Capítulo
3. Dioxinas, furanos y hexaclorobenceno
Arturo Gavilán García*
José Castro Díaz*
3.1
INTRODUCCIÓN
En este capítulo se consideran, desde la perspectiva de
la afectación al medio ambiente, las principales características
de toxicidad, generación y transporte de las dioxinas y
furanos, sustancias no generadas de manera comercial o intencional,
además del hexaclorobenceno (HCB), que es generado de forma
no intencional como subproducto en procesos industriales. También
se presentan datos sobre la situación en México
respecto a estos contaminantes.
Las dioxinas, furanos y el hexaclorobenceno son sustancias altamente
tóxicas que son generadas en una gran variedad de procesos
industriales y de combustión, que se encuentran ampliamente
distribuidas en el ambiente en concentraciones muy bajas y que
tienden a acumularse en los tejidos grasos de los seres vivos.
Estas sustancias han sido consideradas de gran peligrosidad en
los últimos años, desde el accidente de Seveso,
Italia y el descubrimiento de su generación en los procesos
de combustión e incineración de residuos. Esto ha
motivado que en todo el mundo se hayan tomado diversas acciones,
como la entrada en vigor de la Convención de Estocolmo
sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes y el Plan de
Acción Regional para Dioxinas, Furanos y Hexaclorobenceno
de la Comisión para la Cooperación Ambiental de
América del Norte.
Actualmente, existen bastantes lagunas con respecto al conocimiento
sobre estas sustancias, en particular sobre su distribución
y transporte en el medio, así como sobre los niveles que
resultan potencialmente peligrosos para los seres humanos. En
México, aunque se tienen ciertos avances con respecto al
conocimiento de estas sustancias, se requiere apoyar a las actividades
de investigación para determinar tanto los niveles de afectación
en el ambiente, como para identificar las fuentes generadoras
más importantes y con esto determinar las mejores medidas
para su control.
3.2
ASPECTOS GENERALES
Los procesos de producción y consumo de nuestra sociedad
han tenido como consecuencia la generación de residuos
que tienden a incrementarse a medida que se eleva el nivel de
vida de la sociedad. Debido a los bajos beneficios económicos
de la separación y reciclaje y a la problemática
involucrada con la disposición de residuos, desde hace
varios años la incineración, tanto controlada como
no controlada, ha sido una tecnología muy recurrida para
la reducción de volúmenes de residuos peligrosos
y domésticos. Entre los componentes de los residuos peligroso
que son incinerados, generalmente se encuentran productos clorados
derivados de ciertos plásticos o solventes, los cuales
favorecen la producción de dioxinas, furanos y hexaclorobenceno.
Los primeros avisos de preocupación pública por
las dioxinas y furanos se realizaron en 1976, después del
accidente de Seveso, Italia, en donde se liberaron al ambiente
entre 1-5 kg de tetraclorodibenzodioxinas provenientes del sobrecalentamiento
del proceso de síntesis del herbicida ácido 2,4,5-triclorofenoxiacético.
Entre los síntomas desarrollados se encontraron brotes
de cloracné, disfunciones del sistema nervioso, dolores
en músculos y articulaciones y desórdenes psicológicos,
en la población afectada, y una elevada mortandad de animales
domésticos. (Schwedt, 2001)
Dada la similitud estructural de estos compuestos, también
presentan propiedades físico-químicas similares:
son sólidos cristalinos de color blanco con puntos de fusión
y ebullición elevados. También tienen una estabilidad
térmica muy elevada, razón que lo hace ser muy difíciles
de destruir en procesos de combustión. Estos compuestos
se caracterizan por su lipofilia, la cual favorece su acumulación
en los tejidos grasos del organismo de los seres vivos, y que
los hace solubles en la mayoría de los disolventes orgánicos.
(Casanovas, 1996).
Estas sustancias nunca se han fabricado industrialmente, sin embargo,
se pueden generar por diversas vías. En los procesos térmicos,
a temperaturas por encima de 200°C, se generan durante la
combustión incompleta de compuestos clorados. También
han estado presentes en el ambiente a nivel traza debido a incendios
y a la caída de relámpagos. Estas se producen como
resultado de reacciones secundarias en la fabricación de
compuestos aromáticos halogenados, principalmente donde
se utiliza cloro. (Schwedt, 2001)
3.3
PROPIEDADES Y ESTRUCTURA QUÍMICA
3.3.1
Dioxinas y furanos
Las dibenzo-para-dioxinas y dibenzofuranos (PCDD y PCDF) son compuestos
con propiedades químicas similares. Cada uno comprende
dos anillos de benceno interconectados por átomos de oxígeno.
En el caso de las PCDD los anillos de benceno están unidos
por dos átomos de oxígeno y en el caso de los PCDF
los anillos están interconectados por un átomo de
carbono y uno de oxígeno. En la Figura 3.1 se muestra la
estructura genérica de las PCDD y PCDF (McKay, 2002).
Figura
3.1. Estructura general de (a) PCDD y (b) PCDF

Todas
las dioxinas y furanos son sólidos orgánicos, con
altos puntos de fusión y baja presión de vapor.
Se caracterizan por tener una solubilidad en agua extremadamente
baja y por adsorberse fuertemente en las superficies de material
particulado. Al incrementarse su contenido de átomos de
carbono se incrementa su solubilidad en disolventes orgánicos
(McKay, 2002).
Las PCDD y PCDF constituyen dos grupos de éteres aromáticos
tricíclicos casi planares. En teoría existen 75
PCDD y 135 PCDF, dependiendo del número y la posición
de los átomos de cloro. Las abreviaturas normalmente utilizadas
para designar los distintos congéneres de las PCDD y PDDF
se resumen en la Cuadro 3.1. Asimismo, algunas de las propiedades
más importantes de las dioxinas y furanos se presentan
en la Cuadro 3.2 (McKay, 2002).
Cuadro
3.1. Abreviaturas comúnmente utilizadas para las
PCDD y PCDF

Cuadro
3.2. Propiedades fisicoquímicas típicas
de las PCDD y PCDF

Las
dibenzo-p-dioxinas bromadas (PBDD) y los dibenzofuranos bromados
(PBDF) son moléculas similares a las PCDD y los PCDF, pero
con átomos de bromo en lugar de los átomos de cloro.
Estos tienen mayores pesos moleculares que sus análogos
clorados, altos puntos de fusión, bajas presiones de vapor
y bajas solubilidades en agua. En general son solubles en grasas,
aceites y disolventes orgánicos (WHO, 1998).
La fotolisis ocurre con mayor rapidez en el caso de los PBDD y
PBDF que en las PCDD y los PCDF. Las PBDD y PBDF son termoestables
y sus temperaturas de formación y destrucción dependen
de varias condiciones, que incluyen la presencia o ausencia de
oxígeno, polímeros y aditivos piroretardantes (retardantes
de la ignición), como el trióxido de antimonio (Sb2O3)
(WHO, 1998).
Las PCDD y PCDF se pueden formar a partir de sus análogos
bromados (PBDD y PBDF) cuando se encuentran en presencia de cloro
en exceso, en donde el bromo es sustituido por cloro. (WHO, 1998).
3.3.2
Hexaclorobenceno
El HCB o perclorobenceno pertenece al grupo de compuestos orgánicos
del tipo aromático y no se encuentra de manera natural
en el ambiente. Al ser un compuesto aromático comparte
todas las características de este tipo de sustancias, entre
las que se encuentran:
• Efectúan reacciones de sustitución
• Presentan resonancia y son estables
• Su geometría es octagonal y plana
Algunas de las propiedades físicas y químicas del
HCB se resumen en la Cuadro 3.3. A temperatura ambiente, el HCB
adopta forma cristalina de color blanco; es virtualmente insoluble
en agua, pero es soluble en éter, benceno y cloroformo.
Tiene un gran coeficiente de partición octanol/agua (log
Pow), presión de vapor baja y flamabilidad reducida (Cortinas,
2003).
Cuadro
3.3. Propiedades Físicas y Químicas del
HCB

Las propiedades fisicoquímicas de cada congénere
pueden variar en función del grado de halogenación
en el anillo bencénico del compuesto. El conocimiento de
los efectos ambientales y de toxicidad de cada congénere
de HCB, se ha obtenido de manera individual y no se tiene conocimiento
preciso sobre la toxicidad de mezclas de HCB, ya sea con cloro
o con bromo.
3.4
PRINCIPALES FUENTES DE GENERACIÓN
Las dioxinas, furanos y HCB son compuestos que no se han comercializado
ni fabricado a escala industrial y sólo han sido sintetizados
a escala de laboratorio para fines de investigación o como
patrones analíticos. Cabe señalar que el HCB se
llegó a producir como plaguicida o para formular otros
plaguicidas. En general, estas sustancias se forman como subproductos
indeseables, en cantidades traza, en los procesos de combustión
y en una gran variedad de procesos industriales, lo cual hace
que exista un gran número de fuentes potenciales de estos
compuestos (Casanovas, 1996).
Por otro lado, hasta hace poco se creía que las dioxinas,
furanos y HCB no se podían producir de forma natural y
que, por lo tanto, su presencia en el medio era debido a factores
exclusivamente antropogénicos. En 1980, se realizaron estudios
que sugirieron que se podían formar pequeñas cantidades
de estas sustancias en procesos naturales de combustión,
tales como incendios forestales o erupciones volcánicas.
Básicamente, es posible su formación en toda combustión
de sustancias orgánicas (no necesariamente cloradas), si
se encuentran presentes pequeñas trazas de un donador de
cloro, por ejemplo, un cloruro inorgánico. Recientemente,
se ha tenido evidencia de la formación de dioxinas y furanos
a través de reacciones enzimáticas en sustratos
naturales, así como a través de reacciones fotolíticas
(Casanovas, 1996).
Cabe señalar que cada fuente de producción origina
perfiles de contaminación característicos. En los
procesos de combustión se generan todos los congéneres
posibles y se da lugar a perfiles de homólogos característicos
sin predominio de ninguno en particular, mientras que en procesos
industriales se forman sólo unos determinados congéneres
en mayor preferencia, propios de cada proceso (Casanovas, 1996).
Desde 1930 se ha venido dando un incremento estacionario de los
niveles ambientales de dioxinas de acuerdo a la producción
a gran escala y al uso de sustancias químicas cloradas.
La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos
(USEPA por sus siglas en inglés), elaboró una clasificación
de las fuentes generadoras de dioxinas y furanos (McKay, 2002),
la cual se presenta en el siguiente inciso.
3.4.1
Fuentes de combustión
Las dioxinas, furanos y HCB se forman en la mayoría de
los sistemas de combustión. Entre estos se encuentra la
incineración de residuos (residuos sólidos municipales,
lodos de planta de tratamiento, residuos médicos y residuos
peligrosos); la combustión de diversos combustibles, como
carbón, madera y los productos derivados del petróleo;
los hornos cementeros y la quema no controlada de basura doméstica
en patios (McKay, 2002).
3.4.2
Fundición, refinamiento y procesamiento de metales
Estas sustancias se pueden formar durante operaciones primarias
y secundarias del procesamiento de metales, incluyendo la producción
de hierro y acero y la recuperación de chatarra metálica
(McKay, 2002). Una fuente importante es la fundición secundaria
de cobre debido a los residuos del forro del alambre que contiene
cloro.
3.4.3
Producción de sustancias químicas
Las dioxinas, furanos y HCB se pueden formar como subproductos
del blanqueo con cloro de la pulpa de madera o en el reciclado
del papel así como de la producción y destrucción
de fenoles clorados, BPCs, ciertos herbicidas y compuestos alifáticos
clorados (McKay, 2002).
3.4.4
Procesos biológicos y fotoquímicos
Estudios recientes sugieren que las dioxinas, furanos y HCB se
pueden formar en ciertos procesos ambientales, tal es el caso
de la biodegradación de compuestos fenólicos clorados,
así como la fotólisis de moléculas fenólicas
cloradas (McKay, 2002) Los compuestos fenólicos clorados
se ocupan en la manufactura del 2,4,5-triclorofenol (2,4,5-TCP),
el cual a su vez sirve para producir hexaclorofenol (usado para
matar bacterias) y el herbicida 2,4,5-ácido triclorofenoxiacético
(2,4,5-T). (ATSDR, 1998).
3.4.5
Fuentes de reserva
Algunos materiales o piezas que contienen dioxinas, furanos o
HCB, formados en alguna otra fuente, tienen el potencial de redistribuirlo
en el ambiente. Entre estas fuentes se encuentran los suelos,
sedimentos, vegetación, materiales recubiertos con pentaclorofenol,
etcétera. (McKay, 2002).
En
la cuadro 3.4 se resumen en forma esquemática las principales
fuentes de generación de dioxinas y furanos según
su origen.
Cuadro
3.4. Clasificación de las fuentes de producción
de dioxinas, furanos y HCB

3.5
DISTRIBUCIÓN AMBIENTAL
3.5.1
Procesos de transporte y transformación
Las dioxinas, furanos y HCB son muy estables en condiciones ambientales
y desde el momento en que son liberados en el ambiente se ven
sometidos a una serie de condiciones ambientales a través
de los cuales pueden experimentar una gran variedad de procesos
los cuales tienen como consecuencia la redistribución de
estos compuestos en todo el ecosistema. Dichos procesos involucran
los mecanismos de transporte y transformación que se describen
a continuación.
3.5.1.1
Procesos de transporte
Estos implican mecanismos físicos o biológicos que
dan lugar a transferencias entre diferentes sistemas, como aire-suelo,
suelo-agua, etcétera.
Deposición
atmosférica
En este proceso las dioxinas, furanos y HCB se separan de la atmósfera
y llegan al suelo. Puede presentarse deposición seca y
húmeda. En la primera, los contaminantes adsorbidos en
las partículas en suspensión llegan al suelo por
sedimentación. En la segunda, el agua de lluvia los arrastra
como consecuencia de la deposición de partículas
(Casanovas, 1996; Cortinas, 2003).
Volatilización
Por medio de este mecanismo, las dioxinas, furanos y HCB pueden
volver a la atmósfera desde el agua o suelo. Al ser sustancias
poco volátiles, se pueden presentar distintas distribuciones
isoméricas en las fases vapor y sólido (Casanovas,
1996; Cortinas, 2003).
Sedimentación
Estas sustancias tienen baja solubilidad y alta tendencia a adherirse
a las partículas, razón por la cual se encuentran
en mayores proporciones en los sedimentos que en la fase acuosa
(Casanovas, 1996; Cortinas, 2003).
Erosión
La erosión provocada por el aire, agua, etcétera
provoca el transporte de las dioxinas, furanos y HCB que se encuentran
unidos a las partículas de suelo (Casanovas, 1996; Cortinas,
2003).
Lixiviación
Mediante este mecanismo, las dioxinas, furanos y HCB contenidos
en suelos son solubilizados por corrientes de agua y transportados
hasta las aguas subterráneas. Esta solubilización
se produce por la interacción con la materia orgánica
y partículas en suspensión que contiene el agua
(Casanovas, 1996; Cortinas, 2003).
Bioacumulación
y bioconcentración
La lipofilia y la baja solubilidad en agua que caracteriza a estas
sustancias hacen que sean especialmente afines por los tejidos
grasos de los seres vivos. Estas propiedades, además de
conferirles resistencia a la degradación, favorecen su
acumulación dentro de los organismos, pudiendo llegar a
concentrarse en varios órdenes de magnitud con respecto
al medio que les rodea (Casanovas, 1996; Cortinas, 2003).
3.5.1.2
Procesos de transformación
Estos son procesos físicos, químicos o bioquímicos
que implican la modificación de la estructura química
de estos compuestos y que contribuyen a su degradación
ambiental, aunque en periodos muy largos.
Fotólisis
La fotólisis, a través de la luz solar, constituye
una vía importante de degradación de estos compuestos
en el ambiente y es de gran trascendencia para las dioxinas, furanos
y HCB contenidos en la atmósfera. Sin embargo, en agua
y suelo la fotodegradación es menos importante. Algunos
estudios han demostrado que a medida que disminuye el grado de
cloración se acelera el proceso de fotodegradación
de estos contaminantes (Casanovas, 1996; Cortinas, 2003).
Biodegradación
La degradación biológica se puede llevar a cabo
por microorganismos o por organismos superiores. Se han realizado
diversos estudios para evaluar la magnitud de la degradación
alcanzada por microorganismos y algunos animales. Sin embargo,
se ha encontrado que el metabolismo de estas sustancias es muy
lento (Casanovas, 1996; Cortinas, 2003).
Degradación
química
En condiciones de laboratorio se han forzado determinadas reacciones
de sustitución de átomos de cloro por otros sustituyentes,
pero esto es muy complicado en condiciones ambientales (Casanovas,
1996; Cortinas, 2003).
3.5.2
Distribución final en el medio
3.5.2.1
Atmósfera
La presencia de dioxinas, furanos y HCB en el aire se debe principalmente
a los procesos de combustión y en menor grado a la evaporación
de suelos y superficies. Estas sustancias se transportan fácilmente
a través de la atmósfera a zonas muy alejadas. Finalmente,
a través de la deposición seca o húmeda,
acaban por depositarse en suelos y agua, con la posibilidad de
afectar grandes extensiones. Los niveles de dioxinas y furanos
son menores de 2 pg/m3 en zonas rurales remotas, oscila entre
2 y 15 pg/m3 en áreas urbanas y entre 15 y 120 pg/m3 en
áreas cercanas a fuentes de generación. En los últimos
años se han venido realizando determinaciones en diversos
países como Alemania, Suecia, Holanda, Canadá y
Estados Unidos. En México, se ha trabajado en la elaboración
de inventarios con base a factores de emisión (Casanovas,
1996; Cortinas, 2003).
3.5.2.2
Suelo
Las dioxinas, furanos y HCB llegan a los suelos por el vertimiento
de residuos contaminados, aplicación de plaguicidas o por
deposición atmosférica. Una vez depositados, son
fuertemente retenidos por las partículas y se transportan
únicamente por erosión a través del viento
y agua ( Casanovas, 1996; Cortinas, 2003) La deposición
de estos contaminantes en pastizales es una de las principales
vías de acceso a la cadena alimenticia, a través
de los lácteos y la carne del ganado.
3.5.2.3
Agua
La contaminación de aguas superficiales puede deberse a
la propia deposición atmosférica de las dioxinas,
furanos y HCB o al vertido directo de efluentes industriales contaminados.
La lixiviación de suelos también puede contribuir,
aunque en menor grado, a la introducción de estas sustancias
en aguas subterráneas. Una vez introducidas, tienden a
acumularse en sedimentos y partículas en suspensión
y de ahí transferirse a los organismos. Cabe señalar
que los peces pueden acumular hasta 10,000 veces las concentraciones
ambientales (Casanovas, 1996; Cortinas, 2003).
3.6
EFECTOS TÓXICOS
La
toxicidad de las dioxinas, furanos y HCB se manifiesta en muchos
órganos y tipos celulares en animales expuestos a dosis
subletales o en el intervalo transcurrido entre una dosis letal
y la muerte. En la cuadro 3.5 se muestran los efectos principales
de la exposición a estas sustancias.
Cuadro
3.5. Efectos tóxicos de las dioxinas, furanos
y HCB

3.6.1
Toxicidad en organismos y humanos
3.6.1.1 Dioxinas y furanos
De todos los congéneres de las dioxinas y furanos, los
de mayor toxicidad son los que tienen los átomos de cloro
ocupando simultáneamente las posiciones laterales (posiciones
2, 3, 7, 8). De éstos el más peligroso es la 2,3,7,8–tetraclorodibenzodioxina
(TCDD) (Casanovas, 1996).
De acuerdo a la evidencia científica existente, la Agencia
Internacional de Investigación sobre Cáncer (IARC,
por sus siglas en inglés) clasificó a la 2,3,7,8-TCDD
como cancerígeno para los humanos (Grupo 1). Además,
estableció que otras PCDD no se pueden clasificar por su
carcinogenicidad hacia los humanos (Grupo 3), entre las que se
encuentran: 2,7-DCDD, 1,2,3,7,8-PeCDD, 1,2,3,6,7,8-/1,2,3,7,8,9-HxCDD,
1,2,3,4,6,7,8-HpCDD (IARC, 1997).
En la cuadro 3.6 se indican los valores de LD50 para la 2,3,7,8–TCDD.
Los órganos principalmente afectados son el hígado
y el timo. Los estudios reportaron los siguientes síntomas:
pérdida de peso, hemorragias intestinales, inducción
enzimática, inmunotoxicidad, toxicidad dérmica,
teratogénesis, carcinogénesis y fallas reproductivas
(Casanovas, 1996).
La dosis letal de 2,3,7,8-TCDD llega a variar más de 5,000
veces entre el cerdo de guinea (la especie más sensible)
y el hámster (la especie menos sensible). Otros signos
de la intoxicación por 2,3,7,8-TCDD incluyen atrofia del
timo; hipertrofia/hiperplasia del epitelio hepático, gastrointestinal,
urogenital y cutáneo; atrofia de las gónadas y hemorragia
sistémica. En cultivos de tejido, la 2,3,7,8-TCDD afecta
el crecimiento y la diferenciación de queratinocitos, hepatocitos
y células derivadas de otros órganos blanco (ATSDR,
1998).
Cuadro
3.6. Toxicidad aguda en mamíferos de la 2,3,7,8–TCDD
La
exposición humana al 2,3,7,8-TCDD o algún otro cogénere
por exposición industrial o accidental esta asociado con
la aparición de cloracné y alteraciones en los niveles
de enzimas del hígado en niños y adultos. También
se han observados cambios en el sistema inmune y en el metabolismo
de la glucosa en adultos. Se ha observado que los niños
expuestos a las dioxinas y furanos a través de la leche
materna presentan alteraciones en los niveles de la hormona de
la tiroides y déficit neurológico (ATSDR, 1998).
El metabolismo de las dioxinas y furanos en animales no ha sido
estudiado de manera extensiva. Sin embargo, se pueden hacer algunas
generalizaciones basadas en la información disponible.
Generalmente se acepta que la biotransformación de las
dioxinas y furanos se da primariamente en el hígado. Las
principales reacciones metabólicas consisten en la hidroxilación
con o sin descloración o la migración de sustituyentes
del sitio de la hidroxilación hacia la molécula
de carbono adyacente seguida de la glucoronidación. Se
ha observado que las isoenzimas citocromo P-450 catalizan las
reacciones metabólicas. (ATSDR, 1994)
Diversos estudios han mostrado que las dioxinas y furanos tetra
sustituidos presentan una mayor velocidad de conversión
metabólica generando derivados dihidroxilados y tetrahidroxilados.
(ATSDR, 1994)
Como conclusiones sobre la transformación metabólica
de dioxinas y furanos se tiene que los sustituyentes clorados,
en las posiciones cuatro y seis además de las posiciones
laterales, inhiben el metabolismo en mayor grado que el cloro
en las posiciones uno y nueve y que la velocidad de metabolización
de estas se reduce al incrementar el número de átomos
de carbono. (ATSDR, 1994)
3.6.1.2
Hexaclorobenceno
La IARC ha llegado a la conclusión de que, si bien no hay
pruebas claras de carcinogenicidad del HCB en el ser humano, las
pruebas son suficientes en los animales de experimentación
por lo que le clasificó como integrante del grupo A•(carcinógeno
en animales) (Cortinas, 2003).
La toxicidad aguda del HCB es baja, con una dosis letal media
por vía oral para mamíferos y aves generalmente
por debajo de los 500 mg/kg de peso corporal y con capacidad letal
para la biota acuática por arriba del límite de
solubilidad del HCB en agua (5 mg/L). Tales concentraciones y
dosis son superiores a los niveles encontrados en el medio ambiente,
incluso en áreas muy contaminadas (Cortinas, 2003).
La información disponible indica que la ruta para la biosíntesis
de las células sanguíneas es un punto blanco importante
de la toxicidad por HCB. Se han encontrado niveles elevados de
porfirinas o precursores de éstas en los tejidos y la materia
fecal de ratas, como consecuencia de una exposición oral
subcrónica o crónica entre 2.5 y 15 mg/kg de peso
corporal/día. La excreción de coproporfirinas se
incrementó en cerdos que ingirieron 0.5 mg/kg de peso corporal/día
o más durante 90 días (no se observaron efectos
en cantidades de 0.05 mg/kg de peso corporal/día) (Cortinas,
2003).
La exposición repetida de HCB en animales de laboratorio
también ha demostrado que afecta una amplia variedad de
órganos (entre ellos hígado, pulmón, riñón,
tiroides, piel y los sistemas nervioso e inmunológico),
aun cuando éstos han sido reportados con menos frecuencia
que la porfiria (Cortinas, 2003).
El HCB posee una escasa capacidad para inducir directamente mutaciones
genéticas, daño cromosómico o reparación
del ADN. Se ha observado actividad mutagénica dudosa en
un pequeño subgrupo de estudios realizados con bacterias
y levaduras. También existen algunas pruebas de unión
con el ADN (formación de aductos) in vitro e in vivo, pero
a niveles muy por debajo de los esperados en los carcinógenos
genotóxicos (Cortinas, 2003).
La exposición a través de la placenta o de la lactancia,
estudiada en ratas y gatos madres a las que se les administraron
dosis de entre 3 y 4 mg HCB/kg de peso corporal/día, resultó
hepatotóxica y afectó la supervivencia o el crecimiento
de las crías (Cortinas, 2003).
Se ha demostrado que el HCB es capaz de traspasar la placenta.
Algunos estudios demuestran que los efectos teratológicos
en crías de roedores dependen de la toxicidad alcanzada
en las madres. Se encuentran anormalidades de desarrollo en el
sistema esqueleto-muscular, reducción de supervivencia
de los neonatos, anormalidades bioquímicas y metabólicas
en los neonatos, afectaciones en el bazo, la médula ósea
y el sistema linfático, hidronefrosis, anormalidades en
el desarrollo inmunológico, reducción en la ganancia
de peso y del índice de viabilidad, anormalidades craneofaciales
y urogenitales (Cortinas, 2003).
En las especies estudiadas, la presencia de malformaciones fetales
es baja, con la notable excepción del ratón. Los
efectos teratogénicos en el ratón son una respuesta
muy estable y reproducible (Cortinas, 2003).
3.6.2
Dosis-Respuesta y niveles de ingestión diaria tolerables
de dioxinas y furanos
La USEPA considera que hay suficientes evidencias para concluir
que la 2,3,7,8–TCDD es un carcinógeno probable para
humanos, mientras que la IARC la califica en el Grupo 1 como carcinógeno,
basándose en evidencias que la ubican como factor de riesgo
de cáncer en humanos (ATSDR, 1998).
Para los propósitos de evaluación de riesgo ambiental,
se ha desarrollado un procedimiento de equivalencias de los factores
de toxicidad para describir la toxicidad acumulativa representativa
de una mezcla de congéneres presentes en las mezclas muestreadas.
Este procedimiento implica asignarle un factor de toxicidad equivalente
específica a cada congénere individual, relativo
a los congéneres de dioxinas y furanos sustituidos en posiciones
2,3,7 y 8. Los valores de los factores de toxicidad equivalente
(en inglés TEQ) para PCDD y PCDF fueron adoptados por convenio
internacional (USEPA, 1998). El valor de TEQ asignado al congénere
2,3,7,8–TCDD es de 1.0. Todos los demás congéneres
tienen valores de TEQ menores a la unidad, variando numéricamente
entre 0.5 y 0.00001. Los valores aceptados internacionalmente
para TEQ para dioxinas y furanos halogenados se presentan en la
Cuadro 3.7 (CENICA, 2001).
Cuadro
3.7. Factores Internacionales de Toxicidades para Dioxinas
y Furanos.
La
medición de las dioxinas y furanos se realiza mediante
la toxicidad equivalente (TEQ), la cual se establece mediante
un cálculo numérico derivado de la suma de los productos
individuales de las concentraciones analizadas de cada congénere
presente en la muestra, multiplicado por la TEQ correspondiente.
La suma aritmética de los productos calculados para cada
congénere (concentración x TEQ) corresponde a la
totalidad de toxicidades equivalentes o TEQ de la mezcla (CENICA,
2001).
Actualmente, la fuente más importante de entrada de dioxinas
y furanos al ser humano es a través de la ingestión
de alimentos, representando cerca del 90% de la ingestión
diaria. La ingestión promedio diaria para un adulto de
2,3,7,8-TCDD fue estimada como 47 pg/día por modelos realizados
por Hattemer-Frey y Travis (1989), con un límite inferior
de 8 pg/día y un límite superior de 300 pg/día
(ATSDR, 1998).
En 1996, el ministerio de salud de Holanda estableció un
nivel de ingesta tolerable (TDI) diaria de 4 pg I-TEQ/kg día
a 1 pg I-TEQ /kg día. Donde I-TEQ (equivalentes tóxicos
internacionales) es la suma de los equivalentes tóxicos
de una mezcla de dioxinas. En 1998, la Organización Mundial
de la Salud estableció un TDI de 1-4 pg I-TEQ /kg día
(McKay, 2002).
Los niveles medios de 2,3,7,8-TCDD en tejido humano están
en un intervalo de 2-3 ng/kg grasa. Sin embargo, la información
disponible asegura que estos niveles se han reducido entre tres
y cinco veces desde fines de los años 70. Desde mediados
de la década de los 80, los niveles medios en tejido humano
de dioxinas y furanos medidos como equivalentes tóxicos
internacionales en la población general se han reducido
entre dos y tres veces. (ATSDR, 1998)
3.7
PROBLEMÁTICA DE GENERACIÓN EN MÉXICO
3.7.1 Inventario de emisiones de dioxinas y furanos en México
3.7.1.1
Metodología de elaboración
Por su complejidad y por el alto costo que implica la evaluación
ambiental de estos compuestos tóxicos, sólo algunos
países industrializados han logrado el desarrollo de metodologías
y la experiencia de medición y análisis de las concentraciones
de dioxinas y furanos provenientes de las diferentes fuentes,
tanto aquellas provenientes de fuentes naturales como de las generadas
por industrias y otras actividades humanas (CENICA, 2001).
En el año 2001 se elaboró un inventario de emisiones
preliminar en México por parte del Centro Nacional de Investigación
y Capacitación Ambiental (CENICA), en el cual se decidió
incluir sólo a aquellas fuentes, giros industriales y de
combustión que son altamente relevantes en los inventarios
nacionales de fuentes de emisiones realizados en Estados Unidos
y Canadá en años recientes. La base de datos elaborada
por la USEPA denominada “National Database of Sources of
Environmental Releases of Dioxin-like Compounds in the United
States” (USEPA, 1998) se consideró como punto de
referencia para las necesidades de este informe preliminar de
fuentes y emisiones de dioxinas y furanos en México.
Con el propósito de efectuar las estimaciones nacionales
a partir de las diferentes fuentes emisoras de estos contaminantes
se reportaron las bases de datos e información de la siguiente
manera:
• Número y ubicación de las empresas o giros
emisores
• Capacidad instalada y del nivel de actividad anual de
cada fuente emisora
• Tipo de proceso de producción y tipos de controles
empleados
• Datos de reporte para fuentes emisoras en México
• Cuantificación evaluada de emisiones
• Explicación sobre motivos en las incertidumbres
existentes en las estimaciones reportadas
3.7.1.2
Estimación de emisiones por actividad
Las estimaciones en las fuentes potenciales de dioxinas y furanos
realizadas en este estudio se basaron en la recopilación
de información sobre industrias como fuentes puntuales
y de actividades sociales como fuentes de área. Se emplearon
los factores de emisión de la USEPA, que fueron desarrollados
para otras condiciones económicas y de operación
en países industrializados y se realizó un ajuste
de información indispensable para su aplicación
a la realidad industrial y social del país. Cabe señalar
que el Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas
(PNUMA) elaboró una herramienta para realizar el cálculo
de las emisiones de dioxinas y furanos utilizando factores de
emisión diseñados para países en vías
de desarrollo. Se está trabajando en la actualización
del inventario (CENICA, 2001).
En las cuadros 3.8, 3.9 y 3.10 se muestran los resultados del
inventario de 2001, donde se presentan las emisiones estimadas
por año, por estado, por fuente emisora, así como
los efectos sobre las estimaciones de acciones promotoras de abatimiento
para dos escenarios en el tiempo: el año 1995 y el año
2000 (CENICA, 2001).
La industria se encuentra distribuida en algunas regiones del
país como resultado de opciones económicas, tales
como: cercanía a las fuentes de abastecimiento de materias
primas y combustibles, cercanía a los mercados consumidores,
cercanía a regiones económicas importantes (frontera
con EUA, centro del país) y cercanía a grandes vías
de comunicación, entre otras variables de infraestructura.
El nivel de la actividad económica de dichas industrias
también responde a otros factores a considerar: precios
de materias primas y combustibles, vigor de la moneda nacional
e internacional, acceso a bienes y servicios, costos de servicios
asociados a la productividad, agentes económicos internos
(estados financieros, etc.) y otros factores varios. Entre 1995
y 2000, México en su conjunto y las industrias, como sectores
productivos e individuales, pasaron de un intervalo macroeconómico
de baja certidumbre a un crecimiento regular y sostenido, apoyado
por la apertura de mercados asociados al Tratado de Libre Comercio
con América del Norte y a las expectativas de vinculación
comercial con Europa, Japón y el resto del continente americano
(CENICA, 2001). Las fuentes generadoras de emisiones de dioxinas
y furanos se separaron de otras fuentes generadoras en área
para describir su comportamiento en este lapso de tiempo. La mayoría
de las industrias experimentó un incremento en su productividad,
asociado a aumentos en la emisión de estos contaminantes;
aunque la industria cementera disminuyó en su emisión,
tanto por la reducción en el uso de residuos peligrosos
como combustible alterno y suplementario, como por la disminución
en su actividad productiva dentro de este lapso (CENICA, 2001).
Cuadro 3.8. Emisiones estimadas de dioxinas y
furanos para cada fuente para el año 1995
Cuadro
3.9. Emisiones estimadas de dioxinas y furanos para cada
fuente para el año 2000

Cuadro
3.10. Emisiones anuales de dioxinas y furanos por fuente
a nivel nacional en 1995 y 2000.

La
emisión inicial para este estudio en el año 1995,
que fue de 708g anuales, se redujo hasta 556g anuales para el
año 2000. Esto significó una reducción del
21 % en cinco años, como resultado en la disminución
de emisiones por incendios forestales, quema de basura a nivel
doméstico y dentro de los sitios de disposición
final, reducción en la producción de cementeras
que usan residuos peligrosos como combustibles complementarios
alternos. Por su parte, se han experimentado aumentos en la producción
y por consecuencia en las emisiones de dioxinas y furanos del
blanqueo de pulpa y papel y de policloruro de vinilo, así
como de la incineración de residuos industriales (CENICA,
2001). Sin embargo, cabe señalar que para las emisiones
de estos contaminantes no se lograron estimaciones confiables
o posibles, ante falta de bases de información y de bases
en su aplicación a condiciones mexicanas. No obstante,
se espera un comportamiento similar ante aumentos en las exigencias
en el cumplimiento de la normatividad ambiental por parte de las
autoridades ambientales a los tres niveles de gobierno (CENICA,
2001).
3.7.2
Inventario de emisiones de HCB
El balance de los datos integrados de las importaciones y exportaciones
del HCB en México se incluye en la cuadro 3.11.
Cabe
señalar que se desconocen las emisiones de HCB por fuentes
no intencionales, como los procesos de incineración no
controlada, debido a que no se ha elaborado un inventario de emisiones
de HCB, ya sea con el uso de factores de emisión o con
el uso de información de campo.
3.7.3
Estado de la investigación sobre dioxinas, furanos y HCB
Ninguno de los factores de emisión de este estudio se derivó
de mediciones efectuadas en chimenea, con lo que la certidumbre
de que los procesos industriales y naturales sean de magnitudes
diferentes a los expresados en este reporte, es de veracidad media
a regular. Aunque se cuenta con datos de emisión de dioxinas
y furanos para incineradores de residuos biológico-infecciosos,
para algunos incineradores de residuos industriales y para cementeras
que usan residuos peligrosos como combustibles complementarios,
se usaron como base de las estimaciones los factores de emisión
existentes en el reporte de inventario de emisiones estadounidense
de 1998, debido al conocimiento de la certidumbre asociada a dichos
factores de emisión (CENICA, 2001).
En México no se han efectuado investigaciones sistematizadas
de la presencia de todos los congéneres de dioxinas y furanos
en todos los entornos ambientales (aire, agua, suelo, alimentos,
reservorios, lodos industriales, sedimentos, etcétera),
ni en poblaciones afectadas (vida silvestre y humanos). Por ello,
esta información puede ser utilizada como una serie de
indicadores de prioridad de fuentes de emisión de dioxinas,
furanos y HCB, más que como reporte de emisiones de fuentes
puntuales o de área (CENICA, 2001).
La investigación científica en materia de dioxinas,
furanos y HCB está muy limitada, debido a que los centros
e institutos de investigación científica no cuenta
con la infraestructura necesaria y el análisis de estas
sustancias en el extranjero es de costo elevado.
3.8
TECNOLOGÍAS DE TRATAMIENTO
3.8.1 Purificación de gases
En la mayoría de los casos la eliminación de dioxinas,
furanos y HCB tienen que considerarse conjuntamente con la eliminación
de otros contaminantes legislados, para lo cual se debe contar
con sistemas “multicontaminantes” de limpieza y purificación
de gases, capaces de eliminarlos tanto en su forma vapor, como
adheridos a las partículas en suspensión (Casanovas,
1996).
3.8.1.1 Procesos secos
En estos procesos el reactivo (óxido de calcio) se inyecta
en forma de polvo en la corriente gaseosa. En ella algunos contaminantes,
en especial los del tipo ácido, son atrapados en la cal
y posteriormente separados mediante un filtro de mangas.
3.8.1.2
Procesos semi-secos
En este se utiliza una lechada de cal, la cual es atomizada en
la corriente gaseosa y es separada de la misma manera por un filtro
de mangas.
3.8.1.3
Procesos húmedos
En estos procesos los gases son lavados y saturados a la temperatura
de condensación. Los gases ácidos son adsorbidos
y el polvo, junto con otros contaminantes, son recogidos en el
líquido de lavado, el cual es enviado a tratamiento.
3.8.2
Procesos específicos de tratamiento
En los sistemas descritos anteriormente, además de eliminar
en cierto grado a las dioxinas y furanos, también puede
ocurrir una producción catalítica de los mismos,
por lo que es necesario utilizar procesos específicos (Casanovas,
1996).
3.8.2.1
Procesos de adsorción
Comprenden dos sistemas: 1) sistema seco y semi-seco con inyección
de carbón activado en polvo y 2) sistema con inyección
de carbón activado seguido de un filtro de mangas.
3.8.2.2
Procesos de inhibición
Cuando la eliminación de óxidos de nitrógeno
se realiza mediante el proceso de reducción selectiva no
catalítica, el exceso de amoníaco que no ha reaccionado
permanece con la corriente gaseosa a lo largo del proceso de limpieza
y enfriamiento, inhibiendo hasta cierto grado la formación
de dioxinas, furanos y HCB.
3.8.2.3
Procesos catalíticos
En estos procesos las dioxinas, furanos y HCB son retenidos y
descompuestos en una de reducción catalítica selectiva.
Estos procesos sirven para la destrucción de óxidos
de nitrógeno, pero tienen la capacidad de retener/destruir
otros contaminantes. Los procesos catalíticos húmedos,
que pueden integrarse a los procesos húmedos convencionales
de lavado de gases, destruyen las dioxinas, furanos y HCB a través
de un polvo fino que actúa como catalizador.
3.9
REFERENCIAS
- Agency for Toxic Substances and Disease Registry (ATSDR). 1994.
Toxicological profile for chlorodibenzofurans. Department of Health
and Human Services. Estados Unidos.
- Agency for Toxic Substances and Disease Registry (ATSDR). 1998.
Toxicological profile for chlorinated dibenzo-p-dioxins. U.S.
Department of Health and Human Services. USA.
- Casanovas, J. 1996. Dioxinas y furanos. Problemática
ambiental y metodología analítica. Ministerio de
Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente. Madrid, España.
- Centro Nacional de Investigación y Capacitación
Ambiental (CENICA). 2001, Informe de la situación y los
conocimientos actuales sobre las principales fuentes y emisiones
de dioxinas en México. Instituto Nacional de Ecología
– SEMARNAT. México.
- Cortinas, C. 2003. Actividades de Preparación del Plan
Nacional de Implementación (PNI) de la Convención
de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes
(COPs) y de los Planes de Acción Nacional sobre Lindano,
Dioxinas, Furanos y Hexaclorobenceno: El hexaclorobenceno en perspectiva.
Dirección de Investigación sobre Sustancias Químicas
y Riesgos Ecotoxicológicos. Instituto Nacional de Ecología
– SEMARNAT. México.
- Hattemer-Frey HA, Travis CC. 1989. Comparison of human exposure
to dioxin from municipal waste incineration and background environmental
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- International Agency for Research on Cancer (IARC). 1997. Polychlorinated
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- United States Environmental Protection Agency (USEPA). 1998.
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- World Health Organization (WHO). 1998. Environmental Health
Criteria Series (EHCS). No. 205. Polybrominated dibenzo-p-dioxins
and dibenzofurans. 1998.Geneva, Switzerland.