INTRODUCCIÓN
Helena
Cotler
Durante los últimos años, la degradación ambiental en México
ha pasado a ser un tema principal en el debate nacional tomando connotaciones
que afectan la gobernabilidad y la sustentabilidad de la sociedad en su conjunto.
Los problemas de degradación de suelos, deforestación, sobreexplotación
y deterioro de recursos hídricos y pérdida de biodiversidad, dejaron
de considerarse como simples datos estadísticos para constituir la causa
de numerosos conflictos sociales. Este panorama propició que en la agenda
actual, temas relacionados con el agua y el manejo forestal se presenten como
asuntos de seguridad nacional.
En la última década se ha fortalecido el sistema institucional
para la gestión ambiental, principalmente en temas relacionados con los
recursos hídricos. Sin embargo, durante este tiempo los problemas ocasionados
por la escasez de agua, la disminución de su calidad y el aumento de
desastres “naturales”, como inundaciones, se han registrado con
mayor frecuencia.
Ante esta situación es apremiante un cambio de paradigma en la gestión
de los recursos naturales de un enfoque sectorial hacia una visión más
integral. Considerando que los ecosistemas naturales se basan en la interacción
continua de todos sus elementos, en el tiempo y en el espacio, es imposible
solucionar un problema ecosistémico manipulando sólo uno de ellos:
el agua.
El entendimiento de la dinámica del agua en un territorio pasa por el
conocimiento espacial del ciclo hidrológico. Por ello, resulta conveniente
utilizar un enfoque de cuenca para entender las interrelaciones entre los recursos
naturales (clima-relieve- suelo-vegetación), así como la forma
en que se organiza la población para apropiarse de ellos y su impacto
en la cantidad, calidad y temporalidad del agua. Este enfoque nos da la posibilidad
de evaluar y de explicar las externalidades resultantes de los diferentes usos
del suelo.
En la búsqueda de instrumentos de gestión que posibiliten la transversalidad
de políticas sectoriales, diversos países han encontrado en el
manejo integral de cuencas un instrumento de planeación y de gestión
adecuado. El manejo integral de cuencas no sólo permite la gestión
equilibrada de los recursos naturales, sino también la integración
de los actores involucrados en una sola problemática en lugar de atender
varios problemas sectoriales dispersos. La elaboración de un enfoque
integrado que supere la fragmentada visión sectorial es determinante
para la optimización del recurso hídrico.
La vigencia del manejo integral de cuencas ha prevalecido en América
Latina a lo largo de las últimas décadas. Las discusiones realizadas
en los distintos foros a partir de la creación de la Red Latinoamericana
de Cooperación Técnica en Manejo de Cuencas Hidrográficas
(redlach) en 1980, constituyen una clara expresión de la evolución
de los conceptos, de las técnicas y la identificación de obstáculos
para el manejo de cuencas.1
En México, los cambios tienden a transitar de un enfoque sectorial y
centralista hacia uno integral, descentralizado y de mayor participación
social. Sin embargo, las deficiencias institucionales y la ausencia de consensos
entre las instituciones son aspectos que frenan el conocimiento y la gestión
adecuada de las cuencas.
Sólo para nombrar un ejemplo, en México cada dependencia gubernamental
del sector medio ambiental presenta una regionalización diferente ya
sea hidrológica, hidrológica administrativa, hidrológica-forestal
o ecológica, lo cual, evidentemente, dificulta el consenso para la elección
de una unidad territorial única para la aplicación de políticas
públicas.
Bajo la premisa que el manejo de las cuencas abarca una amplitud
de temas, el Instituto Nacional de Ecología invitó
a reconocidos investigadores de instituciones académicas,
organizaciones gubernamentales y no gubernamentales a plasmar
sus experiencias y enriquecer la discusión sobre el tema
durante el Seminario de “Gestión integral de cuencas:
teoría y práctica” desarrollado en la Ciudad
de México los días 9 y 10 de Junio de 2004. Este
evento reunió alrededor de doscientos interesados en el
tema, pertenecientes a instituciones del Gobierno Federal y de
26 Estados, instituciones académicas y asociaciones civiles.
A través de las ponencias se expusieron ideas, argumentos
y recomendaciones con el propósito de afinar la aplicación
del manejo integral de cuencas como un instrumento de política
ambiental en México.
Dada la trascendencia del tema, quisimos presentar por escrito los avances conceptuales
y metodológicos de la discusión. El presente libro se encuentra
estructurado en tres grandes temas. El primero denominado Estudios Ambientales
en Cuencas hace referencia a distintos enfoques para analizar, de forma interrelacionada,
los elementos del paisaje, el uso de nuevas tecnologías para el estudio
de los recursos naturales y su aplicación para la evaluación del
agua como servicio ambiental como para el análisis del estado del agua
subterránea.
Las experiencias de manejo de cuencas en América Latina se han ido adaptando
a cada una de las realidades ambientales, socio-económicas, culturales
y políticas de los países de la región. Un caso particular
es presentado por Iván González, quien no sólo realiza
un recuento minucioso de la evolución del manejo de cuencas en Cuba sino
que aprovecha esta experiencia para explicar múltiples conceptos y métodos
relacionados con el tema.
En las últimas décadas, la utilización de nuevas tecnologías
ha cambiado el paradigma del estudio de los recursos naturales. Así,
bajo el supuesto de que la evaluación y el manejo del recurso agua en
una cuenca requieren de un enfoque integral que considere la cuestión
geográfica como uno de sus componentes clave, Gerardo Bocco analiza la
relevancia de la perspectiva territorial en el manejo integrado de cuencas (MIC).
Para ello revisa las herramientas para la adquisición y análisis
de datos geográficos en el MIC y evalúa los requerimientos así
como la disponibilidad de datos geográficos en México para estos
fines.
Manuel Maass explica y ejemplifica claramente el carácter jerárquico
de los procesos ecológicos y explica cómo la falta de este reconocimiento
trae como consecuencia limitaciones en el entendimiento del funcionamiento de
los ecosistemas, así como problemas a la hora de implementar esquemas
de manejo integrado de cuencas hidrográficas.
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