El
control y la erradicación de fauna introducida como instrumento
de restauración ambiental: historia, retos y avances en
México
Alfonso Aguirre Muñoz, Araceli Samaniego Herrera, César
García Gutiérrez, Luciana Magnolia Luna Mendoza,
Marlenne Rodríguez Malagón y Francisco Casillas
Figueroa
Grupo
de Ecología y Conservación de Islas, A. C., Ave.
López Mateos 1590-3, Ensenada, B. C., 22880. Correo electrónico:
aaguirre@islandconservation.org
Introducción
Este capítulo expone el marco conceptual y una breve revisión
histórica de los patrones de introducción de especies
animales, desde los inicios de la humanidad hasta la actualidad.
Se analizan los principales impactos de la fauna introducida,
se describen las técnicas disponibles para su control y
erradicación, y se revisa el marco legal para su aplicación
en México. También se expone un ejemplo de restauración
ecológica, vía la erradicaciones de animales, ilustrado
el trabajo realizado en las islas del Noroeste del país,
donde se centra la experiencia práctica de los autores
en investigación y conservación ambiental.
A lo largo de todo el proceso de evolución, las barreras
naturales han jugado un papel limitante respecto de la distribución
de las especies y los ecosistemas. Tales barreras, como océanos,
ríos, montañas y desiertos, han llevado a las especies
propias de cada sitio a coevolucionar en distintos grados de aislamiento,
y por lo tanto, a estar en contacto con cierto tipo de especies.
Las islas son los ecosistemas terrestres más aislados,
por lo que en ellas ha evolucionado una biota única, en
general separada de la continental. La humanidad, en unos cuantos
siglos, ha movido gran cantidad de especies a través de
todas estas barreras geográficas mayores. Por su historia
evolutiva existen algunas especies nativas que han podido tolerar
a los intrusos. Sin embargo, en un porcentaje elevado las especies
nativas se han visto repentinamente enfrentadas a competidores
y/o depredadores para cuya confrontación no están
preparadas. Los mecanismos de defensa de las especies (de comportamiento,
mecánicos o bioquímicos) son a veces limitados,
insuficientes e incluso pueden estar completamente ausentes para
enfrentar a las especies introducidas por el hombre (Primack,
2002).
De forma natural las especies han invadido o colonizado hábitats
nuevos a lo largo de su historia, pero la amplitud del proceso
de movilización de especies por parte de los seres humanos
no tiene precedente en la escala geológica. La diferencia
entre las dispersiones o invasiones naturales y las introducciones
que ha realizado el hombre, intencional y accidentalmente, es
enorme, más aún en los últimos siglos, desde
el descubrimiento de América. El término introducción
significa que la especie ha sido transportada por seres humanos
a través de barreras geográficas mayores, y aunque
no todas son exitosas para los recién llegados, el número
actual de especies introducidas establecidas sobrepasa con mucho
la tasa natural de invasión. En 1958, Elton ya se refería
a este transporte indiscriminado como una de las mayores conmociones
históricas de la flora y la fauna mundiales.
Para recibir las especies introducidas por el hombre, se han usado
indistintamente varios conceptos: invasoras, introducidas, exóticas,
no nativas, no indígenas, entre otros. El común
denominador es que todos se refieren a especies que se encuentran
fuera de su área de distribución natural, hablando
en tiempo ecológico. En México esta definición
aplica oficialmente para el concepto de especie introducida o
exótica (Diario Oficial de la Federación 2000).
Por su parte, la SEMARNAT (2001) define a una especie invasora
como “aquélla que alcanza un tamaño poblacional
capaz de desplazar o eliminar a otras especies dentro de un hábitat
o ecosistema, alterando la estructura, composición y funcionalidad
de éste. Las especies invasoras pueden ser introducidas
o nativas”. Sin embargo, en el ámbito más
amplio de la biología en idioma español no se ha
llegado a un consenso respecto al uso de estos términos
y conceptos, así que las definiciones pueden variar dependiendo
del autor. La Unión Internacional para la Conservación
de la Naturaleza (UICN) realizó un análisis detallado
de los nombres y calificativos usados en inglés, y propone
una estandarización de conceptos para mejorar los marcos
legales relacionados con el manejo y control de estas especies
(Shine et al., 2000). Aquí, usamos el término introducidas
para referirnos a las especies que se encuentran fuera de su distribución
natural y que fueron transportadas por el hombre, ya sea intencional
o accidentalmente.
Resumen
histórico sobre la introducción de animales
De
los primeros pobladores a los conquistadores
Desde
los inicios de la domesticación de especies, la humanidad
ha llevado flora y fauna a cada lugar nuevo donde se ha instalado.
Conforme las civilizaciones se desarrollaron y dispersaron, su
número fue creciendo. Las introducciones intencionales
tenían que ver con propósitos de aprovechamiento
y ornamentales, en tanto que las accidentales incluían
insectos y roedores, principalmente transportados junto con productos
agrícolas. Sin embargo, fue a partir del siglo XVI, con
la conquista de América, que la tasa de introducciones
se disparó en cuanto a número de especies, número
de individuos y lejanía de las poblaciones originales (Primack,
2002). Vertebrados pequeños y grandes fueron transportados
en barcos con diversas finalidades, desde asegurar carne fresca
a los navegantes en tránsito hasta intentos por abastecer
a la industria textil y otras. Al mismo tiempo, los barcos también
fueron y siguen siendo una de las principales vías de introducción
accidental de insectos y roedores (O´Connor y Eason, 2000).
De esta manera, la mayoría de las introducciones de mamíferos
han ocurrido en el periodo posterior a la colonización
europea (Shine et al., 2000; Blackburn et al., 2004). Por ejemplo,
se ha reportado que las cabras domésticas estaban incluidas
en las bitácoras de la mayoría de los exploradores
españoles y portugueses de los siglos XV y XVI. Ellos fueron
los responsables de numerosas introducciones al nuevo continente
y a algunas de las islas del Pacífico. Lo mismo ocurrió
con Robert Cook y con diversos cazadores de mamíferos marinos
durante el siglo XIX y aún el XX (Lever, 1985; Parkes et
al., 1996). Blackburn et al., (2004) mostraron que la extinción
de aves endémicas de las islas oceánicas del mundo
está correlacionada estadísticamente con el número
de especies de mamíferos depredadores introducidos después
de la colonización europea.
Situación
actual
Las
actuales políticas de globalización y los modernos
estilos de vida promueven el movimiento e introducción
de muchas especies (Shine et al., 2000). En un mundo donde la
travesía aérea entre continentes dura sólo
unas horas y donde barcos inmensos viajan diariamente, el comercio,
el transporte y el turismo internacional incrementan el flujo
no sólo de dinero y de personas, sino también de
especies domésticas y silvestres. Aunque las introducciones
intencionales no controladas han disminuido en las últimas
tres décadas, siguen siendo comunes las introducciones
controladas, relacionadas con ganadería, agricultura, acuicultura,
caza y pesca deportiva, paisajismo, control biológico,
bioterios y zoológicos. Según la revisión
mundial de Welcomme (1988) de especies introducidas en aguas continentales,
41.2% de los casos lo fueron con fines de acuacultura, 16.0% para
la pesca deportiva, 13.7% para el mejoramiento del recurso pesquero,
10.8% para fines ornamentales, 6.8% para control biológico
y 11.5% accidentales. En México la ictiofauna (peces) dulceacuícola
está representada por 506 especies. Mientras que en 1901-1903
se habían registrado tres especies exóticas en el
país, estas introducciones se han acumulado hasta alcanzar
55 en 1984 y 90 en 1997. La normatividad que rige las citadas
actividades es aún muy limitada, a lo que debe sumársele
la falta de conciencia general sobre los posibles impactos y una
escasa aplicación de la ley, lo que provoca frecuentes
“escapes” de las áreas donde se planeaba confinar
a la especie introducida. Al mismo tiempo, numerosas introducciones
controladas han estado acompañadas de introducciones accidentales,
sobre todo de mamíferos pequeños, insectos, enfermedades
y parásitos.
Cabe señalar que no solamente debe atenderse el caso de
especies traídas de otros continentes sino que, incluso
especies extraídas de una región de un país
dado, resultarán exóticas al llevarse a otra región
biogeográfica distinta dentro de éste y, eventualmente,
pueden llegar a tener efectos tan perjudiciales como las especies
importadas desde sitios a miles de kilómetros a través
del océano (Ó. Sánchez, com. pers. 2005).
Los
impactos de la fauna introducida
Los
impactos biológicos y ecológicos
La
fauna introducida en diferentes regiones del planeta representa
una de las mayores amenazas para la conservación de especies,
hábitats y procesos ecológicos. Czech y Krausmann
(1997) señalan a los efectos de las especies introducidas
como la causa primordial de amenaza para las especies nativas
de los Estados Unidos de América. Los mamíferos
introducidos representan una de las causas principales de las
extirpaciones y extinciones de aves alrededor del mundo, y cada
nueva introducción ha incrementado el número de
especies hoy perdidas (Blackburn et al., 2004). Los impactos más
evidentes y estudiados globalmente son los generados por los mamíferos
introducidos sobre las poblaciones de aves y mamíferos
nativos. Sin embargo, universalmente se ha señalado que
la fauna introducida en general es responsable de un elevadísimo
número de extinciones y de muchos otros catastróficos
daños ambientales, de manera exacerbada en islas (Wilson
et al., 1992; Primack, 2002; Veitch y Clout; 2002, Bolen y Robinson,
2003; Courchamp et al., 2003). Esto es consecuencia de la depredación,
la competencia, la alteración del hábitat, el sobrepastoreo
y los daños al suelo que efectúa la fauna introducida.
Mooney y Hobbs (2000), Van Driesche y Van Driesche (2000) y Todd
(2001) analizan extensamente los impactos directos de las especies
introducidas a una escala global.
Además de los impactos directos, las especies introducidas
acarrean numerosos efectos indirectos que pueden ocasionar cambios
dramáticos en las comunidades y en los ecosistemas, siendo
los más comunes la introducción de semillas, propágulos,
enfermedades, endo y ectoparásitos y desequilibrio en las
redes tróficas. Los impactos indirectos han sido menos
estudiados, pero las pocas investigaciones detalladas han encontrado
efectos severos. Por ejemplo, la introducción del ratón
casero (Mus musculus) en las islas Farallón, en California,
elevó indirectamente la depredación de una especie
de petrel que se encuentra amenazada. El ratón no depreda
aves ni huevos ni compite por alimento con estas aves, pero su
abundante población en el otoño ha provocado que
durante los últimos años algunos búhos migratorios
se queden en la isla en lugar de continuar su jornada habitual,
alimentándose de los ratones introducidos. En el invierno,
cuando los ratones se vuelven escasos por el clima y la falta
de alimento, los búhos que interrumpieron su migración
se alimentan entonces de los petreles que llegan a anidar en esa
época (Howald et al., 2003). Los frágiles y complejos
equilibrios, desarrollados a lo largo de millones de años,
son alterados en forma rápida y drástica por las
especies introducidas.
Los
impactos económicos y sociales
Pimentel et al., (2000) calcularon para seis países las
pérdidas anuales (en dólares americanos) debidas
a especies introducidas: US$ 137 mil millones, África del
Sur, 7 mil millones; Reino Unido, 12 mil millones; Brasil, 50
millones e India, 117 mil millones. En un reporte oficial de 1993,
el Congreso de los EE.UU. estimó que el costo de las especies
introducidas para ese país, incluyendo el control y las
pérdidas ocasionadas, varía entre cientos de millones
y miles de millones de dólares cada año (Simberloff,
1996). En Australia, las pérdidas económicas atribuidas
a las cabras ferales suman 25 millones de dólares al año
(Parkes et al., 1996). Simberloff (1996) menciona que los costos
económicos y de salud humana de patógenos y parásitos
introducidos nunca han sido bien estimados, pero deben ser enormes.
Describe el ejemplo reciente del mosquito tigre, introducido en
los años ochenta de Japón a los EE.UU. Este mosquito
ataca más hospederos que ninguna otra especie (incluyendo
reptiles, aves y mamíferos), y puede transmitir diversas
enfermedades entre las que se cuentan la encefalitis, la fiebre
amarilla y el dengue. En México no existen estimaciones
generales de pérdidas económicas en este rubro.
Prevención,
control y erradicación de fauna introducida
La
prevención
Actualmente se reconoce que una de las mejores acciones para enfrentar
el gravísimo problema de la introducción de especies
es la prevención. Esta acción es más costeable,
económica y ambientalmente amigable, que cualquier medida
de remediación aplicada para combatir una introducción
(Shine et al., 2000). A pesar de que los daños ya son severos,
debemos crear, promover y aplicar medidas internacionales para
prevenir la introducción de nuevas especies, o reintroducción
en los casos poserradicaciones. Las acciones preventivas son diferentes
si se trata de introducciones intencionales o accidentales. Las
primeras pueden prevenirse mediante prohibiciones totales, parciales
o condicionadas. La previsión de introducciones accidentales
debe identificar a los principales vectores y establecer sistemas
de revisiones y cuarentenas. Por último, pero igualmente
importante, la educación ambiental de todos los sectores
—educación básica, opinión pública,
academia, gobiernos y comunidades locales— de la sociedad
es un requisito indispensable para que cualquier regulación
formal funcione. Esto es particularmente cierto para los países
menos desarrollados, donde la normatividad a este respecto es
pobre y los recursos para vigilancia son escasos.
¿Control
o erradicación?
Dada
la crisis por la que atraviesa la biodiversidad actual, las acciones
de conservación son indispensables pero, en muchos casos,
insuficientes debido al nivel de deterioro. La restauración
ecológica se ha reconocido como un deber, en casos en los
cuales los ecosistemas se encuentran sumamente alterados. Entre
los diversos instrumentos para la restauración ecológica
están el control y la erradicación de especies animales
introducidas. El control implica mantener a la población
problema con baja abundancia, a través de un esfuerzo constante
y sostenido a largo plazo. La erradicación busca la eliminación
total de la población y concentra el esfuerzo en un período
definido. Sin embargo, después de una erradicación,
lo ideal es implementar programas permanentes enfocados a prevenir
reintroducciones. Así, los programas tanto de control como
de erradicación deben seguir cuatro fases esenciales: 1)
definición del problema, 2) elaboración del programa,
3) implementación del programa, 4) evaluación y
monitoreo. Debido a que muchas especies introducidas suelen dispersarse
rápidamente, la erradicación sólo es económica
y ecológicamente viable en ciertas situaciones, como en
el caso de introducciones recientes. El caso de las islas, que
se discute más adelante, representa una excelente oportunidad
para efectuar erradicaciones de especies introducidas y evitar
con ello cientos de extinciones de flora y fauna nativa.
Técnicas
de control y erradicación de mamíferos introducidos
Hay
especies introducidas importantes en varios grupos taxonómicos
de animales, siendo los mamíferos de especial interés
por sus amplias capacidades de dispersión y de adaptación.
El exito de su control o erradicación, según los
manejadores de plagas, depende, en gran parte, del conocimiento
de la biología del animal a controlar o erradicar. Además,
recientemente se ha enfatizado la importancia de conocer su comportamiento
social (MacDonald et al., 1999) y alimentario (Berdoy y MacDonald,
1991). Sin embargo, en la mayoría de los países
los esfuerzos de investigación y de control aplicados se
limitan a la fauna que directamente afecta a la agricultura y
a la ganadería. En general, aún no se integra como
un paradigma universal una visión más ecosistémica
u holística en cuanto al efecto de las especies introducidas
en equilibrios naturales y procesos ecológicos, en especial
en ecosistemas frágiles. En fechas recientes, apenas en
las últimas décadas, han comenzado a desarrollarse
técnicas para el control y erradicación de fauna
introducida enfocadas a la restauración ecológica.
Atkinson y Atkinson (2000) hicieron una síntesis de los
métodos de control y erradicación de cada una de
las 14 especies de vertebrados terrestres que están dañando
particularmente a las islas del Pacífico (un anfibio, un
reptil y 12 mamíferos: cuatro roedores, cuatro carnívoros
y cuatro herbívoros de distintos órdenes). Courchamp
et al., (2003) describen los métodos de control de mamíferos
usados en islas y discuten sus ventajas y desventajas. En países
como Australia y Nueva Zelanda, pioneros en la creación
de agencias gubernamentales dedicadas a estas tareas, la experiencia
de las últimas décadas ha llevado a la elaboración
de guías nacionales de control de una serie de especies.
La Agencia australiana para la conservación de la naturaleza
ha publicado manuales sobre el manejo de caballos, conejos, zorras,
cerdos, cabras y roedores introducidos.
A continuación se mencionan las técnicas de control
de mamíferos más usadas en el mundo, aunque es importante
resaltar que cada programa local debe adecuarse no sólo
a la especie sino también a las particularidades ambientales
y sociales de cada región. Para el control de mamíferos
grandes, como cerdos, cabras y borregos, existen dos técnicas
principales: colocación de trampas y cacería. La
primera consiste en la construcción de trampas grandes,
tipo encierros, en las que es posible atraer o arrear manadas
enteras. La cacería puede llevarse a cabo desde tierra
o desde helicóptero, resultando esto último particularmente
útil cuando los animales viven en zonas escarpadas o cañadas.
La cacería con perros entrenados también es muy
útil, si bien conlleva a veces ciertas complicaciones logísticas.
El proyecto de restauración que actualmente se encuentra
en marcha en Isla Guadalupe, y que contempla la erradicación
de cabras y gatos ferales, representa uno de los proyectos de
restauración ecológica más ambiciosos de
América Latina. Esto por la propia importancia ecológica
de la isla, con gran cantidad de especies endémicas amenazadas
(Aguirre et al., 2004a)
Para mamíferos medianos, como conejos, gatos y mangostas,
entre otros, las técnicas incluyen trampas, cacería
y agentes químicos y biológicos. Las trampas pueden
ser individuales de cepo y ser colocadas en lugares estratégicos.
La cacería puede combinar el uso de perros y armas. El
control químico y biológico se refiere a la utilización
de venenos y patógenos específicos, de los cuales
los virus han dado excelentes resultados, lo mismo que diversos
venenos anticoagulantes de gran eficacia. El virus Myxoma y el
virus hemorrágico (RHDV, por sus siglas en inglés),
específicos del conejo europeo, han sido utilizados exitosamente
en el control y erradicación de esta especie (Williams
et al., 1995; Kerr y Best, 1998; Priddel et al., 2000). En México
los gatos representan una de las mayores amenazas a la vida silvestre
y son responsables de numerosas extinciones. Nogales et al. (2004)
revisaron las técnicas utilizadas en la erradicación
de gatos en 48 islas del mundo, 16 de éstas mexicanas.
Wood et al. (2002) describen las técnicas aplicadas para
la erradicación exitosa de gatos en 15 islas del noroeste
de México.
Para mamíferos pequeños, como ratas y ratones, la
aplicación de venenos ha resultado eficaz. Se han intentado,
sin éxito, erradicaciones de ratas usando únicamente
trampas. Intentos subsecuentes con rodenticidas resultaron exitosos.
Los rodenticidas se han aplicado en cebaderos especiales (en tierra
o elevados), mediante dispersión manual y a través
de la dispersión aérea con helicópteros.
Sin embargo, antes de emprender controles o erradicaciones de
este tipo, es muy importante determinar los riesgos potenciales
para las especies nativas u otras que no son el objetivo del tratamiento.
Además, para el uso de sustancias tóxicas es imprescindible
un estudio previo que analice tres aspectos principales: palatabilidad,
durabilidad y especificidad. O´Connor y Eason (2000) discuten
estos aspectos y comparan los diferentes rodenticidas disponibles.
Donlan et al. (2003) reportan un ejemplo reciente de erradicaciones
de ratas en México usando distintos venenos.
La técnica de radiotelemetría es un elemento de
gran utilidad en cualquiera de las acciones de control y erradicación
de fauna. En el mercado existen radio-collares de todos los tamaños
así como antenas y receptores con diferentes alcances.
Su uso puede, por ejemplo, proporcionar información clave
sobre áreas de actividad, o revelar la ubicación
de toda una manada gracias al monitoreo de un solo individuo.
La experiencia ganada a través de programas exitosos y
fallidos ha demostrado que la combinación de técnicas
en un mismo programa incrementa la probabilidad de éxito.
Un buen ejemplo de ello es la erradicación de conejos en
la isla Philip, en el Pacífico del sur. De acuerdo con
Coyne (2001), el enfoque inicial a principios de los ochenta fue
eliminar a los conejos con un virus específico, usando
moscas como vectores. El decremento de la abundancia de conejos
fue muy marcado pero, cuando el abastecimiento de moscas se detuvo,
la población comenzó a recuperarse. El programa
continuó con otros métodos, y en 1983 se instalaron
estaciones con veneno 1080 y comenzó la cacería
y la colocación de trampas. El último conejo fue
cazado en 1988, al mismo tiempo que la recuperación de
la flora, y por ende de la fauna nativa, ya era evidente. Cabe
señalar que el veneno 1080 (monofluoroacetato de sodio)
está actualmente prohibido y sujeto a control estricto
de las autoridades en México, debido a que su uso descuidado
costó en el pasado la extirpación de especies depredadoras
(zopilotes, tejones y otros) que consumieron cadáveres
de roedores y lagomorfos y hasta de lobos y otros cánidos,
sin olvidar los riesgos para los seres humanos (Guevara 1999,
Ó. Sánchez, com. pers. 2005). No obstante, este
veneno, del cual se usan hasta dos toneladas por año en
Nueva Zelanda para control de mamíferos introducidos, aplicado
con estrictas medidas de seguridad puede ser una gran herramienta
para la erradicación de gatos ferales en islas de gran
tamaño. Tal sería el caso de Isla Guadalupe, de
265 km², donde bastarían cuatro gramos del veneno
1080 para prácticamente abatir la población de los
gatos ferales que amenazan a varias aves listadas bajo algún
estatus de protección.
Marco
legal y políticas públicas en México
Si bien el sector académico ha señalado desde hace
años la necesidad de implementar medidas de prevención
y control de fauna introducida, oficialmente no existe aún
una política nacional para atender las cuestiones relacionadas
con especies introducidas en hábitats naturales. La Comisión
Nacional de Sanidad Agropecuaria (CONASAG) es la encargada de
detectar, controlar y en algunos casos erradicar especies introducidas.
Sin embargo, no se trata de una estrategia nacional sobre biodiversidad
biológica sino que tiene un enfoque productivo, concentrándose
en plagas y enfermedades que afectan productos netamente agrícolas,
aún cuando las especies introducidas pueden extenderse
a otras áreas o afectar a las especies silvestres nativas.
La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad
(CONABIO) inició la creación de un Sistema de Información
sobre Especies Invasoras en México. Este sistema se encuentra
en Biotica, con información taxonómica, curatorial
y ecológica procedente de los inventarios biológicos
y cartografía del Sistema Nacional de Información
sobre Biodiversidad (SNIB) y de la literatura sobre el origen,
rutas de introducción e impactos. Actualmente, este sistema
cuenta con un listado de 665 especies de plantas, que incluye
exóticas invasoras, malezas y especies traslocadas, 77
de peces, diez de anfibios y reptiles, 30 de aves y 16 de mamíferos.
Contiene información de la clase, familia, género,
especie, categoría infraespecífica, autor del taxón
y origen. Para el grupo de los vertebrados se incluye también
el estatus (introducida o traslocada), el área de introducción
y el motivo de la introducción. Por su parte, la Comisión
de Cooperación Ambiental del Tratado de Libre Comercio
de América del Norte (Canadá, Estados Unidos de
América y México), ha reconocido la gravedad del
problema y dio inicio a una estrategia para prevenir la introducción
de especies y mitigar sus efectos. En una primera instancia sus
esfuerzos se enfocan a especies acuáticas y su relación
con el comercio inter e intracontinental (A. Aguirre, com. pers.
2005).
Respecto de las actividades de control y erradicación de
fauna introducida con propósitos de restauración
ecológica, es decir, excluyendo las actividades agropecuarias
y de aprovechamiento, hasta 2003 no existían lineamientos
o trámites específicos. A partir del 2004 la Dirección
General de Vida Silvestre de la Secretaría de Medio Ambiente
y Recursos Naturales emplea el formato “Autorización
para el manejo, control y remediación de ejemplares y poblaciones
que se tornen perjudiciales” (formato 026 de SEMARNAT),
originalmente diseñado para unidades de manejo ambiental,
como la forma de solicitar autorización para controlar
o erradicar fauna introducida en cualquier hábitat natural.
Un elemento clave para el control y la erradicación de
fauna mayor que represente problemas ecológicos o similares,
es la cacería a pie y desde helicóptero. Actualmente
la Ley Federal de Armas y Explosivos de la Secretaría de
la Defensa Nacional (SEDENA 2002), no contempla la caza de control
para la conservación, que tiene un gran potencial en nuestro
país. Esa actividad se hace actualmente bajo la cobertura
de cacería deportiva, al amparo de clubes de caza y tiro,
pues es el tipo de uso de armas que más se le aproxima.
Una eventual revisión de esa ley y su reglamento debiera
incorporar en forma integral (adquisición, registro, posesión,
importación y uso de armas y municiones apropiadas y especiales)
y de manera privilegiada, la cacería de especies introducidas
con motivos de conservación, reconociendo como usuarios
a dependencias gubernamentales y organizaciones ambientalistas.
Se abriría así una opción más para
revitalizar la cacería deportiva, enfocándola adicionalmente
hacia especies introducidas e invasoras, contribuyendo a alejar
del furtivismo a las especies en riesgo, lo que representaría
una valiosa contribución a la conservación.
Muchas áreas reconocidas como sitios naturales de extraordinario
valor en términos de biodiversidad y productividad natural
se han decretado como áreas naturales protegidas (ANP).
Entre las gestiones más recientes, podemos mencionar el
caso de Isla Guadalupe, donde existe una gestión muy avanzada
para convertirla en reserva de la biosfera. El 5 de junio del
2003 se publicó el anuncio para crear una reserva de la
biosfera exclusiva para la isla y sus aguas adyacentes (SEMARNAT
2003). Tales acciones sin duda testimonian el éxito de
los proyectos de conservación y restauración, pero
aún hay otras áreas importantes que necesitan protección.
Caso
de análisis: las islas del noroeste de México
Por
qué trabajar en islas
Los
ecosistemas insulares son de importancia crítica para la
biodiversidad del planeta, debido a que son ricos en especies
endémicas y son importantes áreas de crianza y refugio
para diversas especies marinas, con complejas funciones ecológicas
a nivel de ecosistemas (Cushman, 1995). No obstante que las islas
del planeta representan no más del 3% de la superficie
terrestre, albergan del 15 al 20% de las especies de plantas,
reptiles y aves. Por grandes grupos, se estima que una de cada
seis especies de las plantas del mundo se encuentra en islas oceánicas,
y que el 17% del total de las especies de aves está confinado
a estas regiones. En ambos casos, las islas presentan una contribución
desproporcionadamente alta considerando su superficie terrestre
pequeña con respecto a los continentes, como lo muestra
Whittaker (1998) en un texto rico, actual y de amplia cobertura
sobre la biogeografía de las islas al nivel global, incluyendo
su biodiversidad, ecología, evolución y conservación.
Por todo ello, las islas deben ser una prioridad global.
En particular, las más de 250 islas e islotes del noroeste
mexicano son áreas críticas para la reproducción
de 36 especies de aves marinas, dos de tortugas marinas y cuatro
de pinnípedos. Son hogar de alrededor de 200 vertebrados
endémicos y de más de 110 plantas endémicas
(Reich, 1984; Velarde y Anderson, 1993; Tershy y Breese, 1997;
Álvarez-Castañeda y Patton, 1999; Case et al., 2002).
Grismer (2002) incluye en su libro sobre anfibios y reptiles de
Baja California, a las islas de la región, mostrando la
importancia de la biodiversidad de estos grupos, con abundantes
endemismos. Lo mismo hacen con las aves Arizmendi y Márquez
Valdemar (2000) al presentar las Áreas de Importancia para
la Conservación de las Aves en México (AICAS), y
Álvarez Castañeda y Patton (1999) para los mamíferos
del noroeste de México. Las islas del noroeste mexicano
son uno de los grupos de islas de latitudes no polares menos alteradas
del mundo (Case y Cody, 1983).
Las aguas adyacentes a las islas de la región son también
ricas en cuanto a productividad biológica, y de gran valor
económico y social para el país. Aquí pesca
excesiva y variedad de recursos pesqueros no van de la mano. En
las islas de la costa occidental de Baja California las aguas
son ricas en abulón, langosta, erizo, pepino de mar, algas
y distintos peces de escama, destacando en la actualidad el caso
de las islas Natividad, Asunción, Cedros, San Benito y
Guadalupe. De hecho, esos recursos fueron el ancla y el motor
económico para la colonización moderna de la región.
En las aguas de las islas del Golfo de California la pesca de
escama y de tiburón es también rica. Además,
hay un formidable y único valor paisajístico de
naturaleza silvestre, con abundantes aves y mamíferos marinos
siempre a la vista, y vegetación desértica muy peculiar,
elementos estéticos naturales de gran valor para el turismo.
Ésta es una razón esencial por la cual estas áreas
han sido el centro de importantes esfuerzos de conservación
especialmente durante las últimas dos décadas. En
dichos trabajos participan tanto el gobierno como organizaciones
no gubernamentales e instituciones académicas, las más
de las veces en colaboración.
Consecuencias
de la fauna introducida en islas
A
pesar de su importancia, los ecosistemas insulares han sido devastados
en todo el mundo por la actividad humana, a tal grado que las
extinciones de especies insulares son 40 veces más probables
que las de especies continentales (Johnson y Stattersfield, 1990).
La gran mayoría de las extinciones han sido causadas por
la introducción de especies, por la sobreexplotación,
y por la destrucción y la alteración del hábitat
(Saunders et al., 1991; Bush, 1996 (figura 1). En general, se
estima que en los últimos 400 años entre 50 y 75
% de las extinciones en el planeta se ha dado en islas. En el
caso particular de las aves, se calcula que 85% del total de las
extinciones en tiempos históricos ha ocurrido en islas
(Steadman, 1997). En el caso de los mamíferos esta cifra
es de 58%, y para moluscos terrestres 80% (Whittaker, 1998). En
la actualidad, una de cada tres especies de las plantas amenazadas
y el 23% de las aves amenazadas son especies insulares (Groombridge,
1992).
Figura 1. Causas de extinción de especies
en islas del mundo

Fuente:
IUCN,2004.
Si
bien las islas del noroeste de México mantienen una rica
diversidad de especies nativas y endémicas, muchas están
amenazadas por la depredación y la competencia de especies
exóticas introducidas por el hombre, en épocas muy
recientes. Algunas fueron introducidas en forma intencional, como
cabras, ovejas, cerdos y conejos, y también, en menor grado,
ganado mayor. El caso de los gatos es particularmente grave, pues
depredan aves insulares terrestres y marinas al grado de producir
su extirpación o extinción (Donlan et al., 2000).
En otras ocasiones entran mamíferos pequeños en
forma no intencional, como puede ser el caso de ratas, ratones
o ardillas, que llegan en embarcaciones que tocan tierra en las
islas. Según Donlan et al. (2000), los mamíferos
introducidos son responsables de 18 de las 19 extinciones reportadas
para las islas de la región.
La
situación en 1994
La
alteración humana de estos ecosistemas insulares puede
considerarse reciente pero, desafortunadamente, ha sido suficiente
para provocar la extinción de varias especies de vertebrados,
como el caso del petrel de Isla Guadalupe (Oceanodroma macrodactyla)
en el Pacífico y la rata endémica de Isla Coronados
(Neotoma bunkeri) en el Golfo de California. La región
y las islas con especies introducidas en 1994 se muestran en el
mapa de la figura 2. En 1994 había al menos 44 islas en
la región con mamíferos introducidos, lo que provocó
serios desequilibrios ambientales, y amenazan a especies y poblaciones
de animales y plantas endémicas y nativas.
Figura 2. Mapa que muestra la región y
las especies introducidas en las islas en 1994

Logros
a la fecha
El
aspecto fundamental para la restauración de los ecosistemas
insulares ha sido la erradicación de diversas especies
de mamíferos introducidos. Las más comunes de la
región son: gato doméstico (Felis catus), perro
doméstico (Canis familiaris), conejo europeo (Oryctolagus
cuniculus), cabra (Capra hircus), burros (Equus asinus), rata
común (Rattus rattus), rata noruega (Rattus norvegicus)
y ratón doméstico (Mus musculus). Donlan et al.,
(2000) llevan a cabo una cuidadosa revisión sobre los avances
en restauración al año 2000 y Wood et al., (2002)
tratan el caso específico de los gatos ferales en las islas
del noroeste de México.
De 1994 a la fecha se ha continuado con el esfuerzo sistemático
de erradicación. En 2004 son ya las 24 islas, sin contar
Catalana (o Santa Catalina), de las que se han erradicado poblaciones
de mamíferos introducidos, tanto dentro del Golfo de California
como en el litoral occidental de Baja California (figura 3, cuadro
1).
Figura 3. Poblaciones erradicadas de especies
introducidas de mamíferos
en las islas de la región noroeste de México al
2004

Cuadro 1. Resumen de erradicaciones exitosas
en las islas del noroeste de México.
|
|
Borrego
(Ovis aries)
|
Burro
(Equus asinus)
|
Cabra
(Capra hirca)
|
Conejo
(Oryctolagus cuniculus)
|
Gato
(Felis catus)
|
Perro
(Canis familiaris)
|
Rata
(Rattus rattus)
|
Rata
noruega (Rattus norver-gicus)
|
Ratón
casero (Mus musculus)
|
Area
(km 2)
|
| Islas
de la costa oeste de la península de Baja California |
| Coronado
Norte, B.C. |
|
|
|
|
X
|
|
|
|
|
0.4
|
| Coronado
Sur, B.C. |
|
|
X
|
|
X
|
|
|
|
|
1.22
|
| Todos
Santos Norte, B.C. |
|
X
|
|
X
|
X
|
|
|
|
|
0.3
|
| Todos
Santos Sur, B.C. |
|
|
|
X
|
X
|
X
|
|
|
|
0.87
|
| San
Jerónimo, B.C. |
|
|
|
|
X
|
X
|
|
|
|
0.39
|
| San
Martín, B.C. |
|
|
|
|
X
|
X
|
|
|
|
2.41
|
| San
Benito Oeste, B.C. |
|
X
|
X
|
X
|
|
X
|
|
|
|
5.48
|
| San
Benito de Medio, B.C. |
|
|
|
X
|
|
|
|
|
|
1.04
|
| San
Benito Este, B.C. |
|
|
|
X
|
|
|
|
|
|
1.94
|
| Natividad,
B.C.S. |
X
|
|
X
|
|
X
|
X
|
|
|
|
10.28
|
| San
Roque, B.C.S. |
|
|
|
|
X
|
|
X
|
X
|
X
|
0.78
|
| Asunción,
B.C.S. |
|
|
|
|
X
|
|
X
|
|
|
0.67
|
| Islas
del Golfo de California
|
| Rasa,
B.C. |
|
|
|
|
|
|
|
X
|
X
|
0.57
|
| Isabela,
Nay. |
|
|
|
|
X
|
|
|
|
|
0.78
|
| Mejía,
B.C. |
|
|
|
|
X
|
|
|
|
|
2.44
|
| Estanque,
B.C. |
|
|
|
|
X
|
|
|
|
|
0.8
|
| Santa
Catalina, B.C.S. |
|
|
|
|
X
|
|
|
|
|
39.4
|
| Montserrat,
B.C.S. |
|
|
|
|
X
|
|
|
|
|
18.9
|
| Coronados,
B.C.S. |
|
|
|
|
X
|
|
|
|
|
6.9
|
| Danzante,
B.C.S. |
|
|
|
|
X
|
|
|
|
|
4.2
|
| San
Francisco, B.C.S. |
|
|
X
|
|
X
|
|
|
|
|
3.9
|
| San
Jorge, Son. |
|
|
|
|
|
|
X
|
|
|
0.4
|
| San
Jorge Islote Oeste, Son. |
|
|
|
|
|
|
X
|
|
|
0.07
|
| San
Jorge Islote Este, Son. |
|
|
|
|
|
|
X
|
|
|
0.09
|
| Partida
Sur, B.C.S. |
|
|
|
|
X
|
|
|
|
|
17.6
|
|
Fuente:
Instituto Nacional de Ecología, 2003; Island Conservation
Data Base, 2003.
|
El último éxito, confirmado en la primavera de 2004
por GECI (Comunicación personal de Wood y Villalejo, 2004),
es la erradicación en la isla Catalana, frente a la Bahía
de Loreto. Esto la convertiría en la segunda isla más
grande del mundo con una erradicación exitosa de gatos
ferales. Gracias a todo este trabajo sostenido, aun sin sumar
a la isla Catalana, se ha protegido. Al
25 % de las plantas endémicas de la región, incluyendo
37 poblaciones de 29 especies, subespecies y variedades; 70
% de las aves de la región y 69 % de las endémicas;
el 21 % de los vertebrados endémicos de la región,
con 21 especies y subespecies de reptiles, 7 de aves terrestres
y 13 de mamíferos, para un total de 41 especies y subespecies;
118 poblaciones de aves marinas, con 30 especies y subespecies
y 7 endémicas. Otros avances significativos fueron las
erradicaciones puntuales y recientes de burros en las islas Todos
Santos, Coronado y San Benito, que se usaban para el apoyo logístico
y de mantenimiento de los faros de navegación de la Secretaría
de Comunicaciones y Transportes (SCT). Todas estas erradicaciones
fueron realizadas por GECI.
Presente
y futuro
La
isla Guadalupe, frente a la costa occidental de Baja California,
representa uno de los ecosistemas más importantes del mundo
por su alto grado de endemismos de flora y fauna terrestre y marina
(Moran, 1996). Con la introducción de cabras durante el
siglo XIX, la vegetación resultó seriamente deteriorada.
Esto ha afectado principalmente a los bosques del ciprés
endémico de Guadalupe (Cupressus guadalupensis), del pino
endémico de Guadalupe (Pinus radiata var. binata) y de
la palma endémica de Guadalupe (Brahea edulis). La cobertura
arbórea disminuyó de manera dramática, reduciéndose
de más de 4,000 ha a las escasas 85 ha actuales. Los remanentes
de bosque y los parches de vegetación relictual se encuentran
aún amenazados, pero gracias a la probada capacidad de
recuperación hay esperanzas fundadas para la restauración.
Los gatos domésticos, introducidos en épocas más
recientes que las cabras, han causado la extinción de dos
especies de aves y amenazan a otras poblaciones, especialmente
a los albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis). Una revisión
completa sobre la isla se halla en el estudio justificativo para
la creación de un área natural protegida como reserva
de la biosfera (Aguirre et al., 2003). Cabe señalar que
la conservación de la isla se ha considerado como prioritaria
y urgente en un exhorto hecho a diversas dependencias federales,
a partir de un punto de acuerdo del Congreso de la Unión
(Congreso de la Unión, 2003).
La restauración de Guadalupe implica la erradicación
urgente de dos especies introducidas, las cabras y los gatos ferales.
La erradicación de las primeras inició su fase de
campo en 2004 mientras que la de gatos comenzará en el
2005. Dos años antes se instalaron cercos exclusores de
cabras alrededor de parches de bosque remanentes, y dentro de
ellos han brotado ya más de 1,200 plántulas de pino
(frente a sólo 220 árboles viejos) y cientos de
plántulas de ciprés endémico, éstos
últimos fuera de cercos exclusores. Se trata del primer
reclutamiento de plántulas en más de 150 años.
Después de una meticulosa serie de preparativos y experimentos
de restauración aplicada, dio inicio la erradicación
de cabras. De junio a diciembre se logró atrapar y cazar
un total de 6,249 cabras. 1,200 fueron atrapadas en trampas-corrales
con agua durante los dos primeros meses, fase que intencionalmente
coincidió con la época seca. Al final de ese período
la eficiencia de las trampas corral cayó drásticamente,
lo que obligó a la colocación de trampas individuales
y la cacería de precisión a distancia, método
que habrá de continuar hasta el final de la erradicación.
Las trampas de cepo sirvieron para atrapar 37 animales que han
sido destinados a cabras judas. La cacería a pie comenzó
a mediados de agosto y ha servido para erradicar 1,752 animales,
la gran mayoría localizados en las cañadas del norte
de la isla. Una primera campaña intensiva de cacería
con helicóptero se realizó del 23 al 29 de noviembre;
con lo que se logró eliminar 3,260 animales, prácticamente
todos en cantiles completamente inaccesibles para los otros métodos.
Esta población, por su localización, no había
sido censada y mostró ser mucho mayor de lo estimado. Con
base en las observaciones de campo desde tierra y helicóptero,
así como por el análisis de los datos y la experiencia
de los técnicos expertos en erradicación, se estima
que la población de cabras remanente en la isla para la
primavera de 2005 será de no más de 500, habitando
sobre todo áreas de cantiles sólo accesibles para
la cacería por helicóptero. Con la capacitación
de personal de la Fundación Darwin–Parque Nacional
de Islas Galápagos, se prepararon al final del verano cabras
judas esterilizadas y con collares transmisores. Se está
realizando así el monitoreo de los pequeños grupos
remanentes de cabras para continuar con el uso de los diversos
métodos y orientar una segunda campaña con helicóptero
en la primavera del 2005, con lo cual se buscará acercarse
a la erradicación total de esta especie. Aguirre et al.
(2004b) describe los detalles sobre los métodos y los resultados
hasta diciembre de 2004. Los animales se han sacrificado humanitariamente
(SAGARPA, 1995) de acuerdo a las normas establecidas como condición
por la Dirección General de Vida Silvestre en el permiso
respectivo.
La restauración de la isla Espíritu Santo, frente
a La Paz, inició recientemente como un proyecto de colaboración
entre FUNDEA, GECI y la CONANP, con apoyo de la UNESCO. El inicio
del proyecto contempla la erradicación de cabras y gatos
ferales, fase que se desarrollará entre 2005 y 2006.
En las islas Alcatraz, Farallón de San Ignacio e Isabel,
se llevó a cabo trabajo de campo a lo largo de los años
2003 y 2004, orientado a obtener datos específicos sobre
la distribución, la abundancia y los impactos de los roedores
introducidos. Esta información representa la base para
la preparación de futuros programas de erradicación.
De lograrse recursos económicos, se plantea iniciar una
erradicación en una de estas islas durante 2005.
Perspectivas
Históricamente,
las investigaciones en las áreas de ecología y afines
se han enfocado a preguntas de carácter teórico
más que a cuestiones aplicables a la conservación.
Desde su nacimiento hace dos décadas, la biología
de la conservación ha ganado adeptos que promueven y generan
enlaces reales entre la ciencia y la solución de los problemas
ambientales. Sin embargo, la desproporción entre artículos
publicados y acciones realizadas aún es abismal. El caso
de la restauración ecológica no es la excepción.
En lo referente al control de especies animales introducidas,
es apenas en las últimas décadas cuando se han aplicado
la mayoría de los programas. Ya existe información
técnica suficiente pero aún hay que desarrollar
una estrategia integral a largo plazo que incluya al sector gubernamental
y académico, y que asegure la obtención de recursos.
Un buen ejemplo de cooperación interinstitucional en cuanto
a proyectos de restauración ecológica en México
es la isla Guadalupe. Este proyecto recibe actualmente la mayor
atención por parte de GECI, además de recursos económicos
significativos provenientes de fundaciones privadas, del fondo
sectorial Semarnat-Conacyt (Proyecto 0200), como proyecto de investigación
de monitoreo ambiental, y del Instituto Nacional de Ecología,
que aporta la mayor parte de los fondos. Es también muy
significativo el apoyo de Semar-Armada de México en términos de logística, transportación,
hospedaje y alimentación.
Por otro lado, además de los esfuerzos puntuales de restauración
aplicada se requiere mejorar el marco de protección legal
de las zonas de mayor biodiversidad para que perdure lo ganado
con dichos esfuerzos. Es justo reconocer que esta situación
en México ha mejorado recientemente, pero estamos a mitad
del camino. Por ejemplo, una excepción notable es la ausencia
de un marco legal de protección como área protegida
para las islas del Pacífico de Baja California, a pesar
de su enorme y reconocido valor. Desde las islas de Bahía
Magdalena hasta las islas Coronado en la frontera, salvo la isla
Natividad que pertenece a la reserva de la biosfera de El Vizcaíno
(INE, 2000), no hay protección alguna.
Más allá de la creación de áreas naturales
protegidas, el caso de las islas requiere, sin duda, el desarrollo
de una Norma Oficial Mexicana para uso del territorio insular
mexicano, dado que se trata de ecosistemas que constituyen un
patrimonio único y muy valioso para todos los mexicanos,
armonizando la perspectiva de gobernabilidad, facultad de la Secretaría
de Gobernación a través de su Subdirección
de Territorio Insular, y las de conservación ambiental
en el entorno de la Semarnat, más los usos productivos
con sentido sustentable en el ámbito de otras dependencias,
como la Sagarpa y la Comisión Nacional de Pesca. Entre
otros asuntos, tal norma debería incluir los usos aceptables
(biológica, ética, social y económicamente
viables) de las islas y sus densidades o intensidades, principios
y normas sobre asentamientos, planes de contingencia para catástrofes
naturales y programas rutinarios de cuarentena. Su desarrollo
exige investigación interdisciplinaria para conocer a profundidad
los factores que afectan la gobernabilidad de estas zonas —legales,
culturales, económicos, sociales, de nivel macro y micro,
y ambientales— y formular escenarios o prognosis determinadas
por el diseño de medidas específicas.
Agradecimientos
Los
autores, todos del Grupo de Ecología y Conservación
de Islas, A. C., agradecen el apoyo logístico, técnico,
académico y financiero que han brindado para el desarrollo
del trabajo en México que aquí se reporta (en orden
alfabético): AlCosta, Cicese, Conacyt-Fondo Sectorial Semarnat,
Conanp, Conservación Internacional-México, Dirección
General de Vida Silvestre, Gobierno del Estado de Baja California,
GCF, Gobierno Municipal de Ensenada, Fundación Marisla,
INE, IPN, Jardín Botánico de Santa Bárbara,
Fundación Packard, Prescott College, SCT, SCPP Pescadores
Nacionales de Abulón, SCPPE Abuloneros y Langosteros, Sedena,
Segob, Semar–Armada de México, Semarnat, UABC, UCSC,
UNAM, USFWS y WWF–México.
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