HÁBITAT DEL BERRENDO EN MÉXICO
Fernando Colchero, Livia León-Paniagua y Adolfo G. Navarro
La biodiversidad, tanto a escala global como nacional, se encuentra gravemente
amenazada en la actualidad. El acelerado crecimiento de la población
humana, así como una pobre, o incluso ausente, estrategia del uso de los
recursos naturales por la mayor parte de los gobiernos, han generado que
la explotación de la vida silvestre haya puesto en peligro un sinfín de especies.
En este sentido, la pérdida de hábitat es hoy en día reconocida como
la mayor causa de extinción, en particular para especies con requerimientos
ambientales específicos.
Por desgracia una de las principales limitantes para plantear estrategias
de conservación eficaces es la falta de conocimiento sobre la distribución
y, en particular, sobre la disponibilidad y requerimientos de hábitat de
aquellas especies que se encuentran actualmente amenazadas o en peligro
de extinción.
Como uno de los ejemplos más alarmantes de este proceso, el berrendo
—una de las especies emblemáticas que alberga nuestro país— ha
sufrido una dramática restricción de su distribución durante los últimos
80 años. Recientemente el gobierno mexicano, a través de la Semarnat, ha
establecido como prioridad la realización de proyectos que permitan desarrollar
planes de manejo con miras a conservar esta especie y a aumentar
tanto sus números poblacionales como sus áreas de distribución. El berrendo,
al igual que muchas especies carismáticas, puede ser utilizado como estandarte
para la protección de su ecosistema y, por ende, puede funcionar
como especie paraguas, lo que significa que por medio de ella se puede obtener
el apoyo, tanto técnico como económico, para proteger no únicamente
sus poblaciones y hábitat, sino automáticamente a las especies con
las que cohabita. De esta forma, un gran número de especies se puede ver
beneficiadas por la conservación del berrendo.
La distribución actual de la especie se limita al norte de América, desde
Alberta, Canadá, los estados del centro y oeste de los Estados Unidos, y
algunas localidades en los estados del norte-noroeste de la República Mexicana.
Este intervalo está ocupado por cinco subespecies de berrendo (A.a.
americana, A.a. mexicana, A.a. peninsularis, A.a. oregona y A.a. sonoriensis), de
las cuales tres se encuentran en la República Mexicana. A.a. sonoriensis, que
habita en el desierto sonorense, México; A. a. peninsularis, que se localiza
únicamente en la Reserva de la Biosfera de El Vizcaíno, en Baja California
Sur; A.a. mexicana, que habita en el estado de Chihuahua y, tras una reintroducción
de dos grupos provenientes de Nuevo México, E.U.A, ahora
también en el Valle Colombia, Coahuila. Sin embargo, actualmente se descarta
la validez de la clasificación de subespecies, como se menciona en el capítulo
anterior.
Se calcula que antes de la llegada de los españoles al continente americano,
la distribución de la especie alcanzaba desde las planicies secas del
norte del Valle de México hasta los estados del norte del país, donde se estimaba
en cientos de miles. A principios del siglo XX, Nelson estimó que
la población en México era de alrededor de 2 400 individuos, después de
haber visto reducida su distribución solamente a los estados de Coahuila,
Chihuahua, Sonora y Baja California Sur. González-Romero y Lafón-Terrazas,
en un estudio realizado durante 1984, calcularon que únicamente
quedaba en el país un máximo de 446 berrendos, lo que representó una disminución
de casi 82% en 60 años. De acuerdo con los últimos datos, se estima
que en el estado de Chihuahua hay alrededor de 318 individuos; en
Coahuila, cerca de 80; en Sonora 433 y en Baja California Sur, 200. De forma
evidente, el berrendo está considerado como especie en peligro de extinción
en nuestro país.
Treviño analizó la estructura y la distribución de las poblaciones del
berrendo en Chihuahua entre 1977 y 1978. Reportó diez localidades en
el estado donde existían poblaciones de la especie (véase figura 1). Estimó
un total de 505 adultos y 56 crías en 1977, que se redujo en el año siguiente
a 489 adultos y 44 crías. De las diez áreas reportadas por Treviño
en 1978, ocho mantienen poblaciones de la especie en la actualidad.

En lo que respecta al estado de Sonora, Phelps describió los datos
obtenidos en monitoreos realizados entre 1969 y 1978 por el Servicio Nacional
de Parques, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre y el Departamento
de Caza y Pesca de Arizona —los tres de Estados Unidos— y el Departamento
de Fauna Silvestre de la Secretaría de Ecología y Desarrollo Urbano
y Ecología de México. Este reporte, menos detallado que el de Treviño,
describió dos poblaciones separadas por zonas de desarrollo agrícola y por
asentamientos humanos. La población central —limitada al sur por la vía
de ferrocarril que corría entre Puerto Peñasco y Caborca y, al norte, por la
frontera con Arizona— sumó un total de 38 avistamientos entre 1969 y
1978, mientras que en la población aislada —cerca de la costa de Puerto
Lobos— sólo se informó de la detección de dos grupos, uno en 1971 y el
otro hasta 1978.
Lamentablemente no existen estudios recientes que caractericen la
disponibilidad de hábitat de esta especie en México. Por ello, la posibilidad
de llevar a cabo acciones confiables de manejo para la recuperación
de la misma es por demás limitada. En este sentido, este trabajo se propuso
establecer la disponibilidad actual de hábitat potencial para la especie,
así como el estado de fragmentación y aislamiento de sus poblaciones
en México, por medio del uso de modelos predictivos de hábitat
(Genetic Algorithm for Rule Set Prediction, GARP; Stockwell y Noble,
1991) basados en el concepto de “nicho” descrito originalmente por
Hutchinson en 1957. Los resultados de este estudio pueden utilizarse
para establecer áreas de conectividad entre las poblaciones de berrendo,
así como áreas de reintroducción potencial. De hecho, con base en los
resultados de este proyecto se reintrodujeron dos grupos de berrendos
provenientes de Nuevo México a Valle Colombia, Coahuila, en un esfuerzo
conjunto entre Unidos para la Conservación, A.C., el gobierno de
México, a través de la Dirección General de Vida Silvestre del Instituto
Nacional de Ecología y el Departamento de Caza y Pesca de Nuevo México,
EUA.
PROCESO DEL ESTUDIO
Para obtener los datos de ubicación de los grupos de berrendo se recopilaron
reportes de monitoreos realizados únicamente por transectos en avioneta,
con base en el método descrito por Johnson y colaboradores en 1991.
Se incluyó la información de vuelos realizados en los estados de Chihuahua
y Sonora, pero no se tuvo acceso a la información de la Reserva de El
Vizcaíno, en Baja California Sur. La información de Chihuahua fue proporcionada
por Unidos para la Conservación, A.C., a partir de monitoreos aéreos realizados desde 1997 a 2000, descritos por Valdés y Manterola en
este volumen. Para el estado de Sonora, los datos fueron colectados por
personal de la Dirección General de Vida Silvestre de la Semarnap durante
1997 y 1998, y nos fueron proporcionados por autorización de su Director
General, el M.V.Z. Felipe Ramírez Ruiz de Velasco.
Todos los muestreos se llevaron a cabo en otoño, ya que es la época
durante la cual empiezan a formarse los grupos mixtos —generalmente
más grandes que los grupos genéricos—, lo que hace más fácil su localización.
Los grupos encontrados fueron registrados en formatos que incluían
fecha, horas de inicio y de término, área a volar, condiciones climáticas, así
como clases de edad y sexo —crías, hembras juveniles, machos juveniles,
hembras adultas, machos adultos e indeterminados—, número de individuos
observados para cada clase de edad y las coordenadas geográficas
—latitud-longitud— de la posición del grupo en el momento de la observación.
Se incluyeron además los puntos de inicio y de término de los transectos
y los extremos de las áreas.
Cabe señalar que las poblaciones de berrendos de Chihuahua suelen
encontrarse más asociadas a zonas de pastizal natural, mientras que las de
Sonora habitan zonas mucho más áridas con vegetación de suelos arenosos
y matorrales xerófilos. Por otra parte, se han reportado diferencias importantes
en ciertas pautas conductuales entre las dos poblaciones, que están
condicionadas en gran medida por la situación ambiental a la que se
encuentran sujetas. Por estas razones, decidimos describir a las poblaciones
de Chihuahua como “berrendos de pastizales” (BP) y a las de Sonora como
“berrendos del desierto” (BD).
Las coordenadas de localización de los grupos —en formato de grados
decimales— fueron copiadas de la página electrónica del San Diego Super-
Computer Center (http://biodiversity.sdsc.edu/cgi-bin/findir.cgi/screen.cgi).
Para realizar las predicciones por separado para BP y para BD, se utilizó el algoritmo
conocido como Genetic Algorithm for Rule-set Prediction o GARP,
desarrollado por Stockwell y Noble (1991) y Stockwell (1999).
Los algoritmos genéticos, implementados por primera vez por John
Holland (1975), basan su funcionamiento en resolver problemas de forma
análoga a los procesos evolutivos de los organismos. Esto se traduce en un
algoritmo que intenta definir soluciones potenciales a un problema, las
cuales son evaluadas y modificadas en distintas etapas hasta llegar a una solución
“óptima”.
Con base en este principio, el algoritmo GARP funciona a partir de
una serie de “reglas”, descritas como “modelos inductivos” (inferential models),
que evalúan la relación entre la presencia (variable dependiente) de
la especie y las variables ambientales relacionadas a ésta (variables independientes).
Este algoritmo utiliza cuatro reglas distintas, definidas por (1) las
variables ambientales que caracterizan cada uno de los puntos de presencia
de la especie (atomic rules), (2) por el rango de valores que cada variable
ambiental abarca, definidos como “envolturas ambientales” (environmental
envelopes) y que definen la tolerancia de la especie al medio
(BIOCLIM rules), (3) por los rangos de las variables más relevantes para la
especie (range rules) o mediante regresiones logísticas en las cuales se evalúa
la probabilidad de presencia de la especie; cuando ésta es mayor a un
valor establecido —entre cero y uno—, entonces el modelo asume que la
presencia de la especie es posible (logit rules).
En este caso, realizamos 10 predicciones para cada grupo —BP y
BD— con la finalidad de combinarlas y obtener una predicción de consenso
en la cual las 10 predicciones coincidieran. Usamos el programa Arc-
View 3.2 (ESRI, Redlands, California, USA) para las rutinas propias de Sistemas
de Información Geográfica convirtiendo las coberturas finales de
formato ráster a vectorial.
Validamos las dos predicciones de consenso al sobreponer los puntos
de monitoreo, esperando que 100% de éstos coincidiera con las mismas.
Depuramos estas predicciones tras eliminar áreas con pendientes mayores
a 20%, las cuales incluyeron tipos de vegetación que los berrendos usan
principalmente para dispersarse. Identificamos igualmente elementos de
“hábitat idóneo” que incluyeron únicamente los tipos de vegetación que
coincidieron con los puntos de detección durante los monitoreos, tomando
en cuenta que éstos fueron realizados durante la época de apareamiento,
cuando los berrendos restringen sus movimientos a zonas con elementos
adecuados para la reproducción. Para filtrar las pendientes y los tipos de vegetación,
utilizamos el Mapa de Topografía de México y el Mapa Vectorial
de Uso de Suelo y Vegetación, respectivamente, ambos creados por la Conabio
en 1998 y 1999.

Debido a que tanto las autopistas como los ríos representan las principales
barreras para la especie, dividimos las coberturas de hábitat de la especie
en polígonos independientes con el Mapa de la Red de Carreteras
(Digital Chart of the World) y el Mapa de Hidrografía (Maderey y Torres-
Ruata, 1990), ambos distribuidos por la Conabio; eliminamos entonces
todos los polígonos menores a 22 km2, ámbito de actividad mínimo para
la especie, y aquellos que no tuvieran elementos del “hábitat idóneo” —esto
último en las capas cartográficas temáticas denominadas “coberturas de
hábitat de uso general”—, con lo que obtuvimos los mapas de disponibilidad
de hábitat definitivos —predicciones finales— para ambos grupos.
RESULTADOS
Se analizaron datos de sobrevuelos de 1997 a 2000 en Chihuahua, los que sumaron
un total de 144 grupos observados en ocho localidades distintas. Entre
las áreas monitoreadas en este estado se definieron tres grupos: (1) donde
la vegetación principal fue pastizal natural (PN), como es el caso de El Sueco
Sur; (2) las que estuvieron dominadas por matorral desértico micrófilo
(MDM), entre las que se encontraron El Sueco Norte, Tinajas Verdes y Tosesihua,
Tres Castillos y La Perla; y (3) las que tuvieron una proporción similar
de MDM y de PN, como El Coyamito, Nuevo Casas Grandes y La Gregoria.
En el año de 1997 se voló un total de seis áreas, de las cuales El Coyamito
y La Gregoria fueron monitoreadas únicamente durante ese año.
En 1998, el esfuerzo de monitoreo se concentró en la zona identificada como
“La Perla”, llamada así por su cercanía con la mina del mismo nombre,
perteneciente a Altos Hornos de México. En 1999, al igual que durante el
año anterior, los vuelos se realizaron solamente en el área de Tres Castillos
y Tinajas Verdes. Durante el año 2000, los vuelos abarcaron nuevamente
un total de seis áreas.
Estos monitoreos en Chihuahua mostraron que las poblaciones de
berrendo se han dividido en tres principales áreas de distribución: 1. Zona
Norte —Casas Grandes—, 2. Zona Central y 3. Zona Sur —La Perla, Camargo
(véase figura 2).

El área volada en Sonora se localiza entre los 31.90 y los 31.00 grados
de latitud norte y los 113.70 y 112.65 grados de longitud oeste, expresadas
en grados decimales. La composición del uso de suelo del área estuvo
dominada por el matorral desértico micrófilo (MDM) con 69.49% de la
cobertura y la vegetación de suelo arenoso con 28.34%. Las poblaciones
de berrendo en Sonora se concentraron únicamente en el polígono delimitado
por Puerto Peñasco, Sonoyta, El Desemboque y Heroica Caborca.
Durante los monitoreos en Chihuahua (BP), los berrendos se encontraron
en zonas de pastizal natural (PN), de matorral desértico micrófilo
(MDM), de vegetación halófila y gipsófila (VHG) y en zonas de manejo agrícola
pecuario y forestal (MAPF). En lo que se refiere a los intervalos de altitud,
los berrendos se ubicaron entre los 1 400 y los 1 800 msnm, con mayor uso
de hábitat ubicado alrededor de los 1 600 msnm. Por su parte, los de Sonora
(BD) ocuparon principalmente la vegetación de suelos arenosos (VSA) y, en
menor proporción, el matorral desértico micrófilo (MDM). En cuanto a los
intervalos de altitud, se encontraron principalmente sobre los 200 msnm y, en menor grado, en los 400 msnm. Éstos fueron los tipos de vegetación utilizados
como elementos del “hábitat idóneo” para BP y BD, respectivamente.


La unión de las predicciones de consenso representó únicamente
0.003% del área total de la de BP y 0.01% de BD, lo que implica que la
coincidencia entre ambas es prácticamente nula.
Los ríos que coincidieron con la predicción para BP fueron el Conchos,
el Nazas, el Grande, el Salado y el Santa María en el extremo sur. En
cuanto a las autopistas, la predicción coincidió con la 2, 40, 45, 49, 54 y
57. Por su lado, el “hábitat de uso general” para BD coincidió con el río
Grande y el río Sonora, así como con las autopistas 1, 2, 15 y 57.
Como resultado, la predicción final para BP abarcó un área total de
215 112 km2 con 65 polígonos aislados entre sí, ya sea por las autopistas,
por los ríos o por estar separadas entre sí por barreras geográficas o por tipos
de vegetación no utilizados por la especie; de éstos, 158 050 km2 fueron
de “hábitat idóneo”. Para BD, la predicción final cubrió un área total
de 61 145 km2, de los cuales 36 432 km2 fueron de “hábitat idóneo”.
La predicción final del berrendo de pastizales abarcó los estados de
Chihuahua, Coahuila, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Nuevo León,
Baja California y Sonora. Los cinco polígonos mayores —que abarcaron un
área mayor a los 10 000 km2— constituyeron 83.88% de la cobertura total
de esta predicción. Más de la mitad de la superficie de los cinco polígonos se
ubica en Chihuahua, 54.58%, 32.44% en Coahuila, en Durango 8.63% y
en Zacatecas 4.34%. Los estados de Nuevo León, Baja California y Sonora
representaron cada uno menos de 1% del total de la cobertura de esa predicción.
Chihuahua y Coahuila abarcaron los mayores polígonos, por lo que la
continuidad del hábitat en estos estados se estima mucho mayor que en el
resto. Igualmente, es importante señalar que estos dos estados compartieron
el mayor polígono de esta predicción, situado en el extremo sureste de Chihuahua
y que cubre la mayor parte de Coahuila. Para los estados de Nuevo
León, Baja California Sur y Sonora, el área ocupada por la predicción fue por
demás reducida y fragmentada (véase figura 3).

Para el berrendo del desierto, la predicción final ocupó los estados de
Sonora, Baja California, Baja California Sur, Coahuila y Nuevo León. Mostró
dos polígonos mayores que 10 000 km2, los cuales representaron 53.94%
del área cubierta por esta predicción, y seis polígonos entre los 1 000 y los
10 000 km2, que constituyeron 33.25% del área total. Entre los ocho polígonos
abarcaron 87.19% del área total. Los estados involucrados fueron Sonora,
con 52.94% de la suma de los ocho polígonos; Baja California Sur, con
27.35%; Baja California, con 14.31%, y Coahuila, con 5.46%. Sonora mostró
la mayor continuidad de hábitat al tener el polígono más extenso, seguido
por Baja California Sur, donde la zona de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno
predominó sobre el resto del territorio. Coahuila y Nuevo León mostraron
una gran fragmentación del hábitat, con polígonos pequeños en comparación
con los tres estados del noroeste del país (véase figura 3).
SITUACIÓN DE LAS ÁREAS MONITOREADAS
Y DE LA COMPOSICIÓN DE SUS POBLACIONES
Al comparar las características de vegetación de las áreas monitoreadas hasta
la actualidad (véase Valdés y Manterola en este volumen) con la descripción
de las mismas hecha por Treviño (1978), todas dominadas hace 30 años por pastizal natural, resaltó el efecto de la desertificación a la que se ha visto sujeto
este tipo de vegetación característico del desierto chihuahuense, que esta
siendo gradualmente reemplazado por matorral xerófilo. A esto hay que sumar
que se han extinguido, desde hace 30 años a la fecha, dos grupos de poblaciones
de berrendo identificadas por Treviño (1978), Julimes y Benavides.
De las poblaciones persistentes hasta el año 2000, el tamaño promedio
de grupo fue similar al reportado por Byers (1997) —entre cuatro y cinco
individuos por grupo— considerado como adecuado para la sobrevivencia
y mantenimiento de los grupos. Sin embargo, al comparar los datos de
crías por hembra con el reporte de Treviño (1978) —todos en la categoría de
“muy pobre”, según la escala de Trueblood, 1971— se llegó a la conclusión
de que aparentemente la fecundidad de las hembras en Chihuahua tendió a
disminuir en los últimos 30 años. Esto podría estar respondiendo al efecto
de la desertificación en las áreas ocupadas por la especie, lo que ha ido reduciendo
la cobertura de pastizal y aumentando la de matorral xerófilo. Se ha
comprobado que la sobrevivencia de las crías se ve afectada negativamente en
función del aumento de la cobertura arbustiva espaciada y de la disminución
en cobertura herbácea, la cual generalmente se requiere que sea más densa.
El tipo de vegetación que constituía el hábitat del berrendo sonorense
hace 30 años parece no haber cambiado de forma notoria, pues sigue
dominado por el matorral desértico micrófilo (MDM) y por la vegetación
de suelos arenosos (VSA). Esto podría deberse a las condiciones ya de por
sí extremas de este hábitat, considerado como “el desierto más caluroso y
seco de Norteamérica” (Carr, 1981).
Con base en esto, concluimos que los puntos de muestreo representaron
el uso real del hábitat para las dos subespecies, por lo que fueron considerados
como confiables para realizar las predicciones a partir de los mismos.
USO DE HÁBITAT PARA LOS “BERRENDOS
DE PASTIZALES” (BP)
Y LOS “BERRENDOS
DEL DESIERTO” (BD)
Aunque la suma de las 10 predicciones de BP y las de BD siguieron patrones
similares, al obtener el consenso en la predicción definitiva para cada
uno, el sobrelapamiento entre éstas representó únicamente 0.003% del
área que abarcó la predicción definitiva de BP, y 0.01% de la de BD. Puesto
que el GARP modela a partir de parámetros que definen el hábitat óptimo
de las poblaciones que le sirven de base, los resultados de este análisis
permiten concluir que el uso y los requerimientos del hábitat para las dos
formas de la especie son distintos.
Estudios genéticos de ADN mitocondrial han demostrado que la clasificación
de subespecies para el berrendo no refleja con claridad las relaciones
filogenéticas entre los distintos grupos —véase Amor Conde en
este volumen. Dichos estudios demuestran que el aislamiento entre las
poblaciones probablemente se dio hace poco tiempo, por lo que podemos
interpretar que las diferencias que hemos encontrado en el uso de hábitat
entre los “berrendos del desierto” y los “berrendos de pastizal” pueden ser
indicativas de una respuesta reciente de adaptación a las condiciones ambientales.
El hábitat potencialmente disponible en México para los “berrendos
de pastizal” (BP) puede ser tipificado entonces como:
Vegetación: compuesta, en escala de mayor a menor cobertura, por matorral
desértico micrófilo, matorral rosetófilo, pastizal natural, zonas de manejo
agrícola, pecuario y forestal y vegetación halófila y gipsófila.
Altitud: entre los 600 y los 1 800 msnm.
Situación de fragmentación: existen cinco polígonos mayores a 10 000 km2;
siete, entre 1 000 y 10 000 km2; 19, entre 100 y 1 000 km2, y 34,
menores a 100 km2.
Estados: Chihuahua, Coahuila, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí y, en
mucha menor proporción, Nuevo León, Baja California y Sonora
(véase figura 3).
El hábitat potencialmente disponible en México para los “berrendos
del desierto” (BD) puede ser tipificado como:
Vegetación: compuesta, en escala de mayor a menor cobertura, por matorral
sarcocrasiucaule, matorral desértico micrófilo, vegetación de
suelos arenosos, vegetación halófila y gipsófila y manejo agrícola, pecuario
y forestal.
Altitud: de los 0 a los 600 msnm.
Situación de fragmentación: dos polígonos mayores a 10 000 km2; seis, entre
1 000 y 10 000 km2; 16, entre 100 y 1 000 km2, y 22, menores
a 100 km2.
Estados: Sonora, Baja California, Baja California Sur y, en menor proporción,
Coahuila y Nuevo León (véase figura 3).
En lo que se refiere a la distribución del berrendo peninsular (A. a.
peninsularis) descrita por Cancino y colaboradores (1994) —de la cual no
pudimos obtener datos de localización—, sus poblaciones están restringidas
al Desierto de El Vizcaíno en Baja California Sur. Ésta coincidió con
el polígono de la predicción final para BD, que ocupó dicha reserva de la
biosfera. Cabe señalar que esta subespecie también usa áreas desérticas dominadas
por matorral desértico micrófilo (MDM), vegetación de suelos arenosos
(VSA) y vegetación halófila y gipsófila (VHG). De esta forma y con
respecto a la utilización general de su hábitat, el berrendo peninsular puede
incluirse en la clasificación de “berrendos del desierto” respecto a las características
de su hábitat (véase figura 4).

EXTENSIÓN DEL HÁBITAT DISPONIBLE
PARA EL BERRENDO EN MÉXICO
Los resultados de este estudio muestran que el hábitat disponible para el
berrendo en México no se limita a las áreas que hoy ocupa. Hutchinson
(1957) explicó esto como una respuesta natural de las especies a la competencia
inter-específica y la depredación, con lo cual éstas no ocupan el
nicho “fundamental” sino lo que denominó el nicho “real”. Sin embargo,
existen claramente otros factores que pueden influir en el hecho de que
las especies, aun teniendo disponibilidad de hábitat adecuado para sostener
poblaciones viables, no ocupen estos parches. En el caso del berrendo,
la cacería furtiva, la captura de crías y el incremento de cercos ganaderos,
han sido factores determinantes para que las poblaciones de Chihuahua
y principalmente las de Sonora se vean severamente afectadas. Por desgracia,
el impacto de dichas actividades no ha podido ser adecuadamente documentado,
por lo que resulta muy difícil evaluar su efecto real en las poblaciones.
Por otra parte, el aumento en el fraccionamiento de las zonas rurales
por cercos ha generado que grupos que inicialmente pertenecían a la misma
población se vean aislados, aumentando drásticamente los efectos nocivos
de la endogamia. De esta manera se puede explicar por qué la extensión
de hábitat disponible para ambas formas de la especie, según nuestros resultados,
supera la extensión de las áreas donde se encuentra actualmente.
Aunque lejos de ocupar la extensión que tenía históricamente el berrendo,
los datos de este estudio permiten vislumbrar posibilidades reales
de recuperación de la especie, así como enfocar los esfuerzos en las áreas
que realmente lo ameriten.
Las poblaciones monitoreadas en Chihuahua se han dividido pragmáticamente
en tres grupos, los cuales se encuentran aislados entre sí. Sin
embargo, están distribuidos en los tres polígonos de mayor tamaño que se
obtuvieron en la predicción final de BP. Resulta difícil pretender restablecer
la conectividad entre estos tres grupos —Zona Norte (Casas Grandes), Zona Central y Zona Sur (La Perla, Camargo)— ya que los grupos de la Zona
Norte y la Zona Sur se encuentran a alrededor de 200 kilómetros de distancia
del grupo de la Zona Central. A pesar de ello, las probabilidades de
recuperación de la población de La Perla pueden ser altas, ya que sus números
poblacionales aparentemente se han mantenido en los últimos 30
años, no obstante la fuerte presión por la construcción de torres de transmisión
eléctrica y el intenso furtivismo. Es posible establecer un programa
de manejo de forma local con los propietarios para que levanten los cercos
y pueda aumentarse así la movilidad de los berrendos a lo largo del polígono
de mayor tamaño detectado en la predicción GARP.
La población de la Zona Norte, Casas Grandes, se encuentra en una
situación más alarmante, pues sus números poblacionales han disminuido
en los últimos 30 años. Su número de individuos era de por sí bajo y la
productividad de las hembras se consideraba también muy limitada. En
caso de que aplicar una estrategia similar a la que sugerimos para La Perla
no resolviera el problema, posiblemente resulte más viable capturar esta
población e integrarla a otra establecida, ya sea la de la Zona Sur o a la población
de la Zona Central.
El grupo de la Zona Central es, sin duda, el que se encuentra en la
mejor situación. Sin embargo, tras llevar a cabo prospecciones en el área,
notamos que la densidad de cercos es sumamente alta y está aislando a los
berrendos en pequeños grupos. Este tipo de barreras de origen humano no
pudieron ser incluidas en el análisis por la falta de datos precisos sobre su
localización y extensión; a pesar de ello, consideramos que su efecto en los
grupos de berrendo puede ser fácilmente resuelto mediante una campaña
de levantamiento de cercos para asegurar el intercambio genético a todo lo
largo del polígono en el que se encuentran. Esto podría ser suficiente para
mantener esta población y estimular su crecimiento.
La población de Sonora también ocupa el polígono de mayor tamaño
de la predicción final para BD. Es importante señalar que esta población
se encuentra aislada de las de Arizona por la Autopista Federal 2, por lo
que no se puede establecer intercambio genético entre ellas. Sin embargo,
para tener una idea más precisa de la situación demográfica de esta población,
sería valioso complementar los datos de estos monitoreos con los que
han realizado en los últimos años el Centro Ecológico de Sonora, el Instituto
del Medio Ambiente y el Desarrollo Sustentable del Estado de Sonora,
en México, y el Departamento de Caza y Pesca de Arizona y el Servicio de
Pesca y de Vida Silvestre, de Estados Unidos.
Los estados con mayor continuidad de hábitat para los “berrendos
de pastizales” (BP) son claramente Chihuahua y Coahuila, pues poseen los
polígonos de mayor extensión de la predicción final. Tanto Durango como
Zacatecas —aunque con una extensión de hábitat adecuado para BP
mucho menor a los dos anteriores— tienen polígonos cuya área puede albergar
poblaciones significativas de la especie. San Luis Potosí, Nuevo
León, Baja California Norte y Sonora contienen pequeños polígonos fragmentados,
por lo que no parece posible que puedan albergar poblaciones
de buen tamaño.
Para los “berrendos del desierto” (BD) la situación es especialmente
crítica, ya que se encuentran muy limitados de hábitat con respecto a BP.
Los estados con capacidad potencial para albergar poblaciones relativamente
grandes son Sonora, Baja California Sur y Baja California. Sin embargo,
tanto Coahuila y Nuevo León tienen poca extensión de hábitat como
para soportar poblaciones importantes de la especie, por lo que podrían ser
utilizadas únicamente como criaderos intensivos.
Es importante subrayar que, debido a la escala y la extensión de este
proyecto, los resultados del mismo deben ser utilizados como punto de
partida para estrategias de manejo y conservación a nivel nacional. Estos
proporcionan una visión regional —abarcando los estados del norte del
país— de la disponibilidad de hábitat potencial para la especie, mas no
pueden reflejar la calidad de parches específicos a una escala más fina. En
el caso de estrategias de reintroducción de berrendos a zonas dentro del
rango histórico, nuestros resultados deben facilitar la selección de áreas
adecuadas, las cuales deben a su vez ser evaluadas directamente en campo
con base en criterios específicos antes de llevar a cabo el manejo.


