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Las especies introducidas, ¿son benéficas o dañinas?

 

Saúl G. Segura Burciaga

Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural, Secretaría del Medio Ambiente del Gobierno del Distrito Federal

 

Introducción

 

La introducción de especies

 

Encontrar especies tanto vegetales como animales fuera de su ámbito de distribución natural es algo muy común y las razones para ello son diversas. Podemos mencionar entre otras, su conocimiento y aprovechamiento por utilidad ornamental, comestible, industrial, comercial, gubernamental e incluso científico. La mayoría de los movimientos de ejemplares de especies hacia regiones nuevas , generalmente se ha hecho tomando en cuenta únicamente los beneficios para las poblaciones humanas, sin considerar sus posibles efectos ecológicos adversos. Si bien durante los últimos cinco siglos en que ha ocurrido esto, no se tenía idea de sus efectos negativos, sin embargo, desde la segunda mitad del siglo pasado el conocimiento ecológico, debe servir para no continuar cometiendo los mismos errores del pasado en perjuicio de los recursos naturales, particularmente la biodiversidad.

Para abordar y discutir este amplio tema, se partirá del análisis de la flora ya que existe mayor información que sobre casos de fauna, y porque el número de especies de plantas introducidas a las diferentes comunidades naturales es un orden de magnitud mayor al de los animales introducidos (Macdonald et al., 1989). Otra razón para esto es que las restauraciones de ecosistemas se basan en el restablecimiento de una cobertura vegetal compuesta por individuos de especies nativas que resistan y mejoren las condiciones del área perturbada y posteriormente propicie el regreso de la fauna nativa que haya emigrado o muerto previamente.

El transporte de especies vegetales utilizadas por el hombre hacia zonas fuera de su distribución natural se ha incrementado con el mejoramiento de las comunicaciones entre las diferentes regiones del mundo (Harper, 1977). Este fenómeno de dispersión artificial, así como algunos de sus efectos básicos, han sido observados y documentados desde el siglo XIX (Darwin, 1859, en Harper, 1977).

En América, así como en otras partes del mundo, las invasiones humanas provenientes principalmente de Europa, estuvieron acompañadas por especies comestibles y ornamentales domesticadas en ese continente (Heywood, 1989). A su vez, muchas de las especies que en el continente europeo eran utilizadas para diversos fines provenían de Asia o de África. Ejemplos de ello son los cítricos, los cerdos y las gallinas, originarias de Asia; el café y la sávila de África. Esto ha dado como consecuencia que se encuentre una gran cantidad de especies nativas de Europa mediterránea en Norteamérica y Australia (Harper, 1977). Existen varios ejemplos de esto: en Nueva Zelanda, más de un tercio de la flora está compuesta por especies introducidas por los invasores europeos (Good, 1974, en Harper, 1977); en Sudamérica también existe una gran cantidad de flora de origen europeo que actualmente cubre miles de kilómetros cuadrados en regiones como los llanos de La Plata, Argentina (Darwin, 1859, en Harper, 1977).

Por otro lado aunque en algunos casos el porcentaje de especies de plantas introducidas en una comunidad no sea muy alto, su abundancia o dominancia sí lo es: por ejemplo, en el Parque Nacional Channel Islands, a 70 km de la costa californiana de EE.UU., 23% de las plantas estudiadas fueron introducidas, pero la cobertura que ocupan en conjunto llega al 70% (Loope et al., 1988). Otro ejemplo, se encuentra en los bordes del matorral xerófilo de la Reserva Ecológica El Pedregal de San Ángel, en la Ciudad de México, donde las copas de los árboles de una sola especie introducida en el área, Eucalyptus aff. resinifera, representa alrededor del 20% de las especies introducidas, pero al proyectarse verticalmente hasta el suelo cubren en promedio 75% de las áreas donde se encuentran (Segura-Burciaga, 1995).

 

La naturalización de especies

Existen muchos casos de introducciones de especies vegetales en los que una población se naturaliza, es decir, se integra a la comunidad y al funcionamiento natural del ecosistema al que fue introducida. Esto puede darse por interacción con especies animales nativas (por ejemplo, que sirvan de alimento a especies generalistas), por reproducirse en forma silvestre, porque no causan cambios notables en las propiedades emergentes de la comunidad vegetal (composición, estructura o fisonomía) o por que no alteren notoriamente el funcionamiento natural de un ecosistema. Un ejemplo es la especie Cotoneaster pannosa, que se ha citado como nativa del suroeste de China (Rzedowski y Calderón de Rzedowski, 2001) y se le encuentra en forma silvestre y en una densidad similar a la de otros arbustos en bosques de encinos de la Cuenca de México.

El tiempo dificulta la distinción entre las especies nativas de las no nativas, ya que cuanto más antigua sea la llegada de la especie alóctona (de origen ajeno al ecosistema), mayor será su oportunidad de naturalizarse y confundirse con las especies autóctonas (originarias del ecosistema), al formar poblaciones silvestres debido a que se disperse por anemocoria (viento) o por zoocoria (por animales). En este último caso, cuando se trate de endozoocoria se trataría de una naturalización ya que si este hecho es frecuente y estable, formaría una interacción con alguna o varias especies nativas. Esto ocurrió en la Cuenca de México, donde en el siglo XVI se introdujo la especie Schinus molle, proveniente del Perú (por lo cual los nativos lo llamaron “Árbol del pirú”) (Alzate y Ramírez, 1791) cuyos frutos han sido ingeridos por aves nativas, como Bombycilla cedrorum (chinito) y Turdus migratorius (primaveras) entre otras, las cuales han dispersado ampliamente sus semillas por el centro del país (Corkidi et al., 1991).

Con base en estudios de varios casos, se calcula que después de alrededor de 1,000 años a partir de la llegada de una especie nueva a una comunidad en la que no había estado antes, es prácticamente indistinguible de las originadas en esa región (Usher, 1988). Por razones como ésta, casi en todas las comunidades vegetales existen especies cuyo origen no se ha podido determinar y a las cuales se les denomina “criptogénicas” (Carlton, 1996).

 

Las invasiones vegetales

A diferencia de la naturalización, algunas especies pueden invadir y llegar a desplazar o excluir competitivamente a algunas especies nativas (Begon et al., 1986) y obstaculizar o eliminar su reclutamiento para posteriormente convertirse en dominantes en la comunidad causando cambios notables a todos los niveles (Vitousek, 1986; Macdonald et al., 1989). Al nivel de comunidad, los cambios pueden presentarse en términos de fisonomía, estructura, composición y distribución de las especies. A nivel de ecosistema, la invasión de una especie vegetal puede acelerar el empobrecimiento o la erosión del suelo, alterar los ciclos hídrológicos y biogeoquímicos, las tasas de descomposición, el desarrollo de los suelos y su productividad, la circulación de nutrimentos y de energía, así como acelerar la frecuencia de los disturbios (Vitousek, 1986; Usher, 1988; Macdonald et al., 1989). En casos extremos, pueden ocurrir invasiones que den lugar, entre otras consecuencias, a una disminución de la diversidad florística natural de un área y por lo tanto de su fauna asociada.

El estudio de las áreas protegidas por la restricción que imponen a las actividades humanas en ellas, puede ser muy útil para coconer el proceso de invasión y obtener una aproximación a la magnitud de este problema a nivel global, ya que en los ecosistemas no protegidos, el problema de introducción de especies debe ser mayor. Usher (1988) encontró que para cada una de 24 reservas ecológicas estudiadas en todo el mundo, hay por lo menos una especie animal y varias de plantas vasculares introducidas. En el sistema de parques nacionales de los Estados Unidos, la flora introducida representa entre 6 y 64% del total de especies (Loope, 1992). En este contexto, llama la atención que el número de especies de plantas introducidas a las diferentes comunidades naturales es un orden de magnitud mayor que el de animales (Macdonald et al., 1989).

Para tratar de entender las invasiones biológicas ya consumadas o en proceso, se propone que se estudien por separado las características de las dos partes que intervienen: 1) la biología y ecología de las especies introducidas y 2) los atributos y propiedades de las comunidades o ecosistemas receptores. Después de estudiar de esta manera varios casos, se puede tratar de encontrar las características similares entre las especies invasoras y también entre las comunidades o ecosistemas invadidos, así como conocer cuáles son los factores que intervienen en cada caso y los patrones de las invasiones.

Por otra parte, para tratar de prevenir una posible invasión, lo mejor es no introducir especies no nativas al ecosistema que se pretenda restaurar. Sin embargo, bajo situaciones extremas de deterioro o destrucción de un ecosistema, puede ser posible que se requiera el uso temporal de alguna especie exótica con características que ayuden al proceso de restauración; en tales casos cuando se contemple esta posibilidad, deben analizarse cuidadosamente las características de la especie introducida y compararlas con las de las especies que han probado ser invasoras, y también las de la comunidad o ecosistema receptor y compararlas con las de las comunidades o ecosistemas con mayor susceptibilidad a ser invadidos. Finalmente, estos resultados deben integrarse para intentar predecir el riesgo y los probables destinos de una introducción de cualquier grupo de organismos.

Las características propias de la especie introducida (autoecológicas) que se deben estudiar según lo propuesto, son: i) los atributos o rasgos de historia de vida que muestran en todas sus etapas, desde su germinación y establecimiento, hasta llegar a la madurez, así como el ámbito de condiciones que requieren en cada una de dichas etapas; ii) sus requerimientos ambientales; iii) su capacidad para explotar los recursos inaccesibles o poco accesibles para las especies nativas, y con ello reducir la disponibilidad de los recursos comunes, o para aprovecharlos mejor que las nativas (esto es determinante para tratar de anticipar el tamaño, amplitud y forma de la distribución que pueda alcanzar su población en el futuro); también se deben considerar iv) la abundancia inicial y v) la distribución espacial inicial de los organismos introducidos. En cuanto a las características de la comunidad receptora (sinecológicas), se deben tomar en cuenta i) la etapa sucesional en la que se encuentra, ii) su estructura y composición (relacionadas con su resistencia y resilencia), iii) las condiciones fisicoquímicas y climáticas y también iv) su grado de perturbación, principalmente en las zonas de introducción de los individuos ajenos (Segura-Burciaga, 1995).

Otro factor a considerar para prevenir posibles consecuencias adversas en el ecosistema, es un aparente efecto químico, llamado alelopatía, cuyo resultado principal es una supresión de especies vecinas y que se le atribuye a algunas sustancias liberadas por las estructuras de la planta; este tema ha sido discutido y analizado sin perder de vista la competencia por recursos como explicación alternativa (Espinosa-García, 1996).

A partir de estudios e intercambios de información sobre las invasiones biológicas a nivel global, se han hecho algunas clasificaciones de especies invasoras. Existen clasificaciones generales que incorporan a todos los grupos de seres vivos o también clasificaciones particulares para grupos de organismos (por ejemplo, para árboles, mamíferos, etc.) Como se explicará más adelante, si no se tiene información de la biología de la especie que en un momento dado se contemple o pretenda introducir a determinada región, es muy útil revisar dichas clasificaciones para contar con una primera idea de lo que puede ocurrir. En esta parte vale la pena mencionar que para llevar a cabo acciones de restauración ecológica o una simple reforestación, es necesario la planificación sea interdisciplinaria y donde intervengan biólogos o ecólogos con conocimientos del tema.

Las clasificaciones de especies invasoras pueden dar una primera idea para tomar precauciones especiales, o inclusive hasta llegar a descartarlas para algún proyecto en particular; sin embargo, como ya se mencionó, una posible invasión depende tanto de las características de las especies a introducir como las de de la comunidad o ecosistema receptor. También se puede tomar en cuenta el origen de las especies, ya que se ha observado que algunas especies del hemisferio norte invaden regiones del hemisferio sur, como Pinus radiata que invade bosques de Eucalyptus en Australia, o varias especies de eucaliptos que invaden o prosperan en varias regiones del hemisferio norte, como ha ocurrido en México y España (ICONA, 1984).

 

El manejo de las especies introducidas

 

Situación en México

En México en general se ha sobreutilizado un grupo relativamente reducido de especies vegetales tanto para uso ornamental como para reforestaciones, ya sea en zonas urbanas o rurales con el agravante de que la mayoría no son nativas. Este legado histórico resultado del desconocimiento de lo que hoy se llama ecología y hoy evidencia los errores que se volvieron costumbres y que deben debe reevaluarse y corregirse para conservar la biodiversidad de cada región.

Prácticamente en cualquier lugar del país se introducen indiscriminadamente especies de diferentes orígenes biogeográficos y requerimientos ambientales, varias de ellas en forma masiva durante las campañas de reforestación, muchas veces con propósitos más de forma que de fondo. Como se apuntó anteriormente, en un extremo, encontramos algunas especies que no logran adaptarse al nuevo ambiente y no se desarrollan adecuadamente, por lo que demandan mayores recursos para sobrevivir y desarrollarse exitosamente. En el otro extremo, algunas se desarrollan tan bien en las nuevas condiciones que pueden establecerse en forma silvestre y llegar a desplazar a algunas plantas nativas de la región de introducción, al excluirlas por competencia interespecífica.

Esta sobreutilización de algunas especies vegetales, de amplio manejo entre los reforestadores por su facilidad de propagación (v. gr. Cupressus lusitanica) o su crecimiento rápido (v. gr. Eucalyptus spp.) son alóctonas o exógenas lo que causa varios problemas ecológicos. El principal es que da lugar a una tendencia a homogeneizar la composición de las áreas verdes, antes naturales, de todo el país, con la consecuente disminución o pérdida de la riqueza florística natural local, lo que se puede reflejar a nivel regional por la frecuencia en que esto ocurre a nivel de localidad. Por ejemplo, la mayoría de las áreas verdes urbanas han sido establecidas con la idea de imitar fisonomías de vegetaciones de otras partes del planeta y también de atender gustos personales; lamentablemente ambas cosas son resultado de la falta de conocimientos tanto de los funcionarios como de los técnicos responsable de las plantaciones, sobre la riqueza florística, la fisiología vegetal, la ecología y aún de la fisonomía natural de cada región o localidad. Es necesario formar grupos multidisciplinarios para que los ecólogos aporten a este tema y haya un mejoramiento en las acciones encaminadas a la conservación de la biodiversidad.
Ejemplos de lo anterior son el amplio uso de especies de origen australiano en las plantaciones en zonas urbanas con individuos de especies de los géneros Eucalyptus, Acacia, Grevillea y Casuarina. Pueden detectarse las modas según épocas de plantaciones; por ejemplo, actualmente se utiliza muy ampliamente especies asiáticas como Ficus benjamina, F. retusa, y hacia la mitad del siglo pasado también se plantaron muchos individuos de otra especie de este mismo género: F. elastica (hule) y también ha sido común desde entonces utilizar plantas del género Ligustrum (trueno o troeno). Basta ver las edades y tamaños de dichas plantas para corroborar esto.

En 1990 Jerzy y Graciela Rzedowski publicaron una nota para llamar la atención sobre el notable incremento de plantas de especies de origen africano que hallaron en México de manera silvestre. Dichos autores comentan que las especies introducidas durante los siglos XVI, XVII y XVIII son, en su mayoría, de origen mediterráneo por el intercambio dado por la colonización española; mientras que durante el siglo XX, destaca un creciente número de especies de origen africano, gramíneas en su mayoría. Entre éstas se encuentran Pennisetum clandestinum (pasto kikuyo) y Rynchelytrum repens y también de otras familias con características malezoides, como las muy extendidas Ricinus communis (ricino) o Nicotiana glauca (tabaquillo).

En general, para el caso de las especies introducidas, debe prestarse especial atención a su capacidad y por ello, la probabilidad de invadir y desplazar especies nativas. En un estudio llevado a cabo en la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México, se realizó un inventario de sus árboles y arbustos y se encontró que 49.5% de las especies no son mexicanas. En cuanto a la abundancia de individuos, 76% corresponde a especies introducidas y únicamente 24% a especies nativas (Terrazas et. al., 1996). Cabe aclarar que el término “nativas” se refiere a plantas de alguna región de México, no exactamente del matorral xerófilo, del cual solamente se encontraron individuos aislados de la especie arbórea Buddleia cordata (tepozán) en zonas donde quedaron como remanentes.

Ante esto se puso en marcha un programa de reemplazo de flora exótica por flora nativa, particularmente de eucaliptos, que inició en 1994 y concluyó en el año 2000 y en el se aprovechó mucha de la flora nativa del pedregal y otras partes de México. Con las especies silvestres usadas se han ahorrado recursos, tanto humanos como materiales, porque además de no requerir mantenimiento como las plantas exóticas ornamentales, al mismo tiempo de valoraban los beneficios tanto ecológicos como de paisaje de las plantas de especies nativas. Ésta fue una experiencia pionera en nuestro país.

Para conocer la magnitud de las invasiones vegetales y sus efectos se necesita hacer un inventario actualizado y detallado de la composición de especies de todo el país, tanto de las áreas rurales como urbanas. Existen esfuerzos con resultados como el mencionado de la Ciudad Universitaria (1996) y el de la Ciudad de México (2003); sin embargo, se requiere mayor información y un control estricto del uso de especies no nativas e incluso de las mismas especies mexicanas que se plantan en cualquier parte del país aunque sean de regiones diferentes.

Dado que México es uno de los países megadiversos del mundo, posee muchas especies autóctonas y endémicas que pueden ser aprovechadas como ornamentales y que son desconocidas por la mayoría de la población, además aparte del interés científico respecto de la conservación de la biodiversidad.

 

La restauración con flora nativa o introducida

Las restauraciones ecológicas o cualquier acción que tenga que ver con alguno de los conceptos relacionados (mitigación, remediación, rehabilitación, etc.) que se lleve a cabo mejorar o recuperar zonas perturbadas, requiere conocimientos tanto de las condiciones fisicoquímicas de la zona afectada como de la fisiología de las especies que puedan sobrevivir en condiciones degradadas y mejorarlas. Por razones de conservación de biodiversidad es obvio que se debe buscar o preferir la utilización de especies nativas, particularmente de la propia región en la que se implementen los trabajos de restauración. Sin embargo, existen algunas especies no nativas que pueden ayudar en alguna de las etapas de la recuperación del ecosistema (o fragmento de él) que haya sido alterado. Para esto, tales especies no nativas se deben seleccionar con base en el criterio de que no presenten características que permitan suponer que pueden invadir a algún tipo o tipos de vegetación del ecosistema alterado. Si no se tiene información suficiente de las características fisiológicas y autoecológicas de una especie en particular, se puede recurrir a clasificaciones que ya existen de las especies más conocidas como invasoras.

Las especies no nativas o afines que pueden ayudar a recuperar un ecosistema perturbado deben tener características similares de forma y requerimientos ambientales que correspondan a las condiciones que se presentan en la zona a restaurar. Con esto, además de recuperar algunas especies de la composición y la fisonomía originales, también aumentan sus probabilidades de sobrevivencia y disminuyen los recursos de mantenimiento, tanto en horas hombre como en insumos y recursos naturales. Es importante hacer notar que, el uso de especies no nativas, que no sean invasoras debería considerarse solamente cuando no haya otra alternativa y exclusivamente durante una etapa de recuperación, siempre con la perspectiva de sustituirlas por las especies nativas una vez estabilizados los procesos de los ecosistemas en restauración.

Algunos ejemplos de especies no nativas de México que pueden ayudar a restauraciones ecológicas se describen en Carlos Vázquez y colaboradores, en la cual se explican las características de cada especie, así como las condiciones en que se pueden desarrollar y las razones o ventajas por las que fueron seleccionadas, particularmente por su resistencia a condiciones y recursos degradados, por su capacidad para ayudar en el mejoramiento de dichas condiciones y por la falta de registros que pudieran hacernos suponer que presentan características invasoras.

Otro aspecto importante en la selección que se haga de las especies es que la combinación que se pretenda lograr entre las nativas y no nativas debe ser adecuado en cuanto a los requerimientos, para obtener un sistema autosuficiente, esto es, que no requiera la aplicación de insumos ni la inversión de recursos humanos ni materiales para mantenerse y que asegure un proceso continuo de mejoramiento de las condiciones generales, entre ellas, el nivel de biodiversidad natural. Con ello, se proporcionarían servicios ambientales que se habían disminuido o perdido con el ecosistema perturbado o destruido.

 

Conclusiones

 

Las introducciones de especies (de todos los grupos de seres vivos) se han hecho con base en beneficios humanos y en general han seguido el mismo patrón geopolítico-histórico de las invasiones o colonizaciones humanas. Sin embargo, desde el punto de vista ecosistémico global las introducciones de especies no nativas han provocado varias alteraciones en muchos ecosistemas del mundo, siendo el más notorio, la pérdida de biodiversidad. Para no continuar con esta perturbación tan intensa y amplia, es indispensable conocer la biología de las especies que se vayan a manejar en cada uno de ellos con cualquier finalidad, ya sea de producción (plantaciones comerciales), restauración, protección (barreras rompevientos) o inclusive de ornamento.

Es muy importante resaltar que una de las políticas y líneas de acción a seguir es la conservación de la biota nativa de las diferentes regiones, ecosistemas o unidades ambientales; esto se puede constatar en el rubro forestal que es quizá el más crítico y en donde se le está dando una importancia creciente (aunque aún no suficiente) a las especies arbóreas y arbustivas autóctonas o nativas mediante su producción masiva en viveros gubernamentales con el objetivo de restablecer poblaciones en las zonas de donde fueron eliminadas por talas o incendios o algún otro tipo de disturbio. Estas acciones se pueden considerar como restauraciones ecológicas a gran escala y es algo que comenzó con la administración federal anterior con el Programa Nacional de Reforestación (Pronare) que ha propagado alrededor de 400 especies de plantas nativas de diferentes regiones del país. En este mismo sentido, es pertinente mencionar el impulso dado por el gobierno del Distrito Federal, particularmente desde el año 2001, a la propagación de mayor número de especies nativas y también de individuos de cada una de ellas, propias de los tipos de vegetación natural de las diferentes zonas de esta entidad para establecerlos tanto en el llamado suelo de conservación como en el suelo urbano.

Estas acciones son de suma importancia para recuperar en lo posible la biodiversidad perdida y también para que esta vegetación proporcione servicios ambientales como la absorción de dióxido de carbono que se encuentra en la biosfera y que es uno de los responsables del calentamiento de la atmósfera y del cambio climático global.

 

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Última Actualización: 15/11/2007