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Conclusiones

 

Es difícil extraer conclusiones en un trabajo como este. Quizá la conclusión obvia se orienta en el sentido de que, si bien hemos emprendido la elaboración del presente documento con el propósito de impulsar y fortalecer las raíces del campo de la educación ambiental en el país, después del recuento realizado puede observarse que se ha caminado un gran trecho rápidamente. Esto no es autocomplacencia, puesto que también reconocemos que apenas se comienza a actuar en un campo que no sólo se había desatendido sino que recién acaba de descubrirse. Pero existe un buen número de indicadores que nos muestran, si se quiere subjetivamente y con una lectura optimista, avances importantes y significativos. La gente común maneja un léxico ambientalista que tiende a enriquecerse y que constituye una manifestación concreta de la generación de un interés público en la materia ( imperfecto pero sustancial, como menciona Feliciano Béjar). Es tan evidente este interés que los comerciantes e industriales han comenzado a montarse en la preocupación del consumidor, añadiendo emblemas y mensajes ecológicos lamentablemente aún no regulados, para promocionar sus productos y servicios. Aún no llegamos, sin embargo, a los niveles que se expresan en algunos países europeos donde los programas ambientalistas de la televisión compiten con la transmisión de eventos deportivos y culturales, por poner un ejemplo.

Precisamente por la juventud del campo de la educación ambiental en el país, es fácil incurrir en sesgos y desviaciones de manera no deliberada, sino por desconocimiento y falta de formación. Una de las que nos parece más delicada es acudir al activismo errático y disperso, ante la carencia de una teorización, en un marco histórico y crítico, que guíe las acciones. Esto no implica que nos adscribamos a una posición academicista, misma que constituye otra forma de desviación. Pero como hemos intentado mostrar a lo largo de este trabajo, no podemos incursionar en el campo de la educación ambiental en una actitud ingenua y de buena voluntad, si es que queremos participar en la transformación de problemas complejos y seculares.

Puede verse cómo se han trasladado algunos de los desgastados recursos de la tecnología educativa una forma encubierta de positivismo pedagógico, por fortuna ya desenmascarada, aunque vigente. A este campo, en donde ha encontrado nuevos espacios y adeptos que la revitalizan. Esto ha sido posible porque un gran número de educadores ambientales proviene de profesiones vinculadas con las ciencias naturales y no se encuentra al tanto del lastre que ha representado la tecnología educativa en nuestro medio. Esta situación da pie para el reconocimiento de la necesidad de mayores intercambios entre científicos sociales y naturales, así como entre educadores de formaciones disímiles. Todos saldremos enriquecidos.

Un problema que aparece recurrentemente en la mayoría de los esfuerzos realizados hasta la fecha, es la ausencia de procesos de evaluación. Si bien, como se menciona, existen evidencias de avances concretos (según los resultados de E-1, 1990, 10-12, la gran mayoría de educadores ambientales encuestados considera estar produciendo cambios significativos de actitud, a resultas de sus acciones educativas). , ya que de otra manera, seguirán distrayéndose importantes recursos que hacen falta en actividades que ofrecen más seguridades. Una enorme cantidad de fondos financieros son empleados, por ejemplo, en costosas campañas que se promueven por diversos medios ( televisión, radio, carteles, bardas, periódicos y revistas, cine etcétera). de las cuales no se tienen ni siquiera mínimas aproximaciones sobre sus efectos en las pautas de conducta de sus destinatarios.
Muchos nuevos grupos e instituciones se incorporan cada día al campo de la educación ambiental. Museos, jardines botánicos, acuarios, viveros, planetarios y zoológicos, cuyo quehacer se encuentra asociado, de diversas formas, con el medio ambiente, apenas se incian en estos trabajos; pero también centros educativos de distintos niveles han replanteado sus tareas, las que ya no conciben al margen de la dimensión ambiental. Incluso empresas comienzan a crear instancias, a ofrecer cursos de capacitación y a instrumentar campañas de seguridad industrial, saneamniento básico y protección al ambiente entre sus trabajadores que eran impensables hace pocos años.

Esta caleidoscópica mutación del campo, nos lleva a inferir que nos enfrentemos en breve a una pléyade de variados movimientos, reacomodos, procesos y cursos de acción de efectos sinergéticos, mismos que derivarán en nuevos desafíos que pondrán a prueba la inteligencia y la imaginación de los educadores ambientales mexicanos y latinoamericanos y que, igualmente, implican aprestarse para una mayor preparación en áreas básicas, según los espacios específicos en los que se desarrollen los proyectos; antropología, comunicación, ecología, economía, psicología, salud, nutrición, entre otros, y desde luego pedagogía. la educación ambiental conformará así la interdisciplinariedad de su objeto, no en términos de una yuxtaposición de contenidos educativos, sino en una integración de métodos y conceptos.

Será necesario, en este esfuerzo, extender entre los educadores ambientales una concepción más crítica de la educación, que dé cuenta de la estrecha relación entre el conocimiento y el poder que asuma, por ejemplo, a las escuelas como espacios no sólo de reproducción y transmisión. sino como centros de producción cultural y política con posibilidades de contrarrestar la legitimación de determinadas formas de lenguaje, de estilos,de aprendizaje, de conocimientos, de experiencias, una educación donde, en palabras de Giroux ( 1990,110). el conocimiento no se estudie por sí mismo, sino como una mediación entre el individuo y una realidad social más amplia. Es decir, una educación ambiental que no difunda explicaciones sobre los problemas y asigne el lugar particular de cada quien en la compleja trama de los mismos; sino que abra la oportunidad de que el sujeto de la educación formule sus propias interpretaciones y encuentre su posición en la urdimbre de factores que componen el mundo.

toda educación implica la transformación de una concepción de realidad, del mundo, de sí mismo, una Weltanschaung. Pokewitz (1988,64). menciona que esta concepción impone a los individuos de cada época un uso particular de su inteligencia o un tipo espacial de lógica para contemplar la actividad humana; y si bien, también en cada época existen concepciones y supuestos en conflicto, la educación ambiental, este específico momento histórico, debe partir esencialmente de comprender cómo se producen y se regulan las formas culturales, políticas, económicas dominantes que determinan la relación sociedad-naturaleza, la relación individuo-naturaleza; de comprender los mitos, las creencias, las ideologías, y los procesos sociales que sitúan a los sujetos en lugares previamente identificados en función de su clase, raza y género, y que orientan su pensamiento y acción. Ello permitiría entender porqué se responde y cómo a los mensajes ambientalistas que se ciernen sobre la gente; o porque no se encuentra la respuesta esperada ante mensajes investidos de formas culturales valoradas que evocan condiciones de vida presumiblemente deseadas.

necesitamos evitar que la educación ambiental se convierta en la pedagogía del no. Impedir que sus características fundamentales se finquen en la prohibición, como a veces lo entiende la gente. La educación ambiental debe estar asociada a una pedagogía de la posibilidad, de la esperanza, para poder canalizar a través de ella a procesos pedagógicos más democráticos y menos coercitivos. Es decir, una pedagogía de la convicción y del compromiso: una pedagogía de la libertad y de la justicia; de la colaboración y comprensión.

Isabel Castillo insiste en la necesidad de tener la naturaleza como referente. Esta idea la entiendo como reconsiderar nuestras acciones cotidianas en su relación con el medio ambiente, tanto en términos sociales como individuales, no para promover una educación ambiental aislada del conjunto de factores que la determinan y le otorgan especificidad, sino justamente para lo contrario; es decir, para amalgamar los proyectos dirigidos a modificar la actual relación entre la sociedad y su medio con los procesos productivos, con las formas socioculturales particulares, con los interés y necesidades de la gente, con sus cosmovisiones, con sus aspiraciones de cambio social y proyectos de vida.

Por ello, la dimensión humana implícita en el cambio global debe ocupar un lugar más relevante en el espacio de la política mundial y local. en esta tarea la educación ambiental cobra una importancia de primer orden. Lourdes Arizpe menciona que 80% de los problemas ambientales son antropogénicos; pero 100% de las soluciones tienen esta naturaleza ¿podríamos encontrar mejor argumento para fortalecer la educación ambiental?

Sin embargo, en este momento en México respecto a la educación ambiental tenemos más preguntas que respuestas; busquemos las respuestas a las interrogantes actuales sin dejar de formularnos nuevos cuestionamientos, porque ahí reside la posibilidad de que a través de nuestra acción educativa nos encontremos a nosotros mismos. Desterremos las tendencias al pesimismo orwelliano, a la deseperanza, a lo que a veces nos empujan los magros resultados de nuestras acciones educativas: pese a las dificultades inherentes, en educación ambiental debemos partir de una plataforma de optimismo para alentar a la participación.La educación ambiental es posibilidad. Suscribamos esto como una divisa y como uno de nuestros primeros acuerdos.

 

 

 

Periférico 5000, Col. Insurgentes Cuicuilco, C.P. 04530, Delegación Coyoacán, México D.F.
Última Actualización: 15/11/2007