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Fundamentos teóricos y convenciones para la restauración ecológica: aplicación de conceptos y teorías a la resolución de problemas en restauración

 

Roberto Márquez-Huitzil

Instituto Nacional de Ecología, Periférico 5000, 2° piso. Col. Insurgentes-Cuicuilco, C. P. 04530 México, D. F. correo-e: rmarquez@ine.gob.mx

 

Introducción

 

La restauración ecológica es una disciplina de reciente formación. En 1985, durante un Simposio en el Arboretum de la Universidad de Winsconsin, se reunieron científicos de diferentes disciplinas con el objetivo de definir un área común que restaurara los ambientes degradados por las actividades humanas. Como resultado de este evento se desprendió la idea de unificar teoría y práctica con el fin de plantear y contestar preguntas de ésta índole. En dicho evento también se introdujo el concepto restauración ecológica referido específicamente a la investigación básica dirigida al perfeccionamiento de las técnicas aplicadas, denominadas en su conjunto restauración (Aber y Jordan III, 1985). Sin embargo, el inicio formal de los trabajos de restauración ecológica pueden considerarse anterior cuando en 1935 Aldo Leopold, en una pradera de la Universidad de Wisconsin-Madison, trató de recuperar la vegetación original mediante el recubrimiento con especies vegetales nativas que, a su vez, ayudaría a estabilizar los suelos erosionados (Jordan III et al., 1987). Antes de esta actividad sólo se habían desarrollado algunos trabajos prácticos con fines agrícolas, silvícolas y de manejo de campo sobre los ecosistemas (Bradshaw, 1987a).

En la actualidad, el objetivo de la restauración ecológica se ha definido como la búsqueda de la recuperación de la estructura, funcionalidad y autosuficiencia semejantes a las presentadas previamente en un ecosistema que ha sido degradado (Bradshaw, 1987a, Ewel, 1987; Jordan III et al., 1987; Meffé y Carroll, 1994). Por otra parte, la Society for Ecological Restoration, International Science y el Policy Working Group (2004) consideran que la restauración ecológica es el proceso de ayudar a la recuperación de un ecosistema que ha sido degradado, dañado o destruido.

Restaurar un ecosistema significa que éste sea regresado al estado previo a su degradación, lo cual puede requerir la reconstrucción del suelo y la colocación de las especies originales (nativas) del sitio (Brown et al., 1986). Cabe mencionar que dependerá la probabilidad de volver a un ecosistema a un estado original muy semejante al previo de la intensidad de la perturbación, del compromiso de los trabajos de restauración y del contar o no con una fuente de germoplasma adecuada. La restauración ecológica abarca, por una parte, el trabajo teórico relacionado con el conocimiento de las características y funciones que realiza la unidad en cuestión (el ecosistema), y por otra, un aspecto práctico responsable de la recuperación de las características y funcionalidad, por lo que existe un fuerte vínculo que relaciona a la restauración ecológica tanto con ciencias teóricas como con disciplinas prácticas.

Este artículo tratará de mencionar y resaltar algunos de los conceptos de mayor importancia en la restauración de los ecosistemas terrestres. Sin embargo, debe tomarse en consideración la amplia variedad de ecosistemas que existen, la igualmente variada cantidad de afectaciones por diversas actividades humanas, así como las características tan variables que pueden presentar las mismas en cuanto al tipo, intensidad y duración, dando como resultado el alto número de disciplinas diferentes que deberían involucrarse en un proyecto de restauración.

 

Las afectaciones a los ecosistemas

 

En la actualidad los ecosistemas están sujetos a diversos factores de estrés, ocasionados por actividades humanas que provocan cambios ecológicos considerables o que limitan el desarrollo de las comunidades naturales, y que pueden ser de naturaleza física, química o biótica (Freedman, 1995). Las afectaciones físicas se refieren al daño mecánico que puede ocurrir sobre los ecosistemas, y que afecta a uno o más de sus componentes. Un ejemplo de estrés físico provocado de forma natural es el causado por los huracanes, mientras que uno provocado por el hombre es la fragmentación de los ecosistemas, consistente en un proceso de rompimiento de la continuidad de los ecosistemas o hábitat, y que los convierte en parches aislados y pequeños, lo cual tiene al menos dos consecuencias evidentes (Meffe y Carroll, 1994):

(1) la reducción del área total de un tipo de hábitat dentro del paisaje, o incluso la pérdida total de la misma;
(2) la confinación del hábitat restante, dentro de esos parches, pequeños y aislados.

 

Las afectaciones químicas son provocadas por la presencia de compuestos químicos ajenos a los que se presentan de forma natural en los ecosistemas (Freedman, 1995). Estos compuestos o contaminantes son sustancias que ocurren en el ambiente como resultado, al menos en parte, de las actividades del hombre y que tienen un efecto nocivo en los organismos vivos (Moriarty, 1999). La contaminación es una de las principales afectaciones a los ecosistemas, y ocurre por la liberación de sustancias ajenas a los mismos en cualquiera de sus distintos estados: sólido, líquido o gaseoso, y que pueden propagarse en distintos medios (el acuático, el terrestre o el aire), afectando directa o indirectamente a los ecosistemas. Otro ejemplo es la combustión rápida provocada por incendios y explosiones, durante guerras o actividades relacionadas con las mismas.

Las afectaciones bióticas son provocadas por modificaciones o alteraciones a los componentes vivos dentro del ecosistema. Ocurren afectando una o más poblaciones de especies nativas dentro del ecosistema, o bien, por la introducción de especies y/o la propagación de las mismas propiciando que se conviertan en invasoras. Un ejemplo es la eliminación de especies clave dentro de un ecosistema, por ejemplo, las dominantes o codominantes en la estructura vegetal de las comunidades, lo cual puede facilitar el incremento de poblaciones de otras especies codominantes o incluso de especies invasoras. Otro ejemplo puede ser la eliminación de ciertas especies reguladoras de la estructura vegetal, que controlan el tamaño poblacional de otras especies, o que influyen en la estructura de comunidades vegetales o animales como, por ejemplo, los grandes herbívoros o carnívoros. En el caso de las especies invasoras, ocurre un proceso mediante el cual una o más especies introducidas, (ya sea desde otro continente o país, o desde una región distinta dentro de una misma nación) se propagan dentro de un ecosistema y desplazan o incluso eliminan a las especies nativas locales, modificando la estructura de la comunidad y su funcionamiento, e incluso alterando la estructura del medio físico (Mooney y Drake, 1986; Drake et al., 1989). Este tipo de afectación puede cambiar un hábitat entero, haciéndolo inhóspito incluso, para la comunidad natural original (Lowe et al., 2001). En general, muchas de las especies introducidas, llevadas de forma natural o por el hombre a una región fuera de su ámbito de distribución original, pueden tener efectos adversos sobre la flora o fauna nativas a través de la competencia por recursos (luz, agua, nutrientes, espacio, entre otros), inhibiendo su crecimiento, desplazando a las especies nativas o bien depredándolas. Como se mencionó, las especies introducidas representan un riesgo potencial de convertirse en invasoras, si en el nuevo ecosistema no se encuentran especies o condiciones ambientales que regulen su crecimiento poblacional (Berger, 1993; Drake et al., 1989).

 

Las estrategias de mitigación

 

En la actualidad se han desarrollado distintas estrategias, con la finalidad de controlar, mitigar o revertir los efectos de la degradación en los ecosistemas. Entre ellas se encuentran la restauración, la rehabilitación, el saneamiento, el reemplazo y el recubrimiento vegetal (Martínez, 1996; Meffe y Carroll, 1994). Dichas estrategias varían en cuanto al grado de recuperación de los ecosistemas degradados, por ejemplo, ya sea que busquen recuperar una estructura de la vegetación semejante a la original, sustituirla por una vegetación completamente distinta, o bien sólo aplicar de medidas que frenen la degradación, pero sin relacionarse en forma alguna con la recuperación del ecosistema o de sus atributos de diversidad y estructura (Meffé y Carroll, 1994).

La restauración busca recuperar la estructura, funcionalidad y autosuficiencia semejantes a las presentadas originalmente en un ecosistema que ha sido degradado (Bradshaw, 1987b; Ewel, 1987; Jordan III et al., 1987, Meffé y Carroll, 1994). Esto implica que el terreno sea regresado precisamente al estado previo a su degradación, lo cual requiere reconstruir el suelo y colocar a las especies originarias del sitio (Brown et al., 1986).

En el caso de la rehabilitación, se trata de una estrategia encaminada a la recuperación parcial del ecosistema, que busca el restablecimiento de algunos de los elementos funcionales o estructurales del sitio, así como la inclusión de algunos mejoramientos visuales, como la replantación para prevenir la erosión, pero sin llegar a recuperar los atributos originales del sitio (Bradshaw y Chadwick, 1980; Martínez, 1996; Meffe y Carroll, 1994).

El saneamiento o reclamación se aplica en sitios severamente degradados por actividades agresivas (como las minas a cielo abierto), a los cuales se pretende dar un uso diferente al original que causó el daño, aunque en algunos casos puede tomarse como un primer paso en un proyecto de restauración (Bradshaw y Chadwick, 1980; Martínez, 1996; Meffe y Carroll, 1994), o bien dentro de una rehabilitación.

Se denomina reemplazamiento vegetal al proceso por el que se induce la formación de un ecosistema diferente al original, aunque pueda encontrarse fuera de su ámbito histórico de distribución y en condiciones distintas a las presentadas en forma natural (Martínez 1996, Meffé y Carroll 1994); sin embargo, en este caso no se considera el efecto que este proceso pueda tener sobre los remanentes de vegetación nativa o sobre los ecosistemas locales supervivientes.

Finalmente, el recubrimiento vegetal o revegetación puede implicar sólo el reforzamiento de algunos procesos como la sucesión vegetal, la productividad, la ecología del suelo, la incorporación de nutrientes, entre otros, donde se busca permitir que el sistema regrese por si sólo a su estado original utilizando especies nativas para el recubrimiento (Martínez, 1996; Meffe y Carroll, 1994). Como puede observarse, la restauración ecológica es la más ambiciosa de las estrategias mencionadas, ya que su objetivo es recuperar al ecosistema original (figura 1), y contribuir a un manejo sustentable de los recursos.

Las estrategias que se apliquen en cada caso para controlar problemas de degradación dependerán de características y/o procesos que se busque recuperar dentro de un ecosistema. Es importante señalar que cada caso debe analizarse en lo particular, dado que no hay dos ecosistemas que sean iguales.

 

 

Figura 1. Representación de las distintas estrategias para controlar los procesos de degradación en los ecosistemas y su relación con la recuperación del ecosistema

 

Por ejemplo, en un sitio contaminado puede realizarse una remediación o biorremediación como paso inicial; sin embargo, esto estará sujeto a los objetivos posteriores, es decir, si se busca llegar a restaurar completamente al sistema o sólo frenar los procesos de degradación, de lo cual dependerán las características de la remediación o biorremediación que se emprenda. En el caso de una remediación o biorremediación orientada hacia la restauración, se tratará de que no se modifiquen significativamente las características físico-químicas del medio que, posteriormente, no sea posible reintroducir a las especies nativas originales y/o los procesos originales del ecosistema. En otra situación, restaurar a partir de un estado de fragmentación o la deforestación de un sitio puede requerir la recuperación de una estructura mínima de la vegetación y, tratándose de una restauración, no sería conveniente el uso de especies exóticas para reforestar. Es importante aclarar: si se trata de restaurar un ecosistema diverso caracterizado por codominancia de diversas especies arbóreas, el utilizar sólo unas cuantas especies nativas no garantizaría una restauración ecológica en el sentido estricto del término.

Otro ejemplo de una afectación al componente biótico sería la provocada por la remoción o alteración de una especie nativa bajo el supuesto de que sólo es suficiente para lograr su restauración reintroducir un gran número de individuos de la o las especies nativas faltantes, o se intente reemplazar la población de la especie faltante por una especie exótica, sin antes contar con información al menos parcial de la estructura poblacional original de la especie faltante y del papel de dicha especie dentro del ecosistema. Esto puede causar un grave daño al ecosistema, como su invasión por especies ajenas.

Considerando los ejemplos anteriores, podemos resaltar que antes de iniciar un proyecto de restauración es indispensable conocer la estructura, la composición de especies y la funcionalidad originales del ecosistema. Dicha información puede obtenerse de diversas formas, pero existen algunos aspectos generales a considerar durante la restauración (Márquez-Huitzil en este mismo número).

 

La ecología como base para la restauración ecológica

 

Tanto al inicio como durante el desarrollo de los proyectos de restauración ecológica, es importante considerar que al ser el ecosistema la unidad a recuperar tanto en estructura como en funcionalidad, los trabajos de restauración deben apoyarse principalmente en la teoría ecológica. Por ello, algunos autores mencionan que la restauración ecológica es una “prueba del ácido” para la teoría ecológica, ya que no sólo se apoya en los conceptos y teorías desarrolladas en ecología, sino que los pone a prueba (Bradshaw, 1987a).

Algunos autores consideran esenciales a ciertos conceptos de ecología al evaluar el progreso de la restauración de un ecosistema (Brown y Lugo, 1994; Ewel, 1987) (cuadro 1).

 



 

La restauración ecológica puede involucrar tanto la recuperación de las características naturales originales del ecosistema como la mitigación de disturbios de origen humano que pueden actuar a varios niveles de organización (Ernesto Vega, com. pers.). Por tanto, la disciplina de la restauración implica la utilización de conceptos derivados a partir de diversas ciencias que estudian al ecosistema en el aspecto físico (geografía, geología, edafología, ecología del paisaje, hidrología, por mencionar las más comunes), como biótico (biología, ecología, ciencias forestales, genética, agronomía, veterinaria, entre otras), así como disciplinas derivadas de las mismas, como la ecología del paisaje, la ecología de suelos, y biología de la conservación, entre otras.

Considerando los distintos tipos de afectaciones que influyen sobre los ecosistemas, es posible entender porqué muchos de los problemas ocasionados por las actividades humanas, y que debe enfrentar la restauración ecológica, no pueden resolverse sólo a la luz de la teoría ecológica, sino que, en muchos casos, deben considerar conocimientos desarrollados por otras disciplinas que buscan específicamente controlar, mitigar y/o revertir los efectos de la degradación en los ambientes naturales, y que cuentan con los conocimientos adecuados para propagar, reincorporar y manejar las especies de regreso en su ambiente. Por tal motivo, es indispensable comprender los conocimientos provenientes de la ecología para restaurar un ecosistema, pero no debemos restringirnos sólo a la teoría ecológica en la resolución de problemas de restauración.

Otra consideración importante es que la mayor parte de la teoría ecológica se ha enfocado a la explicación de fenómenos y comportamientos de los ecosistemas, en condiciones naturales y distintos niveles de organización (individuo, especie, población, comunidad y ecosistema), respecto de las afectaciones producidas por procesos naturales como caída de árboles, huracanes, incendios naturales, entre otros. Por tal motivo, en general, los estudios relacionados con los efectos producidos como consecuencia de afectaciones ocasionadas por actividades humanas como la contaminación sólida o líquida, el cambio de uso del suelo, la propagación de especies invasoras, el efecto de especies introducidas, la eliminación selectiva de una especie, incendios provocados, entre otros, se encuentran con menor desarrollo dentro del campo de la ecología. Sin embargo, y afortunadamente, estos temas han sido abordados por otras disciplinas como la biología de la conservación, la ecotoxicología, la agronomía, las ciencias forestales, la ingeniería ambiental y la ingeniería química, entre otras.

Por ello, considerar la resolución de problemas de restauración ecológica solamente a la luz de la teoría ecológica puede limitar considerablemente nuestra capacidad para resolver la gran variedad de problemas generados por las actividades humanas. Como se menciona en otra parte de este manual (véase Márquez-Huitzil en este mismo volumen) durante la resolución de problemas de restauración conviene considerar primeramente el tipo, las características, intensidad y magnitud de los impactos que afectan a los ecosistemas, ya que la combinación de afectaciones producto de un desarrollo tecnológico y de procesos naturales, puede sobrepasar la capacidad del sistema para responder a ellas como lo haría ante perturbaciones naturales. Por ejemplo, el uso de maquinaria, la presencia de compuestos artificiales, en combinación con la dispersión de plantas y animales que resultan exóticos para distintos sitios, afectan a diferentes niveles a los ecosistemas.

 

Las disciplinas científico-técnicas de apoyo

 

Las disciplinas en cuestión tan diversas como la agronomía, la veterinaria, la ingeniería civil, forestal o hidráulica, la geología, la geografía, y ecología del paisaje, entre otras (figura 2), aportan conocimientos específicos a la resolución de problemas de restauración. Sin embargo, cabe resaltar que durante un proyecto de restauración, todas las disciplinas deben guiarse por principios ecológicos fundamentales para determinar cuáles son aquellas estrategias más compatibles con la recuperación de las características y funcionalidad del ecosistema, como la composición de especies, la estructura, funcionalidad y autosuficiencia originales a distintos niveles de organización, desde individuos hasta ecosistemas (Parker y Pickett, 1997). Digamos que las medidas seleccionadas para recuperar un ecosistema no deben contraponerse, más adelante, con la recuperación de las características particulares del mismo; por ejemplo, pueden presentarse efectos negativos luego de modificaciones a las características geomorfológicos, de cambios en las propiedades edáficas características del sistema, o del uso de especies exóticas al sitio, que pueden provocar interacciones antagónicas con las especies nativas.

Al desarrollar un proyecto de restauración es importante que se tome en cuenta que cualquier área degradada no se encuentra aislada dentro de un paisaje, sino que es influida por zonas contiguas que, a su vez, pueden verse afectadas tanto por procesos naturales como por los impactos antropogénicos directos o indirectos, cuyo efecto sobre el área en cuestión y sobre las zonas contiguas puede extenderse a paisajes enteros (Parker y Pickett, 1997; Bradshaw y Chadwick, 1980). Los efectos se producen sobre las comunidades vegetales que se establecen en dichas zonas son resultado de escurrimientos, pendientes, insolación (efecto de ladera), clima, retención y arrastre de nutrientes, y de sedimentos, e influyen tanto en las áreas conservadas como en las degradadas. Por esto, al desarrollar un proyecto de restauración conviene considerar estos aspectos y para casos como el descrito arriba, apoyarse en conocimientos teóricos de disciplinas como la ecología del paisaje, que trata las relaciones de los ecosistemas con el resto de los elementos dentro del entorno en que se ubican, lo que puede incluir a otros ecosistemas (figura 2).

 

 

Figura 2. Debe existir un vínculo entre las distintas disciplinas teórico- técnicas con la restauración ecológica siempre vistas a través de la Ecología

 

La restauración ecológica en práctica

 

Durante los trabajos de restauración podemos mencionar, en general, cinco pasos que pueden seguirse (Márquez-Huitzil en este mismo volumen): 1) terminar con la causa de la afectación, 2) mitigar los efectos producidos por la misma, 3) llevar al sistema a condiciones semejantes a las que se presentaban en algún estadio sucesional previo, 4) reincorporar elementos bióticos o abióticos originales al sistema y, 5) monitorear y modificar de forma iterativa los trabajos de restauración, dirigiendo el proceso sucesional de manera congruente con el objetivo de ésta.

Un primer concepto con el que conviene familiarizarse al restaurar es el de la mitigación, que se refiere a la aplicación de una serie de acciones que ayuden a atenuar o aminorar el deterioro ambiental ocasionado por las actividades humanas. Dentro de las medidas de mitigación pueden aplicarse cualquier tipo de estrategias como las mencionadas anteriormente. Por ejemplo, en un sitio contaminado, una estrategia de mitigación se aplicaría particularmente a los suelos o aguas del lugar, y puede consistir en un conjunto de acciones necesarias para llevar a cabo la limpieza de una descarga o sospecha de descarga de contaminantes, que incluya, aunque no se limite, a la realización de una evaluación preliminar, investigación del sitio, determinación del alcance del problema, estudio de factibilidad y acciones correctivas (INE, 1996).

Respecto de la remediación, este término se refiere a todas aquellas técnicas o actividades que tengan como finalidad eliminar las sustancias contaminantes que han sido vertidas en un medio físico como el agua, el suelo o el aire, independientemente de si se trata de un área natural conservada o modificada por el hombre. Este concepto proviene del inglés remediation que en Estados Unidos, Canadá y otros países de habla inglesa se ha usado para referirse a todas aquellas acciones de limpieza o eliminación de contaminantes en sitios contaminados (Saval, 1998).

Mitigar significa eliminar el efecto de los procesos que influyen sobre los componentes del medio biofísico y pueden llevarlo a su degradación que, aún cuando se termine con la causa de la afectación, continúan actuando sobre el sitio afectado como el viento, la lluvia, el tránsito de organismos vivos, etc. Llevar al sistema a condiciones semejantes a las presentadas en algún estadio sucesional ecológico previo, monitorear y dirigir el proceso de sucesión durante el mismo y hasta el final del proyecto involucrará, por una parte, un conocimiento de la teoría ecológica en general, y por otra, conocer las características particulares del ecosistema en cuestión, ya sea a través de descripciones previas con que se cuente, o bien, con remanentes del ecosistema que funcionen como control. El conocimiento de características funcionales de un ecosistema dado, como las mencionadas al inicio de este artículo, resulta útil para conocer la dinámica natural del mismo y tratar de determinar si las respuestas del sistema a la manipulación responden como lo harían en condiciones naturales, por ejemplo, a través de la sucesión ecológica, o si se ha producido una afectación de tal magnitud que haya modificado las características del sistema y pueda contraponerse a los esfuerzos de restauración.

Antes de iniciar la restauración en un sitio afectado es conveniente tener presente que se trata con un sistema dinámico, que no se encuentra aislado del resto del entorno. En cada sitio que se busca restaurar se dan gran cantidad de interacciones, tanto entre las distintas especies que lo conforman y el medio abiótico que contiene, como con otros ecosistemas que pueden compartir el mismo entorno paisajístico e, incluso, con algunas porciones modificadas por el hombre dentro del mismo paisaje.

Un trabajo de restauración ecológica no requiere una especialización en cada una de las disciplinas que estudian los factores abióticos como la geografía, geología, edafología, hidrología; o en los factores bióticos como botánica, zoología, ecología u otras, sino conocer la importancia del trabajo multidisciplinario y abordar con un enfoque global un problema que podemos considerar multidimensional, sin centrarse y en un solo aspecto del mismo. En la mayoría de los casos es indispensable consultar a expertos en otras disciplinas, cuya participación radicará en mostrar las estrategias prácticas para apoyar las diversas acciones de manejo de los sitios donde se recupera la cubierta forestal. La participación de especialistas de otras áreas puede ser de gran importancia, sobre todo cuando existen factores externos a la naturaleza del sistema y que lo hayan afectado, como la contaminación, la introducción de especies o la minería, entre otros.

 

Consideraciones finales

 

Al comenzar un trabajo de restauración ecológica debe siempre tenerse presente que el fin último es recuperar la estructura, composición de especies, funcionalidad y autosuficiencia semejantes a las originales (Bradshaw, 1987a; Ewel, 1987; Jordan III et al., 1987; Meffe y Carroll, 1994, Márquez-Huitzil 1999). Esto significa que el terreno sea regresado lo más posible al estado biológico previo a su degradación; y aunque algunos autores simplifican los objetivos a reconstruir el suelo y colocar especies originarias del sitio (Brown et al., 1986), una restauración ecológica debe considerar otros aspectos del medio físico o biótico que constituyen al ecosistema. La restauración debería contemplar la recuperación de especie por especie en un sitio. Esto permitirá que los esfuerzos por recuperar el sistema no se limiten a la recuperación temporal de algunas de sus características, propiedades o procesos, sino a recobrar de forma total del sistema hasta un estado autosostenible que le permita al sistema continuar por sí mismo sus procesos naturales.

 

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Última Actualización: 15/11/2007