Los
pinnípedos de Isla Guadalupe
Juan
Pablo Gallo Reynoso, Burney J. Le Boeuf,
Ana Luisa Figueroa Carranza y Martín Octavio Maravilla
Chávez
“Mi
cabaña estaba compuesta por rocas, a excepción del
techo que estaba formado por pieles de elefante marino, (que fueron)
perfectamente cosidas cuando estaban verdes (podridas). La puerta
era una piedra plana y grande, la cual podía mover a mi
gusto. Mi mobiliario consistía en una mesa de piedra de
aproximadamente dos pies cuadrados, la cual se proyectaba (salía)
de un lado de la pared que permitía que sobre ella estuviera
una lámpara, una pequeña taza, dos grandes conchas
de mejillón que servían de cucharas y una jarra
de “agua honesta” tan fría como el hielo. Mi
asiento eran dos puntos (vértebras) de la columna (vertebral)
de una ballena, mi cama se encontraba en un pequeño lugar
vacante en la parte de atrás, (cubierta) principalmente
por pieles, una sábana y un tapete (estera) de las islas
Sándwich. En las aberturas entre las rocas existía
(metidas) una gran variedad de pieles, y del techo colgaba una
piel de un tiburón espinoso (Squalus acanthias), disecada.
De esta manera enseñaba de qué parte soplaba el
viento tan exacta como una brújula. Algunos volúmenes
de Shakespear en la pared. Tantas cosas para mi ermitañés”.
Entrada
al diario de Lewis Collidge, del barco Amethyst, que viajaba de
Boston a la Isla Guadalupe en 1806 para obtener pieles de lobos
finos obtuvieron junto con el barco Triumph de New Haven, 35,000
lobos finos de Guadalupe. Esta isla era considerada la peor de
todas debido a la escasez de agua dulce “limpia” (Busch,
1985). La cabaña a la que hace referencia aún existe
en la zona llamada “Corralitos” (Los Corrales o Sealers
Ruins) en la costa sureste de Isla Guadalupe (figura 1).
Figura
1

Nombres
de las diferentes localidades, puntas y otras características
geográficas de la Isla de Guadalupe, como la gran caldera
en la zona noreste coronada por el Monte Augusta (1,370 m) y la
zona central coronada por el Monte Esther (1,200 m)
Introducción
Isla
Guadalupe es la posesión más occidental de México,
localizada a 240 km al suroeste de Ensenada, Baja California,
tiene un especial interés para los investigadores de pinnípedos.
Durante el siglo XIX fue el último reducto para la sobrevivencia
del lobo fino de Guadalupe, Arctocephalus townsendi, y para el
elefante marino del norte, Mirounga angustirostris, allí
escaparon de los cazadores de focas que los buscaban por su piel
y por su grasa a lo largo de la costa de California y hacia el
sur, siguiendo la península de Baja California y sus islas.
Debido en parte a su aislamiento, a sus prolongadas ausencias
de la isla por migraciones alimenticias y a la ruda e inaccesible
costa de la isla, algunos individuos sobrevivieron durante la
última parte del siglo XIX, el nadir de la historia de
cada una de estas especies (Hubbs, 1956; Townsend, 1912). Todos
los individuos que existen hoy son descendientes de los sobrevivientes
de esas poblaciones (Bartholomew y Hubbs, 1960).
El propósito de este capítulo es el de poner al
día la historia y el estado actual de conservación
de las tres poblaciones de pinnípedos que actualmente se
reproducen en Isla Guadalupe, el elefante marino del norte, el
lobo fino de Guadalupe y el lobo marino de California (Zalophus
californianus). Presentamos los resultados de censos y observaciones
sobre el tamaño de las poblaciones y la distribución
de cada especie registradas por nosotros, nuestros colegas y estudiantes
en varias visitas a la isla en un periodo de 33 años (1968-2003).
Excepto por los conteos de lobos finos de Fleischer (1978), de
Seagars (1984) y de Torres (1991), los censos presentados aquí
son los únicos realizados en la isla durante ese tiempo.
El
área de estudio
Isla
Guadalupe (29°00' N, 118°26’ W) es un volcán
de basalto y andesita del Cenozoico Superior que no está
extinto (Johnson, 1953; Krause, 1961); también descrito
como un alzamiento de la corteza terrestre por vulcanismo desde
el fondo oceánico, según Doyle y Gorsline (1977).
Su edad se ha calculado en cerca de diez millones de años
y la isla es en sí un conjunto de dos escudos volcánicos,
siendo el del norte el más joven (aproximadamente siete
millones de años). La isla es entonces, una montaña
marina ubicada sobre el eje y el borde de una cresta oceánica
fósil (Batiza, 1977). Los fósiles que se han encontrado
su posición sureste corresponden a aves, pardela mexicana,
Puffinus opisthomelas, y mérgulo de Xantus Synthliboramphus
(Endomychura) hypoleuca y a corales tropicales del género
Pocillopora, que tienen una edad de 110,000 a 130,000 años
(Hubbs y Jehl, 1976).
Una breve descripción muestra que es poco similar a otras
islas en donde viven los elefantes, lobos finos y lobos marinos.
Resulta ser la punta de un pico volcánico de 4,800 m, rodeado
en todas partes por profundidades de 3,600 m o más. Tiene
35 km de longitud y su ancho va de 6.5 a 9.5 km es un contraste
de grandes y pequeños cráteres, grandes bloques
de roca ígnea deslavada y de suaves y redondeadas colinas
con forma de domos, lo que su apariencia agreste y desolada. En
la punta norte, la costa noreste está dominada por una
gran caldera que abarca desde Campo Norte hasta la región
llamada Dos Arroyos, compuesta por empinados cantiles y paredones
formados por varias capas de rocas ígneas, que bajan precipitadamente
hacia el mar desde el estrecho parteaguas en donde se ubica el
Monte Augusta (1,370 m), casi permanentemente cubierta de neblina,
al igual que la porción media–norteña de la
isla. Esta parte noreste, baja a la meseta o valle del aguaje,
en donde nace el arroyo que desciende hasta la zona de Dos Arroyos,
en el arroyo que desemboca en el norte. La parte central de la
isla es una meseta de suelos de origen volcánico y conos
de ceniza color canela, los que aumentan hacia la punta sur. El
Monte Esther es el segundo pico en altura (1,200 m) y se ubica
en la porción media de este territorio, descendiendo abruptamente
en grandes deslaves y acantilados de más de 300 m, hacia
la caleta del oeste. En la porción sur se encuentra la
Caleta Melpómene, rodeada de grandes bloques de piedra
volcánica y acantilados que alcanzan los 100 m de altura.
En esta zona se encuentran dos islotes afuera de la costa sur.
El Islote Toro o Isla de Adentro, es una roca maciza y redondeada
de 225 m de altura. El Islote Zapato o Isla de Afuera, que se
localiza a 3.2 km desde la costa, es un cráter volcánico
en forma de copa o zapato cuyo borde suroeste es una pared de
roca de 201 m de altura y cuya parte superior se encuentra volada
sobre el mar (figura 1).
La isla no posee una plataforma costera a su alrededor, a excepción
de la punta sur donde existe una plataforma de 4 km de ancho y
200 m de profundidad que corre de la Punta Sur a la Caleta Melpómene,
entre Isla Guadalupe, Islote Toro e Islote Zapato, en donde la
profundidad se incrementa abruptamente hacia el sur. La fisiografía
de la zona costera está compuesta por rocas basálticas
sueltas y bloques, diques de lava y acantilados (Pierson, 1987).
La profundidad es mayor desde la costa con un talud de 70°
de inclinación promedio hasta llegar al piso oceánico
a los 3,658 m (2,000 brazas) de profundidad (obtenido de la figura
5 de Krause, 1961).
Guadalupe se encuentra orientada norte–sur y actúa
como una barrera contra la Corriente de California, por lo que
produce una serie de corrientes ascendentes o surgencias y remolinos
en diferentes áreas de la isla, aportando aguas frías
y ricas en nutrientes. Al conjuntarse éstas con los vientos
dominantes del noroeste (Berdegué, 1957b), se producen
remolinos y corrientes de chorro que afectan la superficie del
mar, provocando lo que los pescadores llaman “contraste”,
que es el oleaje producido por las corrientes contrarias en diferentes
puntas de la isla. La temperatura superficial del mar en la costa,
fluctúa entre 17° y 20° C, bajando a 15° C
en febrero–marzo durante el invierno y aumentando a 21°-22°
C en septiembre–octubre durante el verano. Otros registros
indicaron 16.1° C en abril de 1925 y 18°–18.8°
C en diciembre de 1949 (Stewart y Stewart, 1984). La temperatura
promedio superficial del mar es de 18° C (rango: 16° C
en primavera, 20° C en verano Lynn y Simpson, 1987. Las mareas
son semidiurnas y presentan una amplitud de casi 3 metros durante
los meses de invierno (Stewart y Stewart, 1984).
Nombres
locales
Existe
una gran variedad de nombres locales para las características
naturales de la isla y como legado de la visita de numerosos exploradores,
cazadores de focas, balleneros, así como de expediciones
militares, pescadores y naturalistas. Algunos de ellos son de
uso común entre los pescadores de langosta y abulón,
y muchas veces resultan desconocidos para los demás. Se
dieron nombres a otros lugares por la función especial
de marcar un sitio de importancia para los estudios de pinnípedos.
Los nombres utilizados en este manuscrito son similares a los
empleados por otros investigadores y naturalistas (Berdegué,
1957b; Peterson et al., 1968) y se muestran en la figura 1.
El hábitat de los pinnípedos
La
costa donde residen los pinnípedos es escabrosa, compuesta
de numerosas caletas, entradas escondidas, hoyos, hendiduras,
cuevas, tubos de lava, diques de basalto, acantilados verticales,
playas estrechas de canto rodado, y dos largas y anchas playas
de arena gris-negra. El lado oeste de la isla es desértico
y virtualmente inaccesible (a excepción de la Caleta del
Oeste), al igual que el lado norte, debido al constante golpeteo
del viento y del oleaje que viene sin obstáculos del océano
Pacífico. El lado oriental es casi tan abrupto como el
occidental, pero el mar es más tranquilo, protegido de
los vientos y oleajes dominantes del noroeste por la cordillera
montañosa que recorre la isla (Berdegué, 1957b).
Una
historia de cada especie
El
elefante marino del norte (Mirounga angustirostris)
El
crecimiento de la población de elefante marino en Isla
Guadalupe, después de su cercana extinción durante
la década de los 1880, fue muy lento durante las primeras
décadas del siglo pasado (Huey, 1930). Aún así,
en 1948 se contaron 2,891 elefantes distribuidos en todas las
playas ocupables alrededor de la isla (Fitch y Wilson, 1949),
mismas en donde la reproducción continúa hoy en
día (figura 2 y figura 3). Durante la década de
los 1950, las estimaciones del número mínimo de
animales en la isla pasó de 7,049 en enero-febrero de 1950
a 13,860 elefantes en enero de 1960 (Bartholomew y Hubbs, 1952,
1960). Al final de enero de 1965, Rice, Kenyon y Lluch (1965)
estimaron una población en la isla de 10,389 individuos,
basado en un conteo de 6,671 elefantes marinos, con un estimado
de 3,668 crías. Estos autores concluyeron a partir de este
conteo que la población de elefantes marinos en Isla Guadalupe
alcanzó su pico poblacional para 1960 y detuvo su crecimiento.
Mientras tanto, a partir de los años 1930 la colonia era
lo suficientemente grande como para empezar a enviar emigrantes,
y de esta manera, varias islas en México y California comenzaron
a ser colonizadas (Le Boeuf, 1977a). Nuestros censos destacan
la estabilidad de la población en los últimos 30
años. Hoy, el tamaño de la población mundial
de elefantes marinos del norte excede los 127,000 individuos con
un incremento anual del 6% y se reproducen en 17 colonias desde
Isla Natividad en Baja California Sur, México, y desde
Isla San Clemente, hasta Punta Reyes y las islas Los Farallones
en California central (Le Boeuf, 1981; Stewart et al., 1994),
y últimamente en la costa aledaña a Piedras Blancas,
California y una colonia en la costa de Oregon (Le Boeuf, comunicación
personal, 2004).
Figura
2

Crecimiento
de la población de elefante marino en el período
de 111 años en la isla de Guadalupe. El crecimiento comienza
lento y adquiere una mayor velocidad para la década de
los 70 s’, cuando la especie empieza a crear colonias en
otras islas de Baja California, México y de California
en los Estados Unidos. A partir de 1960 el crecimiento es nulo
ya que la población en la Isla de Guadalupe ha alcanzado
su capacidad de carga
El lobo fino de Guadalupe (Arctocephalus townsendi)
Las
capturas de lobos finos reportadas en islas mexicanas van desde
35,000 lobos finos de Guadalupe obtenidos por los barcos Amethyst
de Boston y el Triumph de New Haven en 1806 (Busch, 1985). 8,338
pieles en 1806 conseguidas en Isla Cedros, Islas Benitos e Isla
Guadalupe (Townsend, 1924), 3,000 pieles en 1807 entre Isla Guadalupe
e Isla Socorro (Belcher, 1837 en Townsend, 1924; Hamilton, 1951),
Morrel (1832 en Townsend, 1899) obtuvo 400 pieles tan sólo
en la pequeña Isla San Martín. En el periodo de
1831 a 1881 Hubbs (1956a) reporta una masiva cacería perpetrada
por los cazadores de focas de Nueva Inglaterra, visitando Isla
Guadalupe. Townsend (1924) reporta que 5,575 lobos finos de Guadalupe
fueron obtenidos en Isla Guadalupe en islas San Benito en el periodo
de 1876 a 1894. Sin duda estas pocas citas a las que habría
que sumarle los adultos y crías sacrificados (Townsend,
1899), nos dan una idea de la captura indiscriminada que sufrió
la especie.
La recuperación del lobo fino de Guadalupe ha sido más
lenta que la del elefante marino. Después que Townsend
(1899) vio siete lobos finos en Isla Guadalupe en 1892 y reporta
que en 1894 un barco comercial obtuvo 15 individuos, Thoburn (1899)
no encuentra ninguno aunque un residente de la isla le dice que
quedan unos cuantos. Merriam (1897) describe a la especie a partir
de los cráneos colectados por Townsend en 1892. Treinta
años después, en 1926, dos pescadores de San Diego
reportaron un grupo de entre 35 a 60 individuos en la costa este
de la isla (Huey, 1930; Townsend, 1931). En 1928, tras una disputa
sobre el precio de dos individuos entregados al zoológico
de San Diego (Wedgeforth, 1928), uno de los pescadores regresó
a la isla y sacrificó a la mayoría de los animales
que encontró y emprendió un viaje a Panamá
para vender las pieles (Hubbs, 1956). Este parece ser un segundo
cuello de botella genético para la especie y probablemente
causó un retraso adicional en su recuperación.
El lobo fino de Guadalupe dejó de ser observado, desapareciendo
durante los siguientes 20 años (de 1928 a 1949) a excepción
de una posible observación en Piedras Blancas (Bonnot,
Clark y Hatton, 1938). Bartholomew (1950) vió en repetidas
ocasiones a un macho de lobo fino de Guadalupe en la costa oeste
de la Isla San Nicolás de mayo a julio de 1949, justo en
la temporada de reproducción. Esto llevó a realizar
una renovada búsqueda de la especie en Isla Guadalupe.
En noviembre de 1954, C. Hubbs contó "por lo menos
14" animales en la costa este de la isla (Hubbs, 1956; Berdegué,
1957a). El número de lobos finos censados en Isla Guadalupe
desde 1954 se muestra en el cuadro 2. A pesar de que los censos
se han hecho en varias temporadas a lo largo del año, es
evidente un incremento que inició con lentitud pero que
va cambiando conforme crece la población hasta ser similar
al de otras colonias de esta especie (Gallo-Reynoso, 1994).
El
lobo marino de California (Zalophus californianos)
En
la década de los 1860, cuando los elefantes marinos comenzaron
a escasear, los lobos marinos que eran tan abundantes a lo largo
de la costa de California y de Baja California, en México
(Scammon, 1874), constituyeron la fuente alternativa de aceite,
por lo que sus números también disminuyeron drásticamente
(Bonnot, 1928) aunque no como el de las otras dos especies. Los
conteos se han incrementado a lo largo del rango de distribución
desde 1928 (Bonnot, 1928; Bonnel et al., 1978) y la población
hoy se estima en más de 145,000 individuos (Le Boeuf et
al., 1983). Aún así, los conteos de lobos marinos
de California en Isla Guadalupe, iniciales a principios del siglo
pasado, así como los últimos censos, indican que
la colonia siempre ha sido pequeña (cuadro 3).
Metodología
Se
realizaron 31 expediciones a la Isla Guadalupe, desde 1968 hasta
2003, con personal y estudiantes de la Universidad de California
en Santa Cruz, de la Universidad Nacional Autónoma de México,
del Instituto Nacional de la Pesca y del Centro de Investigación
en Alimentación y Desarrollo, A.C., con el propósito
de censar, marcar y observar el comportamiento de los pinnípedos.
Una parte de los cruceros se han hecho en barcos del Instituto
Scripps de Oceanografía con financiamiento de la National
Science Foundation, y el resto de fuentes diversas. Todo esto
siempre apoyado por la Secretaría de Marina, Armada de
México, que dedica cruceros especiales para la investigación
y ha dado amplio acceso a los investigadores para viajar en los
transportes que tienen hacia la isla, hacer usos de sus comunicaciones
mensuales, muy importantes en varias investigaciones recientes.
Todos estos cruceros y expediciones han tenido como objetivo principal
el estudio de los pinnípedos de Guadalupe y de otras islas
de Baja California. La mayoría de los cruceros se realizaron
en invierno, cuando los elefantes marinos se reúnen para
la reproducción o durante el verano cuando se reproducen
los lobos finos y lobos marinos. No se han realizado observaciones
durante septiembre y octubre.
Las observaciones fueron hechas con binoculares 10x50. Se usaron
tres métodos para censar a los pinnípedos. Los conteos
fueron realizados desde barcos de investigación a una distancia
de costa de .5 km, desde lanchas o pangas de pescadores pasando
a 10 m o menos de la costa, y por último, caminando en
la costa y desde veredas elevadas y promontorios. Los censos a
pie excedieron a los de lancha (algunos por más del 50%)
y los conteos desde lancha superaron los realizados desde barcos
de investigación a mayor distancia de costa (Le Boeuf et
al., 1983). El error de conteo varía de acuerdo con la
especie y la categoría sexual o la edad de los animales
censados, siendo mayor para los lobos finos que para los elefantes
marinos, mayor para hembras que para machos y para crías
que para adultos.
Las tres especies fueron categorizadas por sexo y edad. Censar
a las tres especies toma aproximadamente cuatro días: durante
el primer día, el barco se anclaba en la Punta Norte o
en la Punta Sur, se mandaba una lancha a la Playa Roca Vela, Campo
Norte y Dos Arroyos para hacer un conteo a pie o desde la lancha;
el segundo día, toda la costa este, desde Playa Roca vela
hasta la Punta Sur, se censaba desde una lancha con dos a cuatro
observadores; los censos a pie para obtener el factor de corrección
que se aplica a los censos de lobo fino se hicieron en dos partes
de la isla, Campo Lima o en Los Corrales (Corralitos en el sureste
de la isla (figura 4)); durante la tercera y cuarta jornadas se
realizaba un censo desde el barco o desde panga al circunnavegar
los Islotes Toro y Zapato y la costa oeste de la isla. En las
ocasiones en que el tiempo lo permitió (mar en calma y
sin viento) se circunnavegó la isla con las lanchas haciendo
conteos de los pinnípedos en toda la costa y playas, como
Playa Elefantes, pero las condiciones de oleaje del mar nunca
permitieron desembarcar. En otras ocasiones, cuando el mar estaba
tranquilo, los censos tomaban dos días, uno para toda la
costa este de la Isla y otro para el área 14 (en Los Corrales)
para obtener el factor de corrección (Gallo-Reynoso,
1994).
Figura
3

Playas
ocupadas por los elefantes marinos en las costas de la Isla de
Guadalupe, Baja California
Resultados
Elefante
marino del norte
Los
censos conducidos de 1968 a 2003 apoyan la conclusión de
que la población de elefante marino en Isla Guadalupe se
ha estabilizado (cuadro 1). Los conteos de enero y febrero se
encuentran en los rangos de aquellos realizados a principios de
la década de 1960-1970 o son un poco más bajos.
Una confirmación adicional de este punto viene de la comparación
de los censos hechos en Playa Roca Vela a mediados de febrero
en cinco diferentes años, en el periodo de 1968 a 1980.
Hay una variación imperceptible de un año al siguiente,
sin tomar en cuenta la edad o la categoría sexual de los
individuos censados. Los altos valores obtenidos en 1977, especialmente
para las hembras y las crías, se explica por que el censo
fue efectuado más tempranamente. Los realizados durante
el mes de enero han producido resultados similares; así,
Bartholomew y Hubbs (1960) contaron 4,600 animales en Playa Roca
Vela en enero de 1960 (sin fecha específica). Hemos registrado
4,051 animales en esta misma playa del 20 al 23 de enero de 1970
y 3,225 animales del 29 al 31 de enero de 1975.
El número de elefantes marinos durante la época
de reproducción en esta playa, una de las más grandes
de la isla, se ha nivelado y llegado a su capacidad de carga desde
1970, de alrededor de 13,000 a 14,000 individuos. Para 2003 la
población estimada durante la reproducción alcanzaba
los 13,000 individuos. La población de elefantes marinos
en Isla Guadalupe tuvo un rápido crecimiento, del 12% promedio
anual de 1892 a 1960, a partir de 1960 y hasta 1992, fue de 0.0%
anual, denotando que la población había entrado
en una fase de estabilidad que continúa hasta nuestros
días (figura 2).
Cuadro
1
Censos
de los elefantes marinos del norte en la Isla de Guadalupe, México,
1968-2003
Abreviaciones: B = barco, L = lancha, P = a pie, F = conteos con
fotografía (aérea, desde tierra o embarcación).
Censados incluye a todas las clases de edad de los individuos
presentes durante el censo. Estimados son los animales que se
estimaron como presentes en la isla, derivados de diversos factores
de corrección. Ver pie de tabla para mayor explicación.
Muchos de los datos de esta tabla están en reportes de
expediciones, no publicados o se mencionan como este capítulo;
los autores poseen dicha información en caso de ser necesaria
su consulta
|
Fecha
|
Área
y tipo de censo
|
Censados
|
Estimados
|
Fuente
|
|
1883
|
|
80
|
|
Townsend,
1889, 1912
|
|
1884
|
|
4
|
|
Townsend,
1885
|
|
Mayo,
1892
|
|
8
|
|
Townsend,
1899
|
|
1904
|
|
4
|
|
Townsend,
1912
|
|
Junio,
1907
|
|
40
|
|
Townsend,
1912
|
|
Marzo
2, 1911
|
|
125
|
|
Townsend,
1912
|
|
Julio
12, 1922
|
|
264
|
|
Hanna
y Anthony, 1923
|
|
Julio
16, 1923
|
|
366
|
|
Huey,
1924; Hanna, 1924
|
|
Agosto
30, 1924
|
|
124
|
|
Huey,
1930
|
|
Junio
23, 1926
|
|
465
|
|
Huey,
1930
|
|
Septiembre
28, 1929
|
|
469
|
|
Huey,
1930
|
|
Marzo,
1948
|
|
2,891
|
|
Fitch
y Wilson, 1949
|
|
Enero
– Febrero, 1950
|
|
4,548
|
|
Bartholomew
y Hubbs, 1952
|
|
Noviembre,
1954
|
|
899
|
|
Bartholomew
y Hubbs, 1960
|
|
Junio,
1955
|
|
1,786
|
|
Bartholomew
y Hubbs, 1960
|
|
Abril,
1956
|
|
3,466
|
|
Berdegué,
1956
|
|
Agosto,
1956
|
|
623
|
|
Bartholomew
y Hubbs, 1960
|
|
Febrero,
1957
|
|
5,044
|
|
Bartholomew
y Hubbs, 1960
|
|
Abril,
1957
|
|
9,143
|
|
Bartholomew
y Hubbs, 1960
|
|
Octubre,
1957
|
|
2,540
|
|
Bartholomew
y Hubbs, 1960
|
|
Diciembre,
1957
|
|
2,495
|
|
Bartholomew
y Hubbs, 1960
|
|
Enero
27-31, 1965
|
|
10,389
|
|
Rice,
Kenyon y Lluch, 1965
|
|
Agosto
22-23 1968
|
Campo
Norte y Dos Cañones. Parcial: P.
|
304
|
304
|
Brownell,
De Long, y Schreiber. 1974
|
|
Noviembre
8-10 1968
|
Playa
Roca Vela hasta Punta Dique. Parcial: BLP
|
715
|
|
Brownell,
De Long, y Schreiber. 1974
|
|
Febrero
15-18 1969
|
Lado
Este. Parcial: LP
|
7,033
|
10,831a
|
Le
Boeuf, Peterson y Hubbs, 1969
|
|
Enero
20-23 1970
|
Lado
Este. Parcial: LP
|
8,034
|
12,372
a
|
Le
Boeuf et al., 1971
|
|
Abril
12-17 1970
|
Toda
la isla. BLP
|
10,867
|
10,867
|
Le
Boeuf et al., 1971
|
|
Mayo
18-21 1971
|
Lado
Este. Parcial: LP
|
3,553
|
5,472a
|
Le
Boeuf et al., 1971
|
|
Diciembre
16-18 1972
|
Playa
Roca Vela. Parcial: P
|
1,236
|
1,903
|
Briggs,
1972
|
|
Febrero
12 1973
|
Playa
Roca Vela. Parcial: P
|
2,494
|
8,486c
|
Le
Boeuf y Petrinovich, 1973
|
|
Enero
29-31 1975
|
Playa
Roca Vela. Parcial: LP
|
6,043
|
9,306a
|
Pierson,
1975
|
|
Febrero
10-12 1977
|
Toda
la isla. BLP fotografiados
|
6,125
|
15,407a,y
|
Le
Boeuf, 1977b
|
|
Junio
21-27 1977
|
Toda
la isla. BLP
|
822
|
822
|
Le
Boeuf, 1977
|
|
Junio
30 1977
|
Lado
este. Parcial: BLP
|
856
|
856
|
Le
Boeuf, 1977
|
|
Febrero
15-18 1978
|
Lado
Este. Parcial: LP
|
5,528
|
14,479a,y
|
Pierson,
1978
|
|
Julio
18-19 1979
|
Toda
la isla. BLP
|
589
|
589
|
Le
Boeuf et al., 1979
|
|
Febrero
12-15 1980
|
Lado
Este. Parcial: BLP
|
5,278
|
13,778a,y
|
Le
Boeuf et al., 1980
|
|
Marzo
4-6 1982
|
Toda
la isla. BLP
|
5,695
|
5,695
|
Le
Boeuf y Condit, 1982
|
|
Junio
2-4 1983
|
Campo
Norte. Parcial: P
|
323
|
323
|
Gallo-Reynoso,
1994
|
|
Agosto
22 1986
|
Playa
Roca Vela, Campo Norte, dos Cañones. Parcial: P
|
225
|
225
|
Pierson,
1987
|
|
Febrero
18-19 1991
|
Lado
Este. Parcial: LP
|
4,496
|
15,293
c,y
|
Gallo-Reynoso
y Figueroa-Carranza, 1991.
|
|
Febrero
13 1992
|
Lado
Este. LP
|
7,556
|
16,
426 a,y
|
Gallo-Reynoso
y Figueroa-Carranza, 1992.
|
|
Enero
6-7 2000
|
Lado
Este. Parcial, LP, Roca Vela a Dos arroyos Sur
|
5,747
|
16,896
c,y
|
Gallo-Reynoso,
este capítulo.
|
|
Febrero
18 2003
|
Lado
Este. Parcial, LP
|
5,090
|
14,965
c,y
|
Gallo-Reynoso,
este capítulo.
|
a
El estimado de toda la isla se derivó de aumentar los conteos
del lado este multiplicándolo por 54%.
b Conteos mínimos parciales.
c Este estimado de toda la isla se derivó al asumir que
el 29.4% de todos los animales de la isla se encuentran en Playa
Roca Vela, i.e., 3.403 X Playa Roca Vela = Estimado del total
de animales en la isla.
y Se añadió una hembra adulta por cada cría
destetada que fue contada.
El número de crías producidas y destetadas en una
condición saludable se puede estimar de los conteos realizados
a finales de febrero. Al corregir el número de crías
producidas en la costa oeste (véase al pie “a”
del cuadro 1), se derivan los siguientes mínimos estimados:
7,104 crías en 1969, 5,642 en 1977, 5,552 en 1978, 5,011
en 1980, 4,760 en 1982 y 4,962 en 1991. El número de crías
de elefantes marinos en la época de reproducción
se ha nivelado y llegado a su capacidad de carga desde 1960 hasta
2003.
Los elefantes marinos en Isla Guadalupe están presentes
durante todo el año. Pero el sexo, la edad y el número
de animales varía estacionalmente y se conforma al ciclo
anual encontrado en otras colonias (Bartholomew y Hubbs, 1960;
Le Boeuf, Ainley y Lewis, 1974). Las mayores agregaciones de elefantes
marinos durante la reproducción o durante la pelecha se
encontraron en las playas arenosas: Playa Elefante, Playa Roca
Vela, Playas Dos Arroyos, Playa Campo Norte, Playa de Caleta del
Oeste y la Playa de Arroyitos (figura 3). En el pico de la temporada
de reproducción, a finales de enero y durante el pico de
la temporada de pelecha de las hembras y los juveniles en primavera,
cada área de reproducción se encontró llena
de animales. Algunos individuos se hallaron en otros lugares de
las costas de la isla durante la temporada reproductiva, pero
por lo general en playas marginales con poca arena y mucho canto
rodado o con muy poco frente de playa. Las playas principales,
utilizadas durante la reproducción, también fueron
las preferidas durante la época de pelecha.
Cuadro 2
Censos
de lobo fino de Guadalupe en la Isla Guadalupe a través
de un período de 53 años
Censados
incluye a todas las clases de edad presentes durante el censo.
Estimados son los animales que se estimaron como presentes en
la isla, derivados de diferentes factores de corrección.
Ver pie de tabla para mayor explicación. (Muchos de los
datos de esta tabla están en reportes de expediciones,
no publicados o se mencionan como este capítulo, los autores
poseen dicha información en caso de ser necesaria su consulta)
|
Fecha
|
Área
y tipo de censo
|
Censados
|
Estimados
|
Fuente
|
|
Febrero,
1950
|
Toda
la costa este de la isla desde lancha. |
0
|
--
|
Bartholomew
y Hubbs, 1952 |
|
Noviembre,
1954
|
Redescubrimiento
de la especie. Desde lancha. |
14
|
200
|
Hubbs,
1956b |
|
Noviembre,
1964
|
No
especificado |
252
|
--
|
Hubbs
en Rice et al., 1965 |
|
Enero
28-31, 1965
|
Toda
la isla, desde lancha y a pie |
285
|
600
|
Rice
et al., 1965 |
|
Marzo,
1965
|
No
especificado |
211
|
--
|
Hubbs
en Rice et al., 1965 |
|
Abril
2-3, 1966
|
Juveniles
y hembras adultas |
372
|
--
|
Peterson
et al., 1968 |
|
Mayo
2-4, 1967
|
Subadultos
o machos territoriales en su mayoría |
198
|
Mínimo
500
|
Peterson
et al., 1968 |
|
Abril
18-26, 1968
|
Desde
lancha y a pie, juveniles y hembras presentes |
148
|
--
|
Brownell
et al., 1974 |
|
Junio
21-29, 1968
|
Machos
territoriales, hembras, crías y algunos no-reproductores |
314
|
--
|
Brownell
et al., 1974 |
|
Noviembre
10-11, 1968
|
Punta
Dique a Punta Doble |
260
|
--
|
Vandervere,
1968 |
|
Febrero
17-18, 1969
|
Punta
Descubrimiento a Punta Doble |
298
|
--
|
Le
Boeuf, Peterson y Hubbs, 1969 |
|
Abril
12-17 1970
|
Punta
Descubrimiento a Corralitos (Sealers Station) |
374
|
--
|
Bonnel
y Pierson, 1970 |
|
Junio-Julio,
1976
|
Norte
de Campo Lima (Nursery) a Punta Sur (Weather Station) |
355
|
--
|
Fleischer,
1978b |
|
Febrero
13, 1977
|
Todo
el lado este de la isla |
470
|
--
|
Le
Boeuf 1977b |
|
Junio-Julio,
1977
|
Toda
la isla |
1,073
|
1,100
a
|
Fleischer,
1978b |
|
Febrero
18, 1978
|
Lado
este |
351
|
--
|
Pierson,
1978 |
|
Marzo
4-6, 1982
|
Toda
la isla |
851
|
--
|
Le
Boeuf y Condit, 1982 |
|
Junio
4-5, 1983
|
Conteo
parcial Campo Lima y lado este de la isla |
1,296
|
1,879
a,b,y
|
Gallo-Reynoso,
1994 |
|
Agosto
10-16, 1984
|
Todo
el lado este de la isla |
1,597
|
1,600
a
|
Instituto
Nacional de la Pesca y National Marine Mammal Lab. |
|
Febrero-Marzo,
1985
|
Parcial
del lado este de la isla desde lancha |
1,218
|
2,017
|
Gallo-Reynoso
et al., este capítulo. |
|
Junio-Julio,
1988
|
Lado
este de la isla desde lancha y a pie |
3,259
|
|
Torres,
1991 |
|
Junio-Julio,
1991
|
Lado
este de la isla desde lancha y a pie |
5,424
|
6,361
a,b,y
|
Gallo-Reynoso,
1994 |
|
Julio-Agosto,
1992
|
Lado
este de la isla desde lancha y a pie |
5,752
|
7,348
a,b,y
|
Gallo-Reynoso,
1994 |
|
Julio-Agosto,
1993
|
Lado
este de la isla desde lancha y a pie |
6,443
|
7,408
a,b,c,y
|
Gallo-Reynoso,
1994 |
|
Agosto
4, 1995
|
Parcial
del lado este de la isla desde lancha |
2,381
|
7,858
b,y
|
Gallo-Reynoso
et al., este capítulo. |
|
Junio
7, 2000
|
Lado
este de la isla desde lancha y a pie. Parcial |
5,644
|
9,346
a,b,y
|
Gallo-Reynoso
et al., este capítulo. |
|
Julio,
2003
|
Lado
este de la isla desde lancha y a pie |
7,648
|
12,176
a, y
|
Gallo-Reynoso
et al., este capítulo. |
a El estimado de toda la isla se derivó de aumentar los
censos a pie del área 14 (Los Corrales) o el área
10 (Campo Lima) comparados con los censos en lancha y multiplicados
por la diferencia entre ambos, en ocasiones por 54% o por 65%
dependiendo de cada censo.
b Conteos mínimos parciales los cuales eran determinados
por áreas de la isla y extrapolados al total de individuos
presentes en la isla.
c Conteo de las crías producidas (vivas o muertas) en toda
la isla y multiplicadas por 4.5 como factor de corrección
para obtener la estimación del total de la población.
y Se añadió una hembra adulta por cada cría
destetada y por cría muerta que fue censada.
Figura
4

Crecimiento de la población de lobo fino de Guadalupe en
el período de 53 años en la isla de Guadalupe. El
crecimiento comienza casi imperceptible a tasas de 1 a 2 % anual
y adquiere una mayor velocidad para la década de los 70s,
cuando la especie empieza a expandirse en la costa este de la
isla. Aún no se ha alcanzado la capacidad de carga de la
isla y la población sigue aumentando
Lobo
fino de Guadalupe
La
población del lobo fino de Guadalupe se ha incrementado
lentamente a partir de las primeras décadas del siglo pasado,
esta tendencia que resulta más marcada durante los meses
de junio y julio: 30 animales en 1923, 92 en 1956, 314 en 1968,
355 en 1976 y 1,073 en 1977 (cuadro 2). Se producen más
de 1,500 crías al año (Gallo-Reynoso, 1994), aún
así, es probable que no haya más de 12,000 animales
en toda la población de lobo fino de Guadalupe, y Isla
Guadalupe sigue siendo el principal lugar en donde esta población
se reproducen. Vale mencionar que existe una nueva lobera reproductiva
en la Isla San Benito del Este, con un total de 256 individuos,
incluyendo nueve crías (Maravilla-Chávez y Lowry,
1999).
Cuadro 3
Censos de lobo marino de California en la Isla Guadalupe
a través de un período de 103 años
Censados incluye a todas las clases de edad presentes
durante el censo. (Muchos de los datos de esta tabla están
en reportes de expediciones, no publicados o se mencionan como
este capítulo, los autores poseen dicha información
en caso de ser necesaria su consulta)
|
Fecha
|
Área
y tipo de censo
|
Censados
|
Fuente
|
|
Junio,
1892
|
Islote
Zapato |
30
|
Townsend,
1899 |
|
Junio,
1897
|
Islote
Zapato |
91
|
Townsend,
1899 |
|
Julio,
1922
|
Islote
Zapato |
50
|
Anthony,
1925 |
|
Febrero,
1950
|
Islote
Zapato, Cantil Blanco y Costa Norte |
165
|
Bartholomew
y Hubbs, 1952 |
|
Noviembre,
1955
|
Islote
Zapato y costa E de la isla |
119
|
Gilmore
en Berdegué, 1957a |
|
Abril,
1956
|
Islote
Zapato, Cantil Blanco |
120
|
Berdegué,
1957a |
|
Febrero,
11 1957
|
Islote
Zapato, Cantil Blanco |
1183
|
Berdegué,
1957a |
|
Enero
30, 1965
|
Islote
Zapato |
585
|
Rice
et al., 1965 |
|
Abril
18-26, 1968
|
Islote
Zapato, Cantil Blanco |
636
|
Brownell
et al., 1974 |
|
Junio
21, 1968
|
Islote
Zapato |
119
|
Brownell
et al., 1974 |
|
Febrero
18, 1969
|
Islote
Zapato, Cantil Blanco |
250
|
Le
Boeuf, Peterson y Hubbs, 1969 |
|
Abril
12-17, 1970
|
Islote
Zapato, Cantil Blanco |
746
|
Bonnell
y Pierson, 1970 |
|
Mayo
18, 1971
|
Cantil
Blanco |
300
|
Le
Boeuf et al., 1971 |
|
Febrero
13-14, 1977
|
Islote
Zapato, Cantil Blanco |
234
|
Le
Boeuf, 1977b |
|
Junio,
1977
|
Islote
Zapato, Cantil Blanco |
104
|
Pierson
y Riedman, 1977 |
|
Febrero
15-18, 1978
|
Islote
Zapato, Cantil Blanco y Costa Este |
236
|
Pierson,
1978 |
|
Julio
18-19, 1979
|
Costa
E de la Isla e Islote Zapato |
100
|
Le
Boeuf et al., 1979 |
|
Febrero
13-15, 1980
|
Islote
Zapato y costa E de la isla |
50
|
Le
Boeuf et al., 1980 |
|
Marzo
4-6, 1982
|
Islote
Zapato, Campo Norte y costa E de la isla |
196
|
Le
Boeuf y Condit, 1982 |
|
Junio
16-18, 1991
|
Costa
E de la Isla, Cantil Blanco e Islote Zapato |
88
|
Gallo-Reynoso
y Figueroa-Carranza, 1991 |
|
Julio
27, 1992
|
Costa
E de la Isla, e Islote Zapato |
95
|
Gallo-Reynoso
y Figueroa-Carranza, 1992 |
|
Julio
26-27, 1993
|
Costa
E de la Isla, e Islote Zapato |
80
|
Gallo-Reynoso
y Figueroa-Carranza, 1992 |
|
Agosto,
1995
|
Costa
E de la Isla e Islote Zapato |
97
|
Maravilla-Chávez
no publicado. |
Figura
5

Zona ocupada por el lobo fino de Guadalupe en la costa este de
la Isla de Guadalupe, Baja California. En 1993, los lobos finos
aún no habían dado la vuelta a la Punta Sur, ahora
ya se les encuentra ocupando parte de esa zona
Figura
6

Crecimiento de la población de lobo marino de California
en el período de 103 años en la isla de Guadalupe.
El crecimiento se mantiene muy bajo. Se incluyeron datos como
los censos de invierno reportados por Berdegué (1957a)
de 1,183 individuos que no reflejan el tamaño real de la
población de esta especie en la Isla de Guadalupe
Los
lobos finos han expandido su área de reproducción
y de habitación en la isla. A mediados de la década
de 1950 los animales se encontraban desde Punta Descubrimiento
hacia el sur hasta un área alrededor de Punta Dique (figura
5). En 1977, se contaron las hembras adultas y crías recién
nacidas desde Punta Descubrimiento hasta Los Arroyitos y se observaron
animales que no estaban en reproducción a todo lo largo
de la costa este de la isla (Fleischer, 1978). El área
principal utilizada por esta especie para la reproducción,
en donde la mayoría de las crías habían nacido,
estaba centrada alrededor de Campo Lima (figura 5); el crecimiento
de la población durante el periodo de 1954 a 1977 fue del
10 %, estimándose una población de alrededor de
2,000 individuos (Fleischer, 1978). También en Campo Lima,
Pierson (1978 y 1987) realizó el primer estudio sobre el
comportamiento reproductivo de la especie y describió los
viajes de alimentación de las hembras, los tiempos de arribada
para la reproducción de machos y hembras, y las disputas
territoriales de los machos, así como la proporción
de hembras por macho. Por otra parte la distribución temporal
de los lobos finos en la isla a lo largo del año se conoce
en términos generales. La composición de la población
entre enero y abril consistió de hembras adultas, sus crías
del verano anterior, juveniles y algunos machos subadultos. Los
machos adultos son predominantes hacia finales de mayo junto con
algunos juveniles. En junio y julio, la población consiste
de machos adultos defendiendo sus territorios, hembras adultas,
crías recién nacidas y grupos de juveniles en áreas
no reproductivas (Gallo-Reynoso, 1994). Poco se sabe de la composición
de la población en la isla de agosto a diciembre, fuera
de algunos censos realizados por Gallo-Reynoso (1994) que muestran
que la población está compuesta principalmente por
hembras, crías, juveniles y algún macho subadulto.
Los machos adultos dejan la isla durante este periodo y las hembras
con sus crías permanecen hasta el destete a finales de
invierno y principios de la primavera (Gallo-Reynoso, 1994). Las
crías recién destetadas hacen su primer viaje de
alimentación nadando hacia las costas de Baja California
y California en donde se les ha observado y en donde se les ha
encontrado varadas (Gallo-Reynoso, 1994).
El crecimiento de la población de lobo fino de Guadalupe
a partir de su redescubrimiento durante en el periodo 1955-1993
ha sido a una tasa anual promedio de 13.7%, actualmente crece
a una tasa anual promedio de 12.8% (hasta el 2003), lo que muestra
una recuperación similar a la de otras especies de lobos
finos en el hemisferio sur que también habían sido
diezmadas (Gallo-Reynoso, 1994), por lo que se puede decir que
la población continúa su ascenso (Navarro-Serment
y Gallo-Reynoso, 2001).
Lobo marino de California
La
población de lobos marinos en Isla Guadalupe es pequeña,
ya que tiene menos de 1,200 animales en su máximo y los
picos poblacionales no parecen fluctuar mucho de año a
año, pero si de estación a estación. Se pueden
observar individuos aislados a lo largo de la costa en la zona
de habitación del lobo fino de Guadalupe y en las playas
de elefantes marinos. Los censos revelan que el mayor número
de animales se presenta durante enero a abril, lo cual quiere
decir que la isla es probablemente visitada por individuos de
otras colonias vgr. Isla San Benito del Centro. Machos, hembras,
crías de seis meses de edad y juveniles fueron observados
durante este tiempo. Los individuos en tierra durante la temporada
de reproducción de mayo a julio son relativamente pocos.
La principal lobera reproductiva está en el Islote Zapato;
la reproducción se ha observado aquí desde por lo
menos 1897. Unas pocas crías recién nacidas han
sido observadas en el área del Cantil Blanco, cerca de
Playa Roca Vela, y ha sido la otra área de reproducción
para esta especie en la isla, aunque últimamente se han
visto desplazados por la creciente población del lobo fino.
En promedio la producción anual de crías de esta
especie durante 1991 y 1992 no rebasó las once (Gallo-Reynoso
y Figueroa-Carranza, datos no publicados (cuadro 3)).
La población de lobo marino de California en Isla Guadalupe
ha sido relativamente constante, aunque existen tres censos que
han sobrepasado los 400 individuos. Destaca el otoño de
1957 en el cual se contaron 1,183 individuos en un conteo realizado
a pie en el Islote Zapato (Berdegué, 1957b). El promedio
anual de individuos en la isla es de 232. La población
de lobo marino en este territorio ha crecido a un promedio anual
de 1.14%, lo que significa que se ha mantenido estable en el periodo
de 1892 a 1995.
Figura
7

Distribución
del lobo marino de California en Isla Guadalupe. En la costa noreste
se encuentra la lobera de Cantil Blanco y en el sur el Islote
Zapato. Al igual que en el lobo fino, no hay loberas establecidas
en el lado oeste de la isla
Discusión
Las
poblaciones de pinnípedos de Isla Guadalupe son únicas
y de gran interés científico. La población
de elefante marino del norte en Isla Guadalupe es la colonia "madre"
que ha dado inicio a todas las otras que se crearon durante el
siglo pasado y es una de las pocas colonias que se encuentra extremadamente
poblada y estable en número. Como resultado, la composición
de la edad de los machos reproductivos ha favorecido a los machos
mayores o más viejos (Le Boeuf, 1974) y probablemente existe
una situación similar para las hembras reproductivas (Reiter,
Panken y Le Boeuf, 1981). La dinámica de esta población
en particular, las tasas de emigración y las respuestas
del comportamiento hacia la saturación de individuos en
una zona de reproducción (vgr. mortalidad de crías)
necesitan de estudios cuidadosos.
La importancia de Isla Guadalupe para el futuro del lobo fino
de Guadalupe es obvia ya que ha sido el único lugar donde
la especie se ha reproducido hasta 1997 en que se encontró
una nueva colonia reproductora en Isla Benito del Este (Maravilla-Chávez
y Lowry, 1999). Se sabe más ahora sobre la biología
de la reproducción que hace dos décadas gracias
a los trabajos de Pierson (1978), Figueroa-Carranza (1994) y Gallo-Reynoso
(1994). Poco se conoce sobre la distribución pelágica
y el buceo en las hembras adultas (Gallo-Reynoso 1994), pero se
sabe hasta dónde han llegado los juveniles de esta especie
(Hani et al., 1997; Aurioles-Gamboa y Hernández-Camacho,
1999), inclusive de machos subadultos y hembras adultas que han
penetrado al Golfo de California (Aurioles, Le Boeuf y Findley,
1993). Un gran avance ha sido el conocer los patrones de atención
de las madres a las crías, la lactancia y la composición
de la leche materna (Figueroa-Carranza, 1994). Hoy se cuenta con
más información sobre el ciclo anual de ocupación
de la isla y sobre los hábitos alimenticios y el comportamiento
de estos animales, así como de los efectos catastróficos,
como la mortandad de crías por huracanes, como Darby que
azotó a Isla Guadalupe en julio de 1992 y que mató
33% de las crías (Gallo-Reynoso, 1994). También
sería de gran valor realizar estudios más detallados
sobre la sistemática de la especie (Wynen et al., 2001).
Es necesario continuar monitoreando y censando a la población
dado el crecimiento tan acelerado que muestra la especie. Con
respecto a la variabilidad genética Bernardi et al. (1998)
encontraron que a pesar de que el lobo fino de Guadalupe pasó
por dos cuellos de botella genéticos por las grandes cacerías
del siglo XIX, ésta no estaba reducida sino que contra
lo esperado, la población de lobo fino de Guadalupe muestra
altos niveles de variabilidad genética. Con respecto de
la alimentación es necesario realizar estudios de isótopos
estables para conocer sus concentraciones, definir qué
tipo de alimentación tienen y correlacionarla con los datos
de buceo e historia de vida.
También la pequeña colonia reproductora de lobo
marino de California en el Islote Zapato merece una mayor atención.
Las hipótesis de que los lobos marinos de California de
esta isla están aislados reproductivamente de otras loberas
ubicadas en islas oceánicas, como las Islas San Benito
e islas cercanas a la costa como Isla Cedros y las islas costeras
de la Península de Baja California, debe ser examinado
a través de estudios de las proteínas sanguíneas
o por análisis del ADN.
Las poblaciones de pinnípedos de Isla Guadalupe se asemejan
a las de otras islas en cuanto a la segregación de la poblaciones
de acuerdo al sustrato (Peterson et al., 1968). Los elefantes
marinos prefieren playas arenosas; aunque situaciones de abundancia
de individuos durante la reproducción utilizan playas de
canto rodado con algunos bloques de roca. Los lobos finos habitan
cuevas, hendiduras, costas formadas por roca basáltica
sólida y grandes bloques de lava en la base de altos acantilados.
Los lobos marinos de California prefieren estar en áreas
de piedra sólida, salientes en islotes o playas de canto
rodado en donde las otras especies están ausentes (figura
7).
A lo largo de estos años diferentes investigadores han
realizado censos en diversos periodos del año en expediciones
de corta duración y utilizando varios métodos disímbolos.
Cada variable ha introducido variación en el registro histórico
y hace que la interpretación de los datos sea más
difícil. La confianza en los censos se reduce cuando varios
investigadores con diferentes intenciones y métodos colectan
los datos. Algunos especialistas juntan a todos los individuos
de una especie como un conteo total, mientras que otros los clasifican
por sexo y edad. Además no todos los censos hacen el mismo
esfuerzo por cubrir todas las áreas; por ejemplo, muchos
combinan esfuerzos, mezclando los datos tomados desde lanchas
y a pie y no precisan el área cubierta, la hora del día,
las condiciones de luz, de oleaje, viento y estado de la marea,
variables que afectan de manera determinante la realización
de un buen censo.
La época del año durante la cual se levanta un censo
tiene la mayor relevancia ya que sirve para determinar las fluctuaciones
en número de la población a lo largo de los años.
En nuestro caso, los censos se hicieron cuando se presentaba la
oportunidad de visitar esta isla remota, por lo que han resultado
estar dispersos a través de los meses de diversos años.
Esto es bueno para obtener datos sobre las fluctuaciones y la
composición de la población en la colonia de acuerdo
al sexo y la edad en cierta época del año. Sin embargo,
esta dispersión de los censos crea dificultades para poder
estimar un crecimiento o decremento de la población en
el tiempo. La razón es que cada especie muestra una considerable
variación en el número total de sus individuos en
la colonia durante el año, y que esta fluctuación
es cíclica y se puede predecir. El ciclo anual en el número
total de individuos. En los elefantes marinos hay de siete a 20
más animales en una colonia a finales de abril que en agosto;
aproximadamente el doble de animales en tierra en primavera durante
la pelecha de las hembras y los juveniles que al final de enero,
durante el pico reproductivo (Le Boeuf, 1981).
Los lobos finos y los lobos marinos tienen sus propios y diferentes
ciclos anuales. Para poder comparar los resultados de los censos
levantados en diferentes meses, a lo largo de varios años,
se debe conocer el ciclo anual de cada especie. Por ejemplo, la
mayor abundancia de elefantes marinos observados en la primavera
de 1975 que en agosto de 1960, puede ser más una función
del ciclo anual que una indicación del crecimiento de la
población. Algunos investigadores han ignorado este hecho
y estiman tendencias poblacionales que resultan equívocas.
Es mejor comparar los censos realizados durante el mismo periodo
del año a lo largo de los años para que los resultados
sean válidos y se pueda llegar a conclusiones sobre los
cambios de abundancia y tamaño de la población.
Un buen momento para contar a estas poblaciones es al final de
la temporada de reproducción, cuando todas las crías
han nacido y aún permanecen en la colonia (vivas o muertas).
Desafortunadamente, muchas expediciones a Isla Guadalupe no han
sido planeadas de esta manera. Las sugerencias escritas arriba
son muy importantes y facilitarán el análisis de
la información, a pesar de esto todos los datos censales
deben ser interpretados con cuidado.
Los estudios de marcaje de elefante marino revelan que sus crías
se dispersan durante su primer año de vida a las aguas
costeras de Baja California y al sur y centro de las costas de
California. La mayoría de estos animales regresa a Isla
Guadalupe para reproducirse, a excepción de los machos
y hembras que lo hacen en islas San Benito, Isla Cedros, Isla
Natividad e Islas Los Coronados en aguas mexicanas y en las islas
San Miguel y San Nicolás, en el sur de California (Le Boeuf,
1981). Una vez que los elefantes marinos han comenzado a reproducirse
en un lugar la mayoría de ellos continúa haciéndolo
allí por el resto de sus vidas (Reiter et al., 1981). A
pesar de que Isla Guadalupe envía inmigrantes cada año,
recibe muy pocos de otras colonias.
Los censos del lobo marino de California, son difíciles
de interpretar dada la distribución de los animales y los
métodos empleados.
Los conteos en Playa Roca Vela son buenos ya que los animales
se encuentran en un área abierta y se pueden hacer estimaciones
razonables desde un barco, lanchas o a pie. En comparación,
el Islote Zapato es muy escarpado y hacer un descenso desde una
lancha es difícil. Muchos animales que se encuentran en
salientes y hendiduras no son visibles desde el mar. La mayoría
de los censos se han hecho contando los animales del perímetro
de la costa circunnavegando la isla. Aparentemente este método
ha subestimado considerablemente el número de animales
en la isla. Berdegué (1957a) contó a los animales
desde promontorios en la isla; su censo de 1,183 es el más
alto registrado hasta la fecha. Esto implica que los otros conteos
han sido bajos. Aún así, está claro que esta
pequeña población puede estar reproductivamente
aislada de las poblaciones costeras. Esta hipótesis está
sustentada por una moderada proporción de individuos de
coloración albina, observados desde la década de
los años 1920 (Bartholomew y Hubbs, 1952; Berdegué,
1957a).
A partir del interés que generaron las extinciones comerciales
de los elefantes marinos y los lobos finos a finales del siglo
XIX, es notable la participación de varias instituciones
extranjeras y nacionales, las que a través de sus visitas
a la isla, la elaboración de reportes de expediciones y
sus consiguientes publicaciones científicas, han venido
despertando el interés en su restauración y conservación,
para que la isla vuelva a ser el paraíso biológico
que era antes del comienzo de las capturas comerciales indiscriminadas
de pinnípedos.
Nuevamente, los pinnípedos, a través de su impresionante
recuperación, que ha tomado más de un siglo en el
lobo fino y más de 50 años en el elefante marino,
muestran el camino: es necesario, no solamente eliminar la causa
del peligro de extinción y dejar que el medio ambiente
se recupere por sí solo, sino la investigación,
la restauración y el monitoreo son factores muy importantes
y necesarios para la total recuperación de los ecosistemas
de la isla.
En este sentido vale la pena mencionar las investigaciones que
se llevan a cabo actualmente sobre pinnípedos en Isla Guadalupe:
-
Viajes de alimentación de los machos de elefante marino
y localización de las zonas de alimentación en
el Pacífico Nororiental a través de seguimiento
por marcas satelitales. Investigación en proceso (2003-2004)
por B. J. Le Boeuf de la Universidad de California, Santa Cruz
y J. P. Gallo-Reynoso por el Centro de Investigación
en Alimentación y Desarrollo, A.C., Unidad Guaymas.
- Viajes de alimentación de las hembras de lobo fino
de Guadalupe y localización de las zonas de alimentación
en el Pacífico Nororiental de México (Gallo-Reynoso,
1994), lo que ha servido para determinar que las zonas de alimentación
para las hembras se encuentran hacia el sur de Isla Guadalupe,
sobre la Corriente de California, en áreas ricas en calamar,
macarelas y mictofidos.
- Depredación por el tiburón sacabocados (Isistius
brasiliensis) y su efecto en las poblaciones de pinnípedos
de Isla Guadalupe (Le Boeuf et al., 1987; Gallo-Reynoso y Figueroa-Carranza,
1992; Figueroa-Carranza y Gallo-Reynoso, 2001).
- Depredación por el tiburón blanco (Carcharodon
carcharias) y su efecto en las poblaciones de los pinnípedos
de Isla Guadalupe así como las estrategias del lobo fino
de Guadalupe contra la depredación por esta especie de
tiburón del cual se presume existe una población
residente en esta isla (Gallo-Reynoso y Figueroa-Carranza, 1999).
Estas estrategias consisten en mantener un serie de posiciones
mientras flotan y se acicalan en el agua en las cuales siempre
mantienen la vista hacia abajo, viendo lo que hay en el fondo,
de acercarse un tiburón, inmediatamente huyen dando grandes
saltos y alejándose del área.
La
investigación científica también ha jugado
el papel de sensibilizador de los pescadores de la cooperativa
Abuloneros y Langosteros de Ensenada que pescan en Isla Guadalupe,
a través de su involucramiento, de su ayuda logística
y de su participación en proyectos de investigación
de diversas instituciones a lo largo de los años.
Conservación
Isla
Guadalupe ha sufrido muchos abusos por parte de las personas que
han acudido a ella para cazar lobos finos por su piel; elefante
marino y lobos marinos por su aceite y nutrias marinas (Enhydra
lutris) por su piel; especies que alguna vez estuvieron a punto
de extinguirse. El elefante marino, el lobo fino y el lobo marino
de California, ya no se encuentran en peligro de extinción,
no así la población de nutria marina de la isla
hoy extinta. Tanto el elefante marino como el lobo fino de Guadalupe
pudieron recuperarse de la grave explotación que sufrieron
gracias a cuatro circunstancias, tanto de índole natural
como humana.
-
La extinción comercial de estas dos especies, dejó
tan pocos animales que ya no era redituable realizar expediciones
a esta isla para asegurar unos cuantos animales, pocas pieles
y pocos barriles de aceite.
-
El
establecimiento de una guarnición militar durante el
Porfiriato para proteger a la isla de incursiones extranjeras,
ante las pretensiones norteamericanas de comprar e invadir
la isla. La presencia de un grupo de soldados mexicanos en
su porción noreste brindó más protección
que los decretos posteriores. En 1917 la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos incorpora
a Isla Guadalupe a la soberanía nacional (Santis, 1983).
-
La tardía pero efectiva promulgación del decreto
del 27 de octubre de 1922, durante el gobierno de Álvaro
Obregón, resolviendo que: Isla Guadalupe de Baja California,
y sus aguas territoriales poseen riquezas naturales tanto
en materia forestal como en rebaños, en caza y pesca,
nombrando entre sus especies muchas de rara ocurrencia, especies
en peligro de extinción, debido a la inmoderada explotación
de las cuales han sido objeto; que el Gobierno Federal debe
proteger dichas especies las que constituyen una fuente inextinguible
de riquezas para el Gobierno y el pueblo de México.
Por esta razón tengo a bien decretar la siguiente Resolución:
Artículo 1.- Isla Guadalupe de Baja California, así
como sus aguas que la rodean, permanece reservada para la
protección y desarrollo de las riquezas naturales que
ellas contienen, tanto en materia forestal y en rebaños,
y en caza y pesca. Artículo 2.- Nómbrese el
personal técnico y administrativo, necesario para la
administración y protección de dichas riquezas.
Dado en la residencia del Poder Ejecutivo Federal, en el décimo
noveno día del mes de Octubre de mil novecientos veintidós.-
El Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.-
A. Obregón.- Publíquese y ejecútese.-
El Subsecretario de Agricultura y Obras Públicas Comisionado
de la Secretaría.- Ramón P. De Negri.- (Diario
Oficial de la Federación, 1922), y del decreto expedido
el 16 de agosto de 1928, durante la administración
del Presidente Plutarco Elías Calles: “Acuerdo
por el cual se declara Zona Reservada para la Caza y Pesca
de especies animales y vegetales, Isla Guadalupe, Baja California,
y las aguas territoriales que la circundan”. Considerando
que Isla Guadalupe, B.C., y sus aguas territoriales que la
circundan, contienen riquezas naturales tanto en materia forestal
como en ganadería y caza y pesca, contándose
entre sus ejemplares algunos de escasez mundial, como la foca
de piel fina Arctocephalus townsendi y elefante marino Macrorhynus
angustirostris (Diario Oficial de la Federación, 1928).
El 1 de marzo de 1933, mediante un acuerdo presidencial se
establece la veda permanente de las especies de lobo fino
y elefante marino, en todas las aguas de jurisdicción
federal de la República Mexicana, por tratarse de especies
con población muy reducida (Diario Oficial de la Federación,
1933).
-
El elefante marino realiza migraciones que toman bastante
tiempo en ser completadas; después de la temporada
de reproducción (diciembre a marzo) los elefantes emigran
hacia el norte para recuperarse del ayuno en que han estado
durante este lapso, regresando a la isla para pelechar durante
el verano y para volverse a ir hacia el Norte para alimentarse
intensivamente y regresar en el invierno para reproducirse.
Estas ausencias y presencias en la isla hacían que
la cacería se concentrara en el invierno, cuando un
mayor número de animales se encuentran en la isla,
no así en la pelecha ya que las hembras arriban primero
a la isla seguidas por los machos con un desfasamiento de
uno a dos meses, lo que hace que los animales se encuentren
en diferentes playas y muy dispersos, lo cual convertía
su caza en una actividad económicamente viable. Por
su parte el lobo fino también hace movimientos alimenticios
de gran escala; las hembras, después de dar a luz pasan
ocho días brindando atención a sus crías
y amamantándolas intensivamente, después de
ser cubiertas por el macho, parten a sus viajes de alimentación,
los cuales suelen durar entre nueve y 14 días con un
rango de tres hasta 21 días (Figueroa-Carranza, 1994).
Durante estos días la cría ayuna y se encuentra
ya sea escondida bajo cavidades y cuevas o jugando en la zona
intermareal con otras crías. Estos viajes de alimentación
se repiten a lo largo de la lactancia y se ha encontrado que
las hembras realizan viajes de hasta 20 días, cubriendo
un promedio de 2,375 km en la zona pelágica, alimentándose
intensivamente sobre la corriente de California, principalmente
de calamares, macarelas y sardina (Gallo-Reynoso, 1994), ya
que es un área de baja productividad primaria (Figueroa-Carranza,
1994). Los machos de esta especie son muy territoriales y
arriban a la isla hacia finales de mayo para permanecer hasta
principios de agosto defendiendo su territorio y sus hembras.
Este ayuno, de alrededor de 70 días (Gallo-Reynoso,
1994), hace que los machos sufran una profunda transformación
al ir bajando su peso; cuando llegan a la isla los machos
tienen un pelaje lustroso entre plateado y dorado, llegan
a medir 194–242 cm y pesar alrededor de 200 kg. Lo mismo
sucede con las hembras, al inicio de la temporada reproductiva
su color es grisáceo pardo con dorado, con una talla
de 137–165 cm y un peso de entre 40–55 kg (Gallo-Reynoso
y Figueroa-Carranza, 1996). Al principio de la temporada reproductiva
es cuando debían ser cazados ya que para julio, el
pelaje en ambos sexos es café opaco, presenta muchas
heridas por las disputas territoriales y está deteriorado
por el prolongado ayuno en los machos. Las crías al
destete (febrero–marzo) es cuando presentan una coloración
pelágica plateado – oscuro y es cuando debían
ser cazadas) Otro factor que influye en la reducción
de su cacería es que al terminar la temporada reproductiva,
los machos se ausentan de la isla durante nueve meses, hasta
la próxima temporada de reproducción. Estas
migraciones pelágicas y alimenticias de las diferentes
categorías de individuos de ambas especies hicieron
que porciones significativas de estas poblaciones se salvaran
al estar ausentes de la isla cuando se realizaban las cacerías;
también el comportamiento críptico del lobo
fino de esconderse en cuevas, agujeros, fisuras o cualquier
cavidad, los salvó de la extinción.
Las
amenazas
Las
especies domésticas como perros y gatos, que la gente lleva
a lugares remotos como Isla Guadalupe para liberarse de plagas
como los ratones, se convierten en especies ferales sin control
que atacan a todo tipo de especies, causando la desaparición
de aves como el petrel de Guadalupe (Oceanodroma macrodactyla)
hoy extinto. Por otra parte cuando las especies domésticas,
son “sembradas” para después ser utilizadas
como alimento, como las cabras (Capra hircus), provocan gran destrucción
en la vegetación autóctona (queda tan sólo
el 15% del bosque original de la islas), y la extinción
de 26 plantas endémicas. Para complicar aún más
la situación han arribado a la isla por diferentes medios
61 especies de plantas exóticas (León de la Luz
et al., 2003). Algunas fueron introducidas para alimentar a las
cabras (como la avena) causando el desplazamiento de la vegetación
original y ocasionando que ahora la ecología forestal incluya
al fuego como nuevo elemento en la isla, siendo mucho más
difícil de controlar por encontrarse lejos de cualquier
grupo que pueda atenderlo y apagarlo.
Estas introducciones han causado extinciones no intencionales
como la del petrel de Guadalupe, pero ha habido otras deliberadas
como la del quebrantahuesos de Guadalupe (Polyborus plancus lutosus).
Esta ave rapaz y carroñera, que probablemente cazaba crías
de pinnípedos y se alimentaba de sus cadáveres,
jugaba un claro papel en la ecología de la isla, al remover
y procesar a los individuos muertos de las diferentes especies
de pinnípedos. Esta ave fue primero perseguida por los
cazadores de focas y después “perseguida por las
guarniciones militares establecidas en la isla para proteger a
los cabritos recién nacidos” hasta que fue exterminada
(Townsend, 1899; Berdegué, 1956; Lindsay, 1966).
Una de las amenazas más preocupantes es la presencia de
perros ferales, de no erradicar a los perros, que se encuentran
en casi todas las partes de la isla, y que de no ser erradicados
pueden ser los más próximos a causar problemas a
los pinnípedos, ya sea a través de sus enfermedades
o por la depredación que probablemente harían de
sus crías, en particular de elefantes marinos y de lobo
fino de Guadalupe. Se sabe que en lugares como Nueva Zelanda los
perros han diezmado colonias de lobos finos. Otra amenaza para
la especie es la pesca con redes de deriva en alta mar. Cada vez
es más frecuente el observar individuos de lobo fino de
Guadalupe con redes en el cuello en Isla Guadalupe, situación
que hace 10 años era extraordinaria. Durante el último
censo en julio del 2003 se observaron cuatro individuos, tres
machos adultos y un macho subadulto, con este tipo de redes, en
el cuello. Para el caso del elefante marino, una amenaza latente
son las grandes pesquerías que existen en el Golfo de Alaska;
si estas llegan a competir con dicha especie, lo más probable
es que la población comenzaría a declinar, algunas
clases de edad desaparecerían como ha pasado con el lobo
marino del norte (Eumetopias jubatus).
Por su parte, la reintroducción de individuos que se han
varado en las costas de California de México es vista como
una amenaza potencial. En 1994 se reintrodujo una hembra juvenil
de lobo fino que había sido encontrada en Santa Cruz, California
y llevada al Marine Mammal Center de Sausalito, California (J.
P. Gallo-Reynoso realizó la determinación de la
especie). Se propone que estos individuos no deben ser reintroducidos
a Isla Guadalupe, ya que la posibilidad de traer consigo virus
y bacterias que podrían ser vectores de enfermedades para
la especie es muy alta. Comúnmente a los individuos “rescatados”
se les pone en compañía de miembros de otras especies,
con los que comparten estanques, encierros y el aire estornudado
o tosido por algún individuo de alguna otra especie de
una región diferente (J. P. Gallo-Reynoso observación
personal); estas probables infecciones no se pueden determinar
con cuarentenas, sino sólo mediante procesos de biología
molecular a un elevado costo.
Otra amenaza a futuro sería la de viajes turísticos
para visitar algunas loberas y playas en donde se encuentran los
elefantes marinos. Si la isla careciera de ordenamiento para la
observación de pinnípedos, estas especies podrían
ser perturbadas o molestadas durante su temporada de reproducción.
Actualmente hemos visto que llegan veleros y embarcaciones a la
isla, sus tripulantes se bajan a ver a los elefantes marinos sin
permiso y sin visa o pasaporte, o en su defecto un despacho marino
emitido por autoridades portuarias de Ensenada, en el cual conste
que pueden visitar y desembarcar allí. Esto no constituye
una amenaza grave, pero al ser un atractivo de la isla, debería
tener algún tipo de regulación y ordenamiento para
evitar que suceda sin que las autoridades mexicanas tengan conocimiento.
Isla Guadalupe debe ser conservada urgentemente ya que sus recursos
están agotados, ha sufrido varias extinciones, a pesar
de contar, por otra parte, con una historia exitosa de conservación,
como la de sus pinnípedos.
Se deben erradicar las especies exóticas (cabras, perros,
ratones y gatos), propiciar la restauración de los bosques
y su monitoreo continuo y realizar un buen manejo de sus ecosistemas
para que la recuperación sea óptima.
Conclusión
Isla
Guadalupe ha sido muy importante para la supervivencia de dos
especies de pinnípedos, el elefante marino y el lobo fino
de Guadalupe, los cuales se encuentran en expansión y reocupando
otras áreas de su distribución geográfica
original. De no haber sido por la protección brindada por
el gobierno mexicano en las primeras décadas del siglo
XX, estas especies no existirían hoy en día; su
presencia es un tributo a las acciones tomadas por las autoridades
de aquellas épocas. El éxito de estas especies en
cuanto a su recuperación es también una gran victoria
para los intereses ecológicos y ambientales de nuestro
país y se espera que continúe en la isla mediante
la erradicación de las especies de flora y fauna que han
sido introducidas a ella y que tanto la han afectado.
Con los transportes modernos y la cercanía a grandes centros
de población del sur de California, Isla Guadalupe está
cada día menos aislada. Se requiere comenzar a cuidarla
ya que la pesca comercial, el buceo deportivo y el ecoturismo
tienen puestos los ojos en ella como un paraíso remoto
que hay que visitar; de no hacerse eso hoy, el futuro se presenta
incierto para este territorio y sus ecosistemas, únicos
en el mundo.
Agradecimientos
Queremos
agradecer a la Sociedad Cooperativa Abuloneros y Langosteros de
Ensenada por su importante apoyo a lo largo de más de 20
años de expediciones a Isla Guadalupe.
También agradecemos a la Secretaría de Marina, Armada
de México, en especial a la Segunda Zona Naval, por todo
el apoyo recibido para la realización de las diferentes
expediciones a Isla Guadalupe.
Muchas personas han intervenido en la realización de estos
estudios, entre ellas destaca la imprescindible ayuda de estudiantes,
tanto de la Universidad de California como de la Universidad Nacional
Autónoma de México; la lista es muy larga, y a todos
ellos se les agradece su interés, apoyo, resistencia ante
condiciones muchas veces adversas de frío, calor, hambre
y soledad.
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