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1. BREVE PANORAMA DE LA PROBLEMÁTICA AMBIENTAL:
LA CONSOLIDACIÓN DE LAS TENDENCIAS

"La nueva mentalidad es más importante incluso que la nueva ciencia y la nueva tecnología" A.N.Whitehead (citado por E. Morín).

El propósito de este capítulo es exponer, en términos generales, algunos de los rasgos más importantes que presenta la problemática ambiental en México y sus principales nexos con el conjunto de problemas mundiales, con especial interés en la región latinoamericana. No se pretende un diagnóstico, sino mostrar un contexto para ubicar la tarea educativa en un campo problemático1 que le otorga razón y sentido, pero que al mismo tiempo permite establecer sus limitaciones y posibilidades.
Es decir, de ningún modo se plantea que mediante la educación puedan resolverse complejos y seculares problemas ambientales, cuyas causas se encuentran íntimamente interconectadas con una serie de componentes socioeconómicos y políticos de los más diversos órdenes. Ello sería ingenuo o estaría asociado con aquellas posiciones educacionistas de los años setenta, que afirmaban que incrementando los índices educativos de los pueblos latinoamericanos, podrían superarse rezagos económicos y democráticos. La historia nos mostró un perfil diferente, justo en aquellos países del cono sur que habían adquirido en esos años una mayor escolaridad promedio. De ahí que partimos de que el modelo educativo es subsidiario del estilo de desarrollo (V. Sánchez 198:593).

Pero tampoco puede subestimarse el valor de la educación2, sobre todo en un campo que, si bien se encuentra profundamente atravesado por intereses estructurales y dimensiones globales, ofrece no sólo la posibilidad de la acción individual responsable, sino la potencialidad de la organización social y política. La educación, no es gestora de los procesos de cambio social, pero si cataliza en determinada dirección a los mismos.

Esto es importante porque los profesionales de la educación nos vemos cada vez más obligados a incursionar en campos del conocimiento que no han formado parte del quehacer del pedagogo. De esta forma, en educación ambiental un profesional de la educación necesita del aporte de disciplinas que no forman parte de su curriculum regular, tales como: ecología, desarrollo y economía. Otros campos en particular complejos, como el de la educación indígena, por ejemplo, requiere a su vez de la antropología y la lingüística. No existe otra forma. Los fenómenos de globalización que repercuten más ostensiblemente en el mundo de los procesos económicos y en el medio ambiente, se están expresando también en el cuerpo de las profesiones.

 

El mundo

Los últimos cuarenta años han sido testigos de algunos de los más grandes y acelerados cambios en la historia de la humanidad. La población mundial pasó de 2 515 a 5 292 millones, entre 1950 y 1990; es decir, un promedio de casi 70 millones anuales (Worldwatch 1990: 6). Se espera que se alcancen los 6 300 millones para el año 2000; un poco más de 90% de este crecimiento ocurrirá en los países en desarrollo. En palabras del PNUMA-ORPALC (1990: 6). , esto significa que la población que se sumó al planeta en este periodo, es equivalente al total de personas que lo habían habitado desde la aparición del homo sapiens. Este crecimiento demográfico sin precedentes estuvo asociado a una expansión de la producción de bienes y servicios, misma que medida en términos de PNB, se manifiesta en pasar de 2.9 billones de dólares en 1950 a 13 billones de dólares en 1986. Es decir, en sólo una generación la producción económica mundial aumentó en más de 400% (PNUMA-ORPALC). Resultados de otros estudios (CMMAD 1987: 250) nos dicen que en 1950 se fabricaba sólo una séptima parte de los bienes y se extraía apenas un tercio de los minerales que se producen en la actualidad. La producción industrial creció muy rápidamente entre 1950 y 1973, pues registró un incremento de 7% anual en la manufactura y de 5% en la minería. Aunque en épocas recientes esta tendencia ha declinado en estos dos rubros, si se les compara con otros sectores de la economía.

No se requiere ser un experto para inferir que estas colosales transformaciones ocurrieron a costa de un consumo enorme de energía y de la correspondiente extracción de recursos naturales en el sur. De ahí que la magnitud de los cambios haya implicado un costo mucho más alto para los países de esta región, puesto que son ellos los poseedores de la mayor parte de los recursos existentes.3 Se estima que 40 000 infantes mueren a diario en el tercer mundo como resultado de severas deficiencias nutricionales y enfermedades infecciosas (Worldwatch 1990: 17). Por su parte un estudio de la FAO reporta que para 1980, cerca de 500 millones de habitantes de los países en desarrollo casi uno de cada seis estaban gravemente desnutridos (FAO 1984). Una tercera parte de la población de estos países (alrededor de 1 200 millones de personas). viven por debajo del mínimo de 370 dólares per cápita. Esto es con menos de un dólar por día (PNUMA 1991).

Los problemas ambientales son distintos en los países desarrollados y en los denominados en desarrollo. Mientras que en los primeros, la degradación del medio es consecuencia de un conjunto de problemas vinculados con el exceso de consumo y el derroche, en los segundos es un resultado de las condiciones de escasez (CEPAL 1991: 10). En América Latina la pobreza es causa y efecto del deterioro del medio ambiente local; pero el progreso de los países industrializados se ha basado en la deforestación y, en algunos casos, en la explotación depredadora de los recursos naturales del sur (Comisión de Desarrollo y Medio Ambiente en América Latina y el Caribe 1991: VIII).

La Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (CMMAD 1987). en su reporte titulado Nuestro futuro común, mejor conocido como Informe Brundtland, señala en sus puntos 17 y 18:

En los últimos decenios las preocupaciones por los factores ambientales que amenazan la vida han surgido también en los países en desarrollo. Los campos sufren la presión de un número cada vez mayor de agricultores y de gente sin tierra. Las ciudades se llenan de gente, automóviles y fábricas, pero al mismo tiempo esos países en desarrollo deben evolucionar en un mundo donde la diferencia de recursos entre la mayoría de los países en desarrollo y los países industriales sigue aumentando y donde éstos predominan en la adopción de decisiones de ciertos órganos internacionales clave y ya han utilizado gran parte del capital ecológico del planeta. Esta desigualdad es el principal problema "ambiental" del planeta y su principal problema de desarrollo.

Las relaciones económicas internacionales plantean un problema especial a la gestión del medio ambiente en muchos países en desarrollo. La agricultura, la silvicultura, la producción de energía y la minería generan por lo menos la mitad del producto nacional bruto de muchos países en desarrollo y representan una proporción aún mayor del sustento y el empleo. La exportación de los recursos naturales sigue siendo un importante factor en sus economías, especialmente en los países menos adelantados. La mayoría de estos países se enfrentan con enormes presiones económicas internacionales y nacionales que los llevan a explotar en exceso la base de recursos del medio ambiente.

En efecto, los bajos precios internacionales de las materias primas, las barreras comerciales, las sequías y catástrofes naturales (como terremotos y huracanes). y la inducción de patrones tecnológicos inapropiados; todo ello aunado a los perniciosos efectos de una deuda externa con tasas de interés manipulables, y a un rezago acumulado históricamente, provocan que se exploten excesivamente los recursos para satisfacer obligaciones financieras internacionales, con lo cual el tercer mundo se ha convertido en un exportador neto de capitales. Además:

La ayuda de las naciones donantes no sólo ha sido inadecuada en escala, sino que ha reflejado demasiado a menudo las prioridades de las naciones que brindan ayuda y no las necesidades de los países receptores (CMMAD 1987: 26).

Strahm y Oswald (1990: 93). mencionan que el ecosistema original de la Tierra se encuentra al borde del colapso, debido a la destrucción definitiva de grandes extensiones de bosques tropicales húmedos, en porcentajes que varían de 72% en África del Oeste y del Este, hasta 37% en América Central y del Sur. Esta situación ha sido ocasionada por la demanda de los países industrializados de finas maderas tropicales.

Por su parte Graciela de la Garza (1991:20). denuncia que:

40% de los recursos naturales del mundo son utilizados por los países en vías de desarrollo para autoconsumo. El 23% de la contaminación global proviene del uso de tecnologías obsoletas e inadecuadas que compran y utilizan los países en desarrollo, el 77% restante por los procesos industriales de seis de los países desarrollados entre los que se citan Inglaterra, Estados Unidos, Japón y Canadá.

Asimismo, las estimaciones sobre el número de especies vivas sobre la Tierra oscilan entre los 5 y los 80 millones, de las cuales sólo 1.4 millones han sido descritas; aunque no se conoce con precisión el número de especies desaparecidas, los expertos coinciden en afirmar que aproximadamente 25% de la diversidad biológica del planeta está en peligro de extinción durante los próximos 20 ó 30 años (PNUMA 1991).

Lo anterior representa el asimétrico marco donde se expresan los problemas ambientales globales. Un marco que no puede reducirse a consideraciones de carácter ecológico y que por ello, da cuenta de su complejidad. Los problemas del medio biofísico se encuentran de manera inexorable conectados con las condiciones políticas, económicas sociales y culturales y con sus determinaciones históricas. Comprender esta intrincada red de mediaciones constituye un requisito indispensable cuando existe el propósito de intervenir en ella desde la particular situación del sur. De otro modo no podrían explicarse las resistencias y singulares respuestas que presentan los países industrializados ante problemas de magnitud planetaria, tales como la destrucción de la capa estratosférica de ozono, el cambio climático, la lluvia ácida y la modificación de la química atmosférica, la contaminación oceánica, la pérdida de la biodiversidad y la desertificación, por citar algunos, pretendiendo diluir su mayor responsabilidad.

Augusto Angel (1989:16). nos recuerda que un habitante del mundo industrializado consume doce veces más energía que uno del mundo en desarrollo4. Por su parte, Gonzalo Aguirre Beltrán (1987). señala que el hombre moderno consume en el curso de un año, la energía equivalente a la generada por 1.5 toneladas de carbón, y que cuando el gasto es menor de su equivalente de 0.750 toneladas per cápita, "el subdesarrollo sobreviene inconcluso". Estas son las proporciones de la desigualdad entre dos mundos que derivan en una correspondiente calidad de vida. Estos son los resultados de un modelo civilizado inequitativo violentamente impuesto, donde el sistema de cuenta nacionales utilizando para medir el adelanto económico incluye la depreciación de las plantas y el equipo, pero no el agotamiento de los recursos o capital natural. Desde la década de los cincuenta, el mundo ha perdido cerca de la quinta parte de sus tierras de cultivo, un veinte por ciento de sus selvas tropicales y decenas de miles de especies animales y vegetales (Worldwatch 1990:3).

En el mundo, cada año, seis millones de hectáreas de tierra productiva se convierten en desierto; se destruyen más de once millones de hectáreas de bosques, gran parte de cuya superficie se convierte en tierras para cultivo de calidad inferior, incapaces siquiera de alimentar a los agricultores que las cultivan. El empobrecimiento de la base de los recursos locales puede arruinar vastas regiones más allá de las fronteras nacionales (FUV 1990: 143). Huelga decir que estas pérdidas se localizan sobre todo en los países en desarrollo, aunque sus consecuencias tengan una dimensión planetaria, de cualquier forma, desigual. El consumo de alimentos por persona en Africa y en América Latina es más bajo hoy en día que al principio de la década pasada, lo que confirma la existencia de un círculo vicioso entre la degradación del ambiente y la profundización de la pobreza (Worldwatch 1990: 5-9).

 

América Latina

América Latina ha sido, en el marco del estado de cosas descrito, una de las regiones más afectadas, donde se generan profundas transformaciones de diversa índole; donde los países que modificaron en los últimos cuarenta años su condición de eminentemente rurales a urbanos hasta aquellos que revirtieron de manera sustancial las tendencias observadas en la primera mitad del siglo, a resultas de un conjunto de causas, entre las que se cuentan: los golpes militares, los conflictos armados y la agudización de los problemas económicos. La Oficina Regional para América Latina y el Caribe (ORPALC) del PNUMA (1990: 10-17). nos dice que, en este período, el crecimiento acelerado de la población y de la economía, así como el estilo de relación con la naturaleza, como son la concentración urbana de la población, el desarrollo de una agricultura intensiva en capital y tecnología, el mejoramiento de la salud pública, eficaces sistemas de comunicación y transporte, integración económica, crecimiento exponencial de la industria, incorporación al ambiente de nuevos compuestos químicos para aplicaciones agrícolas, industriales y domésticas (muchos de ellos prohibidos en los países industrializados). y la generación de desperdicios a escala masiva. Este organismo agrega que:

La población de la región se ha triplicado entre 1950 y 1989, creciendo de 125 a 380 millones de habitantes.5 Durante ese mismo lapso, el PNB se elevó de 100 a 700 mil millones de dólares y el consumo total de energía de 50 a 250 millones de toneladas equivalentes de petróleo... Durante el mismo período, se logró un progreso neto que se reflejó en los indicadores de salud, educación, esperanza de vida e ingreso per cápita. {pero} este progreso fue tan desigual que incluso se puede hablar de dos extremos de América Latina y el Caribe: las clases alta y media de carácter urbano con elevados niveles de consumo, y las masas en las áreas rurales empobrecidas... {que} dieron lugar a grandes movimientos migratorios hacia las ciudades provocando un proceso de urbanización precipitado y caótico.

De manera complementaria, Fidel Castro Ruz (1991). afirma que:

es bien conocido que {en América Latina} el producto por habitante en 1990 fue igual al que se había obtenido en 1977. Hoy según datos más recientes contenidos en la Declaración Final de la Segunda Conferencia sobre la Pobreza en América Latina y el Caribe, efectuada en Quito en noviembre de 1990, el número de pobres asciende a unos 270 millones de personas, que representan el 62% de la población total, mientras que no menos de 84 millones viven en condiciones de indigencia.

En esa década {años ochenta} no creció el producto por habitante, ni ninguno de los indicadores positivos del desarrollo económico y social, pero en cambio aumentó en forma alarmante la pobreza, la deuda externa, la inflación, el desempleo y el intercambio desigual. Los 270 millones de personas sumidas en la pobreza contrastan dramáticamente con la opulencia de pequeñas minorías que, en algunas ocasiones, no rebasan un 5% de la población, pero absorben las mayores proporciones del consumo, hasta alcanzar a veces no menos del 50% del ingreso.

Un ejemplo extremo podría ilustrar este contraste con respecto a décadas pasadas.

En los años veinte, Argentina hubiera tenido que figurar en el grupo de los ocho países de mayor poderío económico del mundo, con base en sus exportaciones agropecuarias. En 1946 donó un cargamento de trigo para mitigar el hambre de la postguerra española. En 1989 se organizaron en el país "ollas populares" para contribuir a la supervivencia de importantes sectores de la propia sociedad argentina, sumida ahora en una profunda crisis. Esta situación obedece a causas estructurales, que tienen poco que ver con la capacidad de producción y exportación de alimentos, y que se reproducen en muchos otros países de la región, en donde es hoy más profunda que nunca la brecha entre la miseria real y la calidad de vida potencial que podrían hoy deparar los niveles científicos, tecnológicos y culturales a los que ha accedido la especie humana (PNUMA-AECI-MOPU, 1990).

La depauperación de amplios segmentos sociales y de pueblos enteros se ha trasladado a la naturaleza; en efecto, vastas extensiones de otrora ricas tierras en América Latina se han visto sometidas a un creciente empobrecimiento, a resultas de la acelerada extracción de los recursos naturales determinada por los mecanismos económicos. Esta situación genera un proceso de subdesarrollo sostenido. Toledo (1992). señala que en el vértice de esta contradicción irresoluble entre la racionalidad de la economía de mercado y un uso ecológicamente adecuado de los recursos naturales y del ambiente, se encuentra el intercambio desigual. Retomando los datos del PNUMA (1990: 10-17). , sabemos que la desigual distribución de la riqueza generada por la transformación de los recursos naturales se conjuga con el empleo irracional de estos. Son los casos de la cantidad enorme de energía y materiales dedicada al desarrollo y mantenimiento de un sistema de transporte basado en el automóvil, que beneficia a menos del 10% de la población regional; así como recursos naturales con gran valor potencial como los bosques, que se sacrifican en aras de la obtención de beneficios a corto plazo mediante estrategias ineficientes debido a las condiciones del mercado o limitantes ecológicas, como el bien conocido caso de la ganadería extensiva en el trópico húmedo. Tales políticas implicaron que en los últimos 30 años se talaran 2 millones de kilómetros cuadrados de bosques, superficie mayor que la del territorio mexicano, con una tasa anual de desforestación que asciende a más de 50 000 Km2 en la actualidad.

"A principios de los años ochenta, la superficie estimada de tierras en proceso moderado o grave de desertificación afectaba unos 2.08 millones de km2, es decir, al 10% de la superficie total de la región". En relación con estos datos, N. Rodríguez y B. Torres (1990). nos dicen que para 1984, se calculaba que los ritmos de desforestación en Costa Rica y Paraguay eran del 4% anual; que en El Salvador, Nicaragua, Ecuador y Guatemala estaban entre el 2% y el 3% anual; en Colombia y México entre el 1% y el 2% en Panamá, Belice, Brasil, Perú, Venezuela, Bolivia y las Guyanas, cerca del 1% anual. las dimensiones reales de estos porcentajes en Brasil significan 1 480 000 ha. desforestadas por año; en Colombia, 820 000 ha. y en México 595 000 ha. Esta actividad tiene consecuencias directas en la desaparición de la flora y la fauna de manera definitiva, afectando la posibilidad de regeneración de los ecosistemas, por destrucción del sostén de endemismos y de las relaciones que implican una riqueza biótica única.

Por otra parte, pero íntimamente asociado con lo anterior, la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (1987: 101) plantea que el crecimiento económico de América Latina en la década de los setenta se facilitó por los préstamos externos. Los bancos comerciales con excedentes financieros concedían sin muchos requisitos empréstitos a los países de la región que fueran ricos en recursos naturales. Pero al cambiar las condiciones internacionales del dinero, aumentaron las tasas mundiales de los intereses a niveles sin precedentes, se restringió el acceso a los mercados de exportación, se dejaron de conceder préstamos y devino una fuga de capitales internos. Ello hizo insostenible el problema de la deuda. Se adoptaron políticas de austeridad para disminuir importaciones (40% en términos reales en tres años). La contracción económica resultante redujo el PIB per cápita en un promedio de 8% en los ocho principales países latinoamericanos. Disminuyeron los salarios y aumentó el desempleo. Las transferencias netas de siete importantes países latinoamericanos a sus acreedores subieron a casi 39 mil millones de dólares en 1984, y en ese mismo año 35% de los ingresos de exportación sirvió para pagar intereses de la deuda externa. Esta salida masiva representa de 6 al 7% del PIB de la región, alrededor de un tercio de los ahorros internos y casi 40% de los ingresos de exportación. Fácilmente puede inferirse el impacto ambiental que esta crisis económica produjo, al tenerse que presionar excesivamente los ecosistemas para responder a las exigencias del agiotismo internacional.

Estos son apenas unos cuantos datos que describen, de manera muy general, la situación imperante. Profundizar en el estudio de la problemática ambiental en América Latina nos conduce a una pesadilla, en la que cobran vida calamidades que se consideraban superadas en nuestro continente en los albores del siglo XXI. La presencia del cólera en el área andina y su extensión a otros países de la región es sólo una muestra. Pero el conocimiento de algunos otros problemas existentes derivados, por ejemplo, del tráfico clandestino de desechos industriales tóxicos a nuestros países o de la extinción de especies nos aporta elementos para actuar de manera más crítica (una propuesta de diez prioridades puede verse en F. Tudela 1991). Dicho en otros términos:

La paradoja es profunda: una región que no tiene, según la opinión generalizada, limitaciones en sus sistemas naturales que le impidan la satisfacción de las necesidades de sus pobladores, que dispone de una base educativa, cultural y tecnológica incipiente, pero bastante más sólida que la de las demás regiones del mundo en desarrollo, y que ha logrado en su conjunto avances democráticos innegables, se está viendo sometida a un proceso de deterioro social y ambiental sin precedentes (PNUMA-ECI-MOPU 1990).

Tal situación sólo es equiparable, a 500 años de distancia, a la destrucción provocada por la voraz colonización europea.

 


México

En el caso de México concurren un conjunto de fenómenos que otorgan una particularidad que no puede soslayarse con respecto a lo que ocurre en la gran mayoría de los países de América Latina. Su vecindad con la economía más poderosa del planeta determina una serie de características que han acelerado procesos o les ha dado una cierta especificidad. Desde el punto de vista de la cobertura de los medios, los problemas ambientales se concentran mayoritariamente en las grandes zonas urbanas (ciudad de México, Guadalajara y Monterrey). ; en las conurbaciones con un alto grado de producción industrial (Naucalpan-Tlalnepantla, Coatzacoalcos-Minatitlán, etcétera). y sus respectivos efectos en los ecosistemas convergentes (como el caso de las cuencas del Pánuco-Lerma-Santiago, San Juan, Balsas, Blanco, Papaloapan, Coatzacoalcos, etcétera).

Por otro lado, un importante grupo de especialistas afirma que, por el contrario, los principales problemas ambientales del país se localizan en las áreas rurales y ya han comenzado a manifestar consecuencias de orden superior. Algunos datos nos pueden ilustrar lo anterior. En términos de migración, los espléndidos suplementos del periódico La Jornada, intitulados Los Emigrantes (junio 1991). , dedicados a analizar este dramático fenómeno mundial nos señala que de los poco más de tres millones de indocumentados que regularizaron su situación migratoria en Estados Unidos, entre 1987 y 1988, el 74.9% tienen a México como su país de origen (OCDE 1991). No requiere ser un experto para inferir que esta cifra constituye sólo una pequeña parte del gigantesco iceberg migratorio. Por otro lado, según datos reportados por miembros del Secretariado Técnico del Consejo Consultivo del PRONASOL, en México existen 17 millones de personas que viven en la pobreza extrema; que en su mayoría son habitantes rurales de zonas áridas, semiáridas o comunidades indígenas, con condiciones de vida muy precarias.

Se trata de familias compuestas por cinco o más miembros y, por regla general, completamente analfabetas o con algunos años de primaria. Su esperanza de vida es menor que la del resto de la población y presentan una mortalidad infantil mucho mayor; carecen de los servicios públicos elementales, su alimentación es muy deficiente y la desnutrición se presenta como fenómeno permanente.

A estos 17 millones se suman los 24 millones calificados como pobres, a los cuales se les conceptualiza como aquellos que apenas pueden cubrir sus necesidades elementales y destinan la mayor parte de sus ingresos a la alimentación. La gran parte de los municipios con mayor marginación se encuentra en siete estados: Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Hidalgo, Zacatecas, Puebla y Veracruz. (Gaceta UNAM 30 de mayo 1991).7

Estos problemas son la erosión de los suelos, la crisis del agua y la pérdida de biodiversidad; mismos que si bien no son tan evidentes para la opinión pública, tienen repercusiones a distintos niveles de la vida nacional.

Por nuestra parte, es conveniente puntualizar lo que otros estudiosos del tema ya ha señalado; esto es, que los problemas de las zonas urbanas no deben visualizarse desvinculados de la problemática del campo, habida cuenta que entre estos existe una relación dialéctica. De ahí que el análisis de uno de los términos del binomio carece de sentido al margen del otro. Enfocados así los problemas, conceptuados como partes que integran un todo, emerge una perspectiva que permite apuntar hacia procesos de decisión de prioridades más comprensivos. En las páginas que siguen se mostrarán datos que contribuirán a formarse un juicio sobre dichas posiciones.

 

1) Recursos naturales

México es un país rico en recursos naturales. Su territorio, con una extensión aproximada de 2 millones de km2, entre superficie continental e islas, y con un litoral de 9 953 km contiene diferentes regiones y climas que propician la existencia de un gran número de especies de flora y fauna silvestres. Empero, los estilos de desarrollo nacional impulsados a partir de la década de los años cuarenta y el tipo de consumo que los caracteriza, han seguido un patrón incompatible con el cuidado del medio ambiente8. Así, una parte importante del costo del desarrollo ha sido financiado mediante la utilización irracional de los recursos naturales y su concomitante depredación de los ecosistemas.

En el territorio nacional se encuentra una gran diversidad de ecosistemas. Situado entre los 14º 33’ y 32º 43’ de latitud norte y 117º 19’ de longitud oeste (es decir, en la confluencia de dos regiones biogeográficas: la Neártica al norte del Trópico de Cáncer y la Neotropical, al sur del mismo). , es el quinto país en extensión del continente americano. Por su ubicación entre el Océano Pacífico y el Golfo de México, que bañan sus costas con corrientes de agua fría y caliente, se produce un efecto significativo sobre el clima y sus ecosistemas costeros. Las características geográficas del territorio dan lugar a grandes diferencias regionales en precipitación pluvial y humedad.

El relieve del país acusa también una amplia variedad, como lo muestran las sierras Madre Occidental, Madre Oriental y Volcánica Transversal, la altiplanicie mexicana, la depresión del Balsas y las extensas llanuras costeras. Estas características han determinado la configuración de cuatro grandes zonas ecológicas que, sin pretender precisión, se localizan: la árida, principalmente en el noroeste del territorio; la templada, en el centro del país; y los trópicos húmedo y seco, en el sureste y norte respectivamente. Se estima que la zona árida comprende aproximadamente 61% de la superficie territorial, la templada 26% y la tropical 13%. Ello favorece la existencia de una multiplicidad de ambientes y especies de flora y fauna terrestre y acuática, que conforman el patrimonio natural de la nación.

 

Agua

Los recursos hidrológicos son de fundamental importancia para el desarrollo socioeconómico. Sin embargo, la gran diversidad fisiográfica y climática de México hacen que este vital recurso no esté distribuido regularmente en el territorio nacional. Estos recursos pueden considerarse en dos grandes grupos:

- Aguas superficiales (mares costeros y aguas continentales como ríos, presas y embalses, lagos y lagunas).
- Aguas subterráneas (mantos freáticos).

Las aguas continentales se encuentran en escurrimientos superficiales cuyo volumen promedio se calcula en 410 millones de metros cúbicos anuales, de los cuales el 37% constituye el total de la precipitación en el mismo período. Estos escurrimientos se distribuyen en 320 cuencas hidrológicas. Las más importantes corresponden a la de los ríos Yaqui, Fuerte, Mezquital, Lerma, Santiago y Balsas en la vertiente del Pacífico. Las de los ríos Bravo, Pánuco, Papaloapan, Grijalva y Usumacinta en la vertiente del Golfo y, la del río Nazas entre las cuencas endorréicas.

Según estimaciones, el volumen medio anual de los ríos en México es de 360 000 millones de metros cúbicos. Aproximadamente, 60% de este caudal es aportado por sólo siete ríos; sin embargo, la superficie territorial que estos drenan representa apenas 27%, lo que indica la asimétrica distribución señalada arriba (FUV-FES 1990: 76).

Es importante hacer notar que 80% de los recursos hidrológicos del país se halla por debajo de la cota de 500 msnm, y contrariamente por encima de este nivel es donde se encuentra asentada más de 70% de la población total y 80% de la actividad industrial. De esta última, 55% se localiza en el Valle de México que sufre grandes problemas de agua (CONADE 1992).

Del 100% de la capacidad total de almacenamiento de aguas en las presas, 33% es empleado en obras de riego, especialmente en las regiones semiáridas del norte y 37% es destinado para la generación de energía eléctrica, principalmente en el sur y sureste del país. Se considera que 15% está destinado para el control de avenidas en épocas de lluvias y 15% restante corresponde a capacidad muerta. Respecto a la distribución volumétrica de almacenamiento, 95% corresponde a 59 presas con capacidad superior a los 100 millones de m3, mientras que el 5% restante está repartido en 1 250 embalses en todo el país. El agua almacenada en lagos representa un volumen estimado en 14 mil millones de m3. Este último volumen (14 mil millones de m3). aunado al referido sistema de obras hidráulicas para almacenamiento, cuya capacidad es del orden de los 125 mil millones de m3, dan un total de 139 mil millones de m3, que corresponden a 34% del escurrimiento anual.

La evaporación se ha calculado en 9 300 millones de m3 anuales en los cuerpos de almacenamiento del país (CONADE 1992: 47-48).

En cuanto a las aguas costeras, México ocupa una posición privilegiada por su situación geográfica en el continente americano; con acceso a dos océanos, con una gran extensión de litorales y con una notable diversidad de ambientes en sus zonas costeras. Gracias a sus más de 10 000 km de litoral continental que cuenta con aproximadamente 1.6 millones de ha. de estuarios y 1.25 millones de ha. de lagunas costeras. Asimismo, el mar territorial de nuestro país que llega hasta 12 millas mar adentro, ocupa 231 813 km2 y la superficie de la zona económica exclusiva 2 892 000 km2, áreas en las que México ejerce su soberanía (CONADE 1992).

Las aguas subterráneas son otra fuente importante de este recurso, sobre todo en aquellas regiones en donde no existen escurrimientos superficiales importantes. Se estima en 17 409 millones de m3 el promedio de la recarga anual y en 16 395 millones de m3 el de extracción en el mismo período; así como de 110 350 millones de m3 el volumen total de almacenamiento, considerando una profundidad no mayor de 100 m y con un cobertura de 57% del área total del país (CONADE 1992).
La precipitación pluvial es un factor determinante en el mantenimiento de volúmenes, tanto en aguas superficiales como subterráneas. Nuestro país presenta un promedio anual de 780 mm de precipitación pluvial; lo que corresponde a un volumen anual de 1 532 millones de m3. Sin embargo, mientras que en la zona norte y el altiplano la media anual es inferior a los 500 mm, en sólo una porción del sureste (7% del territorio). , la precipitación alcanza valores superiores a los 2 000 mm anuales (CONADE 1992).

Como consecuencia de lo anterior, se calcula que 50% del escurrimiento anual total se encuentra en los ríos más caudalosos ubicados en el sureste del país, y cuya región hidrológica comprende únicamente 20% de la superficie del territorio nacional. En cambio, en la zona norte sólo se tiene un escurrimiento de 3% del total de un área equivalente a 30% del territorio. Dadas estas circunstancias es que por una parte, se han tenido que construir numerosos sistemas de almacenamiento y obras de riego para solucionar las sequías de los estados del norte; y, por otra, para prevenir inundaciones por exceso de lluvias, ha sido necesario construir bordos de protección y rectificaciones, así como cauces de alivio (FUV, 1990:73).

Sólo la región central muestra un equilibrio entre el promedio de escurrimiento y la extensión territorial, teniendo una disponibilidad de 47% en 50% del territorio. Pero aún en esta zona se ha tenido que recurrir al trasvase de cuencas para satisfacer la demanda del área de la zona metropolitana de la ciudad de México, con todas las implicaciones que esto contiene para las zonas rurales afectadas (SEDUE-PNUMA 1990-1994).

El panorama nacional del agua estaría incompleto si no se hiciera referencia a los problemas de contaminación y sobreexplotación. La contaminación del agua se deriva de tres principales fuentes: la municipal, asociada a las cargas de origen doméstico y público que constituyen una importante porción de aguas residuales; la agropecuaria, representada por los afluentes de instalaciones dedicadas a la crianza y engorda de ganado mayor y menor, así como por las aguas de retorno de los campos agrícolas; y la industrial, referida a las cargas originadas por las actividades correspondientes a la extracción y transformación de recursos naturales en bienes de consumo y satisfactores para la población.

La contaminación del agua se conforma por una sucesión de fenómenos asociados a la concentración poblacional y de la actividad económica, toda vez que se demanda crecientes volúmenes de líquido y se generan más residuos y descargas de agua sin tratamiento.

Para 1980 se estima que fueron descargados a los cuerpos de agua del país 110 m3/seg de aguas residuales municipales, 74 m3/seg de residuos líquidos industriales y cerca de 0.5 m3/seg de aguas residuales provenientes de la agricultura (FUV, 1990:83).

Sólo en las ciudades de México, Monterrey y Guadalajara se generan actualmente 46, 8.5 y 8.2 m3/seg de aguas residuales respectivamente, que en conjunto equivalen a 34% del total a nivel nacional estimado en 184 m3/seg. De estos, 105 corresponden a descargas municipales y 79 a industriales. No obstante la estimación anterior, consignada en el Programa Nacional para la Protección del Medio Ambiente (PNUMA). 1990-1994, la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ). declaró que "el problema de la contaminación del agua en el país es provocado en 60% por la industria y en el 40% restante por la población" (La Jornada, 21 de octubre, 1990).


La ANIQ según la misma fuente, agrega que dichos sectores generan una vasta descarga de contaminantes, vertiendo a los cuerpos receptores de agua 2 millones 300 mil toneladas de materia orgánica al año —medida como demanda biológica de oxígeno—, en la mayoría de los casos sin ningún tratamiento.

De la descarga total de aguas residuales municipales que es de 105 m3/seg de acuerdo con el PNUMA 1990-1994, sólo se trata 15.7%, haciendo hincapié en que aproximadamente la mitad del volumen tratado es para reuso y no para el control de la contaminación. Por lo que respecta a las aguas residuales industriales, cuyo gasto es de 79 m3/seg, sólo se trata 15.5%. En cuanto a los sistemas de tratamiento, se estima que del total de plantas sólo 20% operan adecuadamente, 35% operan en forma ineficiente y 45% se encuentran fuera de operación.

Los principales contaminantes que modifican la calidad natural de las corrientes de agua son: altos contenidos de materia orgánica, que aceleran los procesos de eutroficación y, por consiguiente, la disminución de oxígeno disuelto; grasas y aceites, que ocluyen las agallas de los peces y disminuyen la transferencia de oxígeno; organismos patógenos, metales pesados, detergentes y plaguicidas que afectan la salud humana y a la flora y fauna acuáticas (CONADE 1992). Entre las manifestaciones del deterioro asociado al agua se pueden mencionar: el agotamiento paulatino de los suelos; el emprobrecimiento de terrenos de alta productividad agrícola, por efecto de la salinización; el abatimiento en general de los niveles de productividad del sector agropecuario; la desertificación por la pérdida de la cubierta vegetal; la inutilización de los cuerpos de agua que surten a la población; la disminución de acuíferos y la insalubridad de los polos urbanos.


De los estudios efectuados, se ha en encontrado que las 31 cuencas más severamente deterioradas reciben 91% de la materia orgánica generada en el país. Dichas cuencas son: Pánuco, Lerma-Santiago, San Juan, Balsas, Blanco, Papaloapan, Culiacán, Coatzacoalcos, Fuerte, Jamapa, La antigua, Guayalejo, Grijalva, Nazas, Coahuayana, Armería, Ameca, Conchos, Tijuana, Tehuantepec, Salado, Colorado, Bravo, Yaqui, Nautla, Sonora, San Pedro, Laguna de Coyuca, Purificación, Presidio y Concepción. Las cinco primeras requieren acción urgente, por las descargas de grandes concentraciones urbano-industriales, aledañas a dichas cuencas. (SEDUE-PNPMA 1990-1994:23).

La contaminación marina, cuyos agentes son los residuos orgánicos e inorgánicos de toda índole, afecta directamente al ecosistema y se manifiesta ostensiblemente en la sobrevivencia de peces y de algunos moluscos bivalvos, de importancia comercial y sanitaria, estos últimos por constituir filtros biológicos del agua marina.

La contaminación marina ha registrado índices de especial gravedad por derrames de hidrocarburos, no sólo durante su transportación (barcos-tanque accidentados). , sino por el proceso mismo de perforación de pozos marinos y su explotación, ocasionado por descontrol en la operación de los mismos o por explosión (Ixtoc I, Abkatum 91 y Yum II). En un estudio ecológico realizado por Petróleos Mexicanos (1988: 22-23), se consigna que los factores físico-químicos que deben controlarse en el área marina donde se realizan la perforación y explotación del pozo son, entre otros, los siguientes:

a) Potencial de hidrógeno, temperatura, salinidad, oxígeno disuelto, sólidos disueltos y suspendidos.
b) Hidrocarburos totales en agua y sedimentos.
c) Hidrocarburos totales en organismos.
d) Metales pesados en agua y sedimentos (cobre, níquel, plomo, vanadio, mercurio, hierro, zinc y cromo).
e) Metales pesados en organismos (en tejidos de crustáceos, peces y moluscos).

El mismo estudio señala tres comunidades biológicas que pueden ser afectadas por los factores físico-químicos antes indicados: fitoplancton, zooplancton y bentos. La opinión de Petróleos Mexicanos respecto a lo anterior, es que las concentraciones de los factores físico-químicos y su afectación a las comunidades biológicas están perfectamente controladas, desde que se puso en operación un convenio entre la UNAM y CONACyT (14-XII-1980). , para mantener un equilibrio armónico entre las actividades petroleras y la conservación del ecosistema marino. No obstante lo anterior, existen opiniones en contrario, a las cuales haremos referencia más adelante.

En lo que se refiere a la protección de los recursos marinos es evidente que debe de prestarse primordial atención a los problemas de la contaminación costera.

Al respecto, cabe agregar que siendo los mares el receptáculo final de todos los escurrimientos continentales, los desechos orgánicos e inorgánicos que estos arrastren, contaminarán necesariamente las aguas costeras de nuestro país.
Lamentablemente, todavía no hay evaluaciones en este sentido. Constantino Tapias (1980). señala que: los problemas más graves de contaminación crónica ocurren en conexión con la actividad del petróleo e industrias petroquímicas en países como México, Colombia, Venezuela y Trinidad. El intenso movimiento de carga y descarga de crudo, en la región del Caribe y el Golfo de México, es una amenaza permanente para las costas de la zona y para las muchas islas y arrecifes coralinos allí existentes.

(Por otra parte, el mismo autor considera). que las concentraciones subletales de plaguicidas han provocado cambios en el comportamiento general y en la fertilidad de las poblaciones de peces (y otros organismos marinos). al igual que mortalidad en aguas litorales.

P. Duvigneaud (1974) menciona que las mareas negras, como se designa a las capas de aceite que flotan en los océanos y que alcanzan las costas, provocan una importante pérdida de especies de flora y fauna (bancos de ostras, miles de aves sobre todo aquellas que se posan o se zambullen en el mar para alimentarse, etcétera) , determinando que los ecosistemas litorales se encaminen hacia una peligrosa simplificación. En alta mar, esta extendida y delgada capa de petróleo retrasa las dinámicas atmosféricas, frena la actividad solar y los intercambios de bióxido de carbono-oxígeno indispensables para los procesos fotosintéticos del fitoplancton y de las cadenas tróficas que de ahí parten.

Por otro lado, la sobreexplotación del agua subterránea se está generalizando principalmente en las zonas áridas y semiáridas (noroeste del país) , lo que ha ocasionado deterioros prácticamente irreversibles como intrusión salina, hundimiento de terrenos y necesidad de bombeo a profundidades cada vez mayores. En el caso de la Ciudad de México, 70% del agua se extraen de los mantos freáticos, con la desventaja de que la capa de pavimento y asfalto impide que el agua de lluvia pueda recargar estos depósitos (La Jornada, 15-VI-1991). A diferencia del dato anterior, en el boletín Oikos, de marzo-abril de 1990, publicado por el Centro de Ecología de la UNAM, se indica que la ciudad consume un promedio de 66 m3/seg de agua, de los cuales más de 80% (54 m3/seg). se extrae de la propia cuenca y el resto (12 m3/seg) se importa de las cuencas de los ríos Lerma y Cutzamala. Otra evaluación sobre estos consumos los aporta Elizabeth Lee (1991:65), cuando expresa que "del suministro de agua que llega a la zona metropolitana de la Ciudad de México y zonas anexas (62 m3/seg), 44 provienen del subsuelo del Valle de México, 7 del Lerma, 10 del Sistema Cutzamala y de diversos aprovechamientos superficiales dentro del mismo Valle". Por su parte, la Dirección de Construcción y Operación Hidráulica del DDF, señala que la extracción de agua en el Valle de México es superior al 100% con respecto a la recarga, lo cual provoca hundimientos graves en algunas zonas de la ciudad.

La Dirección General de Proyectos para el Medio Ambiente del Departamento del Distrito Federal indica que la zona metropolitana de la Ciudad de México consume actualmente 58 m3/seg de agua potable. De este volumen, en el DF se utilizan 35m3/seg que equivalen a llenar el Estadio Azteca dos veces al día. Más de la mitad del agua disponible se consume dentro de los hogares, y cerca de las tres cuartas partes de esta agua potable se gasta en el excusado y la regadera; en tanto que la utilizada para beber y cocinar solamente representa 5%. Todo lo anterior da cuenta, en parte, del grave desperdicio de agua en esta ciudad y de la potencialidad de la educación, aunada a la sustitución del equipo que propicia este desperdicio, para revertir esta situación.

En lo tocante a la zonas áridas y semiáridas, Carabias (1988: 15) expresa que en la comarca lagunera se han vivido ejemplos dramáticos respecto a la sobreexplotación de los mantos freáticos. "Se estima que se extraen para uso agrícola, industrial y doméstico cerca de 290 millones de m3 anuales de agua, siendo la recarga de sólo 18% de lo extraído... (lo cual). ha provocado la movilización de aguas fósiles con alto contenido de arsénico". Según esta investigadora, "el 56% de los habitantes padece envenenamiento crónico de arsénico y hay una alta incidencia de cáncer epidémico y problemas circulatorios" por la causa antes indicada. "A otro nivel y con consecuencias no tan drásticas está sucediendo lo mismo en muchas partes de la República", por la sobreexplotación de los mantos freáticos. A ello habría que sumar otros efectos en las aguas subterráneas, como los que ocasionan los grandes tiraderos de basura a cielo abierto en las principales urbes del país. "Estos depósitos de basura, durante la época de lluvias, producen lixiviados cuya filtración contamina los acuíferos, sobreexplotados por el bombeo" (C. González et al. 1991).

La contaminación de las aguas residuales municipales, aprovechadas para fines agrícolas en zonas áridas y semiáridas en los estados de México e Hidalgo, donde también se da una sobreexplotación de los mantos freáticos, presenta problemas graves porque transportan una enorme cantidad de agentes patógenos, además de desechos industriales conteniendo una amplia variedad de substancias químicas (entre ellas metales pesados como el mercurio, plomo, cadmio y cromo). que, aún en pequeñas concentraciones, son peligrosas para las especies vegetales y la salud de los animales y las personas que las consumen.

 

Suelo

En otro orden de cosas, pero estrechamente asociado con el problema del agua en el país, se encuentra el suelo. La capacidad de uso de suelo se clasifica por su vocación pecuaria, agrícola, forestal, mixta, improductiva, urbana, o por tratarse de cuerpos de agua. El 13.8% del territorio se utiliza para la agricultura; sólo 8.6% del mismo exhibe condiciones propicias para cualquier modalidad de aprovechamiento. En los suelos mixtos se encuentran condiciones ecológicas que permiten el desarrollo simultáneo de actividades agrícolas, pecuarias y forestales. Cerca de la mitad del territorio se destina a la ganadería semiextensiva y al pastoreo (SEDUE-PNPMA 1990-1994: 17). Todas estas actividades generan modificaciones importantes en la articulación natural del agua, aire y suelo, con la flora y la fauna. De acuerdo con la Fundación Universo Veintiuno (1990:89) :

Los dos millones de kilómetros cuadrados que comprende el territorio mexicano, el 17% es apto para la agricultura (34 millones de ha). , el 50% para la ganadería y el 14% está cubierto de bosques. Sin embargo, la agricultura utiliza sólo 20.8 millones de hectáreas, de las cuales el 78% es de temporal; la ganadería ocupa 128 millones de hectáreas.

De acuerdo con el Informe de la Situación General en Materia de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, 1989-1990 (CONADE 1992: 37), el país cuenta con 270 182 km2 de suelo agrícola (o sea 27 millones de hectáreas y fracción) , de los cuales 210 574 km2 son de temporal y 58 031 km2 de riego. Se considera que, en general, se utilizan para fines agrícolas cada año 168 mil km2, que representan 8.6 del territorio del país. El crecimiento demográfico y los desordenados y acelerados procesos de urbanización e industrialización, han modificado directamente al suelo, afectándolo en ocasiones de manera irreversible. La expansión de las fronteras agropecuarias y urbanas han alterado las superficies que conforman macizos forestales, bosques, pastizales, valles y cuencas naturales.

La pérdida de suelo por abuso de diferentes actividades humanas, trae consigo la alteración ecológica de la parte afectada, traduciéndose en un abatimiento de la productividad a través del tiempo, disminución de la producción neta y virtual, pérdida de grandes extensiones de terreno con capacidad agrícola o ganadera. Esto lleva aparejadas otras consecuencias negativas, como es el avance sobre ecosistemas que no son aptos para prácticas agropecuarias, principalmente forestales, cuyo ejemplo más conspicuo son las selvas tropicales.

La acción de algunos agentes como la lluvia, el viento y las corrientes de agua provoca la pérdida de suelo. Esto constituye un fenómeno de tipo natural llamado intemperismo, que bajo ciertas condiciones, se encuentra en equilibrio con el propio proceso de formación de suelo. Pero en el caso de las actividades humanas, la pérdida de suelo supera su recuperación. Por ello este tipo de erosión se convierte en un grave fenómeno con severas repercusiones en lo ecológico, económico y social.
La erosión suele estar asociada con la destrucción de los bosques para llevar a cabo actividades como la agricultura, la ganadería y otras, lo cual reduce la capa de humus, disminuye la permeabilidad y el agua de lluvia resbala sin infiltrarse en el suelo. En consecuencia, el régimen hídrico de los ecosistemas forestales se modifica rápidamente, generando fenómenos como las crecidas violentas de los ríos.

A medida que la erosión aumenta se produce un mayor arrastre de materia orgánica hacia las tierras bajas, cuya fase final suelen ser comarcas lacustres, estuarios u otros cuerpos. Eso provoca, a su vez, un incremento de la eutroficación que afecta a múltiples especies acuáticas por la disminución del oxígeno disuelto.

Asimismo, la erosión se vincula al fenómeno conocido como desertificación, término usado para referirse a la disminución o la destrucción del potencial biológico de la tierra que puede desembocar en un deterioro generalizado de los ecosistemas. (F. Medellín-Leal 1978).

Las principales causas de la erosión en México y, en especial, en las regiones montañosas y tropicales, son: destrucción de la vegetación natural; inadecuado manejo de los cultivos en terrenos con pendientes acentuadas; sobrepastoreo y tala inmoderada. Por su parte, el viento sólo tiene un efecto realmente importante en las zonas áridas y semiáridas.

Tal fenómeno se expresa de diversas maneras, pero la principal es el arrastre de sedimentos por los ríos y, sobre todo en las áreas comprendidas entre dichas corrientes (interfluvios). , por efecto de la precipitación, lo que prevalece sobre los demás agentes erosivos. De esta forma y en virtud de la creciente devastación de extensiones de nuestro país, antaño cubiertas por una rica y diversa vegetación (fundamentalmente en las zonas tropicales). la erosión hídrica se ha convertido en uno de los problemas ambientales más críticos, puesto que si para la década de los setenta, 80% del país sufría problemas de erosión en diversos grados; en la actualidad se estima que los suelos afectados representan un 86% del territorio nacional9 (OIKOS, mayo-junio 1990).

Las áreas más erosionadas son las de mayores pendientes, así como las zonas áridas o subhúmedas, en donde la limitante del agua no permite la presencia de la cubierta vegetal durante todo el año. Las altas tasas de erosión reportadas en zonas montañosas derivan, en gran medida, de la ganadería extensiva y del cultivo intensivo del maíz en condiciones de un manejo agropecuario inadecuado. En resumen, los problemas de erosión provocan una pérdida de productividad en los ecosistemas afectados y traen consigo problemas de azolve de presas, fenómenos de eutroficación, contaminación de ríos y lagos, inundaciones y reducción de acuíferos.

Otro problema que afecta los suelos es la salinización. Característico de las zonas de riego agrícola que consumen grandes cantidades de agua, habida cuenta que las concentraciones altas de iones cloruro, sulfato y carbonato son tóxicas para las plantas e impiden su cultivo.

Más del 10% de la superficie total irrigada en nuestro país, presenta problemas de salinización, principalmente los distritos de riego del noroeste, como el del Río Colorado en Baja California Norte, del Río Fuerte, del Río Culiacán y del Río Humaya, en Sinaloa, así como los del Río Mayo y el Río Yaqui en Sonora (FUV 1990:91).

Asimismo, como las aguas residuales de la población suelen utilizarse para riego agrícola, sin tratamiento previo, se ha observado una notable disminución en el rendimiento medio de diferentes cultivos, determinándose que el factor edáfico se encuentre afectado por esa causa.

 

Flora y fauna

México es un país cuya gran diversidad biológica es reconocida mundialmente. La presencia de una fisiografía muy variada y una posición geográfica que lo sitúa como frontera de dos regiones biogeográficas, contribuyen de manera determinante a este hecho. Los diferentes ecosistemas del territorio ofrecen abrigo a uno de los inventarios silvestres más completos y variados del planeta.

En cuanto a su fauna, México ocupa el segundo lugar mundial en diversidad de mamíferos (cuenta con 449 de las 4 170 especies que hay en el mundo). después de Indonesia que tiene 515. En aves, México ocupa el duodécimo lugar ( 1 150 especies de las 9 198 existentes). con 30% más que las que contienen juntos Estados Unidos, Canadá y Rusia. En anfibios ocupa el cuarto lugar con 282 de las 4 184 que existen (63% de las especies son endémicas). En reptiles ocupa el primer lugar con 717 especies de las 6 300 que se tienen registradas, de las cuales 574, es decir 80% son endémicas. En mariposas de la familia Papilionidae, México ocupa el décimo lugar con 52 especies de las 1 012 registradas y además cuenta con un total de 2000 especies de mariposas diurnas. En plantas vasculares ocupa el cuarto lugar con 25 000 especies de las 250 000 y se estiman en 30 000 más las que aún no se han descrito en México.

Cabe señalar que entre los países neotropicales de alta diversidad, México ocupa el primer lugar en mamíferos, el séptimo en aves, el cuarto en anfibios, el primero en reptiles, el sexto en mariposas y el tercero en plantas. (CONADE 1992: 61).

Tal diversidad ha ofrecido una gran cantidad de posibilidades de aprovechamiento para los distintos pueblos que han habitado nuestro territorio. Existe una gran cantidad de plantas que han sido empleadas por los distintos grupos étnicos indígenas para fines alimentarios, medicinales, habitacionales y rituales. Esta enorme variedad de aplicaciones no ha sido aprovechada con fines comerciales, reduciéndose prácticamente a una aplicación doméstica, cada vez más en desuso por efecto de la tranculturación.

El aprovechamiento de la flora silvestre se ha enfocado principalmente a la explotación masiva de algunos grupos, particularmente las coníferas, maderas preciosas, plantas ornamentales, rizomas, ceras y resinas. No obstante, se estima que son aproximadamente 5 000 las especies de flora que se encuentran sujetas a algún tipo de aprovechamiento por parte de las comunidades indígenas.

En cuanto a la fauna silvestre, su aprovechamiento se ha orientado, principalmente a los usos cinegético, peletero, ornamental y científico. En el calendario cinégetico, publicado en el Diario Oficial de la Federación, en agosto de 1990, se consideran 105 especies destinadas a propósitos de cacería; de éstas 56 son aves y 42 mamíferos (CONADE 1992).

Las condiciones geográficas del país le confieren características variadas que permiten la existencia de una cubierta vegetal que lo sitúa enntre los países con mayor diversidad florística del mundo; así, tiene representados en su territorio prácticamente todos los biomas que se han descrito en la Tierra. La superficie forestal ocupa 73.3% del territorio nacional; es decir, 143.6 millones de hectáreas, cuya superficie arbolada constituída por bosques y selvas, ocupa 38.9 millones de hectáreas, o sea, 19.9% de la superficie total del territorio (CONADE 1992). De estos ecosistemas no todos son aprovechables forestalmente; sin embargo, se consideran como tales: bosques de pino, pino-encino, encino, encino-pino-enebro, liquidámbar, pino-enebro, oyamel, oyamel-pino, pino-oyamel, cedro blanco, encino-liquidámbar, aile, oyamel-enebro, enebro-encino, eucalipto, enebro-pino y pirul.

En la producción forestal no maderable, los productos con mayor consumo son: la resina de pino, de la cual se extraen aguarrás, brea y aceites esenciales y cubre casi 65% de la producción nacional de estos productos; siguiéndole en importancia las fibras, rizomas, ceras y gomas. Victor Manuel Toledo (1991). indica que "la predominancia de los productos no maderables sobre los maderables, rechaza la idea común de que las selvas tropicales sean principalmente productoras de madera".

Por otro lado, también son aprovechables la vegetación de galería, así como las selvas alta perennifolia, media subperennifolia, media subcaducifolia, media caducifolia y sus respectivos secundarios y, finalmente, los manglares.

Son particularmente abundantes los bosques de pino y encino, ya sea formando bosques puros o compuestos, en donde predomina algunos de los elementos. Con la posible excepción de la Península de Yucatán, existen estos bosques en casi todo el país. Su distribución coincide, a grandes rasgos, con la de los macizos montañosos.

Con una extensión un poco menor, las selvas altas y medianas constituyen las comunidades más ricas y variadas que se distribuyen en el este y sureste del país, así como en las vertientes del Golfo de México y el Pacífico desde el centro del Estado de Sinaloa hasta Chiapas.

Los otros ecosistemas, constituidos por selvas bajas, chaparrales, mezquitales, matorrales y vegetación hidrófila, presentan un aprovechamiento forestal específico por parte de las familias campesinas, en la elaboración de artesanías, fabricación de utensilios, pequeñas construcciones como cercas y alambradas o como combustible. Pero además, se explotan de manera comercial, entre otras, la jojoba y la candelilla para la extracción de aceites y ceras de alta calidad para el mercado nacional y para exportación.

En este sentido cabe agregar que el potencial económico de las zonas áridas y semiáridas es muy grande y muestra expectativas de aprovechamiento que no perjudican significativamente sus respectivos ecosistemas. Estudios al respecto demuestran que es posible aprovechar comercialmente especies como el guayule, la gobernadora y diversas cactáceas, entre muchas otras, a partir de un manejo que permita al ecosistema absorber la perturbación, favoreciendo así su dinámica de resiliencia; es decir, el pluralismo simbiótico que caracteriza a la naturaleza.

La vegetación predominante en el territorio nacional es el matorral xerófilo (28.6%). , seguida de la superficie arbolada (bosques y selvas). y pastizales naturales. Es de notar también que el matorral, que ocupa cerca de 56 100 000 ha., es la comunidad vegetal que probablemente esta menos alterada por las actividades humanas (CONADE 1992). Por el contrario, la afectación de bosques y selvas ha sido muy significativa, siendo que estos operan como los grandes reguladores del clima, además de constituir la fuente de oxígeno más importante y desempeñar un papel importante en el control de las inundaciones y la erosión. Aparte de ser recursos para satisfacer la demanda de productos como madera y papel, los bosques proporcionan servicios difíciles de cuantificar, como la protección de cuencas hidrológicas, indispensables para el abastecimiento de energía hidroeléctrica y agricultura bajo riego, así como por constituir el medio ambiente de la fauna y flora silvestres.

Respecto a las especies de flora y fauna acuáticas, aunque no existen inventarios que arrojen información sobre su cantidad y potencial aprovechable, se estima que en nuestras aguas marinas habitan más 800 especies de peces. También se sabe que se explotan quince especies de crustáceos, 18 de moluscos y únicamente tres de algas marinas (CONADE 1992).

La ictiofauna dulceacuícola de México está constituída aproximadamente por 500 especies, distribuidas en 47 familias. De aquellas, son más de 60 las que se explotan regularmente. Los endemismos son múltiples y las cuencas más importantes en este aspecto son las de los ríos Lerma-Santiago, Usumacinta, Grijalba y Panúco; así como las cuencas endorréicas de Cuatro Ciénegas en Coahuila, Chichancanab en Yucatán y las lagunas de la Media Luna en San Luis Potosí.

Por otro lado, se sabe que actualmente son quince las especies de anfibios y reptiles que se aprovechan, entre las que se encuentran, en primer término, las tortugas dulceacuícolas y las ranas.

En este estado de cosas es evidente que nuestro país enfrenta serios problemas ambientales que ponen en peligro la sobrevivencia de cientos de especies vegetales y animales10.

La deforestación de miles de hectáreas de selvas y bosques; la desecación de pantanos, humedales, esteros y otros cuerpos de agua; la contaminación del suelo, aire y agua; el tráfico de especies como los psitácidos y las cactáceas, las prácticas cinegéticas ilegales y la cacería de individuos jóvenes que no alcanzan la edad reproductiva; el avance de la mancha urbana y de la frontera agropecuaria; la introducción de especies exóticas; entre otras, son las causas principales. De las especies de flora y fauna existentes en México se calcula, de manera preliminar, que 242 se encuentran en peligro de extinción; 435 están amenazadas y 164 son especies raras. Del total de especies antes mencionado, 400 son endémicas y, de estas últimas, 124 se encuentran en peligro, 180 están amenazadas y 96 son raras. Entre estas especies se encuentran, por ejemplo, el lobo mexicano, diversas tortugas marinas, el teporingo, el águila arpía, el carpintero imperial, el jaguar, el cedro de Guadalupe y la biznaga del Pedregal de San Angel (CONADE 1992). Se espera que el ingreso de México al CITES (Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Flora and Fauna), en junio de 1991, muestre resultados concretos en el corto plazo.

En relación con los recursos acuáticos, tanto costeros como continentales, éstos han sufrido severas perturbaciones, debido a la contaminación producida por el vertimiento de aguas residuales, la pesca incidental, los asentamientos en torno a plantas de procesamiento de productos pesqueros y la actividad de los centros turísticos. Existen efectos notorios como la destrucción de manglares y de recintos naturales para el refugio, la alimentación, la reproducción y la crianza de numerosas especies acuáticas migratorias. Los problemas principales que afectan estos recursos son: la sobre explotación de las especies de alto valor comercial y el impacto ambiental sobre los elementos funcionales y estructurales de los procesos ecológicos que tienen lugar en el entorno acuático, sea continental, costero u oceánico. Todo ello repercute en la disminución de la productividad de la pesca a gran escala y la tradicional y el abatimiento de especies importantes, desde el punto de vista comercial y ecológico. Aun no han sido evaluadas, con precisión, las modificaciones generadas en los fondos oceánicos y en los litorales.

En el caso de la fauna acuática, han sido y son explotadas una gran cantidad de especies migratorias, como las tortugas marinas. A las playas de nuestros litorales arriban a desovar siete de las ocho especies que existen en el mundo, mismas que hasta mayo de 1990 (fecha en que se decretó la veda total). soportaban una pesquería de gran magnitud, en particular la tortuga golfina, que era la única cuya captura se encontraba legalmente permitida.

En la sección denominada "Actividades Primarias" se formulan algunas consideraciones respecto de las consecuencias negativas que han ocasionado las actividades pesqueras a los ecosistemas marinos. Pero aquí es conveniente señalar, en lo que se refiere a la actividad acuacultural, y específicamente la camaronicultura, los impactos ambientales que pueden producir las varias granjas camaroneras existentes en ambos litorales, cuya instalación y operación deben planearse de tal suerte que no desequilibren sus respectivos ecosistemas. Lo anterior porque estas granjas modifican el flujo natural del agua y, en ocasiones, contribuyen a la destrucción de los manglares asociados. También obstruyen el libre flujo e intercambio de nutrientes en los esteros, así como el movimiento continuo de los organismos eurihalinos, entre el mar y estos ecosistemas.

En cuanto a la captura del camarón, es importante señalar que se desconoce, en parte la composición cuantitativa y cualitativa de la fauna de acompañamiento, así como sus variaciones temporales, estacionales y geográficas. No obstante, es conocido el hecho de que la relación de captura entre el camarón y su fauna de acompañamiento es de aproximadamente 1:10. Este volumen de fauna de acompañamiento atrapada, generalmente, se regresa al mar como desperdicio.

La fauna de acompañamiento no se ha aprovechado adecuadamente debido a la carencia de tecnología apropiadas para su conservación y almacenamiento en las embarcaciones, considerando la diversidad de especies y tamaños que la componen. A manera de ejemplo, se han encontrado hasta 218 especies de fauna de acompañamiento del camarón en el Mar de Cortés, pertenecientes a tres familias de celenterados, catorce de artrópodos, nueve de equinodermos, 20 de moluscos y 54 de cordados, principalmente peces. El valor comercial de esta fauna no se aprecia. (CONADE 1992).

 

Deforestación

Según el Programa Nacional para la Protección del Medio Ambiente 1990-1994, en México se reportan crecientes índices de deforestación, equivalentes a 500 mil hectáreas al año. Al margen de la estimación anterior, declaraciones recientes del Subsecretario Forestal de la SARH, Manuel Mondragón y Kalb, indican que suman "30 millones de hectáreas las que a través de varias décadas han sido afectadas por la deforestación", y que el Gobierno federal tiene el propósito de que para 1994 "México tenga una superficie en equilibrio entre la reforestación y la deforestación... Durante el presente año (1991). , se pretende reforestar de 30 a 50 mil hectáreas".

El problema de la deforestación se atribuye no sólo a la expansión de la frontera agropecuaria y al crecimiento urbano, sino también a los incendios forestales naturales, accidentales e inducidos. Por su parte, según afirma Carabias (1988). , la deforestación anual abarca cifras mucho mayores, ubicándola entre 400 y 800 mil ha y reconociendo que "más de 60 millones de hectáreas están seriamente erosionadas, otros 70 millones presentan erosión moderada y casi un 15% de la flora se ha declarado en peligro de extinción". Otras fuentes (V: Toledo 1987, en FUV 1990: 114). indican que la deforestación anual puede estimarse en 1.5 millones de hectáreas:

Para las décadas 1940-1950, 1950-1960 y 1960-1970 (se registraron). incrementos anuales promedio en la superficie ganadera de 1.11, 1.08 y 1.14 millones de hectáreas respectivamente, las que, junto con los incrementos registrados entre 1981 y 1983 dejan un ritmo de deforestación, sólo por razón de expansión ganadera, de 1.1 millones de hectáreas. Si a esto se agrega la cifra de nuevas tierras abiertas anualmente a la agricultura y de la pérdida por incendios forestales, la cifra de 1.5 millones de hectáreas deforestadas anualmente bien puede manejarse como bastante probable.

Retomando a Carabias y como contraparte a lo anterior, sólo el 0.86% del territorio se encuentra protegido en algunos parques nacionales, reservas ecológicas, parques urbanos y monumentos naturales. Peor aún, el 50% de estas áreas de jurisdicción de protección, también están deterioradas por la tala, sobrepastoreo y erosión, debido a la carencia de recursos financieros.11

En cuanto a incendios, durante 1988, estos afectaron a 518 265 ha en todo el país. En 1989, como consecuencia del Huracán Gilberto en el año anterior y la intensa sequía en el norte del Estado de Quintana Roo, los incendios forestales afectaron 119 233 ha en dicha entidad, alcanzándose la cifra de 507 471 ha en el territorio nacional (CONADE 1992).

Un caso particular lo constituye la Selva Lacandona. La zona lacandona y gran parte de la cuenca del río Usumacinta, constituyen el área compacta de selva alta perennifolia más extensa del territorio nacional. Antes de 1970, esta selva ocupaba más de 1 millón 200 mil hectáreas, pero en los últimos quince años la superficie arbolada se ha reducido casi a la mitad; o sea, una deforestación que, de continuar a ese ritmo, hará desaparecer el ecosistema. A este respecto, un estudio preliminar sobre deforestación en la región fronteriza del Río Usumacinta (A. Cortés Ortíz 1990). afirma que hasta 1980, la frontera México-Guatemala presentaba una cubierta vegetal relativamente uniforme; en tanto que en 1988, la mayor parte de la misma, en el lado mexicano, estaba desmontada de tal modo que solamente la selva alta perennifolia se había reducido de 3 209.5 ha a 2 032.25 km2. Esta deforestación se ha hecho para favorecer las actividades ganaderas, sin una planificación adecuada, lo que ocasiona y ocasionará fuertes problemas ecológicos y sociales.

La región aún selvática de la zona lacandona se localiza al noreste de Chiapas, comprendiendo los municipios de Palenque, Ocosingo y Margaritas, los cuales han seguido deforestándose en beneficio de la ganadería extensiva y de una agricultura temporalera de roza, tumba y quema. A este deterioro hay que agregar, según informes de Quadri (1987), los efectos de la explotación petrolera que contribuyen a la destrucción.

Para preservar, en alguna medida, el equilibrio ambiental de la región, por Decreto presidencial de 1978 se creó la Reserva de la Biosfera de Montes Azules, protegiéndose con ella 331 mil ha de las 600 mil que aún subsisten de la selva alta. Por su parte y en años recientes, la SEDUE diseñó un Programa de Desarrollo Integral Zona Reserva de la Biosfera Selva Lacandona, con propósitos de investigación y preservación biótica, así como para desarrollar actividades productivas con criterios ecológicos. algunos grupos ecologistas señalan que el Programa se ha quedado en buenos propósitos, por lo que sería conveniente una evaluación de sus resultados (Quadri 1987). Más recientemente (junio 1991). , la SEDUE concertó un importante convenio con el Gobierno del Estado de Chiapas que destaca la necesidad del desarrollo integral de la entidad en armonía con el ambiente. El documento comprende las políticas que habrán de seguirse para preservar este vital ecosistema tropical.

2) Impacto ambiental de las actividades económicas.

La preocupación mundial por los problemas de medio ambiente y su impacto en la calidad de vida, como binomio sociedad-naturaleza, se asocia con los efectos de un desarrollo basado en la economía de mercado. La articulación insoslayable entre los satisfactores que, de manera creciente, demanda la población y la urgencia de preservar par alas generaciones futuras los recursos naturales, conduce al análisis de la problemática implicada en las actividades económicas primarias, secundarias y terciarias.

En el caso México, las políticas para promover la producción primaria, en las últimas décadas, se han caracterizado por ignorar la heterogeneidad ambiental, implantándose modelos tecnológicos inapropiados para las distintas condiciones ecológicas, los cuales no siempre tienden al mejoramiento de la producción y, en cambio, impactan negativamente sobre los recursos naturales.

En cuanto a las actividades secundarias, está probado que la industria contribuye significativamente al desperdicio y contaminación del agua; produce diariamente cientos de miles de toneladas de desechos sólidos, muchos de ellos con características tóxicas y peligrosas para la salud humana y el medio ambiente; y ha sido una de las causas, en medida considerable, de la contaminación atmosférica en todo sitio donde se hallan sus instalaciones.

En lo que corresponde a las actividades terciarias (transporte, comercio, servicios municipales y servicios del sector público y del privado). el problema fundamental radica en la producción , acumulación y manejo inadecuado de sus desechos sólidos.

 

Actividades primarias

Las cinco actividades primarias que, de manera relevante, están deteriorando los ecosistemas son: la agricultura, la explotación forestal, la ganadería extensiva y el pastoreo, la porcicultura y la pesca.


Según cifras del Informe Bienal de Ecología y Medio ambiente 1990, las superficies en producción agrícola de riego y temporal, correspondientes a los años 1982, 1985 y 1990 fueron, respectivamente, de 19.3, 20.6 y 22.9 millones de hectáreas12, de acuerdo con la información del Plan Nacional Hidráulico. En cuanto a cultivos de riego, estos generaron aguas residuales que constituyen una fuente de contaminación por arrastre de agroquímicos, con un impacto creciente en los cuerpos de agua en proceso de eutroficación. De acuerdo con el Informe citado, esas aguas residuales son estimadas anualmente como sigue: 1980: 8 056.8 millones de m3, 1990: 8 345.0. Extrapolando a futuro estas estimaciones, para el año 2000, las aguas residuales ascenderán a 11 085.0 millones de m3.

Aún más, en una arista distinta del problema, la actividad agrícola al utilizar el suelo y el agua de los ecosistemas naturales, muchas veces, de modo indiscriminado y exhaustivo, ocasiona la extinción de especies vegetales y animales, y modifica las relaciones ecológicas originales. Esto da como resultado un ecosistema artificial, en el cual fueron alterados los ciclos del agua y de los nutrientes al tiempo que las cadenás tróficas. Al desaparecer ciertas plantas e insectos que en el ecosistema original funcionaban como predadores —o en competencia con el resto de las especies—, otras de ellas comienzan a proliferar y compiten alimentariamente con los propios cultivos, lo cual obliga a aplicar agroquímicos diversos para obtener un relativo equilibrio dentro del ecosistema artificial. Dicho de otra manera, éste se vuelve dependiente de la acción humana para su manejo y mantenimiento. Algunos datos (Strahm y Oswald 1990:98). muestran que de 1970 a 1989, en México ha habido un incremento de 218% de fertilizantes químicos por hectárea, por sólo un aumento de 68% de rendimiento por hectárea de trigo o arroz.

La actividad forestal, por otra parte, ha venido desarrollándose de una forma que ocasiona la modificación del ciclo hidrológico debido, principalmente, por la transformación de la cubierta vegetal original. Como ya se mencionó, la pérdida de la vegetación, además de la destrucción del hábitat de la flora y la fauna silvestres, incrementa el escurrimiento, disminuye la infiltración y puede alterar ciertos fenómenos climáticos. Ello produce cambios en la recarga de acuíferos, aparición de inundaciones catastróficas, reducción de humedad en las laderas (lo cual favorece la aparición de incendios forestales). , cambios en la dinámica geomorfológica y, por supuesto, erosión, el más severo problema ecológico del país.

El aprovechamiento forestal ha sido proclive a la explotación de unas cuantas especies de alta estima económica, como son las maderas llamadas preciosas (caoba, cedro rojo, guanacastle, ceiba, entre otros). y las coníferas (pino, oyamel, cedro blanco, ciprés, encino, etcétera). El 80% de la madera proviene de la explotación de especies de pino extraídos de Durango, Chihuahua, Michoacán y Jalisco.

Basar la producción maderable prácticamente sólo en el pino ha sido causa de un deterioro de las zonas templadas. Esta sobreexplotación de los bosques de pino contrasta con el desperdicio de recursos maderables de las zonas tropicales. En las selvas, a pesar de que se tumban centenares de hectáreas para convertirse primero en campos agrícolas y después en potreros, la madera no es utilizada más que para el autoconsumo, el resto por lo general se quema. Sólo las maderas tropicales preciosas tienen demanda y un mercado establecido. Durante décadas han sido extraídas sin preocuparse de su capacidad regenerativa. Por ello casi se han agotado, afectando no sólo el hábitat que ocupan, sino la intrincada cadena trófica de la cual forman parte. Tal es el caso de la caoba, que en la selva lacandona constituía un recurso abundante en el pasado.

Otra forma de explotación forestal es la de los productos no maderables como las resinas, fibras, rizomas, ceras y gomas, entre otros. La mayoría de los cuales se exportan como materias primas, pero la falta de regulación de la explotación de los recursos no maderables, también ha causado daños a los ecosistemas. Ejemplos conocidos son el tráfico que existe con la palma Chamaedorea, componente del sotobosque de las selvas tropicales, que por millares es vendida diariamente en el clandestinaje; o la sobreexplotación de la candelilla.

Para 1989 se estimó que México había perdido ya más del 95% de sus selvas húmedas; más de la mitad de sus selvas bajas; más de dos terceras partes de sus bosques mesófilos y una significativa proporción de sus humedales (La Jornada, 19-VI-1989). Veracruz, Campeche, Chiapas y Tabasco se convierten rápidamente en un enorme potrero. En el norte del país, donde está concentrada la mayor cantidad de ganado vacuno, el problema es diferente. La ganadería se establece en los ecosistemas naturales, generalmente, matorrales. La superficie que una vaca requiere para alimentarse en estas condiciones puede llegar a ser de 20 a 40 ha. Esto, dado las características de la legislación que establece como pequeña propiedad ganadera aquella que sea necesaria para sostener a 500 cabezas de ganado, propicia la reconcentración de tierras en neolatifundios de hasta 20 o 25 mil ha. En contraste, la mayoría de los campesinos sólo cuenta con una hectárea para cultivar (Carabias 1988). Un informe más detallado sobre la ganadería y su impacto ambiental (J. Carabias 1990). indica que:

más del 50% del territorio nacional (100 millones de hectáreas). está dedicado a la ganadería bovina de libre pastoreo. Alrededor de 37 millones de cabezas de ganado vacuno, que producen un millón de toneladas de carne, han ocupado el 90% de las selvas tropicales, el 25% del trópico, el 80% de las zonas áridas y semiáridas y el 20% de las templadas. Se establecen incluso en terrenos con potencialidad agrícola. Es una práctica productiva poco tecnificada e ineficiente y derrochadora de recursos naturales, aunque económicamente muy rentable. La rentabilidad se ha logrado a costa de los ambientes naturales.
Resumiendo, puede decirse que la ganadería extensiva, por un lado, es un serio problema ecológico que destruye sistemas naturales y desperdicia decenas de especies útiles que podrían aprovecharse y, por otro, genera un importante problema social que profundiza las desigualdades de los productores del campo.

En una perspectiva complementaria, es importante mencionar que la actividad agrícola para producir alimento para la ganadería intensiva ha venido ocupando una cada vez mayor superficie. La alfalfa, la cebada, los pastos y el sorgo ocupan 75% y 70% de los terrenos dedicados a cultivos de ciclo corto y perennes, respectivamente. Si se remite esta actividad a la situación que guarda en las distintas regiones ecológicas, encontraremos que la superficie requerida para alimentar una cabeza de ganado (índice de agostadero). en las áreas tropicales cálido-húmedas es de 0.8 ha; pero se necesitan hasta 70 ha aproximadamente en las porciones más secas del país. Tal situación se agudiza debido a que la banca pública otorgó prioridad en sus créditos y financiamiento, a principios de los años ochenta, a la agricultura de ciclo corto y cultivos perennes, aportando 76% del total de recursos económicos que se canalizaron, en gran medida, a la producción de alimento para ganado (FUV 1990: 125-126).

{Consecuentemente}, "la superficie dedicada a los cultivos básicos se ha estancado en las últimas tres décadas. Su incremento fue de 31%. Sin embargo, los cultivos destinados al consumo animal crecieron en un 1000%, ocupando incluso importantes extensiones maiceras en áreas de temporal. En los dos primeros años de esta década se presentó una importante revitalización de la superficie destinada a granos básicos, como consecuencia de las políticas del Sistema Alimentario Mexicano, tendencia que no se ha mantenido en el resto de la década... Esta forma de desarrollo delc ampo mexicano ha provocado una fuerte polarización del campesinado. Por un lado una agricultura económicamente dinámica, basada en el capital, dedicada principalmente a los cultivos comerciales, de exportación y a los alimentos balanceados para la ganadería, ocupa las mejores tierras agrícolas y utiliza una tecnología costosa económica y energéticamente... En el otro extremo, encontramos una agricultura marginada, productora principal de los alimentos que demanda el mercado nacional, temporalera, con escaso apoyo económico, técnico y de infraestructura, con gran heterogeneidad de prácticas productivas y de ambientes naturales, situada en las regiones más pobres del país, donde se localizan los asentamientos indígenas (J. Carabias 1990).

En cuanto a la porcicultura, si bien no se cuenta con información suficiente del consumo de agua que implica, ni de la generación de aguas residuales, hay datos que aportan pistas sobre las magnitudes de la contaminación producida. En la zona de la Piedad, Michoacán, se ha observado que se utilizan de diez a quince litros de agua por kilogramo de estiércol y que, en promedio, se generan 2 kg de excremento por cabeza cada día, considerando un peso promedio de los cerdos de granja de 70 kg (CONADE 1992).

La actividad de la crianza porcina representa actualmente un aspecto crítico de deterioro ambiental y sanitario en las regiones donde se practica, debido a la agresividad de sus desechos, al escaso o nulo tratamiento que reciben y a la inadecuada disposición final de los mismos. Se han realizado y se realizan grandes esfuerzos por resolver este problema.

La producción de ganado porcino se desarrolla, preponderantemente, en los estados de Guanajuato, Jalisco, México, Michoacán, Sonora y Veracruz; observándose un crecimiento constante en la producción. En forma específica, el corredor comprendido entre las poblaciones de Abasolo, Guanajuato y La Piedad, Michoacán se ha caracterizado por ser el lugar de mayor relevancia, a nivel nacional, en la generación de contaminantes por esta actividad.

Por último, la pesca representa una industria que se ha desarrollado en relativamente poco tiempo en el país, dada su riqueza acuática, toda vez que, en la actualidad, México se encuentra entre los primeros 17 países pesqueros, con una producción aproximada de 1 574 000 toneladas en el período noviembre 1989-octubre 1990. A este desarrollo ha contribuído de una manera cada vez más evidente la acuacultura, la cual aportó con 179 000 toneladas en el mismo período.

Por otra parte, las 2 239 embarcaciones con redes de arrastre, especialmente las camaroneras, hacen un barrido en el fondo del mar, acarreando muchas especies no deseadas por la tripulación que son devueltas al mar, por lo general ya sin vida -delfines, tortugas marinas, fauna de acompañamiento del camarón, etcétera- (CONADE 1992). Ante este tipo de deficiencias de la actividad pesquera, a mediados de 1990, el Instituto Nacional de la Pesca inició estudios con miras a corregirlas.13

 

Actividades secundarias

Es el sector industrial el que genera volúmenes más significativos de la contaminación de agua y suelo y, en menor proporción actualmente, en aire. Por consecuencia en esta parte se considerarán solamente los giros industriales que, de acuerdo con informaciones técnicas y científicas, contribuyen mayoritariamente al deterioro del medio ambiente.

El sector industrial, según los índices de extracción (captación), consumo y contaminación del agua, se ha clasificado en 39 grupos, de los cuales nueve son los que mayor cantidad de aguas residuales producen: azúcar, química en general, papel y celulosa, petróleo, bebidas, textiles, siderúrgica, eléctrica y alimentos. En conjunto, estos nueve grupos arrojan 81.7% del total de aguas residuales de origen industrial. Sólo los dos primeros representan 59.8% del total (CONADE 1992).

En cuanto a la generación de residuos sólidos, el sector industrial genera 370 mil toneladas diariamente. De este total, según cifras consignadas en el Informe General de Ecología (SEDUE-CONADE 1988) 8 219 toneladas/día (3 millones anuales). fueron considerados de naturaleza peligrosa. No obstante, otras fuentes (SEDUE-PNPMA 1990-1994; CONADE 1992) consideran cantidades entre 13 y 14 mil toneladas por día de residuos sólidos peligrosos. El Programa Nacional de Protección al Medio Ambiente 1990-1994, por ejemplo, menciona que la explotación minera genera más del 90% de los residuos a nivel nacional, que representa 120 millones de toneladas/año (328 767 toneladas/día), algunos de ellos francamente peligrosos por su alto contenido de metales pesados. Por su parte, los procesos siderúrgicos y de fundición de chatarra producen además polvos y lodos que contienen metales pesados, como cromo, plomo y cadmio, entre otros. Un gran número de estas industrias depositan sus residuos en terrenos baldíos y basureros municipales.

Datos de la Fundación Universo Veintiuno (1990: 16 y 93). señalan que este problema se encuentra tan sin control que el 49% de los desechos municipales se tiran a cielo abierto, 35% en lotes baldíos y carreteras y sólo 16% restante se trata o confina en rellenos sanitarios y plantas de recuperación e industrialización de materiales. De estas últimas, únicamente se han constituído cinco que operan en San Juan de Aragón, D.F.; Zapopan y Tonalá, Jalisco; Monterrey y Oaxaca, con una capacidad instalada total de 2 070 toneladas diarias. Cantidad insignificante, en virtud de las cifras precedentes y cuando se estima que se producen alrededor de 693g/hab./día de desechos; proceso en que recientemente se ha observado un incremento de desperdicios de origen industrializado como papel, plásticos diversos y vidrio.

Por otra parte y a diferencia de los contaminantes orgánicos, el plomo no se degrada biológica ni químicamente en la naturaleza. De allí que la presencia de este metal en el organismo humano, o en plantas y animales, en niveles que rebasen los índices normales de absorción y concentración estipulados como tolerables, sean motivo de preocupación a nivel mundial. En el caso México, un estudio difundido por el Grupo de los Cien (El Día, 29-V-1991). indica que los niños del Distrito Federal pueden contener en su organismo cantidades peligrosamente superiores a las estipuladas por la OMS. El estudio en cuestión fue realizado, por una parte en el Hospital Infantil de México, y por la otra, es resultado de investigaciones llevadas a cabo por la química Hilda Muñoz y los doctores Palazuelos y Hernández. El plomo interviene en procesos industriales muy diversos (pigmentos para pinturas, combustibles para motores, soldadura de latas para envasar jugos, chiles y otros, fabricación de lápices, etcétera). Aunque actualmente las autoridades están imponiendo mayores restricciones para disminuir, en lo posible, la utilización del plomo (en la gasolina y en la fabricación de tuberías y latas), las poblaciones urbanas y las que habitan zonas periféricas a las industrias, presentan concentraciones elevadas de plomo en la sangre, debido a la inhalación de humos y a la ingestión de partículas contenidas en el agua y en los alimentos.

Otro motivo de preocupación en cuanto a riesgos para la salud ocasionados por los procesos industriales, es el reportado por Iván Restrepo (1991) referente al alto grado de contaminación por asbesto que presentan las ciudades fronterizas de Mexicali, Ciudad Juárez, Chihuahua, Hermosillo y Piedras Negras en las que frecuentemente se utilizan tanques de este peligroso material par almacenar agua.

Un estudio de dos investigadores de la Universidad de Amsterdam revela que 350 colonias de la Ciudad de Chihuahua, donde habitan 450 mil personas cuentan con tubería de asbesto, mientras el 80% de las viviendas de Mexicali disponen de tanques de almacenamiento de agua fabricados con dicho material, sobradamente reconocido por su potencial carcinógeno. En tanto se reveló que tambos de 200 litros utilizados por las maquiladoras para almacenar substancias tóxicas y peligrosas, como plomo y sulfato, posteriormente los utiliza la gente para guardar agua que luego les sirve para preparar alimentos y otros usos caseros. Ello provoca un lento envenenamiento que empieza a manifestarse en casos de leucemia, sobre todo en niños.

Por otra parte, los agroquímicos representan otra importante fuente de contaminación ambiental. Los fertilizantes depositan grandes cantidades de nitratos y fosfatos en los sistemas de agua dulce, favoreciendo una intensa actividad biológica que genera consecuencias indeseables, como la acumulación de plantas acuáticas en lagos y embalses, eutroficación y afectación de la vida acuática.

En nuestro país, el empleo y aplicación de plaguicidas y fertilizantes, tanto para propósitos de agricultura como para la salud pública, se inició apenas en 1946. En la actualidad, con el objeto de incrementar la producción y como protección contra las plagas, el uso de insecticidas, herbicidas y fungicidas es común en todas las zonas agrícolas del país. La utilización de compuestos químicos para el control de plagas causa impactos negativos tanto al ambiente como a la salud, e incluso, a la larga, actúa desfavorablemente en el proceso productivo del sector agropecuario. Es sabido que muchos insecticidas (las aldrinas, por ejemplo). matan sin distinción a todos los organismos del suelo, o sea también a aquellos que, en otras condiciones, tendrían funciones simbióticas favorables a las plantas en cultivo, como en el caso de las leguminosas, donde las bacterias nitrificantes ayudan a fijar el nitrógeno en las raíces de la planta.

La acumulación de ciertos insecticidas (caso DDT) en tejidos de plantas y animales ha sido probada ampliamente. El camino seguido por el veneno ha sido este: el insecticida aspersado sobre el follaje del cultivo fue disuelto por la lluvia y cayó al suelo. Después fue absorbido por los gusanos de la tierra. Estos almacenaron el DDT en su organismo sin estar aparentemente intoxicados ellos mismos. Pero los jóvenes pájaros alimentados con estos gusanos de tierra murieron envenenados en la primavera siguiente. Un caso paralelo es el de numerosos insecticidas disueltos por las lluvias y que se escurren hacia los arroyos, lagos y estanques utilizados en acuacultura, acumulándose "en el plancton y alimento de los peces, teniendo una influencia directa sobre ellos. Los salmónidos (salmones, truchas). son particularmente sensibles a estos tóxicos". Por efecto sinergético (multiplicador). se ha observado que:

cuando una vaca, por ejemplo, come la hierba que ha sido tratada con DDT, dialdrina y heptacloro, estas sustancias se acumulan en la grasa y reaparecen en la leche. La fabricación de leche condensada aumenta la concentración... al pasar estos alimentos contaminados al tracto digestivo del hombre, el efecto tóxico multiplicado puede ser especialmente grave.

Así se consigna que investigaciones sobre malestares digestivos, detectados en lactantes, han manifestado la presencia de DDT en la leche materna (Kuhnelt 1969). Igualmente, se han encontrado significativos rastros de DDT acumulados en la grasa de fauna, alejada considerablemente de los sitios donde se realizó la aplicación, como el caso de los pingüinos de la Antártida.

Todo lo anterior, además de los problemas causados al suelo por efecto de la salinización y pérdida de fertilidad que han sido mencionados en apartados previos. Por lo mismo, es conveniente promover el control integrado de plagas, que incluye el uso de plaguicidas en mínimas cantidades, dando énfasis a los métodos biológicos de control, manejo del hábitat y ciclos de vida de las plagas.

Otra actividad productiva que ha sido causa de destrucción de los ecosistemas, es la petrolera. La exploración de las reservas, la extracción de petróleo, su transformación y los accidentes y fallas, han perturbado profundamente el agua, el suelo y la atmósfera de ecosistemas terrestres y acuáticos, lo cual ha afectado, a su vez, otras actividades humanas como la pesca, la agricultura y la ganadería, y a la salud humana.

El trópico húmedo es la región que ha sido más alterada. En ella se encuentran las mayores reservas de petróleo, concentrándose además de los pozos, la industria petroquímica. Es conocida la destrucción de la flora y la fauna del río Coatzacoalcos debido a la contaminación de las aguas causada por los desechos de la petroquímica La Cangrejera, Pajaritos y Minatitlán-Cosoleacaque, así como la alteración provocada al pantano de Santa Alejandrina, a resultas de los 40 cm de grasas, aceites y fenoles que se depositaron en él. Los efectos no solo recayeron en la flora y fauna locales, sino en numerosas especies de aves migratorias.

Otros ríos afectados han sido el Usumacinta-Grijalva por la presencia de Ciudad Pemex, Cactus y La Venta; el Papaloapan, por Matopiche, y el Pánuco, por Ciudad Madero. Diversas y productivas lagunas se han visto afectadas, por ejemplo, Tamiahua en Tamaulipas, Términos en Campeche, El Ostión en la desembocadura del Coatzacoalcos y Superior en Oaxaca. Los motivos de la contaminación en todos estos casos son diferentes. En algunas lagunas, la exploración ha producido derrames, en otras, la petroquímica vierte sus desechos a las aguas; en otras más, las obras de construcción y la instalación de ductos ha destruído selvas, manglares, palmares, pastizales y campos de cultivo.

Los efectos se manifiestan en la destrucción de ecosistemas y en la pérdida de tierras y aguas productivas. Numerosas son las denuncias y demandas de campesinos de Tabasco que han perdido sus tierras, cultivos y animales; o de cooperativas pesqueras, que no sólo han visto desaparecer especies de peces de los lagos y lagunas, disminuir drásticamente sus poblaciones, acabar con los cultivos de camarones y ostiones, sino que también sus artes de pesca se han deteriorado por el aceite, grasa y chapopote.

La industria petrolera, en sus procesos de refinación y petroquímica, genera anualmente 1.7 millones de toneladas de residuos. De este volumen, corresponde a desperdicios semisólidos 90.15%; a líquidos, 9.6% y a sólidos 0.25%. Se consideran peligrosos a 13% del total. Los residuos que se reciclan representan tan sólo 0.1%, siendo susceptibles de ser reutilizados 11% (SEDUE-PNPMA 1990-1994). Petróleos Mexicanos, desde la misma explotación hasta la transformación y distribución de sus productos ha llegado a afectar terrenos, principalmente por derrames accidentales de hidrocarburos y por las aguas residuales que se generan en los diferentes procesos.

La actividad petrolera y portuaria industrial en el Golfo de México ha producido importantes beneficios para el país. No obstante, la concentración de actividades inherentes a la explotación de hidrocarburos ha impactado sensiblemente a la región. Por igual se puede mencionar el corredor industrial del Bajío y la zona de Tula-Vito-Apasco. En esta última, la explotación y aprovechamiento de minerales, junto con la industria petroquímica y la generación de energía eléctrica, han superado la capacidad de asimilación del medio, con una emisión de contaminantes del orden de 350 mil toneladas anuales, siendo el bióxido de azufre y las partículas las más abundantes -80%- (CONADE 1992).

 

Actividades terciarias

En lo que corresponde a las actividades terciarias (servicios), los problemas ambientales que producen pueden resumirse como sigue. Un efecto correlativo a la contaminación atmosférica es el uso creciente del automóvil: 95% se emplean para usos privados, transportan 19% de los viajes-persona-día, ocupan 70% de la vialidad y consumen quince veces más combustible por persona que el sistema colectivo. La cantidad de combustible que emplean es muy elevada: entre 1970 y 1988 su consumo sólo en la ciudad de México se incrementó a más del doble y representó un tercio del total nacional. En 1980 automóviles particulares y taxis consumieron 4 903 millones de litros de gasolina (alrededor de 13.4 millones diarios). y los autobuses y camiones 1, 102 millones de litros de diesel (aproximadamente 3 millones diarios). Para 1988 la demanda había crecido a 16.2 millones de litros de gasolina al día (casi un litro por habitante). y más de 5 millones de diesel.

En este orden de evaluaciones, "las cifras correspondientes al balance energético de México (sólo en 1984). nos permiten afirmar que: el transporte es una gran consumidor de energía (ocupando el segundo lugar a nivel nacional). " (L. Chía Becerril y V. G. Pérez 1990).

El ruido es otra forma importante de contaminación del aire, típicamente originado por actividades terciarias. El uso constante y creciente de vehículos automotores es una de las principales fuentes de contaminación sónica. En los últimos quince años, la tecnología y las aglomeraciones han determinado su incremento en las ciudades. La Organización Mundial de la Salud (OMS). considera que el límite recomendable para no afectar el oído, es de 85 decibeles (dB); sin embargo, desde los años sesenta, en el primer cuadro de la Ciudad de México y en algunas de sus arterias principales existían niveles superiores a los 95 dB.

simismo, la cabecera de aterrizaje del aeropuerto, la colonia Industrial Vallejo y las delegaciones Atzcapotzalco, Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero, son zonas de la ciudad con graves problemas al respecto (J. Legorreta 1991). Como es sabido, además de los daños al aparato auditivo, el ruido puede producir otras afecciones y molestias derivadas como el estrés.

Las veinticinco ciudades del país con mayor problema de ruido, alfabéticamente, son (CONADE 1992). :

1. Celaya 6. Guanajuato 11. Manzanillo 16. Pachuca 21. Saltillo
2. Colima 7. Hermosillo 12. Mazatlán 17. Puebla 22. Tepic
3. Chetumal 8. Irapuato 13. Mérida 18. Querétaro 23. Tijuana
4. Durango 9. C. Juárez 14. C. México 19. Salamanca 24. T. Gutiérrez
5. Guadalajara 10. León 15. Monterrey 20. S. L. Potosí 25. Zacatecas


El deterioro ambiental ocasionado por las actividades terciarias tiene efectos especialmente dramáticos en la ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Del total de los 81.1 millones de habitantes que, según los resultados preliminares del Censo de 1990, viven en la República Mexicana, 28% se concentran en estas tres ciudades, dando lugar a problemas críticos derivados de la necesidad de abastecimiento (agua, alimentos), servicios municipales y vivienda, así como suministro de energéticos. Como contraparte, el 33% de la población total se halla dispersa en pequeños poblados rurales con menos de 2 500 habitantes cada uno, y 39% restante en localidades de más de 2 500 y menos de un millón (FUV-FES 1990: 15). Esta desigual distribución demográfica está asociada directamente con los problemas ambientales y coincide con la conflictiva social y económica que presupone el desarrollo urbano adoptado en México, observándose una marcada relación entre el nivel de contaminación, el tamaño del asentamiento y el nivel de crecimiento económico.

En los últimos 50 años la presión ejercida por el crecimiento demográfico e industrial y la deficiente planeación del uso del suelo y sus recursos han motivado un desarrollo desequilibrado, en donde los usos más comprometidos del suelo se derivan de la interacción urbano-industrial, minimizando la posibilidad de un desarrollo armónico y maximizando los costos ambientales. La causa de estos desajustes de crecimiento tiene sus antecedentes en el modelo de desarrollo adoptado, a partir de los años cuarenta, que se centró en el proceso industrial. Ello propició el rezago del sector agropecuario, el cual fue incluido en el proyecto pero con la peculiaridad de ser considerado como abastecedor de materias primas, alimentos y mano de obra baratos.

De ahí que durante los últimos 50 años y aunque la producción industrial en México aumentó cincuenta veces, superando el crecimiento de la tasa demográfica en 3.5% anual promedio, los rezagos de épocas pasadas no han permitido dotar a la población mexicana del bienestar deseable, habida cuenta que las altas tasas de crecimiento demográfico aunadas a su inadecuada distribución, han ido aparejadas a una creciente migración de los habitantes de pequeñas comunidades rurales hacia las ciudades. Con el aumento descontrolado de las poblaciones urbanas, aparecen mayores índices de contaminación de aire, agua y suelo, así como la pérdida constante de áreas naturales, o su afectación como es el caso de muchas cuencas hidrológicas del país.

Es así que los grandes polos de desarrollo, por una parte, demandan cantidades cada vez mayores de agua y, por otra, aportan mayores volúmenes de contaminantes (aguas residuales y desechos sólidos municipales e industriales). El suministro de agua a los centros urbanos representa grandes erogaciones, ya que en tanto las mayores demandas provienen de regiones situadas por encima de los 500 msnm, la mayoría de las cuencas susceptibles de servir como fuentes de abastecimiento se localizan por debajo de esa cota. Estas condiciones han obligado a construir sistemas de captación y conducción con inversiones extraordinariamente costosas.

No se ponen en duda, sin embargo, los beneficios económicos que los polos de desarrollo producen al país. No obstante, sus ventajas no compensan los daños al medio ambiente y a la salud, ni los costos sociales implicados. Es más, el deterioro ambiental restringe las posibilidades de un desarrollo sustentable de largo plazo, por lo que los procesos de urbanización e industrialización deben verse con perspectivas cualitativamente distintas a las que han dominado hasta la fecha. Esto conduce a analizar de manera crítica situaciones que prevalecen en ciudades fronterizas como Tijuana, Ciudad Juárez, Reynosa, Matamoros y Piedras Negras y en puertos industriales y centros turísticos como Acapulco, Coatzacoalcos, Ensenada, Salina Cruz, Lázaro Cárdenas y Villahermosa que han visto mermadas sus posibilidades de desarrollo y la calidad de vida de la población, a consecuencia de los problemas ambientales que padecen.

 

Urbanización

Aunque en la sección anterior se han señalado algunos de los problemas derivados de la expansión urbana descontrolada que el país ha sufrido en los últimos años, se ha abierto este apartado para precisar algunos datos referidos a las tres ciudades más grandes: México, Guadalajara y Monterrey, mismas que por sí solas concentran la tercera parte de la población nacional; producen 40% de los contaminantes emitidos a la atmósfera y generan 34% del total de aguas residuales.

 

Guadalajara

El crecimiento demográfico de la zona metropolitana de Guadalajara en los últimos años ha sido tal que cuenta en la actualidad con tres millones de habitantes, lo que se ha traducido en un incremento en la demanda de energéticos y de transporte. Se estima que la cantidad de vehículos automotores asciende a 700 mil unidades; en tanto que ser reportan más de 23 mil establecimientos industriales, comerciales y de servicios (industria química, fundición, generación de energía eléctrica y cementera). Vehículos y establecimientos comerciales generan 600 mil toneladas anuales de contaminantes; 65% provienen de fuentes móviles y 35% de las fijas.

La ciudad de Guadalajara y sus municipios conurbados han contribuido de manera significativa a la degradación que presenta la cuenca Lerma-Chapala-Santiago, al descargar en ella sus aguas residuales municipales e industriales, así como por las aguas de retorno agrícola. Como una extensión a esta fuente de contaminación de la citada cuenca, debe considerarse el corredor industrial Ocotlán-Tequila, congiros de bebidas, ingenios azucareros, alimentos, industria metalmecánica, papel, textil y hulera. Conviene agregar que además de los contaminantes directamente aportados por Guadalajara, contribuyen al deterioro ambiental de este sistema hidrológico, la desecación y sobreexplotación del recurso agua en esa cuenca, situación que ha disminuído gravemente los niveles del lago de Chapala.

En cuanto a recolección, traslado y disposición final de los desechos sólidos, el área metropolitana de Guadalajara no cuenta todavía con sistemas adecuados para esas operaciones. En la misma situación se hallan las localidades de Ameca, Ocotlán, Puerto Vallarta, Ciudad Guzmán y Lagos de Moreno. En relación con los residuos peligrosos debe señalarse que gran parte de la Entidad carece de confinamientos controlados para el caso. Igualmente carecen de ellos, diversas áreas agrícolas del Estado, contribuyendo así a la degradación del suelo (CONADE 1992).

 

Monterrey

La ciudad de Monterrey pasó de 0.2 a 2.8 millones de habitantes en el período 1940-1989. Circulan en ella más de 450 mil vehículos automotores y la actividad industrial está representada por más de siete mil instalaciones industriales, entre las cuales destacan: la rama metalmecánica, de maquinaria y equipo; química, hule y plásticos; madera y muebles; alimentos, bebidas y tabacos, y vidrio, cerámica y material para la construcción. Estas industrias generan más de 1 000 toneladas diarias de emisiones a la atmósfera. Como las condiciones meteorológicas son desfavorables para la dispersión de contaminantes, con una actividad industrial representada por 7 650 empresas, Monterrey está clasificada como zona crítica.

Anualmente se producen alrededor de 800 mil toneladas de contaminantes, de los cuales 51% corresponde a la industria y el 49% al parque vehicular, dando como resultado la concentración significativa de contaminantes en la atmósfera. Entre otras, partículas suspendidas en un rango de 190 a 305 microgramos por m3 en promedio diario.

La cuenca más importante es la del río San Juan que recoge las descargas de aguas residuales municipales e industriales que provienen del área metropolitana de Monterrey y sus municipios conurbados (Apodaca, Guadalupe, Garza García, San Nicolás de los Garza, Escobedo, Santa Catarina, San Pedro, Ciudad Juárez y la localidad de García). En Monterrey se generan aproximadamente 8.2 m3/seg de aguas residuales, las cuales un alto porcentaje se emplean, sin tratamiento, con fines agrícolas con el consecuente problema de salud pública. Las plantas de tratamiento de aguas residuales abastecen al sector industrial; sin embargo, los lodos biológicos subproducto de dicho tratamiento, son descargados al sistema de alcantarillado, provocando serias obstrucciones y complicando aún más la calidad final de las aguas residuales.

El problema de contaminación por residuos sólidos de la Entidad, se agudiza en los nueve municipios conurbados que integran la zona metropolitana de la ciudad de Monterrey. Se estima una generación de aproximadamente 2 120 toneladas diarias de residuos sólidos municipales y 4 500 toneladas diarias de residuos industriales (CONADE 1992).

 

Ciudad de México

La zona metropolitana de la ciudad de México (ZMCM). constituye el mejor ejemplo de la conflictividad que se establece entre medio ambiente y desarrollo urbano, por ser la megalópolis más poblada del mundo con todos los problemas inherentes en cuanto a contaminación atmosférica, acumulación incontrolada de desechos sólidos (muncipales e industriales). sobre-explotación del recurso agua y deterioro de su calidad, así como en relación al abasto de alimentos y energéticos, aunado a un interminable problema de vivienda. Diversos estudios (E. Ezcurra y otros 1991; FEV-FEs, 1990). coinciden, sin embargo, en señalar que el problema de la ciudad de México no son sólo sus dimensiones actuales, sino su crecimiento, toda vez que contaba con 1 642 000 habitantes en 1940 y para 1985, el área metropolitana se calculó en 15 656 000. Los siguientes datos estimados anualmente permiten presumir los problemas asociados: 4.8% de crecimiento demográfico; 5.2% de expansión de la mancha urbana y 6% de aumento en el parque automotor. Todo lo cual complica la dotación de servicios y el mantenimiento de la calidad del ambiente. Aún más, como el crecimiento de la mancha urbana ocurre a costa de suelos de gran vocación agrícola de la cuenca endorréica, que es el Valle de México, se ha degradado la capacidad productiva agropecuaria de la región.

La contaminación atmosférica, en la zona metropolitana, es consecuencia de la excesiva concentración urbano-industrial, junto con las condiciones geográficas y meteorológicas de la región. En ella se localiza 20% del total de establecimientos industriales de la república; 40% de la inversión del sector secundario y 42% de la población económicamente activa. Uno de sus principales problemas es la emisión de contaminantes, alrededor de 5 millones de toneladas anuales. De estas, 4 millones son causadas por fuentes móviles; 570 mil provienen de la industria y el resto corresponde a fenómenos naturales (SEDUE-PNPMA 1990-1994).

Se estima que en la zona metropolitana circulan cerca de 3 millones de vehículos automotores que contribuyen con el 80% del total de la contaminación. Emiten, principalmente, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, bióxido de azufre, hidrocarburos no quemados y otras partículas contaminantes. En relación con las fuentes fijas (30 mil aproximadamente). , la mayor parte de ellas se localiza en el norte y noroeste de la zona. Las emisiones principales provienen de las industrias: química, fundición del hierro y acero, textil, de minerales no metálicos, hulera, papelera, alimentos, vidriera, de plásticos, metal-mecánica, de asfalto, de grasas y aceites y cementera. La Refinería 18 de Marzo (recién clausurada). y las termoeléctricas aportaban 37% del total de contaminantes provenientes de fuentes fijas.

La evaluación de la contaminación producida por hidrocarburos de origen industrial es difícil, puesto que las emisiones originadas por evaporación reaccionan con mucha facilidad en la atmósfera en presencia de luz solar, produciendo ozono. Dichas emisiones provienen en forma importante, de las instalaciones de almacenamiento de combustibles, así como de la fabricación y empleo de pinturas, tintas y adhesivos, entre otros. En términos cuantitativos, el ozono es el principal contaminante atmosférico en la ciudad de México; se produce, como se señaló por reacciones fotoquímicas, a partir no sólo de los hidrocarburos, sino también de los óxidos de nitrógeno, principalmente. Su concentración en el área capitalina rebasa, en ciertas zonas y en algunas épocas del año (cada vez más frecuentes). , los niveles permisibles que fija la norma establecida de calidad del aire. Las concentraciones más altas de ozono se registran en la zona suroeste de la ciudad, con niveles máximos durante el final de la mañana y con tendencias a extenderse a las zonas norte y centro (SEDUE-PNPMA 1990-1994).

El nivel de contaminación del aire en la ZMCM varía en forma ostensible. Se agudiza durante el invierno, cuando se acentúan los efectos de las condiciones geográficas y meteorológicas particulares de la región, que dificultan la dispersión de elementos por ausencia de corrientes de aire y por el fenómeno de la inversión térmica. El Departamento del Distrito Federal (DDF). en el Programa General de Reforestación del Valle de México y su Area de Influencia Ecológica (1990-1994). , estima que "la calidad del aire de la ZMCM se ve afectada principalmente por altas concentraciones de ozono y partículas suspendidas totales, las cuales rebasan las normas el 72 y 60% de los días al año, respectivamente". Por su parte, la Fundación Universo Veintiuno (FEV-FES, 1990). considera que las normas de la calidad del aire son rebasadas 90% de los días del año.

El propio Departamento del Distrito Federal reconoce en el Reporte mensual sobre la calidad del aire en la ciudad de México (mayo de 1991). elaborado por la Coordinación General de Reordenación Urbana y Protección Ecológica, qu entre 1980 y 1990, el ozono mantuvo un porcentaje de días con excedencias en cualquier zona de la ciudad cercano al 80%, con máximos registrados de más de 300 IMECA... {En tanto} entre 1989 y 1990, las PST (las partículas suspendidas totales). excedieron la norma en cerca de 90% de los días medidos...

Por otra parte, de los 30 mil establecimientos industriales en la ZMCM, alrededor de 200 industrias se consideran "altamente peligrosas", las cuales deben cumplir con las disposiciones de la nueva "legislación de alto riesgo industrial" que señala la obligatoriedad de delimitar una zona intermedia de salvaguardia o amortiguamiento", a fin de proteger a la población asentada en torno a las zonas industriales (El Día 11-VI-1991).

Por lo que corresponde a los desechos sólidos (La Jornada Ecológica, 15-IV-1991). , los cálculos más confiables indican que diariamente cada hogar del Distrito Federal tira alrededor de 2.2 kg. de basura... En total la ciudad debe resolver el problema de recolección y disposición final de más de cuatro mil toneladas de dicha basura, a la que se agrega un volumen parecido proveniente de industrias, hospitales, mercados, vía pública, servicios, etcétera.

En el Distrito Federal el material más común hallado en la basura hogareña son los desechos orgánicos, pero también se encuentran cantidades notables de vidrio y plástico... Por su parte, el sistema de abasto de la ciudad también conlleva el desperdicio (sic) de grandes cantidades de basura, alguna de ella tóxica y peligrosa, que contribuye a la contaminación del suelo y de los mantos acuíferos; asimismo a deteriorar la calidad del aire y a crear problemas de salud.

La disposición de los residuos sólidos de la ciudad de México representa un problema de la mayor importancia. "La ciudad elimina cerca de 12 mil toneladas de basura por día y una cantidad importante no es eliminada a través del sistema de recolección domiciliaria y se tira en sitios clandestinos o en la vía pública", lo cual deriva, además de los problemas ya comentados, en la proliferación de fauna nociva (Ezcurra y otros 1991).

En cuanto al agua potable, la ciudad cuenta con una compleja red de distribución de más de 13 000 km de tuberías, cuyo principal problema consiste en las pérdidas de líquido por fugas y por el desperdicio de los consumidores; problema que se calcula en 20% del total del agua que se consume, suficiente para abastecer a una población de casi 4 millones de habitantes (A. Castillo 1990). Los 19 millones de habitantes que se localizan en el Distrito Federal y sus 17 municipios conurbados tienen una demanda de agua potable que se estima entre 66 a 75 m3/sesg, la cual supera la disponibilidad de las fuentes locales; de ahí que se ha acudido al aprovisionamiento de agua de fuentes externas, primero del Lerma y recientemente del Cutzamala, provocando diversos impactos ambientales en las cuencas donde se extrae el líquido (SEDUE 1989: 13).

Atinente a las aguas residuales, la ciudad cuenta con otros 13 000 km de cañerías que las desalojan del valle, junto con el agua de lluvia. Esta red saca alrededor de 40 m3/seg de agua, a través del Tajo de Nochistongo y del Portal de salida del Drenaje Profundo en el norte de la ciudad. Estas aguas mayoritariamente son empleadas para el riego de cultivos en el vecino Estado de Hidalgo, puesto que las diez plantas de tratamiento existentes sólo pueden reciclar 2m3/seg de agua, los cuales se destinan principalmente al riego de prados y jardines (A. Castillo 1990). El informe de Elizabeth Lee (1991: 65). considera que del agua disponible por la precipitación media anual en la cuenca del Valle de México, 80% (178m3/seg). se evapora, 11.3% (25 m3/seg). se filtra en el subsuelo, 8.7% (19m3/seg). escurre superficialmente, 3m3/seg se regulan para su aprovechamiento y el resto se desaloja a través del sistema de drenaje pluvial para evitar inundaciones.

Las redes de agua potable y alcantarillado, pese a su extensión, no son suficientes para atender las demandas sanitarias de la población de la ZMCM. Esto se manifiesta más álgidamente en los llamados cinturones de miseria, que cuentan apenas con una letrina común para varias familias y, en algunos casos, carecen de este servicio elemental. Como puede inferirse, el fecalismo a cielo abierto constituye otro de los graves problemas de la ciudad, que se suma la que produce la gran cantidad de perros callejeros y las malas costumbres de los poseedores de perros y otros animales domésticos.

En otro orden de ideas, la magnitud del área urbana y la intensa vida económica y social de la ciudad, obliga a la gran mayoría de sus pobladores a transitar enormes distancias para cumplir con sus actividades cotidianas. Se estima que diariamente se realizan 29.5 millones de viajes por tal motivo. En traslados que emplean 2.4 millones de automóviles privados, 57 mil taxis, 69 mil combis y microbuses y 10 500 autobuses, además de la transportación a cargo del Metro, el tren ligero y 450 trolebuses (datos sólo para el D.F.). A excepción de los últimos tres medios de transporte, la operación de los otros produce emisiones contaminantes que se estiman en 76 a 80% del total de partículas y gases que degradan la calidad del aire en la ciudad. Además, en la zona metropolitana circulan 196 000 camiones movidos por gasolina y otros 60 000 por diesel, ambos de pasajeros, los que aumentan los grados de contaminación atmosférica (CONADE 1992). Dado que, como ya se mencionó, uno de los principales problemas de la ZMCM radica en los altos niveles de contaminación atmosférica (por monóxido de carbono, bióxido de azufre, bióxido de nitrógeno, ozono y partículas suspendidas). , el DDF y la SEDUE han tomado medidas para corregirlo, las cuales son:

Programa de verificación obligatoria de emisiones de automóviles en la ZMCM.

. Adición de éter-metil-terbutílico (MTBE). al 5%, en las gasolinas para mejorar la combustión.
. Programa "Hoy no circula".
. Sustitución del 80% de combustóleo por gas natural en las centrales termoeléctricas Jorge Luque y Valle de México.

Las medidas aplicadas, a la fecha, empiezan a dar resultados alentadores, pues la emisión de contaminantes estimada para el año 1988 fue de 4 864 397 y para el año de 1990 fue de 4 356 391; lo que significa una reducción del orden de 500 mil toneladas, o sea una diferencia del 10%.. Con base en lo anterior y tomando en cuenta que durante el período 1988-1990 el parque vehicular se incrementó en 250 000 unidades, con lo cual el potencial de aporte contaminante de los automotores fue mayor, la disminución de emisiones observada es significativa (SEDUE-DDF 1991).

Como puede observarse a lo largo de este capítulo, los problemas ambientales mundiales, regionales y nacionales no pueden comprenderse al margen de un conjunto de situaciones multideterminadas y en un determinado marco histórico. El deterioro ecológico y su concomitante deterioro social son resultado de causas complejas, que se entreveran en diversas direcciones con factores de orden cultural, económico y político, a partir de lo cual es que adquieren posibilidades de comprensión. Reducir los problemas a expresiones simplificadas, restringe el alcance y trascendencia de sus soluciones, así como la posibilidad de construir proyectos realmente educativos.

Esto ha sido reconocido, en distintos foros por el Gobierno mexicano, en palabras del titular de la SEDUE, durante el acto inaugural del Congreso Nacional de Derecho Ecológico, en Guadalajara, Jalisco el 29 de mayo de 1990:

Es claro que el trasfondo de la cuestión ecológica, subyacen decisiones e intereses políticos y económicos que deben ser regulados conforme a derecho... Reconozcamos que está en juego la soberanía de los países, la salud de los pueblos y la viabilidad misma de los proyectos nacionales. Esa es la discusión de fondo...

Este es también nuestro punto de partida para proyectar propuestas de educación ambiental.

 

NOTAS


1. Asumimos con Zemmelman (1988). a un campo problemático como aquel espacio de articulación y delimitación de niveles de realidad, donde la construcción de los objetos de estudio se propone dar cuenta del movimiento de interacción y contradicción de los elementos básicos que los constituyen.

2. Para mostrar algunos de los efectos de los procesos informativos y educativos en torno a los problemas ambientales de las áreas urbanas, me remitiré a los resultados de una encuesta publicada en el periódico El Economista, el 19 de junio de 1991. La encuesta fue aplicada del 10 al 14 del mismo mes, a 100 habitantes del Distrito Federal. Se realizó, por encargo del periódico, por el Departamento de Investigación y Análisis de Mercado de Benro Publicidad, bajo la dirección de Rosario Monroy. Entre los datos que nos parecen más significativos, para los fines del presente trabajo, se encuentra la pregunta dirigida a la suspensión del programa "Hoy no circula", donde 88% respondieron que no. Esto pese a que sólo 28% considera que los coches particulares son los que más contaminan y apenas 8% opinan que la contaminación de la ciudad de México ha disminuido.

3. Por ejemplo, Bolaños (1990: 72). menciona que los diez países con la mayor área forestal densa son: Brasil, Indonesia, Zaire, India, Papúa-Nueva Guinea, Birmania, Perú, Congo, Gabón y República Unida del Camerún. Distribuida de manera porcentual a nivel mundial del siguiente modo: Africa, 18%; América, 56.5% y Asia 25.4%. "Cinco de los doce países más ricos del mundo en cuanto a especies vegetales y animales los llamados países de megadiversidad ecológica están en América Latina: Brasil, Colombia, México, Perú y Ecuador" (Comisión de Desarrollo y Medio Ambiente de América Latina y el Caribe 1991: XI). Otros informes (The Economist. Science & Technology. 4 de junio 1988). mencionan la existencia del grupo M7, refiriéndose también a sus características de megadiversidad. Se constituye por Brasil, Colombia, México, Zaire, Madagascar, Indonesia y Australia. Todos se localizan en regiones tropicales y en ellos se concentra la mitad de las especies del planeta. Contiene 40% de mamíferos (entre ellos, 79% de todos los primates); 60% de las aves y 50% de las plantas. México e Indonesia comparten la característica de localizarse en la conjunción de dos zonas biogeográficas y Madagascar y Australia se encuentran en el grupo, no tanto por su gran número de especies, sino por su alto grado de endemismo. Citando a diferentes autores, María de Jesús Ordoñez (1990: 20). nos indica que México ocupa el primer lugar en reptiles y posiblemente en mamíferos y se encuentra entre los primeros sitios en cuanto a la riqueza de plantas con flores. Con alrededor de 30 000 plantas vasculares, nuestro país cuenta con una flora más vasta que la de la URSS y del mismo orden que Estados Unidos y Canadá juntos. En efecto diversas fuentes nos señalan que México posee 957 especies de anfibios y reptiles, que representan 10% del total mundial; el mayor número de vertebrados terrestres (sólo después de Brasil). y 439 especies de mamíferos, de los cuales 140 son exclusivos del país, lo cual representa el número más alto de América Latina y tal vez del mundo.

4. El Informe Brundtland (1987: 206), sin embargo, nos señala en torno a estos datos que el crecimiento de la demanda de energía que han traído consigo la industrialización, la urbanización y la prosperidad social ha provocado en el mundo una distribución sumamente desigual del consumo de energía.

5. El excelente estudio publicado por el PNUMA, la Agencia Española de Cooperación Internacional y el MOPU, intitulado Desarrollo y medio ambiente en América Latina y el Caribe. Una visión evolutiva indica, para el período comprendido entre 1950 y 1988, un crecimiento demográfico que pasó de 160 a 430 millones. La diferencia entre los datos es importante.

6. La Comisión de Desarrollo y Medio Ambiente de América Latina y el Caribe (1990. 31). nos menciona que la región "contiene el 40% de las especies vegetales y animales de los bosques tropicales del mundo; pero a la tasa de deforestación actual se prevé que dentro de 40 años entre 100 000 y 350 000 especies habrán desaparecido".

7. En el documento "La niñez mexicana: prioridad de la nación", que constituyó la contribución del Gobierno de México a la Cumbre Mundial en Favor de la Infancia, llevada a cabo en Nueva York el 29 y 30 de septiembre de 1990 se consigna que de los 81 millones de habitantes que componen la actual población del país "más del 45% son menores de 18 años... De ese 45% que no han cumplido la mayoría de edad, el 13.3% tiene menos de cuatro años y el 24.8% corresponde al grupo de 5-14 años. Los que tienen entre 15 y 17 años representan el 7.3%... Se puede estimar que hacia 1988 había en el país cerca de 28 millones y medio de pobres, lo que representa el 35% de la población total estimada para ese año. Esto significó que la situación de pobreza afectó a más de 5 millones de niños menores de seis años".

8. Alejandro Díaz Camacho (1991). sostiene que "Durante estos cincuenta años, los centros de población, los desarrollos industriales, las actividades comerciales, turísticas y de otros servicios, la agricultura y ganadería extensivas han crecido explosivamente dejando de lado la vocación del suelo y el impacto ambiental de las actividades productivas, las cuales en su mayoría han generado modificaciones importantes en la articulación natural del agua, aire y suelo, afectando en consecuencia la flora y la fauna y provocando la alteración de la cubierta vegetal por el cambio de uso del suelo".

9. Otros informes (J. M. Maass y F. García Oliva 1990: 11). plantean cifras diferentes, a partir de diversos estudios: entre 150 000 y 200 000 ha de tierra arable se pierden anualmente debido a la erosión, por lo que en los últimos 30 años México ha perdido cinco veces más suelo que en toda su historia. A principios de los años ochenta, diversos estudios ubican que entre 71 y 98% del país sufría de erosión acelerada. Análisis más recientes lo ubican en 86%, lo cual supera la prospectiva de la SARH en 5%. Toledo (1990: 15). afirma que distintas fuentes señalan la existencia de entre 30% y 40% del territorio nacional con grados severos o muy severos de erosión, o sea, entre 60 y 80 millones de hectáreas. La Fundación Universo Veintiuno (1990: 89). considera, en torno a estas ideas que "en el año 1987, la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos calculó que únicamente el 20.8% del suelo del país no manifestaba erosión; el 26.4% presentaba erosión leve; el 36.8% erosión moderada; 12.2% erosión severa y el 16.7% erosión total. Los estados de Campeche, Quintana Roo, Yucatán, Tabasco, Tamaulipas yVeracruz, por su clima y orografía, son los que presentan menor erosión. Baja California, Chihuahua y Durango tienen grados medios de erosión, mientras que los estados de México, Guanajuato, Michoacán y Jalisco son los más erosionados debido, principalmente, a su accidentada topografía".

10. Oscar Flores Villela (1990: 19). señala al respecto que "se calcula que hay unos 283 géneros endémicos en México, concentrados en 62 familias. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). ha registrado hasta ahora 2 870 especies de plantas vasculares endémicas al país, correspondiendo 14% del total. Estas cifras, sin embargo cambian constantemente al incrementarse el conocimiento de la flora mexicana. Hay que resaltar asimismo, que la UICN ha estimado también que aproximadamente 477 especies de plantas endémicas a México se encuentran en peligro de extinción. Esta cifra significa que aproximadamente 17% de las especies de plantas endémicas al país están amenazadas... desafortunadamente con las especies animales sucede algo similar que con las vegetales. De acuerdo con la UICN, CITES y la US Endangered Species Act, existen 194 especies en peligro de extinción, representando 8% del total registrado para el país y distribuidas de la siguiente manera aves, 123; mamíferos, 32; reptiles, 35; y anfibios, 4". Frente a esto, fuentes oficiales (de la Garza, G., 1991: 17). consignan que "La superficie de territorio bajo régimen de protección es de 6.2 millones de ha 2.3%, representado por 65 áreas naturales protegidas bajo las categorías de Parques Nacionales, reservas de la biosfera, reservas especiales de la biosfera, Zonas de protección de flora y fauna y corredores biológicos". En algunas de las cuales, se acota, no ha podido evitarse la tala ilegal.

11. Alfredo D. Cuarón (1990: 10). aporta importantes datos para el caso del sur de México, obtenidos mediante el procesamiento de imágenes digitales de satélite. "Un análisis general para el área mexicana al este del Istmo de Tehuantepec, muestra que menos del 45% se conserva con algún tipo de vegetación natural. El análisis detallado de un área (c. 27 000 km2). que incluye la porción noreste de Chiapas (zona lacandona), este de Tabasco, suroeste de Campeche, así como el noroeste de El Petén, Guatemala, señala drásticas tasas de transformación de la vegetación natural. Por ejemplo, 60% de las selvas húmedas existentes en 1974 se habían perdido para 1986. Esto equivale a una tasa de deforestación de 5% anual. La gran mayoría de estas selvas fueron convertidas a pastizales para ganadería".

12. Víctor M. Toledo (1988: 14). menciona sobre este tema que "de las 200 millones de hectáreas del país, solo 30 son susceptibles de destinarse al cultivo agrícola. Actualmente se cultivan alrededor de 19 millones de hectáreas al año, lo cual podría indicar que aún existen tierras "potenciales" para abrirse al cultivo. Sin embargo, diversos estudios sugieren que si se añaden a estas 19 hectáreas la superficie de barbecho u ociosas, o desechadas por procesos erosivos, se tiene como resultado que el país se encuentra ya muy cerca del límite de su superficie potencialmente agrícola".

13. Una discusión interesante sobre el problema de los delfines y del embargo atunero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos, sus antecedentes y algunos de los intereses económicos vinculados a ello, puede leerse en La Jornada Ecológica, 20 de junio de 1991.

 

 

 

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Última Actualización: 15/11/2007