Prioridades
de educación ambiental en México. El ejercicio
de las jerarquías
La
elaboración de una estrategia, una vez construidos sus
marcos referenciales, considera en primer término, la identificación
de prioridades dentro de los campos que se hayan definido. Sin
embargo, el establecimiento de prioridades suele ser una tarea
compleja, porque es preciso marcar con claridad los criterios
respectivos. Al revisar la bibliografía existente, algunas
destacadas educadoras ambientales nos remiten a ciertas prioridades
estratégicas. Teresa Wuest (1988:40). nos dice con relación
a la educación ambiental formal: "Hoy la cuestión
es que saquemos a los niños algún tiempo a las escuelas
para que reealaboren su exploración del medio".
Por su parte, en un contexto más amplio, Lucy Cruz Wilson
y Alicia Castillo Álvarez (1990). nos señalan que:
para
lograr verdaderos cambios de actitud en la población deberá
contemplarse un programa nacional elaborado interdisciplinariamente
que incluyera a los sistemas de educación formal, los medios
masivos de comunicación y las actividades de asociaciones
civiles y grupos independientes, considerando tanto las poblaciones
urbanas como las rurales.
¿Quién
puede estar en desacuerdo con ambas propuestas? Pero el problema
necesariamente nos conduce a las condiciones existentes ¿es
posible, en las actuales circunstancias, transformar todo el aparato
escolar para imprimirle el toque desescolarizado y convivencial
(Illich). que propone Teresa Wust? ¿Es posible, ante la
diversidad de enfoques, conflictos e intereses que se señalan
en el capítulo 2 propiciar una estrategia que articule
el sistema escolar, los medios masivos de comunicación
y las actividades de organismos no gubernamentales?
No lo creo. Pero quizá debiéramos proponérnoslo
como una meta de largo plazo, como una utopía, no en el
sentido de lo "irracional sugestivo, imaginativo u onírico",
sino como lo plantea Cerutti (1986:33-34). como la búsqueda
de una nueva totalización social, superadora e integradora
de las totalizaciones enquistadas vigentes; con un accionar social
típicamente dialéctico que resalta más el
momento de la ruptura que el de la nueva totalización.
Porque la utopía no es mito, sino modalidad de fecundación
de la razón por la imaginación de alternativas deseables
y viables.
En la construcción de este proyecto utópico, por
lo pronto acudo al señalamiento de Luisa Paré (
1990). de que," la educación ambiental remite, en
primer lugar, al problema de la organización"; y esto
implica-parafraseando la evaluación de las contradicciones
existentes, con base en una participación y a partir de
los conocimientos y experiencias. Con esta base y en apoyo a la
formulación de estas prioridades, en trabajos previos (E.González
G,G Mahiold y L.Meza A.1990: 170-171). señalamos que:
un camino en pro de este proceso sería la coordinación
horizontal de los grupos ecologistas, el intercambio de sus experiencias
a nivel regional y su capacitación mutua... (aprovechando
que)...existen condiciones favorables para evitar la instalación
de élites ambientalistas que presuponen una representatividad
que podía permitirles la monopolización de recursos.
Más bien, hay que apoyar una cultura pluralista y heterogénea
en el campo del medio ambiente que logre establecer la cooperación
con las acciones populares en la defensa del medio ambiente. Esta
vía ofrece la posibilidad de articular un proyecto alternativo
y fundamentado que pueda dotar a los gobiernos con propuestas
viables emanadas de la sociedad civil.
A lo largo del presente documento se profundiza en estos planetamientos.
Y más adelante, en el mismo texto, ya en cuanto a la educación
ambiental planteamos la necesidad de que las acciones permeen:
Las distintas modalidades de educación, desde las que se
ubican en el ámbito escolar, con un carácter regional,
hasta las que ocurren en el amplio y diversificado campo de comunicación
de masas, como la radio, la televisión, la cinematografía
y la prensa.
Congruente con tales afirmaciones, enseguida se propone un conjunto
de acciones necesarias, organizadas jerárquicamente, en
torno a la educación ambiental formal, no formal e informal.
Como respaldo de los planteamientos que a continuación
se formulan se ha acudido a los resultados de una encuesta aplicada
en el segundo semestre de 1990 el instrumento fue enviado por
correo y sólo fueron consideradas en el análisis
las respuestas que se recibieron dentro de los plazos establecidos.
El propósito fue la elaboración de un directorio
de educadores ambientales en México, a cargo de la NAAEE,
del WWF de la SEDUE, y de la UAM-Xochimilco (haremos referencia
a sus resultados como E-1 1990); se consideraron 194 personas.
Si bien, como se señala, se ha acudido a los resultados
de esta encuesta como apoyo para la determinación de las
prioridades, no hemos procedido con un empirismo ingenuo pretendiendo
creer que la captación de las tendencias más generales
del conjunto puedan darnos las respuestas a una decisión
en la que concurren factores más complejos. De ahí
que nos adscribamos a las advertencias de Bourdieu (1983: 16-17).
cuando señala que:
sólo un análisis estructural de los sistemas relacionales
que definen un estado del campo intelectual puede conferir al
análisis estadístico toda su eficacia y verdad,
proveyéndole los principios para clasificar los hechos
teniendo en cuenta sus propiedades más pertinentes, o sea
sus propiedades posicionales...sólo el análisis
de la estructura de cada campo particular puede hacer evitar los
errores en que se caería aplicando mecánicamente
un sistema estándar de selección y clasificación
a campos dotados de estructuras tan diversas entre sí.
Con esta advertencia es importante destacar que en el campo de
la educación ambiental sobresale un aspecto en cuanto a
sus necesidades urgentes de apoyo y los constituye el caso de
las pequeñas ONG con actuación regional o municipal
y con proyectos predominantemente educativos. Estos grupos están
conformados por lo general por pocos miembros; no cuentan con
un capital que les permita satisfacer sus necesidades económicas
con la venta de productos; no son muy conocidos exteriormente;
no tienen acceso a medios masivos de comunicación, fuera
de los estrictamente locales; desarrollan sus actividades en zonas
depauperadas y, por lo mismo, no reciben donativos; cuentan con
una importante base social por su trabajo y se encuentran en peligro
de extinción.
Algunos de ellos han recibido reconocimientos y distinciones,
pero la mayoría, además del apoyo financiero para
hacer posible la continuidad de su labor, requieren orientaciones
y respaldos técnicos, así como materiales para consolidar
y extender su actuación.
Prioridades
en el campo de la educación formal
El
campo de la educación ambiental formal presenta peculiaridades,
en virtud de que las acciones deben ser sancionadas por la Secretaría
de Educación Pública, por las áreas correspondientes
de los gobiernos estatales o por las instituciones autónomas
de educación superior. Esto representa un cierto número
de dificultades. Sin embargo, se hace necesaria una mayor intervención
de los educadores ambientales en este campo en el que, a la fecha,
sólo el sector ambiental, y en menor grado otras instancias
federales (CONAPO, SSA), han podido intervenir en algunos aspectos
del currículum de la educación básica. Cabe
señalar, no obstante, que algunas áreas vinculadas
con la educación pública, como INEA y CONAFE, han
impulsado desde su interior medidas importantes de educación
ambiental y a partir de la actual administración la popia
SEP ha dado un mayor valor a este campo.
Ello, precisamente, porque es un trabajo que se encuentra enmarcado
en un contexto de institución pública ( aún
tratándose de las escuelas privadas, debido a que se basa
en programa sy textos oficiales o autorizados). Las actividades
extracurriculares ( pláticas, campañas, etcétera).
constituyen otra opción, peor con posibilidades de modificación
de pautas de conducta considerablemente menores, por su naturaleza
eventual y sistemática.
Dentro del campo formal, se requiere un reconocimiento pleno de
que la educación ambiental debe constituir un componente
esencial de los procesos escolarizados a todos los niveles, y
no sólo asumirse como un interés sectorial. De aquí
la importancia de promover iniciativas para legislar específicamente
en materia de educación ambiental, tal como ha ocurrido
en otros países y como se consigna en las conclusiones
de la mesa 2. (Educación ambiental y escuela). , del Congreso
Iberoamericano de Educación Ambiental. Ello consolidaría
las posibilidades de la necesaria acción intersectorial
e interinstitucional en este campo, evitando que la cooperación
ocurra sólo en función de voluntades personales
que deben reactivarse una vez concluidos los periodos de gestión
administrativa.
En el esfuerzo de la educación ambiental formal, destacan
las experiencias desarrolladas pro ONG asociadas estrechamente
con la educación básica, como Educación y
Cambio, A.C. que muestran la posibilidad de intervenir en ciertos
espacios de estos procesos con la aprobación de las áreas
institucionales o incluso al margen de ellas. También instancias
de algunos gobiernos de las entidades federativas relacionadas
con la gestión ambiental han intervenido en procesos formales
de la educación de adultos o sobre los servicios educativos
de naturaleza estatal.
En el caso de las instituciones de educación superior,
las posibilidades son aún mayores, ya que los grupos colegiados,
las propias estructuras de gobierno, los sindicatos y las organizaciones
estudiantiles acogen con interés las propuestas y facilitan
la intervención en diferentes momentos y espacios. A partir
de estas consideraciones, las áreas prioritarias en educación
ambiental formal son:
1. Investigación. Esta área comprende el desarrollo
de proyectos de investigación en las áreas subsecuentes,
pero en especial en metodologías, currículum y evaluación.
Es preciso ampliar y reforzar el conocimiento disponible en relación
con la educación ambiental desde el espacio escolar. Resultados
de investigaciones realizadas en otros contextos pueden ser útiles,
pero se requiere analizar el problema desde la especificidad del
Sistema Educativo Nacional. La investigación de las diferencias
escolares regionales existentes ( étnicas, productivas,
culturales, etcétera). y de su adscripción urbana
o rural es esencial ( 48% de educadores ambientales colocan a
la invsetigación como principal prioridad en E-1 1990).
La investigación sobre metodologías de evaluación
de proyectos de educación ambiental resulta sumamente importante,
debido a la carencia no sólo de suficientes elementos de
juicio sobre los efectos sociales de las acciones, sino por las
complejas controversias existentes en la determinación
indicadores y parámetros para evaluar pautas conductuales,
cambios de actitud, etcétera.
Es muy necesaria la investigación dirigida a conocer la
forma de superar los conflictos paradigmáticos actuales
que separan no sólo los conocimientos provenientes de las
ciencias sociales y de las naturales, sino las maneras de interrogar
la realidad.1
Ambos tipos de conocimientos son importantes para articularlos
con proyectos tecnológicos y aspectos axiológicos,
en el marco de los procesos educativos de los distintos niveles,
ámbitos y modalidades de escolarización. Mediante
la investigación de enfrenta el reto científico
de las soluciones.
En el marco de esta importante discusión Víctor
Toledo (1991). afirma que:
Todo parece indicar que en la actualidad, el desarrollo del conocimiento
sufre ya de la presencia de una doble contradicción: una
en la manera de realizar el abordaje de los diversos segmentos
de la realidad, y otra en la forma de concebir la actividad de
los investigadores. El impresionante desarrollo del pensamiento
objetivo (ciencias y tecnologías). que tuvo lugar en las
últimas cinco décadas, y que se ha vuelto el soporte
material-ideológico de las modernas sociedades industriales,
vino a consolidar dos fenómenos: la especialización,
parcelización y fragmentación del conocimiento y,
en íntima relación con ello, la neutralidad política
e ideológica de quienes lo producen. La marcada escisión
que hoy existe, por ejemplo, entre las ciencias físico
biológicas y las ciencias sociales y humanas, impide abordar
y resolver todo un conjunto de problemáticas cuyo tratamiento
exige un abordaje integrativo...la vieja idea del investigador"
objetivo" ubicado por fuera y por encima del juego concreto
de las fuerzas que moldean y mueven la sociedad, es prácticamente
insostenible al interior de las disciplinas humanas y sociales,
y ha comenzado a penetrar la inmaculada torre de los científicos
naturales, a tal punto que en las disciplinas encargadas del estudio
de la naturaleza existe ya un irreversible proceso de politización
y toma de conciencia de los investigadores.
Una discusión sobre la escisión de los campos de
las ciencias sociales y naturales, desde las corrientes de pensamiento
más importantes pueden verse en Michael Lowry (1991).
Estas ideas presentan buenas posibilidades en aquellos proyectos
que intentan vincular la investigación con el desarrollo
comunitario en la formación de nuevos cuadros profesionales;
al tiempo que generan estrategias de colaboración interdisciplinaria,
tanto en lo que refiere Víctor Toledo de socializar la
investigación de los científicos naturales, como
de fortalecer técnicamente las propuestas de cambio emanadas
de los científicos sociales.
2. Formación y actualización docente. Esta es una
prioridad de primer orden. Sobre todo si se trata de proyectos
enfocados a establecer la relación contenidos ambientales,
tratamiento didáctico y no sólo a proporcionar información.
Son recomendables proyectos de corte participativo que tomen en
cuenta los intereses de los profesores (44% de educadores ambientales
apuntan a la necesidad de la realización de talleres de
capacitación, en los resultados de E-1,1990). En este sentido,
considerar la participación de los profesores en su propia
formación.
Todo proyecto de innovación escolar, por muy bien planteado
que se encuentre, culminará en un fracaso si no se contempla
la necesidad de capacitar el personal docente que se encargará
de su instrumentación. Esta situación se confirma
sobre todo para el caso del manejo de contenidos y métodos
de educación ambiental, tanto por su carácter interdisciplinario,
como por el hecho de que en la formación y actualización
del magisterio nacional no ha sido considerados en su totalidad.
Es importante señalar al respecto el conflicto intra e
interinstitucional sobre la formalización y actualización
de docentes; en el sentido, primero, del gran número de
dependencias del sector educativo que intervienen y reclaman para
sí la función protagónica de esta tarea y,
segundo, la resistencia a permitir la participación de
otros sectores en este proceso.
No obstante, una vertiente interesante que comienza a perfilarse
en algunas áreas de la SEP (Dirección General de
Educación Tecnológica Agropecuaria) y en ciertas
universidades (Universidad Pedagógica Nacional y Universidad
de Guadalajara) es la apertura de diplomados y maestrías
en educación ambiental. Igualmente, otras maestrías
en educación (Universidad pedagógica veracruzana)
incluyen cursos de educación ambiental en su currículum.
Se requerirá impulsar, en el corto plazo, proyectos dirigidos
al magisterio en servicio que tengan mayores coberturas.
3. Metodología de enseñanza. Area comprensiblemente
desatendida, ya que la educación ambiental en la escuela
se ha planteado, con demasiada frecuencia, como la incorporación
de contenidos al currículum. Pretender educar en lo ambiental
restringiéndose al estrecho espacio del salón de
clases y empleando las tradicionales formas de enseñanza,
es como invitar a alguien a cenar y ofrecerle recetas de cocina.
Es preciso recuperar para la educación ambiental un conjunto
de principios pedagógicos asociados al empleo del juego
y la imaginación (cuento, teatro, dibujo, etcétera).
y el desarrollo de la capacidad de asombro, como los métodos
naturales de aprendizaje, sobre todo para despertar un mayor interés
en los niños en edad preescolar y para los primeros años
de a educación primaria.2
Las actividades artísticas también aportan en la
misma dirección. Sin embargo, este esfuerzo de hacer amenos
y creativos los procesos escolarizados se requiere en casi todos
los niveles educativos, en particular aquellos que ha sido proclives
al empleo de enfoques rígidos y enciclopédicos o
al uso de excesivos tecnicismos, como si de ello dependiera la
calidad de las acciones.
A nivel metodológico se requiere impulsar propuestas dirigidas
a trascender los muros de la escuela y conectar a los estudiantes
con los procesos naturales en los propios lugares en los que ocurren.
Esto es fundamental, sobre todo para la educación básica.
Por lo mismo, es importante promover proyectos de investigación
que contemplen la articulación curricular de estas acciones
y sus posibilidades administrativas.
En México y América Latina en general, es fundamental
impulsar la formación de hábitos de formación
intelectual y atender el trabajo colectivo escuela-comunidad,
a través de problemas reales.
Este es un reto que debe enfrentarse en forma metodológica.
4. Diseño curricular. Un área sumamente compleja
por el conjunto de determinaciones y mediaciones que concurren,
y sin embargo, requiere de un mayor número de proyectos,
ya que es común reducir la intervención en el área
del currículum a la recomendación de una signatura
sobre temas ambientales (por lo general ecológicos).No
existen experiencias integrales que atiendan la propuesta internacional
de incorporar horizontalmente la dimensión ambiental en
los distintos espacios del currículum (sólo 9% de
los educadores ambientales encuestados trabajan en el área
del currículum, según E-1, 1990).
El desarrollo de propuestas curriculares con base en intentos
más orgánicos de inclusión de la dimensión
ambiental es muy necesario en todos los niveles y modalidades
educativas. Existen algunas experiencias de educación superior
a partir de los modelos de enseñanza modular que podrían
analizarse, por sus propósitos deliberadamente interdisciplinarios.
Igualmente, áreas de estudio que se han consolidado en
espacios de interface disciplinaria podrían aportar buenas
estrategias de articulación conceptual y metodológica.
5. Evaluación. Es importante el desarrollo de proyectos
orientados a generar propuestas de evaluación, no tanto
en relación con la adquisición de aprendizajes específicos,
para lo cual se pueden emplear estrategias disponibles, sino en
especial sobre procesos asociados con la formación de hábitos
y actitudes desde el contexto escolar ( el porcentaje más
bajo 6% de educadores ambientales que desarrollan proyectos en
la educación formal, atienden el área de evaluación,
de acuerdo con E-1, 1990). Los trabajos de Javier Benayas y sus
colegas ( 1990). en la Universidad Autónoma de Madrid arrojan
bastante luz sobre los enfoques que se han aplicado en estos intentos.
6. materiales didácticos. El avance en las áreas
antecedentes generará la necesidad de materiales didácticos
apropiados, para los distintos niveles y modalidades de escolarización.
Algunas características, en este sentido, apuntan hacia
la elaboración de materiales de carácter interdisciplinario,
apoyando simultáneamente varias asignaturas. Así,
el material didáctico también favorece la integración
conceptual y la flexibilización del currículum y
no sólo responde a las prescripciones programáticas
como generalmente ocurre (15% según E-1,1990).Es fundamental
promover la elaboración de materiales didácticos
a nivel local con estas características.
Es también importante, dentro de la educación ambiental
formal, superar los enfoques que permitan discernir sobre procesos
termodinámicos, por ejemplo, pero no posibilitan el reconocimiento
de especies que un niño campesino identifica con facilidad.
Impulsar mediante los procesos escolares la recuperación
de la capacidad de admiración de los fenómenos naturales
y quitarle a la educación esa actitud cientista y aséptica/E.Fernández-Galiano
1986).Estas ideas remiten a la necesidad de fortalecer el sustrato
afectivo dentro de la escuela, revirtiendo este proceso dominante
centrado en los aspectos intelectuales. La educación ambiental
puede aportar mucho en este sentido, contribuyendo a la formación
de criterios diferentes a los que induce el actual estilo de desarrollo.
lgunas
consideraciones finales nos llevan a advertir sobre ciertos obstáculos
y riesgos que pudieran atrasar la buena marcha de los trabajos
que se emprendan. Lo anterior no con el intento de formular vaticinios
y presagios; sino justamente para anticiparnos a una serie de
contingencias indeseadas y, en la medida de lo posible, evitarlas.
En cuanto a las prioridades propuestas es importante cuidar los
conductos para hacer llegar planteamientos a la secretaría
de Educación Pública cuando se refiere a intervenir
en programas de estudio o materiales didácticos .Las recomendaciones
es mejor canalizarlas mediante alguna otra dependencia federal
(SEDUE, SSA, CONAPO, INI, etcétera).
En relación con las entidades federativas, las posibilidades
de tener acceso a los directores generales de los Servicios Coordinados
de Educación Pública o con otros funcionarios de
alto nivel de estas oficinas, varía considerablemente de
un estado a otro. Lo mismo ocurre en el caso de los servicios
educativos a cargo de los gobiernos de los estados. En cuanto
a las escuelas particulares, las posibilidades dependen del interés
que tengan sus propietarios o las sociedades de padres de familia,
pero por lo general se limitan a la organización de campañas
o actividades diversas, eventuales y de corte más extraescolar.
Sin embrago, en general, las autoridades educativas últimamente
han manifestado una alentadora actitud por vincular las funciones
de la escuela básica con la protección y la conservación
del medio, lo cual favorece la participación. UN riesgo
para actuar en este campo es pretender forzar la intervención
de los organismos no gubernamentales en procesos oficiales, sin
haber hecho una buena labor de sensibilización o desaprovechando
la cobertura que ofrezcan algunos proyectos o programas impulsados
por las propias áreas educativas centrales y estatales.
La educación superior e incluso media superior, plantean
retos distintos. Su estatuto de autonomía otorga una dimensión
diferente a las posibilidades de actuar y presenta obstáculos
también diferentes en comparación con la educación
básica. El reconocimiento social de que gozan las universidades
puede hacer posible la intervención de organismos no gubernamentales
a través de ellas, en otros niveles educativos, aunque
no todas las universidades tienen la misma aceptación.
No considerar esto puede derivar en un fracaso del proyecto. De
ahí que cada institución de educación superior
( pública, privada, técnica, etcétera). requiera
estrategias diferenciadas.
Como se señala en el capítulo 2, algunas instituciones
de educación superior y de investigación científica
desarrollan proyectos de educación no formal, pero la acción
más importante al interior de estos centros está
todavía por hacerse. Es frecuente, por ejemplo, que ciertas
áreas institucionales se encuentren sensibilizadas e intentando
echar a andar proyectos diversos, mientras otras son muy resistentes
y continúan percibiendo los problemas ambientales como
totalmente ajenos.
Por ello, es difícil trasladar experiencias curriculares
en relación con la dimensión ambiental, desarrolladas
en campos disciplinarios distintos, por la diferente posición
que cada campo asume en cuanto a los problemas ambientales. Por
ello, el principal obstáculo para la incorporación
de la dimensión ambiental en el currículum universitario
se localiza en las resistencias institucionales, aunque también
los planes epistemológico y teórico-metodológico
requieren más investigación para esclarecer las
formas de incorporación de la dimensión ambiental
en los distintos campos del conocimiento, a partir de una transformación
de sus paradigmas.
eff
(1990: 22-24). propone la internalización de las externalidades
(ecológica y social). , para problematizar los conocimientos
legitimados y constituidos y par proyectarse hacia la construcción
de una nueva racionalidad científica, tecnológica
y social, capaz de activar el potencial latente en una serie de
procesos ecológicos, técnicos y culturales que desencadenan
las fuerzas naturales y sociales de producción.
De ahí que el problema fundamental del desarrollo curricular
no se localice en el nivel de las técnicas y los procedimientos.
Quien sostenga lo contrario pretende desviar la atención
hacia aspectos de orden secundario, para impedir el análisis
del conjunto de mediaciones y contradicciones que concurren en
la formulación de una propuesta pedagógica. Esto
es importante porque existe cierta proclividad en el campo de
la educación ambiental sobre simplificar la problemática
existente y depositar las respectivas soluciones en acciones voluntarias
de corte individual.
Tal posición traducida a estrategias de desarrollo curricular
por lo general se limita, en consecuencia a decidir sobre las
distintas actividades instruccionales que serán sugeridas
al maestro para al tratamiento didáctico de contenidos
ambientales, sin proporcionar un espacio de articulación
de los saberes y, por lo mismo, cancelando la posibilidad de analizar
las determinaciones de los problemas.
Prioridades
de la educación ambiental no formal
Como
se muestra en el capítulo 2, la educación ambiental
no formal presenta una diversidad tan amplia que es difícil
jerarquizar en orden de importancia las áreas que la conforman.
Se constituye por actividades muy dispersas y con una gran variedad
de enfoques y propósitos. Esto deriva en complicaciones
para el establecimiento de prioridades.
Dos vertientes son importantes de ser impulsadas, sobre todo para
las áreas rurales:
1. La planeación de actividades educativas no formales
en el marco de proyectos productivos o de desarrollo comunitario
más amplios. Las experiencias revisadas que muestran mejores
y más consistentes resultados son aquellas donde las acciones
de educación ( sensibilización, capacitación,
etcétera). se producen en relación con problemas
locales concretos. Esto asigna un significado diferente, por ejemplo,
a la información, a la participación y a la promoción,
puesto que ya no se trabaja en torno a necesidades en abstracto.
La dimensión global de algunos de los problemas puede abordarse
una vez que los participantes puedan asociar el conocimiento que
poseen de su propio entorno a un contexto más extenso.
Este tipo de proyectos o programas, si bien no son específicamente
ambientales o ecológicos, contienen en si mismos importantes
elementos educativos, los cuales es relativamente sencillo enriquecerlos
con el componente ambiental. Las actividades de educación
ambiental, por tanto, es recomendable considerarlas en los proyectos
encaminados a obtener beneficios comunitarios de diverso tipo
(mejoramiento de la alimentación, salud, vivienda, agua
potable). que, al tiempo que aseguren la subsistencia tiendan
a la conservación y restauración de los recursos
locales, a partir de un autodiagnóstico que comprometa
la participación comunitaria en acciones propuestas por
ellos.
En
este enfoque, es de vital importancia la participación
organizada y capacitada de la población local, a partir
de proyectos que integran las prácticas tradicionales de
manejo de sus recursos con tecnologías externas; es decir,
procesos que se inicien con el reforzamiento de los saberes locales,
la capacitación con base en el análisis de experiencias
concretas y en pequeños grupos, con apoyo en los líderes
naturales, cuyos resultados puedan funcionar ulteriormente como
ejemplos para extender los alcances del proyecto a otros grupos
locales o a otras comunidades de la región. Beneficios
que pueden mostrarse constituyen el mejor argumento para expandir
las acciones e introducir nuevas técnicas, que fortalezcan
las posibilidades de continuidad del proyecto al asumirse como
propio. Ello se encuentra íntimamente vinculado también
con las posibilidades de sustentabilidad y rentabilidad económica
del proyecto más amplio y, consecuentemente, con la permanencia
de la acción educativa.
2. Proyectos dirigidos a hacer conciencia sobre el cuidado del
ambiente en general, o sobre la conservación de una especie
o área natural. Este tipo de proyectos debe enfocarse fundamentalmente
en obtener un fuerte impacto en la opinión pública.
Es importante que los educadores ambientales que se orienten hacia
este tipo de proyectos no abanderen la conservación por
si misma, sino por lo que representa en términos de sustentabilidad
ambiental. En este sentido, es fundamental incorporar en los trabajos
a las comunidades locales.
Cuando se trate sobre todo de comunidades indígenas o campesinas
con prácticas culturales de aprovechamiento tradicional
de los recursos naturales, las cuales suelen contener fuertes
componentes de conservación, resultan necesario tomarlos
en cuenta desde la planeación de la experiencia misma,
a efecto de incorporar no sólo dichos conocimientos y prácticas,
sino incluso las formas comunitarias de organización social
que otorgan vigor al propio proyecto.
Esta estrategia implica que aun cuando no se realicen evaluaciones
de los cambios de actitud en los participantes del proyecto, se
puede tener un cierto margen de seguridad en relación con
responder a necesidades sentidas que se incorporan al proyecto
de desarrollo de la comunidad, en marco de sus formas culturales
y de sus decisiones.
Experiencias desarrolladas en México y en otras partes
del mundo permiten extraer algunas de las características
que deben presentar los proyectos de educación ambiental
no formal para asegurar resultados positivos. La primera de ellas,
como acabamos de señalar, se refiera a la necesidad de
que los proyectos se dirijan a necesidades sentidas por la población-meta,
aunque estas necesidades no correspondan, en términos de
prioridades, con el punto de vista de los expertos. Partir de
las necesidades planteadas por la gente otorga al proyecto una
connotación que se instala en un campo de significación
más fuerte y posibilita que, posteriormente, se pueda trabajar
sobre otros problemas. La segunda característica se refiere
a plantear mensajes que sean accesibles a los destinatarios del
proyecto, no sólo en términos de léxico,
sino en cuanto a que las acciones implicadas se encuentren al
alcance de los mismos. Es frecuente encontrar materiales didácticos
impresos y audiovisuales cuyo lenguaje es incomprensible a quienes
van dirigidos, sobre todo por el uso excesivo de tecnicismos;
así como otros cuyas recomendaciones rebasan con mucho
las posibilidades de intervención.
La tercera característica refiere a la conveniencia de
que los destinatarios observen beneficios directos e inmediatos
de sus acciones en pro del medio ambiente. Por lo general las
metas de los proyectos educativos se plantean a mediano y largo
plazos, lo cual tiene cierta razón toda vez que los cambios
en las pautas de comportamiento individual y social tienen estas
dimensiones temporales. Sin embargo, es preciso introducir en
dichas metas, logros concretos cuyos resultados puedan observarse
en un plazo razonablemente corto. Ello asegura la continuidad
y la ampliación de la participación comunitaria.
Por último, es importante que los mensajes que se introduzcan
dentro de los proyectos de educación ambiental no formal
sean concisos. Pueden encontrarse también propuestas, sobre
todo de capacitación, en las cuales la gran cantidad de
contenidos dispersa el esfuerzo y la atención al confundir
las cuestiones esenciales con las accesorias. En este tenor, la
capacitación de trabajadores integrando los componentes
de educación ambiental, higiene, salud y seguridad en el
trabajo constituyen una buena posibilidad de asignar a las acciones
enfoques más globalizadores, en los que los adultos encuentran
sentido y razón de ser.
Las prioridades de educación ambiental no formal también
pueden agruparse en torno a otros parámetros, como edad
y ocupación.
1. En términos de sectores poblacionales por edad, de nuevo
los niños aparecen como el más importante ( y en
el caso de las áreas rurales, las niñas en particular).
, no sólo por la composición de la población
del país, sino por su disposición de aprendizaje
y capacidad educativa hacia los padres. Sin embargo, la población
joven se encuentra bastante desatendida, tanto por instituciones
públicas como privadas, en este aspecto (sólo el
3% de los grupos ecologistas trabajan con jóvenes, según
E-1, 1990:69). aunque es de las más vulnerables a los efectos
de la propaganda, por lo que serían bienvenidos proyectos
que se vincularan con instituciones con capacidad de convocatoria
de carácter educativo (universidades, preparatorias, secundarias),
ocupacional (de voceadores, vendedores ambulantes), popular (organizaciones
de barrio, parroquias). deportivo y recreativo (clubes, ligas,
asociaciones).
Dentro de este parámetro, por edad, se inserta el apoyo
a proyectos vinculados con museos, zoológicos, acuarios,
jardines botánicos, viveros, planetarios, parques nacionales,
parques urbanos, etcétera, los cuales cobran una importancia
fundamental para el caso de programas de educación no formal
dirigidos a áreas urbanas. Existen, en este sentido, experiencias
ya sistematizadas que pueden ser aprovechadas para extenderlas
con pocas adaptaciones. Sin embrago, es preciso superar algunos
enfoques centrados únicamente en el manejo de la información
o que abusan de técnicas lúdicas grupales. Ambos
constituyen dos momentos importantes de la actividad que deben
ir asociados, para no incurrir en datos que no remiten a la realidad
propia del sujeto de la educación o a juegos entretenidos
pero que no abordan as verdaderas causas de los problemas.
2. En relación con la ocupación, es necesario fortalecer
los proyectos de educación ambiental no formal dirigidos
a los trabajadores ( obreros, campesinos y pescadores). , quienes
además ven con desconfianza estas acciones, debido a que
han sido vías para la manipulación política.
Los proyectos de educación ambiental para adultos trabajadores
deben estar asociados con enfoques que los consideren en los procesos
de toma de decisiones, comprometiendo a las contrapartes institucionales
y con base en propuestas prácticas específicas y
adecuadas a sus necesidades. Los procesos educativos específicamente
orientados a las mujeres son indispensables. Será importante
en este proceso considerar las falsas contradicciones que existen
entre quienes proponen la protección del medio ambiente
y grupos sociales (con frecuencia de composición popular).
que luchan por vivienda y la dotación de servicios urbanos.
La educación ambiental a los empresarios, administradores
y supervisores constituye la otra cara de esta moneda y las condiciones
de posibilidad de introducir acciones educativas en el espacio
laboral de las empresas. Los empresarios han comenzado a apoyar
estas acciones a partir de la convicción de que proteger
el medio ambiente es un buen negocio. En esta materia ocurrirá
un fenómeno semejante a los seguros. Ninguna empresa opera,
en este momento, sin la protección de un seguro: dadas
las crecientes restricciones en cuento a descargas, confinamiento
de deshechos, equipos, etcétera, en muy breves plazos se
producirán cambios en tal sentido. Es de particular importancia,
sobre todo en los momentos actuales que en México se anuncian
cuantiosas inversiones en materia de infraestructura turística,
impulsar proyectos de educación ambiental dirigidos a prestadores
de servicios turísticos ( hoteles, restaurantes, agencias
de viajes, guías, etcétera). así como a las
poblaciones locales para que sean también beneficiarios
directos de estos programas, y se conviertan así en los
principales interesados en mitigar y evitar procesos acelerados
de degradación ambiental, máxime cuando se trate
de ecosistemas frágiles. Los proyectos denominados de ecoturismo
por sus características, ofrecen grandes posibilidades
pedagógicas. Estos proyectos que comienzan a promoverse
dentro de ciertas regiones tropicales de nuestro país,
pudieran vincularse también con algunas de las áreas
naturales protegidas que se encuentran desaprovechadas en el terreno
de la educación ambiental. Existen propuestas en tal sentido
para el Desierto del Vizcaíno en Baja California o para
los Pantanos de Centla en Tabasco, que merecen un poco más
de atención.
Dentro del campo de la educación ambiental no formal existen
problemas que congregan a un gran número de individuos
diversos provenientes de los más distintos segmentos sociales
(universidades, ONG, dependencias públicas, etcétera).
Estos problemas constituyen situaciones especiales que generan
un interés particular en áreas críticas.
En el caso, por ejemplo, de los proyectos asociados a la protección
de las tortugas marinas o el de manejo de los deshechos sólidos
municipales). Los proyectos de estos campos son prioritarios por
el potencial educativo que contienen y por el alto nivel de compromiso
que se observa entre los educadores que participan en ellos. Estos
educadores forman parte de las fuerzas vivas más firmes
para fortalecer el campo.
Asimismo, ciertos grupos por su ocupación, actividades
y disposición requerirán mayor atención en
materia de educación ambiental. Es el caso de los técnicos
forestales, cazadores y voluntarios.
Algunos proyectos de educación ambiental vinculados con
otras luchas pueden mostrar resultados satisfactorios en plazos
cortos si se encuentran bien planeados. Los derechos humanos,
la democratización, la tenencia de la tierra, entre muchos
otros, constituyen espacios de posible articulación que
otorgan a la educación un sentido más concreto y,
por ende, permiten movilizar más recursos. Por lo mismo,
es recomendable impulsar proyectos de educación ambiental
en el marco de los partidos políticos, movimientos populares,
grupos religiosos, cooperativas y organizaciones profesionales.
Por último, un criterio interesante para el establecimiento
de prioridades en el campo de la educación ambiental no
formal, que sin excluir lo planteado con anterioridad lo enriquece,
es el de CETAMEX, que propone algunas ideas iniciales en torno
a prioridades políticas, organizativas y metodológicas,
tales como:
Prioridades
políticas
1.
Estrategias de comunicación y sensibilización que
incidan en los espacios de agrupamiento de la población,
de acuerdo con:
Ámbito gubernamental. Sensibilizar a los tomadores de decisiones
a niveles regional y local que pueden contribuir con su trabajo
al mejoramiento del medio ambiente.
Ambito laboral. Sensibilizar a dirigentes y administradores de
empresas, cooperativas, sindicatos y otras agrupaciones del mismo
carácter, a fin de que se abran espacios de reflexión
y acción ambiental entre los trabajadores.
Ambito de los negocios. Sensibilizar a responsables de actividades
turísticas y comerciales, así como a dirigentes
y dueños de medios de comunicación para que en sus
responsabilidades incorporen tareas de educación ambiental.
Ambito de las organizaciones sociales y profesionales. Actuar
con programas específicos de educación ambiental
en partidos políticos, movimientos populares, colegios
de arquitectos, ingenieros, periodistas, locutores, animadores
y profesionales del arte, entre otros.
Ámbito
escolar. Promover, como parte del trabajo cotidiano, actividades
específicas de educación ambiental que permitan
a los escolares mantenerse agrupados en torno a sus intereses.
Ambito de las mujeres organizadas. Inscribir en sus reflexiones
y demandas de género, componentes ambientales que favorezcan
conciencias más amplias.
Ámbito
de acciones urgentes. Apoyar campañas que se promueven
respecto a recursos naturales en extinción como las tortugas,
la mariposa Monarca y su hábitat; problemáticas
específicas como los desechos sólidos municipales,
etcétera.
2. Apoyo profesional, respaldo técnico y material para
consolidar y extender la actuación de las ONG locales,
regionales, municipales.
Prioridades
metodológicas
1.
Mediante encuentros definir ejes de acción comunes en las
diferentes experiencias, enmarcadas en los espacios regionales
y estatales.
2. Desarrollar metodologías que favorezcan procesos sistemáticos
de trabajo en los que, a partir de la educación popular
no formal como estrategia, se incluyan la investigación,
el seguimiento y la evaluación de los procesos educativos.
3. Insertar en las demandas populares (luchas y gestiones). los
aspectos ambientales que fortalezcan la estrategia global de acción
social.
4. Impulsar metodologías educativas ambientales que se
puedan promover en los museos, zoológicos y parques didácticos
recreativos adecuadas a los distintos sectores de población;
esto es, un enfoque centrado en el cliente.
5. Vincular las tareas educativas de museos, zoológicos
y otros espacios de recreación, con instituciones que agrupan
a niños, jóvenes y adultos (escuelas: ocupacionales,
populares, deportivas).
Prioridades
organizativas
1.
Organizar la información de los grupos de apoyo, ONG, etcétera,
que cuentan con un trabajo educativo, productivo y político,
para actuar con más efectividad en sus lugares de concurrencia
en materia de educación ambiental.
2. Insertar contenidos ambientales estructurados en metodologías
participativas que consideren las demandas de los grupos beneficiados
en los proyectos productivos, de desarrollo comunitario y de servicios
urbanos en que participan.
3. Tejer redes de relación constantes entre centros de
educación ambiental y centros de agrupamiento temporal
como museos, asociaciones de escultismo, zoológicos, etcétera.
En relación con las prioridades de educación ambiental
no formal es importante insistir que en todo proyecto pedagógico
subyace un proyecto político. Esta premisa es por completo
evidente en este campo, donde la concepción que se tiene
sobre los problemas del medio ambiente, se expresan en la concepción
y la estrategia que se adoptan para la instrumentación
de los proyectos educativos. Es preciso, por tanto, analizar críticamente
recomendaciones emanadas de realidades diferentes; sobre todo
aquellas que se presentan como propuestas técnicas genéricas
y universales, que no ponen de manifiesto sus puntos de partida.
La educación ambiental tiene un texto y un contexto. Un
texto, en cuanto a que destinatarios específicos requieren
contenidos también específicos; apropiados a sus
particulares circunstancias y necesidades. Un contexto en el sentido
de que todo proyecto pedagógico debe responder al conjunto
de características que rodean al sujeto de la educación.
De ahí que en muchas ocasiones, como ya hemos señalado,
sea relativamente sencillo articular los proyectos educativos
a distintos movimientos sociales, en los que adquieren una más
clara direccionalidad y mayores posibilidades transformadoras.
En apoyo a estas ideas, acudo a Basil Bernstein y Mario Díaz
(1985:107). quienes nos dicen que:
El discurso es una categoría abstracta, es el resultado
de una construcción, de una producción. El discurso
no puede reducirse a una realización simple del lenguaje.
Cada proceso discursivo puede reducirse a las intenciones libres
de un sujeto que articula significados. El sujeto no produce el
sentido de manera libre a través de la combinación
de unidades de lenguaje dotadas de un significado estable. Él
está atravesando por el orden discursivo en el cual está
ubicado y en el cual ubica sus enunciados.
Por lo mismo, pretender apropiarse acríticamente de técnicas
para la educación ambiental, aunque parezcan ideológicamente
neutras y apelen a una fundamentación científica,
puede constituirse en un gigantesco obstáculo para la construcción
de proyectos realmente educativos. De ahí que es preferible
la propuesta de Luz María Nieto y Pedro Medellín
(1991). de considerar la educación ambiental como un objeto
estratégico, asociado con movimientos sociales maduros
que funcionara como un pretexto pedagógico para propiciar
una reflexión histórica sobre la crisis social.
La educación ambiental no requiere sólo ejercicios
heurísticos, ni de adaptación que sustituyan el
análisis crítico de las condiciones existentes.
Por el contrario, es preciso partir de un análisis lúcido
y objetivo de las necesidades y posibilidades, a fin de poder
establecer metas y estrategias factibles que realmente induzcan
avances cualitativos y cuantitativos dentro del campo y no resultados
efímeros y aparentes.
Prioridades
en la educación ambiental informal
Un
aspecto prioritario en este campo (42% según E-1, 1990).
son los proyectos relacionados con los medios masivos de comunicación
(radio, televisión, prensa y cinematografía) tendentes
a proporcionar un enfoque más integral a los problemas
ambientales y a apoyar los esfuerzos de los campos formal y no
formal, y no sólo a promover campañas. Si bien estos
proyectos se requieren tanto en el ámbito urbano como el
rural, en este último hay más necesidad toda vez
que en las ciudades concurren un mayor número de factores
que los hacen posibles sin necesidad de inducción. Es deseable
en estos proyectos superar el nivel de denuncia que distingue
a muchos medios de carácter local y regional, así
como los enfoques catastrofistas o amarillistas que en poco contribuyen
a la formación de una cultura ambiental.
El espacio de los medios masivos de comunicación se encuentra
fuera del alcance y acceso de muchos grupos, si bien un creciente
número de periodistas y comunicadores se interesa cada
vez más en la temática medio ambiental. Es imposible
señalar, no obstante, que las preocupaciones mayoritarias
se encuentran focalizadas en problemas relacionados con ciertos
tipos de contaminación y principalmente con la que se presenta
en las megalópolis del país. Proyectos de educación
ambiental hacia estos grupos pudieran ampliar los enfoques, diversificar
la temática e incrementar la cobertura informativa.
La propaganda comercial es otra vertiente interesante de la educación
ambiental informal que en México comienza a ser explotada,
sobre todo a partir de la incursión de emblemas y mensajes
en envolturas, etiquetas y envases de productos que presentan
ciertas características no contaminantes. Si bien hacen
falta mecanismos que regulen este nuevo fenómeno, para
otorgar confiabilidad al mismo.
Es importante que la acción de los educadores ambientales
en proyectos informales cuide que los mensajes no estén
sobrecargados de una posición moral sobre el uso y aprovechamiento
de los recursos naturales y, además de ser concisos, contemplen
dos aspectos centrales, en relación con la audiencia a
la que van dirigidos.
1. El universo vocabular, y
2. El universo de imágenes
Estos dos aspectos tienen que ver con las formas tradicionales
o modernas generadas por las propias comunidades para la representación
e interpretación gráfica y los modos de expresión
y comprensión del lenguaje.
En la formulación de programas de esta índole es
importante considerar la participación de los grupos y
líderes comunitarios desde el diseño hasta la producción
y, en los casos que se requiera, en los procedimientos de evaluación
sobre los productos finales, ya que con la comunidad se pueden
valorar mejor los impactos.
También es fundamental impulsar proyectos de investigación
sobre la posición de los medios en cuanto a la gestión
ambiental y de evaluación sobre los impactos de sus programas
y campañas, para conocer como fortalecer la capacidad de
asombro de la audiencia, comunicando preguntas y no sólo
respuestas para abrir horizontes de interrogación y poder
regresar a la gente la responsabilidad para la búsqueda
de respuestas.
Algunas ideas para el establecimiento de estrategias en este sentido
pueden orientarse a la difusión de experiencias que se
desconocen que pueden servir como modelos, talleres creativos
para desestructurar conceptos establecidos, comunicar la realidad
de la ciudad al campo y del campo a la ciudad, establecer una
red electrónica de comunicación y definir ejes comunes
para la educación ambiental, tales como: la apropiación
social de los recursos naturales, la promoción de la acción
social de problemas visibles, la conversión en voz pública
de las demandas ecológicas, el rescate del propio conocimiento
de la gente y no ser sólo traductores sino acompañar
los procesos.
Prioridades
en el campo del desarrollo profesional de a educación ambiental
Aunado
a la necesidad de fortalecer los procesos formales, no formales
e informales de la educación ambiental dirigidos a los
distintos sectores y grupos sociales del país, un campo
fundamental para lograr lo anterior es el impulso al desarrollo
profesional de la educación ambiental. Este impulso puede
producirse mediante diversos mecanismos entre los que destaca
la formulación de planes y programas de estudio para la
formación de educadores ambientales a nivel general y de
especialidad. Aspecto que apenas s encuentra en estado embrionario
en algunas instituciones de educación superior, aunque
comienzan a ofrecerse diplomados y maestrías.
Las características de la formación profesional
de los educadores ambientales es un asunto que no puede pasarse
de lado, sobre todo por las distintas tendencias existentes dentro
del campo, la principal de las cuales consiste en una sobredosis
de información de corte ecológico y una deficiencia
sustantiva en el componente sociopedagógico. Esta tendencia
es muy marcada en los cursos de capacitación que se ofrecen
a profesores y se explica por el hecho de que han sido profesionistas
de las ciencias naturales (biólogos en su mayoría).
quienes incursionaron en el campo en sus primeros momentos.
Asociado con la necesidad de la apertura de cursos universitarios
a nivel licenciatura y posgrado, se encuentra el requerimiento
de un mayor y mejor intercambio de información y experiencias
entre los educadores ambientales en México. Estos intercambios
se han comenzado a producir en los últimos años
a partir de las reuniones, boletines, folletos y otras publicaciones
que diversos organismos han auspiciado, pero se precisa del establecimiento
de mecanismos de comunicación fluidos y sistemáticos.
Una revista especializada de alto nivel contribuiría de
manera importante alcanzar estos propósitos aunque un elemento
básico sería la organización de los educadores
ambientales en redes regionales, por campo o por afinidad de intereses.
El establecimiento de cursos de capacitación apropiados
a ciertas necesidades puede ayudar al desarrollo profesional.
Por ejemplo, en materia de entrenamiento de maestros o el desarrollo
de proyectos educativos vinculados a programas de conservación.
El apoyo de especialistas de otros países (Estados Unidos,
España, Francia). y la recuperación de experiencias
desarrolladas en países con características semejantes
(Perú, Costa Rica, Argentina, Venezuela). agilizaría
su consecución. Con apoyo de algunos organismos donantes
e instituciones gubernamentales y académicas, pueden diseñarse
e impartirse cursos cortos sobre determinadas áreas prioritarias
para educadores con características similares o con grupos
multidisciplinarios.
Obstáculos, riesgos y propuestas para la formación
de una Asociación Nacional de Educadores Ambientales
Es bastante evidente en el marco de esta discusión que
es preciso reconocer el imperativo de organizar el campo de la
educación ambiental en México, a efecto de articular
y consolidar la enorme variedad de proyectos y grupos que se encuentran
actuando, desde las más diversas perspectivas. Para esta
organización es pertinente una asociación nacional
de educadores ambientales, la cual deberá impulsarse no
con el propósito de establecer hegemonías en el
campo o para inducir pautas hegemonizadoras en las formas de concebir
la tarea educativa, sino en el afán de coordinar esfuerzos,
intercambiar experiencias, gestionar apoyos y, sobre todo, para
desarrollar una mayor capacidad de actuación en el marco
de las instituciones.
Una asociación que cuente con una estructura suficientemente
horizontal, tanto en lo que se refiere a la representatividad
de las distintas regiones del país. como en cuanto a los
diferentes campos en los que se ha organizado, en los hechos,
la educación ambiental. Ello posibilitará también
procesos de toma de decisiones más equilibrados.
Dicha asociación deberá abrirse tanto a individuos
provenientes de organismos no gubernamentales, instituciones académicas,
empresas privadas, partidos políticos, dependencias públicas,
cooperativas, organizaciones populares y voluntarios que desarrollen
acciones de educación ambiental o que trabajen en el campo
educativo en general y manifiesten interés por incorporar
la dimensión ambiental en su espacio de acción.
En otras palabras, una asociación de cobertura nacional
que contemple redes regionales que faciliten la intercomunicación
y la actuación conjunta en problemáticas compartidas;
así como redes de cooperación, capacitación
e intercambio, en relación con áreas de trabajo
previamente determinadas (recursos naturales, tecnologías
apropiadas, investigación, educación formal, desechos
sólidos, formación ambiental, etcétera).
Ambas formas de organización, al interior de una estructura
más amplia, son necesarias. En ambas también existen
experiencias que pueden ser aprovechadas.
Por lo mismo, se recomienda formar una asociación sobre
la base de campos de educación ambiental, lo cual incluso
favorecerá el fortalecimeinto de aquellos que se encuentren
menos desarrollados.
Algunas ideas sobre los campos de esta asociación podrían
girar en torno a la educación ambiental formal, no formal
e informal, aunque ciertamente habría que marcar diferenciaciones
entre los ámbitos urbano, rural y, tal vez, suburbano e
indígena. Podría justificarse el establecimiento
de un campo en materia de educación superior, dadas sus
especificidades o hacer hincapié en un conjunto de componentes,
tales como la investigación, la capacitación y la
difusión. Algunos proyectos podrían tener acentos
especiales como las tecnologías alternativas, el currículum
o la conservación de especies en peligro de extinción.
No obstante, es recomendable, en un primer momento, acordar un
aparato no demasiado grande, cuyas dimensiones pudieran obstaculizar
el arranque de las operaciones, pero lo suficiente como para dar
cabida a las diversas acciones. De ahí que se propone una
división sobre la base de cuatro regiones: Norte, Centro,
Occidente, Sur oriente, y al interior de cada una de ellas tres
campos: Formal, no formal e informal: esto implicaría cubrir
al país a través de sólo doce representantes
y cuatro coordinadores regionales.
Después de un tiempo determinado de operación, podría
evaluarse la capacidad de atender con eficiencia con esta estructura
al conjunto de regiones y proyectos. Puede esperarse que algunas
regiones en las que existen un gran número de instituciones
y organizaciones desarrollando trabajos requieran ser reforzadas.
Pero su ampliación se produciría a partir de necesidades
ya detectadas y no sobre presunciones.
La asociación podría estar encabezada por un comité
coordinador, integrado por un coordinador general y tres especialistas
en los correspondientes campos, mediante de estos cuatro elementos
y los cuatro coordinadores regionales se posibilitaría
tener una buena visión de conjunto sobre los problemas
necesidades y posibilidades. El marco político y de gestión
de alto nivel podría obtenerse mediante un consejo directivo,
conformado por representantes de los distintos sectores involucrados,
guardando equilibrio en su composición para la toma de
decisiones y para superar el divorcio que generalmente se presenta
entre los distintos organismos.
Por otro lado, el estímulo que se requiere para que las
ONG y los distintos grupos de académicos se incorporen
a este esfuerzo, debe derivar de un planteamiento serio que cuente
con el respaldo de diversos organismos públicos, privados,
sociales e internacionales. Ello podría favorecer la formación
de un consenso en cuanto a prioridades de atención o líneas
básicas de acción, que evite las actividades erráticas,
desarticuladas y dispersas; de igual modo propiciar la incorporación
de los diversos sectores que actúan por su cuenta, coordinar
la intercomunicación, darle credibilidad a las acciones
de los grupos y mantener una negociación con la comunidad
donante internacional en la gestión de fondos en apoyo
a determinada línea de proyectos.
Sin embargo, uno de los factores que pudieran afectar la concreción
de estas ideas es el riesgo de trasladar rivalidades o antagonismos
existentes, personales o interorganizacionales a los nuevos proyectos,
bloqueando acuerdos o retrasando el cumplimiemiento de las metas.
Esto sobre todo si entre quien o quienes asumen el liderazgo y
algunos otros participantes existen conflictos muy arraigados,
que no hayan podido conciliarse con anterioridad. En estos casos
es preferible no involucrar de manera simultánea desde
las primeras etapas, a personas o grupos que se encuentren en
tales posiciones, para no complicar el arranque de las actividades.
Con posterioridad pueden irse analizando las posibilidades de
incorporación, una vez que determinadas dinámicas
se encuentren instaladas y sea más difícil obstaculizar
sus avances. En este sentido, rescato los atinados comentarios
de Luis Manuel Guerra (1991) cuando menciona, en relación
con las organizaciones no gubernamentales que para que se inicie
una verdadera gestión ambiental efectiva y razonable, que
sea aceptada por la población, y que obtenga planteamientos
viables, justos y con buenas probabilidades de éxito, los
grupos ecologistas deben establecer puentes de comunicación
honestos, minimizando las diferencias y fortaleciendo las coincidencias
respecto a las grandes tareas nacionales en materia de protección
ambiental y conservación de hábitat.
Esto que se dice fácil, se enfrenta, sin embargo, a dos
obstáculos fundamentales: en primer lugar a la existencia
(y persistencia) de una atmósfera de sospecha y desconfianza
de las verdaderas intenciones que albergan algunos grupos ambientalistas;
y dos: la insaciable necesidad de muchos ambientalistas de ocupar
un lugar preponderante (y poco participativo) en las discusiones
de la agenda ambiental en México.
Otro aspecto conveniente de considerar es el problema de querer
anticiparse proponiendo fórmulas apresuradas y unilaterales,
con el propósito de obtener una representación ante
autoridades nacionales u organismos financieros internacionales.
Esta actitud es común sobre todo en grupos o agentes con
intención de mantener posiciones protagónicas o
entre quienes desean desplazarlos, para ejercer el control vertical.
tales conductas pueden ser promovidas por instancias externas
interesadas en impedir la asociación o para regularla.
Igualmente será importante dentro de la asociación
eliminar los intentos de imponer una determinada línea
de trabajo que beneficie a alguno de los sectores participantes.
Mediante la asociación se puede impulsar un plan de seguimiento
de proyectos en marcha. Llevar un registro de los mismos, de los
resultados obtenidos (reportados por quienes los lleven a cabo).
y de su difusión. Algunas ideas de un plan de seguimiento
deben partir, en primer lugar, de informar sobre los proyectos
que se realizan. Una de las más grandes dificultades que
se han tenido para conocer qué se ha hecho, qué
resultados se han obtenido, en dónde, cómo y con
quién, ha dicho que los proyectos que han contado con apoyos
financieros de organismos internacionales y fundaciones, en demasiadas
ocasiones, se han mantenido en secreto o en círculos herméticos.
Ello ha generado incluso suspicacias sobre la aplicación
de los recursos y se ha convertido en un factor de conflicto.
Los organismos de financiamiento y países donantes han
sido responsables, en gran medida, de un buen número de
divisiones, desviaciones y ambivalentes.
Será indispensable que la asociación tenga un presupuesto
para su funcionamiento, que en un principio puede ser aportado
por organismos de financiamiento inicialmente, en tanto se justifica
ante sus miembros y pueda sostenerse con sus aportaciones o con
el pago de servicios de capacitación y asesoría,
entre otros. La conformación y un plan de trabajo a dos
años de la asociación propuesta deberá surgir
de un taller convocado para tal efecto, una vez discutida la presente
estrategia.4
Objetivos
Establecer
objetivos en un campo en el que concurren, como hemos visto, tantos
factores, protagonistas y contradicciones, pudiera parecer como
un ejercicio de ficción. Sin embargo, y como no se puede
" ir de pesca" en una estrategia, para poder optar por
determinados senderos que conduzcan a condiciones deseadas, proponemos
los siguientes:
a)Propósito
Mejorar la calidad de vida de la población mexicana, mediante
un desarrollo sustentable en armonía con la naturaleza.
b)Objetivos
generales
Fortalecer el campo de la educación ambiental en México,
tanto en lo que corresponde a la educación formal como
a la no formal e informal.
Elevar la capacidad profesional de los educadores ambientales
en México.
Propiciar la formación de vínculos de colaboración
con organizaciones homólogas en el extranjero, así
como con instituciones internacionales, con las cuales se puedan
llevar a cabo proyectos conjuntos de interés mutuo.
C)Objetivos
específicos
De
operación:
1. Difundir un marco conceptual y operativo de la educación
ambiental, que pueda reorientar las diversas actividades que se
desarrollan en el país hacia propósitos comunes,
a partir de enfoques apropiados a las características y
necesidades existentes.
De
organización:
2. Impuslar el establecimiento de redes de educadores ambientales,
a efecto de favorecer el intercambio de experiencias y el apoyo
recíproco en el desarrollo de acciones educativas dirigidas
a diversos sectores y grupos poblacionales.
3. Promover una asociación nacional de educadores ambientales,
representativa de las diferentes regiones y entidades federativas
del país y de los directivos campos de trabajo, a fin de
coordinar esfuerzos, incrementar la credibilidad y la base social
de los proyectos, fortalecer la capacidad de gestión ante
organismos e instituciones donantes y conformar un consenso para
atender, sobre algunas líneas de acción, las prioridades
señaladas.
4. Sistematizar la información existente sobre las diversas
orientaciones de la educación ambiental, resultados de
proyectos, problemas enfrentados y tendencias regionales y nacionales.
De
comunicación y difusión:
5. Establecer medios de comunicación, intercambio, apoyo
y promoción de las actividades, con vistas a extender y
reforzar la cobertura geográfica y poblacional. Una opción
en este propósito es el establecimiento de redes electrónicas
de comunicación.
6. Ampliar el espacio radiofónico, televisivo, de publicaciones
e impresos destinado a la educación ambiental, sobre todo
para la difusión de casos concretos. En el corto plazo,
impulsar la publicación de un boletín propio.
7. Elaborar directorios de organismos no gubernamentales, instituciones
académicas, dependencias públicas y personas que
se encuentren trabajando en materia de educación ambiental,
en cualesquiera de sus campos y modalidades, a nivel nacional
y en el extranjero, con objeto de propiciar interacciones y ampliar
las oportunidades laborales.
8. Organizar bibliografías, compendios y bancos de información,
que aporten referencias documentales a quienes se encuentren trabajando
en el campo y a los que estén interesados en incorporarse.
De
investigación:
9. Estimular la realización de estudios, investigaciones
y eventos, dirigidos a la búsqueda de respuestas apropiadas,
consolidación de las acciones y a la concertación
de un mayor número de esfuerzos.
De
colaboración:
10. Promover la puesta en marcha de proyectos conjuntos intergrupales
e interregionales que recuperen experiencias y optimicen recursos
y apoyos diversos.
11. Llevar a cabo reuniones regionales en materia de problemas
y proyectos específicos, para intercambiar opiniones y
reforzar las acciones.
De
capacitación:
12. Organizar cursos, seminarios y talleres sobre diversas temáticas
(currículum, evaluación, tecnologías alternativas,
restauración, participación comunitaria, entre otras).
, que funjan como espacios de capacitación y formación
permanente.
De promoción de las instituciones de educación terminal:
13. Promover en las instituciones de educación técnica
y superior la apertura de opciones profesionales y especialidades
vinculadas con la educación y gestión ambiental,
así como la incorporación de la dimensión
ambiental en las carreras tradicionales.
De
participación en la educación básica:
14. Participar con las diversas instancias de la SEP, en el programa
de la Modernización Educativa, fundamentalmente en la capacitación
de los maestros, de cara a crear las condiciones para la instrumentación
de la educación ambiental en el nivel básico.
De
concertación:
15. Fortalecer las acciones de educación ambiental en los
estados y su vinculación con los diversos agentes existentes
(gobiernos estatales y municipales, áreas educativas oficiales,
ONG, grupos privados, etcétera).
De
integración:
16. Fomentar la puesta en marcha de proyectos de educación
ambiental asociados a diversas actividades productivas, así
como a programas de restauración y conservación,
sobre todo a nivel municipal.
17. Promover la búsqueda de mecanismos de integración
de los campos de la educación ambiental formal, no formal
e informal, hacia la consecución de propósitos comunes.
De
cooperación internacional:
18. Establecer vínculos de colaboración con organismos
internacionales, multinacionales y extranjeros, a fin de mantener
un constante intercambio, gestionar apoyos diversos y conocer
experiencias para fortalecer las acciones nacionales.
Propuestas
inmediatas y consideraciones de carácter operativo
Como
ya hemos apuntado a lo largo de este trabajo, el campo de la educación
ambiental en México es relativamente reciente, ofrece múltiples
facetas, se vincula con los más diversos contextos, adolece
por lo general de enfoques teóricos que guíen las
acciones y presenta diferentes tipos de conflictos. Ello, como
en todo campo en construcción, implica que casi todo está
por hacerse. Hay, sin embargo, la necesidad de señalar
rumbos concretos de corto plazo, a partir de la realización
de acciones con base en las prioridades mencionadas y que nos
conduzcan a los objetivos propuestos.
A nivel de acciones de carácter inmediato se proponen las
siguientes:
1. Elaborar, acordar y difundir un marco conceptual, referencial
y operativo para los diferentes campos de educación ambiental
en México y acorde a nuestras características y
necesidades. Este marco servirá de plataforma teórica
que evite, en lo posible, los enfoques divergentes y antagónicos,
pero sin coartar la libertad de aproximaciones y la creatividad,
en los distintos proyectos; que permita determinar necesidades
de capacitación y se constituya en un plan de acción
para el corto plazo.
2. Convocar a reuniones nacionales de educadores ambientales,
con el propósito de concertar voluntades y propósitos
en el campo y para aprobar el marco conceptual, referencial y
operativo a que se alude en el punto anterior. Estas reuniones
serán lo suficientemente representativas de las regiones
y sectores mencionados, a efecto de recabar el conjunto de opiniones
sobre los rumbos que habrán de impulsarse para cada uno
de los campos. Pero sin ser demasiado grandes que impidan llegar
a acuerdos concretos o que susciten los conflictos ya mencionados.5
3. Con el fin de poner en marcha dicho plan de acción,
es importante establecer una asociación de educadores ambientales
en México. Algunas ideas sobre las características
de esta organización se describen con anterioridad.
4. Convocar a reuniones regionales y por campos, con el propósito
de precisar las necesidades y estrategias. Algunas de estas reuniones
ya han sido promovidas y se han formulado propuestas que deben
ser tomadas en cuenta. De estas reuniones pueden derivarse compromisos
para la realización de trabajos conjuntos y el establecimiento
de redes de comunicación e intercambio.
5. Si bien en los últimos años, se han elaborado
directorios de ecologistas y educadores ambientales, así
como encuestas que han aportado información valiosa sobre
el perfíl del campo, se requiere conocer más finamente
lo que ocurre en los diferentes espacios y regiones, habida cuenta
que en esta información se apoyará un gran número
de decisiones.
6. Una situación homóloga se presenta con respecto
a la elaboración de bibliografías, compendios y
bancos de información; aspecto que es fundamental impulsar
para socializar la disponibilidad de fuentes, toda vez que incluso
algunos bancos de información y documentación importantes
en el país como el de CONACYT y el CICH de la UNAM, carecen
de materias significativas en educación ambiental que han
sido publicados en México y en el extranjero en los últimos
años.
7. Algunas áreas de trabajo muestran mayores necesidades
que otras, por lo que se requiere organizar actividades de capacitación
de manera prioritaria. En primer término y dados los procesos
de cambio que se suceden en el interior de la educación
básica en el país, es importante impulsar programas
de capacitación para los maestros de preescolar, primaria
y secundaria.Existen líneas de trabajo interesantes en
este sentido que pueden ser recuperadas y que han sido elaboradas
tanto por la SEDUE a nivel nacional como por organismos multinacionales
(PNUMA-UNESCO). y en otros países (María Novo Villaverde
1988; Donella H.Meadows 1989).
8. También es importante investigar algunas características
de la estructura ocupacional y el mercado de trabajo existente
y potencial para educadores ambientales en México, a fin
de inducir la apertura de especialidades, carreras y posgrados
que pudieran en el mediano plazo contribuir a fortalecer el desarrollo
profesional de los mismos. Existen ya algunas instituciones de
educación superior interesadas (U de G, UNAM, UPN,DGETA,SEP).
con las que se podían iniciar estas acciones.
9. En relación con los medios masivos de comunicación,
es urgente iniciar reuniones para reorientar y reforzar las posibilidades
educativas de estos medios en la materia, sobre todo a nivel de
la radio y la televisión por la cobertura e influencia
que tienen; aunque comienzan a generarse iniciativas creativas
en medios impresos a través de historietas y álbumes
de estampas coleccionables que podrían fomentarse, con
ciertas reservas para evitar la repetición de situaciones
conocidas.
10. Un aspecto de fundamental importancia, a nivel de acciones
inmediatas, es el de apoyar a grupos y proyectos de las entidades
federativas donde la educación ambiental se encuentra menos
desarrollada, ya que existen muy grandes diferencias entre lo
que ocurre, por ejemplo, en Jalisco y Campeche.
11. Es menester reforzar la acción municipal, que constituye
la célula social por excelencia, para comprometer la participación
comunitaria en la resolución de problemas ambientales concretos.
Para ello se propone impulsar la creación de grupos de
educadores ambientales en cada municipio e incorporar el componente
educativo en grupos que ya operan en los municipios y cuenten
con objetivos compatibles.
12. Pese a las dificultades implícitas, de concertarse
la organización propuesta, habrá que elaborarse
un programa de trabajo que incluya entre sus primeras metas la
de establecer una relación de cooperación con diferentes
instancias públicas para participar en la educación
escolarizada.
13. Aumentar la capacidad de gestión para el financiamiento,
de parte de organismos internacionales e instituciones nacionales,
de proyectos prioritarios.
14. Establecer relaciones cooperativas con organizaciones extranjeras,
no sólo con los países del norte sino principalmente
con los latinoamericanos que se encuentran iniciándose
en el campo o que ya cuentan con experiencias importantes en algunas
áreas que podrían compartirse, como Venezuela, Costa
Rica y Perú.
15. Dadas las características del campo se requiere favorecer
la intercomunicación entre los científicos sociales
y naturales, como primer paso para la promoción de proyectos
de investigación de corte interdisciplinario, así
como para el diseño de planes y la elaboración de
materiales en educación ambiental.
¿Cómo podemos constatar el cumplimiento de los objetivos
propuestos? ¿Cuál es la magnitud y el tipo de recursos
que se requieren para ello? ¿Cuánto tiempo se necesita
para consolidar esta estrategia? ¿Qué características
debiera tener un programa de seguimiento de resultados, sin que
la asociación propuesta se convierta en una instancia supraevaluadora
que pudiera atentar contra la autonomía de los organismos
involucrados? Intentaré aportar algunas ideas que pueden
orientar las respuestas a estas preguntas reconociendo de entrada
la dificultad de proponer planteamientos puntuales, paso a paso.
En primer término, tal y como he venido señalando
a lo largo de este trabajo, es preciso partir de las premisas
siguientes:
a).La educación ambiental no está al margen de los
proyectos de desarrollo comunitario, de protección al medio
ambiente y de los procesos productivos en general. Ello articulado
a los patrones socioculturales y especificidades de todo tipo
de la población destinataria, hacen manifiesta una enorme
complejidad que debe ser considerada de manera referencial en
la planeación, ejecución y evaluación de
proyectos de educación ambiental.
b). La educación ambiental en México constituye
un campo de acción de las más diversas instituciones
y sectores; en ella confluyen distintos enfoques, orientaciones
y objetos de trabajo que no pueden ser agrupados de manera referencial
en la planeación, ejecución y evaluación
de proyectos de educación ambiental.
c). La educación ambiental es un espacio social que se
encuentra atravesado por variados conflictos de intereses.
Con estos apuntalamientos es posible gravitar alrededor de uno
de los objetivos generales referido al fortalecimiento del campo
de la educación ambiental en México, generar nuevas
condiciones de trabajo, cohesionarlo, articularlo, proporcionarle
fundamentos más sólidos para responder a las necesidades
y problemas. Una parte importante se logra organizando los esfuerzos
dispersos y creando vínculos de colaboración, lo
cual no es difícil de constatar. Pero no es suficiente.
Fortalecer el campo es edificar en él una direccionalidad
y acción críticas, que representan características
difíciles de evaluar, pero necesarias para otorgar a la
educación ambiental las posibilidades transformadoras que
requiere. Construir un campo, en palabras de Nola Seymoar, práctico
pero visionario.
Casi todos los objetivos específicos propuestos en la presente
estrategia pueden y deben ser evaluados. Algunos mostrarán
resultados con mayor objetividad en plazos relativamente cortos
que van de uno a tres años, como los que se refieren a
la celebración de reuniones, seminarios, talleres o la
elaboración de directorios, bibliografías y estudios
e investigaciones, si se cuenta con recursos para ello. Los objetivos
restantes más de proceso, deberán evaluarse desde
otras aproximaciones metodológicas; cuyos productos estarán
acordes con las actividades de promoción o la participación
en proyectos conjuntos, asociados a programas educativos o dirigidos
a generar buenas condiciones de instrumentación de la educación
ambiental en el nivel básico y que, de alguna forma, constituyen
los efectos de metas iniciales, pero que es complicado marcarles
ritmos o establecerles montos específicos.
La elaboración de planes operativos para alcanzar cada
objetivo específico o pare tender hacia él deben
formularse en talleres convocados por la asociación para
tal efecto. Este puede ser uno de los primeros propósitos
de reunión. Los objetivos pueden organizarse en planes
de trabajo anuales y especificar los recursos que se requieren
para la realización de diversas actividades.
La formulación de una estrategia contiene muchas implicaciones.
Se parte del supuesto, por ejemplo, de que el establecimiento
de una asociación nacional de educadores ambientales puede
mejorar la imagen pública, así como la acción
y coordinación de un quehacer emergente, que si bien encuentra
cada día nuevos adeptos, no acaba de arraigar en la conciencia
social. Un fortalecimiento de esta imagen otorgaría más
contundencia a la intervención y recomendaciones de los
representantes de la asociación en asuntos de educación
ambiental.
Pero también hay que reconocer que puede construirse todo
un sistema de interrogaciones sobre muchos de los planteamientos
aquí formulados, al cual habrá que ir dando respuesta.
Por ejemplo, ¿cómo identificar los puntos críticos
de cada campo, para poder establecer prioridades, no en términos
generales, sino a partir de criterios de regionalización?
¿Cómo recuperar sistemáticamente la experiencia
desarrollada? ¿Como valorarla? ¿Cómo construir
una arquitectura conceptual más acorde con nuestras características
y necesidades? ¿Cómo evaluar resultados de los proyectos
de educación ambiental, más allá de las propuestas
cuantitativas de corte empírico-analítico? ¿Cómo
superar la racionalidad técnica que ha dominado el campo
educativo en general, evitando su transferencia a la educación
ambiental, lo cual ya viene observándose?
Ante tal incertidumbre puede confirmarse que la adopción
de una estrategia no consiste en la construcción de modelos,
sino en el establecimiento de criterios que nos permitan dar dirección
y sentido a un trabajo, en un marco de crisis del paradigma civilizatorio.
NOTAS
1. Al respecto se recomienda ampliamente el sintético pero
iluminador artículo de Tom Marcinkowski intitulado: "A
contextual review of the 'cuantitative paradigm' in envoronmental
education research"; ver también H.K Jacobson y M.F.
Price (1990). A Framework for research on the human dimensions
of global environmental change; igualmente consultar el documento
base del Taller sobre Bases Teóricas de la Educación
Ambiental del Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental,
preparado por Alicia de Alba y Edgar González G, titulado
Hacia unas bases teóricas de la educación ambiental
en México.
2. Para una recopilación en este sentido
ver el Dossier de juegos publicado por la revista española
Educación Ambiental, núm,1, nueva época.
ATIS, Fundación para el Fomento de la Conciencia Ambiental.
3. Cabe señalar que ya existen pasos en
este sentido. La región más avanzada es el sureste,
puesto que en 1991 llevó a cabo su primera reunión
regional en Akumal, Quintana Roo, y en julio de 1972, en Villahermosa,
Tabasco, convocaron a la segunda. Por su parte, en mayo de 1992
se llevó a cabo la primera reunión de la Red de
Educadores Ambientales de Occidente en Guadalajara, Jalisco, y
las regiones noreste y centro convocaron a sendas reuniones preparatorias
en 1992.
4. Es importante señalar que en la Reunión
Nacional de Educadores Ambientales, realizada en abril de 1992,
se avanzó en el propósito de construir una Asociación
Nacional, para tales efectos se formaron cinco comisiones de trabajo,
con base no en una estructura formal sino de trabajo: estatutos,
estructura organizacional, esquemas de financiamiento, líneas
programáticas y redes informativas.
5. Como consecuencia de esta recomendación,
se llevó a cabo la reunión de referencia denominada
Encuentro Nacional de Educadores Ambientales. Este evento se realizó
en Oaxtepec, Morelos del 31 de marzo al 3 de abril y fue convocada
por Asesoría y Capacitación en Educación
Ambiental (ACEA). ,S.C el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
y la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología
(SEDUE). Reportes de los resultados de la reunión han sido
publicados. Véase Alicia Castillo (1992). ;Edgar González
Gaudiano (dosmiluno 1992). y Ecológicas, mayo junio de
1992.