45.5 |
54.5 |
| |
24.8 |
96.5 |
3.5 |
29.7 |
96.7 |
3.3 |
25.7 |
99.5 |
0.5 |
CONSIDERACIONES
Es
importante hacer una serie de reflexiones en el sentido de que
los ecosistemas terrestres han sido sujetos a muchas presiones,
como cambio de uso del suelo, contaminación, explotación
inmoderada, ganaderización, introducción de especies
exóticas, etc., por lo que el cambio climático se
añade como un factor más que puede hacer cambiar
o poner en peligro las existencias de estos sistemas.
Estos cambios, que pueden hacerse sentir en pocos años,
no se distribuyen homogéneamente en todas las regiones
del país. Por ejemplo para el caso de la temperatura, en
algunas zonas el incremento podría ser de hasta 4.5°C.
La incertidumbre respecto a los cambios en los patrones de la
lluvia es muy amplia, fundamentalmente si se considera que uno
de los factores importantes a conocer, es como será la
distribución de la precipitación a lo largo del
año y que tan concentradas podrán ser esas lluvias,
ya que probablemente para algunos tipos de bosques tropicales,
más que la cantidad de precipitación, la extensión
de los periodos secos puede llegar a ser crítica (Condit
1998). Esto es vital para el buen funcionamiento de los ecosistemas.
Por ejemplo, estos periodos extendidos de sequía, combinados
con la deforestación y la fragmentación de los bosques
(la formación de parches y el aislamiento de la vegetación),
los expone potencialmente a una mayor incidencia de incendios
(Goldammer y Price 1998).
La afectación que se pueda causar en las comunidades vegetales
de México relacionada con el cambio climático, así
como por otros factores como la reducción en la superficie,
la transformación a otros usos, los cambios en la composición
de especies, etc., cobra una mayor importancia cuando se considera
que la pérdida de estos ecosistemas conlleva a una gran
pérdida de la biodiversidad mundial, ya que México
está considerado como uno de los países de megadiversidad
(Sarukhán y Dirzo 2001), en donde se abarcan todos los
niveles, desde la diversidad genética, de especies, hasta
la de ecosistemas. Se calcula que en el país existen alrededor
de 36 000 especies, lo cual representa 10% de la diversidad florística
del planeta (Rzedowski 1993). En nuestro territorio se encuentran
varios de los centros de diversidad florística considerados
en el mundo (Davis et al. 1997) y, de hecho, una de las características
sobresalientes del país es que contiene prácticamente
todos los ecosistemas presentes en la Tierra (Rzedowski 1992).
Asimismo, México tiene un alto grado de endemismo (especies
que solo existen en el territorio mexicano) (Rzedowski 1991),
además de ser considerado uno de los centros de domesticación
de plantas más importantes del mundo (Hernández-Xolocotzi
1993). Por ello, se deben tomar medidas que prevengan los daños.
Una de estas medidas es llevar a cabo una valoración económica
de los múltiples servicios que ofrecen los diversos tipos
de bosques, y que de acuerdo con algunas referencias alcanzaría
valores muy altos (Dirzo 2001). Esto con la premisa de reconocer
su valor total, y tomando en cuenta que los servicios ecológicos
son tan importantes para la supervivencia humana como los servicios
tecnológicos, y que reemplazar los servicios naturales
con tecnología equivalente (sistemas tecnológicos)
es un esfuerzo muy grande y costoso, y sabemos que el mantenimiento
del planeta es imposible sin los servicios ecológicos (Cairns
1995, Heywood y Watson 1995).
Desde los primeros estudios de Cambio Climático se ha señalado
e insistido que el mantenimiento y restauración de los
bosques naturales, así como de su biodiversidad, son vitales
para la mitigación de los impactos del cambio climático
(Markham 1996). De la misma forma se ha puntualizado que los bosques,
manejados en forma adecuada, pueden ser útiles como almacenes
de carbono y pueden compensar las emisiones del sector energético
(Masera et al. 1997).
Conservar productivamente los recursos biológicos naturales
significa mantener la integridad de los ecosistemas y de todos
sus componentes: especies de plantas, animales y microorganismos,
y sus interrelaciones.
ESTUDIOS
FUTUROS
Con lo que se conoce hasta ahora sobre los posibles efectos del
cambio climático en México, se advierte que las
comunidades vegetales del país están expuestas y
son muy sensibles ante las modificaciones que podrían darse
si la concentración de CO2 atmosférico continúa
en ascenso y los patrones climáticos generales cambian
en un futuro cercano.
Es necesario disminuir la incertidumbre que existe respecto a
conocer de qué magnitud y en qué sentido podrían
modificarse las condiciones actuales, por lo que la aplicación
de nuevos modelos que contribuyan a aportar información
más precisa, será de gran utilidad en el futuro
próximo. En el mismo sentido, se requiere llevar a cabo
estudios más particulares, fundamentalmente en las áreas
que se han detectado como más sensibles. Es importante
para ello realizar estudios regionales que generen mayor información
sobre las posibles afectaciones de los ecosistemas ante el cambio
climático.
Es indispensable saber como se verá afectado el clima,
no sólo en el nivel general, sino también cómo
será su comportamiento a lo largo del año, y relacionar
esto con los efectos en los ecosistemas, sobre todo si se considera
la gran diversidad de comunidades vegetales que se establecen
en el país. Conocer las capacidades de adaptación
de las especies y analizar el ám- bito de condiciones que
pueden soportar, podrá ser utilizado en la planificación
de estrategias de mitigación.
Medidas encaminadas a la protección y al mantenimiento
de los ecosistemas, desde zonas protegidas, corredores biológicos,
manejos forestales adecuados, etc., serán fundamentales
y son reconocidas como aspectos imprescindibles que deben ser
incorporados en la planificación de las acciones a tomar,
encaminadas a resolver el deterioro general del planeta. Es fundamental,
para todo esto, reconocer el valor de los ecosistemas en todos
sus aspectos y, sobre todo, la participación de todos los
sectores de la sociedad.
BIBLIOGRAFÍA
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de especies diagnósticas del bosque de coníferas
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in biological diversity and impact on the global carbon cycle.
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Sustainable Use. Environmental Health Perspectives 103 (6).
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patterns: shifts in forest composition in Panama. Climatic Change
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Notas
*Centro de Ciencias de la Atmósfera.
** Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma
de México.