La
evaluación socioeconómica de proyectos de restauración
de ecosistemas
Enrique
Sanjurjo y Verónica Espinosa
Dirección
de Economía Ambiental, Dirección General de Investigación
en Política y Economía Ambiental, Instituto Nacional
de Ecología. Periférico Sur 5000. Colonia Insurgentes-Cuicuilco.
Correo-e: sanjurjo@ine.gob.mx
Introducción
Tradicionalmente,
el análisis financiero de proyectos de inversión
se ha enfocado al análisis de la rentabilidad privada de
los proyectos. A pesar de que la evaluación social de proyectos
es una disciplina que se aplica desde hace varios años,
aún falta realizar más esfuerzos para hacerla una
práctica común en los proyectos ambientales. El
objetivo de este documento es hacer que quienes estudian temas
en restauración de ecosistemas terrestres se familiaricen
con las herramientas de evaluación socioeconómica
de proyectos. También se pretende que sepan aplicar dichas
herramientas de manera que se reconozcan los costos y los beneficios
monetarios de los impactos ambientales generados por la realización
de proyectos de restauración de ecosistemas, así
como de los impactos de no realizar dichos proyectos.
Para cumplir con este objetivo, el documento se organiza en cuatro
partes. En la primera se exponen las herramientas de análisis
financiero y socioeconómico de proyectos, haciendo hincapié
en los costos y los beneficios sociales generados por los impactos
ambientales de los propios proyectos. La segunda y tercera parte
exponen algunos ejemplos de aplicación de estas técnicas
en proyectos de restauración de ecosistemas, haciendo énfasis
en dos casos: a) cuando el daño ambiental es gradual y
paulatino, y b) cuando el daño ambiental comienza súbitamente
y sus efectos son duraderos. En la última parte se describen
las técnicas de valoración ambiental, que se han
desarrollado para identificar el valor monetario de los costos
y los beneficios asociados con los impactos ambientales, y que
son aplicables a posibles proyectos de restauración de
ecosistemas.
Evaluación socioeconómica de proyectos
¿Vale
la pena llevar a cabo un proyecto? Ésta es la pregunta
básica que se pretende responder a partir de las herramientas
de evaluación. Existen varias aproximaciones para responder
a esta pregunta, las cuales se pueden clasificar en: criterios
de condiciones de riesgo, criterios basados en la tecnología
y criterios utilitaristas. Estos últimos incluyen tanto
los aspectos tecnológicos como de riesgo, utilizando el
bienestar social como elemento para integrar estos distintos aspectos.
Existen varias formas de responder la pregunta utilizando criterios
utilitaristas: análisis multi-criterios, análisis
de costos restringidos, análisis de costo efectividad y
análisis de costo-beneficio; este último criterio
será utilizado, en este texto, para determinar la pertinencia
de los proyectos de restauración. Como se puede observar
en el cuadro 1, las diferencias entre los distintos criterios
representan restricciones o variaciones sobre el análisis
básico que es el de costo beneficio.
Cuadro
1. Criterios para determinar la pertinencia de un proyecto
|
Criterio
|
Breve descripción
|
| Análisis
costo-beneficio (ACB) |
Calcula
los beneficios y los costos (en términos monetarios) de las
alternativas, y selecciona la que resulte con mayores beneficios
netos. |
| Análisis
costo beneficio probabilistico |
Es
un análisis similar al ACB pero para casos en los que existe
incertidumbre, ya sea en los costos, en los beneficios o en
ambos. |
| Análisis
con presupuesto restringido |
Calcula
el mayor beneficio neto para niveles dados de costos máximos. |
| Análisis
costo-efectividad |
Calcula
el menor costo posible para alcanzar un objetivo predeterminado
(no necesariamente planteado en términos monetarios). |
| Análisis
multi-criterios |
Pondera
diferentes criterios (que presumiblemente conforman una función
de utilidad) y selecciona la alternativa con mayor puntaje. |
Fuente:
adaptado de Granger y Henrion, 1990.
Análisis
costo-beneficio
Uno
de los acercamientos más comunes a la interrogante planteada
es la búsqueda de la respuesta en los costos y los beneficios
que estén asociados con el proyecto. Esto se puede complicar
debido a que los beneficios y los costos no necesariamente ocurren
al mismo tiempo, y es muy común que se tenga que incurrir
en costos hoy y no recibir los beneficios sino hasta después
de un tiempo. Ahora bien, esta pregunta tiene otra arista importante
¿vale la pena desde el punto de vista de quién?
La opinión de un individuo puede que sólo considere
sus propios costos y beneficios, pero no incorpore los que sean
enfrentados por terceros. Por ejemplo: para una persona puede
resultar rentable desmontar la parte alta de una cuenca para realizar
actividades agropecuarias, mientras que para la sociedad tal actividad
implicará altos costos por la pérdida de los servicios
ambientales que proporcionaba el ecosistema.
Para los inversionistas, un aspecto tan importante como los costos
y los beneficios del proyecto es conocer el tiempo en que recuperarán
la inversión y, en general, el tiempo en el que ocurrirán
cada uno de estos costos y beneficios. Lo anterior se debe a que
las personas valoramos más el presente que el futuro. Cualquier
inversionista en su sano juicio preferirá recibir mil pesos
hoy a recibir los mismos mil pesos dentro de veinte años;
sin embargo, su decisión resultará más complicada
si se le pidiera que escogiera entre mil pesos hoy o seis mil
pesos dentro de veinte años. La decisión anterior
dependerá de cada persona y estará afectada por
distintos factores como la impaciencia, la expectativa de ingresos
futuros1 , y la
1Si
el individuo es un estudiante que espera que con el tiempo mejoren
sus ingresos, también esperará que los 1,000 pesos
le hagan más falta hoy, que 6,000 pesos dentro de 20 años,
cuando ya sea un profesionista con un buen trabajo
rentabilidad
de los mil pesos (que en el banco, a una tasa de cinco por ciento
anual, se convertirían en más de 2,500 pesos). Los
factores anteriores forman lo que se conoce como la tasa de descuento,
que es el premio que cada individuo le asigna al consumo presente
sobre el consumo futuro. La subjetividad de las preferencias en
el tiempo permite que exista un mercado de préstamos, en
el que los individuos impacientes pagan un interés a los
individuos pacientes.
Una vez revisado el concepto anterior es factible conocer los
indicadores que permiten identificar la rentabilidad financiera
de un proyecto determinado. Definiendo
como
los beneficios generados por el proyecto en el año
como los costos en que se incurre en el año t, r como la
tasa de descuento relevante2 , y definiendo t como el período
que va desde el año 1 hasta el año n; entonces el
valor presente neto (VPN) de un proyecto se define como:
Esta
ecuación suma todos los beneficios y les resta los costos,
pero los pondera de manera diferente. El comportamiento del término
en el denominador hace que los pagos (costos o beneficios) que
ocurran más a futuro tengan menos peso.
El VPN mide las ganancias netas que se obtendrán del proyecto.
Pero además existen otros indicadores financieros que pueden
ser de interés para el inversionista, como la razón
de beneficios a costos. Cuando esta razón es exactamente
igual a uno el proyecto tiene un VPN igual a cero, cuando es mayor
a uno, tiene ganancias y cuando es menor a uno el proyecto tiene
pérdidas. La razón beneficios a costos se calcula
como:

Como
se puede observar, para los dos indicadores anteriores es necesario
conocer la tasa de descuento. Sin embargo existe una medida de
rentabilidad que no requiere de la definición de una tasa
de descuento; esta es la tasa interna de rendimiento (TIR). La
TIR se calcula como la tasa de descuento con la cual una inversión
presenta un VPN igual a cero, y se interpreta como el rendimiento
de la inversión propuesta. Es decir, mide el rendimiento
que tendrá el dinero en la inversión propuesta.
Para el caso de proyectos con beneficios crecientes en el tiempo,
existe un indicador financiero muy relevante que es la Tasa de
Rentabilidad Inmediata (TRI).
Existen proyectos de restauración de ecosistemas que presentan
beneficios netos crecientes en el tiempo, como los proyectos de
restauración de ecosistemas por fenómenos de degradación
paulatinos y continuos (como ejemplo, suelos dañados por
agricultura). En estos casos, en los que los beneficios aumentan
cada año, la pregunta relevante es ¿cuándo
iniciar la inversión? Para responderla, el criterio aplicable
es la tasa de rentabilidad
2Para
los efectos de la ecuación 1, se expresará la tasa
de descuento (r) como un número entre cero y uno; es decir,
una tasa de descuento de diez por ciento se expresará como
r = 0.10.
inmediata (TRI) definida como la razón de los beneficios
netos del primer año de operación (Bni) entre la
inversión.

De
esta manera, cuando los beneficios son crecientes, la inversión
debe ser programada de tal forma que el proyecto entre en operación
en el primer año en que la TRI es mayor que el costo social
de los recursos, esto es: Si TRI > r es el momento óptimo
de iniciar la operación; mientras que si TRI < r conviene
postergar la inversión.3
Los
costos y beneficios sociales de un proyecto
Los
mismos indicadores y procedimientos utilizados para la evaluación
privada de proyectos se utilizan para la evaluación social,
sólo que tomando en cuenta los costos y los beneficios
sociales, es decir, los efectos que tendrá el proyecto
en la comunidad. En el caso de proyectos con un impacto en el
medio ambiente ya sea negativo, como un proyecto que implique
cambio de uso del suelo o bien, positivo, como en la restauración
de ecosistemas, la diferencia entre la evaluación privada
y la social es relevante. Por ejemplo: en la operación
de un proyecto que genera contaminación a los cuerpos de
agua, en el que ni el productor ni los consumidores incorporan
los costos de la contaminación del agua en sus cuentas,
van a existir diferencias entre los costos sociales y los privados.
Si el inversionista no incorpora los impactos ambientales en sus
cuentas, es probable que el proyecto resulte rentable desde el
punto de vista privado, aunque posiblemente sea indeseable para
la sociedad.
El caso contrario son los proyectos de restauración de
ecosistemas, donde los beneficios que generan a la sociedad pueden
no representar ningún tipo de ganancia para el desarrollador
del proyecto, pero sí para la sociedad. Lo anterior implicaría
que, a pesar de que el proyecto fuera adecuado socialmente no
se realizaría al no ser rentable para los privados. Esto
se debe a que los beneficios generados por el proyecto no son
intercambiables en los mercados, lo que dificulta que el productor
pueda adueñarse de parte de los excedentes de los consumidores.
Entonces, se pueden encontrar proyectos indeseables socialmente,
pero que resulten rentables desde el punto de vista privado, y
viceversa.4
Recordando la ecuación 1, el VPN de un proyecto es igual
al valor presente de los beneficios menos los costos asociados
al proyecto. Considerando los beneficios como la cantidad de productos
vendidos multiplicados por el precio (como ejemplo de precio,
un costal de naranjas a diez pesos), y los costos como los precios
de los insumos (incluyendo mano de obra) multiplicados por la
cantidad de tales insumos utilizados, se puede re-escribir la
ecuación 1, como:
3Para
mayor referencia sobre los indicadores de rentabilidad financiera
de un proyecto se recomienda consultar Fontaine 2000: 69-98.
4Los
efectos ajenos al interés directo de un proyecto, en los
ejemplos anteriores, son conocidos en teoría económica
como externalidades. Para mayor referencia sobre este tema, se
recomienda consultar Varian, 1993 pp. 546 – 565

Donde
Pt es el precio del producto en el período t, Yt es la
cantidad de producto en el período t, , Wt es el precio
de los insumos en t, Xt es la cantidad de insumos utilizados y
r es la tasa de descuento para el inversionista privado.
Para incorporar los impactos ambientales en la ecuación
de VPN, se agregará el concepto de precio sombra, como
aquél que refleja todos los costos y beneficios generados
por la producción o consumo de un bien o insumo. Por ejemplo,
el precio sombra de utilizar un insumo que genera deterioro ambiental,
será el precio de mercado del insumo más el costo
social de utilizarlo; por su parte el precio sombra de utilizar
un insumo que evita la contaminación ambiental de un proceso
productivo (un filtro) será el precio del filtro menos
el beneficio social de usarlo. Para fines de este documento se
definirá el precio sombra de los insumos como Ws.
El precio sombra de producto que genera contaminación,
como los combustibles, será el precio de mercado del mismo
menos el costo social de la generación que provoca; por
su parte, el precio sombra de un producto que mejore la calidad
ambiental será el precio de mercado más el beneficio
social asociado a la producción de ese bien o servicio.
Para los fines de este documento se definirá el precio
sombra de los productos como Ps. Considerando lo anterior, se
puede definir el Valor Presente Neto Social (VPNS) como:

En
la ecuación anterior se observa que los impactos ambientales
quedan considerados para la obtención del VPNS, mediante
la incorporación de los precios sombra de los productos
y de los insumos5, descontados a una tasa de descuento social
(i) la cual es distinta a la tasa privada. La diferencia entre
ambas se explica por medio de los mismos factores que definían
el descuento futuro privado: impaciencia (z), expectativa en el
crecimiento de los ingresos (g), y el costo de oportunidad de
la inversión
;
sólo que las magnitudes son diferentes.
Para los privados, la tasa g dependerá de sus propias expectativas;
mientras que para la sociedad dependerá de las predicciones
sobre ingresos futuros. Por su parte, para los privados la tasa
z dependerá de sus propios niveles de impaciencia, mientras
que para la sociedad la tasa de impaciencia se tendrá que
definir de manera más cuidadosa, para evitar que se le
dé trato discriminatorio a las generaciones futuras.6
En
equilibrio, la tasa de descuento social se puede definir como:
5Para
una descripción completa acerca de la evaluación
socioeconómica de proyectos se recomienda consultar Markandya
1991:4 – 18 y Fontaine 2000:439-463.
6En términos sociales es aceptable pensar en un valor de
z igual a cero. Para una discusión más completa
sobre la validez de descontar la impaciencia privada en la tasa
de descuento social, se recomienda ver Azqueta 2000:149-154.

donde
el costo de oportunidad de la inversión
es igual a la tasa de descuento social (i), la cual es igual a
la tasa de impaciencia (z) más el producto del crecimiento
(g), por un factor
que representa el cambio en la utilidad que genera una unidad
adicional de ingreso.
Otro aspecto a considerar, especialmente en proyectos relacionados
con la restauración de ecosistemas, es un muy largo plazo.
Cuando el valor de los beneficios ambientales vinculados con un
proyecto de restauración sucede en un plazo muy largo,
la impaciencia de hoy conduciría a valorarlo muy poco.
Considérese el siguiente ejemplo: si descontáramos
el valor de toda la producción mundial en 200 años
a una tasa de 5% anual, obtendríamos el equivalente a una
buena casa y, si la tasa fuera del 10%, las personas estarían
dispuestas a cambiar toda la producción del mundo dentro
de 200 años a cambio de un muy buen coche el día
de hoy. Una posible solución a este problema es la utilización
de un descuento hiperbólico, que hiciera que el descuento
se fuera haciendo igual a cero de forma asintótica, lo
que supondría medir el tiempo de acuerdo a incrementos
proporcionales.7
Incorporación
del concepto de bienestar social a la evaluación de proyectos
Hasta
esta parte del documento pareciera que el criterio para determinar
la pertinencia de un proyecto se reduce a la capacidad de generar
riqueza; es decir, a la capacidad del proyecto para aumentar la
cantidad de dinero en la sociedad. Sin embargo, esto no es necesariamente
cierto, ya que lo que debe regir la toma de una decisión
es la capacidad de aumentar el bienestar de la población,
el cual estará definido por las preferencias de cada uno
de los individuos de la sociedad. Una buena aproximación
para medir la capacidad de un proyecto para aumentar el bienestar
es el uso del excedente del consumidor.
Para comprender el significado del excedente del consumidor, se
plantea el siguiente ejemplo: una persona se encuentra dispuesta
a pagar veinte pesos por un costal de naranjas y encuentra de
camino a su casa un camión que vende el costal en diez
pesos; al hacer la transacción, el comprador obtendrá
un excedente igual a diez pesos, ya que sólo pagó
diez cuando estaba dispuesto a pagar veinte.
Otro aspecto a considerar en la evaluación social de proyectos
son los factores distributivos del proyecto. Un caso claro puede
ser la generación de empleos en economías en desequilibrio
y con desempleo. Con frecuencia se observa que tanto los políticos
como los encargados de las relaciones públicas industriales,
consideran la creación de empleos como parte de los beneficios
de un proyecto, cuando esto es claramente un costo del mismo.
Es decir, dejando todo lo demás constante, contratar más
empleados durante más horas, implica mayores costos para
el proyecto y menor rentabilidad. Sin embargo, si la generación
de empleos sirviera para combatir la pobreza o mejorar la distribución
del
7El
factor de descuento usando este criterio es igual a
en vez del factor de descuento utilizado habitualmente 
Este tratamiento es compatible con el criterio de equidad intergeneracional
propuesto por Chichilinsky (1996), quien resuelve satisfactoriamente
este problema.
ingreso,
el aumento en bienestar asociado a estos fenómenos debería
considerarse como un beneficio social8, aunque el pago de mano
de obra siempre será un costo.
Considerando los efectos en bienestar generados por un proyecto
se puede volver a escribir la ecuación 5 como:
donde
BSt es el bienestar social en cada período t, y está
conformado por los crecimientos en el excedente del consumidor
más los aumentos (o disminuciones) en bienestar, generados
por aspectos que la sociedad considera relevantes, como la distribución
del ingreso y el combate a la pobreza. El resto de las variables
incluidas en la ecuación 7, tienen el mismo significado
que en las ecuaciones 5 y 6.
Evaluación
socioeconómica en presencia de incertidumbre
Hasta
este momento se han descrito criterios de decisión para
los casos en que con certidumbre se conocen los costos y los beneficios
asociados al proyecto. Pero en ocasiones los beneficios podrán
variar por factores aleatorios, como las variaciones en la incidencia
de las lluvias. Con cierta regularidad, en proyectos relacionados
con impactos ambientales no se conocen con certeza las magnitudes
por las modificaciones al ambiente. En estos casos existen dos
posibilidades: (i) que se conozcan las probabilidades de ocurrencia
de ciertos eventos probables, y (ii) que se conozcan los posibles
impactos, pero que no las probabilidades de ocurrencia.
En los casos en los que se conocen los posibles impactos y la
probabilidad de ocurrencia de cada uno de ellos se puede recurrir
al concepto de valor esperado (VE), el cual se define como:

Donde
pi es la probabilidad de ocurrencia del impacto i, Xi es el flujo
de beneficios netos del impacto i (puede ser negativo o positivo)
y n es el número de impactos probables dado el proyecto.
Por ejemplo, el flujo de beneficios por la captación de
aguas generado por un proyecto de reforestación, puede
estar determinado por factores de los que sí conozcamos
su probabilidad de ocurrencia; por ejemplo, la precipitación.
Cuando existen dos proyectos con el mismo valor esperado, pero
con diferentes probabilidades y pagos, la decisión de los
individuos estará determinada por su aversión al
riesgo. Supóngase un proyecto que genera un pago seguro
de 1,000 pesos contra un proyecto que pudiera generar una ganancia
de 4,000 o una pérdida de 2,000
8Para
mayor referencia acerca del aumento en bienestar, asociado con
la distribución del ingreso, se recomienda revisar el concepto
de utilidad marginal decreciente (Varian, 1993:57-70) y simular
una transferencia de un rico a un pobre para detectar que, a un
mismo nivel de ingreso de la sociedad, cuando éste se encuentra
mejor distribuido se obtiene que la suma de las utilidades individuales
es mayor (bienestar social).
con
una probabilidad de un medio, entonces la mayor parte de la gente
preferirá el primero ya que el pago esperado es el mismo
y el riesgo es menor.
Una situación más difícil de resolver se
presenta cuando el proyecto riesgoso genera un valor esperado
un poco más alto que el del proyecto seguro. Recordemos
el caso del estudiante que prefería mil pesos hoy en vez
de seis mil dentro de veinte años (véase nota 1);
en este caso el estudiante tenía esas preferencias ya que
hoy no contaba con dinero para su manutención y esperaba
tener un buen trabajo dentro de veinte años. Supóngase
que a ese mismo individuo se le ofreciera la oportunidad de entrar
a una rifa por 4,001 pesos en la que su probabilidad de ganar
fuera igual a 0.25, pero que el costo del boleto fuera igual a
sus únicos mil pesos (de los que depende para sobrevivir).
En este caso el valor esperado de entrar a la rifa es mayor, pero
no resultaría extraño que el estudiante, en su sano
juicio, decidiera no participar. Esto se debe a un factor de aversión
al riesgo, que es completamente consistente con la racionalidad
del individuo.9
Como se mencionó, otro aspecto que afecta las decisiones
es el desconocimiento de las probabilidades o se tiene poca información
sobre alguno de los parámetros; digamos la función
de utilidad U(Y) de los individuos. En estos casos se puede recurrir
al análisis de sensibilidad para ayudar al tomador de decisiones
a elegir entre dos o más proyectos. Esto consiste en realizar
la evaluación para los diferentes estados de la naturaleza
posibles y compararlos entre sí. Para el caso de no conocer
los efectos de la reforestación de un bosque sobre la captura
de agua, y no poder asignar probabilidades a cada uno de éstos,
se podrá hacer el análisis para cada caso y compararlos.
Cuando este análisis se realiza para un número de
escenarios continuo o muy numeroso, se estará hablando
de una simulación, la cual es más recomendable y
otorga mayor información que un análisis de sensibilidad.
Evaluación
socioeconómica de proyectos de restauración
Si
bien los proyectos de restauración pueden llegar a tener
beneficios privados, como la restauración de un suelo degradado
por agricultura, sus beneficios son mayormente sociales. Si consideramos
los proyectos de restauración como actividades cuyo principal
producto son ecosistemas restaurados, entonces tendremos que Ps
> P. esto es, el valor social del servicio producido es mayor
al precio de mercado (que en ocasiones puede ser cero). Dada la
poca rentabilidad privada, no sería difícil imaginar
ejemplos de proyectos de restauración de ecosistemas que
no se han realizado pese a su alta impacto social.
La importancia de realizar evaluaciones sociales de proyectos
de restauración es precisamente el identificar aquéllos
que, aunque presentan una rentabilidad privada baja o nula, resulten
socialmente necesarios. Dicha identificación es esencial
no sólo para llevarlos a cabo con fondos públicos,
sino para el diseño de políticas públicas
que modifiquen los precios relativos y conduzcan a los privados
a prevenir el daño a los ecosistemas y, en su defecto,
a realizar proyectos de restauración. Todo ello contribuiría
a que la restauración resultase una actividad deseable
y, por tanto, le fuera otorgada más atención y aplicación
de acciones efectivas.
9Sea
U(Y) una función de utilidad que depende del ingreso (Y),
sea U'(Y) > 0, y sea U''(Y) < 0; entonces se podrá
medir la conveniencia del riesgo sobre U en vez de sobre Y. Para
lo anterior se calculará la Utilidad Esperada de forma
similar al valor esperado mostrado en la ecuación 8, pero
tomando en cuenta la utilidad de los pagos en vez de los pagos.
Para comprender mejor el concepto de aversión al riesgo
es conveniente revisar nuevamente la teoría de la utilidad
marginal decreciente, y complementarla con un capítulo
de incertidumbre en algún texto de microeconomía.
Se recomienda Varian 1993:212 – 242.
Para fines de esta exposición se presentarán dos
ejemplos hipotéticos de restauración de ecosistemas,
con componentes que requieren un trato distinto para cada uno
de ellos. El primero es el caso de un proyecto de restauración
de suelos degradados por la agricultura; en este caso el daño
ambiental es paulatino y continuo, y el proyecto tiene (o puede
tener) beneficios privados además de los sociales. El segundo
caso, es un proyecto de restauración de ecosistemas por
derrame de hidrocarburos; en este caso el evento que sucede de
una vez y los daños ambientales se van sufriendo en diferente
grado, durante período que va desde el accidente hasta
que se completa la restauración.
Restauración
de suelos afectados por agricultura
Para
plantear un caso de valoración socioeconómica de
proyectos referido a la restauración de suelos afectados
por agricultura, se plantea un proyecto hipotético que
consiste en restaurar el suelo y frenar la erosión en una
ladera. Sus características son: en la parte alta de la
cuenca hay actividades de pastoreo y cultivo de forrajes, en la
parte media, otros cultivos (por ejemplo, maíz) y en la
parte baja existen pequeños asentamientos humanos, agricultores
de temporal y algunos cuerpos de agua.
La cuenca presenta problemas de erosión del suelo, lo que
implica efectos directos para los productores en las partes media
y alta de la cuenca (pérdida de productividad), y efectos
indirectos para las personas en la parte baja. La pérdida
de vegetación forestal y el arrastre de suelos provoca
que en época de lluvias el flujo de aguas sea muy violento
y cause problemas en las cosechas y en los asentamientos humanos,
pero también produce que el flujo de agua en época
de estiaje sea prácticamente inexistente, provocando pérdidas
en las cosechas y disminuyendo el bienestar de las personas que
valoran la limpieza de los cuerpos de agua, los cuales se están
contaminando por el arrastre de sólidos cargados de nutrientes.
En este contexto se plantea un proyecto de conservación
y restauración de suelos que consiste en reforestación,
cambio de cultivos y prácticas, y restauración de
suelos erosionados. Sus costos estarán dados por la construcción
de estructuras, represas y terrazas, cuidado de árboles
de especies nativas en vivero, mano de obra en la zona y vigilancia.
Por su parte los beneficios estarán divididos en dos partes:
los sociales, que son aquellos que tendrían los individuos
de la parte baja de la cuenca por control del flujo de agua, y
por disminución de la sedimentación y la contaminación
en los cuerpos de agua; y los beneficios privados, que son las
ganancias netas de los productores en las partes alta y media
de la cuenca, en el caso en que se pudieran organizar para llevar
a cabo las obras10, los cuales se medirán como el cambio
en ganancias dados las variaciones en las prácticas y la
modificación en la tasa de erosión.
Para calcular los beneficios de frenar la erosión es común
utilizar alguna de las siguientes técnicas: el costo de
reemplazo y el cambio en productividad. La primera (Sung-Hoon
y Dixon, 1986) consiste en medir los costos necesarios para recuperar
la fertilidad del suelo,
10Sería
de esperarse que los individuos no se pudieran organizar debido
a dos factores: (a) incentivos para actuar como gorrones (free-rider)
y esperar el beneficio sin hacer gasto alguno, y (b) altos costos
de transacción entre los agricultores en la ladera (véase:
Cooter y Ullen, 1999:113-127, 144-153).
mientras que la de cambio en productividad (Burt, 1981; Bishop
y Allen, 1989) consiste en calcular las pérdidas agrícolas
que surgen del deterioro de los suelos.
Suponiendo que la erosión del suelo provoca una reducción
en la producción de la forma:

donde
la productividad de un terreno (Yt) como una función de
la productividad en ausencia de erosión (Yo), de un coeficiente
de pérdida de suelo (k) y como una función del tiempo
(t).11
Para el ejemplo hipotético, planteado con fines exclusivamente
didácticos, se considerará que las ganancias de
los productores en las partes media y alta de la cuenca son de
788 mil pesos al año, que la productividad decrece de la
forma propuesta en la ecuación 9 para un valor de k igual
a 0.01, y que los precios no fluctúan. Se plantea también
la existencia de un proyecto de restauración del suelo
que detiene la erosión y aumenta la productividad en un
10% (3.3 para el primer año, 6.7 para el segundo año
y diez del tercer año en adelante); y que los costos de
realizar este proyecto son de 350 mil pesos el primer año
y de 65 mil pesos el resto de los años.
De acuerdo con estos datos se puede obtener: (i) el valor presente
de la producción en la cuenca bajo el supuesto hipotético
de ausencia de erosión, (ii) el valor presente de la producción,
en presencia de erosión y considerando que las prácticas
no se modificaran en el tiempo, y (iii) el valor presente de la
producción, en presencia de erosión y considerando
la propuesta de mejoramiento en las prácticas de control
de la erosión.
Como se puede apreciar en la figura 1, el valor de la producción
en presencia de proyecto es mayor que la producción en
el caso hipotético sin erosión; y el valor de la
producción en presencia de erosión y en ausencia
de proyecto disminuye de manera constante en el tiempo; todo esto,
a largo plazo se podría traducir en decisiones de abandono
de tierra y de migraciones a otras zonas rurales o urbanas.
Una vez generados los tres escenarios se calcula el beneficio
bruto del proyecto, considerando la diferencia entre la situación
con y sin proyecto. Al beneficio bruto se le tendrán que
restar los costos de instrumentación y mantenimiento del
proyecto para la obtención de los beneficios netos. El
cuadro 2 muestra los resultados para el ejemplo propuesto, en
el que se genera una ganancia de peso y medio por peso invertido,
lo que es equivalente a una inversión con ganancias del
50 %, suponiendo que el proyecto tiene una vida útil de
22 años. 12
Si bien el ejemplo es incompleto, ya que se limita a la evaluación
privada e ignora la social, resulta relevante por varios factores:
(i) siempre se deben comparar los efectos del proyecto con la
situación sin proyecto, (ii) cuando el estado actual genera
una degradación continua, el simple hecho de revertir la
tendencia es un beneficio, y (iii)
11La
ecuación 9 corresponde a la propuesta de Bishop y Allen
(1989). Al lector interesado en modelos más completos de
pérdida de productividad del suelo (que incluyan las decisiones
de los individuos) se le recomienda revisar Gunatilke y Vieth
(2000). En la ecuación 9, “e” representa un
crecimiento exponencial de las pérdidas en productividad
respecto al tiempo: ln (e) = 1.
12Ejemplo basado en McIntire (1998).
existen
diferentes metodologías para medir los beneficios ambientalesde
detener la erosión, por lo que se debe ser cuidadoso con
la alternativa que se elija13.
Cuadro
2. Valor presente neto del proyecto de restauración
de suelos
|
|
Beneficios del proyecto
|
Costos del proyecto
|
Rentabilidad del royecto
|
|
Año
|
Con
proyecto
|
Sin
proyecto
|
Anual
|
Anualizado
|
VPN
|
B/C
|
|
|
VPcp
|
VPsp
|
Ct
|
VPC
= Ct / (1+r) t
|
VPcp
- VPsp - VPC
|
(VPcp
- VPsp) / VPC
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
1
|
788
|
788
|
350
|
350
|
-350
|
-
|
|
2
|
767
|
728
|
65
|
61
|
-22
|
-
|
|
3
|
748
|
680
|
65
|
58
|
10
|
-
|
|
4
|
727
|
635
|
65
|
55
|
37
|
-
|
|
5
|
686
|
593
|
65
|
51
|
41
|
-
|
|
6
|
647
|
554
|
65
|
49
|
45
|
-
|
|
7
|
611
|
518
|
65
|
46
|
47
|
-
|
|
8
|
576
|
483
|
65
|
43
|
49
|
-
|
|
9
|
543
|
452
|
65
|
41
|
51
|
-
|
|
10
|
513
|
422
|
65
|
38
|
52
|
-
|
|
11
|
484
|
394
|
65
|
36
|
53
|
-
|
|
12
|
456
|
368
|
65
|
34
|
54
|
-
|
|
13
|
430
|
344
|
65
|
32
|
55
|
-
|
|
14
|
406
|
321
|
65
|
30
|
55
|
-
|
|
15
|
383
|
300
|
65
|
29
|
55
|
-
|
|
16
|
361
|
280
|
65
|
27
|
54
|
-
|
|
17
|
341
|
262
|
65
|
26
|
54
|
-
|
|
18
|
322
|
244
|
65
|
24
|
53
|
-
|
|
19
|
303
|
228
|
65
|
23
|
53
|
-
|
|
20
|
286
|
213
|
65
|
21
|
52
|
-
|
|
21
|
270
|
199
|
65
|
20
|
51
|
-
|
|
22
|
255
|
186
|
65
|
19
|
50
|
-
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Suma
|
10,905
|
9,191
|
1,715
|
1,115
|
599
|
1.5
|
Fuente:
elaboración propia con datos hipotéticos, con fines
meramente didácticos.
13Para
mayores ejemplos con datos reales sobre proyectos de conservación
de suelos y protección de cuencas, se recomienda ampliamente
consultar la guía de conservación de la FAO número
16 (FAO, 1987) y el documento ambiental del Banco Mundial número
8 (Lutz et al., 1994)
Figura 1. Valor de la producción

Restauración
de ecosistemas afectados por hidrocarburos
En el caso anterior se observó una actividad que deterioraba
el suelo de manera constante y paulatina; sin embargo, existen
casos en los que el daño ocurre de forma repentina. Tal
es el caso de los derrames de hidrocarburos. En estos casos se
debe buscar el restablecimiento del ecosistema hasta que se asemeje
a la situación previa al daño, tanto en composición
de especies, en estructura y en funciones. Hay casos en los que
se necesitan largos periodos para alcanzar una recuperación
completa, por lo que se pretende acelerar este proceso con acciones
humanas.
Mientras ocurre la restauración del ecosistema existen
pérdidas. Al momento del daño, los servicios del
ecosistema decrecen hasta cierto nivel y continúan ofreciendo
sus servicios a este nivel inferior hasta el inicio de la recuperación,
la cual puede o no alcanzar los niveles originales.
Un caso ilustrativo de proyectos de restauración es el
del derrame de 257 mil barriles de petróleo crudo en las
costas de Alaska por el buque petrolero Exxon Valdez. A raíz
del accidente las vidas de las personas que habitaban en el área
del derrame se vieron afectadas drásticamente. La pesca
comercial se suspendió, así como la pesca de subsistencia.
A pesar de un programa de limpieza de 2,100 millones de dólares,
los servicios recreativos y pesqueros todavía se encuentran
en recuperación. Además de las pérdidas por
pesca y recreación, se calcula que el derrame causó
una pérdida en valor de opción y de existencia de
2.8 billones (Hanemann et al. 2003)14, lo que nos sirve como base
de comparación para tomar en cuenta los beneficios ganados
(recuperados) como resultado del esfuerzo de restaurar el ecosistema
a su estado original.
Lo anterior sirve para ilustrar que, en los casos en los que la
recuperación no es inmediata o cuando no es completa, existen
pérdidas sociales que alguien tendrá que
14En
el estudio de valoración contingente realizado por el equipo
de NOAA, se hace referencia a estos valores como valor de uso
pasivo.
pagar:
los afectados en ausencia de políticas de compensación
y el causante del daño, en caso de la existencia de las
mismas. Para el cálculo de estas pérdidas es necesario
tener en cuenta el valor de las funciones ambientales del ecosistema,
la cantidad de servicios ambientales antes y después del
accidente y el tiempo que éste tarda en recuperarse. La
siguiente ecuación muestra el valor de los servicios perdidos
descontados:

donde:
es el factor de descuento
Vj
es el valor de los servicios ambientales del hábitat dañado,
es el
nivel de servicios por hectárea que provee el hábitat
dañado al final de año
es
el nivel base de servicios por hectárea previo al daño,
y J es el número de hectáreas alteradas.
Con la finalidad de detallar más en la necesidad de complementar
los proyectos de restauración con políticas de compensación
se desarrolló un ejemplo hipotético. Supóngase
que una actividad de origen humano (digamos un derrame de hidrocarburos)
daña un área de 20 hectáreas y provoca una
disminución de las funciones del ecosistema del 50 por
ciento en relación con los servicios originales (Ejemplo
basado en: NOAA). En la figura 2 se muestran los niveles de recuperación
del hábitat en ambos casos, con proyecto de restauración
y sin proyecto; es decir, se puede observar el nivel de servicios
que aportaría el sitio dañado en ambas situaciones.
Las funciones ambientales del hábitat se recuperarán
naturalmente y de manera lineal hasta alcanzar su nivel original
en 15 años. Suponiendo que el valor de las funciones ambientales
prestadas por el hábitat fuera de 10,000 pesos por hectárea,
la pérdida (calculada con base en la ecuación 10)
ascendería a 594,800 pesos. Por su parte, si se realizara
un proyecto de restauración que permitiera que la recuperación
sucediera en siete años; entonces la pérdida sería
de 404,500 pesos.
La figura 2 muestra este ejemplo. La línea continua muestra
la recuperación de los servicios ambientales para el caso
con proyecto, mientras que la discontinua muestra esto mismo,
pero para el caso sin proyecto. El área con rayado vertical
muestra los beneficios del proyecto; es decir, la diferencia entre
los beneficios con proyecto versus los beneficios sin proyecto,
la cual asciende a 190,300 pesos para el ejemplo planteado. Por
otra parte, la suma de ambas áreas rayadas también
muestra el valor del daño en caso de no realizar el proyecto
de restauración; mientras que el área rayada horizontalmente
muestra el daño para el caso de llevarse a cabo el proyecto.
Los cuadros 3 y 4 muestran el flujo del valor de las funciones
ambientales sin proyecto y con proyecto de restauración,
para el ejemplo hipotético presentado, usando una tasa
de descuento del 10 %. La segunda columna muestra el porcentaje
de servicios en relación con la línea base, que
ofrece el hábitat año con año. Los servicios
se incrementan linealmente por un factor de 0.033 hasta alcanzar
su nivel original después de 15 años. En la última
columna se pueden observar las hectáreas efectivas perdidas
descontadas que, multiplicadas por un valor de 10,000 pesos por
hectárea, resultan en los 594,800 pesos mencionados anteriormente.
El cuadro 4 muestra los servicios perdidos en el hábitat
dañado aplicando el proyecto de restauración. En
este ejemplo los servicios se recuperaron de forma lineal en un
7.1% anual. Se observa que la suma del valor descontado de los
servicios ambientales perdidos es menor que en el caso anterior.
Figura
2. Beneficios del proyecto de restauración

Cuadro
3. Servicios perdidos en el hábitat dañado
sin proyecto
|
Año
|
%
de servicios
|
%
de servicios perdidos
|
Ha
efectivas perdidas
|
Superficie
afectada
|
Factor
de descuento
|
Ha
efectivas perdidas descontadas
|
|
0
|
50
|
50
|
10
|
20
|
1
|
10
|
|
1
|
50
|
50
|
10
|
20
|
0.91
|
9.09
|
|
2
|
53
|
47
|
9.33
|
20
|
0.83
|
7.71
|
|
3
|
57
|
43
|
8.67
|
20
|
0.75
|
6.51
|
|
4
|
60
|
40
|
8
|
20
|
0.68
|
5.46
|
|
5
|
63
|
37
|
7.33
|
20
|
0.62
|
4.55
|
|
6
|
67
|
33
|
6.67
|
20
|
0.56
|
3.76
|
|
7
|
70
|
30
|
6
|
20
|
0.51
|
3.08
|
|
8
|
73
|
27
|
5.33
|
20
|
0.47
|
2.49
|
|
9
|
77
|
23
|
4.67
|
20
|
0.42
|
1.98
|
|
10
|
80
|
20
|
4
|
20
|
0.39
|
1.54
|
|
11
|
83
|
17
|
3.33
|
20
|
0.35
|
1.17
|
|
12
|
87
|
13
|
2.8
|
21
|
0.32
|
0.89
|
|
13
|
90
|
10
|
2.2
|
22
|
0.29
|
0.64
|
|
14
|
93
|
7
|
1.53
|
23
|
0.26
|
0.4
|
|
15
|
97
|
3
|
0.8
|
24
|
0.24
|
0.19
|
|
16
|
100
|
0
|
0
|
25
|
0.22
|
0
|
|
|
|
|
|
|
|
59.48
|
Fuente:
Elaboración propia con datos hipotéticos, con fines
meramente didácticos.
Cuadro
4. Servicios perdidos en el hábitat dañado
con proyecto
|
Año
|
%
de servicios
|
%
de servicios perdidos
|
Ha
efectivas perdidas
|
Superficie
afectada
|
Factor
de descuento 1/(1+0.1)t
|
Ha
efectivas perdidas descontadas
|
|
0
|
50
|
50
|
10
|
20
|
1
|
10
|
|
1
|
50
|
50
|
10
|
20
|
0.91
|
9.09
|
|
2
|
57
|
43
|
8.57
|
20
|
0.83
|
7.08
|
|
3
|
64
|
36
|
7.14
|
20
|
0.75
|
5.37
|
|
4
|
71
|
29
|
5.71
|
20
|
0.68
|
3.9
|
|
5
|
79
|
21
|
4.29
|
20
|
0.62
|
2.66
|
|
6
|
86
|
14
|
2.86
|
20
|
0.56
|
1.61
|
|
7
|
93
|
7
|
1.43
|
20
|
0.51
|
0.73
|
|
8
|
100
|
0
|
0
|
20
|
0.47
|
0
|
|
9
|
100
|
0
|
0
|
20
|
0.42
|
0
|
|
10
|
100
|
0
|
0
|
20
|
0.39
|
0
|
|
11
|
100
|
0
|
0
|
20
|
0.35
|
0
|
|
|
|
|
|
|
|
40.45
|
Fuente: Elaboración propia con datos hipotéticos,
con fines meramente didácticos.
Compensación por hábitat equivalente
La compensación por hábitat equivalente es una forma
útil y aceptada de aplicar la figura de la compensación.
Por su parte, el análisis de hábitat equivalente
(AHE) es la herramienta para identificar el área de restauración
de hábitat necesaria para compensar los daños a
recursos naturales que resultan de causas específicas.
Es claro que la compensación no repara el daño,
por lo cual debiera ser contemplada como una medida extrema de
mínima responsabilidad hacia el entorno natural.
El AHE requiere como insumos el área del daño, el
tiempo de recuperación del hábitat dañado,
el periodo que tardará el área de mitigación
en poder brindar los servicios ecológicos comparables a
los del hábitat original y la tasa de descuento. Este tipo
de análisis parte de ciertos supuestos y condiciones: (i)
la sociedad está dispuesta a aceptar el intercambio de
una unidad de servicios de hábitat perdido por otra de
un proyecto compensatorio, (ii) existe una medida común
que capture el nivel de servicios provistos por el hábitat,
así como las diferencias en la cantidad y calidad de los
servicios del hábitat de reemplazo, (iii) los servicios
provistos por el ecosistema dañado y el de compensación
son comparables y (iv) el cambio en recursos y servicios como
resultado del daño es lo suficientemente pequeño
como para que el valor por unidad de servicio sea independiente
del cambio en el nivel de servicios.
Para determinar el tamaño del proyecto compensatorio se
utiliza la siguiente expresión:

donde:
es factor
de descuento, xj: el nivel de servicios por hectárea que
provee el hábitat dañado al final de año
t, b j es el nivel base de servicios por hectárea, J es
el número de hectáreas dañadas, bp es el
nivel inicial de servicios por hectárea del hábitat
equivalente;
es
el nivel de servicios por hectárea que provee el hábitat
equivalente al final de año t, y P es el área del
proyecto de reemplazo
El objetivo es igualar las pérdidas que ocurrieron en el
hábitat dañado con las ganancias obtenidas en el
hábitat equivalente. Una vez conocidas las pérdidas
en funciones ambientales generadas por el derrame de hidrocarburos
y
las ganancias en funciones ambientales por la existencia de un
proyecto de hábitat equivalente,
es
entonces factible conocer el tamaño óptimo del proyecto
compensatorio. El tamaño del proyecto compensatorio debe
ser tal que provea un incremento en servicios que iguale la pérdida
de servicios del hábitat dañado, incluyendo la porción
de dichos servicios que se pierde en el tiempo de recuperación,
tal y como se muestra en la siguiente ecuación:

El numerador de la ecuación muestra la suma de los servicios
ganados descontados que provee el hábitat equivalente,
mientras que el denominador presenta la suma de los servicios
perdidos descontados del hábitat dañado. La fracción
de la ecuación
(
muestra el porcentaje de reducción de servicios por hectárea
del sitio dañado. Por otra parte
muestra
el porcentaje de incremento de servicios por hectárea que
provee el hábitat equivalente. El objetivo del AHE es obtener
el área del proyecto de reemplazo. Despejando P de la ecuación
anterior se tiene el tamaño óptimo del hábitat
equivalente.
En el ejemplo anterior (derrame de hidrocarburos), si se optara
por el proyecto de restauración del hábitat dañado
y se quisiera complementar con un proyecto de hábitat equivalente
que compensara a la sociedad por los ocho años que tardará
el ecosistema en recuperar su situación base, el tamaño
del proyecto compensatorio sería de 8.77 ha.15
La figura 3 muestra los servicios por hectárea del proyecto
de hábitat equivalente como porcentaje de los servicios
en la línea base del hábitat dañado. Los
servicios comienzan en un 25 % y posteriormente se incrementan
linealmente hasta alcanzar la madurez y, óptimamente, continúan
ofreciendo estos servicios de manera perpetua. El incremento en
servicios por hectárea es el área entre la función
de madurez y la línea de 25 %. El cálculo de las
ganancias también debe estar descontado por año
y las ganancias deben sumarse durante la vida del proyecto.
Figura
3. Funciones ambientales proporcionadas por el hábitat
de compensación

El cuadro 5 muestra los servicios ganados en el hábitat
equivalente. Los servicios se incrementan de manera lineal por
un factor de 0.075 hasta alcanzar su madurez después de
diez años y el ecosistema continúa ofreciendo sus
servicios perpetuamente. Por último, las hectáreas
efectivas ganadas descontadas son un dato vital para conocer el
área del proyecto compensatorio.
15El
área se obtiene de la siguiente división: 40.45/4.61=8.77
Cuadro 5. Funciones ambientales proporcionadas
por el hábitat de compensación
|
Año
|
%
de servicios
|
%
de servicios ganados
|
Factor
de descuento
|
Ha
efectivas ganadas descontadas
|
|
0
|
25
|
0
|
1
|
0
|
|
1
|
25
|
0
|
0.91
|
0
|
|
2
|
33
|
8
|
0.83
|
0.06
|
|
3
|
40
|
15
|
0.75
|
0.11
|
|
4
|
48
|
23
|
0.68
|
0.15
|
|
5
|
55
|
30
|
0.62
|
0.19
|
|
6
|
63
|
38
|
0.56
|
0.21
|
|
7
|
70
|
45
|
0.51
|
0.23
|
|
8
|
78
|
53
|
0.47
|
0.24
|
|
9
|
85
|
60
|
0.42
|
0.25
|
|
10
|
93
|
68
|
0.39
|
0.26
|
|
11
|
100
|
75
|
0.35
|
0.26
|
|
Perpetuidad
|
100
|
75
|
|
2.63
|
|
|
|
|
|
4.61
|
Fuente:
Elaboración propia con datos hipotéticos, con fines
meramente didácticos.
Valoración económica de los costos y beneficios
ambientales
Para
realizar las evaluaciones propuestas es necesario tener una idea
del valor monetario de las pérdidas en bienestar, generadas
por la alteración de los ecosistemas que se pretenden restaurar.
Para tales fines existen métodos de valoración ambiental,
que se pueden clasificar en: los métodos directos de mercado,
los métodos indirectos de mercado y los métodos
de no mercado.
Métodos
directos de mercado
Se
refiere a métodos en los que, de manera directa, los precios
reflejan los efectos ambientales de un proyecto. Con estos métodos
se identifican las alternativas que los individuos eligen en busca
de maximizar su propio bienestar. Tal es el caso del costo de
prevenir, reparar o aceptar un daño sufrido a consecuencia
de la pérdida de calidad ambiental16. Para la aplicación
de estos métodos se recomienda seguir los siguientes pasos:
a)
Identificar las variables que va a afectar el proyecto y compararlas
contra estas mismas variables en una situación sin proyecto.
En el caso de uno de limpieza de un suelo contaminado, por ejemplo,
con hidrocarburos, se tendrían que identificar la cantidad
y tipo de contaminantes así como su disminución
en el tiempo, para el escenario con proyecto y para el escenario
sin proyecto.
b) Analizar la forma en que se dispersan y concentran los diferentes
contaminantes, tomando en cuenta la presencia de umbrales en
los que se identifiquen concentraciones superiores a la capacidad
de carga de los ecosistemas.
c) Una vez identificada la concentración y dispersión
de contaminantes es necesario cruzar la información con
la presencia de poblaciones humanas, ecosistemas frágiles,
zonas de recarga de acuíferos y, en general, cualquier
situación que pudiera repercutir en la productividad
de las actividades humanas o en la salud de las personas y los
ecosistemas.
16Para
profundizar acerca de los métodos de valoración
ambiental, más allá de las breves descripciones
presentadas, se recomiendan las siguientes lecturas: Dixon,
et al. (1983:170 -260 y Dixon et al. (1986:42 – 91.
d) Determinar el grado de afectación a través
de funciones dosis-respuesta. Este tipo de funciones establecen
la respuesta de una persona, de una población o de un
ecosistema ante modificaciones en la calidad ambiental. En el
caso de que hubiera hidrocarburos que contaminaran el agua superficial
y que las personas utilizaran esta agua, la función dosis-respuesta
establecería los cambios marginales en la salud debidos
a variaciones marginales en la ingesta de agua contaminada.
e) Identificar las reacciones de las poblaciones y actividades
ante los daños identificados: ingreso a hospitales, necesidad
de comprar agua embotellada o instalación de filtros
en los hogares, así como la disminución de la
producción en el caso en que se afectara una pesquería
dependiente de la calidad del cuerpo de agua contaminado.
f) determinar el valor monetario de las reacciones. Para asignar
un valor a los daños generados se pueden aplicar métodos
de cambio en productividad, de costo de enfermedad o costos
de reemplazo.
Los
cambios en productividad evalúan los cambios físicos
en la productividad, usando precios de mercado de insumos y productos.
En este caso es necesario ajustar los precios cuando existen distorsiones
de mercado. Este modelo toma en cuenta tanto los cambios que ocurren
dentro del proyecto como fuera de él.
Ya sea que se proceda con el proyecto o que éste no se
lleve a cabo, se deben evaluar los cambios en productividad, lo
que ayudará a aclarar el daño (o el daño
evitado) que ocurrió como resultado del proyecto. Posteriormente,
es necesario comparar las diferencias que se presentarán
en el futuro, como resultado de haber llevado a cabo el proyecto
o no, y es necesario definir el periodo en el cual se van a considerar
los cambios en productividad.
El costo de enfermedad es utilizado para cuantificar el costo
que genera la contaminación en materia de enfermedades.
Sin soslayar el importante costo social de la enfermedad, su costo
económico se basa en una función subyacente de daño,
que establece una relación entre la contaminación
y el efecto en la salud. Los costos a tomar en cuenta son: el
salario perdido a causa de la enfermedad, los costos médicos
de consultas, las visitas al hospital, las medicinas, los hospitales,
entre otros.
Los costos de reemplazar un activo productivo, dañado a
causa de un decremento en la calidad ambiental, pueden interpretarse
como el estimado del o los beneficios mínimos que se obtendrían
de programas para la protección del ambiente. El método
muestra los costos reales de reemplazo de un daño ocurrido.
Este método es útil cuando un cambio en el ambiente
implicará gastos para reemplazar un activo físico.
Métodos indirectos de mercado o de preferencias
reveladas
Los
métodos empleados con este enfoque buscan conocer las preferencias
de los individuos por aspectos ambientales, de forma indirecta
a través del análisis de mercados relacionados.
Tales son, por ejemplo, los casos del mercado inmobiliario para
identificar el valor de la calidad ambiental de un vecindario,
del mercado laboral para identificar la disposición a aceptar
un trabajo en el que se emplean sustancias tóxicas o el
mercado del transporte, para identificar las preferencias por
disfrutar de alguna belleza natural específica. Entre estos
se encuentra el método de precios hedónicos, el
de costo de viaje y el de gastos preventivos.
Método de los precios hedónicos. Se basa en que
el precio de los bienes es determinado por la valuación
subjetiva que los individuos hacen de las diversas características
que componen un bien. Por ejemplo, el valor que un individuo otorga
a una casa; está en función no sólo de la
construcción en sí, sino de su cercanía con
los servicios básicos, la calidad del aire en la zona,
o la accesibilidad a parques o a servicios de transporte, así
como otros muchos factores. De lo anterior se sigue que existe
la posibilidad de descubrir el valor que los individuos asignan
a bienes sin mercado, como la calidad ambiental.
Para comprender el método de los precios hedónicos
y para poderlo aplicar a los atributos ambientales de un proyecto
de restauración de ecosistemas, es necesario notar que
el precio de venta de un bien o servicio muestra la disposición
a pagar por el conjunto de atributos que lo conforman, incluyendo
los ambientales, y la forma en la que el agente ha decidido distribuir
su ingreso entre varias alternativas. El precio hedónico
o implícito indica la disposición a pagar por una
unidad adicional de alguno de los atributos. En equilibrio, el
precio hedónico de un atributo es igual a la disposición
a pagar por un incremento marginal de éste.
Supongamos que el deterioro de la calidad del ecosistema en una
zona de habitacional afecta el precio de estas viviendas. Una
mejora en la calidad ambiental tiende a aumentar el valor de la
vivienda, dejando los demás atributos constantes. Para
poder aislar el factor de calidad ambiental del bien multi-atributos
se recomienda seguir los siguientes pasos:
a)
Recolectar datos de precio de venta de las casas y sus características
físicas, según el estudio a realizar. Estos datos
pueden obtenerse de agencias o de bases de datos gubernamentales.
b) Definir todos los atributos relevantes para la variable dependiente
que en el caso del mercado inmobiliario, sería el precio
de venta o la renta de la propiedad. Por ejemplo, para el valor
de casas: (i) variables estructurales de la vivienda: el número
de cuartos, el área construida y del terreno, la antigüedad
de la casa, el número de baños, entre otros; (ii)
variables de las características de la zona y el acceso
a servicios públicos como: caminos, drenaje, agua, electricidad
y escuelas; (iii) variables de acceso: acceso a vías
rápidas, carreteras, distancia al centro de negocios
o centro comercial; (iv) variables de características
ambientales: ruido, contaminación, paisaje.
c) Realizar una regresión para encontrar los coeficientes
de las variables17, incluyendo el del atributo ambiental, el
cual posteriormente se usa para valuar cambios en la propia
calidad ambiental.
d) Calcular los beneficios o el cambio en los mismos, si es
necesario a través de la derivación de una curva
de demanda del atributo ambiental. Para estimar la curva de
demanda se necesita asumir ciertos supuestos en lo que se refiere
a la oferta. Una vez que la demanda ha sido estimada, es posible
calcular el excedente del consumidor y los cambios derivados
en éste por cambios en el atributo.
17Para
el lector no familiarizado con el análisis de regresión
lineal simple se le recomienda la lectura de cualquier texto
básico de econometría. Para fines de este documento,
baste saber que la regresión lineal va a encontrar qué
tanto cada uno de los atributos incluidos en la regresión
determina el precio de inmueble.
Método de costo de viaje. Este método se basa en
la variación que existe en los costos necesarios para acceder
a un determinado lugar (Hotelling, 1947)18. Es decir, los costos
en los que incurren los individuos para llegar a un sitio varían
de acuerdo con distintos factores, entre ellos, la distancia.
Algunos de los costos de viaje que pueden enfrentar los visitantes
son: el costo por desgaste del vehículo, el consumo de
gasolina, los peajes, las cuotas de entrada, entre otros. Por
lo anterior, se puede intuir que a mayor distancia a recorrer
menor será el número de visitantes. El método
de costo de viaje permite calcular la curva de demanda del bien
ambiental sin una asignación de precio. Este método
se ha utilizado para valorar sitios recreativos como parques y
lagos, calidad del agua para pesca deportiva o para nadar y observación
de fauna.
Con motivo de poder estimar la demanda por los servicios recreativos
de un ecosistema, o para poder aislar el factor de calidad ambiental
de entre los propósitos de un desplazamiento, se recomienda
seguir los siguientes pasos:
a)
Identificar el sitio a evaluar y delimitar las zonas concéntricas
según las variaciones en costo de viaje.
b) Realizar una encuesta en el sitio recreativo para determinar
el lugar de origen, la frecuencia de visitas, el costo y tiempo
de viaje, el tiempo de visita, otros motivos del viaje, atributos
ambientales del sitio y otras variables socioeconómicas.
c) Identificar viajes con múltiples propósitos
y viajes con el único propósito de ir al sitio.
d) Especificar la forma de la función matemática
que mejor describa el fenómeno y realizar una regresión
de la cantidad de visitas, contra el costo y otras variables
socioeconómicas, para estimar la demanda de visitas la
cual se expresa a través la tasa de visita.
e) Analizar el cambio potencial en la demanda si se produjera
un incremento en el costo de viaje y calcular los cambios en
el excedente del consumidor.
Método
de gastos preventivos. Los gastos que las personas realizan para
prevenir una posible afectación debido a una calidad ambiental
deficiente, aportan al investigador datos sobre lo que cada individuo
está dispuesto a pagar para evitar los daños potenciales
por la mala calidad ambiental. Estos datos representan un estimado
de la mínima cantidad que el individuo estaría dispuesto
a pagar por mejorar la calidad del ambiente. Los gastos pueden
estar sujetos a una restricción presupuestaria o puede
existir un excedente del consumidor después de haber incurrido
los gastos. Sin embargo, en algunos casos los gastos preventivos
pueden no haberse realizado exclusivamente para prevenir daños.
Este método se basa en el comportamiento de mercado observado
por lo que es más comprensible para los tomadores de decisiones.
En países en desarrollo, los gastos preventivos se encuentran
restringidos por el presupuesto.
Métodos de no mercado o de preferencias declaradas
El
método de preferencias declaradas más usual es el
método de valoración contingente, el cual ha sido
utilizado para determinar valores de uso pasivo (Mitchel y Carson
1989) y para conocer el valor de los servicios recreativos de
libre acceso de un ecosistema (véase, entre otros, Azqueta
y Perez 1996). A través del tiempo se han hecho innovaciones
teóricas respecto a la forma de hacer las preguntas, y
más recientemente sobre el tratamiento estadístico
de las respuestas (Kriström 1990; Duffield y Patterson 1991).
Entre las cuestiones más relevantes acerca de la forma
de realizar la encuesta se encuentra la determinación del
vehículo de pago y el formato de la pregunta.
18Carta
del economista Harold Hotteling al servicio de parques nacionales
de los Estados Unidos de América, citada en Dixon et al.
(1986).
En
lo que respecta al formato de pregunta existen dos posibilidades:
el formato abierto y el dicotómico. El más sencillo
de los dos es el de pregunta abierta, que consiste en preguntar
al encuestado su disposición a pagar. Sin embargo, este
formato puede generar problemas de comprensión por parte
del encuestado, por su alejamiento de situaciones reales: los
individuos se enfrentan a ofertas que deben aceptar o rechazar
(Schumann, 1996) sin estar realmente compenetrados de su significado
o de si realmente les serían apetecibles. Tal situación
se soluciona mediante formatos de pregunta dicotómicas
en las que se interroga al individuo por algún precio que
debe aceptar o rechazar. Este método presenta dos variantes:
la simple y la bi-etápica (Cameron, 1988). La variante
simple consiste en enfrentar a cada encuestado con sólo
un valor. Por su parte, la variante bi-etápica ofrece al
encuestado un segundo valor dependiendo de la respuesta a la primera
cantidad propuesta; este valor será menor cuando la primera
respuesta haya sido negativa y mayor cuando haya resultado positiva.
De acuerdo con la Administración Nacional de la Atmósfera
y el Océano del gobierno de Estados Unidos (NOAA)19, se
recomienda tener las siguientes precauciones en la elaboración
de una encuesta de valoración contingente, para la identificación
de valores pasivos relacionados con proyectos de restauración
de ecosistemas:
a)
Tipo de pregunta. Existen dos tipos de preguntas comunes en
estos casos: el monto mínimo de la compensación
que se aceptaría para aceptar un daño ambiental
o bien la disposición a pagar por disminuir la probabilidad
de un evento que dañe el ecosistema. La recomendación
es utilizar la segunda opción ya que ésta genera
resultados más conservadores, lo que aumenta la aplicabilidad
y realismo de la encuesta.
b) Vehículo de pago. El vehículo de pago habitual
es el aumento en algún tipo de impuestos para utilizar
el dinero en un programa específico para evitar alteraciones
o restaurar ecosistemas. Para su aplicación es importante
que se haga una buena descripción del programa, y que
se enfrente al encuestado a situaciones reales de lo que pasaría
con y sin el programa. Se recomienda también acompañar
el cuestionario con fotografías o cualquier otro elemento
que acerque al encuestado con la realidad.
c) Formato de la pregunta. Resulta conveniente que la pregunta
sea puesta en forma de referendo: responder sí o no a
un determinado impuesto que redujera un porcentaje del riesgo
de accidente o que asegure determinada calidad ambiental tras
un proyecto de restauración. Si bien es cierto que un
formato cerrado puede sesgar las respuestas, se apega más
a situaciones reales. Para disminuir el sesgo se recomienda
la elaboración de una pregunta adicional que aumente
o disminuya la cantidad inicial de acuerdo con el tipo de respuesta:
afirmativa o negativa, respectivamente.
d) Respuestas protesta. Conviene que las respuestas “no”
a la segunda pregunta del referendo en dos etapas, vengan seguidos
de la explicación de la respuesta, ya que algunas veces
las personas responden de esta manera no por que su valoración
sea cero, sino porque aprovechan la pregunta para manifestar
opiniones ajenas a la valoración. Casos típicos
de respuesta protesta son: que lo pague el gobierno, que paguen
más impuestos los ricos, entre otras.
19Por
sus siglas en inglés: National Ocean and Atmosphere Administration.
Se recomienda ampliamente revisar el Reporte del Panel de la
NOAA sobre Valoración Contingente (Arrow et al., 1993).
e) Temporalidad de los daños. En caso de encuestas que
se refieran a la restauración de un ecosistema después
de un accidente es recomendable dejar pasar cierto tiempo para
que la persona no esté sesgada en su respuesta (dada
la publicidad o el enojo por el accidente). Adicionalmente,
se recomienda hacer encuestas en distintos momentos del tiempo
esperando que la variable “tiempo” no modifique
los resultados ya que, de ser así, se podría sospechar
de sesgos en las respuestas.
f) Preguntas complementarias. Los cuestionarios deben ir acompañados
de preguntas complementarias que ayuden a identificar las diferencias
en las respuestas de acuerdo con diferentes factores: ingreso,
conocimiento del sito afectado, afiliación a una organización
ambientalista, distancia de su casa o trabajo al sitio afectado,
confianza en el programa planteado, entre otras.
Conclusiones
A
través la revisión de las herramientas de análisis
socioeconómico de proyectos, y de la exposición
de aplicaciones específicas para la restauración
de ecosistemas terrestres, se espera que quienes se especializan
en la restauración de ecosistemas se familiaricen con el
análisis costo beneficio (ACB). Este análisis es
sólo una aplicación de criterios utilitaristas para
la toma de decisiones. El ACB tradicional sólo incorpora
los aspectos que le interesan a los inversionistas sin tomar en
cuenta aspectos de bienestar social; sin embargo, el ACB ampliado
a la perspectiva social involucra distintos aspectos, como los
costos y beneficios ambientales, una tasa de descuento diferente
a la privada, así como otros aspectos como la redistribución
del ingreso.
Adicionalmente, con la inclusión de ejemplos específicos
sobre proyectos de restauración de ecosistemas se pudo
mostrar la importancia de factores como el tiempo, la incorporación
de costos y beneficios ambientales y la importancia de incluir
una base de comparación para la toma de decisiones. Adicionalmente,
se ejemplificó la diferencia entre los proyectos de restauración
para revertir deterioros paulatinos en el ecosistema y los proyectos
para restaurar ecosistemas que sufrieron daños de una vez
por todas. Se concluye también que en este último
caso resulta rentable acompañar los proyectos de restauración
con proyectos de compensación por hábitat equivalente.
Con lo anterior se asegura que parte de los beneficios ambientales
se empiecen a recuperar en dos zonas al mismo tiempo: el área
de compensación y el área de restauración.
Finalmente, se menciona que la incorporación de costos
y beneficios ambientales, en términos monetarios, es factible
y que para ello existen diversos métodos de valoración
económica, las cuales se suelen clasificar en métodos
directos de mercado, métodos indirectos de mercado y métodos
de no mercado.
Bibliografía
Arrow,
K.R., P.R. Solow, E.E. Portney, R. Leamer y H. Schuman. 1993.
Report of the NOAA Panel on Contingent Valuation. National Oceanic
and Atmospheric Administration, EE.UU.
Azqueta, D. 2002. Introducción a la Economía Ambiental.
Mc Graw Hill Profesional, Madrid, España.
Azqueta, D. y L. Pérez (eds.). 1996. Gestión de
espacios naturales: la demanda de servicios recreativos. McGraw
Hill, Madrid, España.
Bishop, J. y J.Allen, 1989. The On-site Costs of Soil Erosion
in Mali, Environment Working Paper No. 21. Banco Mundial, Washington,
EEUU.
Brent, R.J. 2000. Cost-Benefit Analysis for Developing Countries.
Edward Elgar Publishing Ltd, Londres, Gran Bretaña.
Burt, O.R. 1981. Farm Level Economics of Soil Conservation in
the Palouse Area of the Northwest. American Journal of Agricultural
Economics 63(1): 83-92.
Cameron, T.A., 1988. A New Paradigm for Valuing Non-market Goods
using Referendum Data: Maximum Likelihood Estimation by Censored
Logistic Regression. Journal of Environmental Economics and Management
15: 355-379.
Cooter, R.y T. Ulen, 1998, Derecho y Economía. Fondo de
Cultura Económica, México.
Chapman, D. 2004. Habitat Equivalency Analysis: overview and case
example. Stratus Consulting, EEUU.
Chichilinsky, G. 1996. An Axionamtic Approach to Sustainable Development.
Social Choice and Welfare 13(2): 219-248.
Dasgupta, A.K. y D.W. Pearce, D.W. 1972. Cost-benefit analysis:
Theory and practice. Macmillan, Londres, Gran Bretaña.
Dixon, J.A, B.T. Bower, D.E James y M. Huftschmidt. 1983. Environment,
Natural Systems and Development: An Economic Valuation Guide.
The John Hopkins University Press, Londres, Gran Bretaña.
Dixon, J.A. y M. Hufschmidt. 1986. Economic Valuation Techniques
for the Environment: A Case Study Workbook. The John Hopkins University
Press, Londres, Gran Bretaña.
Dixon, J.A., Scura, L, Carpenter, R.A. y P.B. Sherman, 1986. Economic
Analysis of Environmental Impacts. Earthscan, Londres, Gran Bretaña.
Dodge, R. 2002. Habitat Equivalency Analysis Approach for Calculating
Broward County Nearshore Mitigation Amount. Nova Southeastern
University Oceanographic Center. EEUU.
Duffield, J. y D. Patterson. 1991. Inference and Optimal Design
for a Welfare Measure in Dichotomous Choice Contingent Valuation.
Land Economics 67(2): 225-239.
EVOSTC. 2004. Consulta electrónica a la página de
Exxon Valdez Oil Spill State Commission: www.evostc.state.ak.us.
FAO. 1987. Guidelines for Economic Appraisal of Watershed Management
Projects, FAO Conservation Guide 16, Roma.
Fisher, S, R. Dornbusch y R. Schmalensee, 1990. Economía.
McGraw Hill, México.
Fontaine, E.R. 1999., Evaluación Social de Proyectos, 12ª
edición. Alfa-Omega, México.
Gaia,V. 2003. Prestige Oil Spill far Worse than Thought, New Scientist.
En www.newscientist.com.
Granger, M. y M. Henrion, 1990. Uncertainty: A guide to dealing
with uncertainty in quantitative risk and policy analysis. Cambridge
University Press, Nueva York, EEUU.
Guinatilake, H.M. y G.R. Vieth. 2000. Estimation of On-site Cost
of Soil Erosion: A Comparison of Replacement and Productivity
Change Methods. Journal of Soil and Water Conservation 55 (2):
197-204.
Hanemann M., R. Carson, R. Mitchell Robert, R. Kopp, S. Presser
y P. Ruud. 2003. Contingent Valuation Study of Lost, Passive Use
Values Resulting from the Exxon Valdez Oil Spill. Environmental
and Resource Economics 25(3): 257-286.
Lutz, E., S. Pagiola y C. Reiche. 1994. Economic and Institutional
Analyses of Soil Conservation Projects in Central America and
the Caribbean. World Bank Paper 8. Washington, EEUU.
Kriström, B. 1990. A Non-Parametric Approach to the Estimation
of Welfare Measures in Discrete Response Valuation Studies. Land
Economics 66(2): 135-139.
Markandya, A. 1991. The Economic Appraisal of Projects: The Environmental
Dimension, Inter-American Development Bank, Washington, EEUU.
Mc Intire, J. 1994. A review of the Soil Conservation Sector in
Mexico. En: E. Lutz, S. Pagiola y C. Reiche (eds.). Economic and
Institutional Analyses of Soil Conservation Projects in Central
America and the Caribbean. World Bank Paper, No. 8, Washington,
D.C., EE.UU.
Munasinghe M. y E. Lutz. 1993. Environmental Economics and Valuation
in Develpoment Decision Making. Environmental and Natural Resource
Managment in Developing Countries. Comity of International Development
Institutions on the Environment, Washington, EEUU.
NOAA. 2000. Habitat Equivalency Analysis: An Overview. National
Ocean and Atmosphere Administration, EEUU.
Pagiola, S. 1994. Cost-Benefit Analysis of Soil Conservation En:
E. Lutz, S. Pagiola y C. Reiche (eds.). Economic and Institutional
Analyses of Soil Conservation Projects in Central America and
the Caribbean. World Bank Paper, No. 8, Washington, EEUU.
Pearce, D. 1993. Economic Value and Natural World. Earthscan,
Londres, Gran Bretaña.
Penn, T. y T. Tomasi. 2002. Environmental Assessment: Calculating
Resource Restoration for an Oil Discharge in Lake Barre, Louisiana.
Environmental management 29 (5).
Schuman, H. 1996. The Sensitivity of CV Outcomes to CV Survey
Methods. En: D. Bjornstad y J. Kahn (eds.). The Contingent Valuation
of Environmental Resources. Methodological Issues and Research
Needs. Edward Elgar Publishers, Gran Bretaña.
Sung-Hoon K. y J.A. Dixon, 1986. Environmental Valuation of Environmental
Quality Aspects of Upland Agricultural Projects in Korea. En:
J.A. Dixon y M. Hufschmidt (eds.). Economic Valuation Techniques
for the Environment: A Case Study Workbook, The John Hopkins University
Press, Londres, Gran Bretaña.
Taylor, R. y D. Chapman, 2002. Equating contaminant related ecological
service losses and restoration generated service gains for the
Hylebos waterway using habitat equivalency analysis. Consultado
en:
http://beta.darp.aspensys.com/northwest/cbay/pdf/cbhy-f.pdf.
Tietemberg, T, 1984. Environmental and Natural Resource Economics.
Scott Foresman and Company, EEUU.
Turner, R.K. 1993. Sustainable Environmental Economics and Management:
Principles and Practice. Belhaven Press, Nueva York, EEUU.
Varian, 1993. Intermediate Microeconomics: A Modern Approach.
Norton and Company Inc., Nueva York, EEUU