Las
consecuencias de la fragmentación de los ecosistemas
Yvonne
Herrerías Diego y Julieta Benítez-Malvido
Universidad
Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones
en Ecosistemas, Antigua Carretera a Pátzcuaro No. 8701,
Ex-Hacienda de San José de la Huerta, Morelia, Michoacán,
México CP 58190 correo-e. jbenitez@oikos.unam.mx
Introducción
La
pérdida de hábitat y la fragmentación se
han convertido en las más importantes amenazas para el
mantenimiento de la biodiversidad en todos los ecosistemas terrestres
(Bierregaard et al., 2001). La fragmentación es la pérdida
de continuidad de un ecosistema y produce cambios importantes
en la estructura de las poblaciones y comunidades de plantas y
animales y en el ambiente físico, afectando su funcionamiento
(Saunders et al., 1991). La fragmentación implica la creación
de bordes, que son el área más alterada de un fragmento;
los efectos de borde pueden propagarse varios cientos de metros
hacia el interior del bosque remanente (Curran et al., 1999; Laurance,
2000; Peters, 2001). Este efecto se puede definir como la interacción
entre dos ecosistemas adyacentes separados por una transición
abrupta (Murcia, 1995).
La fragmentación es un proceso en el que el hábitat
natural continuo es reducido a pequeños remanentes. Los
efectos primarios de este fenómeno son la alteración
del microclima y el aislamiento, es decir, los cambios físicos
y fisonómicos tanto al interior como a los alrededores
del fragmento. Los principales cambios climáticos se reflejan
en el flujo de radiación, la incidencia del viento, la
frecuencia de fuegos, y en el ciclo hidrológico del fragmento
(Lojevoy et al., 1986; Kapos, 1989; Saunders et al., 1991; Kapos
et al., 1997). Las modificaciones micro-ambientales pueden tener
un impacto significativo sobre el establecimiento y composición
de especies de plantas y animales afectando también las
interacciones bióticas.
No se conocen todos los efectos que tiene la fragmentación
sobre las diferentes especies, aunque pueden ser negativos, positivos
o neutrales. Se sugiere que la mayoría de las especies
se ven afectadas de manera directa o indirecta por la fragmentación
y el impacto incluye los siguientes factores: la importancia de
la pérdida del hábitat, sin necesariamente tomar
en cuenta el tamaño del fragmento; el área y la
forma del fragmento; el aislamiento del fragmento y el paisaje
circundante, y la calidad del parche (e.g. la edad del fragmento)
(Andrén 1994).
Este capítulo aborda el impacto de la fragmentación
en tres niveles de organización: poblacional; comunitario;
y ecosistémico. En una última sección se
discuten los diferentes métodos de restauración
ecológica para el mantenimiento de los fragmentos y la
importancia de los mismos como fuentes de propágulos y/o
reservorios de la biodiversidad. Aunque se abordan los efectos
de la fragmentación de manera general, la mayoría
de los ejemplos provienen de bosques tropicales debido a la experiencia
de las autoras en estos sistemas.
El
impacto de la fragmentación sobre las poblaciones
La
pérdida del bosque da como resultado la reducción
de las poblaciones de plantas y animales, y la consecuente disminución
en el tamaño efectivo de cada población en condiciones
reproductivas. La subdivisión del hábitat puede
alterar la estabilidad de las poblaciones. El ejemplo más
claro, y al mismo tiempo extremo, son las extinciones locales
y regionales de algunas especies. Las características de
las especies que las pueden hacer vulnerables a extinciones son:
fragilidad de su historia de vida, tamaño corporal, hábitat
o dieta específica, longevidad, capacidad de dispersión,
variabilidad de la población, rareza y nivel trófico
(Laurance y Yensen, 1991; Pimm, 1991; Tilman et al., 1994). Se
pueden distinguir dos tipos de características de las poblaciones
que son afectadas por la fragmentación del hábitat,
las demográficas y las genéticas.
Los
efectos demográficos
La
fragmentación ocasiona alteraciones en los parámetros
de nacimiento, mortalidad y crecimiento de las poblaciones naturales,
y su efecto puede ser variable en diferentes categorías
de edades (cuadro 1). Los primeros cambios posteriores a la fragmentación
que se han registrado en las poblaciones de plantas en bosques
templados y tropicales han sido una diferenciación en la
mortalidad y en el crecimiento de los individuos previamente establecidos,
así como patrones contrastantes en el reclutamiento de
nuevos individuos (Laurance et al., 1997; Scariot, 1999; Bruna,
2002; Benítez-Malvido y Martínez-Ramos, 2003a, b).
Los árboles de mayor porte en parches pequeños presentan
una tasa de mortalidad mayor que los presentes en parches de mayor
tamaño (Laurance et al., 2000). Se sugiere que la extinción
de especies de árboles en los fragmentos es un proceso
lento, derivado de eventos aleatorios de muerte y nacimiento.
Las especies que son favorecidas en los bosques fragmentados son
de un estado de sucesión temprano (altas tasas fotosintéticas
y de crecimiento, reproducción temprana, ciclos de vida
cortos, etc.). Este decremento en la abundancia de adultos y plántulas
compromete la regeneración futura del bosque.
Los
efectos genéticos
La
reducción en el tamaño de la población a
causa de la fragmentación crea barreras genéticas,
ya que los individuos remanentes son sólo una muestra del
total de los genes que había en la población (Raijmann
et al., 1994). Las poblaciones pequeñas pueden presentar
un incremento en la deriva génica, endogámica o
depresión exogámica y una reducción del flujo
génico (Raijmann et al., 1994; Young et al., 1996; Nason
y Hamrick, 1997; Aldrich y Hamrick, 1998).
La pérdida en la variación genética a causa
de la fragmentación del hábitat puede tener consecuencias
evolutivas a largo plazo, e inclusive puede tener efectos a corto
plazo con cambios a nivel genético que alteren la adecuación
y la viabilidad de las poblaciones remanentes. La extinción
local o regional pudiera ser el resultado de esta clase de escenario:
- La población se reduce a un tamaño pequeño
por la fragmentación del hábitat
- La deriva génica tiene un gran efecto en la diversidad
genética de poblaciones pequeñas
- La
proporción de sexos puede no mantenerse en una población
pequeña
- El tamaño efectivo de la población se acerca a
cero
- Los efectos de la endogamia alteran la adecuación.
Sin embargo, los efectos de la fragmentación sobre la estructura
de las poblaciones no pueden ser generalizados. Especies que tienen
distribuciones geográficas restringidas pueden ser más
vulnerables a las extinciones locales si se reduce en la población
la variación genética debido a la perturbación
del hábitat (Barret y Kohn, 1991; Kirkpatrick y Jarne,
2000). En las especies raras o que se encuentran en densidades
bajas una disminución sustancial en la población
a causa de la fragmentación puede acelerar la pérdida
de diversidad genética e incrementar los niveles de endogamia
(Sun, 1996; Allphin et al., 1998). En estos casos, para que sea
posible la conservación de una especie es necesario que
se maximice el tamaño de la población; un número
grande de individuos debe tener una diversidad mayor de fenotipos
que un grupo pequeño.

El
impacto de la fragmentación al nivel de la comunidad
Los efectos de la fragmentación sobre la diversidad, abundancia,
distribución, conducta y sobrevivencia de plantas y animales
se ha investigado para varios sistemas naturales (Klein, 1989;
Aizen y Feinsinger, 1994 a, b; Murcia, 1995; Dirham, 1997a, b;
Ferreira y Laurence, 1997; Kapos et al., 1997, Benitez-Malvido,
1998; Scariot, 1999). Los resultados obtenidos tienen particularidades
para cada ecosistema. Probablemente el problema más grande
al que se enfrentan las comunidades fragmentadas es la pérdida
de la diversidad (Turner et al., 1994). Para varios grupos de
animales se ha observado una disminución en la abundancia
y la riqueza de especies (i.e., coleópteros, invertebrados
degradadores de hojarasca, aves, primates, entre otros) en los
remanentes en comparación con los bosques continuos (Klein,
1989; Stouffer y Bierregaard, 1995; Dirham, 1997; Chapman y Onderdonk,
1998).
El hábito sésil de las plantas resulta ser particularmente
susceptible a la destrucción del hábitat, lo cual
puede ocasionar cambios en la composición y en los tamaños
de las poblaciones (Schemske et al., 1994). Estudios realizados
en bosques tropicales han encontrado que la abundancia y la riqueza
de especies de plántulas resulta menor en fragmentos que
en la selva continua (Benitez-Malvido, 1998; Scariot, 1999; Benítez-Malvido
y Martínez-Ramos, 2003 a, b).
La fragmentación puede disminuir la riqueza de especies
en los remanentes de bosque, pero existen algunos grupos taxonómicos
(por ejemplo, las ranas y los mamíferos pequeños)
que pueden presentar un incremento en la riqueza de especies en
los sitios fragmentados comparados con la riqueza de especies
antes del aislamiento (Gascon et al., 1999). Este fenómeno
puede ser explicado por el tipo de matriz de vegetación
que rodea al fragmento, ya que la matriz tiene una fuerte influencia
en la dinámica poblacional dentro del fragmento (Gascon
y Lojevoy, 1998; Gascon et al., 1999). No es lo mismo que un fragmento
de bosque tropical esté rodeado de vegetación secundaria,
con estructura y composición similar a la del interior
del fragmento, a que lo rodee un pastizal (Gascon et al., 1999).
Además, el aislamiento de los fragmentos altera la capacidad
de movimiento de los individuos. Se ha observado que la riqueza
de especies de insectos disminuye notablemente en los fragmentos,
y que el movimiento de algunos polinizadores se ve fuertemente
afectado. Esto se refleja en la comunidad vegetal, induciendo
un aumento en los niveles de auto-polinización y al apareamiento
entre individuos emparentados. Otro factor importante que impacta
la diversidad de las comunidades fragmentadas es la introducción
de especies exóticas y en algunos casos se ha encontrado
que el número de éstas es mayor en los bordes y
aumentan conforme se reduce el tamaño del fragmento (Kemper
et al., 1999; Scariot, 1999).
Las
interacciones bióticas
Debido
a que la fragmentación ocasiona alteraciones tanto a nivel
de la comunidad vegetal como de la comunidad animal, las interacciones
existentes entre ambos grupos también son afectadas (cuadro
II). Algunas de las interacciones bióticas más sensibles
son la polinización, la depredación de semillas,
la descomposición de materia orgánica, las asociaciones
mutualistas, como las asociaciones micorrízicas así
como la dispersión de propágulos, o antagonistas,
como los hongos patógenos y la herbivoría (Janzen,
1971, 1978; Dirzo y Miranda, 1990; Dirham, 1997; Benítez-Malvido
et al., 1999, Benítez-Malvido, 2001).
Debido a que los animales frugívoros son especialmente
sensibles a la perturbación del hábitat (Kattan
et al., 1994), sí ocurriera un evento de disturbio, las
especies de plantas que dependen de ellos para su dispersión
podrían desaparecer de la comunidad (cuadro II). Algunas
especies de plantas presentan modificaciones en su distribución
cuando las poblaciones de frugívoros se han reducido (Pizo
1997; Wrigth et al., 2000). La extinción de dispersores
de semillas puede reducir las áreas de distribución
y los tamaños poblacionales de las plantas, o disminuir
la posibilidad de colonización de nuevos ambientes. Estos
efectos dan lugar a un mayor aislamiento de las poblaciones, conduciéndolas
eventualmente a la extinción.


Los
sistemas especializados planta-polinizador son sensibles a cualquier
tipo de perturbación (Powell y Powell, 1987; Sih y Baltus,
1987; Jennersten, 1988; Klein, 1989; Aizen y Feinsinger, 1994a,
b; Quesada et al., 2003, 2004). En fragmentos pequeños
y aislados el flujo de polen mediado por las interacciones planta-polinizador
puede verse afectado (Bawa, 1990; Quesada et al., 2004); por consiguiente
la producción de frutos y semillas es afectada negativamente,
tanto en la cantidad como en la calidad de su progenie (cuadro
II). Se sabe que los árboles tropicales se encuentran en
bajas densidades y en algunos bosques tropicales se ha estimado
que el 50% de las especies de los árboles presentan densidades
menores a un individuo hectárea (Poore, 1968; Hubbell y
Foster, 1983; Gentry y Terborgh, 1990; Lieberman et al., 1990).
Adicionalmente, los árboles tropicales son principalmente
auto-incompatibles y generalmente dependientes de animales para
la polinización y la dispersión de semillas (Bawa,
1974, 1990). La fragmentación tiene efectos sobre los vectores
de transferencia de polen y esto tiene repercusiones sobre el
éxito reproductivo de las poblaciones de árboles
y sobre la estructura genética de las progenies de las
poblaciones remanentes. El proceso de polinización se rompe
por una disminución en la abundancia de polinizadores causada
por el cambio en el ambiente, la disponibilidad de recursos (Schaal,
1980; Jennersten, 1988), la disminución en la frecuencia
de visitas debidas a cambios en la distribución de los
recursos florales (Real et al., 1983; Rathcke, 1983), o exclusión
competitiva de los recursos florales por especies polinizadoras
diferentes a las originales (Huryn, 1997; Dick, 2001).
Los grandes depredadores dependen de áreas extensas para
su desarrollo, por lo que ante la fragmentación resultan
muy vulnerables. Su persistencia dentro de los remanentes de vegetación
puede estar dada por la habilidad de desplazarse a través
de los fragmentos (Stouffer y Bierregaard, 1995). La fragmentación,
al modificar la abundancia y la diversidad de los herbívoros,
también altera su interacción con otras especies
(Didham et al., 1998a, b; Benitez-Malvido et al., 1999, García-Guzmán
y Dirzo, 2001), así como las complejas interacciones entre
los organismos patógenos y sus hospederos y vuelve a los
remanentes de bosque más vulnerables a la invasión
de especies exóticas (Brothers y Spingarn, 1992; Peters,
2001). La combinación de patógenos exóticos
y los cambios ambientales pone a los fragmentos en una posición
vulnerable a enfermedades poco comunes o sin historia previa en
la comunidad (Gilbert y Hubbell 1996). La diferencia entre los
sitios con perturbaciones naturales y los que resienten los efectos
antropogénicos es la presencia de plantas de especies exóticas,
algunas de las cuales pueden crecer más rápido que
las plantas nativas y son más competitivas por lo que excluyen
a las especies nativas (Peters, 2001).
El
impacto de la fragmentación sobre los ecosistemas
La
mayoría de la investigación relacionada con la fragmentación
de los ecosistemas se enfoca en la dinámica de las poblaciones
y de comunidades y rara vez se han considerado los procesos ecosistémicos.
Se ha sugerido que la diversidad funcional, y no solamente la
riqueza de especies, es importante para mantener el flujo de nutrimentos
y de energía (Silver et al., 1996). Una alta riqueza de
especies puede incrementar la elasticidad de los ecosistemas después
de una perturbación, por lo que es mayor el número
de alternativas para el flujo de los recursos. La luz del sol,
el dióxido de carbono, la temperatura, el agua y los nutrientes
del suelo, son recursos que se requieren para la producción
primaria en los ecosistemas terrestres y son modificados drásticamente
con la fragmentación y la creación de bordes (Kapos,
1989; Camargo y Kapos, 1995; Sizer et al., 2000).
Los
flujos de energía
El
balance de energía en un ambiente fragmentado es muy diferente
de aquél con la cobertura vegetal original, especialmente
cuando la vegetación nativa fue más densa que lo
que resta después de la fragmentación. El tipo de
matriz de vegetación que rodea al fragmento afecta el balance
de radiación debido a un incremento de la insolación
en la superficie del fragmento (Saunders et al. 1991). En las
áreas perturbadas por lo general las temperaturas diurnas
son más altas y las temperaturas nocturnas más bajas
que las presentes en las áreas sin alterar. Estas modificaciones
de temperaturas pueden cambiar los procesos de reciclaje de nutrimentos
entre otros procesos y puede tener efectos desestabilizadores
en interacciones como la competencia, la depredación y
el parasitismo (Saunders et al., 1991).
El
viento
Con
los cambios en la estructura de la vegetación el flujo
del viento se modifica. El incremento en la incidencia de viento
ocasiona daño físico en la vegetación y una
mayor evapotranspiración de las plantas ya que reduce la
humedad y aumenta la desecación (Laurance et al., 2000;
Saunders et al., 1991). Además, el viento reduce el sustrato
disponible para los microorganismos y la disponibilidad de recursos
provenientes del suelo (Saunders et al., 1991). En los bosques
tropicales la incidencia de viento caliente y seco en las áreas
perturbadas y en los remanentes ocasiona un incremento en la mortalidad
de los árboles y en la incidencia de fuegos forestales
en el borde de los fragmentos, a la vez que evita la regeneración
del bosque (Laurance et al., 2000).
El
flujo de agua
La
fragmentación altera varios componentes del ciclo hidrológico
(Saunders et al., 1991, Camargo y Kapos, 1995). Al quitar la vegetación
nativa se cambian las tasas de intercepción de lluvia y
la evapotranspiración. Al sustituirse especies perennes
por herbáceas anuales (o especies para pastura) se incrementa
la superficie de pérdida de agua, al mismo tiempo que se
facilita la erosión del suelo y el transporte de partículas.
El impacto de este fenómeno depende de la posición
del parche y de su grado de inclinación; sitios con una
mayor pendiente se verán más afectados por el flujo
de agua que aquéllos con una pendiente menor.
La
pérdida de biomasa
La
pérdida en biomasa es uno de las primeras consecuencias
de la fragmentación del hábitat. En fragmentos y
cerca de bordes hay un incremento en la mortandad de árboles
de gran porte. Con el paso del tiempo, la biomasa disminuye cerca
del borde del fragmento y el crecimiento secundario de lianas
y especies de árboles pioneros no compensa ésta
pérdida (Laurance et al., 1997). La magnitud de esta reducción
puede depender del patrón espacial de deforestación,
el cuál determina el tamaño y la forma de los fragmentos
(Laurance et al., 1997, 1999). Para el Amazonas se estima, que
la mortalidad de árboles se incrementa en fragmentos con
un tamaño menor a 400 ha. Por lo regular los fragmentos
se encuentran por debajo de este tamaño, sugiriendo que
la pérdida de biomasa en áreas fragmentadas puede
ser una fuente de emisión de gases de invernadero (Laurence
et al., 1997). Los bosques tropicales contienen cerca del 40%
del carbono almacenado en los ecosistemas terrestres, por lo que
una pequeña perturbación en este ecosistema puede
dar como resultado un cambio significativo en el reciclaje de
carbono al nivel global (Laurance et al., 1997, 1999; Phillips
et al., 1998).
Los suelo y los nutrimentos
Un ecosistema tropical depende de un rápido reciclado de
los nutrientes que, en su gran mayoría, están en
las plantas y animales que lo habitan y no en el suelo, como sucede
en los bosques templados. La conversión de bosques tropicales
a pastizales reduce la concentración de nitrógeno,
carbono orgánico y contenido de nutrientes del suelo (Laurance
et al., 1999). La pérdida de nutrimentos del suelo puede
ocasionar una baja cantidad de biomasa en sitios que se estén
empleando para cultivos o en proceso de regeneración. Los
fragmentos presentan una acumulación de contaminantes y
nutrimentos en el borde, los cuales pueden funcionar como concentradores
de nutrimentos y contaminantes que son trasportados principalmente
por el viento (Saunders et al., 1991). Esto ocurre debido a, que
al quitar la vegetación, disminuye el paso del agua en
la zona del borde, por lo que el borde se considera como una trampa
de nutrientes y contaminantes provenientes de las zonas agrícolas
y urbanas cercanas. Es probable que la modificación en
los flujos tenga efectos de cascada en los ciclos de nutrientes,
la actividad microbiana, la dominancia de plántulas y otros
procesos ecológicos que se desarrollen en los límites
de las zonas alteradas.
La recuperación de sistemas fragmentados
La
diversidad biológica de nuestro planeta está perdiéndose
como consecuencia directa o indirecta de las actividades humanas.
Los tamaños de las poblaciones de animales y plantas disminuye
y la consecuente pérdida en la diversidad genética
reduce la posibilidad de las poblaciones remanentes de adaptarse
a los cambios en el ambiente. Aunque existe información
referente al impacto de la fragmentación sobre diversos
grupos de plantas y animales, faltan estudios que evalúen
el efecto de la fragmentación sobre la comunidad de degradadores
y formadores de suelos y de varios otros procesos ecosistémicos.
Este enfoque es muy importante ya que los suelos son de los factores
que se alteran más rápidamente con la fragmentación
y puede ser una limitante en la restauración de zonas perturbadas.
Otro aspecto que falta investigar a mayor profundidad es la incidencia
de parásitos y enfermedades como consecuencia de la fragmentación.
La introducción de especies domésticas y/o exóticas
puede acarrear enfermedades y parásitos, respecto de los
cuales no están adaptadas las especies nativas lo que puede
ocasionar una disminución del tamaño de la población
dentro de los remanentes de vegetación. De la misma manera,
las plantas pueden tener nuevos parásitos y enfermedades
que modifiquen su adecuación o que disminuyan su éxito
reproductivo (Benítez-Malvido y Lemus-Albor, en prensa).
Una manera de disminuir estos efectos es erradicar continuamente
los animales y plantas invasoras y/o exóticas de los fragmentos
para evitar nuevas presencias.
El estudio de los efectos de la fragmentación en las interacciones
bióticas es un enfoque que tiene, todavía, muchos
aspectos por analizar y que puede ayudar a la restauración
de las poblaciones afectadas y, más adelante, a la restauración
de los ambientes perturbados. Las especies de plantas que son
dispersadas por animales pueden contribuir a la regeneración
de los hábitats degradados. Por ejemplo, aves que llegan
a árboles remanentes o parches en sitios perturbados facilitan
la regeneración debido a que, su presencia, incrementa
la lluvia de semillas (Holl, 1998; Duncan y Champman, 1999).
Conocer el efecto de la fragmentación y la reducción
de las poblaciones de árboles tropicales es fundamental
para poder predecir cuál será el futuro de los individuos
en los remanentes de bosque y de su progenie. Trabajos que ofrezcan
este enfoque son muy importantes en el diseño de programas
de manejo y conservación de la diversidad en este tipo
de áreas.
En remanentes de bosques tropicales se ha observado, que los fragmentos
se contraen y desaparecen con el tiempo (Gascon et al., 2000).
Este fenómeno es más intenso para fragmentos pequeños
y puede incrementarse por el tipo de manejo que se le de a la
matriz de vegetación que rodea al fragmento. Si el objetivo
del manejo es conservar los remanentes de vegetación como
reservorios de biodiversidad, se sugiere plantar en los alrededores
y dentro del fragmento árboles de especies nativas útiles
para disminuir el efecto de borde (viento, incidencia de fuego,
desecación, altas temperaturas, entre otros) sobre el área
que se desea conservar y para atraer animales frugívoros
dispersores de semillas. Otra forma de reducir los efectos negativos
en las poblaciones de plantas y animales dentro de los fragmentos,
es la creación de corredores biológicos entre fragmentos
y entre fragmentos y áreas de vegetación bien conservada.
Esto permitirá el flujo de propágulos y el libre
tránsito de animales de un área a otra reduciendo
su exposición en áreas abiertas (Gascon et al. 1999).
Para finalizar, a pesar de que muchos sistemas terrestres en la
actualidad están representados únicamente en fragmentos
de vegetación, (como el bosque atlántico en Brasil,
el pedregal en la ciudad de México (Tabarelli et al., 1999)
y su persistencia depende de su manejo, basados en diferentes
estudios y en experiencias propias, sugerimos que para la conservación
de áreas naturales se protejan superficies lo mas grande
posible (e.g., a nivel de cuencas hidrográficas) ya que
las diferentes especies necesitan ecosistemas funcionales para
poder subsistir (Saunders et al., 1991).
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