Inicio
English
Noticias
Reglamento
Directorio
Mapa del Sitio
Organigrama    

Título

Autor
Palabra Clave

Búsqueda avanzada

Puntos de Venta y Formas de Pago
FAQ
Sistema de Calidad y estadísticas
Instrucciones para autores y revisores
Boletín de novedades editoriales

 

 

 

Inicio -> Publicaciones -> Consulta de publicación -> Contenido

La investigación educativa y su aplicación en la restauración ecológica

 

Laura Barraza

Centro de Investigaciones en Ecosistemas, UNAM. Apartado postal 27-3 (Xangari) 50090, Morelia, Michoacán. lbarraza@oikos.unam.mx

 

La educación y la restauración

De manera irónica, dos de los retos más importantes que debemos enfrentar en este siglo tienen que ver con la educación y con la restauración. Analicemos de qué manera por un lado necesitamos “restaurar” la educación y, al mismo tiempo, necesitamos “educar” para restaurar.

Con respecto a la educación, Weber (1997) señalaba el triste destino del hombre moderno, desde principios del siglo XX, encerrado en la jaula de hierro de la racionalidad técnico burocrática. Dewey (1944) también nos alertó sobre las consecuencias negativas de lo que llamó una democracia enjaulada en preceptos teóricos e hizo un llamado para considerar a la democracia como una forma de vida integral, esencialmente moral y como un principio educativo. Para el desarrollo de la propuesta democrática, Dewey (1944) señalaba como necesaria la inteligencia colectiva, organizada y sustentada en la libertad de individualidades cooperantes. Esta inteligencia colectiva solo podía desarrollarse a través de la educación; que fuera capaz de promover un diálogo verdadero entre educandos y educadores para así fomentar una visión crítica y reflexiva entre los seres humanos. Por su parte, Habermas (1990) y Lipman (1991) señalaban que el ideal de una sociedad democrática debía estar fundado en una sólida comunidad cuya vida interior debía ser el diálogo, entendido, a la vez como un ideal ético y científico. Freire (1982) también fue un defensor de la educación como una acción liberadora, pero, ¿qué tan lejos o qué tan cerca estamos de los principios ideológicos de Dewey, Freire, Habermas, y Lipman? Creemos estar muy cerca sobre todo cuando hablamos de una sociedad sustentable, que pueda perdurar a través de las generaciones, y que sea lo suficientemente flexible e inteligente como para no socavar sus sistemas de apoyo tanto físicos como biológicos y sociales. Lo anterior significa una sociedad equitativa, participativa y democrática, pero ¿cómo podemos hablar de una sociedad sustentable, si no hemos sido capaces de fortalecer los requerimientos básicos de nuestras comunidades humanas? Además, la educación que recibimos a diario refuerza valores y prácticas no sustentables en nuestra sociedad. Estamos educados en gran medida para competir y consumir y no para colaborar, cuidar y conservar (Barraza, 2002). La educación está basada en el modelo mecanicista y fundamentada en una filosofía de mercado utilitaria. Las estrategias de poder se centran en el marco de la globalización económica lo cual no necesariamente refleja ni satisface las demandas y necesidades de nuestro país. Con la práctica de este modelo, lejos de acercar a nuestra sociedad a encontrar su propia inteligencia colectiva, enaltecemos aún más la apatía y la ignorancia.

Si queremos una sociedad sustentable necesitamos reducir la pobreza en el mundo y ésta solo se podrá disminuir incrementando el acceso y la calidad de la educación para todos. Necesitamos una sociedad que tenga acceso a la educación y que tenga permanencia en la misma. De acuerdo a las cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 2000), 84% de la población infantil de México sólo estudia hasta el quinto grado de la educación primaria y sólo 61% logra inscribirse en la secundaria. Además, uno de cada cinco adultos en el mundo es analfabeta, de los cuales la gran mayoría son mujeres.

El referente de la educación hoy en día es complejo; implica hablar de calidad, accesibilidad para todos, diversidad, interculturalidad, multiculturalidad y equidad, entre otros temas. Esta complejidad responde en parte a la consolidación del sistema democrático como forma de gobierno. También las migraciones recientes, debido a los problemas económicos y políticos, han originado asentamientos en diferentes países del mundo de grupos minoritarios de diversa procedencia social, cultural y religiosa. Estamos en presencia de una sociedad diversa culturalmente (Sánchez, 2001).

La educación, sin duda, sigue viéndose como un factor de cambio. Sin embargo para incorporar los principios básicos de la sustentabilidad en la educación, ésta debe considerar un planteamiento distinto del que actualmente sigue. La UNESCO se ha dedicado a repensar la educación en términos de durabilidad. Habla de poner en práctica el nuevo concepto de educación para un futuro viable. Este nuevo concepto tiene que ver con la articulación y vinculación de los contenidos curriculares, con los planes y programas de desarrollo comunitario. La nueva propuesta educativa de la que habla la UNESCO propone una educación abierta y flexible, una educación que permita la formulación de contenidos y ejes temáticos que aborden la problemática social y política de las comunidades partiendo de sus propias necesidades e intereses (Barraza y Ceja- Adame, en prensa). Este tipo de educación propone un cambio en el esquema mental del individuo hacia una visión integradora y humana.

Para estar acorde con esta propuesta necesitamos “restaurar la educación” e incorporar modelos y prácticas educativas diferentes a las que hasta ahora han predominado. La mayoría de los esfuerzos hechos en la educación de México se han orientado principalmente a la transmisión de información. Esto ha reforzado una sola área del desarrollo humano, el dominio cognoscitivo. El énfasis se ha puesto en la adquisición de un conocimiento memorístico. De manera que el método de enseñanza predominante está basado en la obtención de datos y en un aprendizaje receptivo y pasivo. Los programas se concentran fuertemente en desarrollar el aprendizaje memorístico sin que exista un verdadero análisis personal y un entendimiento del concepto o lo que se desea aprender. Resultados de investigaciones recientes (Barraza y Walford, 2002; Barraza y Pineda, 2003; Barraza y Ceja-Adame, 2003; Barraza y Cuarón, 2004), demuestran que existe un deficiente nivel de conocimientos sobre temas ambientales en niños y jóvenes del país. Por lo general, sus conocimientos están aislados y fragmentados y no existe síntesis y comprensión ni vínculo entre un concepto y su aplicabilidad. Una causa importante de los resultados obtenidos en estos estudios, ha sido que la educación continúa basándose en un modelo mecanicista y lineal. Esto hace que exista una deficiente calidad en la formación de las habilidades básicas en el pensamiento y desarrollo del niño y, por lo general, las capacidades de observación, de concentración, de atención, de creatividad, y la analítica para resolver problemas (sólo por mencionar algunos aspectos relevantes de la formación analítica del ser humano), están ausentes en los programas de educación y muy distantes de la atención curricular (Barraza y Ceja- Adame, en prensa).

La educación debe verse como un proceso de desarrollo personal y social. Por lo tanto, este modelo necesita centrarse en la problemática social y política. En este marco, el tema de la restauración ecológica destaca como parte de esa problemática y se ubica como una alternativa ante la problemática ambiental mundial. Necesitamos formar recursos humanos orientados hacia el manejo de la restauración ecológica, pero fundamentalmente con esquemas de pensamiento y formas de acción diferentes.

En la solución a la problemática ambiental se ha descuidado la parte social. El énfasis se dirige hacia el desarrollo de los aspectos tecnológicos (Newhouse, 1990). Sin embargo, actualmente, se reconoce que la tecnología por sí sola no puede solucionar los problemas ambientales, ya que parte de la crisis ambiental tiene sus orígenes en las percepciones y actitudes humanas hacia el medio ambiente (Barraza, 2001). La educación ambiental es una herramienta importante para la conservación de los recursos naturales, porque promueve y refuerza la participación dinámica y reflexiva hacia el mejoramiento del ambiente. Sin embargo, en la investigación educativa ambiental son muy pocos los estudios explicativo-comprensivos que existen sobre la conducta humana y su efecto en los ecosistemas naturales (Barraza y Pineda, 2003). Sólo entendiendo las relaciones entre las actitudes que la gente tiene hacia los factores ambientales y los factores que influencian esas actitudes, podremos comprender y mejorar las actitudes del público hacia la naturaleza (Barraza, 2001). Las actitudes no existen en forma aislada en el individuo. Generalmente tienen vínculos con componentes de otras actitudes y con niveles más profundos del sistema de valores del individuo (Barraza, 1998). Las actitudes determinan la forma de pensar, opinar y actuar de un individuo. En este proceso la cultura juega un papel determinante en la manera de pensar, de sentir y de actuar de la gente con relación al ambiente.

La acción de la restauración ecológica consiste en rehabilitar aquellos ambientes que se encuentran degradados y restablecerlos a sus condiciones naturales originales o, si éstas no son posibles, crear otras que sean similares al hábitat afectado y que compense aceptablemente los daños causados (Hobbs y Norton, 1996). Bradshaw (1990) señala que existen cuatro enfoques en la restauración de comunidades biológicas y de los ecosistemas:

1) Ausencia de acción. Es cuando se deja a que el ecosistema se recupere por sí mismo, conocido también como restauración pasiva. Un ejemplo son los campos de cultivo abandonados, que después de algunas décadas se convierten en acahuales y, con un poco de suerte, en bosques.

2) Rehabilitación. Es cuando se reemplaza un ecosistema degradado por otro que tenga un cierto tipo de productividad, utilizando pocas o muchas especies. Un ejemplo es el reemplazo de un área de bosque degradado por un pastizal productivo.

3) Restauración parcial. Consiste en restaurar por lo menos algunas de las especies dominantes originales y ciertas funciones del ecosistema. Por ejemplo, la plantación de árboles nativos en un bosque degradado.

4) Restauración completa. Consiste en restaurar el área con su composición de especies, estructura y funciones originales por medio de un programa activo de modificación del sitio y de reintroducción de las especies.

 

Las necesidades de restauración ecológica vienen dadas principalmente a causa de la intensa actividad humana (minería, deforestación) y de las catástrofes naturales (erupciones volcánicas, actividad sísmica, inundaciones, entre otras). Al trabajar en lugares alterados por la actividad humana, la restauración ecológica expande el campo de acción de la conservación biológica, por un lado, ésta ya no queda restringida a las áreas protegidas y, además, no sólo se protegen los hábitats remanentes, sino que se recuperan superficies de hábitat degradados (Primack y Massardo, 2001). Por ello es necesario realizar estudios que incorporen el conocimiento, las creencias y las actitudes que las poblaciones humanas tienen hacia los ecosistemas para la conservación biológica, así como para la restauración ecológica (Barraza, 2001). De esta forma, un principio adicional en la teoría de la restauración ecológica es conocer las dinámicas de relación que se generan entre la sociedad y el ambiente.

De acuerdo con Paz (2003), los estudios socio-ambientales están enfocados a analizar la relación de la sociedad con su ambiente en tres direcciones (figura1):

 

 

Figura 1. Relación sociedad y ambiente

 

Algunas preguntas que interesan responder al tipo de relación entre sociedad y ambiente son: ¿cómo se relaciona la sociedad con su entorno? ¿cómo lo utiliza? ¿cómo lo transforma? ¿cómo lo degrada? ¿cómo lo cuida y conserva?

En cuanto al tipo de relación entre ambiente y sociedad, lo que interesa conocer en esta dinámica es: ¿cómo influye el ambiente sobre el ámbito social y sobre las condiciones de vida, en las formas organizativas: sociales, económicas, políticas, culturales? y ¿cómo las transformaciones sociales del ambiente repercuten de nueva cuenta sobre la propia sociedad?

Una manera de estudiar la relación sociedad–ambiente es analizando los hechos sociales a través del enfoque llamado positivista. Éste se basa en que los hechos son observables y se pueden explicar a través de relaciones causales, del establecimiento de leyes, estructuras, sistemas de relaciones, entre otros. Esto implica la determinación de cada variable dependiente (a explicar) y de las independientes (que la explican). Este enfoque permite relacionar variables, medir y cuantificar con menor subjetividad. Su principal herramienta analítica es la estadística (Paz, 2003).

Otra forma de estudiar esta relación es a través de entender la acción social, más que el hecho social. En este caso lo que nos interesa comprender son las motivaciones que tiene la gente para hacer cosas, sus intenciones y sus prácticas, sus expectativas, sus miedos, sus percepciones y sus actitudes. Si lo que nos interesa son las explicaciones locales, sus contenidos y sus significados, nuestro enfoque será más cualitativo que cuantitativo, pero igualmente útil para entender mejor los fenómenos.

Cualquiera que sea la forma de estudiar la relación sociedad-ambiente, las creencias y las actitudes que tienen y que construyen los individuos ejercen un efecto positivo o negativo sobre las relaciones y dinámicas que se establecen con el ambiente. Esto se deriva de la relación que existe entre las creencias y las actitudes con la conducta. De acuerdo con la teoría de la acción razonada de Fishbein (1967), existe un enlace causal entre las creencias, las cuales desarrollan las actitudes, y las intenciones que deciden sobre la conducta (figura 2). Las actitudes se refuerzan con las creencias (componente cognitivo) y frecuentemente atraen sentimientos muy fuertes (componente emocional), que conllevan a comportamientos específicos (componente de la acción).

 

 

Figura 2 Teoría de la acción razonada
Fuente: Fishbein 1967.

 

Las ciencias ambientales integran tanto áreas de las ciencias naturales como de las ciencias sociales y esto permite ampliar los esquemas de pensamiento y dirigir los esfuerzos a la búsqueda de más ciencias integradoras. El medio ambiente es ahora definido como un eco-socio-sistema, caracterizado por la interacción entre sus componentes biofísicos y sociales (Goffin, 1993). En este contexto, la educación ambiental se concibe como una dimensión de la educación contemporánea que se preocupa por optimizar la red de relaciones persona- grupo social- medio ambiente (Sauvé, 1997).Esta red de relaciones está estrechamente asociada a la biofilia, que Wilson (1984), describe como la “afiliación emocional innata de los seres humanos hacia otros organismos vivos”. En este proceso la emoción es un factor central, constituida por sentimientos y significados. Los sentimientos son los principales motivadores de la actividad humana.

Partir del entendimiento que tiene la gente sobre las prácticas de manejo que realizan en los ecosistemas es fundamental para los programas de restauración ecológica. Por ello es necesario incluir temáticas de orden social, así como metodologías de trabajo comunitario y participativo en los programas de formación ambiental. El modelo educativo que propongo considera a las ciencias ambientales como pilar epistemológico con los siguientes 5 ejes de estudio.

  1. Una educación multi e intercultural. Consiste en la formación de valores y actitudes dirigidas a favorecer la comprensión, el respeto y la tolerancia. A través de esta orientación se busca desarrollar capacidades en los educandos que les permitan respetar la diversidad étnica y cultural y apreciar las aportaciones de todos los grupos, así como analizarlas críticamente junto con las propias.
  2. Una educación para el futuro. La educación constituye uno de los instrumentos más poderosos para realizar el cambio. Educar para el futuro requiere de una exploración para conocer los miedos y las expectativas que tienen los educandos hacia el futuro y definir, junto con ellos, caminos de acción para crear un mejor lugar para todos. Permite que los educandos analicen situaciones, con sus problemas y obstáculos, y los motiva a buscar alternativas y mejores opciones para resolver esas situaciones (Hicks y Holden, 1995). Estudiar cuáles son los miedos y las expectativas que tiene la gente sobre el futuro nos permitirá conocer y entender cómo esas imágenes influyen en la forma de actuar de la gente, y cómo sus acciones presentes influyen hacia el futuro.
  3. Una educación integradora y holista. Esta visión nos permite considerar la perspectiva ecológica en la educación que propone Sterling (2001), cuyas principales características son: el pensamiento sistémico en vez de lineal; integrador en vez de fragmentado; mayor relación con los procesos que con las cosas; mayor atención a las dinámicas que a los fenómenos de causa-efecto; y con los patrones y esquemas generales más que con los detalles.
  4. Una educación sustentable. La UNESCO ha invitado a los gobiernos del mundo a usar la década (2000-2010) para integrar “la educación para un desarrollo sustentable” (EDS) en sus estrategias nacionales y planes de acción (UNESCO, 2003). “La educación para el desarrollo sustentable es vista como el proceso para aprender a tomar decisiones que consideren el futuro a largo plazo de la economía, la ecología y la equidad de todas las comunidades”. Construir la capacidad para este tipo de pensamiento orientado al futuro es una tarea de la educación.
    La educación sustentable incorpora dos funciones básicas de la educación: 1) la función liberal, cuya tarea es desarrollar las potencialidades del individuo; y 2) la función transformadora, en la que se promueven cambios hacia una sociedad más justa.
    La educación sustentable trata, además, de integrar y balancear procesos con un propósito, de tal manera, que se esté informando y al mismo tiempo se promueva un aprendizaje creativo y participativo para actuar en la solución de los problemas socio-ambientales. Esto implica un cambio hacia un paradigma en el que se enaltece más el aspecto humano y los valores ecológicos, y se integra la educación para el futuro.
  5. Una educación participativa. La educación participativa promueve el diálogo y la organización. Se basa en fomentar el desenvolvimiento creativo y reflexivo en los sujetos, así como en propiciar un cambio social. Para lograr una educación participativa es necesario que los planes y programas curriculares sean abiertos y flexibles. Una práctica pedagógica que refuerza el aprendizaje participativo es el “Aprendizaje basado en problemas” (ABP). El ABP es un proceso de indagación que resuelve preguntas, curiosidades, dudas e incertidumbres sobre fenómenos complejos de la vida (Barell, 1999). La indagación por el alumno es una parte integral importante del ABP y de la resolución de problemas. El ABP favorece que los participantes se escuchen entre sí, que estén abiertos a diferentes puntos de vista y que puedan trabajar en colaboración para llegar a conclusiones razonables.

 

La investigación educativa y su papel en la restauración

La investigación educativa juega un papel fundamental en los programas de restauración ecológica. Por un lado, nos permite ir avanzando en conocer y mejorar las dinámicas de relación que se generan entre los individuos y su ambiente, evaluando cómo piensan y cual es su preocupación por el ambiente. Por el otro lado, considera aspectos básicos sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje y su impacto en la formación de los individuos. Para lograr avances significativos necesitamos, además, crear espacios que favorezcan la investigación, ya que con ella se dinamiza el proceso de enseñanza-aprendizaje.

El modelo de investigación que propongo considera dos ejes de acción (Barraza, 2000). Como eje metodológico a la investigación participativa y como eje conceptual a los principios teóricos sobre los estudios que se basan en la educación para el futuro (Hicks, 1991, 1996; Symons, 1994; Hicks y Holden, 1995). La investigación participativa se concibe como un proceso social de producción de conocimientos. En este proceso se conoce y se analiza una realidad, partiendo de la experiencia vivencial, en la que se vincula la investigación con acciones de comunicación, organización y capacitación. Entre estos dos ejes existe una interacción dinámica, con lo cual la producción del conocimiento que se genera a partir de este modelo permite que todos los elementos en el proceso interactúen funcionalmente entre sí. Este modelo parte del principio que “la educación ambiental se aplica como resultado de un proceso de investigación y no como un eje central de actividades”. Este modelo se representa en la figura 3.

 

 

Figura 3. Modelo investigación
Fuente: Barraza, 2000.

 

La formación de habilidades en metodologías de investigación socio-ambiental es un requisito necesario para garantizar la eficiencia en los programas de restauración y de conservación mediante la educación. Además, es fundamental promover el desarrollo de capacidades sociales y políticas. Esto implica considerar una visión integradora de todas las áreas: ambiental, política, social, educativa y económica.

Considero que son dos habilidades básicas en las que debemos concentrar nuestra atención, cuando se trata de trabajar con comunidades humanas: a) la capacidad de observación y b) la capacidad de comunicación.

Saber observar es una habilidad necesaria para el trabajo con las comunidades humanas. Muchos problemas podrían evitarse si supiéramos observar y comunicar adecuadamente. El saber observar implica desarrollar habilidades que nos permitan adquirir una sensibilidad para estar atentos a descubrir situaciones tensas o de conflicto en diferentes contextos. A su vez, esto permite prever diversos escenarios y actuar oportunamente, para propiciar un entorno de mejor comunicación y entendimiento entre los distintos actores sociales, condición fundamental para obtener mejores resultados en programas de restauración y conservación ecológicas ( Óscar Sánchez, com.pers).

Lograr establecer una comunicación efectiva entre los diferentes actores sociales de una comunidad garantiza el éxito en la aplicación y seguimiento de los diferentes proyectos y programas.

 

Investigación acción participativa (IAP)


La investigación acción participativa se enmarca en la investigación cualitativa. La investigación cualitativa no es sólo un conjunto de técnicas de recopilación de información; es, fundamentalmente, una metodología de investigación que parte de supuestos teóricos de la realidad social. Bajo este enfoque, la realidad social no es sólo un conjunto de hechos sociales observables, mensurables y cuantificables, sino que, está cargada de significados que no pueden ser aprehendidos a través de la observación directa o el experimento de laboratorio (Paz, 2003).

La realidad es ante todo acción social cargada de contenidos. Los sujetos que participan en esta acción la crean y le dan sentido a través de sus experiencias, conocimientos, creencias, valoraciones culturales, etc. La realidad social tiene una dimensión subjetiva porque los individuos no responden sólo a estructuras y determinantes externas. La tarea de la investigación cualitativa es dar cuenta de esa dimensión subjetiva: interpretarla y analizarla (Paz, 2003).

En la investigación acción-participativa la enseñanza-aprendizaje se genera a través de una comunicación horizontal, y el propósito es construir y aprender colectivamente. Los actores aprenden y enseñan de manera individual y colectiva a través del intercambio de experiencias. Este proceso involucra actividades mentales con las cuales los participantes descubren y crean conocimientos, así como actividades de acción. Éstas se realizan con el propósito de obtener información para comprobar empíricamente dichos conocimientos y obtener recursos para la solución de problemas (Peña-Olvera, 1988).

La investigación acción-participativa no es posible sin la voluntad e interés de un grupo y debe incorporar a todos los miembros de una comunidad. La investigación participativa representa una metodología diferente y complementaria a través de la cual es factible generar y consolidar nuevas prácticas de convivencia.

 

Las herramientas básicas para el trabajo con comunidades humanas: entrevistas en profundidad y grupos focales

La entrevista en profundidad es una de las herramientas de la investigación cualitativa que más se utiliza en los estudios sociales para captar la experiencia subjetiva de los entrevistados (Cohen y Manion, 1994).

Se dice que una entrevista es la formulación de preguntas que permite obtener datos sobre un aspecto concreto, para conocer la opinión del entrevistado. Es un diálogo que favorece el proceso de comunicación porque se basa en una relación interpersonal programada. En la entrevista se pretende comprender más que explicar y busca maximizar el significado. Y adopta el formato estímulo/respuesta sin esperar la respuesta objetivamente verdadera, sino subjetivamente sincera (Paz, 2003).

La entrevista en profundidad difiere del cuestionario estructurado y estandarizado. En los cuestionarios, a todas las personas se les formulan las mismas preguntas en términos idénticos. La entrevista en profundidad es más flexible, abierta, no directiva y dinámica. Es una conversación entre iguales y no un intercambio formal de preguntas y respuestas. Implica encuentros cara a cara entre el investigador y el sujeto de la investigación y para realizarla se requiere establecer un nivel de confianza satisfactorio entre ambos. La confianza es un elemento indispensable en esta técnica, por lo que, se recomienda siempre que al inicio de la entrevista se explique con toda claridad cuál es el propósito del estudio.

La entrevista en profundidad es un encuentro dirigido hacia la comprensión de las perspectivas que tienen los individuos acerca de sus experiencias o determinadas situaciones, tal y como lo expresan en sus propias palabras. El investigador debe saber qué preguntas hacer y cómo hacerlas y se recomienda tener una guía temática articulada, como referencia para el entrevistador. Igualmente importante es saber en qué momento es o no oportuno seguir con la entrevista. En una entrevista en profundidad sí se pueden tener intervenciones de terceros, pues éstos pueden ayudar a profundizar sobre un tema (Cohen y Manion, 1994). En una entrevista en profundidad se da, además, un fenómeno de lenguaje no verbal que es fundamental saber identificar, los gestos, las posturas, los movimientos, son sólo algunas de estas señales.

 

Grupos focales

Los grupos focales, también conocidos como grupos de discusión, constituyen otra de las herramientas más exitosas para el trabajo comunitario. Es una técnica de investigación que ha sido utilizada durante más de 50 años (Merton, 1987). Sin embargo, es hasta fechas muy recientes que los grupos focales están recibiendo una atención creciente como forma de obtener datos cualitativos en un contexto interactivo (Goss y Leinbach 1996).

El término de “grupos focales” se deriva de una combinación de dos métodos de investigación científica social: 1) de la entrevista focal, en la que el entrevistador obtiene información sobre un tema sin tener una guía estructurada y 2) de los grupos de discusión, en el que un grupo heterogéneo pero seleccionado cuidadosamente, discuten una serie de preguntas dirigidas por un moderador (Kasemir et al., 2003).

Un grupo focal puede describirse como una discusión grupal conducida, en la que un número limitado de personas concentran su atención en un tema específico.

El principio que rige la dinámica de estos grupos es exponer y /o compartir un tema común de discusión y permitir los diferentes puntos de vista entre los distintos actores. Los grupos focales pueden reunirse en una o en varias ocasiones. Los temas pueden ser elegidos por los miembros de la comunidad y generalmente son temas que comparten ya sea por algún interés o por alguna dificultad.

Una gran ventaja del uso de los grupos focales como método participativo es que de manera intrínseca se generan dinámicas sociales que permiten interacciones entre múltiples perspectivas (Kasemir, et al., 2003). Otra característica particular de los grupos focales es que usualmente se brinda información impresa sobre el tema de atención focal, y se estimula la lectura complementaria como apoyo.

Los grupos focales se han utilizado en varios proyectos de atención ambiental de manera exitosa, particularmente en Europa y Sudáfrica.

 

Reflexiones

 

En la medida en que trabajemos para fortalecer la educación en el mundo iremos caminando hacia una sociedad sustentable. Necesitamos garantizar que, principalmente nuestras comunidades humanas marginadas, reciban beneficios directos. Sólo si logramos una sociedad más y mejor educada estaremos trabajando por conseguir un mundo más justo y equitativo, libre y democrático. La formación de actitudes y valores ambientales, el ejercicio de un pensamiento crítico, y la participación de los ciudadanos de una manera más profunda y activa, sólo podrán lograrse a través de la educación.

A través de la investigación educativa socio ambiental se promueven métodos participativos a través del análisis de problemas comunitarios. Estos métodos han probado elevar la confianza y la autoestima de la población humana, ayudándola a organizarse de mejor manera. Una comunidad educada es una comunidad participativa. Necesitamos comprometernos con el trabajo hacia las comunidades humanas, especialmente con el fin de incrementar las probabilidades de éxito en los proyectos de conservación biológica y de restauración ecológica a través de educación ambiental.

 

Bibliografía

 

Barraza, L. 1998. Conservación y medio ambiente para niños menores de 5 años. Especies 7(3):19-23

———. 2000. Educar para el futuro: En busca de un nuevo enfoque de investigación en Educación Ambiental. P.p. 253-260 en: Memorias Foro Nacional de Educación Ambiental. UAA, SEP y SEMARNAP.

———. 2001. Perception of social and environmental problems by English and Mexican school children. Canadian Journal of Environmental Education, 6: 139-157

———. 2002. Educación ambiental: indispensable para lograr la conciencia del poder. Firma del mes. CENEAM: 414-418

Barraza, L y R.A. Walford. 2002. Environmental Education: A comparison between English and Mexican children. Environmental Education Research 8 (2):171-186

Barraza, L y J. Pineda. 2003. Knowledge, perceptions and attitudes towards Forest Ecosystems among rural adolescents from Western Mexico. Unasylva 213 (54): 10-17

Barraza, L. y M.P. Ceja-Adame (en prensa). La dimensión ambiental en el curriculum de educación básica rural: el caso de San Juan Nuevo Parangaricutiro. En: Currículum y Siglo XXI. B. Orozco y A. Alba (Eds.). CESU-UNAM

Barraza, L. y M.P. Ceja-Adame. 2003. Los niños de la Comunidad Indígena de San Juan Nuevo: Su conocimiento ambiental y su percepción sobre “naturaleza”. En: A. Velásquez, A. Torres y G. Bocco (compiladores). Las Enseñanzas de San Juan: Investigación participativa para el manejo integral de recursos naturales. INE, Semarnat, México. Capítulo 16, pp. 371-398.

Barraza, L y A.D. Cuarón.2004. How the values of schools and the education system affect children’s environmental knowledge. Journal of Biological Education 39(1):18-23

Barell, J. 1999. El Aprendizaje basado en problemas. Un enfoque investigativo. Manantial. Buenos Aires, Argentina.

Bradshaw, A. D. 1990. The reclamation of derelect and the ecology of ecosystems. P.p. 53-74. En: W.R. Jordan III, M.E. Gilpin y J.D. Aber (eds.). Restoration Ecology: A synthetic approach to ecological research. Cambridge University Press.

Cohen, L. Y L. Manion.1994. Research Methods in Education. Routledge, Londres.

Dewey, J. 1944. Democracy and education. Macmillan, Nueva York, EE.UU.

Fishbein, M. 1967. Reading in Attitude Theory and Measurement. John Wiley and Sons, EE.UU.

Freire, P. 1982. Pedagogía del Oprimido. Siglo XXI editores. México

Goffin, L. 1999. L’environnement comme éco-socio-système. In Loriaux, M. Populations et développements : une approche globale et systémique. Academia-Bruylant/L’Harmattan, Louvain-la-Neuve/Paris. Pp. 199-230.

Goss, J.D. y T.R. Leinbach. 1996. Focus groups as alternative research practice: Experience with transmigrants in Indonesia. Area 28 (2):115-123

Habermas, J. 1990. Pensamiento postmetafísico. Taurus, México

Hicks, D. 1991. Preparing for the Millennium: Reflections on the need for futures education. Futures: 623-636.

———. 1996. A lesson for the future. Young people's hopes and fears for tomorrow. Futures 28 (1): 1-13.

Hicks ,D., y C. Holden. 1995. Visions of the future: why we need to teach for tomorrow. Trentham Books. Londres.

Hobbs, R.J. y D.A. Norton 1996. Towards a Conceptual Framework for Restoration Ecology. Restoration Ecology 4(2):93-110

Kasemir,B., C. Jaeger y J. Jager. 2003 Citizen participation in sustainability assessments. P.p.3-36. En: B. Kasemir, J. Gager, C. Jaeger y M.T. Gardner (eds.). Public Participation in Sustainability Science. Cambridge University Press.

Lipman, M. 1991. Thinking in Education. Cambridge Univesrity Press. Cambridge, Gran Bretaña.

Merton, R.K. 1987. The focussed interview and focus groups: continuities and discontinuities. Public Opinion Quarterly 51(4):550-566

Newhouse, N. 1990. implications of attitude and behavior research for environmental conservation. Journal of Environmental Education 22 :26-32.

Paz, F. 2003. La investigación cualitativa. Curso de posgrado. Investigación educativa aplicada a la ecología. Centro de Investigaciones en Ecosistemas, UNAM. Campus, Morelia, Mich, México.

Peña-Olvera, B. 1988. Investigación acción participativa con grupos de mujeres campesina. Manual para capacitación y operación. CEICADAR y CILCA. México, D.F.

Primack, R. y F. Massardo 2001. Restauración ecológica. En: R. Primack, R. Roíz, P. Feisinger, R. Dirzo y F. Massardo (eds.). Fundamentos de Conservación Biológica.

Perspectivas Latinoamericanas. Fondo de Cultura Económico, México. Pp. 559-582.

Sánchez, F.S. 2001. La educación intercultural como criterio de calidad de las políticas educativas. P.p. 135-163. En: T. Pozo, R. López, B. García y E. Olmedo (eds.).Investigación Educativa: Diversidad y Escuela. Grupo editorial Universitario, España.

Sauvé, L. 1997. Environmental Education- Between modernity and Posmodernity-

Searching for an integrating educational framework. En: The Future of Environmental Education in a Postmodern world? Proceedings from an On-line Colloquium. Part 1. Canadian Journal of Environmental Education. Pp.1-19.

Sterling. S. 2001. Sustainable Education. Re-visioning Learning and Change. Green Books, Gran Bretaña.

Symons, G. 1994. Mapping the future. World Wildlife Fund WWF. Surrey, U. K.

UNESCO. 2000. Education for all 2000 Assessment: Statistical document. UNESCO; París.

Weber, M. 1997. Sociología de la religión. Ediciones Coyoacán, México.

Wilson, E.O. 1984 The Biophilia Hypothesis. Island Press, EE.UU.

 

 

 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 15/11/2007