Vibrio
cholerae : bacteria ambiental con diferentes tipos de vida
Carlos A. Eslava, Irma Rosas, Martha Solano, Gabriela
Delgado, Maritoña Ramírez, Jorge M. Villaseca y
Alejandro Cravioto.
1.
Introducción
En 1965 Véron propuso crear la familia Vibrionaceae, en
dicha propuesta consideró agrupar aquellos géneros
cuyas especies fueran oxidasa positiva y móviles por un
flagelo polar. La familia está constituida por los géneros
Vibrio, Photobacterium, Aeromonas y Plesiomonas. El género
Vibrio incluye 35 especies de las cuales 26 se han identificado
como agentes etiológicos de enfermedad en humanos, de éstos
Vibrio cholerae es una de las especies con mayor importancia clínica
y epidemiológica (1).
Los vibrios son proteobacterias-gama, heterótrofas, cuyo
hábitat primario son los ecosistemas acuáticos salobres
y marinos, en donde ocupan una gran diversidad de nichos. Están
presentes en la columna de agua y en el sedimento, por lo que
se les puede encontrar como bacterias de vida libre, comensales,
saprobias o parásitas (2). Las bacterias de este género
son bacilos curvos o rectos, Gram negativos, anaerobios facultativos,
móviles por flagelos polares y no esporulados. Para estimular
el crecimiento de Vibrio spp. se requiere de 5 a 15 mM de NaCl.
Sin embargo, V. cholerae puede crecer sin la adición de
NaCl al medio y a un pH alcalino (10-6.0), menor de 6.0 el crecimiento
es inhibido (3).
2.
Comportamiento de Vibrio en estado de vida libre
Cuando los vibrios se encuentran en su forma de estado libre (planctónica)
nos queda claro que las condiciones en este hábitat son
extremas, ya que el material suspendido en la columna de agua,
así como el contenido de nutrimentos en general es bajo(4).
En tal situación adopta una condición morfológica
diferente a la que conocemos, disminuye su tamaño (pueden
pasar filtros de hasta 0.2 ?m) por lo que en este estado se denominan
microvibrios (5).
Diversos estudios señalan que los vibrios tienen preferencia
por los ecosistemas acuáticos como epibionte, asociado
tanto a sustratos vivos como abióticos. Su asociación
con material suspendido les asegura que en algún momento
pueden ser depositados en el sedimento donde encontrarán
mayor concentración de nutrimentos, por otro lado también
se pueden mover hacia niveles superiores a través de la
cadena alimentaria iniciando su viaje con organismos bentónicos
filtradores y detritívoros (6). Se sabe que los vibrios
pueden adherirse a diversos organismos acuáticos, V. cholera,
por ejemplo, se asocia con copépodos del plancton, otros
del zooplancton, raíces de lirio acuático, algas
etc. (7). También se ha observado que la bacteria sobrevive
y crece en dos especies de amibas de agua dulce.
Figura1. Mecanismos de supervivencia de Vibrio cholera en zonas estuarinas.
La
adherencia de los vibrios a los sustratos bióticos se considera
como una interacción de tipo comensal, en este caso las
bacterias utilizan compuestos de excreción como las llamadas
proteínas de adhesión asociadas a la superficie.
Durante este proceso es importante considerar propiedades como
la producción de enzimas como la quinolasa que le confiere
a la bacteria la capacidad para actuar como degradador de la quitina
(8,9). Este polímero es muy abundante en los sistemas salobres
y marinos, ya que forma parte del exoesqueleto de crustáceos
como la jaiba y el camarón, por lo que representa una fuente
muy rica de carbono y nitrógeno.
3.
Vibrio microorganismo patógeno en su hábitat
Es importante analizar los casos en que los vibrios pueden actuar
como patógenos de organismos acuáticos de importancia
comercial, o bien que estos organismos puedan ser un vector de
patógenos para el hombre. Al respecto se ha estudiado la
relación entre Vibrio y los copépodos, por un lado
la bacteria utiliza la quitina de estos últimos como sustrato
y por otro, dado que uno de los sitios de colonización
es el saco ovígero, cuando el copépodo libera los
huevos fertilizados al ambiente estos se constituyen en un vehículo
para la diseminación de los vibrios (7).
Con respecto a su participación como patógeno, se
ha reportado que V. anguillarum, V. alginoliticus y V. splendidus
son responsables de ocasionar la muerte de larvas de ostión.
Se ha estudiado el posible mecanismo por el cual colonizan y producen
la muerte de dichas larvas, los resultados señalan que
un estado de estrés del hospedero da lugar a una respuesta
neuroendócrina que incrementa los niveles de noradrenalina
induciendo la liberación de hierro, elemento importante
para la reproducción de los vibrios (10). Se ha establecido
que ciertos factores ambientales afectan el comportamiento de
la bacteria, diversos estudios muestran como el incremento de
la temperatura influye en el comportamiento patógeno de
diferentes especies de Vibrio sobre ciertos organismos acuáticos
(11).
V. coralliilyticus : Pocillopora damicornis
V. splendidus : larvas Crassostrea gigas
V. carcharine : Haliotus tuberculata
V. vullneficus: Angulla anguilla
V. peneaicida : camaron
V. parahaemolyticus: peces
4.
Transmisión de Vibrio al humano
Los organismos acuáticos, principalmente los bentónicos
filtradores que se consumen crudos, pueden ser vectores de vibrios
patógenos para el hombre. En las costas del Golfo de México
V. vulnificus alcanza concentraciones de hasta 105 UFC g-1 de
ostión, con temperaturas >20 ?C y salinidades de 5 a
20 %. En el Pacífico noroeste de Estados Unidos al registrase
un incremento de temperatura entre 1-5 ?C asociados a “El
Niño” se produjeron altos niveles de V. parahaemolyticus
en ostión (11000 UFC g-1), un evento similar se reportó
para la bahía de Galveston, Texas (12).
Figura
2. Comportamiento biológico de Vibrio, mecanismos
de transmisión al humano y al ambiente acuático.
5.
Vibrio cholerae bacteria con habitat primario acuático,
patógeno de humanos
En 1935 Gardner y Venkatraman hicieron la primera clasificación
de Vibrio cholerae basándose en las características
del antígeno somático (O), asignándose el
serogrupo O1 al agente causal del cólera. V. cholerae también
expresa un antígeno flagelar (antígeno H), el cual
es igual en todos los miembros de la especie. Dentro del serogrupo
O1, existen tres variedades antigénicas o serotipos (basados
en las diferencias de los componentes del polisacárido
del antígeno somático) designadas como Ogawa, Inaba
e Hikojima según su formula antigénica AB, AC y
ABC respectivamente. Vibrio cholerae O1 además se divide
en dos biotipos: Clásico y El Tor, que difieren entre sí
por pruebas de hemoaglutinación de eritrocitos de pollo,
hemólisis de eritrocitos de carnero, sensibilidad a los
bacteriófagos IV (Clásico) y (V) El Tor, la reacción
de Voges–Proskauer (VP) y susceptibilidad a la polimixina
B (3).
Los Vibrios que no aglutinan con el suero anti O1 se denominan
genéricamente como no-O1 o no aglutinables (NAG). En 1994
el esquema de tipificación por serología reconocía
hasta el serogrupo O140, en estos se incluían dos particularmente
importantes, O139 (“Bengal”), causante de una epidemia
parecida al cólera en el sureste asiático a finales
de 1992 y el serogrupo O140 ó “Hakata”, el
cual posee solamente el factor antigénico C (presente en
serotipo Inaba), pero carece del factor A, el cual es específico
para el Vibrio cholerae O1, el esquema actual incluye aproximadamente
200 diferentes variedades antigénicas (13).
La diseminación de la enfermedad en India y Bangladesh
causada por el serotipo O139 o “Bengal”, marcó
por primera vez que una cepa de Vibrio cholerae no-O1 haya sido
asociada a grandes epidemias (14), aunque continúa estando
confinada al Sur-Este Asiático. Vibrio cholerae O139 es
responsable de aproximadamente el 15% de los casos de cólera
confirmados en uno de los países endémicos de Asia
(15, 16).
6.
Vibrio cholerae bacteria adaptada para sobrevivir en hábitats
distintos
El comportamiento epidémico de V. cholera, en su estadio
de patógeno del humano, se ha asociado con los florecimientos
de plancton, componente biótico del ambiente acuático
que le permite mantenerse y reproducirse. Durante su estancia
en su habitat primario, la bacteria presentan gran capacidad para
responder a cambios ambientales como la temperatura y salinidad,
variaciones cualitativas y cuantitativas de nutrimentos, presencia
de depredadores y/o competidores, así como de la existencia
de tóxicos tanto antropogénicos como biogénicos.
La propiedad que ha desarrollado el género Vibrio para
detectar y responder ante situaciones emergentes es de gran importancia
para su supervivencia y transmisión. Diferentes estudios
han conducido a la identificación de algunos mecanismos
con los cuales la bacteria puede sobrevivir en situaciones extremas
(17,18).
Cambios
morfológicos ante la disminución de nutrimentos
El proceso que adoptan las bacterias ante la falta de un sustrato
generador de energía es denominado “latencia”.
En este estado los vibrios cambian su morfología y adoptan
una forma de coco, perdiendo casi el 90% de su volumen original.
Pierden la integridad de las capas externa, peptidoglican, e interna,
reteniendo solo algunos remanentes, por otro lado, comprimen el
material nuclear centralizándolo en la célula y
rodeándolo de un denso citoplasma. Se ha observado que
estos cambios están asociados a tasas metabólicas
bajas, así mismo se ha demostrado que son reversibles,
recuperándose la bacteria cuando regresa a condiciones
favorables (19).
Características
externas de la bacteria y papel de un polisacárido extracelular
La alteración de las estructuras externas y la adhesión
en esta etapa son de gran significado ecológico. Se ha
citado la presencia de formaciones fibrilares y un incremento
en adhesión e hidrofobicidad. En la respuesta a bajos niveles
de nutrimentos se observó la presencia de un polisacárido
extracelular amorfo, observándose que este material le
confiere carácter rugoso a sus colonias, además
de resistencia a cambios osmóticos y de estrés oxidativo.
Las formas rugosas forman además una matriz denominada
zooglea la cual promueve la agregación celular. Bajo esta
situación los vibrios forman biopelículas en las
cuales las bacterias pueden atrapar y adsorber nutrimentos y protegerse
de los depredadores. Se ha observado en V. cholerae una preferencia
para formar éstas biopeliculas sobre sustratos quitinosos,
vainas mucilaginosas de las algas y copépodos. A través
de la biopelícula las células están interconectas
por medio de prolongaciones que constituyen un glicocalix que
se extiende desde el sustrato hasta la parte externa de la biopelícula
(20,21,22).
Latente
y no cultivable
Es un estado en que las bacterias ante un estrés son metabólicamente
activas pero no capaces de llevar a cabo división celular.
Por el hecho de no poder cultivarlas en medios artificiales a
tal estado se le ha denominado viable no cultivable (VBNC). Se
ha propuesto que esta etapa de la bacteria da lugar a su aparición
cíclica, por lo que las bacterias desaparecen en ciertas
épocas del año mientras que en otros aparecen. Esta
condición se ha visto asociada a una reducción de
nutrimentos, elevada salinidad o disminución de la temperatura
(19,23).
7. V. cholerae, bacteria con dos cromosomas y diferentes
estilos de vida
Diversos
estudios señalan como algunos miembros del género
Vibrio influyen de manera importante en diferentes ciclos biológicos
del ambiente marino. Se ha encontrado que varias especies del
mismo género son patógenos importantes para peces,
moluscos y mamíferos. Con respecto a V. cholerae aún
se tiene poca información sobre su ecología, la
historia natural de la bacteria, incluyendo su presencia como
organismo autóctono en áreas endémicas durante
periodos libres de cólera, la existencia de ésta
en periodos inter-epidémicos, los factores ambientales
que contribuyeron a su re-emergencia en América Latina
(24), así como a los componentes ambientales que contribuyen
a su permanencia en regiones endémicas de cólera.
En años recientes se encontró que el genoma de V.
cholerae y otros integrantes del mismo género, presenta
4,033460 pares de bases (pb), éste esta constituido por
dos cromosomas circulares (25) de 2,961146 pb (cromosoma 1) y
1,072314 pb (cromosoma 2). En conjunto ambos codifican para 3,885
marcos de lectura abierta. La mayoría de los genes que
son esenciales para las funciones básicas de la bacteria
(replicación, transcripción y traducción
del ADN y biosíntesis de la pared celular), así
como de patogenicidad (toxinas y adhesinas), se localizan en el
cromosoma mayor. Por otro lado, el cromosoma pequeño contiene
59% de genes hipotéticos, mientras que en el mayor el 42%
de estos no tiene una función conocida. La mayoría
de los genes requeridos para el crecimiento y viabilidad de la
bacteria están ubicados en el cromosoma 1 aunque también,
y solo presentes en el cromosoma 2, hay genes que pueden ser esenciales
para el funcionamiento normal de la célula (dsdA, thrS,
genes que codifican para las proteínas ribosomales L20
y L35 y otros que codifican para diferentes intermediarios de
rutas metabólicas).
La secuencia del genoma de V. cholerae permitió confirmar
la presencia de un sistema de captura de genes (isla de integración)
localizado en el cromosoma 2 (125.3 kbp). Entre los genes presentes
en esta isla se encuentran tres que codifican para productos involucrados
en la resistencia a los antimicrobianos (cloramfenicol, acetiltransferasa,
proteina para resistencia a la fosfomiocina y la glutation transferasa),
varias enzimas del metabolismo del ADN (MutT, transposasa y una
integrasa), genes de virulencia (hemaglutininas y lipoproteinas)
así como tres genes que codifican para productos similares
a las proteínas de `adicción del hospedero”
(higA, higB y doc), los cuales son utilizados por los plásmidos
para selección y mantenimiento en las células del
hospedero.
El análisis de la secuencia del genoma de V. cholerae mostró
que la mayoría de los genes presentaban gran similitud
con los de E. coli (1,454 MLA (Marcos de lectura abierta)). También
se encontró que 499 (12.8%) de los MLA tenían alta
similitud con otros genes, lo cual sugiere la existencia de duplicaciones
recientes. La mayoría de los MLA duplicados codifican para
productos involucrados en funciones de regulación, quimiotaxis,
transportes y adherencia, transposición y patogenicidad.
De un total de aproximadamente 105 duplicaciones, por lo menos
un MLA se encuentra en cada cromosoma lo que sugiere que se han
presentado entrecruzamientos recientes entre ambos cromosomas.
La extensa duplicación de genes involucrados principalmente
en mantener la homeostasis de la bacteria (quimiotaxis y transporte
de solutos), apoya la importancia de los productos de estos genes
en la biología de V. cholerae, principalmente en relación
a su capacidad para habitar diversos ambientes. Es probable que
dichos ambientes en los que habita la bacteria, condujeron la
duplicación y divergencia de los genes que son utilizados
para funciones específicas. Al respecto se considera que
los genes de virulencia están sujetos a presión
selectiva, lo cual afecta el número de copias y su localización
sobre el cromosoma. La existencia de varios MLA con funciones
aparentemente idénticas en ambos cromosomas, sugiere la
participación de transferencia lateral de genes y eventos
de transposición (26).
La estructura de dos cromosomas se ha encontrado en otras especies
del género Vibrio, este hecho sugiere que el contenido
de genes del megaplásmido confiere a la bacteria una ventaja
evolutiva, principalmente dentro del ecosistema acuático
en donde las diferentes especies de Vibrio son los microorganismos
dominantes. El porque el cromosoma 2 no se ha integrado en el
cromosoma mayor no esta claro, se sugiere que tiene funciones
especializadas importantes para la presión selectiva en
la evolución. Una de ellas podría ser el haber acumulado
genes que son mejor expresados a un alto o bajo número
de copias que los ubicados sobre el cromosoma 1. Otra posibilidad
es que en respuesta a alteraciones del ambiente solo uno de los
cromosomas se transfiera a las células hijas (segregación
aberrante). Aunque estas células con un solo cromosoma
pueden ser defectuosas para su replicación (células
latentes) mantienen su actividad metabólica y por lo tanto
pueden ser una fuente potencial de las formas viables pero no
cultivables (VBNC) descritas en V. cholerae (23) y otras bacterias.
Las bacterias en estado de latencia también pueden jugar
un papel en la formación de biocapas (biofilms) produciendo
quitinasa extracelular, proteasas y otras enzimas degradantes
que favorecen la supervivencia de la bacteria en la biocapa (22).
8.
Transporte y metabolismo energético.
V. cholerae puede vivir en diversos hábitats, incluyendo
su asociación con zooplancton, puede adquirir la forma
planctónica en la columna de agua, así como patógena
en el tracto gastrointestinal del humano. Por lo que no es sorprendente
que la bacteria posea un gran repertorio de proteínas con
enorme especificidad de substratos, mismas que le permitan realizar
diferentes funciones catabólicas que respondan eficientemente
a los constantes cambios en los ecosistemas (27). Los genes que
codifican para las enzimas que realizan el transporte y/o degradación
de diferentes substratos se localizan en ambos cromosomas (ribosa
y lactato en el cromosoma 2 y trealosa en el 1). Sin embargo,
muchas otras funciones metabólicas se realizan por genes
de ambos cromosomas (glicólisis).
En el ambiente acuático, la quitina representa una fuente
de carbono y nitrógeno. Esta fuente de energía es
importante para V. Cholerae cuando esta asociado con el zooplancton,
el cual tiene un exoesqueleto quitinoso (27,28). Para el transporte
de molibdeno, fosfato y sulfato existen genes en uno o ambos cromosomas.
Los involucrados en el transporte del molibdeno se localizan en
el cromosoma pequeño, y los encargados del transporte del
sulfato se encuentran en el cromosoma mayor. Sin embargo, en ambos
cromosomas existen copias de los genes para los transportadores
del fosfato, los cuales son diferentes en cada cromosoma indicando
que no son consecuencia de una duplicación reciente.
9.
Regulación intercromosomal
Las vías de regulación activadas en respuesta a
señales ambientales y patogénicas se codifican entre
los dos cromosomas. Lo anterior incluye procesos para la supervivencia
durante periodos de inanición, censo por mayoría
(quórum sensing) y expresión de la hemolisina (HlyA).
En los periodos de carencia de nutrimentos, V. cholerae y otras
bacterias Gram-negativas entran inicialmente en una fase estacionaria
y posteriormente al estado VBNC. El factor sigma j38 (rpoS) es
importante para la supervivencia de V. cholerae pero no para su
patogenicidad, sugiriendo que dicho factor tiene una función
muy importante en la iniciación del estado VBNC. Existe
una copia de rpoS, localizada en el cromosoma 1, cerca de oriC
RpoS que regula la expresión de proteínas como la
catalasa, ciclopropano-graso-acil-fosfolípido sintetasa
y HA/proteasa, las cuales se encuentran en ambos cromosomas. Los
genes implicados en ‘quorum sensing’, regulación
dependiente de la densidad celular, se encuentran también
sobre ambos cromosomas. El conocimiento de la secuencia del genóma
de V. cholerae está permitiendo entender, de manera más
clara, cómo una bacteria de vida libre emerge como patógeno
de enormes consecuencias para el humano.
10. Genes implicados en la virulencia de V. cholerae
El proceso infeccioso causado por V. cholerae es bastante complejo
e involucra un gran número de factores; este patógeno
se ayuda de ellos para establecerse y colonizar el epitelio intestinal,
para lo cual expresa varios factores de colonización así
como varias potentes enterotoxinas. Los genes cuyos productos
actúan como factores de virulencia se encuentran formando
parte de agrupamientos ("clusters"). Anteriormente se
creía que estos genes formaban parte del cromosoma bacteriano
de las cepas toxigénicas, pero actualmente se sabe que
estos son parte del genoma de fagos de tipo filamentoso (29,30).
11.
Toxinas y factores de colonización de V. cholerae
Una vez que la bacteria se instala en el epitelio intestinal empieza
a producir la toxina colérica o CT, la cual altera el transporte
de iones ocasionando la diarrea de tipo secretor que caracteriza
el cuadro clínico del cólera. Los genes que codifican
CT (ctxA y ctxB) forman parte de un elemento genético denominado
elemento genético CTX (31, 32), el cual consiste por lo
menos de seis genes que integran la región del core (ctxA,
ctxB, zot, ace, cep y orfU), los cuales están flanqueados
por dos o más copias de una secuencia repetitiva (Figura
3).
Se han identificado en cepas de V. cholerae otras toxinas importantes,
una de ellas llamada Zot (Zonula Ocludens Toxin) tiene actividad
sobre las uniones estrechas, incrementando la permeabilidad de
la mucosa intestinal. Otra más es la toxina Ace (Accesory
cholera toxin), ésta es una potente toxina que ocasiona
daño a nivel de membrana en la célula eucariota,
originando desequilibrio iónico. Aunque CT es el principal
factor de virulencia, su acción es incrementada por el
producto de diferentes genes, entre los que se encuentran los
agrupamientos o clusters TCP (toxin corregulated pilus) y ACF
(accesory colonization factors), cuyos productos actúan
como factores de colonización. Ambos clusters se encuentran
formando parte de lo que anteriormente se reportó como
la isla de patogenicidad (VPI) (31,33).
12.
CTX?, características y función en la transferencia
de genes de virulencia
En 1996 usando la cepa de V. cholerae O1 P27459 (modificada genéticamente
por un marcador y renombrada SM44) se demostró que el elemento
CTX constituye en realidad el genoma de un fago filamentoso (CTX?).
El fago puede propagarse en cepas receptoras de V. cholerae, en
las cuales el genoma de CTX? puede integrarse al cromosoma en
sitios específicos, o bien mantenerse en forma de plásmidos
. Este fago filamentoso es de ADN de cadena positiva y está
compuesto por una región de 4.5 kb llamada central o core
(elemento CTX) la cual esta formada por seis genes (29):
ctxA-ctxB: codifican para la subunidad A y B de la toxina de cólera
respectivamente.
zot: codifica para la toxina zonula occludens.
cep: codifica para la llamada pilina codificada en el core.
ace: codifica para la enterotoxina accesoria del cólera.
orfU: codifica un producto de función desconocida.
Figura 3. Representación gráfica
del fago CTX
La liberación de CTX?, al igual que en otros fagos filamentosos,
puede inducirse con luz ultravioleta o con mitomicina C (34).
Una característica observada en este fago es que pude insertarse
a una secuencia de 18 pb denominada attRS (sitio de ligamiento),
presente en el cromosoma de algunas cepas de V. cholerae, o bien
no integrarse y comportarse como un plásmido.
La parte central (core) se encuentra flanqueada por una o más
copias de la región llamada RS, esta es una secuencia de
repetidos que se ha dividido en RS1 y RS2 de 2.7 y 2.4 kb respectivamente.
Esta región codifica para un sistema de integración
sitio específico, presentando por lo menos 4 MLA. Se ha
observado duplicación en tándem del RS y en algunas
de todo el elemento CTX. Kimsey y col. (35) encontraron que RS1
y RS2 presentan diferencias en sus secuencias, lo que conlleva
a diferencias funcionales entre los profagos encontrados en las
cepas Clásica y El Tor. En las cepas de V. cholerae O1
del biotipo Clásico hay una copia del profago CTX en cada
uno de los dos cromosomas; mientras que en las cepas del biotipo
El Tor el profago está arreglado en tándem en los
dos cromosomas. En las cepas El Tor el genoma del fago a menudo
se encuentra flanqueado por una copia adicional de RS1, ésta
contiene genes adicionales a RS2 (34,35).
13.
VPI?, características y funciones
Para la introducción de CTX? en las cepas de V. cholerae
es necesaria la presencia de TCP, que como ya se mencionó
es un componente necesario para la colonización intestinal.
Recientemente se ha propuesto que TCP también es codificado
por un fago filamentoso denominado VPI? (30). El fago filamentoso
VPI? codifica para TCP (Figura 4), el cual es un importante factor
de virulencia así como receptor del fago CTX?. Al igual
que CTX?, VPI? posee DNA de cadena sencilla y positiva, el genoma
de este fago contiene los clusters TCP y ACF, los cuales contienen
genes cuyos productos actúan como importantes factores
de virulencia.
En ensayos realizados con anticuerpos anti-TCP se encontró
que ésta es la principal proteína de cubierta del
fago VPI?). VPI?, al igual que CTX?, reconoce una secuencia de
inserción (att). Otros genes que conforman el genoma del
fago son:
tagA: codifica para una lipoproteína.
aldA: al parecer codifica para una aldehido deshidrogenasa
citoplásmica independiente de CoA, tagA y AldA forman
parte del grupo de genes bajo la regulación de ToxR.
Int: codifica para una integrasa.
toxT: forma parte del regulon Tox.
xtn, tagD, y ssrA: son genes cuyos productos son desconocidos.
Figura
4. Representación esquemática del fago
TCP
14.
Regulación en la expresión de los factores de virulencia
El hábitat natural de las cepas toxigénicas de V.
cholerae comprende diferentes ambientes, uno lo constituye el
tracto digestivo del hospedero cuando la bacteria se comporta
como patógeno; el otro es el ambiente acuático cuando
actúa como microorganismo de vida libre. El microambiente
del tracto intestinal provee las condiciones óptimas para
la expresión de un gran número de factores asociados
a virulencia. CT, TCP y por lo menos otros 17 genes involucrados
en el proceso de virulencia están bajo el control de la
cascada regulatoria ToxR-ToxT (36,37,38).
Al activarse ToxR sufre cambios conformacionales que dan como
resultado la formación de dímeros que son estabilizados
por la proteína ToxS que activa la transcripción
de los genes ctxA y ctxB. ToxR además activa la transcripción
del gen toxT, gen regulador que se encuentra en VPI y que es miembro
de la familia AraC. La expresión de CT y TCP, así
como de otros factores de virulencia, difieren entre las cepas
de V. cholerae de los biotipos Clásico y El Tor, lo que
ha sugerido la expresión diferencial del regulón
ToxR en los dos biotipos debida a un control biotipo específico
sobre la expresión de toxT (39). Los diferentes sistemas
de regulación en V. cholerae conducen a una variación
en la expresión de los genes de virulencia optimizando
su permanencia en diferentes ambientes tales como el intestino
humano y el hábitat marino.
15.
Eventos involucrados en la generación de cepas epidémicas
Los mecanismos involucrados en la emergencia de nuevas clonas
no han sido explicados, se considera que la combinación
entre cambios genéticos y la selección natural causada
por factores ambientales no identificados, así como el
estado inmune de la población, influyen de manera importante
en este proceso. Además de determinar la importancia de
los factores ambientales dentro de la ecología de V. cholerae,
se requiere conocer más con respecto a los mecanismos utilizados
por los fagos filamentosos (CTX? y VPI?) en la transferencia de
genes de virulencia. La existencia de epidemias ocasionadas por
V. cholerae O139, de brotes debidos a cepas O37, así como
el hallazgo de los genes ctxA, tcpA and toxR en cepas no O1 ambientales,
apoya la hipótesis de que la transferencia horizontal de
CTX? puede presentarse entre cepas O1 ctxA¯ tcpA+ o ctxA+
tcpA¯ y no-O1 ctxA+ or tcpA+, las cuales coexisten en el
ambiente acuático (40,41,42).
Se ha mencionado que la infección de V. cholerae por CTX?,
requiere la presencia de TCP, por lo que se propuso un sistema
secuencial de dos pasos para la evolución de cepas epidémicas.
Lo anterior sugiere que las bacterias inicialmente tienen que
adquirir TCP a través de la infección por VPI?,
para posteriormente ser infectadas por CTX?. Se sabe que los cultivos
de V. cholerae que contienen al fago en cualquiera de sus formas
(lisógenos o plásmidos) producen altos títulos
del fago en sus sobrenadantes, por lo que la propagación
del CTX? puede estar asociada con eventos de transferencia horizontal
dando lugar a nuevas cepas toxigénicas (42).
Estudios en nuestro laboratorio (datos no publicados) permitieron
observar como el sobrenadante del cultivo de la cepa epidémica
O37 ctxAB+ tcpA+ toxR+ (aislada en Sudan en 1969) expuesto a la
luz solar durante varios minutos liberaba partículas de
CTX?. Por otro lado, al incubar una cepa O1 El Tor (2740-80) ctxAB¯
tcpA+ att+ con estos sobrenadantes, se encontró que se
recuperaban lisógenos 2740-80 ctx+. Estos resultados sugieren
que cepas de V. cholerae no-O1 ctxA+, pueden naturalmente ser
inducidas para liberar viriones CTX? y de la misma manera lisogenizar
cepas O1 no toxigénicas. Gracias a este tipo de mecanismos
las propiedades de virulencia pueden evolucionar a grandes pasos
a través de la transferencia horizontal de grandes bloques
de material genético más que a la acumulación
de mutaciones de nucleótidos. Estos eventos de transferencia
horizontal de genes, probablemente se presentan en la naturaleza
y es así como contribuyen de manera importante en el mantenimiento
de las áreas endémicas de cólera.
16.
Epidemiología
En enero de 1991, después de casi 100 años de no
haber sido identificados brotes epidémicos de cólera
en el continente americano (con excepción de la costa del
Golfo de México en los Estados Unidos), se reportó
la aparición de cólera epidémico en Perú
relacionado con el aislamiento de una cepa de V. cholerae O1 biotipo
El Tor serotipo Inaba (24). Al año siguiente, en 1992,
se aisló una cepa causante de un brote de cólera
en Madrás y en otras ciudades de la India, la bacteria
no era del serogrupo O1 y fue clasificada como O139 (14). La aparición
de un nuevo agente causal de un brote con características
epidémicas planteó la enorme posibilidad del surgimiento
de nuevas cepas epidémicas sugiriendo a su vez que el cólera
no sólo se debía considerar como una enfermedad
reemergente, sino también emergente. Estos hallazgos dieron
lugar a un nuevo enfoque sobre las perspectivas para el estudio
del cólera en el ámbito epidemiológico y
molecular (15,16).
Epidemiología molecular del cólera
El conocimiento en la epidemiología del cólera tuvo
un gran avance debido a las medidas de control de la enfermedad
y a los adelantos en la biología molecular. Los estudios
epidemiológicos de vigilancia y de tipificación
molecular de Vibrio cholerae han permitido a su vez conocer mejor
la evolución, diseminación geográfica y perspectivas
globales de la enfermedad.
En 1978 se presentó un primer brote de cólera a
lo largo de la costa del Golfo de México en los Estados
Unidos, a este han seguido otros pequeños brotes de la
enfermedad observados hasta fechas recientes (43). Mediante técnicas
de southern blot e hibridación, con sondas para la toxina
colérica, se demostró que los aislados de Vibrio
cholerae O1 El Tor, obtenidos en dicha área, eran clonales
y diferentes de los vibrios aislados durante la séptima
pandemia. Una situación similar se observó en Australia
al analizar cepas de Vibrio cholerae O1 aisladas de pacientes
y del medio ambiente. En 1991, cuando el cólera llegó
a Latino América, se utilizaron diferentes técnicas
de biología molecular así como el método
de enzimas multilocus (MLEE) para caracterizar las cepas causantes
de la epidemia y definir la relación genética entre
éstas y las responsables de la séptima pandemia
obtenidas en diferentes partes del mundo. Los resultados obtenidos
mostraron que los aislados de América Latina eran esencialmente
clonales y probablemente una variante de las pertenecientes a
la séptima pandemia, pero diferentes a las cepas de los
brotes descritos en los Estados Unidos, a las aisladas en Australia
y a cepas O1 no toxigénicas identificadas en los años
80 en diferentes países de América Latina (24).
Un estudio realizado por Evins y cols (44), con una colección
de cepas Vibrio cholerae O1 no toxigénicas, O1 toxigénicas
(aisladas desde el inicio de la epidemia en 1991) y variantes
toxigénicas del hemisferio occidental, mostró que
por lo menos hubo dos cepas responsables del cólera en
América Latina. El origen de la cepa que ocasionó
el nuevo brote de cólera en América es un misterio
rodeado de especulaciones. Se ha propuesto que el microorganismo
fue importado por viajeros procedentes de áreas donde el
cólera es endémico, pero por otro lado también
se sugiere que la bacteria era un microorganismo de vida libre
nativo de las costas de Perú, el cual emergió por
efecto de algún factor ambiental como un patógeno
infeccioso con alto potencial epidémico.
En contraste con lo reportado anteriormente sobre las cepas de
Vibrio cholerae O1, las cepas de Vibrio cholerae no-O1 no presentaban
importancia médica o epidemiológica ya que se creía
que solo eran responsables de casos esporádicos de diarrea
en humanos. En octubre de 1992 un importante brote de una enfermedad
parecida al cólera, causada por un serogrupo de Vibrio
cholerae no-O1, apareció en India y Bangladesh y rápidamente
se diseminó a Pakistán, Nepal, Tailandia, Malasia
y China (14, 15). Estudios serológicos identificaron a
estas cepas con el serogrupo O139 con el sinónimo “Bengal”
(lo que indicó el lugar de aislamiento de las primeras
cepas, las ciudades costeras de la bahía de Bengala). Estas
cepas producían cantidades similares de toxina colérica
a las observadas con V. cholerae O1, por otro lado también
hibridizaban con sondas específicas para los genes ctxA
y ctxB y las características clínicas de la enfermedad
causada por estas eran indistinguibles del cólera (16,45,46).
Ensayos con el método de enzimas multilocus demostraron
que diferentes cepas de V. cholerae O139 aisladas en el Sureste
Asiático mostraban un perfil electroforético idéntico
al del Vibrio cholerae O1 Ogawa biotipo El Tor aislado en México
durante la epidemia (47).
Resultados similares se obtuvieron al analizar cepas representativas
del serogrupo O139, aisladas en diferentes lugares del mundo desde
su aparición en 1992, y compararlas con las de una colección
de V. cholerae O1, no-O1 y no-O139, aisladas entre 1969 y 1999.
Lo anterior permitió sugerir que V. cholerae O139 incluye
cepas epidémicas y no epidémicas que evolucionaron
de diferentes linajes y derivan de V.cholerae O1 o no-O1 respectivamente.
El análisis de 397 aislados de V. cholerae O1, O139 y otros
serogrupos no O1, mostró por un lado la diversidad genética
de la bacteria y por otro la relación genética entre
las clonas epidémicas O1 y O139 y serogrupos no O1, así
como su estructura poblacional (48).
Los resultados mostraron además que las cepas O1 y O139,
pandémicas junto con una clona del serogrupo O37 (que en
la década de 1960 demostró tener potencial epidémico),
conforman un grupo relacionado genéticamente, sugiriendo
que estas clonas surgieron por modificación del linaje
que ya era epidémico o muy relacionado genéticamente
al de las clonas epidémicas. La inferencia, por lo menos
en este grupo de cepas, es que la tasa de transferencia horizontal
y/o eventos de recombinación de genes del metabolismo básico
son suficientemente altas para prevenir el desarrollo y el mantenimiento
a largo plazo de alelos distintivos. Aún así los
linajes clonales que se observaron pueden persistir por periodos
largos de tiempo (hasta décadas), los ejemplos más
obvios son las clonas epidémicas y pandémicas O1
y O139, pero más aún, el análisis identificó
numerosas clonas y linajes clonales de cepas de V. cholerae no
O1 con una extensa, distribución geográfica.
En estudios previos se demostró la existencia de recombinación
de genes en la región rfb de V. Cholera, hecho que sugiere
la emergencia de nuevos serogrupos con potencial epidémico.
En un estudio realizado en México utilizando el método
de enzimas multilocus para determinar el origen clonal de las
cepas estudiadas (48), mostró que las cepas con un mismo
serogrupo frecuentemente son divergentes y genéticamente
distantes, lo cual apoya la evidencia anterior de que los genes
rfb están sujetos a una alta frecuencia de recombinación.
Estos resultados y el que los genes que codifican para los principales
factores de virulencia se pueden adquirir por transferencia horizontal
apoyan la propuesta de que cualquier V. cholerae se puede transformar
en una cepa virulenta y epidémica. Aunque el conocimiento
que se tiene sobre los integrantes del genero Vibrio se ha incrementado
ampliamente en los últimos años, aún existen
muchas interrogantes para poder controlar y erradicar su participación
como patógenos del hombre.
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