Inicio
English
Noticias
Reglamento
Directorio
Mapa del Sitio
Organigrama    

Título

Autor
Palabra Clave

Búsqueda avanzada

Puntos de Venta y Formas de Pago
FAQ
Sistema de Calidad y estadísticas
Instrucciones para autores y revisores
Boletín de novedades editoriales

 

 

 

Inicio -> Publicaciones -> Consulta de publicación -> Contenido

Planificación para la restauración asociada con el aprovechamiento de los recursos naturales

 

Roberto Márquez-Huitzil*

 

En este trabajo se propone que antes de realizar un aprovechamiento de recursos de cualquier ecosistema, se considere la planificación del mismo, la cual no debe restringirse sólo al uso o extracción, sino que debe incorporar la elaboración de un programa de restauración para las áreas que serían afectadas. Esto no sólo facilitará y enriquecerá el aprovechamiento y la propia restauración, sino que, idealmente, llevaría el proceso de aprovechamiento hacia la sustentabilidad, siempre y cuando la restauración ecológica contemple la recuperación de las características originales del sistema en las áreas afectadas (Urbanska et al. 1997, Márquez-Huitzil 1999).

De acuerdo con diferentes autores (Bradshaw y Chadwick 1980, Márquez-Huitzil 1999) existen algunos aspectos elementales que, de considerarse antes del aprovechamiento, permitirán mejorar y facilitar los programas de restauración. Por ejemplo en un trabajo previo (Márquez-Huitzil 1999), se propone un modelo metodológico de planificación del aprovechamiento de minas de roca caliza a cielo abierto; este modelo puede ser modificado y adecuado a diferentes tipos de aprovechamiento de recursos naturales. La propuesta considera, entre otros aspectos, la descripción previa de los componentes tanto del medio físico como biótico en el ecosistema, que servirán como base tanto para el aprovechamiento como para el diseño de estrategias adecuadas para la restauración de las características originales del sitio. Lo importante es que ambos procesos, el aprovechamiento y la restauración, estén integrados de modo que al realizar el primero no se modifiquen drásticamente las características del medio biofísico, lo que impediría o dificultaría los trabajos de restauración ecológica posteriores al mismo. Un ejemplo ilustrativo puede ser un ecosistema establecido sobre una pendiente ligera, en el que el aprovechamiento modifique la geomorfología, reemplazándola con taludes verticales o pendientes pronunciadas, con la afectación consecuentemente de las características geomorfológicas e hidrológicas del sitio y, por tanto del funcionamiento del sistema.

Al planificar un aprovechamiento considerando al ecosistema como una unidad, es posible plantear estrategias para conservar o recuperar las características de mayor influencia en los procesos (por ejemplo, elementos importantes para el funcionamiento del sistema a nivel del paisaje como la geomorfología, la pendiente o la hidrología), rescatando algunos componentes del ecosistema que posteriormente puedan aprovecharse al restaurarlo (como el suelo, propágulos o individuos activos de especies de flora y fauna).

* Instituto Nacional de Ecología, Periférico 5000, 2° piso. Col. Insurgentes-Cuicuilco, C. P. 04530 México, D. F. Correo-e: rmarquez@ine.gob.mx.

 

En este trabajo se abordan el aprovechamiento y la restauración como dos aspectos complementarios. El primero resalta la importancia y características que deben considerarse al planificar el aprovechamiento, de forma tal que al finalizarlo se facilite el desarrollo de trabajos de restauración; mientras que el segundo aborda el propio proceso de restauración.

 

Aspectos generales y ventajas de considerar las actividades de restauración antes de realizar un aprovechamiento

Por definición, un ecosistema comprende a las comunidades bióticas y el medio físico en el que se desarrollan, así como a la serie de interacciones que se dan al interior y dentro de cada uno de éstos (Begon et al., 1996). El balance existente en esta serie de interacciones permite la continuidad de los ecosistemas a lo largo del tiempo (Leopold, 1949 citado por Meffe y Carroll, 1994). Sin embargo, un desequilibrio de las mismas puede traer consigo el deterioro parcial del ecosistema o incluso, provocar su degradación (Hunter, 1996). Por tal motivo, al restaurar un ecosistema es conveniente considerar no sólo el componente biótico y el físico sino las relaciones que existen dentro y entre los mismos, así como el conjunto de interacciones que ocurren al interior del ecosistema, y entre éste y los ecosistemas o paisajes aledaños (Parker y Pickett, 1997).

Tomar en cuenta estos aspectos antes de comenzar un aprovechamiento y contemplar realizar la restauración al finalizar el mismo, permite que antes de afectar un sitio se consideren características relacionadas con las propiedades de los ecosistemas como la fragilidad, la resistencia y la elasticidad, vinculadas a la capacidad del ecosistema para recuperar sus propiedades originales (Nilsson y Grelsson, 1995). Esto ayudará a determinar la intensidad y tipo de perturbaciones que el ecosistema pueda tolerar y el tiempo que tardaría su posible recuperación (Dobson et al., 1997), planificando así el aprovechamiento, de manera que no modifique irreversiblemente las propiedades de recuperación del sistema.

Márquez-Huitzil (1999) resalta que las estrategias de restauración ecológica, por lo regular, son aplicadas a zonas ya afectadas por algún aprovechamiento o actividad humana pero que aun en estas situaciones, la planificación puede presentar diversas ventajas, algunas de las cuales se enlistan a continuación:

§ El ecosistema conservará mayor diversidad biológica así como la mayor parte de sus componentes bióticos originales.

§ Pueden rescatarse propágulos, individuos o incluso poblaciones de diferentes especies nativas, para ser reintegradas posteriormente al sistema.

§ La mayor parte, y en algunos casos la totalidad, de las propiedades afectadas por el aprovechamiento pueden ser recuperadas.

§ El ecosistema puede recuperar su autosuficiencia a lo largo del tiempo.

§ Antes del aprovechamiento todas, o la mayor parte de las características y procesos de mayor influencia en la dinámica y funcionalidad del ecosistema, pueden encontrarse presentes si no ha ocurrido antes otro aprovechamiento. Esto permite generar oportunamente una descripción más completa, tanto a nivel general como particular del sitio, por lo que puede ser posible identificar algunos de los procesos e interacciones de mayor importancia y tratar de reproducirlas durante la restauración.

§ Los elementos físicos y bióticos como el suelo, el germoplasma de especies animales y vegetales, y poblaciones locales de especies raras o amenazadas, que hayan sido rescatados, pueden servir como fuente de propagación.

§ Estas consideraciones pueden también reducir costos, tiempos e incrementar las probabilidades de lograr una completa restauración.

 

Debido a la complejidad y a la gran cantidad de componentes bióticos y abióticos que forman a los ecosistemas y a las numerosas interacciones que ocurren entre ellos, es conveniente que la planificación del aprovechamiento considere el tiempo de recuperación del ecosistema. Esto dependerá, entre otras cosas, de la combinación de las características del medio biofísico con el tipo, intensidad y duración del aprovechamiento por realizar (Dobson et al., 1997). Esta base permitirá concebir un aprovechamiento cuyas características sean compatibles con la conservación de los atributos y propiedades del ecosistema, no ejerciendo actividades que las sobrepasen o las cambien irreversiblemente (Nilson y Grelsson, 1995). Por lo anterior es conveniente que una metodología de planificación desarrollada antes del aprovechamiento considere, entre otros posibles puntos:

 

a) Una descripción previa de las características biogeofísicas del ecosistema, a distintas escalas;
b) El tipo de afectación que se pretende realizar en el sitio y los posibles efectos que la afectación tendrá sobre el ecosistema, área o paisaje;
c) Las medidas preventivas o de mitigación para evitar los efectos de las afectaciones sobre el ecosistema; y
d) Las medidas para mantener la continuidad de las características bióticas y de los procesos naturales tanto dentro del medio físico como dentro de las comunidades bióticas, así como entre éstos dos componentes del ecosistema (figura 1).

 

Descripción previa de las características biogeofísicas del ecosistema a distintas escalas

Conocer las características del medio biogeofísico en un ecosistema son un aspecto fundamental antes de realizar un aprovechamiento (Bissonette y Storch, 2003), por lo que conviene sean descritas tanto en el aspecto estructural como en el funcional, lo que permite obtener un panorama completo de las características intrínsecas del sistema antes de que éstas sean modificadas. Por otra parte, es importante identificar las relaciones tanto al interior del sistema como en su relación con áreas contiguas dentro del paisaje donde se ubique (Parker y Pickett, 1997), es decir, igual a un nivel paisajístico que a una escala más fina. Esto permite obtener un panorama de las diversas interacciones que determinan el funcionamiento del sistema como unidad y como parte de un paisaje compartido con otros ecosistemas, y determinar si el impacto en el ecosistema puede afectar considerablemente áreas contiguas, o incluso paisajes enteros (Bradshaw y Chadwick, 1980; Meffe y Carroll, 1994; Treweek, 1999). A nivel de paisaje algunas de las características de mayor importancia son la geología, la geomorfología, la hidrología. Los principales factores que determinan su clima, como la longitud y la latitud, junto con diversas condiciones atmosféricas como la temperatura y la precipitación, así como las pendientes y su orientación, los tipos y distribución de los suelos, el tipo, estructura y distribución de las distintas comunidades vegetales y su relación con el medio abiótico.

También es posible describir aspectos bióticos relacionados con la funcionalidad del sistema como las características de productividad, los flujos de energía, las interacciones entre el medio físico y biótico, las relaciones entre la distribución de las distintas comunidades vegetales con la hidrología o geomorfoedafología de la zona (Naiman et al., 1989). De modo muy general puede describirse un panorama de estas características, pero es necesario contar con estudios más precisos, ya que sus resultados pueden ser una herramienta de gran importancia para recuperar los procesos funcionales en el sistema.

A un nivel más fino, la caracterización del medio biótico debe incluirse el tipo de comunidad vegetal, la composición de especies en los distintos estadios de sucesión, distinguiendo a las especies dominantes, de las raras o de distribución restringida, entre otros aspectos (Reinartz, 1997); igualmente importante es resaltar las especies animales (vertebrados e invertebrados), las edáficas como epigeas, así como la dinámica poblacional de las distintas especies, condiciones que propician el establecimiento de plántulas, y algunas de las interacciones bióticas de mayor importancia. Toda esta información debe analizarse, para determinar las propiedades derivadas de las interacciones entre el medio físico y biótico que con mayor importancia determinan la fragilidad, la resistencia y la resiliencia del ecosistema, y que pueden aprovecharse durante su restauración.

 

Tipos de afectaciones que se realizan y sus posibles efectos sobre el ecosistema, área o paisaje

Los tipos de afectación a los ecosistemas presentan características muy variables, y dependiendo de su origen pueden agruparse en físicos (fragmentación, incendios, daños al medio biótico, al físico o a ambos), químicos (contaminación) o biológicos (introducción de especies, invasión por especies nativas o introducidas o alteración de la composición de especies en los ecosistemas) (Freedman, 1998; Meffe y Carroll, 1994). El efecto producido por la mayor parte de las actividades humanas suele ser drástico, como efecto de la sensibilidad de los procesos naturales, lo que provoca a menudo la degradación del ecosistema si las propiedades de resiliencia son rebasadas.

En general, las afectaciones provocadas por los aprovechamientos pueden impactar directa o indirectamente a los ecosistemas. Actividades tales como los incendios, el pastoreo, la tala, la extracción o la introducción de especies afectan a los ecosistemas directamente, sin embargo, al nivel del paisaje, cuando parte o la totalidad de un ecosistema se encuentra degradado, el fenómeno puede afectar indirectamente a áreas contiguas o incluso a paisajes enteros (Bradshaw y Chadwick, 1980; Meffe y Carroll, 1994).

En afectaciones como la contaminación de suelos, aguas y aire, al acumularse cierta cantidad de sustancias nocivas tienen efectos tóxicos para muchos organismos (Moriarty, 1999) afectándolos de forma directa. O bien, en algunos casos pueden tener un impacto indirecto a través de cambios en la atmósfera, como el efecto de invernadero, el cambio climático, la lluvia ácida, entre otros (Brown, 1986; Freedman, 1998; Moriarty, 1999). Por tal motivo, es necesario aplicar medidas adecuadas de mitigación que controlen los efectos de estas afectaciones durante el desarrollo y al término de un aprovechamiento.

Las afectaciones a los ecosistemas son de distintos tipos pero, en general, pueden agruparse en tres clases: físicas, químicas o bióticas. Las primeras representan una destrucción mecánica parcial o total del ecosistema (Freedman, 1998). En el caso de las afectaciones químicas involucran el caso de las sustancias, elementos o factores ajenos en su estructura química a los componentes biofísicos del ecosistema (Freedman, 1998; Moriarty, 1999). Las afectaciones bióticas son todas aquellas que pueden ocurrir por la introducción de organismos hacia ecosistemas o hábitat distintos a los de su origen, lo que provoca un desequilibrio en las interacciones entre los organismos (Broembsen, 1989; Heywood, 1989; Mack, 2003; Wittenberg y Cock, 2001). En algunos casos las invasiones pueden ser provocadas por las mismas especies nativas que, por efecto de una alteración al medio, a las especies con las que interactúan, o simplemente por su introducción a comunidades distintas a las de su origen, pueden verse beneficiadas incrementando descontroladamente su población (Berger, 1993; Heywood, 1989). En general, las características, intensidad, duración y extensión de las afectaciones determinan el tiempo que el ecosistema tardará en recuperarse de forma natural, si la afectación no hubiera superado sus capacidades de autorregeneración (Dobson et al., 1997). Cuando las perturbaciones son de gran intensidad, duración o extensión, pueden llegar a abatirse las características físicas o bióticas de los ecosistemas, lo que impide la recuperación de la estructura, composición de especies y funcionalidad e, incluso, puede llevar a su degradación (Brown y Lugo, 1990). Considerando lo anterior, es necesario que durante la planificación de los aprovechamientos también se realice una labor predictiva, es decir, de determinación de los efectos que las actividades de aprovechamiento tendrán sobre el medio, biológico y físico. En este caso deben considerarse, por un lado, los impactos directos o indirectos del aprovechamiento tanto al interior como al exterior del ecosistema. Los efectos directos serán los que influyen en las propias áreas de aprovechamiento y en zonas conectadas o vecinas al sitio donde se realice éste, mientras que los indirectos podrán ocurrir en porciones que no se ubiquen directamente aledañas a la zona afectada, por ejemplo, en aquéllas ubicadas en áreas de menor altitud dentro de la misma unidad de paisaje, o que se vean alteradas por el transporte de sustancias, materiales u organismos, que estén conectadas a través de ríos, afectadas por los mismos vientos o que se conecten funcionalmente por medio de organismos animales, vegetales o microbianos. Algunos ejemplos son las modificaciones morfológicas o estructurales a los componentes físicos o bióticos por actividades como la minería o la deforestación, la contaminación, la erosión provocada por la pérdida en la cubierta vegetal, los incendios provocados, las modificaciones o afectaciones a los flujos hídricos e infiltraciones a través del desvío de ríos o construcción de presas o drenes, la invasión por especies introducidas, la pérdida de una o más especies por competencia, depredación, o explotación no planificada, inhibición por la presencia de otras especies o intoxicación, entre otros casos.

El logro de la restauración requiere de la conformación de un equipo multidisciplinario familiarizado con distintos temas vinculados con el aprovechamiento (ingenieros geólogos, civiles o cualesquiera relacionados con el tema) y, por otra parte, de especialistas provenientes de disciplinas teóricas como la geografía, la ecología, la biología de la conservación así como manejadores de recursos.

 

Las medidas preventivas o de mitigación para evitar los efectos de las afectaciones sobre el ecosistema

Una vez detectadas y evaluadas las afectaciones potenciales que producirá el aprovechamiento, es necesario determinar los mecanismos apropiados para prevenir o mitigar los efectos, durante y después del aprovechamiento. Las medidas que pueden aplicarse son muy variadas y dependen del aprovechamiento. Estas medidas pueden incluir la aplicación de acciones de prevención efectiva, de rehabilitación, remediación, reclamación y/o saneamiento del área, siempre y cuando no entren en conflicto con las acciones de restauración que se preven aplicar. Por ejemplo, al seccionar un carretera dejando algunas laderas desnudas no es conveniente recubrirlas con cemento ya que, por una parte, esa es una medida de mitigación que no puede revertirse una vez controlada la erosión y, además, al intentar restaurar el ecosistema nativo, no será posible aprovechar el suelo, sembrar o favorecer la regeneración de la cubierta vegetal original. En estos casos podría ser conveniente la colocación de mallas de materiales biodegradables, tapetes prefabricados para el control de la erosión o la construcción de terrazas, entre otros.

En los casos de la contaminación, dependiendo de si se trata del suelo, el agua o el aire, puede ser necesario tomar medidas de distinta naturaleza; por ejemplo, en el caso de contaminación del suelo, un primer paso es el control de la dispersión del contaminante para evitar el daño de otros componentes del entorno natural. La aplicación de una estrategia de remediación o bioremediación apropiada debe considerar el efecto que puede tener sobre los trabajos posteriores de restauración, debido a la posible presencia de nuevas sustancias ajenas al ecosistema original, a la modificación de la estructura de los suelos, a la afectación de la microbiota, flora y fauna edáficas o bien la propagación de la especie, preferentemente nativa, que se utilice para biorremediar el sitio. En un aprovechamiento donde se afecte el agua, se debe calcular la cantidad que se usará para el aprovechamiento y la que se dejará como mínimo dentro de un margen de seguridad adecuado, para la manutención del propio ecosistema; igualmente deben determinarse las medidas adecuadas para el tratamiento de las aguas residuales después de ser utilizada el agua limpia, evaluar si es factible o no que el agua, una vez tratada, sea reintegrada al medio natural o si es mejor que se le den otros usos domésticos y que no se reincorpore al medio natural para evitar daños adicionales. Para evitar la contaminación del aire, por ejemplo, puede ser necesaria la instalación de medidas de prevención que eviten la propagación de gases contaminantes como el uso de filtros. En el caso de la producción de desechos tóxicos deben considerarse las medidas más convenientes para su manejo interno (es decir, antes de que salgan del aparato o sistema de producción de bienes), sin que sean vertidos al medio natural ya que en el corto o mediano plazo esto provocará afectaciones sobre el medio natural.

Toda actividad de mitigación o preventiva debe considerar la conservación de las características estructurales y funcionales del ecosistema, de su geomorfología, de los componentes del medio físico como el suelo o el agua y del entorno biótico. Esto puede representar el rescate de germoplasma, o bien mantener la funcionalidad por medio de la conservación de remanentes de vegetación natural de una superficie adecuada para cada caso; también el mantenimiento de la conectividad entre los remanentes, por ejemplo, a través de corredores de vegetación; o bien, la implementación de corredores de vegetación, o franjas de amortiguamiento (buffers) a lo largo de los ríos para la captación de basura o pesticidas. También puede ser necesario construir plantas para el tratamiento de aguas residuales, o bien el establecimiento de medidas preventivas para evitar la propagación o afectación de especies u organismos vegetales o animales introducidos (exóticos) o genéticamente modificados hacia las áreas naturales.



Medidas para mantener la continuidad de las características bióticas y de los procesos naturales

En un ecosistema sin alteración pueden conservarse o rescatarse algunos elementos del medio físico y biótico que serán indispensables para la restauración del sistema, tales como el sustrato, el suelo, individuos o estructuras de las especies animales o vegetales presentes, para crear un banco de germoplasma que permita su propagación y que sirva como base para su reproducción y reintroducción en el ecosistema, en distintas etapas de la restauración.

Al término de la afectación, y una vez que se haya logrado la mitigación, de ser necesario, entrarán en juego acciones más finas en el proceso de restauración. Aber (1987), divide en tres categorías a las estrategias que deben utilizarse en la restauración, dependiendo de la intensidad de la perturbación en el sitio: la primera categoría ocurre en lugares donde la vegetación ha sido sólo parcialmente alterada por una perturbación, por ejemplo, en pastizales abandonados, donde se conserva aún intacto el suelo y donde el trabajo consiste en tratar de dirigir el proceso de sucesión ecológica en forma adecuada para recuperar la composición original de especies. La segunda categoría incluye sitios donde la comunidad vegetal y el suelo han sido intensamente perturbados, como en las zonas de cultivo, donde los trabajos de restauración involucran la recuperación tanto de la vegetación como de las propiedades del suelo. La tercera categoría se refiere a ambientes donde la vegetación y el suelo han sido completamente destruidos, como las minas a cielo abierto, donde la restauración buscará inicialmente formar una capa de suelo y, posteriormente, recuperar la vegetación original. Una cuarta y quinta categorías que merecen una atención por separado, son los ecosistemas afectados por la invasión de especies introducidas, y los ecosistemas que han sido afectados por sustancias ajenas al mismo (contaminantes), en los que las poblaciones bióticas, el medio físico, o ambos, se han visto dañados. En todos los casos es conveniente contar con un área control en la que pueda darse un seguimiento de los distintos componentes de los ecosistemas originarios del área que interesa restaurar.

Antes de iniciar los trabajos de restauración conviene determinar cuál o cuáles de los casos anteriores corresponden al ecosistema por restaurar. Existe la posibilidad que dentro de un mismo ecosistema se presente una o una combinación de afectaciones, las cuales quizá sea necesario mitigar o revertir de forma individual. Por esto, en algunos casos es necesario dividir la zona en áreas que presenten condiciones relativamente homogéneas y donde pueda aplicarse un tratamiento similar.

En sitios donde la vegetación ha sido sólo parcialmente alterada por una perturbación, los trabajos consistirán en intentar dirigir el proceso de sucesión. El primer paso consistiría en conocer las modificaciones que han ocurrido en la comunidad vegetal, en términos de composición de especies y su estructura poblacional (Luken, 1990). Suponiendo que en las primeras etapas del trabajo se habrían descrito las comunidades vegetales propias del área, es posible realizar comparaciones entre las poblaciones de especies originales y las que se presenten en el sitio al momento de empezar los trabajos de restauración. El proceso consistirá en tratar de reintroducir, incrementar, disminuir, y/o mantener poblaciones, hasta obtener composición de especies y densidades poblacionales semejantes a las que existían antes del aprovechamiento. Los mecanismos para la recuperación de las poblaciones pueden incluir distintos tipos, ya sea la incorporación de propágulos o individuos, o en los casos en que exista una sobrepoblación de alguna especie, la instalación de un control de la densidad poblacional.

Luken (1990) menciona que el proceso de sucesión de la vegetación puede ser dirigido mediante distintas formas de incorporación y control de las poblaciones de especies. Sin embargo, existen diferentes mecanismos ya sea a través de propágulos, semillas, individuos, transplantes de organismos, módulos o sus partes. En algunos casos las semillas o propágulos pueden no encontrarse ya en la zona a restaurar, por lo que será conveniente realizar su colecta en sitios aledaños. Para tal fin es conveniente consultar la bibliografía más adecuada al respecto y considerar el origen de los propágulos, las especies por reintroducir, la cantidad de semillas, etc. (Packard y Ross, 1997; Reinartz, 1997).

En los casos en que la comunidad vegetal y el suelo hayan sido intensamente perturbados, los trabajos consistirán, en primer lugar, en recuperar algunas de las características del suelo, al menos hasta contar con las condiciones mínimas que permitan el establecimiento de especies nativas de un estadio de sucesión particular. Estos trabajos pueden consistir en recuperar la fertilidad del suelo, modificar el pH hasta condiciones semejantes a las naturales, descompactarlo, aumentar su humedad, favorecer la infiltración, el drenaje o la aireación, aplicar estrategias para evitar la erosión, entre diversas opciones.

Existen diferentes estrategias que pueden aplicarse para la recuperación de los suelos que deben enfocarse a la recuperación de la funcionalidad de éstos (Haselwandter, 1997). Estas estrategias son dependientes de las características que se hayan perdido en el sistema como consecuencia del aprovechamiento. En algunos casos, las estrategias pueden estar relacionadas con la desaparición de los nutrientes en el suelo, o, en caso contrario, pueden existir en exceso, lo que afectaría a los ecosistemas que se caracterizan por ser pobres en nutrientes. También las afectaciones pueden ocurrir por la modificación de las propiedades físico-químicas o bióticas de los suelos. En el primer caso, las modificaciones pueden ser consecuencia de su compactación, modificaciones a la textura, la infiltración o el drenaje del sitio. En el caso de la biota, la afectación puede deberse a la pérdida de los micro-meso o macro-organismos edáficos, que tienen un papel importante en la determinación de las características del ecosistema. En el último caso, los trabajos podrían consistir en recuperar las poblaciones en cuestión, así como su funcionalidad dentro del suelo.

Cuando ocurre que la vegetación y el suelo han sido completamente destruidos, como en las zonas de minas a cielo abierto, los primeros trabajos consistirán en recuperar las características geomorfológicas del sitio lo cual no debe complicarse demasiado si, antes del aprovechamiento, se realiza una planificación para evitar modificarlas. Si ya se hubieran modificado, será conveniente aplicar estrategias para el control de la erosión en el sitio, en cuyo caso es conveniente que estos trabajos no lleguen a obstaculizar otras labores posteriores de restauración ecológica. Por ejemplo, en algunos casos llegan a aplicarse revestimientos que modifican por completo un el sitio, o bien pueden introducirse especies que pueden competir por espacio o por recursos, lo cual puede dar lugar a un desplazamiento de las especies nativas, cuando lo que se intentaba era recuperarlas.

Una vez controlada la erosión, los suelos afectados pueden requerir la reintegración de capas superficiales de suelo, a un estado como en el que se encontraban antes de la afectación. En el mejor de los casos, cuando el aprovechamiento ha sido planificado, las capas superiores pueden haber sido removidas antes del aprovechamiento y pueden ser reincorporadas al sitio, mientras que en otros será necesaria la aplicación de una capa o cubierta que mitigue el efecto de las capas inferiores del suelo, que hayan aflorado, sobre todo cuando éstas presenten condiciones contrastantes de pedregosidad, acidez o composición química (Brown et al., 1986)

En los ecosistemas afectados por la invasión de especies introducidas el primer paso es controlarlas, ya sea que se trate de especies exóticas al país, a la región o incluso, al área nativa. En estos casos existen distintos mecanismos de control que muchos autores (Hayden y Whyte, 2003; Luken, 1990; Richardson et al., 2003; Wittenberg y Cock, 2001) clasi?can en tres tipos:

 

1. Mecánico
2. Químico
3. Biológico

 

El primer caso es mediante la eliminación directa de los individuos, y en algunas situaciones puede recomendarse el uso prudente del fuego. El control químico implica, en general, la aplicación de sustancias químicas que sean capaces de acabar con la especie invasora. Es recomendable cerciorarse de que tales sustancias, dentro de lo posible, tengan una acción específica sobre las especies a controlar o, en caso contrario, que su aplicación sea muy cuidadosa y que no implique la permanencia de la sustancia en el ecosistema una vez logrado el efecto deseado.

El último control, el de tipo biológico, involucra la introducción de alguna especie que deprede o infecte a la especie invasora que se desea eliminar. Regularmente se trata de su depredador natural; sin embargo, en este caso existen muchos cuestionamientos, ya que la especie introducida puede convertirse en invasora y volverse un problema para el ecosistema, o bien afectar a algunas otras especies nativas en alguna de las formas mencionadas anteriormente. De hecho, paradójicamente, es una de las formas de control más difíciles de manejar (Ó. Sánchez, comunicación personal, 2004).

Cuando los ecosistemas han sido afectados por sustancias ajenas (como por ejemplo, contaminación), la primera actividad consistirá en neutralizar, eliminar y/o quitar la sustancia tóxica mediante un proceso de remediación. En este caso existen diferentes mecanismos físicos, químicos y bióticos para suelos o aguas contaminadas. Posteriormente, será necesario tratar de reproducir las condiciones originales del suelo, al menos en un grado semejante al presentado en alguno de los estadios del proceso de sucesión, en el cual se puedan reincorporar algunas de las especies presentes. El suelo, junto con la serie de procesos y organismos que ocurren dentro del mismo, ha sido resaltado por diversos trabajos como uno de los componentes fundamentales para el funcionamiento de los ecosistemas terrestres (Bradshaw, 1983; Bradshaw, 1987; Bradshaw, 1997; Brown et al., 1986; Haselwandter, 1997; Millar et al., 1975; Millar, 1987; Rodríguez, 1998).

Después de mitigar los impactos negativos que haya ocasionado el aprovechamiento sobre el medio, y de llevar al sistema a condiciones semejantes a las de los primeros estadios de la sucesión vegetal conocida para el sitio, será conveniente realizar trabajos especializados que se vinculen con los componentes bióticos del ecosistema. Estos pueden inclucir la reintroducción tanto de especies vegetales como animales en los ecosistemas durante su restauración, buscando recobrar la composición de especies y las interacciones entre éstas y con el medio abiótico. La naturaleza o tipo de acciones que pueden aplicarse para recuperar un ecosistema favoreciendo los componentes bióticos son muy variadas, por ejemplo, la atracción de especies que dispersan semillas u otros propágulos; el recubrimiento con vegetación nativa; el manejo del proceso de sucesión; la reforestación con especies nativas diversas; el ensamblaje directo de comunidades vegetales; la conservación de remanentes de vegetación natural cercanos que sean fuente de germoplasma, el uso de especies nodrizas para permitir el establecimiento de especies propias de fases más avanzadas del proceso de sucesión, entre muchos otros (Angelstam y Arnold, 1993; Guariguata et al., 1995; Guevara y Laborde, 1993; Lindig y Vázquez-Yañez, 1997; Luken, 1990; VázquezYañez y Batis, 1996). Las estrategias aplicables dependerán de aquellas características o procesos que hayan sido afectados o modificados por el aprovechamiento. Debido a que la restauración busca, como fin último, recuperar la estructura, funcionalidad y autosuficiencia semejantes a las originales en un ecosistema degradado (Bradshaw, 1987; Ewel, 1987; Jordan III et al., 1987; Meffe y Carroll, 1994), es necesario que las actividades durante la restauración se enfoquen a la recuperación de estos procesos. En algunos casos puede lograrse la recuperación del ecosistema con la simple eliminación de la causa de la perturbación (como el pastoreo, la agricultura, la presencia de especies invasoras). En otros casos, las estrategias pueden enfocarse a reintroducir especies nativas de los estadios serales adecuados para la reincorporación de materia orgánica, formación del suelo, obtención de una cubierta vegetal y mitigación de las condiciones microclimáticas en el sitio, además de buscar la recuperación de la composición de especies y su funcionalidad, lo cual puede incluso facilitar el resto de las actividades en la restauración, dirigiendo únicamente el proceso de sucesión. En otros casos, puede ser su?ciente la recuperación de características del medio físico como la geomorfología o hidrología, si existen sitios que de forma natural provean de propágulos de las especies nativas originarias al sitio que se busca restaurar. Sin embargo, algo que debe quedar claro, es que cada tipo de afectación requerirá evaluar los mecanismos más apropiados para lograr su restauración.

 

Conclusiones

 

La mayor parte de los aprovechamientos que realiza actualmente el hombre apenas consideran, por lo general en un grado mínimo, la restauración posterior de los ecosistemas utilizados. Algunas veces se contempla la recuperación de algunos atributos o poblaciones de especies de interés, pero pocas veces se toma en cuenta al ecosistema en su conjunto y la serie de interacciones que ocurren dentro del mismo. Sin embargo, al efectuar una planificación de los aprovechamientos previos a la afectación del sitio, es posible lograr una restauración posterior del lugar, aprovechando sus atributos característicos e incluso algunos de sus componentes. Esto no sólo beneficiará económicamente la restauración en términos de tiempo, dinero y esfuerzo, sino que, a largo plazo, será de mayor beneficio para el propio ecosistema.

Por otra parte, la organización y el desarrollo de trabajos de restauración, ya sea como parte de la plani?cación del aprovechamiento o cuando se intenta restaurar sitios donde esto no se planeó, se encontrará estrechamente vinculado con las características y componentes afectados en cada sitio particular. Sin embargo, en general y en casi todos los casos, es conveniente que considere, como primer paso, terminar con la causa de la afectación. Además, los trabajos de mitigación no deberán interferir con las estrategias de incorporación del componente biótico, ni con la reintegración de este último hacia una composición y estructura similares a las anteriores a la afectación. El seguimiento y la adaptación progresiva de los trabajos a lo largo de la restauración son recomendables para, ?nalmente, lograr dejar el ecosistema en condiciones de continuar con sus procesos naturales de autorregulación y autosuficiencia, una vez que se detecte que estos se han recuperado significativamente.

La adopción de este tipo de modelos, en los que se considera a los ecosistemas como parte fundamental del ambiente a escala de paisaje, puede permitir la conservación tanto de las características y funciones de los ecosistemas, como llevar los aprovechamientos a expresiones cada vez más sustentables. Esto permitirá, en situaciones óptimas, recuperar los servicios ambientales a corto y mediano plazo, y mantenerlos a largo plazo.

 

Bibliografía

 

Aber, J.D. 1987. Restored forests and the identification of critical factors in species- site interactions. En: W.R. Jordan III, M.E. Gilpin y J.D. Aber (eds). Restoration ecology: a synthetic approach to ecological research. Cambridge University Press. New York, EE.UU. Pp. 241-249.

Angelstam, P. y G.W. Arnold. 1993. Contrasting rules of remnants in old and newly impacted landscapes: Lessons for ecosystem reconstruction. En: D.A. Saunder, R.H. Hobbs y P.R. Erlich (eds.). Nature Conservation 3. The reconstruction of fragmented ecosystems. Surrey Beatty and Sons. Pty limited, Chipping Norton, Australia.

Barrow, C.J. 1991. Land degradation. Development and breakdown of terrestrial Environments. Cambridge University Press, EE.UU.

Begon, M., J.L. Harper y C.R. Towsend. 1996. Ecology: Individuals, Populations and Communities. Tercera edición. Blackwell Science, Cambridge, Masachussets.

Berger, J.J. 1993. Ecological Restoration and Indigenous Plant Species: A Review.
Restoration Ecology 1(2): 74 – 100

Bissonette, J.A. 2003. Linking Landscape Patterns to Biological Reality. En: J.A.

Bissonette y I. Storch (ed). Landscape Ecology and Resource Management. Linking theory with practice. Island Press. Washington, D.C., EE.UU. Pp. 15-34.

Bissonette, J.A. y I. Storch (ed). 2003. Landscape Ecology and Resource Management. Linking theory with practice. Island Press. Washington, D.C., EE.UU.

Bradshaw, A.D. 1983. The reconstruction of ecosystems. Journal of Applied Ecology 20: 1- 17.

———. 1987. The Reclamation of derelict land and the ecology of ecosystems. En. W.R. Jordan III, M.E, Gilpin y J.D Aber (Eds). Restoration ecology: A synthetic approach to ecological. Cambridge University Press. New York, EE.UU. Pp. 53-74.

———. 1997. The importance of soil ecology in restoration science. En: K.M. Urbanska, N.R. Webb y P.J. Edwards (ed.). Restoration Ecology and sustainable development. Cambridge University Press. Cambridge, Gran Bretaña. Pp. 33-63.

Bradshaw A.D. y M.J. Chadwick. 1980. The Restoration of Land. Blackwell Scientific Publications, Oxford.

Brown, S. y A.E. Lugo. 1990. Tropical secondary forest. Journal of Tropical Ecology 6: 1-32.

———. 1994. Rehabilitation of tropical lands: A key to sustaining development. Restoration Ecology 2 (2): 97-111.

Brown, D., R.G. Hallman, Ch.R. Lee, J.G. Skogerboe, K. Eskew, R.A. Price, N.R. Page, M. Clar, R. Kort y H. Hopkins. 1986. Reclamation and Vegetative restoration of problem soils and disturbed land. Pollution Technology Review 139(1): 166-181.

Burgi, M., E.W. B. Russell y G. Motzkin. 2000. Effects of post-settlement human activities on forest composition in the north-eastern United States: a comparative approach. Journal of Biogeography 27(5): 1123-1138.

Dixon, R.M. 1990. Land Imprinting for dryland revegetation and restoration. En: Berger (Ed). Environmental restoration. Science Strategies for restoring the Earth. Island Press. Washington, D.C., E.U.A. Pp. 14-22.

Dobson, A.P., A.D. Bradshaw y A.J.M. Baker. 1997. Hopes for the future: Restoration Ecology and Conservation Biology . Science 277: 515-522.

Egan, D. y E.A. Howell (eds.). 2001. The historical ecology handbook: A restorationist’s guide to reference ecosystems. Island Press. Washington, D.C. EE.UU.

Ewel, J. J. 1987. Restoration is the ultimate test of ecological theory. En: W.R. Jordan III, M.E, Gilpin y J.D Aber (eds). Restoration ecology: A synthetic approach to ecological. Cambridge University Press. New York, EE.UU. Pp. 31-33.

Falk, D.A., C.I. Millar y M. Olwell (eds.). Restoring Diversity. Strategies dor reintroduction of endangered plants. Island Press, Washington, D.C., EE.UU.

FISRWG. 1998. Stream Corridor Restoration. Principles, Processes, and Practices. The Federal Interagency Stream Restoration Working Group, EE.UU.
http://www.usda.gov/stream_restoration.

Freedman, B. 1998. Environmental Ecology. The ecological effects of pollution, disturbance and other stresses. Academic Press, Canadá.

Guariguata, M.R. y R. Ostertag. 2001. Neotropical secondary forest succession: changes in structural and functional characteristics. Forestry Ecology and Management 148: 185-206.

Guariguata, M. R., R. Rheingans y F. Montagnini. 1995. Early woody invasion under tree plantations in Costa Rica: Implications for forest restoration. Restoration Ecology 3 (4): 252-260.

Haselwandter, K. 1997. Soil Micro-organisms, mycorrhiza, and restoration ecology. En: K.M. Urbanska, N.R. Webb y P.J. Edwards (ed.). Restoration Ecology and sustainable development. Cambridge University Press. Cambridge, Inglaterra. Pp. 65-79.

Hayden, B.J. y C.F. Whyte. 2003. Invasive Species Management in New Zealand. En: Ruiz, G.M. y J.T. Carlton (ed.) Invasive Species. Vectors and Management Strategies. Island Press Washington, D.C., EE.UU. Pp. 270-283.

Heywood, V.H. 1989. Patterns, extens and modes of invasions by terrestrial plants. En: J.A. Drake, H.A. Mooney, F. di Castri, R.H. Groves, F.J. Kruger, M. Rejmánek y M. Williamson. Biological invasions. A global perspective. John Wiley and Sons. New York, EE.UU.

Holl, K.D. 1998. Do Bird Perching Structures Elevate Seed Rain and Seedling Establishment in Abandoned Tropical Pasture?. Restoration Ecology 6(3): 253.

Hunter Jr., M. L. 1996. Fundamentals of Conservation Biology. Blackwell Science.

Jordan III, W.R., M.E. Gilpin y J.D. Aber. 1987. Restoration ecology: ecological restoration as a technique for basic research. En: W.R. Jordan III, M.E. Gilpin y J.D. Aber (Eds). Restoration ecology: A synthetic approach to ecological. Cambridge University Press, New York, EE.UU. Pp. 3-21.

Karel, P., S. Bartha, C.B. Joyce, P, Pysek, R. van Diggelen y G. Wiegleb. 2001. The Role of spontaneous vegetation succession in ecosystem restoration: A perspective. Applied Vegetation Science 4: 111-114.

Leopold, A. 1949. A Sand County Almanac and Sketches Here and There. Oxford University Press, New York. Citado por Meffe y Carroll. 1994.

Linding, R. y C. Vázquez-Yánes. 1997. Estado del arte. Los ailes en la restauración ecológica. Ciencia (2): 31 - 40.

Luken, J.O. 1990. Directing ecological succession. Chapman and Hall. New York, EE.UU.

Mack, R.N. 2003. Global Plant Dispersal, Naturalization, and Invasions: Pathways, Modes and Circumstances. En: G.M. Ruiz y J.T. Carlton (ed.). Invasive Species. Vectors and Management Strategies. Island Press Washington, D.C., EE.UU. Pp. 3-30.

Márquez-Huitzil, R. 1999. Regeneración de la vegetación en distintos ensayos de restauración de minas de roca caliza a cielo abierto en una industria cementera, Ixtaczoquitlán, Veracruz. Tesis de Maestría. Instituto de Ecología, A. C. Xalapa, Veracruz. México.

Meffe, G.K. y C.R. Carroll. 1994. Principles of Conservation Biology. Sinauer Associates, Inc. Sunderland, EE.UU.

Merriam, G. y D.A. Saunders. 1993. Corridors in restoration of fragmented landsacapes. En: Saunder, D.A., R. H. Hobbs y P. R. Erlich, editores. Nature Conservation 3. The reconstruction of fragmented ecosystems. Surrey Beatty and Sons. Pty limited, Chipping Norton, Australia.

Millar, C.E., H.D. Forth y L.M. Turk. 1975. Fundamentos de la ciencia del suelo. Compañía Editorial Continental, México.

Miller, R. M. 1987. Mycorrhizae and sucesión. En: W.R. Jordan III, M.E, Gilpin y J.D Aber (Eds.). Restoration ecology: A synthetic approach to ecological. Cambridge University Press. New York, EE.UU.

Mitsch, W. J. y S. E. Jorgensen. 2004. Ecological Engineering and ecosystem restoration. John Wiley & Sons, Inc. New Jersey, EE.UU. 411pp.

Moriarty, F. 1999. Ecotoxicology. The study of Pollutants in Ecosystems. Tercera edición. Academic Press, EE.UU.

Naiman, R., H. Décamps y F. Fournier. 1989. Role of land/inland ecotones in ladscape management and restoration. Proposal for collaborative research. UNESCO, París.

Nilsson, Ch. y G. Grelsson. 1995. The fragility of ecosystems: a review. Journal of Applied Ecology 32: 677-692.

Packard, S. y C. F. Mutel (ed.). 1997. The Tallgrass Restoration Handbook. For prairies, Savannas, and Woodlands. Island Press. Washington, D.C., EE.UU.

Packard, S. y L.M. Ross. 1997. Restoring remnants. En: S. Packard y C.F. Mutel. The Tallgrass Restoration Handboox. For Prairies, Savannas and Woodlands. Island Press. Washington, D.C., EE.UU.

Parker, V.T. y S. T. A. Pickett. 1997. Restoration as an ecosystem process: implications of the modern ecological paradigm. En: K.M. Urbanska, N.R. Webb y P.J. Edwards (eds.). Restoration Ecology and sustainable development. Cambridge University Press. Cambridge, Inglaterra. Pp. 17-32.

Perrow, M.R. y A. J. Davy (ed.). 2002. Handbook of Ecological Restoration Volume 1, Principles of Restoration. Cambridge University Press. Cambridge, Inglaterra.

———. 2002. Handbook of Ecological Restoration Volume 2. Restoration in Practice. Cambridge University Press. Cambridge, Inglaterra.

Purata, S.E. 1986. Floristic and structural changes during old-field succession in the Mexican tropics in relation to site history and species availability. Journal of Tropical Ecology 2: 257-276.

Reinartz, J.A. 1997. Restoring populations of rare Plants. En: Packard, S. y C.F. Mutel. The Tallgrass Restoration Handboox. For Prairies, Savannas and Woodlands. Island Press. Washington, D.C., EE.U..

Richardson, D.M., J.A. Cambray, R.A. Chapman, W.R.J. Dean, C.L Griffiths, D.C.Le Maitre, D.J. Newton y T.J. Winstanley. 2003. Vectors anD Pathways of Biological Invasions in South Africa- Past, Present and Future. En: G. M. Ruiz y J.T. Carlton (eds.). Invasive Species. Vectors and Management Strategies. Island Press Washington, D.C., EE.UU. Pp. 292-349.

Rodríguez, M.C. 1998. Evaluación y Diagnóstico de la macrofauna y mesofauna edáficas de los suelos restaurados por industrias APASCO en el cerro Buenavista, Ver. Tesis de Maestría en Ecología y Manejo de Recursos Natrales. Instituto de Ecología A. C. Xalapa, México.

Ruiz, G.M. y J.T. Carlton (ed.) Invasive Species. Vectors and Management Strategies. Island Press Washington, D.C., EE.UU.

Saunder, D.A., R.H. Hobbs y P R. Erlich (eds). 1993. Nature Conservation 3. The reconstruction of fragmented ecosystems. Surrey Beatty and sons. Pty limited, Chipping Norton, Australia.

Shiels, A.B. y L.R. Walker. 2003. Bird Perches increase Forest seeds on Puerto Rican landslides. Restoration Ecology 11(4): 457-465.

Suding, K.N., K.L. Gross y G.R. Houseman. 2004. Alternative states and positive feedbacks in restoration ecology. Trends in Ecology and Evolution 19(1): 46-53.

Temperton V. M., R. J. Hobbs , T. Nuttle y S. Halle. 2004. Assembly rules and Restoration Ecology. Island Press, EE.UU.

Trewek, Jo. 1999. Ecological Impact Assessment. Blackwell Science. Cornwall, Gran Bretaña. 351 pp.

Vázquez-Yánes, C. y A.I. Batis. 1996. Las restauración de la vegetación, árboles exóticos vs. árboles nativos. Ciencias 43: 16-23.

Von Broembsen, S. L. 1989. Invasions of natural ecosystems by plant pathogens. En: Drake J. A., H.A. Mooney, F. di Castri, R. H. Groves, F. J. Kruger, M. Rejmánek y M. Williamson. 1989. Biological invasions. A global perspective. John Wiley and Sons. New York, N. Y., EE.UU. Pp. 77-83.

Wittenberg, R. y M.J. Cock. 2001. Invasive Alien species: A toolkit of best prevention and management practices. Global Invasive Species Programme (GISP)-SCOPE-CAB International-IUCN, Inglaterra.

 

 

 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 15/11/2007